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Los que aplauden, los que rechazan, los que dudan. Por Guillermo “Quito” Mariani

Hay momentos y acontecimientos de suma importancia ante los que se producen constantemente reacciones diversas como las enunciadas en el título de esta  reflexión En los últimos tiempos, antes de las elecciones, un discurso de la Sra. presidenta en Tecnópolis, referido al “plan estratégico agroalimentario nacional” suscitó estas reacciones. Hubo aplausos y expresión de esperanza por parte de los sectores  relacionados con el  Campo , como Federación Agraria y Mesa de Enlace ( junto a distribuidores internacionales de fertilizantes agrotóxicos, semillas transgénicas y otros ítems), representantes de la Unión Industrial, Cámara Argentina de Comercio, Fundación Mediterránea y otros. El discurso de un futuro  productivista mirado con el optimismo de las cifras previstas,  hizo pensar que había una flexión en la política seguida hasta ahora, que  inclinara a ceder ante las exigencias agroexportadoras, con el convencimiento de que por ellas llegan al Estado los mayores ingresos para éste y cualquier otro plan que quiera llevarse a cabo. También  hubo expresiones de de alivio en la corporación eclesiástica celebrando que la agresividad de la política de mejor distribución de los ingresos llevada a cabo hasta el momento, dejara de producir crispaciones.

Se dieron a publicidad también diversas especulaciones de que, sobre todo, considerando las cifras manejadas por la Presidenta como indicio de un futuro promisorio no eran muy confiables, colocándolas en el mismo nivel de las promesas electoralistas que en algunas oportunidades resultaron absolutamente ridiculizadas. A su vez los movimientos provincianos de los campesinos, peones y pequeños propietarios, se sintieron “ninguneados” y otra vez lo hicieron notar como aspecto negativo

Hubo también quienes se preguntaron si esto de acabar con el tiempo de la confrontación para producir la conciliación, que es siempre una aspiración y hasta un requisito para progresar en todos los órdenes, no significaría volver atrás de los pasos dados. Que influyera en la moderación de los juicios a los genocidas y sus cómplices, mejorando las relaciones comerciales con el FMI, sensibilizándose ante los reclamos de ADEPA y la SIP, disminuyendo sustancialmente las retenciones y limitaciones para los exportadores, recuperando la sumisión amistosa con Estados Unidos.

Otro acontecimiento, ya pos eleccionario, fue el discurso de Cristina en la reunión del G20. Allí los poderosos participantes, agobiados por la crisis del capitalismo financiero que no logran resolver financieramente, prestaron atención a esta receta tan simple de superar las presiones de los grandes intereses que finalmente tarde o temprano llevan al derrumbe total. Se refugiaron finalmente en la afirmación de que una experiencia argentina no debía considerarse tan valiosa. La denuncia y exigencia de supresión de los paraísos fiscales fue un aguijón al que el presidente uruguayo respondió con una afirmación peyorativa de la Argentina. La calificación del capitalismo actual como anárquico, tocó un punto muy sensible. Tanto porque señaló un “pecado capital” del capitalismo internacional, derrotado por los mismos intereses que lo mantienen.

Su afirmación de que queremos un capitalismo distinto pareció contrariar las aspiraciones y proyectos  de los grandes luchadores latinoamericanos por  el socialismo como  Evo y Chávez. Y la izquierda muchas veces intolerante e ilusa descalificó el proyecto de un capitalismo mejorado.

Aplausos, rechazos y dudas, reflejan o prudentes sugerencias de mejoramiento, o empecinadas  posturas anquilosadas, o valoración optimista y alentadora de los intentos, o exigencias de metas imposibles de alcanzar  hoy que en el fondo constituyen una clase de alienación. Es buen criterio de discernimiento fijarse en quiénes y con qué intereses están de un lado y del otro-

Halagar a la presidenta y sus proyectos, acudiendo a su convocatoria con aprobación y aplauso. Astutamente han elegido ellos,  el único camino que les quedaba para lograr imponer la supremacía de sus intereses. Y allí estuvieron, en diferentes oportunidades,  la Unión Industrial, la Cámara argentina de comercio, la Fundación Mediterránea, la Federación Agraria y las multinacionales distribuidoras de fertilizantes, agrotóxicos, semillas transgénicas y otros productos aprobados por las costumbres y no por las leyes. A otras corporaciones les faltó coraje para esta presencia hipócrita en el día de La Industria y en de lanzamiento en Tecnópolis, del Plan  Estratégico Agroalimentario nacional. La actitud oficial fue de aceptación de estas presencias y aprobaciones desacostumbradas, y hasta se expresó con palabras que hicieron estremecer de alegría las vísceras de los que volvieron a considerarse imprescindibles, y de temerosa desilusión a sus víctimas, los movimientos provincianos del campesinado pobre, en Santiago, Córdoba, Formosa, Chaco, MOCASE, Trabajadores rurales sin tierra o Frente nacional del campesinado indígena-

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