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Domingo 4 de julio de 2010 – 14 durante el año litúrgico (“ciclo “C”)

Tema: (Lc.10,1-12 y 17-20)

Jesús envía a otros setenta y dos para precederlo en ciudades y pueblos que iba a visitar, como los pocos trabajadores para recoger la abundante cosecha. Los envía como corderos en medio de lobos.les prohibe llevar dinero, provisiones y calzado, así como también detenerse en el camino, portadores de un saludo de paz. Deben aceptar el alojamiento que se les ofrezca como obreros que reciben su salario. Y aceptar los alimentos que les den, curando enfermos y anunciando la proximidad del reino de Dios y renunciando a otra cosa que sacudir el polvo de sus pies contra quienes no los reciban. Habla también de una condena para quienes no los reciban. Al volver los discípulos se mostraron satisfechos y Jesús les aseguraba una visión de Satanás derrotado gracias a los poderes que él les había comunicado. Sin embargo les dice que se alegren porque sus nombres están escritos en el cielo.

Síntesis de la homilía

Después del envío de dos de sus discípulos para preparar el camino, Jesús recurre ahora a setenta y dos, indicando simbólicamente el ansia de sumar para su buena noticia, a las setenta y dos naciones paganas a que hace alusión el cap. 10 del Génesis. Corderos en medio de lobos es una advertencia para que eviten dejarse seducir por el engaño y sigan sus instrucciones precisas. A veces la interpretación patética de esa frase de Jesús hace pensar que el mundo está lleno de enemigos y , que hay que recurrir a todos los medios de defensa. En esto se origina una situación paranoica que desde la iglesia no hace otra cosa que considerar enemigo y lobo feroz a quien se atreve a criticar su proceder o a publicar sus errores y pecados. El poder eclesiástico recurre con frecuencia a esta actitud de víctima que es a la vez de condena y permite decisiones inquisitoriales hacia dentro y fuera de la comunidad cristiana.

La frase que sigue, prohibiendo llevar dinero provisiones y calzado, se opone precisamente a esa interpretación a que nos hemos referido y repite la advertencia de no detenerse por las ofertas seductoras que se les harán. Así se tiene en cuenta, no la negativa a compartir ideas en las conversaciones, sino a la prudencia de no caer en las redes de los que buscarán alquilarlos con halagos, para servir a sus propios intereses de dominio o exclusión. Y hemos de reconocer que esto se ha dado muchas veces con la Iglesia cómplice de opresiones e injusticias.

El sentido común y la valoración exaltada de la hospitalidad, alimentada por una ancestral tradición en el pueblo judío, les indica aceptar el alojamiento como una muestra de justicia para trabajadores al servicio de una misión, y por ese motivo alude a que quienes no los reciban tendrán un juicio más severo que Sodoma cuyo gran pecado fue la falta de hospitalidad para los extranjeros. El anuncio de la proximidad del reino de Dios no tiene que ser, en el enfoque de Jesús, principalmente con promesas y palabras sino con acciones liberadoras. Por eso indica a los mensajeros que curen enfermos y remedien toda clase de males. Esto al mismo tiempo, provoca el entusiasmo de los discípulos que, al regresar, lo cuentan como lo más importante de su experiencia. Jesús les hace notar que la verdadera importancia no está en que ellos hayan resultado exitosos sino en que su trabajo ha colaborado para el establecimiento del reino. Una corrección importante para quienes muchas veces nos consideramos superiores cuando entregamos un mensaje o un consejo que otros aceptan, cuando en realidad recibimos de ellos la gran riqueza de la comprensión y compromiso para la tarea común.

Buscando coincidencias entre las Lecturas

Isaías con lenguaje profético y poético anuncia las maravillas del reino de Dios. Pablo indica la alegría de haberse plegado a la causa de Jesús entregando su vida, afrontando dificultades y buscando renovarse en el ejercicio de la misericordia y la comprensión. Lucas nos entrega a un Jesús preocupado por la difusión del reino ampliando sus límites hacia la dimensión universal.

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