Celebración Pascual 2017

PASCUA ES SIN DUDAS, EL CENTRO DE LA REVELACIÓN CRISTIANA

POR ESE MOTIVO DAMOS TANTA IMPORTANCIA A SU CELEBRACIÓN Y TODOS LOS DOMINGOS DEL AÑO SON SU PROLONGACIÓN

Pero no deja de ser un MISTERIO y, a la vez una TAREA, lo mismo que la Pascua judía
Y nosotros tenemos que HACERLA como ellos y Jesús de Nazaret

El sábado 15 de abril, nos reunimos para evocarla alrededor de la hoguera pascual en el patio del Club Atalaya e ingresar luego al salón para repetirla con el signo sacramental de la Eucaristía. Nos reunimos a las 19:30 hs  

Es una fiesta.

Es nuestra fiesta

Vivámosla

Fátima nunca más. Por Mario de Oliveira, Teólogo

I. Dioses contra Dios

En Fátima, como en cualquier otro Santuario o templo, no basta con invocar a Dios, para concluir que estamos frente a una manifestación de fe. Por lo menos de fe cristiana. Cuando mucho, estamos ante una manifestación religiosa, lo que no es lo mismo. De hecho el cristianismo, en sus inicios, ni siquiera quiso aparecer como una religión. Los textos fundantes del Nuevo Testamento, no nos hablan de una nueva religión, sino de una vía o de un camino. Vía o camino que nos ha de llevar, más que a Dios, al encuentro del otro, de los otros, al encuentro de aquellos que no son de nuestra misma “carne y sangre”, y hasta al encuentro de aquellos a los cuales tenemos como enemigos. Para que entre nosotros y ellos, entre todos y entre todas, se establezca progresivamente, una relación de fraternidad. Pues solamente cuando esta relación de fraternidad es efectiva, es cuando Dios es honrado y venerado, y la fe cristiana se convierte en un acontecimiento verdadero. “No todo el que me diga ‘Señor, Señor’ entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial” (Mt, 7,21). El Evangelio es así. No admite fugas, que quizás se presenten como muy religiosas, pero que también son muy alienantes, muy deshumanizadoras y muy poco fraternas.

En Fátima, como en cualquier otro santuario o templo, es necesario interrogarnos con humildad pero sin descanso, si es Dios el que está siendo invocado y venerado. Cuál Dios es el que atrae y convoca a las personas allí reunidas. Porque, al contrario de lo que realmente se piensa, no hay un único Dios. Siempre hubo a través de los tiempos , muchos dioses. Y la dificultad en poder discernir, entre tantos dioses, cuál es el verdadero, cuál es aquel que progresivamente nos humaniza y nos fraterniza (aquel que es buena noticia para los seres humanos), siempre fue muy grande. Hoy parece que esta dificultad es aún mayor que en el pasado. Porque los dioses son muchos, y cada vez se presentan más atrayentes y seductores.

Sabemos que Caín, por ejemplo, en los albores de la humanidad -la primera carta de Juan lo recuerda en los albores del cristianismo- según reza el mito bíblico del Génesis 4, 1-16, también invocaba a Dios, cumplía con todos los ritos religiosos, practicaba regularmente la liturgia de su época. Pero sin embargo, todo esto no le impidió, con la mayor de las calmas y con la más tranquila conciencia, matar a su hermano Abel. El dios al cual él invocaba y veneraba y al que ofrecía generosamente las primicias de su cosecha, no era incompatible con el acto fratricida. Por el contrario, él mismo se lo habría sugerido e inspirado, en algún momento del culto.

Está narración no fue escrita con el fin de entretenernos, sino para edificarnos. Para que estemos alertas, para ayudarnos a discernir. Para revelarnos que no alcanza con admitir la existencia de Dios, ser deísta, ser religioso, frecuentar actos de culto a determinadas horas y en locales considerados sagrados, para que seamos automáticamente varones y mujeres humanos, humanizados, fraternos, en una palabra: cristianos. Podemos hacer todo eso y mucho más, como por ejemplo: contribuir con holgadas ofrendas para la construcción de templos y de santuarios, hacer difíciles y dolorosas promesas, y cumplirlas escrupulosamente, tener hasta una buena relación con los sacerdotes de las múltiples religiones que entre nosotros existen y, al mismo tiempo, alimentar sentimientos de odio y de venganza, de celos y de muerte contra el otro, y contra los otros. Y lo que es aún peor , podemos hasta pasar de los sentimientos a los hechos, y matar al otro, a “los enemigos”, a los que no piensan como nosotros, los que no son de nuestra religión, los que no aceptan “jugar nuestro juego”… Y todo esto, sin la necesidad de inquietar nuestra conciencia; al contrario, con todo el sentimiento del deber cumplido, con la calma de quien piensa que es así como se es verdaderamente una persona religiosa.

Escribir y decir estas cosas, puede ser eventualmente impactante para mucha personas, sean éstas creyentes en dios, o ateas. Pero no debería serlo, por lo menos, para los cristianos y las cristianas y sus respectivas iglesias. El cristianismo, que en sus inicios, nunca quiso ser una religión más, entre las múltiples existentes en el imperio romano, sino un camino hacia al encuentro del otro, de los otros, incluso de aquellos que una cierta educación cívica y religiosa los define como enemigos nuestros, para que con todos y con todas hagamos juntos el descubrimiento y la experiencia de la fraternidad y de la comunión cada vez mayor, el cristianismo nació, como se sabe, de la revelación definitiva y más radicalmente liberadora de la humanidad, y también de la revelación más humanizante y fraternizadora.

Jesús de Nazaret, reconocido y proclamado por los primeros adherentes y seguidores como el Cristo, lo fue por fuerza de la resurrección que inesperadamente para ellos sucedió. El había sido, hasta la resurrección, el más odiado de los hombres; condenado a muerte como blasfemo y subversivo y ejecutado en la cruz. Ahora bien, quien está por detrás del crimen mayor de la historia de la humanidad, quienes conducen el proceso hasta su consumación, son hombres religiosos, profundamente creyentes en Dios, puestos al frente de la institución religiosa más sagrada. Y cuando los príncipes de los sacerdotes y el sanedrín procedieron, junto a los teólogos del templo, lo hicieron con la convicción de que, de esa manera daban gloria a Dios, al Dios que rendían culto y adoraban en el grandioso templo de Jerusalén. Tal es así, que después de cometer tan horrendo crimen, continuaron, con sus conciencias tranquilas, frecuentando el templo y promoviendo el culto en honor a su Dios, en los días y a las horas exactas.

