Reflexiones sobre el Sínodo de Obispos. Entrevista a Adolfo Nicolás

El Padre General de los Jesuitas, P. Adolfo Nicolás, ha participado en el reciente Sínodo de Obispos sobre “La Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana”. A las preguntas que le hemos hecho ha respondido así.

Confieso haber tenido ciertas dudas acerca del Sínodo antes de que comenzara. Me preguntaba: ¿vamos a movernos en la acostumbrada dirección de “más de lo mismo”, o estamos dispuestos a mirar hacia adelante con valentía y creatividad?

La realidad del Sínodo ha sido compleja. Puedo indicar algunos puntos positivos, inspiradores y estimulantes (1), y otros que apuntan a ciertas áreas a las que la Iglesia, o al menos los Obispos y Padre Sinodales, incluyéndome a mí, no hemos llegado todavía (2).

1. Podemos integrar los puntos positivos en tres categorías:

a) Aportación geográfica. A esta categoría pertenecen las presentaciones que nos proporcionaron una buena información de la situación, los problemas y, con frecuencia, los sufrimientos de algunos países -especialmente del Medio Oriente, África y Asia. El hecho de que Obispos de muchos países tengan la oportunidad de comunicar y cambiar impresiones, con entera libertad, acerca de sus experiencias y opiniones, es una de las características más atractivas del Sínodo.

b) Iniciativas interesantes en curso, especialmente las que se basan en proyectos de cooperación, redes o intercambios internacionales en los que toman parte laicos y movimientos laicales comprometidos. Esto se lleva a cabo no sólo en las sesiones plenarias sino, con más frecuencia, fuera de las sesiones en conversaciones informales que tocan esos puntos.

c) Reflexiones sobre los Fundamentos. El Significado y las Dimensiones de la Nueva Evangelización. En este punto hemos sido testigos de una gran unanimidad acerca de, entre otras, las siguientes cuestiones:

  • la importancia y necesidad de la experiencia religiosa (encuentro con Cristo);
  • la urgencia de una buena formación espiritual e intelectual de los Nuevos Evangelizadores;
  • la centralidad de la familia (la iglesia doméstica) como sitio privilegiado para el crecimiento en la Fe;
  • la importancia de la parroquia y sus estructuras que necesitan ser renovadas y abrirse más y más a una mayor participación del laicado y su ministerio;
  • la prioridad de la evangelización más bien que la expresión sacramental, como san Pablo decía de sí mismo: “enviado a evangelizar más que a bautizar”.
  • etc.

2. En cuanto a puntos “insuficientes” podría indicar los siguientes:

a) La voz del Pueblo de Dios no tiene ocasión de expresarse. Es un Sínodo de Obispos y, por eso, no se cuenta con la participación activa del Laicado aun cuando un número de expertos y “observadores” (auditores) asisten como invitados. Me hizo recordar lo que dijo Steve Job: que él estaba más interesado en escuchar las voces de los clientes que las de los productores. Y en el Sínodo todos éramos “productores”.
b) Por eso era difícil evitar el sentimiento de que se trataba de una reunión de “Hombres de Iglesia afirmando la Iglesia”, lo cual es ciertamente bueno pero no precisamente lo que necesitamos cuando estamos a la búsqueda de una Nueva Evangelización. Podemos caer en el peligro de buscar “más de lo mismo”.

c) Falta de reflexión sobre la Primera Evangelización y por eso sabemos muy poco acerca de si y qué hemos aprendido de su larga historia y sus mejores momentos, y de lo que nos han enseñado nuestras propias equivocaciones. Esta omisión podría tener consecuencias muy negativas.

d) La deficiente consciencia y conocimiento de la Historia de la Evangelización y el papel que los Religiosos, hombres y mujeres, han desempeñado en ella. En algunos momentos la Vida Religiosa fue ignorada; en otros momentos recibió una mención casual y perentoria. No es que nosotros, los Religiosos, necesitemos ulterior confirmación: pero querría expresar mi preocupación acerca de que la Iglesia se exponga a perder su propia memoria.

e) Quizás el punto más débil fue la metodología que determinó la marcha del Sínodo, similar al viejo modo de organizar nuestras Congregaciones Generales. Espero, sin embargo, que la complejidad de la realidad y las necesidades del futuro ayudarán a la Iglesia en la tarea de ajustar sus procesos para conseguir mayores frutos apostólicos.

Obviamente fue un tiempo de mucha reflexión, aprendizaje y desafíos. La invitación a profundizar en nuestra fe, propuesta por el Santo Padre, puede ayudarnos a la hora de confrontarnos con las más profundas dimensiones de la Nueva Evangelización. La realidad que nos rodea se hahecho mucho más compleja de lo que nosotros podemos controlar individualmente, mientras que el reto original de nuestra Misión para servir a las almas y a la Iglesia, continúa y crece.

Tengo la esperanza que los jesuitas responderán a los nuevos retos con la profundidad que viene de nuestra apropiación de la espiritualidad ignaciana y de uno estudio serio de nuestro tiempo.

