Homilias DominicalesJosé Guillermo Mariani

Domingo 28 de Noviembre de 2010 – 1ro de Adviento (ciclo “A”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mt.24,37-44)

Decía Jesús: Con la venida de este hijo de hombre, pasará lo mismo que en tiempos de Moisés. Todos estaban muy tranquilos comiendo, bebiendo y gozando, cuando llegó el diluvio y se los llevó, salvándose sólo los que entraron con Noé en el arca. Cuando suceda de dos que trabajan juntos uno será llevado y otro dejado. Así que permanezcan alerta. Si el dueño de casa supiera a qué hora iba a venir el ladrón se quedaría despierto para no dejar forzar la entrada. También uds. estén preparados porque cuando menos piensen llegará este hijo de hombre.

Síntesis de la homilía

En la confusión de dos acontecimientos anunciados por Jesús, la destrucción de Jerusalén y la segunda venida, se basa tradicionalmente la explicación de las contradicciones que encierra este pasaje. Jesús asegura que no pasará una generación y luego afirma que nadie ni siquiera él sabe cuándo sucederán estas cosas. Habla de que uno será llevado y otro dejado, con lo cual no se refiere a un final total. Se refiere a la venida de un ladrón comparándola con la vuelta definitiva del hijo de hombre.

Es muy posible que estas previsiones estuvieran así mezcladas también en la mente de Jesús. Lo que constituye la preocupación de Mateo que escribe, cuando muy temprano hacia el año 68, es fortalecer la confianza de las comunidades acerca de la venida de Jesús que ya tarda en producirse y causa desaliento en el compromiso con su mensaje y con el reino. Desde ese enfoque hay que interpretar todo este discurso, plagado por otra parte, si se atiende a los versículos que lo preceden, de simbolismos aterradores.

La advertencia fundamental, que se traslada a cada uno de los seguidores de Jesús, es que no hay que dormirse, hay que permanecer vigilante para advertir el paso de Jesús al lado de cada acontecimiento, para dejarnos su palabra y la huella de su conducta.

Entró muy fuerte en nosotros con la catequesis tradicional la convicción de que, si había posibilidad de hacer una buena confesión antes de morirse, todo quedaba solucionado, sin importar las cosas que hubieran sucedido o que hubiéramos producido durante la vida. Esto, que pretendía ser una afirmación de la misericordia infinita del Padre, ha resultado alienante para muchos que sólo se preocupan de asegurarse la confesión en esos últimos momentos, descuidando el permanecer despiertos toda la vida. El adviento que, como tiempo litúrgico anticipa la navidad, no es un tiempo concedido para preparar todos los detalles de la gran fiesta de esa noche con o sin la familia- Tampoco es para practicar mortificaciones voluntarias de modo que resultemos agradables a ese Dios, que no las necesita en la inmensidad de su amor. Es para recordarnos, con el mismo  enfoque de Mateo, que Jesús está volviendo cada día para ponerse a nuestro lado en  el esfuerzo de construir ese mundo mejor, que él llamó reino de los cielos. En la búsqueda de los acontecimientos personales o sociales que nos brindan oportunidad de dedicarnos a vivir y ayudar a vivir la felicidad de los hijos de Dios, superando las rivalidades,  los engaños,  las opresiones o esclavitudes,  las injusticias y otra cantidad de agresiones contra el ser humano hijo de Dios y hermano nuestro.

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