¿Pero que paso con Jesús de Nazaret, llamado el Cristo? Se convirtió, por lo menos para los cristianos y las cristianas, y para sus respectivas iglesias, en el acontecimiento más revelador de la Historia, la Luz que ilumina a todo ser humano que nace en este mundo. Es el nuevo y definitivo Big-Bang de la creación de la humanidad y del mundo nuevo. Lo nuevo y definitivo comenzó. En Él y con Él la Humanidad nació de nuevo, nació definitivamente fraterna y solidaria.

Sabemos por esto, y de manera definitiva a partir de Jesús crucificado a quien el Padre resucitó, que de hecho, Dios nunca fue una realidad unívoca. Hay muchos dioses. Está Dios y están los dioses. Y hay una lucha de los dioses contra Dios. Hay dioses altamente peligrosos, asesinos y opresores, que no se sienten bien sin víctimas inocentes, cuya sangre reclaman insaciablemente. Dioses sádicos que devoran a sus adoradores esclavizándolos y degradándolos. En una palabra dioses que hacen que las personas se deshumanicen y que lleguen incluso a matar. Así es como ellos son, y como hacen que sean sus adoradores, que suelen ser muy religiosos, como Caín, pero también asesinos como él. Suelen ser a imagen y semejanza de los dioses que invocan y rinden culto.

Y está el Dios de las víctimas, él mismo víctima de los dioses todo poderosos y asesinos, El que resucitó a Jesús de entre los muertos; éste es el Dios de Jesús y el Dios de los hombres y de las mujeres que prosiguen su Causa (cristianos, cristianas, y todas las personas de buena voluntad), el Dios vivo que vive y que hace vivir. El Dios que no quiere otro culto que no sea la promoción de la vida, y la vida en abundancia para todos, El Dios que no sólo no quiere víctimas ni genera víctimas, sino que además trabaja siempre para bajarlas de la cruz. El Dios que se manifiesta en el mirar y en el cuerpo de las víctimas de la historia, a partir de las cuales lanza la pregunta más perturbadora y desafiante, también la pregunta que potencialmente genera más fraternidad, dirigida a todos los que lo invocan como lo hizo Caín, pero que al mismo tiempo matan a sus hermanos: ¿Dónde está tu hermano?, ¿qué hiciste con tu hermano?, o esta actualización de la misma pregunta: ¿Por qué me persigues? (Hch 9,4).

II. Del Dios de Fátima, líbranos, Señor

Dos niños que mueren y una tercera que sobrevive pero es separada de su tierra e impedida para siempre de llevar una vida como las de otras personas (primero, la internaron, secretamente, en el Asilo de Vilar, en Oporto y, después, la mandaron a España y la convirtieron en una monja enclaustrada para el resto de su vida, situación que, luego de 76 años de los acontecimientos de 1917, ¡aún continúa!), he ahí el principal balance de las llamadas “apariciones de Fátima”. Probablemente, nunca nadie en la Iglesia Católica se atrevió a mirar las apariciones desde este ángulo.

Que no piense nadie que escribimos esto para unirnos a los llamados “enemigos” de Fátima. Lo que nos mueve es la fidelidad al Evangelio y al Dios de Jesús, a quien María de Nazaret, cantó mejor que nadie como libertador y salvador de la humanidad, particularmente, de los pobres y excluidos. La lectura que hicimos del libro más importante sobre Fátima, Memorias de la hermana Lucía, nos obliga a ello. Porque el Dios que allí se anuncia y revela no tiene nada que ver con el Dios revelado en Jesús de Nazaret. Se relaciona más bien con un Dios sanguinario, que se complace en el sufrimiento de inocentes, un Dios creador de infiernos para castigar a quienes dejan de ir a misa los domingos, o dicen palabras desagradables, un Dios incluso peor que algunas de sus criaturas.

A los lectores y lectoras les pedimos que, en vez de escandalizarse, traten de leer también el libro de la Hermana Lucía. Porque, si lo hacen, a la luz del Evangelio de Jesús, acabarán, probablemente, orando junto con nosotros: “Del Dios de Fátima, ¡líbranos, Señor!”.

El libro de Lucía nos hace retroceder en el tiempo y sumergirnos en el ambiente religioso y eclesiástico en que tuvieron que vivir los niños de Fátima, alrededor de 1917. Eran los tiempos de la Primera Guerra Mundial. Pero el terror que se respiraba, sobre todo en los medios populares y rurales, no venía de ahí. La catequesis familiar y parroquial, así como las predicaciones dominicales y otras, entonces muy recurrentes, constituían un género de terror no menos intenso y, también, no menos nefasto y criminal. Porque incidía sobre la conciencia de las personas, especialmente de los niños, pequeños seres indefensos y cargados de sensibilidad, dispuestos a creer en todo lo que les dicen los adultos, padres y madres, y también obispos y párrocos, cuya palabra era, míticamente, escuchada y atendida, como si fuese la voluntad de Dios presente en medio del pueblo. (El libro de Lucía muestra hasta la saciedad, que ella misma, incluso hoy, tantos años después, se mantiene en esta visión mítica de la realidad, también de la realidad eclesial, aunque tal visión sea totalmente ajena al mensaje liberador del Evangelio).

Jacinta y Francisco, además de Lucía, respiraron un ambiente así. El libro no deja dudas, para quien sepa leer entre líneas, críticamente, sin dejarse envolver por el misticismo religioso, casi patológico, en que está escrito.

Se percibe muy bien que el terror es una constante en las vidas de estos tres niños. Vivían atribulados por el pecado, con el infierno y con los pecadores que se van, por montones, al infierno. Todo era pecado para ellos. Hasta darle un beso a otro niño en el juego de las prendas. Dar un beso, para Jacinta, por ejemplo, sólo es posible a Nuestro Señor, en la imagen del Crucificado. Como si otro niño o niña, compañero de juegos, no fuese mucho más imagen de él, sino sólo ocasión de pecado. (¿Quién instigó una visión tan moralista en la pequeña y angelical Jacinta? ¿Qué satánica catequesis le distorsionó tan gravemente la mirada? ¿Quién le arrebató, tan tempranamente, la naturalidad?).

