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Homilías Dominicales – 16 de diciembre de 2012 – 3ro. de adviento del ciclo “C”. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema: (Lc.3,1018)

La gente preguntaba a Juan: ¿qué debemos hacer? El les respondía: el que tenga dos túnicas dé una a quien no tiene. El que tenga qué comer, haga lo mismo. Algunos cobradores de impuestos vinieron también a hacerse bautizar y le preguntaron: ¿qué debemos hacer? El les respondió: No exijan más de lo establecido. A su vez unos soldados le hacían la misma pregunta . Y les decía : no extorsionen a nadie y conténtense con su sueldo.

Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaba si él no sería el  mesías, él tomó la palabra y les dijo: Yo los bautizo con el agua pero viene uno que es más poderoso que yo y a quien yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias, que los bautizará con el espíritu santo y el fuego. Tiene en su mano la zaranda para limpiar la era y recoger el trigo en el granero. Y consumirá la paja en el fuego que no se apaga. Y por medio de muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo la buena noticia.

 

Síntesis de la homilía

No es que la gente no supiera lo que tenía que hacer. Juan no les responde nada nuevo. Con una extraordinaria expresión de sentido común les responde lo que ellos saben que tiene que ser su proceder. ¿Por qué preguntan? Porque como nos sucede a  nosotros mismos, nos evadimos muchas veces de la realidad con preguntas, problemas y cuestiones imaginadas o fraguadas como excusas para dejar de preocuparnos de lo concreto y cotidiano. Con la expectativa del mesías, la gente es hacía la ilusión de una intervención divina que acabara con todos los problemas, evitándoles el compromiso de participación, con el propio proceder, al bien de todos. Eso era en  el fondo “la conversión” de que hablaba Juan. El abandono de la búsqueda exclusiva de lo individual y la prevalencia de los propios intereses, para preocuparse de aportar lo que hacía falta a la sociedad.

Lucas presenta a Juan como conocedor de la existencia de otro que viene. Aunque él no conocía a Jesús, es posible sin embargo que, midiendo objetivamente sus propias posibilidades en el entorno en que se sentía cumpliendo una misión encomendada por  Dios, vislumbrara la necesidad de que alguien ungido por el espìritu divino con mayor fuerza que la suya, debía hacerse presente para acabar la obra del reino.

La insistencia del bautista se coloca en la acción destructora sobre el enemigo como  la misión del enviado de Dios. Por eso habla al mismo tiempo del espìritu y el fuego que consumirá la paja después de separarla del trigo. Jesús hablará de cosechar el trigo, a pesar de la cizaña sembrada en el campo, para llenar los graneros. En el fondo estas diferencias hacen a la visión profética del antiguo testamento, anunciando la victoria de Israel sobre todos los pueblos de la tierra y la de Jesús en la Nueva Alianza restableciendo la riqueza de ese pueblo, en base a la universalidad del llamado a todos, para contribuir con el crecimiento del reinado del querer de Dios en el espacio de la sociedad humana.

El adviento permanente en que vive la humanidad, y del que nosotros somos testigos y actores, porque nunca se han producido tantos cambios en tiempos tan reducidos y nunca se han desvanecido tantos anuncios tremendistas, así como tantos proyectos ambiciosos en su optimismo,  tenemos la oportunidad de vivir la esperanza como paciencia activa que devuelve toda su importancia a la capacidad y posibilidades de cada uno para intervenir en el proceso ascendiente de la humanidad en valores y felicidad.

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