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Domingo 4 de diciembre de 2011 – 2do. de Adviento (ciclo “B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (mc.1,1-8)

Comienzo de la buena noticia de Jesucristo hijo de Dios. Como escribe Isaías “Voy a enviar un mensajero para prepararte el camino. Una  voz anuncia en el desierto: preparen el camino del Señor, allanen sus senderos” Así se presentó Juan el bautista en el desierto anunciando un bautismo para el perdón de los pecados. La gente de Jerusalén y de los alrededores llegaba y se hacía bautizar en el río Jordán, confesando sus pecados. Juan vestía una túnica de pelos de camello que sostenía con un cinturón de cuero y se alimentaba de langostas y miel silvestre. Predicaba diciendo: después de mí vendrá el que es más poderoso que yo a quien no soy digno de desatar la correa de las sandalias. Yo los bautizo con agua pero él los bautizará con el Espíritu Santo.

Síntesis de la homilía

Marcos a quien la tradición señala como discípulo de Pedro en Roma es, con un consenso muy grande entre los estudiosos, el primer escritor de evangelios. Ya el principio de su escrito lo insinúa. Como su relato contiene una descripción de la destrucción de Jerusalén se afirma que no pudo ser escrito antes del año 70. La finalidad de su escrito es responder a la pregunta de los paganos que se interesaban por la convocatoria de las primeras comunidades, sobre quién es Jesús. Lo afirma ya desde la introducción: el cristo, el hijo de Dios. Para nosotros que leemos el escrito desde una cantidad de afirmaciones que se nos han trasmitido con carácter “apologético”, es decir para convencernos de la verdad de una serie de afirmaciones que se fueron produciendo en la Iglesia. Cristo e hijo de Dios tienen el mismo significado: Enviado de Dios. Sin ninguna referencia a la definición dogmática de la trinidad. El recurso al profeta Isaías que se refiere en el capítulo 40 a la liberación de la esclavitud babilónica e  imagina voces que brotan de todas partes para anunciar la vuelta del destierro, obedece en Marcos a la necesidad de mostrar a los paganos que Yahvé cumple sus promesas y la cumplirá también ahora. El mensajero es una de esas voces que gritan en el desierto del escepticismo humano  para convencer de que se acerca la victoria definitiva para Israel. La figura y las palabras de Juan  se refieren claramente a una destrucción del poder humano debida a la intervención divina a favor de su pueblo.

Esta es la buena  noticia que Marcos entrega y tratará de confirmar a través de todo si escrito con los hechos maravillosos que narra de la historia de Jesús más que con la reconstrucción del mensaje de sus palabras. Israel pensó siempre que sus derrotas y castigos eran merecidos por sus pecados de idolatría. Por eso el baño que propone Juan es una purificación social y no sólo individual. Por eso excluye a quienes son cómplices de ese mal, como lo consigna Mateo. Confesar sus pecados no tiene nada que ver con lo que nosotros hemos llamado “Confesión”, significa hacer  memoria del pecado o los pecados de todos como pueblo de Dios.

El adviento, como tiempo litúrgico nos sitúa en esa posición. La celebración del nacimiento como hombre, del liberador enviado de Dios, implica una memoria de nuestros pecados. Los que repercuten en la vida y en la historia de la sociedad en que vivimos, y con ese  reconocimiento, una sincera voluntad de remediar sus efectos perniciosos.

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