En ese contexto, todo puede llevar al infierno. Dios, a los ojos de estos niños, está tan cansado de los pecados de sus criaturas humanas, que su ira está a punto de rebasar los límites, lo cual no sucederá si ellas aceptan sufrir-sufrir-sufrir, hacer toda clase de sacrificios por amor a Él y por la conversión de los pecadores y, al mismo tiempo, rezar muchos rosarios.

Como no podía ser de otro modo, los niños que reciben toda esta información (sensibles e indefensos como sólo ellos son) sufren, lloran, tienen dolor por Nuestro Señor. Y comienzan a pensar en ofrecerse como víctimas, hasta la muerte, para desagraviar a Dios y, de alguna manera, forzarlo a perdonar a los pecadores. Quedan completamente poseídos por una mística de la muerte, una mística sacrificial, que habla más bien de un Dios que se alimenta de gente, en vez de una mística de vida, la única que el Dios de Jesús puede inspirar a sus hijos e hijas, ya que Él mismo es un Dios que trabaja continuamente para que todos tengamos vida y vida en abundancia. Verdadera tortura Vivir en un clima de una religiosidad así se volvió una verdadera tortura. Por lo menos, para estos niños aterrorizados, que siempre toman todo en serio. Se volvió también un riesgo terrible. El riesgo de llegar a ser condenados al infierno. Bastaba con cometer algún pecado. Y el pecado, para ellos era, por ejemplo, decir palabras feas o hacer pequeñas travesuras. Lo suficiente para ser condenados al infierno, descrito por ellos mismos con imágenes sumamente terroríficas. Nunca más, entonces, estos niños pudieron sentir la voluntad y la disposición de hacer sacrificios por los pecadores. El infierno era, finalmente, la gran amenaza para todos y lo que con mayor probabilidad podía sucederle a cualquiera. Y, para los pecadores, más que amenaza era ya una certeza. En un clima así, de religiosidad verdaderamente despojada de Evangelio, peor aún, contra el Evangelio, no es de extrañar que el deseo mayor de estos niños fuese el de ir al cielo porque ésa sería la única manera de no caer en el infierno, donde quien cae queda, para siempre, ardiendo en el inmenso horno de fuego en compañía de los animales más asquerosos y horrendos. Por lo que cuenta Lucía, en este libro, los dos hermanos, Jacinta y Francisco, vivían aterrorizados por el infierno. Era lo más natural. La madre, en las frecuentes catequesis familiares que les administraba, exageraba bien los colores del terror. Y los predicadores de las misiones parroquiales que seguían, con fidelidad, el libro Misión Abreviada, no se quedaban atrás. Por eso es que, en un ambiente así, de verdadero terror teológico, lo que más espanta y escandaliza a quien hoy busca ser discípulo de Jesús y dejarse conducir por los valores de su Evangelio liberador, es que aquella Señora la que los niños dicen que vieron y escucharon los días 13 de los meses de mayo octubre de 1917, a pesar de decir que venía del cielo, es decir, de Dios, no haya aparecido para liberarlos del miedo y convidarles la alegría de vivir. Por el contrario, comienza por anunciarles, a los dos más pequeños y también más aterrorizados, que en breve les llevaría al cielo, una manera eufemística de decirles que iban a morir antes de tiempo.

Catequesis terrorista

En lugar de la buena noticia liberadora de que Dios quiere que ellos vivan y vivan en abundancia, les anuncia que pronto van a morir. En el fondo, se limita a reproducir y legitimar la catequesis terrorista y negadora del Evangelio que los niños constantemente escuchaban en su casa y en la parroquia.

Pero lo más chocante todavía estaba por venir: la aparición en la que, en julio, durante el diálogo que mantiene con ellos, les muestra a los tres niños el infierno y la impresión que les causa es tal, sobre todo en Jacinta y Francisco, que bien podría decirse que los dos hermanitos, de tierna edad y de salud manifiestamente debilitada, nunca se repusieron de esta visión terrorífica y acabaron por morirse del susto, además de la fragilidad que, por otra parte, se apoderó irreversiblemente de sus cuerpos, una vez que tanto ella como él, desde entonces, nunca más consiguieron ser niños como los demás, ni lograron jugar relajadamente, ni encararon la vida como niños saludables (Francisco, por ejemplo, hasta dejó de ir a la escuela, y en vez de eso, prefería esconderse en la iglesia ¡a rezar por los pecadores!) y nunca más se alimentaron bien.

En todos los momentos, a partir de aquel día, la visión del infierno persiguió a los dos niños, aterrorizándolos, obligándolos a rezar por los pecadores, y forzándolos a hacer sacrificios por la conversión de los pecadores. El libro de las Memorias de Lucía da testimonio de que los dos hermanitos eran capaces de pasar días enteros sin comer, daban su merienda a las ovejas, no bebían ni gota de agua en pleno mes de agosto, andaban todo el día, e incluso durante la noche, con una cuerda amarrada permanentemente a la cintura, hasta sangrarse.

Masoquismo religioso

Con estas actitudes, cargadas de masoquismo religioso y sacrificial, pretendían -con una ingenuidad e inocencia sobrecogedoras y de las que personalmente no eran responsables sino víctimas- consolar a Nuestro Señor y al Papa (la preocupación por el Papa surgió después de que, en cierta ocasión, un sacerdote les habló de él y les informó que estaba siendo perseguido por los “enemigos” de la Iglesia).

Se llegó, así, a la inversión total de la Buena Noticia que es la revelación de Dios en la Historia de la Humanidad y que culminó en Jesús de Nazaret, la mayor y más liberadora Buena Noticia que los empobrecidos del mundo y todos los que, oficialmente, son tenidos como pecadores, alguna vez pudieron oír.

En este caso de Fátima, en vez de que Dios sea aquel que viene como compañero y padre con corazón de madre, a consolar a los niños y liberarlos del terror y del sufrimiento en que una catequesis sacrificial y sádica los había condenado a vivir, son los niños quienes lo consuelan y se autoinmolan para conseguir que Él, a la vista del sufrimiento de ellos, víctimas inocentes, contenga su ira y desista de llegar actuar contra las criaturas humanas y pecadoras. En otras palabras: ellos se reducen para que Él crezca, en una liturgia típicamente sacrificial, pero también verdaderamente repugnante, que, cuando sucede, es siempre un insulto al Dios de Jesús y, simultáneamente, una de las causas principales que explican el crecimiento del ateísmo en el mundo.

