Homilias DominicalesJosé Guillermo Mariani

Domingo 13 de Febrero de 2011 – 6to. Durante el año litúrgico (ciclo “A”). Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mt.5,20-22.-27-28.-33-34.-37)

Enseña Jesús a sus discípulos que si su vida no supera la calidad de los maestros de la ley y los fariseos no entrarán el el reino de los cielos. Han escuchado que se dijo “no matarás” y el que mate será juzgado. Pero les digo más: el que se enoja con su hermano y lo insulte despreciativamente o culpándolo de renegar de su fe, tendrá que responder ante un severo tribunal.

También se ha dicho “no cometerás adulterio” pero yo les digo  que hay un adulterio de corazón que consiste  en codiciar a una mujer.

Uds. han aprendido que no hay que jurar en falso. Yo les digo que no juren, ni por el cielo, trono de Dios, ni por la tierra. Ni de ningún modo.

Digan SI cuando es SÍ y NO cuando es NO. Lo demás procede de un mal espìritu.

Síntesis de la homilía

A pesar de que este trozo está  precedido de una afirmación de Jesús acerca del cumplimiento de los mandamientos del decálogo, todo el pasaje centra la atención en una nueva ley que asumiendo el espíritu de la de Moisés, relativiza todos sus preceptos en la formulación literal, y los traslada al orden del corazón, de la  intimidad. De la profunda sinceridad consigo mismo y con Dios

A esto obedecen las alusiones concretas a los mandamientos 5to y 6to.. “No matarás” era un precepto muy importante en las culturas antiguas en que la supervivencia creaba  necesidades de defensa y agresión que llegaban al extremo de quitar la vida y en que la necesidad de expiación y reparación a los dioses impulsaba a ofrecer sacrificios humanos junto con los de otros seres vivos de la naturaleza. En el Decálogo este mandamiento aparece muy lacónicamente “No mates” y por eso su amplitud es mayor que lo que la  letra contiene. Se trata de un respeto a la vida , tanto a la propia como a la ajena.  Para Jesús ese precepto contiene mucho más aun. Está encaminado a regular la convivencia y las relaciones humanas en todos sus niveles: en la palabra, en la actitud de comprensión, el respeto a la diversidad de criterios aun en el orden religioso, de intención de colaborar con el respeto a la dignidad y felicidad de los demás.

El sexto, que es el único referido a la sexualidad ya que el 9 habla directamente del derecho de propiedad y no de la relación carnal, el adulterio , como todos los demás,es expresión concreta del primero que tiene que ver con la idolatría. Pero en la visión de Jesús se añade lo que  llama “deseo” que es lo que nace desde adentro. Sin embargo, la referencia no es para el simple deseo sino para “el que mira con malos ojos” a una mujer. Lo cual incluye sobre todo, el mirarla conceptualmente como objeto. Ya que en el régimen patriarcal la mujer ocupaba un lugar de subordinación y de simple objeto que servía al varón para prolongarse en la sucesión, y cuidarlo como proveedor y señor.

El tercer precepto aludido, es el de la condena del juramento en falso. A Jesús no le satisface. El hecho de jurar significa en sí mismo, un descrédito de la palabra dada y esto, en el fondo, es consecuencia de la malicia del corazón. Así el  juramento no sólo no remedia sino que resulta ofensivo para el que jura, el que recibe el juramento y quien es invocado para afirmarlo.

Se defiende, finalmente, la simplicidad de la verdad, para lo que bastan el Si o el NO.

Jesús afirmará  en otro pasaje que no es lo que entra por la boca lo que mancha al hombre sino lo que brota de su corazón. A eso se debe esta especie de internalización que coloca a  todos los preceptos en el camino que se orienta a la perspectiva final de que la vida entera esté animada por y hacia el amor.

Se cumple también de este modo lo que Jesús advierte a principios del capítulo, acerca de que no ha venido para quebrantar la ley y los profetas (la Torá) sino a cumplir y perfeccionar hasta sus mínimos detalles, penetrando la profundidad de su espíritu.

Importante aviso para quienes como los maestros de la ley y los fariseos, ponen su seguridad de agradar a Dios en el cumplimiento externo tanto de las reglas de conducta comodel ritualismo cultual.

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