Rezo para que las reflexiones en nuestras comunidades y apostolados en el Año de la fe nos ayudará a renovar nuestro espíritu y nuestra misión.

P. Su intervención en el Sínodo versó sobre los “Signos Europeos de Santidad”. ¿Qué significa eso? ¿No son universales los signos de santidad?

R. Naturalmente. Los signos que buscamos en un santo tienen valor universal y son expresiones de diferentes dimensiones de la vida de Dios tal como se hacen visibles entre nosotros. Hablamos aquí de caridad, compasión, servicio a los que sufren, a los que están en necesidad, solos y afligidos. Lo que yo quería decir es que nos hemos acostumbrado a estos signos sin pensar que podría haber otros signos. Si este fuera el caso, ¿no aparecería un Dios muy limitado, previsible, e incluso reducido a la capacidad europea de “ver” signos conocidos de su presencia y acción? Sin la menor sombra de duda, reconozco esos signos como buenos, creíbles y sólidos. Mi pregunta apuntaba a lo que podemos haber perdido por no descubrir otros signos; por no ser capaces de sorprendernos y asombrarnos delante de la acción creativa de Dios en “otros”; en personas que pertenecen a culturas, tradiciones y afinidades étnicas diferentes. Poco antes del Vaticano II, el P. Jean Danielou escribió un libro titulado “Santos Paganos”: un libro provocativo e inspirador al mismo tiempo. Pero quizás esos santos no fueron, después de todo, paganos.

P. ¿Puede Vd. ofrecernos algunos signos de lo que considera santidad “asiática”?

R. Con mucho gusto. De hecho, anticipando esta pregunta, he consultado a expertos en la materia. Me complace decir que ha sido una consulta muy fructuosa. Déjeme darle algunos ejemplos de esos signos: piedad filial que en ocasiones alcanza niveles heroicos; la búsqueda totalmente absorbente del Absoluto, y el gran respeto que se tributa a los que se dedican a ella; la compasión como modo de vida que surge de una profunda conciencia de la fragilidad e impotencia humana; tolerancia, generosidad y aceptación de los otros; apertura de mente; reverencia, cortesía, atención a las necesidades de los otros…etc. Resumiendo: quizá pudiéramos decir que si nuestros ojos estuvieran abiertos a lo que Dios hace en las personas (¡y en los pueblos!) seríamos capaces de ver mucha más Santidad alrededor nuestro, y muchos de nosotros nos abriríamos al desafío de vivir la Vida de Dios de un modo nuevo que podría ser más adaptado a nuestro verdadero modo de ser…o al modo que Dios quiere que seamos.

P. ¿Cómo es posible que los misioneros, o la Iglesia, no hayan sido capaces de “ver” esos maravillosos signos como obra de Dios?

R. A veces es muy difícil interpretar por qué no ocurre algo. Uno tiene la tentación de acudir a explicaciones que podrían ser correctas pero también podrían ser teorías ajenas a la cuestión. Quizás no nos sentimos a gusto con un Dios de sorpresas; un Dios que no sigue necesariamente la lógica humana; un Dios que siempre saca lo mejor del corazón humano sin violentar las raíces culturales, o la religiosidad de la gente sencilla. ¿Quién sabe? Nosotros afirmamos con entusiasmo la libertad de Dios, pero no le damos ocasión de influir en nuestras vidas…O quizás hemos “visto” esos signos con respeto e incluso con asombro, pero no estamos seguros de lo que significan…o quizás somos incapaces de desarrollar una razonable teoría acerca de ellos.

P. Lo que está Vd. diciendo es que hay “santidad” fuera de la Iglesia. Pero si hay “santidad” ¿no deberíamos decir también que hay salvación?

R. ¡Por supuesto! Eso lo sabemos desde siempre. Es parte de la libertad de Dios. Dios es libre para hacer lo que Dios quiere con su pueblo (hombres y mujeres) en cualquier situación y cualquier contexto. Jesús nunca tuvo dificultad en reconocer en un soldado pagano de Roma o en una mujer extranjera, una profundidad de fe que faltaba entre sus propios discípulos. ¡Pero yo no tengo una teoría propia de salvación! ¡Así le ahorro su siguiente pregunta! Mi preocupación más profunda es encontrar cómo Dios actúa en la gente, y así cooperar con el trabajo de Dios. De este modo no me puedo equivocar: si construyo una teoría ciertamente podría equivocarme.

P. A la luz de la Nueva Evangelización, ¿cómo cree Vd. que debería presentarse la responsabilidad de la Iglesia en sus esfuerzos por llevar paz y armonía al violento mundo en que vivimos?

R. Estoy convencido de que todo lo que hacemos nace en lo más profundo de nuestro “yo”, de lo interior. Es el fruto de nuestra fe, de nuestras relaciones (incluida la relación con Dios), nuestros amores y nuestras esperanzas. Si lo más profundo del “yo” está en comunión con el Dios de la Paz, Justicia y Compasión que creemos forma parte de nuestra fe, entonces viviremos, actuaremos y hablaremos Paz, Justicia y Compasión. Aunque el mundo a nuestro alrededor se haga más violento, eso no quiere decir que también nosotros nos hagamos violentos; al contrario, nuestro compromiso -nacido del corazón- con la paz y el diálogo se hace mucho más relevante y se convierte en una mejor proclamación del Evangelio en que creemos. Naturalmente esto toma diversas formas cuando pensamos en la Iglesia y muchas de las actividades e iniciativas que provienen de cristianos comprometidos.