Urge evangelizar a Fátima

Puede, pues, decirse que el libro Las memorias de la Hermana Lucía -donde ella escribe todo lo que recuerda de sus tiempos infantiles, en Fátima, escrito por obediencia a algunos hombres de la Iglesia que, extrañamente, se atribuyen una tal autoridad sobre ella, porque incluso le dieron órdenes terminantes- contiene y vehicula una teología (reflexión sobre Dios) en las antípodas de la teología cristiana.

Se trata de una teología sobre un Dios que sigue siendo el Dios de mucha gente, pero que tiene que ver más bien con un ídolo devorador de pobres, bastante peor que algunas de sus criaturas, un Dios a imagen y semejanza de los verdugos que sólo calma su ira castigadora y destructiva con sangre, mucha sangre, de víctimas inocentes, un Dios justiciero, verdugo, sanguinario, un Dios contra el hombre y la mujer y sin entrañas de misericordia, tirano y déspota, un Dios intrínsecamente perverso, a quien es preciso apaciguar y cuyo brazo justiciero está presto a caer sobre la humanidad, cosa que no sucede aún porque, felizmente, tenemos junto a Él a una criatura, la más santa de todas y, por lo que parece, más misericordiosa que Él, la Señora del Rosario que ha conseguido calmarlo.

Pero ella misma está a punto de no poder soportar más la ira y el odio de Él contra la humanidad y, por eso, decidió bajar del cielo a la tierra, más concretamente a Portugal, donde algunos años antes, por coincidencia, se instauró una República masónica y atea, para pedir a tres niños inocentes que la ayuden en esta ingente tarea.

“¿Queréis (les dijo, en su primera aparición) ofreceros a Dios, para soportar todos los sufrimientos que Él quiera enviaros, en acto de reparación por los pecados con que Él es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?” Los niños, educados en una catequesis sacrificial y terrorista, dijeron que sí. Y, como ellos, mucha gente aún hoy le sigue diciendo lo mismo a ese Dios. Sólo quien no quiera ver puede ignorar que, en Fátima, el Dios más buscado por las personas que sufren dolencias y aflicciones de todo tipo, es un Dios así. Un Dios que nos espanta, que inspira miedo, que nos castiga, nos da y quita la vida, según el humor del momento. Un Dios que exige sacrificios humanos, que se complace en ver autoflagelarse a los pobres, en una inmolación que puede llegar hasta el límite de las fuerzas y de la vida. Un Dios en rebeldía hacia el Evangelio, con más de demonio que de Dios, quien desde los albores de la humanidad ha vivido en nuestro inconsciente colectivo, en donde, manifiestamente, aún no ha llegado la buena nueva liberadora de todo miedo, que es el Evangelio de Jesús.

La Iglesia Católica, que desde el principio ha administrado a Fátima, no ha sido capaz aún de evangelizarla. ¡Y vaya que es necesario! Por el contrario, se ha mostrado más interesada en aprovecharse sacrílegamente del fenómeno. Tal vez porque él, como dice la publicidad de la lotería, es fácil, barato y da millones. Y garantiza elevadas estadísticas, a la hora de contabilizar a los católicos portugueses, lo que da mucho más poder reivindicativo a la respectiva jerarquía, frente al poder establecido.

Ha llegado la hora de cambiar. Desde la raíz. ¿Es arriesgado? Sin duda. Pero también es imperioso y urgente. Está en juego el Nombre de Dios, del Dios revelado en Jesús de Nazaret. Está en juego la fe cristiana. Y, sobre todo, está en juego la humanidad, particularmente, la mayoría empobrecida y oprimida, también en nombre de un cierto Dios que, en Fátima, continúa dictando, impunemente, su ley sacrificial.

Los teólogos cristianos tienen, pues, una palabra que decir. Con lucidez y valor. Con discernimiento. En la lucha de los dioses en que vive la humanidad, la palabra de los teólogos es insustituible. Puede ser, para algunos, martirial, como ha sido para otros compañeros nuestros en América Latina. Pero no pueden dejar de hablar los teólogos. Tampoco las comunidades cristianas donde ellos se encuentran. Pactar, aunque sea con el silencio, es un pecado contra los pobres y contra el Espíritu Santo.

Y es que Dios, el Dios de Jesús, en vez de crear infiernos para los pecadores (¿y quién no lo es?), los acoge y come con ellos. Por pura gracia. En vez de hacer víctimas, las baja de la cruz. Y está empeñado, como creador que es, en hacer de esta tierra, aún con mucho de infierno, una nueva tierra, donde Él viva con nosotros y entre nosotros, para siempre, como Emmanuel. Y María, la madre de Jesús, lejos de andar por ahí pidiendo sacrificios y el rezo de muchos rosarios por la conversión de los pecadores, es la mayor poeta de este Dios totalmente ocupado en la liberación y salvación de la humanidad y empeñado en llevar a su término la creación del mundo, iniciada hace muchos millones de años. Una creación demorada, porque Él no la quiere hacer sin nosotros, sino junto con nosotros. Y también porque respeta infinitamente nuestra libertad sin jamás perder la paciencia, a pesar de los innumerables disparates que cometemos contra nosotros mismos, contra los demás y contra la Naturaleza que nos sirve de cuna. Y es así porque nos ama infinitamente. Pues ni siquiera puede hacer otra cosa.

Fuente: Este texto es un extracto del libro del mismo título que fue publicado en Portugal en abril de 1999 por la Editora Campo das letras. Servicios Koinonia

Desconcertante Francisco. Por Celso Alcaína

Acabo de leer que el papa Francisco pretende canonizar en mayo a Francisco y Jacinta, dos de los niños videntes de Fátima. En el 2000 ya fueron beatificados por Juan Pablo II. Una curación de un niño brasileño justificaría esta canonización.

En más de una ocasión me manifesté sobre canonizaciones y milagros. La última, en mi reciente libro ROMA VEDUTA. Llego a concluir que Francisco tuvo en su mano la ocasión para clausurar la Congregción de las Causas de los Santos.

