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Domingo 6 de Febrero de 2011 – 9 durante el año litúrgico (ciclo “A”). Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mt.5,13-16)

Jesús dice de sus discípulos que son sal de la tierra y si la sal pierde su virtud nadie la puede salar y no sirve más que para ser tirada a la calle y pisoteada por  la gente. Asimismo dice que son la luz del mundo y que esa luz no debe permanecer escondida sino que debe brillar para todos que viendo el bien que ellos practican, puedan glorificar a Dios.

Síntesis de la homilía

Hablando de la sal de la tierra Jesús no se refiere específicamente a la sal que usamos para saborizar los alimentos. Tiene en cuenta la función que la sal cumplía como elemento de conciliación y amistad entre las familias y los pueblos y, asimismo, constituía el alimento de los rebaños que volviendo de la pastura eran recogidos de la intemperie y las fieras, y comían la sal dispersa a las orillas de los lagos. (tiberíades y mar muerto)

Esta es la sal que Jesús afirma que son sus verdaderos discípulos. Un lazo de unión entre los individuos y los pueblos, trabajadores por la paz que se funda en la justicia y en el respeto a los derechos de todos. Alimento fortaleciente para quienes necesitan el refugio de la comunidad para remediar sus limitaciones frente a la acechanzas de los sistemas salvajes basado en el poder y la opresión de los débiles. Este pasaje, continúa en Mateo el de enunciación de la bienaventuranzas y es como una síntesis del resultado que debe tener, vivir las bienaventuranzas por parte de los discípulos.

También habla Jesús de la luz del mundo que él quiere encendida en sus discípulos para que no haya excluidos ni desamparados. Y no es que Jesús fuera un ilusionado o soñador de imposibles sino que, conociendo y viviendo las lamentables consecuencias del poder y la religión como yugos esclavizantes y discriminantes, quería dejar un núcleo que siguiendo sus pasos, colaborara constantemente a la desaparición o al menos la atenuación de esos elementos contrarios a la voluntad del Padre de todos.

¡Cuántas veces el mundo ha vuelto sus ojos a la Iglesia buscando el sentido de la sal y la luz! Y en muchas oportunidades ha encontrado el sentido de la sal y de la luz en personas incluidas o no en la institución pero con la vida dedicada y jugada por la justicia y la verdad. Pero también, humildemente hay que confesarlo ¡cuántas veces la humanidad se ha sentido defraudada en esas esperanzas por la cerrazón de la iglesia oficial para dialogar con el mundo, o por  la estrechez de sus criterios determinantes de las conductas cambiantes a través de los tiempos, conocimientos y conductas humanas!

La presunción de que sin la Iglesia el mundo pierde su sabor o de que sin esta luz la sociedad marcha en tinieblas, nada tiene que ver con la afirmación de Jesús sobre sus discípulos, ya que la historia presenta argumentos multitudinarios sobre conductas eclesiásticas que no son de discípulos de Jesús. Porque aunque nos duela la iglesia institucionalizada como cualquier asociación humana para subsistir ha oscurecido la fuerza de la realidad de los discípulos verdaderamente preocupados por actuar como sal y como luz.

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