 

Fuente: Lamiarrita

 

Cómo se formó el poder monárquico-absolutista de los papas. Por Leonardo Boff

Escribíamos anteriormente en estas páginas que la crisis de la Iglesia-institución-jerarquía radica en la absoluta concentración de poder en la persona del papa, poder ejercido de forma absolutista, distanciado de cualquier participación de los cristianos y creando obstáculos prácticamente insuperables para el diálogo ecuménico con las otras Iglesias.
No fue así al principio. La Iglesia era una comunidad fraternal. No existía todavía la figura del papa. Quien dirigía la Iglesia era el emperador pues él era el Sumo Pontífice (Pontifex Maximus) y no el obispo de Roma ni el de Constantinopla, las dos capitales del Imperio. Así el emperador Constantino convocó el primer concilio ecuménico de Nicea (325) para decidir la cuestión de la divinidad de Cristo. Todavía en el siglo VI el emperador Justiniano, que rehízo la unión de las dos partes del Imperio, la de Occidente y la de Oriente, reclamó para sí el primado de derecho y no el de obispo de Roma. Sin embargo, por el hecho de estar en Roma las sepulturas de Pedro y de Pablo, la Iglesia romana gozaba de especial prestigio, así como su obispo, que ante los otros tenía la “presidencia en el amor” y “ejercía el servicio de Pedro”, el de “confirmar en la fe”, no la supremacía de Pedro en el mando.

Todo cambió con el papa León I (440-461), gran jurista y hombre de Estado. Él copió la forma romana de poder que es el absolutismo y el autoritarismo del emperador. Comenzó a interpretar en términos estrictamente jurídicos los tres textos del Nuevo Testamento referentes a Pedro: Pedro como piedra sobre la cual se construiría la Iglesia (Mt 16,18), Pedro, el confirmador en la fe (Lc 22,32) y Pedro como Pastor que debe cuidar de sus ovejas (Jn 21,15). El sentido bíblico y jesuánico va en una línea totalmente contraria: la del amor, el servicio y la renuncia a cualquier honor. Pero predominó la lectura del derecho romano absolutista. Consecuentemente León I asumió el título de Sumo Pontífice y de Papa en sentido propio. Después, los demás papas empezaron a usar las insignias y la indumentaria imperial, la púrpura, la mitra, el trono dorado, el báculo, las estolas, el palio, la muceta, se establecieron los palacios con su corte y se introdujeron hábitos palaciegos que perduran hasta los días actuales en los cardenales y en los obispos, cosa que escandaliza a no pocos cristianos que leen en los evangelios que Jesús era un obrero pobre y sin galas. Entonces empezó a quedar claro que los jerarcas están más próximos al palacio de Herodes que a la gruta de Belén.

Pero hay un fenómeno de difícil comprensión para nosotros: en el afán por legitimar esta transformación y garantizar el poder absoluto del papa, se forjaron una serie de documentos falsos. Primero, una pretendida carta del papa Clemente (+96), sucesor de Pedro en Roma, dirigida a Santiago, hermano del Señor, el gran pastor de Jerusalén, en la cual decía que Pedro antes de morir había determinado que él, Clemente, sería el único y legítimo sucesor. Y evidentemente los demás que vendrían después. Falsificación todavía mayor fue la famosa Donación de Constantino, un documento forjado en la época de León I según el cual Constantino habría hecho al papa de Roma la donación de todo el Imperio Romano. Más tarde, en las disputas con los reyes francos, se creó otra gran falsificación, las Pseudodecretales de Isidoro que reunían falsos documentos y cartas como si proviniesen de los primeros siglos, que reforzaban el primado jurídico del papa de Roma. Y todo culminó con el Código de Graciano en el siglo XIII, tenido como base del derecho canónico, pero que se basaba en falsificaciones y normas que reforzaban el poder central de Roma además de en otros cánones verdaderos que circulaban por las iglesias. Lógicamente, todo esto fue desenmascarado más tarde pero sin producir modificación alguna en el absolutismo de los papas. Pero es lamentable y un cristiano adulto debe conocer los ardides usados y concebidos para gestar un poder que está a contracorriente de los ideales de Jesús y que oscurece el fascinante mensaje cristiano, portador de un nuevo tipo de ejercicio del poder, servicial y participativo.