Este dicasterio fue creado como autónomo por Pablo VI en 1970. Con anterioridad, era una sección de la Congregación del Culto. A partir de entonces, surge un inusual incremento de beatificaciones y canonizaciones. Una devaluación de la santidad canónica que, tangencialmente, produce unos mayores ingresos extra para el Vaticano. El tradicional elenco de los santos se duplicó. Juan Pablo II beatificó y canonizó a más personas que todos sus antecesores juntos.

Se comprende que la Iglesia Católica ensalce o proponga como modelos a algunos de sus miembros después de su muerte. Lo hacen los pueblos con sus próceres. De manera similar, lo hacen las organizaciones o instituciones con sus mejores miembros o líderes. Pero la normativa eclesiástica de beatificaciones y canonizaciones está plagada de puntos negros, incomprensibles, escandalosos.

En el 2014, Francisco canonizó conjuntamernte a Juan XXIII y a Juan Pablo II. Un acto de clara endogamia, de exhibición, populismo, autoritarismo, discriminación y puede que deshonesto. El Papa que los canonizó, así como los responsables del evento, fueron beneficiados por uno u otro en vida. De forma claramente discriminatoria, el Vaticano “dispensó” a Juan XXIII del segundo milagro, requerido por Ley para todos los candidatos a la canonización. Es una “dispensa” similar a la que había realizado Pablo VI a favor de nuestro Juan de Ávila. En el caso del “santo súbito” estamos ante una canonización “exprés”.
No se ha tenido en cuenta la repulsa de muchos fieles hacia Juan Pablo II, paticularmente – y no sólo – por la involución operada respecto al Concilio Vaticano II. También por su conocida desidia o complacencia en el tratamiento de eclesiásticos pederestas.
Días después de la doble canonización, los medios han dado a conocer la inminente beatificación de Pablo VI. Al parecer, por su intercesión, un feto diagnosticable inviable por los médicos se habría convertido en viable. La madre californiana se habría encomendado a Montini para dar a luz el fruto de su vientre, no obstante los negros pronósticos de los médicos. El bebé nació sin problemas.

Mi estima y veneración por Pablo VI están fuera de duda. Como persona y como Papa fue superior a los dos ya canonizados. Este mi favorable juicio no se debe exclusivamente a que Pablo VI me haya distinguido llamándome a ser su colaborador. Se esperaría que yo aplaudiera su beatificación. No es así. Estoy convencido de que en santidad y ejemplaridad Montini no fue superior a muchas personas de las que nadie ha propagandeado su nombre para que de ellos se imploren “favores” y milagros.

De siempre, me ha parecido una injusticia, cuando no una puerilidad. Una intolerable discriminación de parte de Roma y, aparentemente, también de Dios. Casi siempre está de por medio el dinero. A veces es el oportunismo. Apropiarse de un genio, de un famoso, de un superhombre o una supermujer. ¿Por qué Dios favorecería a una determinada persona entre miles que piden lo mismo y que están en similares condiciones? Y, sobre todo, ¿por qué siempre se trata de curaciones corporales?

Porque existen otros campos susceptibles de una intervención del Todopoderoso y que reducirían la sospecha de fuerzas naturales todavía – y siempre – desconocidas. ¿Por qué un candidato a santo no atiende al devoto que implora la interrupción repentina del avance devastador del Estado Islámico o la guerra de Siria? ¿Por qué no paraliza tsunamis como el del Pacífico Sur, de Japón o de Indonesia? ¿O multiplica panes y peces para millones de hambrientos, aunque sólo fuera para la India? Y, limitándonos a lo sanitario, ¿por qué no cura repentinamente a todos los afectados por el cáncer, por la sordera o por la ceguera y no sólamente a un individuo?

El sistema eclesiástico actual de responsabilizar a Dios de la santidad de una persona es inmoral. Es un descrédito del Creador. Tú, Dios, has hecho el milagro firmando la canonización. Si el canonizado no lo merecía – inclusive cuando se pruebe que no lo mereció – , la culpa es tuya por haber usado tus poderes taumatúrgicos en su favor- Todavía más inaceptable es que el Papa, ¡al parecer en directa comunicacióin con ese dios!, puede conocer que el candidato está en el cielo, sin necesidad de milagros. Como queda dicho, sucedió con Juan de Ávila, otrora condenado por hereje, a quien Pablo VI “dispensó” de los milagros.

La canonización de los dos niños videntes de Fátima reviste claro carácter de oportunismo. Conocemos las iniciales razonables reticencias romanas a tales apariciones. Sabemos de las reticencias religiosas y científicas a todas las apariciones de la “Señora”. Roma se adueñó del fenómeno Fatíma por proselitismo. Lo mismo que Lourdes, Fátima resultó ser un vivero de devotos católicos. La canonización de los niños Francisco y Jacinta se enmarca en ese proselitismo. No son modelo de nada. Como mucho, fueron víctimas de un episodio paranormal.

En el Vaticano, tuve que estudiar el diario de Lucía, la otra niña vidente de Fátima, muerta casi centenaria. Nada extraordinario. Una monja algo engreída por el trato recibido del mismo Vaticano. Dudosamente histérica. Pablo VI y Benelli controlaban sus escritos y movimientos para evitar males mayores. Su tercer secreto fue conocido por mí. No coincide con cuanto se publicó. Sólo contiene inconsistentes afirmaciones: obispos contra obispos, muerte de un papa… Algo parecido al segundo secreto: la conversión de Rusia.

Concluyo. Un dios que discrimina a sus criaturas, aunque sea positivamente, no es el Dios. Un dios que encumbra a los ricos y famosos, a los poderosos y fundadores de algo, a los amigos de los jerarcas, postergando a los humildes y anónimos, ése no es el Dios. Implicar a nuestro Dios en tales hechos y para tales fines es simplemente un imposible, un infantilismo que conlleva la negación de Dios.

Los fenómenos inexplicables son sólo eso, inexplicables. La hipótesis de que Dios creó el mundo con sus leyes es la más plausible. Resulta absurdo que cada poco, incluso una sola vez, ese Dios haga excepciones a sus leyes. Todavía más absurdo cuando se lo demanda algún que otro humano y con el fin de encumbrar a un humano. Entendemos y creemos que Dios creó este mundo con amor, para que nos amemos y deja que la Naturaleza siga sus propias sabias leyes.

