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Domingo 1 de Enero de 2012. Festividad de Sta. María Madre de Dios. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Lc 2,16-21)

Recibido el anuncio, los pastores fueron rápidamente y encontraron a María y José y al hijo acostado en un pesebre. Allí les contaron todo lo que se había dicho del niño. Y ellos lo contaban después, asombrando a la gente. María conservaba estas cosas en su corazón- Y los pastores volvieron glorificando a Dios por lo que habían visto y oído. A los ocho días, realizada la circuncisión, comenzaron a llamarlo Jesús, como el mensajero celestial les había indicado.

Síntesis de la homilía

La devoción mariana del papa Juan Pablo II, ex obispo de Cracovia en Polonia en donde se rinde gran culto a María, instituyó esta fiesta a la que Pablo VI había señalado como gran jornada de la paz mundial. Señal distintiva de los criterios personales de los dos pontífices. Uno, postconciliar, preocupado por el mundo, el otro, devoto de la iglesia, preocupado por remarcar uno de sus dogmas. Se trata del primer título atribuido a María en el Concilio de Efeso en que, merced a un razonamiento aristotélico que permite designar a Jesús con naturaleza humana pero persona divina, decretó que a María le correspondía el diploma de Madre de Dios. Extraña denominación que produce en chicos y grandes la confusión de que el origen de Dios es una creatura humana privilegiada.

No hace falta que se le de un titulo tan solemne y cuestionable a esa mujer que concibió  en su seno al que resultó enviado de Dios para la misión inigualable de devolver al hombre y a la creación su sentido original. La presentación que hace Lucas que se preocupó de reunir datos más o menos históricos sobre el origen de Jesús es muy sintética en este pasaje, y hace derivar la dignidad de María, del anuncio angélico y la respuesta de los pastores a la convocatoria de los ángeles.

Los pastores, en efecto con sus limitadas posibilidades de comunicación se convierten en los anunciadores de la presencia esperanzada del simple nacimiento de un nuevo ser humano en circunstancias muy especiales vividas por el pueblo de Israel. La figura de los esposos y padres de Jesús cobra un sentido especial porque serán ellos los que transformarán a ese niño débil y necesitado de protección en un experto en las escrituras, un interesado por la sociedad de su tiempo, un maestro con excepcional actitud de comunicación, un revolucionario de costumbres anquilosadas por el culto literal de la ley despreocupado casi absolutamente de su dimensión humanista. Todo comienzo, es una nueva oportunidad, y por eso remplazar el almanaque por uno nuevo, nos lanza hacia una aventura de nacimiento esperanzado, con la responsabilidad de aceptar nuestras capacidades y ocasiones de hacer un mundo mejor de acuerdo a la perspectiva proclamada y vivida, del Dios de Jesús.

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