Posteriormente se produjo un crescendo del poder de los papas: Gregorio VII (+1085) en su Dictatus Papae (la dictadura del papa) se autoproclamó señor absoluto de la Iglesia y del mundo; Inocencio III (+1216) se anunció como vicario-representante de Cristo y por fin, Inocencio IV (+1254) se alzó como representante de Dios. Como tal, bajo Pío IX en 1870, el papa fue proclamado infalible en el campo de doctrina y moral. Curiosamente, todos estos excesos nunca han sido denunciados ni corregidos por la Iglesia jerárquica porque la benefician. Siguen sirviendo de escándalo para los que todavía creen en el Nazareno pobre, humilde artesano y campesino mediterráneo, perseguido, ejecutado en la cruz y resucitado para levantarse contra toda búsqueda de poder y más poder aun dentro de la Iglesia. Ese modo de entender comete un olvido imperdonable: los verdaderos vicarios-representantes de Cristo, según el evangelio de Jesús (Mt 25,45) son los pobres, los sedientos y los hambrientos. Y la jerarquía existe para servirlos, no para sustituirlos

Navigating the Shifts. By Pat Farrell

Navigating the Shifts. By Pat Farrell, OSF  — LCWR President

Presidential Address, 2012 LCWR Assembly

The address that I am about to give is not the one I had imagined. After the lovely contemplative tone of last summer’s assembly, I had anticipated simply articulating from our contemporary religious life reflections some of the new things we sense that God has been doing. Well, indeed we have been sensing new things. The doctrinal assessment, however, is not what I had in mind!

Clearly, there has been a shift! Some larger movement in the Church, in the world, has landed on LCWR. We are in a time of crisis and that is a very hopeful place to be. As our main speaker, Barbara Marx Hubbard, has indicated, crisis precedes transformation. It would seem that an ecclesial and even cosmic transformation is trying to break through. In the doctrinal assessment we’ve been given an opportunity to help move it. We weren’t looking for this contoversy. Yet I don’t think that it is by accident that it found us. No, there is just too much synchronicity in events that have prepared us for it. The apostolic visitation galvanized the solidarity among us. Our contemplative group reflection has been ripenening our spiritual depth. The 50th anniversary of the Vatican II approaches. How significant for us who took it so to heart and have been so shaped by it! It makes us recognize with poignant clarity what a very different moment this is. I find my prayer these days often taking the form of lamentation. Yes, something has shifted! And now, here we are, in the eye of an ecclesial storm, with a spotlight shining on us and a microphone placed at our mouths. What invitation, what opportunity, what responsibility is ours in this? Our LCWR mission statement reminds us that our time is holy, our leadership is gift, and our challenges are blessings.

I think It would be a mistake to make too much of the docrinal assessment. We cannot allow it to consume an inordinate amount of our time and energy or to distract us from our mission. It is not the first time that a form of religious life has collided with the institutional Church. Nor will it be the last. We’ve seen an apostolic visitation, the Quinn Commission, a Vatican intervention of CLAR and of the Jesuits. Many of the foundresses and founders of our congregations struggled long for canonical approval of our institutes. Some were even silenced or ex-communicated. A few of them, as in the cases of Mary Ward and Mary McKillop, were later canonized. There is an inherent existential tension between the complementary roles of hierarchy and religious which is not likely to change. In an ideal ecclesial world, the different roles are held in creative tension, with mutual respect and appreciation, in an enviroment of open dialogue, for the building up of the whole Church. The doctrinal assessment suggests that we are not currently living in an ideal ecclesial world.

I also think it would be a mistake to make too little of the doctrinal assessment. The historical impact of this moment is clear to all of us. It is reflected in the care with which LCWR members have both responded and not responded, in an effort to speak with one voice. We have heard it in more private conversations with concerned priests and bishops. It is evident in the immense groundswell of support from our brother religious and from the laity. Clearly they share our concern at the intolerance of dissent even from those with informed consciences, the continued curtailing of the role of women. Here are selections from one of the many letters I have received: “I am writing to you because I am watching at this pivotal moment in our planet’s spiritual history. I believe that all the Catholic faithful must be enlisted in your efforts, and that this crisis be treated as the 21st century catalyst for open debate and a rush of fresh air through every stained glass window in the land.” Yes, much is at stake. Through it all, we can only go forward with truthfulness and integrity. Hopefully we can do so in a way that contributes to the good of religious life everywhere and to the healing of the fractured Church we so love. It is no simple thing. We walk a fine line. Gratefully, we walk it together.

In the context of Barbara Marx Hubbard’s presentation, it is easy to see this LCWR moment as a microcosm of a world in flux. It is nested within the very large and comprehensive paradigm shift of our day. The cosmic breaking down and breaking through we are experiencing gives us a broader context. Many institutions, traditions, and structures seem to be withering. Why? I believe the philosophical underpinnings of the way we’ve organized reality no longer hold. The human family is not served by individualism, patriarchy, a scarcity mentality, or competition. The world is outgrowing the dualistic constructs of superior/inferior, win/lose, good/bad, and domination/submission. Breaking through in their place are equality, communion, collaboration, synchronicity, expansiveness, abundance, wholeness, mutuality, intuitive knowing, and love. This shift, while painful, is good news! It heralds a hopeful future for our Church and our world. As a natural part of evolutionary advance, it in no way negates or undervalues what went before. Nor is there reason to be fearful of the cataclysmic movements of change swirling around us. We only need to recognize the movement, step into the flow, and be carried by it. Indeed, all creation is groaning in one great act of giving birth. The Spirit of God still hovers over the chaos. This familiar poem of Christopher Fry captures it:

”The human heart can go the length of God.
Cold and dark, it may be
But this is no winter now.
The frozen misery of centuries cracks, breaks, begins to move. The thunder is the thunder of the floes.

