Homilias DominicalesJosé Guillermo Mariani

Homilías Dominicales – Domingo 22 de Julio de 2012 – 16 del tiempo litúrgico (ciclo “B”). Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mc.6, 30-34)

Al volver de la misión encomendada los apóstoles cuentan a Jesús lo que habían hecho y enseñado. El los escucha y les sugiere: vengan ahora conmigo a un lugar despoblado para descansar un poco, porque eran tantos los que iban y venían a su alrededor que no les quedaba tiempo ni para comer. Así que subieron a la barca y se dirigieron a un lugar despoblado. La gente de los poblados circundantes adivinó su propósito y a pie, corriendo se apresuraron a llegar al lugar antes que ellos. Entonces, al desembarcar, Jesús vio a la muchedumbre y sintió lástima porque andaban como ovejas sin pastor. Y se puso a enseñarles muchas cosas.

 

Síntesis de la homilía

Contándose mutuamente  entre los diversos pares que iban regresando, las cosas experimentadas en el recorrido por el país, los discípulos enteran a Jesús de los resultados de su misión. Y el maestro, comprendiendo el gozo que los lleva a comunicar sin darse tregua, los resultados favorables de su peregrinaje, a la gente que viene y va, los invita a retirarse para descansar un poco y alimentarse debidamente. Retirarse a pensar o a orar,que es pensar delante de Dios los acontecimientos vividos o los proyectos por vivir, resulta indispensable por varios motivos. Entre otros, para tomar distancia, hacer juicios más equilibrados, afianzar seguridades y descartar deficiencias o errores. La fiebre de la acción hace olvidar a veces, la importancia de este espacio de reflexión. Con madurez, fruto de la experiencia, Jesús indica a los eufóricos discípulos la necesidad de hacerlo.

No resignándose a  dejar concluida la reunión con Jesús y los discípulos, la gente adivina su propósito al verlos embarcarse y rápidamente adopta la estrategia de anticiparse a la llegada de la barca al lugar despoblado.

La constatación del esfuerzo realizado, impresiona a Jesús, que toma en cuenta su desorientación calificándola como de ovejas perdidas sin su pastor. Y se pone a enseñarles. Es lo primero. Comunicarles las cosas que dan sentido a su vida, enseñarles a mirar y encarar las luchas y dificultades de un modo distinto. Aclarar sus ideas y fortalecer sus energías para reencontrar sus caminos y orientarse en los acontecimientos diarios. En  la continuidad del relato, Jesús se ocupará de alimentarlos en el lugar desierto y despoblado, pero primero se preocupa dar contenido a sus mentes y corazones.

En muchas oportunidades nuestra preocupación queda centrada exclusivamente en cambiar las circunstancias materiales para solucionar problemas humanos. El sistema capitalista nos ha acostumbrado a que toda crisis se solucione con dinero, a que toda necesidad se presuma ligada con lo material. No hay más que recordar el juicio de tantos que, cuando se comentan las dificultades de relacionarse en parejas o familias, dictaminan que solucionado el aspecto económico todo se arreglaría. Y si bien eso es importante, más lo es,  tratar de indagar las motivaciones y causas interiores y espirituales para descubrir vacíos ignorados, que son con frecuencia, la causa de que las dificultades aparezcan como más graves y sin solución.

El proceder de Jesús, nos inclina en esa dirección, para que no suceda que dispuesto a brindar lo que consideramos poseer, dejemos de tomar conciencia de lo que los otros están necesitando.

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