Seguinos en Facebook

Búsqueda por Autores

Y van apareciendo. Por Guillermo “Quito” Mariani

Aquel 13 de Marzo del 2013, cuando desde el balcón central de la basílica de San Pedro el nuevo Papa saludó a la multitud expectante en la Plaza, el grito triunfalista de ¡Argentina, Argentina! se escuchó en millares de gargantas, recordando las mismas expresiones con que en los mundiales de fútbol los hinchas argentinos celebran eufóricos los triunfos alcanzados. Muchos que seguían por TV las alternativas del Conclave, saltaron de sus asientos al escuchar la novedad e inmediatamente se convocaron concentraciones frente a los templos para saltar y celebrar la elección, como otro triunfo de Argentina.

La actitud pública para con la Iglesia gobernada hasta entonces por el alemán Benedicto XVI cuya elección no fue recibida ni en el Vaticano ni en Alemania con el grito   ¡Deutschland, Deutschland!, cambió fundamentalmente desde aquel simpático y simple “buona sera” con que Bergoglio se compró a la multitud.

Sea por el triunfalismo argentino que no duda en aprovechar ocasiones para manifestarse, o por el estilo con que Francisco I ha encarado el trato con la gente y la apertura para dar lugar a todos, o la publicidad que se ha dado mundialmente a su figura y a algunos éxitos logrados con sus intervenciones en orden al restablecimiento de la paz mundial, o a las esperanzas de reforma profunda de la Iglesia a que ha dado pie con algunos pronunciamientos importantes, lo cierto es que hay un ambiente de simpatía y aprecio para con él que redunda en un cambio de posición frente a la Iglesia católica por parte de un número considerable de gente.

Un buen “estudio de mercado” o “análisis de situación” lleva entonces a quien tenga alguna ambición de popularidad a utilizar ese clima para “llevar agua a su molino”. Ya ha sido motivo de análisis por diversos grupos la calificación de la gente que, con un Vaticano de puertas abiertas, ha buscado y logrado su “foto” y su diálogo con el Papa.

El recuerdo de lo que significó en Polonia el triunfo de Lech Walesa y su sindicato Solidaridad con el apoyo y simpatía de Juan Pablo II, la experiencia del triunfo de Bush apoyado por grupos religiosos adversos a la despenalización del aborto, la intervención de Pío XII para lograr en Italia el triunfo de la democracia cristiana ordenando a las monjas de clausura salir de sus recintos para votar, las influencias vaticanas para que ese institucionalizada el partido demócrata cristiano para competir en 1954 con el peronismo que se acercaba desde su tercera posición a la de la doctrina social de la Iglesia. Las consultas evacuadas por muchos obispos confidentes de los integrantes de la Mesa de Enlace para legalizar el rechazo de la 125….Todas son experiencia para tener en cuenta en un análisis de situación.

Y no es raro entonces que de modo y origen imprevisto surjan posiciones netamente proselitistas para lograr apoyos electorales adhiriéndose a los principios cristianos o mejor a los de la doctrina social de la Iglesia.

Ciertamente una postura que se identifique con Francisco I, resultará cautivante `para quienes no dispongan o desconozcan las propuesta sociales de diversas agrupaciones políticas y se nieguen a reconocer los resultados intentados y logrados por determinados proyectos y realizaciones oficiales. Que la democracia cristiana tenga y presente sus candidatos traerá actividad y movimiento a una agrupación desgastada. Pero no son las elucubraciones por un mundo mejor las que satisfarán las aspiraciones legítimas, sino las acciones que, aunque sea lentamente, hayan influenciado en mejorar ese mundo de relaciones por el estricto respeto a los derechos humanos y un permanente intento de inclusión, e igualización.

Leave a Reply