The thaw, the flood, the up-start spring. Thank God, our time is now
When wrong comes up to face us everywhere Never to leave until we take

The greatest stride of soul that people ever took
Affairs are now soul-size.
The enterprise is exploration into God…”

Christopher Fry – A Sleep of Strangers

I would like to suggest a few ways for us to navigate the large and small changes we are undergoing. God is calling to us from the future. I believe we are being readied for a fresh inbreaking of the Reign of God. What can prepare us for that? Perhaps there are answers within our own spiritual DNA. Tools that have served us through centuries of religious life are, I believe, still a compass to guide us now. Let us consider a few, one by one.

1.How can we navigate the shifts? Through contemplation.

How else can we go forward except from a place of deep prayer? Our vocations, our lives, begin and end in the desire for God. We have a lifetime of being lured into union with divine Mystery. That Presence is our truest home. The path of contemplation we’ve been on together is our surest way into the darkness of God’s leading. In situations of impasse, it is only prayerful spaciousness that allows what wants to emerge to manifest itself. We are at such an impasse now. Our collective wisdom needs to be gathered. It germinates in silence, as we saw during the six weeks following the issuing of the mandate from the Congregation of the Doctrine of the Faith. We wait for God to carve out a deeper knowing in us. With Jan Richardson we pray:

“You hollow us out, God, so that we may carry you, and you endlessly fill us only to be emptied again. Make smooth our inward spaces and sturdy, that we may hold you with less resistance and bear you with deeper grace.”

Here is one image of contemplation: 1 the prairie. The roots of prairie grass are extraordinarily deep. Prairie grass acutally enriches the land. It produced the fertile soil of the Great Plains. The deep roots aerate the soil and decompose into rich, productive earth. Interestingly, a healthy prairie needs to be burned regularly. 2 It needs the heat of the fire and the clearing away of the grass itself to bring the nutrients from the deep roots to the surface, supporting new growth. This burning reminds me of a similar image. There is a kind of Eucalyptus tree in Australia whose seeds cannot germinate without a forest fire. The intense heat cracks open the seed and allows it to grow. Perhaps with us, too, there are deep parts of ourselves activated only when more shallow layers are stripped away. We are pruned and purified in the dark night. In both contemplation and conflict we are mulched into fertility. As the burning of the prairie draws energy from the roots upward and outward, contemplation draws us toward fruitful action. It is the seedbed of a prophetic life. Through it, God shapes and strengthens us for what is needed now.

2.How can we navigate the shifts? With a prophetic voice

The vocation of religious life is prophetic and charismatic by nature, offering an alternate lifestyle to that of the dominant culture. The call of Vatican II, which we so conscientiously heeded, urged us to respond to the signs of our times. For fifty years women religious in the United States have been trying to do so, to be a prophetic voice. There is no guarantee, however, that simply by virtue of our vocation we can be prophetic. Prophecy is both God’s gift as well as the product of rigorous asceticism. Our rootedness in God needs to be deep enough and our read on reality clear enough for us to be a voice of conscience. It is usually easy to recognize the prophetic voice when it is authentic. It has the freshness and freedom of the Gospel: open, and favoring the disenfranchised. The prophetic voice dares the truth. We can often hear in it a questioning of established power, and an uncovering of human pain and unmet need. It challenges structures that exclude some and benefit others. The prophetic voice urges action and a choice for change.

Considering again the large and small shifts of our time, what would a prophetic response to the doctrinal assessment look like? I think it would be humble, but not submissive; rooted in a solid sense of ourselves, but not self- righteous; truthful, but gentle and absolutely fearless. It would ask probing questions. Are we being invited to some appropriate pruning, and would we open to it? Is this doctrinal assessment process an expression of concern or an attempt to control? Concern is based in love and invites unity. Control through fear and intimidation would be an abuse of power. Does the institutional legitimacy of canonical recognition empower us to live prophetically? Does it allow us the freedom to question with informed consciences? Does it really welcome feedback in a Church that claims to honor the sensus fidelium, the sense of the faithful? In the words of Bob Beck, “A social body without a mechanism for registering dissent is like a physical body that cannot feel pain. There is no way to get feedback that says that things are going wrong. Just as a social body that includes little more than dissent is as disruptive as a physical body that is in constant pain. Both need treatment.”

When I think of the prophetic voice of LCWR, specifically, I recall the statement on civil discourse from our 2011 assembly. In the context of the doctrinal assessment, it speaks to me now in a whole new way. St. Augustine expressed what is needed for civil discourse with these words: “Let us, on both sides, lay aside all arrogance. Let us not, on either side, claim that we have already discovered the truth. Let us seek it together as something which is known to neither of us. For then only may we seek it, lovingly and tranquilly, if there be no bold presumption that it is already discovered and possessed.”