 

CELSO ALCAINA fue funcionario del Vaticano con Pablo VI. Es autor del libro “ROMA VEDUTA. Monseñor se desnuda”.

Homilías Dominicales. Domingo 26 de febrero d 2017 – 8vo. Durante el año litúrgico. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mt.6,2434)

Nadie puede servir a dos señores: porque aborrecerá a uno y amará al otro. No se puede servir a Dios y al Dinero. Por eso les digo: no anden preocupados por sus vidas, sobre qué comerán, ni por sus cuerpos ¿con qué nos vestiremos?  Miren las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni guardan en graneros y el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes más que ellas? Por lo demás quié de ustedes puede, por más que quiera, añadir un solo instante a la medida de su vida’ Y del vestido¿por qué preocuparse? Observen los lirios del campo cómo crecen, no se fatigan, ni hilan. Pero les digo que ni Salomón en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Si a  la hierba del campo y mañana se echa al horno, Dios la viste de ese modo ¿qué hará con ustedes, hombres de poca fe? No anden entonces preocupados diciendo ¿qué vamos a comer? Qué vamos a beber? ¿con qué vamos a vestirnos?  De todas estas cosas se preocupan los paganos, Su Padre celestial ya sabe que tienen necesidad de todo eso. Busquen primero el reino de Dios y su justicia y lo demás vendrá como añadidura. No se preocupen del mañana que  el mañana se preocupa de sí mismo. A cada día le basta su preocupación.

Síntesis  de a homilía

Si no hubiera otros pasajes evangélicos que tienen distinto contenido porque incitan a trabajar y buscar el pan de cada día y a compartir, como valor fundamental del Reino, y  a no  quedarse dormido porque el sembrador del mal no descansa y mantenerse alertas para que el ladrón no entre a depredar, lo que dice Mateo, sacado del contexto de las fervorosas primeras comunidades, sería una excelente propuesta de discurso para quienes actualmente nos gobiernan. Los pobres abandonados a la “buena de Dios”. Sin preocuparse por el precio de los alimentos y no poder traerlos a la mesa familiar, por acostarse pensando en el mañana que cada vez se vuelve más incierto con la amenaza de despidos y la inmersión del salario en el mar de la inflación. Por suerte, todavía no se han descubierto estos pasajes para usarlos como resistencia a los reclamos justos de los menos favorecidos por el sistema, porque ya estarían transformados en grandes letreros que indujeran sugestión de que las cosas no son como son.

En realidad, el panorama presentado en esta página de Mateo constituye una especie de apertura del libro de la creación como el gran argumento de la presencia y la acción divina en los seres humanos, Un libro cuyas páginas (las llenas de maravillas realizadas y las que se ofrecen para construir)  animan  a no abandonar los esfuerzo de superación de todas la limitaciones naturales y producidas por nuestra propia conducta.  Para lo cual hay que estar convencidos de que la naturaleza en  que estamos insertos, como seres racionales nos brinda posibilidad  tanto de prolongar la acción creadora como de frustrar la perfección de lo creado.    A través de los tiempos,  las diversas propuestas religiosas han ido estableciendo distintos modos de asegurar la presencia divina en la historia. El recurso a lo “sagrado” que muchas veces se identifica con lo “raro” por desconocer su origen,  se  ha utilizado para influenciar la imaginación en el logro de los llamados milagros.      A veces han predominado también las  características alienantes de responsabilidades, como la llamada “fe en la providencia”  Otras, con menosprecio tanto de las ofertas de las realidades naturales como de  los signos de los tiempos que las varían y actualizan para que establezcan  conductas provechosa para todos.                             La frase definitiva con que se inicia el pasaje, es para tenerla en cuenta durante toda la lectura Nadie puede servir a dos señores, orientar su vida en dos rumbos. Y lo  ciertamente rechazado como opción, es, sin duda alguna  EL DINERO- La radicalidad de esta afirmación condena, desde siempre, lo que hoy está instalado de manera evidente y agresiva en nuestra sociedad. La supremacía concedida a ese “señor” es la causa de la angustia preocupante del mañana que nos aqueja con frecuencia.

Homilías Dominicales. Domingo 19 de febrero de 2017 – 7mo. Durante el año litúrgico. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mt.5, 38—48) 

Han oído que se dijo “ojo por ojo y diente por diente” pero yo les digo que no resistan al mal. Antes bien, al que te abofetee la mejilla derecha ofrécele también la otra. Al que quiera pelear contigo para quitarte la túnica, ofrécele también el manto. Y al que quiera obligarte para acompañarlo una milla véte con el dos. Da a quien te pida y a quien desea que le prestes algo, no le vuelvas la espalda.

Has oído que te decían “amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo  ”Pero yo les digo ; amen a sus enemigos y oren por los que los persiguen y calumnian para que sean hijo del Padre celestial que hace salir el sol sobre los buenos y los malos y hace llover sobre justos y pecadores. Porque si aman a los que los aman,¿qué recompensa van a merecer? No hacen lo mismo los publicanos? Y si sólo saludan a los hermanos que hacen de extraordinario? No hacen lo mismo los paganos?  Ustedes, entonces traten de imitar la perfección del Padre de todos.

Síntesis de la homilía    

Objetivamente, los conceptos que pone Mateo en labios de Jesús,  señalan ideales tan elevados que parecen incumplibles y hasta inconvenientes para mantener el orden social. El clima fraternal de las primeras comunidades era como el que se nota con frecuencia en  gente que  acepta integrar grupos evangélicos que brindan una recepción atenta, cuidadosamente conquistadora y entusiasmante. La calidez del clima entre los integrantes de estos grupos pequeños y salidos del aislamiento o frialdad que distingue a ciertos grupos católicos, lleva a una práctica intensa de los consejos de Jesús en Mateo. Ese clima es el que permite al evangelista presentar normas de conducta tan elevadas espiritualmente que lleguen a aplicarse en realidad  y en contadas ocasiones, en esas primeras comunidades. A nosotros hoy, nos parecen comportamientos  excepcionales para algunas circunstancias pero no para aplicar en la vida diaria. A lo más nos parecerían más semejantes a un código de “buenos vecinos”

La “ley del talión “tal por cual”, fue una conquista importante para la convivencia social, regida hasta entonces por la ley del más fuerte que era la venganza siempre superior al mal sufrido y, en oportunidades absolutamente desmedida y sin embargo justificada. Es de notar que esa tendencia a justificar cualquier exceso desde  la indignación que genera  una ofensa real o imaginada,  conserva primacía como reacción natural en nuestro tiempo. Si el mal de la venganza concluyera allí, es decir, ´en el exceso de un ataque privativo de valores superiores a los perdidos, ya sería  grave. Pero toda venganza desencadena el círculo en espiral de la violencia, y la sociedad entera se perjudica con la instalación y justificación de un clima de venganza.      Jesús pide a sus discípulos tener en cuenta las manifestaciones de la bondad de Dios que, a través de la naturaleza (el sol y la lluvia) enriquece nuestra vida para evitar las discriminaciones aún por parte de aquellos que consideramos enemigos.

