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Homilías Dominicales. Domingo 17 de enero de 2016 – 2do durante el año (ciclo”C”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Juan 2,1-12)

Se realizaba por esos días una fiesta de bodas en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí. Y fue invitado también Jesús  con sus discípulos. Y en la mitad de la fiesta se les acabó el vino y la madre de Jesús vino a decirle:  Se les acabó el vino. Jesús le respondió: Mujer! Nosotros no tenemos nada que ver. No es mi tiempo.

Pero ella dijo a los servidores:” hagan lo que él les indique”   había allí cerca seis tinjas de piedra de las que usan los judíos para sus purificaciones, capaz cada una, de unos cien litros. Dij Jesús: Llénenlas de agua. Y lo hicieron así. Lleven ahora al encargado del banquete para que pruebe. Y le llevaron. Y le llevaron.  Cuando éste probó el agua cambiada en vino sin saber d brindada por el gesto de jesúse dónde provenía, llamó urgente al novio y le dijo: Amigo, en los banquetes ,siempre se sirve el mejor vino al comienzo y el de calidad inferior se trae recién cuando todos están bebidos. Pero tú has traido el mejor vino para este momento. Éste fue el primer signo que hizo Jesús y lo hizo en Galilea en una fiesta de bodas y así manifestó el sentido de su acción y sus discípulos aumentaron su confianza en él.

 

Síntesis de la homilía

La narración de Juan ha sido motivo de las más variadas interpretaciones, sin excluir las humorísticas a propósito de la gran cantidad de vino brindada a los comensales, y la facilidad para obtener ese elemento integrante de la felicidad de la fiesta. La traducción indica en primer lugar una particularidad.  Juan señala el hecho como el primer SIGNO realizado por Jesús con el que mostró el sentido de su misión y provocó la confianza y adhesión de sus discípulos. Es notable lo de SIGNO, porque, normalmente, hechos como éste se califican como milagros, cediendo a esa tendencia muy natural hacia lo mágico, que es un efecto extraordinario logrado por una acción detrás de la que se supone un poder sobrenatural como el divino. Nuca hay que perder de vista que los escritos evangélicos recurren con frecuencia a signos distintos de las palabras para expresar sus ideas o mensajes. Un relato más que un hecho histórico es un signo que lleva un mensaje mucho más importante que el hecho narrado.

La utilización “apologética” de esos relatos trajo la consecuencia de considerarlos antes cosas admirables, maravillosas o milagros…antes que mensajes.

Hay otra particularidad de Juan que afirma que se trata del primer signo realizado por Jesús. Los sinópticos, consignan como primer signo o milagro, hechos distintos: Mateo y Marcos la curación de un leproso y Lucas la calma de una tempestad en el mar. Porque Juan no atiende al ordenamiento  cronológico, sino al de importancia o “jerárquico” de cada uno de los exclusivamente siete signos,  de que da cuenta en su escrito evangélico. Y ¿por qué esta jerarquía para un signo consistente en un gesto tan natural, como remediar la falta de un elemento no indispensable sino  para mantener la alegría de una fiesta? Hay dos motivos principales. El primero: que la visión bíblica de la consumación del reinado de Dios es un banquete a que todos son convocados. Así, el primer anuncio del reino se brinda en la forma de un banquete de bodas. El segundo: que el mandamiento del amor, el mandamiento nuevo del  reino, tiene una realización plena en el amor humano, el de pareja y hogar y, a pesar de la liviandad con que muchas veces se toma, es la expresión más integral y natural de ese amor engendrador también de relaciones gratificantes de afectos y felicidad.

Vivimos muy naturalmente la expresión espontánea de esos afectos. Pero a veces, olvidando que el amor es acto de generosidad, equivocamos su sentido y se acaba el vino gratificante de las relaciones afectivas, y, envolviéndonos en egoísmos, desnaturalizamos ese regalo que es la capacidad de amar, reduciéndola a nosotros mismos, sin  ninguna proyección comunitaria y social.

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