Homilias DominicalesJosé Guillermo Mariani

Homilías Dominicales – Domingo 4 de septiembre de 2016 – 23 durante el año litúrgico (ciclo “C”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Lucas 14,25-33)

Detrás de Jesús se movía mucha gente y dándose vuelta, él les dijo: Cualquiera que venga a mí sin estar desprendido de su padre, de su madre , de su mujer, de sus hijos, de sus hermanas y hermanos y hasta de su propia vida, no puede ser mi discípulo. ¿Quién de ustedes si quiere edificar una torre no se sienta primero a calcular los gastos y ver si sus medios le permiten terminarla? No sea que puestos los cimientos no la pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él diciendo”Este es un hombre que comenzó a edificar y fue incapaz de terminar la obra”   Y qué rey cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar a aquel que viene con veinte mil? De lo contrario mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz. De la misma manera cualquiera de ustedes que no esté desprendido de todos sus bienes, no puede ser mi discípulo..

Síntesis de la homilía

No se puede negar que las exigencias que pone Lucas en boca de Jesús reclamando un abandono de toda vinculación del orden temporal, las realidades de la tierra que integran el contexto de nuestra vida cotidiana. Sólo una seguridad de que ese reino iba a irrumpir en cualquier momento, antes de terminar una generación, podía ser motivo para esta exhortación a abandonarlo todo para alistarse en el ejército del reino                                                                                                      No podemos dejarnos llevar por la interpretación literal de estas exigencias aplicándolas a todo tiempo y lugar  bajo pretexto de que constituyan una exigencia del discipulado o seguimiento de Jesús. Es de sentido común y acorde completamente con la naturaleza humana el mantener una relación positiva en los vínculos familiares y las relaciones humanas que contribuyen a formar la personalidad y a usar las propias capacidades para la propia felicidad y la felicidad de todos. Con una mentalidad sacralizante que, desde la iglesia oficial se ha encaminado muchas veces a robustecer el poder dominante de la institución Iglesia estas afirmaciones sacadas del contexto del peso tradicionalista de la familia judía, aunque sin el atrevimiento de aplicar estos principios de vida a todas las relaciones humanas se ha pretendido imponerlo a las relaciones de los ministros eclesiales con sus vínculos naturales. Lo que a la larga, ha producido una deformación de la personalidad influyendo en su debilidad para afrontar las dificultades más frecuentes de la vida y hasta ha inclinado a una degeneración de las relaciones naturales desfiguradas por abusos y acosos.    La única interpretación para aplicarla realmente a esta conducta relacional humana es que el aprecio y valoración de toda relación del ser humano con las personas, la sociedad o la creación en general no tiene que superar los valores definitivos del reino predicado por Jesús que, si nos fijamos bien, son valores estrictamente humanos y humanizantes.      Un objetivo importante de fijar las condiciones del seguimiento para no darse con sorpresas que empujen a abandonar el camino y proyecto emprendido, es lo que se pretende en esta enumeración de diversas circunstancias que pueden transformarse en obstáculo para la realización del reino fraternal que es voluntad del Padre.No es tan infrecuente constatar que el apego familiar  o grupal, o la defensa de posesiones o ambiciones compartidas se convierten en núcleos cerrados de egoísmos concentrados que pueden llegar hasta lo antihumano en el ambiente social.

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