In a similar vein, what would a prophetic response to the larger paradigm shifts of our time look like? I hope it would include both openness and critical thinking, while also inspiring hope. We can claim the future we desire and act from it now. To do this takes the discipline of choosing where to focus our attention. If our brains, as neuroscience now suggests, take whatever we focus on as an invitation to make it happen, then the images and visions we live with matter a great deal. So we need to actively engage our imaginations in shaping visions of the future. Nothing we do is insignificant. Even a very small conscious choice of courage or of conscience can contribute to the transformation of the whole. It might be, for instance, the decision to put energy into that which seems most authentic to us, and withdraw energy and involvement from that which doesn’t. This kind of intentionaltiy is what Joanna Macy calls active hope. It is both creative and prophetic. In this difficult, transitional time, the future is in need of our imagination and our hopefulness. In the words of the French poet Rostand:

“It is at night that it is important to believe in the light; one must force the dawn to be born by believing in it.”

3.How can we navigate the shifts? Through solidarity with the marginalized.

We cannot live prophetically without proximity to those who are vulnerable and marginalized. First of all, that is where we belong. Our mission is to give ourselves away in love, particularly to those in greatest need. This is who we are as women religious. But also, the vantage point of marginal people is a privileged place of encounter with God, whose preference is always for the outcast. There is important wisdom to be gleaned from those on the margins. Vulnerable human beings put us more in touch with the truth of our limited and messy human condition, marked as it is by fragility, incompleteness, and inevitable struggle.

The experience of God from that place is one of absolutely gratuitous mercy and empowering love. People on the margins who are less able to and less invested in keeping up appearances, often have an uncanny ability to name things as they are. Standing with them can help situate us in the truth and helps keep us honest. We need to see what they see in order to be prophetic voices for our world and Church, even as we struggle to balance our life on the periphery with fidelity to the center.

Collectively women religious have immense and varied experiences of ministry at the margins. Has it not been the privilege of our lives to stand with oppressed peoples? Have they not taught us what they have learned in order to survive: resiliency, creativity, solidarity, the energy of resistance, and joy? Those who live daily with loss can teach us how to grieve and how to let go. They also help us see when letting go is not enough. There are structures of injustice and exclusion that need to be unmasked and systematically removed. I offer this image of active dismantling. These pictures were taken in Suchitoto, El Salvador the day of celebration of the peace accords. 4 5 That morning, people came out of their homes with sledge hammers and began to knock down the bunkers, to dismantle the machinery of war. 6

4. How can we navigate the shifts? Through community

Religious have navigated many shifts over the years because we’ve done it together. We find such strength in each other! 7 In the last fifty years since Vatican II our way of living community has shifted dramatically. It has not been easy and continues to evolve, within the particular US challenge of creating community in an individualistic culture. Nonetheless, we have learned invaluable lessons.

We who are in positions of leadership are constantly challenged to honor a wide spectrum of opinions. We have learned a lot about creating community from diversity, and about celebrating differences. We have come to trust divergent opinions as powerful pathways to greater clarity. Our commitment to community compels us to do that, as together we seek the common good.

We have effectively moved from a hierarchically structured lifestyle in our congregations to a more horizontal model. It is quite amazing, considering the rigidity from which we evolved. The participative structures and collaborative leadership models we have developed have been empowering, lifegiving. These models may very well be the gift we now bring to the Church and the world.

From an evolved experience of community, our understanding of obedience has also changed. This is of particular importance to us as we discern a response to the doctrinal assessment. How have we come to understand what free and responsible obedience means? A response of integrity to the mandate needs to come out of our own understanding of creative fidelity. Dominican Judy Schaefer has beautifully articulated theological underpinnings of what she calls “obedience in community” or “attentive discipleship.” They reflect our post- Vatican II lived experience of communal discernment and decision making as a faithful form of obedience. She says: “Only when all participate actively in attentive listening can the community be assured that it has remained open and obedient to the fullness of God’s call and grace in each particular moment in history.” Isn’t that what we have been doing at this assembly? Community is another compass as we navigate our way forward. Our world has changed. I celebrate that with you through the poetic words of Alice Walker, from her book entitled Hard Times Require Furious Dancing:

The World Has Changed

The world has changed:
Wake up & smell
the possibility. The world
has changed: It did not change without
your prayers without
your determination to
believe
in liberation
&
kindness;
without
your
dancing
through the years that had
no
beat.
The world has changed: It did not
change
without
your numbers your fierce love
of self
& cosmos it did not change without
your strength.

The world has
changed:
Wake up!
Give yourself
the gift
of a new
day. 8

 

5. How can we navigate the shifts? Non-violently

The breaking down and breaking through of massive paradigm shift is a violent sort of process. It invites the inner strength of a non-violent response. Jesus is our model in this. His radical inclusivity incited serious consequences. He was violently rejected as a threat to the established order. Yet he defined no one as enemy and loved those who persecuted him. Even in the apparent defeat of crucifixion, Jesus was no victim. He stood before Pilate declaring his power to lay down his life, not to have it taken from him.

