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Homilías Dominicales. Domingo 5 de julio de 2015   – 14 durante el año litúrgico (ciclo”B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mc.6,1-6)

Jesús se dirigió a su pueblo, acompañado de sus discípulos. Cuando llegó el sábado fue como de costumbre a la Sinagoga y comenzó a enseñar. La gente que lo escuchaba estaba asombrada diciendo ¿de dónde saca todo esto? ¿de dónde le viene esa sabiduría y ese poder de hacer cosas maravillosas? ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María,  hermano de Santiago, José ,Judas y Simón?

Y sus hermanas, no viven aquí con nosotros? Y así Jesús resultaba para ellos un motivo de escándalo.

Entonces le dijo : Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, su familia y su casa. Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de sanar a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se asombraba de la falta de fe. Y continuó recorriendo las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente.

 

Síntesis de la homilía

Hay una  vinculación lógica en el ordenamiento del relato de Marcos que parece normalmente, saltar desprejuiciadamente de una cosa a otra. Se descubre,  sin embargo, un hilo conductor. En este caso, el valor: familia. Ha reconstituido prácticamente la familia del archisinagogo, ahora marcha hacia su familia de origen. A su pueblo natal. Es como si constituyera una provocación eso de ir a su pueblo con otra familia. sus discípulos. Así lo entienden los habitantes de Nazaret. Su presencia, a pesar del cumplimiento ritual de ir a la Sinagoga el sábado, es inquietante. La reacción de sus familiares y vecinos es agresivamente defensiva. Escuchando su enseñanza, la presentación de un nuevo reinado de Dios, y enterados por las noticias que llegaban, de su prestigio con la gente y las cosas maravillosas que hacía, entran en la sospecha de la procedencia de esas rarezas con que se muestra, allí donde todos los conocen.

Las preguntas ¿de dónde saca esa sabiduría de que hace gala y esa posibilidad de hacer cosas  maravillosas?  encierran ya la agresividad de una respuesta insinuada, que se transformará en real en boca de los escribas. Viene de Satanás. Es el único que puede conceder el poder y la sabiduría al  margen de la ley.  Jesús está endemoniado. Lo afirmarán claramente los jefes del pueblo.

Los profetas, a  pesar del reconocimiento que lograron en la memoria histórica de Israel, siempre fueron rechazados en sus enseñanzas y acción en el tiempo concreto en que vivieron. Jesús se lo hace notar a sus compatriotas de la patria chica. Son los parientes y conocidos los que rechazan a un profeta.

El que anuncia una realidad nueva y superadora de la cotidianeidad con sus tradiciones y seguridades, no puede ser aceptado. Más aún cuando es simplemente miembro de una familia en que ya está determinado por tradición, que el hijo ha de seguir la profesión del padre. No es el carpintero?   Llamarlo el hijo de María, no es un reconocimiento de la posterior tradición cristiana que señala a José como padre adoptivo o putativo de Jesús, es simplemente una ofensa, en el lenguaje de una cultura patriarcal, en que la descendencia es marcada por el padre.

El resultado final, que es solamente aportado por  Marcos, con absoluta sinceridad, es que Jesús NO PUDO hacer allí ninguno de los signos prodigiosos que se contaba había realizado en otros lugares.

Y es que los signos dependen de la interpretación. Y si no hay eso que se llama “confianza “ o “fe”, su eficacia es nula.

Este pasaje muestra con elocuencia una situación repetida muchas veces históricamente. Los cambios logrados en la marcha de la humanidad para favorecer mejoramientos en las relaciones de convivencia y reconocimiento de derechos, han sufrido siempre rechazos muy fuertes. La resistencia al cambio es el mecanismo defensivo de quienes han basado sus seguridades en la observancia de tradiciones y costumbres, con mucha frecuencia inconvenientes o dañosas para los demás. Allí está el secreto de  tantos movimientos revolucionarios que llegan al extremo de la violencia destructora de bienes y de vidas.

Una situación experimentada también en el orden eclesiástico. Aunque, con mucha estrategia de silencios, la resistencia a la gran propuesta renovadora de la Iglesia del Concilio vaticano II, logró, con una cantidad de condenas y exclusiones, afirmar de nuevo los viejos principios y reglas de la vida cristiana en la iglesia católica, llevándola a una especie de callejón sin salida del que, al parecer, trata de sacarla el Papa Francisco.

Que se tome conciencia de esta resitencia al cambio para no hacerse cómplice ni en la sociedad civil ni en la Iglesia de las resistencia siempre movidas por interese egoístas, a las reformas necesarias para extender a todos, los beneficios de la naturaleza, de la ciencia, de la salud y la realización personal y social.

 

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