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Reflexión Domingo 10 de julio de 2011. 15 durante el año litúrgico (ciclo “A”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mateo 13,1-23)

Jesús se sienta a orillas del lago y desde una barca enseña. Un sembrados sale a sembrar  y las semillas esparcidas caen en diversos espacios. Al borde del camino y las comen los pájaros. Entre las piedras con poca tierra y el sol las quema. Entre espinas y la maleza al crecer las ahoga. En tierra buena y tienen buenos y diferentes rendimientos. ¡El que pueda entender, que entienda! Entonces los discípulos le preguntan por qué con parábolas. Y él contesta que ellos pueden entender las cosas del reino de los cielos pero los eruditos y jerarcas, no. Porque a quien tiene se le dará más pero a quien tiene se le quitará lo que tiene. La explicación es que los que no quieren ver ni escuchar no pueden tampoco comprender lo sencillo del lenguaje de las parábolas. Y llama felices a los que pueden comprender. Les explica que el espìritu del mal se traga las semillas apenas arrojadas. Que las tribulaciones de la vida resecan la palabra de felicidad y esperanza. Que la malicia de los que viven seducidos por las riquezas ahogan los buenos propósitos. Y que la buena disposición interior hace que la palabra dé frutos beneficiosos para todos en distintas medidas de eficacia

Síntesis de Homilía

Introducción exegética: la abundancia de parábolas se conforma con la característica de la lengua hebrea de no presentar ideas abstractas sino representaciones concretas. Estas representaciones a veces suelen tener las apariencias de un hecho histórico. No son un cuento sino una fotografía de la realidad. No son un relato terminado sino al que debe poner el final el lector o el que la escucha. Por eso dependen de la intención de quien las lee o escucha. Las de Jesús son provocativas- Aquí la provocación aparece como desafío “el que pueda entender”.

Tener limpio el corazón sin  enredos ni malicia es un regalo que debemos cuidar. Jesús llama por eso felices a los discípulos. Los puntos principales son: la generosidad del sembrador y la predisposición de la tierra. La Palabra no son las palabras sino el mismo Jesús que no hace discurso pero hace obras.

Reflexión

La apertura de corazón para com-padecerse, com-prender, com-prometerse, el con siempre cuesta, no se obtiene como algo innato, inalterable. Se construye. Y la construcción implica el compromiso de la vida diaria con la intención de no cerrar caprichosamente el corazón, para compadecernos, comprender, comprometernos. Hay una especie de adiestramiento necesario. Desde lo pequeño hasta lo grande. Generosidad, solidaridad, indiscriminación, comprensión con los que tenemos cerca nuestro es la disponibilidad para que también socialmente estemos preparados para abrir nuestras vidas a los mensajes de la realidad.

Jesús es sembrador y es semilla. Su mensaje es abarcando a todos. Porque es un mensaje de humanidad. Desparrama la semilla sin fijarse dónde cae. Siempre puede ser fecunda. La buena tierra no es sólo la de las iglesias llamadas cristianas. Buena tierra hay en todas partes. Su palabra es él mismo: su acción, su vida. Por eso donde se viven principios de vida humanizante, donde se busca la justicia, donde se valora a cada persona y se descartan las marginaciones materiales o espirituales, allí la palabra está rindiendo frutos.

¿qué valores humanos hay que cultivar para ser la buena tierra que da frutos? En qué valores tienen que ser educados nuestros hijos?  Cómo somos palabra desde la vida como Jesús? ¿En qué debe colocarse el  objetivo de la catequesis en hacer buenos católicos o en formar buenas personas?

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