What, then, does non-violence look like for us? It is certainly not the passivity of the victim. It entails resisting rather than colluding with abusive power. It does mean, however, accepting suffering rather than passing it on. It refuses to shame, blame, threaten or demonize. In fact, non-violence requires that we befriend our own darkness and brokeness rather than projecting it onto another. This, in turn, connects us with our fundamental oneness with each other, even in conflict. Non-violence is creative. It refuses to accept ultimatums and dead-end definitions without imaginative attempts to reframe them. When needed, I trust we will name and resist harmful behavior, without retaliation. We can absorb a certain degree of negativity without drama or fanfare, choosing not to escalate or lash out in return. My hope is that at least some measure of violence can stop with us.

Here I offer the image of a lightning rod. 9 Lightning, the electrical charge generated by the clash of cold and warm air, is potentially destructive to whatever it strikes. 10 A lightning rod draws the charge to itself, channels and grounds it, providing protection. A lightning rod doesn’t hold onto the destructive energy but allows it to flow into the earth to be transformed. 11

6. How can we navigate the shifts? By living in joyful hope

Joyful hope is the hallmark of genuine discipleship. We look forward to a future full of hope, in the face of all evidence to the contrary. Hope makes us attentive to signs of the inbreaking of the Reign of God. Jesus describes that coming reign in the parable of the mustard seed.

Let us consider for a moment what we know about mustard. Though it can also be cultivated, mustard is an invasive plant, essentially a weed. 12 The image you see is a variety of mustard that grows in the Midwest. Some exegetes tell us that when Jesus talks about the tiny mustard seed growing into a tree so large that the birds of the air come and build their nest in it, he is probably joking. 13 To imagine birds building nests in the floppy little mustard plant is laughable. It is likely that Jesus’ real meaning is something like Look, don’t imagine that in following me you’re going to look like some lofty tree. Don’t expect to be Cedars of Lebanon or anything that looks like a large and respectable empire. But even the floppy little mustard plant can support life. Mustard, more often than not, is a weed. 14 Granted, it’s a beautiful and medicinal weed. Mustard is flavorful and has wonderful healing properties. 15 It can be harvested for healing, and its greatest value is in that. But mustard is usually a weed. 16 It crops up anywhere, without permission. And most notably of all, it is uncontainable. It spreads prolifically and can take over whole fields of cultivated crops. 17 You could even say that this little nuisance of a weed was illegal in the time of Jesus. There were laws about where to plant it in an effort to keep it under control.

Now, what does it say to us that Jesus uses this image to describe the Reign of God? Think about it. We can, indeed, live in joyful hope because there is no political or ecclesiastical herbicide that can wipe out the movement of God’s Spirit. Our hope is in the absolutely uncontainable power of God. We who pledge our lives to a radical following of Jesus can expect to be seen as pesty weeds that need to be fenced in. 18 If the weeds of God’s Reign are stomped out in one place they will crop up in another. I can hear, in that, the words of Archbishop Oscar Romero “If I am killed, I will arise in the Salvadoran people.”

And so, we live in joyful hope, willing to be weeds one and all. We stand in the power of the dying and rising of Jesus. I hold forever in my heart an expression of that from the days of the dictatorship in Chile: “Pueden aplastar algunas flores, pero no pueden detener la primavera.” “They can crush a few flowers but they can’t hold back the springtime.”

 

REFERENCES

Michael W. Blastic, OFM Conv., “Contemplation and Compassion: A Franciscan Ministerial Spirituality.”

Robert Beck, Homily: Fifteenth Sunday in Ordinary Time, July 15, 2012. Mount St. Francis, Dubuque, Iowa

Judy Cannato, Field of Compassion: How the New Cosmology is Transforming Spiritual Life. Notre Dame, IN: Sorin Books, 2010.

Barbara Marx Hubbard, Conscious Evolution: Awakening the Power of Our Social Potential. Novato, CA: New World Library, 1998.

Joanna Macy and Chris Johnstone, How to Face the Mess We’re in Without Going Crazy. Novato, CA: New World Library, 2012.

Jan Richardson, Night Visions: Searching the Shadows of Advent and Christmas. Wanton Gospeller Press, 2010.

Judith K. Schaefer, The Evolution of a Vow: Obedience as Decision Making in Communmion. Piscataway, NJ: Transaction Publishers

Margaret Silf, The Other Side of Chaos: Breaking Through When Life is Breaking Down. Chicago: Loyola Press, 2011.

Alice Walker, Hard Times Require Furious Dancing. Novato, CA: New World Library, 2010.

 

Fuente: www.lcwr.org

The Leadership Conference of Women Religious (LCWR) is an association of the leaders of congregations of Catholic women religious in the United States. The conference has more than 1500 members, who represent more than 80 percent of the 57,000 women religious in the United States. Founded in 1956, the conference assists its members to collaboratively carry out their service of leadership to further the mission of the Gospel in today’s world.

