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Homilías Dominicales – Domingo 13 de Mayo de 2012 6to de Pascua (ciclo “B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema(Jn. 15,9-17)

Dijo Jesús a los discípulos: Así como el Padre me amó, yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mi mandamiento permanecerán en mi amor como yo cumplí el mandamiento del Padre y permanezco en su amor. Les digo esto para que mi alegría sea también de ustedes y llegue a ser completa.

No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Miren que ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su patrón. Yo los llamo amigos porque les he contado todo lo que aprendí de mi Padre. No son ustedes los que me eligieron a mí sino yo el que los elegí a ustedes para que vayan y den fruto y ese fruto sea duradero. Esto es lo que les mando “ámense entre ustedes”.

 

Síntesis de la homilía

Las traducciones modernas no hablan ya de los mandamientos, con lo que todos hacen referencia al decálogo de Moisés, sino del mandamiento de Jesús. Decía el eminente biblista Ariel Alvarez Valdés que enseñando los diez mandamientos en la catequesis estábamos haciendo catequesis judía. Jesús, al mismo tiempo que abarcando de la ley judía todo lo que era universal la superó con un mandamiento nuevo que se expresa muy claramente en los escritos de Juan, y en el pasaje que hemos leído.

El mandamiento nuevo es el amor. Aquí hay primero unan especie de contradicción. ¿cómo puede ser el amor un mandato que cree una obligación? No olvidemos que la obligación impositiva es la que viene de fuera.La  que brota de nuestras convicciones, la que se gesta en lo más profundo de nosotros, no es obligación sino alegría. Así lo expresa Jesús. Les digo esto para que tengan mi alegría y esa alegría sea completa.

El amor humano, con una gran base de espontaneidad, tiene muchas variantes. Muchas veces está viciado por el egoísmo. Otras, llega a ser una especie de dominio. Otras se limita en la entrega, renunciando a ella cuando resulta costosa.

La alegría de vivir el amor puede ser completa, pero el amor nunca llega a la perfección. Siempre traza un camino de purificación y crecimiento. Y éste es la gran consigna cristiana. Sentirnos y sabernos amigos del Dios de Jesús, sabiéndonos y sintiéndonos amigos de los seres humanos. Cada uno de nosotros con su individualidad, en cuya integración  concurren tantos y tan diversos factores, tiene un modo o un estilo de manifestar o recibir el amor. Cada circunstancia configura también un modo nuevo de vivir el amor. Con los iguales, con los postergados, con los oprimidos, con los que tienen autoridad, con los que nos ofenden, con los que nos están confiados para su formación, con los súbditos, con los más cercanos, con diversas expresiones de cariño y afecto desde la sexualidad (abarcando la integridad corporal) hasta la entrega de la vida como en el caso de Jesús y muchos otros. Ninguno puede dictar a otro la manera de vivir el amor en cada circunstancia pero sí podemos ayudarnos a hacerlo, respetando el camino elegido por el que quiere ser ayudado. Respetar y defender los derechos humanos es el modo supremo descubierto y proclamado por la humanidad en consonancia con el mensaje de Jesús de Nazaret.

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