Es cierto que estas reflexiones por parte de quien fue tan severo en la calificación de los que como enemigos se resistieron a su mensaje desde la hipocresía y el poder del imperio y del templo y, en ocasión de una bofetada en la impotencia del tribunal de Herodes no hizo el gesto de ofrecer la otra mejilla sino señaló la injusticia del gesto del servidor quien, como lo hacen hoy tantos, se gozaba en el servilismo de agradar a su señor. Lo cual tiene la explicación justificante de que los escritores de evangelios no perdían  de vista la responsabilidad  de evitar con sus consejos,  los enfrentamientos y desunión en las comunidades destinatarias de sus escritos. Y tenían que extremar  el limado de las situaciones que necesariamente aparecían  en la marcha.

Homilías Dominicales. Domingo 12 de febrero de 2017- 6to durante el año litúrgico ciclo “A”. Por Guillermo “Quito” Mariani

 Tema: Mt.5, 17-37    

Les digo que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos no entrarán en el Reino de los cielos. Han oído que se dijo a los antepasados. No matarás y aquel que mate será llevado al tribunal. Yo les digo que todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal, pero el que llame a su hermano ”imbécil” será reo ante el Sanhedrín, y el que lo llame renegado, será reo de la gehena del fuego. Si pues al presentar tu ofrenda ante el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda, ve a reconciliarte con tu hermano y luego vuelve a presentar tu ofrenda. Han oído que se dijo “no cometerás adulterio” pero yo les digo que aquel que mira a una mujer dejando crecer los deseos en su interior, ya  adulteró en su corazón. Han oído que se dijo a sus mayores: No perjurarás sino que cumplirás ante el Señor  tus juramentos. Yo les digo que no juren de ninguna manera, ni por el Cielo, que es le trono de Dios, ni por la tierra que es el escabel de sus pies, ni por Jerusalén que es la ciudad del granrey. Ni jures por tu cabeza porque ni a uno solo de tus cabellos puedes hacerlo blanco o negro. Que su lenguaje sea Si, Si o NO,  No, que lo que pasa de allí procede del Maligno.

Síntesis de la homilía                                                                                                    

En la propuesta general de este pasaje, lo definitivo es que hay una práctica de justicia que no es suficiente para mantener el cima de la convivencia humana y obtener  la felicidad medida y fundamental en lo personal y comunitario. La distancia que se pone entre “lo que se dijo” y “yo les digo” es tan grande que parecen no poder igualarse en el nivel de castigo que merecen  Y es que la transgresión aparentemente pequeña, corrompe la relación social de manera imperceptible, de modo que no causa preocupación y va creciendo de ese modo, sin controles, hacia todos los excesos. Es una experiencia bastante sufrida en muchos grupos,esto de que  que las ofensas en faltas a la verdad, descalificaciones poco importantes, chismes y murmuraciones que entran al parecer inofensivamente, cuando no se detienen con prontitud, llegan a engendrar odios incorregibles. Ser  o  no ser reo ante un tribunal no siempre es amenaza que cause un temor que aleje de la práctica de  conductas incorrectas. Los tribunales muchas veces están institucionalmente imposibilitados de ser imparciales. Y esto ha de referirse igualmente a lo que se deja crecer en el corazón juzgando que no daña si no pasa a la práctica. No es del todo cierto. Lo frecuente y normal  es que a cierto nivel de asentimiento interior responde también el consentimiento exterior  tarde o temprano . El perjurio que supone a la vez una falta de lealtad personal y un deterioro del valor por el que se  jura, está presentado señalando la gravedad de esas dos deficienias. De allí provino la formulación de un precepto general  NO JURAR             En realidad el juramento leal es un modo de seguridad y garantía en las relaciones humanas tanto interpersonales como institucionales o sociales                                     La conclusión simple de lograr reducir nuestras promesas  y proyectos al Si,Si o al NO,NO, abriría un espacio gigante de tranquilidad y bienestar en nuestro espacio social,  tan lleno de mentiras e hipocresías.

 

 

 

 

Homilías Dominicales – Domingo 5 de febrero de 2017 – 5to- durante el año litúrgico ciclo “A”. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mt, 5, 13-16).  

Decía Jesús a sus discípulos: Uds. son la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa ¿con qué se la salará? Uds. son la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de una montaña. Ni tampoco se enciende una lámpara para ponerla debajo del  lecho sino sobre un candelero para que ilumine a todos los que están en la casa, Bille así vuestra luz ante los hombres para que viendo sus buena obras, glorifiquen al Dios que está en el cielo.

