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Homilías Dominicales. Domingo 12 de junio de 2016 – 11mo durante el año ciclo “C” Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Lc. 7,36 a 8,3)

Un fariseo invita a Jesús a comer. Durante la comida una mujer pecadora entra y se pone a los pies del maestro llorando y secando sus lágrimas de los pies de Jesús con sus cabellos. Simón piensa “Si éste conoce quién es la mujer no se dejaría tocar” Jesús le propone esta parábola: Un hombre tenía dos deudores uno de 500 monedas y otro de 50. Decidió perdonar a los dos. ¿Cuál te parece que lo amará más?  Al que le perdonó más, contestó Simón. Y Jesús replicó ¿ves a esta mujer? Entré a tu casa y n derramaste agua sobre mis pies. Y ella los lavó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. No me besaste y ella no dejó de besar constantemente mis pies. No ungiste mi cabeza y ella derramó perfume sobre mis pies. Por eso te digo que ella ha demostrado mucho amor, porque sus muchos pecados han sido perdonados. Luego dijo a la mujer ·”Tus pecados están perdonados”  Ellos dijeron ¡quié es éste que también perdona los pecados? Pero Jesús dijo a la mujer: “Véte tranquila, Ti fe te ha salvado. Siguió recorriendo ciudades y pueblos anunciando la buena noticia del reino de Dios. Lo acompañaban los doce y también algunas mujeres que habían sido sanadas, María magdalena de la cual habían salido siete demonios, Juan, esposa de Cusa, lugarteniente de Herodes, Susana y muchas otras que lo ayudaban con sus bienes

 

Síntesis de la homilía

Lucas es llamado el evangelista de la mujer, porque la incluye en barios relatos y remedia así el triste secundario papel que cumplía en la estructura paternalista de la cultura judía. En el pasaje que hoy nos ocupa aparece una afirmación que ha subsistido a pesar de las “borratinas” que a juicio de los biblistas se han realizado para descartar que entre los discípulos de Jesús estaban como “apóstoles” varias mujeres. Aparecen incluso los nombres concretos y se renueva llí la actitud indiscriminante de Jesús ya que aparece entre sus seguidoras Juana la mujer del lugarteniente de Herodes-

El Jesús de Lucas hace gala en este pasaje de su criterio  absolutamente indiscriminante Primero aceptando ir a comer con un fariseo. Luego, expresando la bondad absoluta del Padre que perdona cualquier clase y cantidad de pecados, Es una verdad que aparece bastante en los evangelios pero no se ha encarnado suficientemente en nosotros, influenciados por una prédica catequística muy fuerte en exigencia de la confesión.

Lucas tiene dos pasaje muy elocuentes para mostrar  la universalidad y amor del Padre. Los pecados del dinero acaparado y  esclavizante y los sexuales que son los más tenidos en cuenta en la consideración general. La parábola llamada del hijo pródigo que expresa las dos dimensiones: de la esclavitud del dinero (en el hijo que pide anticipo de herencia y en el que reprocha a su padre no haberles dado suficiente.(15) y éste de la mujer prostituta a la que reconoce como ejemplo del amor liberador.

Por otra parte, no acepta la actitud  soberbia de los que se consideran justos porque inculpan a los que los rodean. Cosa que muchas veces hacemos nosotros, Cuando por ejemplo nos entretenemos con condenar los errores o fallas de los demás y con ello pretendemos construir  nuestra buena fama ocultando lo mismo en que nosotros hemos incurrido.

Simón, no ha tenido conciencia de omitir las señales comunes de la cortesía y amor humano. Y Jesús se lo hace notar. Porque aunque ellas  pueden transformarse en apariencia o hipocresía, tienen mucho valor en el mantenimiento y crecimiento de la relación de amor.

El centro del mensaje está constituido por la renovación de un concepto del amor del  Padre Dios que nunca se agota.

Los pecados por ingentes que parezcan  no agotan la bondad de ese Padre. Nunca dejamos de ser sus hijos queridos. Uno sólo el del egoísmo, que cierra el corazón, nos separa de su amor. Los demás pecados pueden ocasionarnos y ocasionar males a nuestra alrededor pero sólo el egoísmo (la cerrazón al amor) queda enquistado en el corazón que tiene una puerta con picaporte sólo en el interior. Nadie puede abrirla si la mantenemos cerrada ¡Ni Dios!

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