Síntesis de la homilía 

Este pasaje de Mateo, sigue inmediatamente al de la propuesta de las “bienaventuranzas” dirigido a los discípulos, como una especie de definición de identidad. Una fijación de principios que no son obligaciones impuestas sino raíces de la felicidad del reino predicado e instaurado por Jesús. Los pobres, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los comprensivos y bondadosos, los sinceros desde su intimidad, los que trabajan por la paz y los que aguantan la persecución por buscar la justicia.  La felicidad del reino, la profunda felicidad humana, lo que da sentido a la vida, son esas situaciones que sitúan al margen de una clase de felicidad que se busca desde el egoísmo del mundo, para descubrir  la que se construye desde la experiencia de la pobreza, el sufrimiento, la lucha , la persecución y el deseo ferviente de la paz. Desde esas trincheras se dispara el amor que es el verdadero material de la construcción social y la felicidad compartida    Vivimos una  época en que el sistema social que estructura y regula la vida de los ciudadanos, se basa en un principio absolutamente diferente: lo que  lleva a la sociedad a gozar el sentido y felicidad de la vida es lo económico, Lo que hay que atender  por encima de cualquier otra ideología es el crecimiento de los bienes materiales a través del trabajo, la especulación, la exclusión de los que no sepan o no puedan defenderse de los egoísmos que brotan espontánea y hasta furiosamente cuando son alentados por los responsables del ordenamiento social .La visión de Jesús en el pasaje de MATEO afirmando que desde aquella trinchera que llamamos bienaventuranzas tienen que circular incesantemente disparos de  sabor y de luz que terminen venciendo el reinado de la tristeza, el desamparo y la oscuridad que siembran los egoísmos del sistema en que vivimos. A pesar de todos los adornos y complicidad periodística que acompaña los anuncios oficiales de adelantos económicos para felicidad del pueblo, ya  conocemos suficientemente la dosis de engaño que se contiene en esas promesas que, no nos permite, sin ser ingenuos, esperar que algunos de esos anuncios se cumplan en el tiempo  previsto. Tenemos, entonces, que poner en acción todo nuestro espíritu de solidaridad para mantener la comprensión, la ayuda, la alegría, de la comunidad en que vivimos, remediando en nuestras posibilidades, cualquier clase de exclusión discriminante que se esté viviendo, hasta que la conjunción de criterios de generosidad y amor, haga rebrotar el trabajo de reconstrucción de nuestros vínculos sociales.

 

 

 

 

 

 

 

Misas – Celebraciones Eucarísticas 2017 con P. Guillermo “Quito” Mariani

COMENZAR DE NUEVO!!!!    

Poniéndonos de pie, cada uno como pueda, para seguir siendo solidarios frente a los problema comunes y aceptando la ayuda necesaria para aliviar los propios.

 NOVEDAD  2017:  DESDE EL DOMINGO 5 DE FEBRERO,
CELEBRARÉ  
LA EUCARISTÍA TODOS LOS DOMINGOS A LAS 11,
EN EL SALÓN DEL CLUB ATALAYA.

CLUB ATALAYA (Padre PALAU 6450.- Argüello)

 Despacito y casi en silencio les aseguro que estoy haciendo todo lo posible por no quebrarme, para seguir “sirviendo”. (Quito)

Homilias Dominicales. Sábado 24 de diciembre de 2016 (NAVIDAD) Por Guillermo “Quito” Mariani

 Tema (Lc, 2,1014)

Se promulgó en esos días un decreto del emperador Augusto que ordenaba que todo el mundo se inscribiese en un censo. Este fue el primer censo realizado por Quirino, gobernados de la Siria Acudían todos a inscribirse cada uno a su ciudad, José subió desde Nazaret ciudad de Galilea hacia la ciudad de David en Judea, llamada Belén, a inscribirse con María su esposa que estaba embarazada. Estando allí, llegó la hora del parto y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre porque no habían encontrado sitio en la posada. Había unos pastores en la zona que cuidaban por turnos sus rebaños, en la intemperie, Un mensajero del Señor se les presentó La gloria del Señor los deslumbró y ellos sintieron gran temor. El ángel les dijo:  Miren, no teman, les vengo a dar una gran noticia, una alegría para todo el pueblo:  “Hoy les ha nacido en la ciudad de David, el salvador, el mesías, el Señor. Esto les servirá de señal: encontrarán a un niño reclinado en un pesebre y envuelto en pañales. Al ángel en ese momento se juntó una cantidad de otros ángeles que alababan a Dios diciendo: Gloria a Dios en lo alto y en la tierra paz a los hombres sus amados

Síntesis de la homilía                                                                       

Sin precisión de fechas concretas, Lucas sitúa en la historia, el acontecimiento de la aparición de Jesús de Nazaret. Los datos aportados ayudan con la cita de los personajes más importantes de la época (emperador y gobernador de Roma) a situar con bastante aproximación las circunstancias del relato. Desde luego que al ser recibidos por trasmisión oral  unos 70 años después de sucedido o que se relata, hay que estar preparado para que las lagunas de la memoria común se hayan llenado con datos más ideológicos que históricos. El relato vívido y sentido de Lucas da la sensación de estar leyendo lo esrito por un testigo presencial. No es así.  Pero, indudablemente, se transmite el sentido de lo acontecido. La tradición popular se refiere a ello, como la venida del niño Dios. Esta designación no descubre el verdadero sentido de la solemne y bulliciosa NAVIDAD  que celebramos        como tampoco la otra, aparentemente  más científica de “ENCARNACION DEL HIJO DE DIOS”. Aunque, al parecer, más simples pero más significativas son las de “HUMANIZACIO DE DIOS” o “DIOS EN UN NIÑO”.               Porque, desde esta realidad queda remediada absolutamente la lejanía de Dios con respecto a la creación y a la historia. Más definitiva e integralmente, Dios ha asumido la humanidad y lo humano como el modo de presencia y acción en su creación.  Sin darnos cuenta, cuando  hablamos del niño Dios, nos desprendemos absolutamente del centro del acontecimiento  porque borramos al niño o disminuimos su importancia, a pesar de toda la ternura que nos inspira. Y volvemos a manejar un Dios lejanos, intocable, trascendente, al que sólo o al menos aparentemente tenemos que admirar, reverenciar y pedir. Y también casi insensiblemente vamos dejando de  lado al hombre Jesús que tiene la importancia fundamental del mensajero para la dignificación y liberación del ser humano como hijo de Dios. Sin lo cual, o nos consideramos impotentes para construir el reinado de Dios propuesto por Jesús, o quitamos fundamento a la esperanza de que no estando solos sino con el Autor de todo en esa empresa, las luchas y dificultades quedan envueltas en el optimismo de lo que esperamos.

 

 

Misa NAVIDAD 2016

SUENA RARO FESTEJAR EN  UN MUNDO

SEMBRADO DE INJUSTICIA  EXCLUSION  Y MUERTE

Pero el optimismo cristiano que llamamos “esperanza”,

Para actualizar la seguridad de que  no estamos solos

Nos convoca a celebrar la NAVIDAD

El próximo Sábado 24 a las 19.30

                En el acogedor salón del Club ATALAYA

P. Guillermo “Quito” Mariani