Hay que seguir avanzando, nomás. Misa Angelelli en Loreto 4 Agosto 2012. Por Nicolás Alessio

Lo dijimos muchas veces, “memoria” no es “nostalgia”. La memoria es acicate en el presente mirando el horizonte. Es, básicamente, desafío. En la importante celebración de la misa en torno a Enrique Angelelli, el 4 de Agosto, en la Comunidad de Loreto, pudimos hacer memoria. Pero quizás, nos quedamos cortos, sin “morder” la realidad. Ni siquiera hicimos mención de la resolución de los jueces de la Sala B de la Cámara Federal de Apelaciones que resolvió por unanimidad confirmar el procesamiento y prisión preventiva del ex presidente de facto Jorge Rafael Videla y de Benjamín Menéndez, en la causa que investiga ni mas ni menos que la muerte de Angelelli. Se podría decir que fue una celebración sin sal.  La pulsuda reflexión del Tata Ortiz, continuada por Pepe Alessio, en torno a las quitas pre y pos conciliares, planteando aquello de “gozos y esperanzas”, nos abría el juego a tomar en serio los “signos de los tiempos”. A reflexionar los desafíos del presente gestando el futuro. A encarnar en hechos concretos, palpables, nuestras opciones por una iglesia pueblo y liberadora.

En este sentido, hay por lo menos dos preguntas claves que quedaron en el tintero: ¿cuáles son hoy, aquí y ahora, esos gozos y esperanzas, esos signos, esos conflictos o acontecimientos, tanto de la sociedad cordobesa como de la iglesia cordobesa que debemos asumir? y luego, asumiendo esas realidades, donde el Espíritu de Dios nos habla ¿qué hacemos, cómo avanzamos, con qué acciones hacia la sociedad de justicia e igualdad y hacia la iglesia de los pobres soñadas por Angelelli? Es cierto que las respuestas son complejas, e incluso provisorias, pero por eso mismo, ineludibles, necesitadas de una reflexión en común. También es cierto que las posibles respuestas no serán únicas ni unívocas, incluso puede haber un gran abanico no exento de diferencias importantes. Pero si somos plurales, respetuosos de todos y todas, amplios e inclusivos, no hay que tener miedo a las “diferencias”, aunque puedan ser “conflictivas”. Lo que queda claro es que no podemos ni evitar las preguntas ni eludir las respuestas, al menos si queremos hacer memoria y no solo sentir la nostalgia de lo que fue y de lo que fuimos. Se nos ocurren sin orden de prioridad algunos temas que merecen nuestra atención: la instalación de monsanto, icono depredador si los hay, en un contexto donde se agravan las agresiones a la santa madre tierra; el juicio a los fumigadores de barrio Ituzaingó, un hecho paradigmático que puede marcar un antecedente por demás indicativo; la situación de la caja de las jubilaciones, problema gravísimo hacia el futuro de nuestros abuelos, donde la administración provincial y la nacional se acusan mutuamente y donde nadie es inocente del vaciamiento producido; la crisis hídrica provincial donde no atinamos a recuperar el recurso estratégico del siglo venidero en manos de una multinacional extranjera incapaz de cumplir con sus compromisos; la crisis de la vivienda, en la actualidad hay 186 mil hogares con algún tipo de problema habitacional, donde el anuncio marquetinero de un plan de “viviendas sociales” pretende disimular el fracaso del plan Hogar Clase Media; el vergonzoso Código de Faltas de la Provincia que sigue persiguiendo a los más pobres, entre los que se encuentran la mayoría de las trabajadoras sexuales afectas por una Ley de Trata que no resuelve ningún problema y que por el contrario los agrava. Son tan solo algunas cuestiones. En lo eclesial no podríamos dejar de preguntarnos por dónde y hacia donde camina la Arquidiócesis, luego de los conflictos vividos con el Padre Mariani, el Padre Victor Acha y el Padre Nicolás Alessio, es decir cuánto avanzó la “derecha católica” que logró imponer como legislador ni más ni menos que a García Elorrio con más de 30 mil votos? En este contexto ¿qué tenemos que hacer los que celebramos la memoria subversiva de Enrique Angelelli? Son tal solo algunos interrogantes. Todas cuestiones abiertas y complejas y, por eso, profundamente desafiantes a nuestra militancia “cristiana”.  Por eso nos alegramos con la propuesta que llama a una reunión autoconvocada, para el Lunes 13 de Agosto, de un grupo de laicos,  para seguir encontrándonos y seguir buscando. El adelanto del mate cocido impidió explicitar más y mejor esta propuesta, no obstante, algunos pudimos conocerla a través de la tarjeta de invitación. De todas formas, el convite está listo. Hay que seguir avanzando nomás. Solo hay que responder.
Pbro. Nicolas Alessio

Fotos. Por Eduardo de La Serna


La foto de varios obispos con Adolf Hitler.

La de obispos con el generalísimo Francisco Franco.

Otro obispo con Benito Mussolini.

Obispo que bendice armas.

Cardenal Cañizares que empieza una celebración con gran atuendo (después de esto fue elegido por Benedicto XVI para presidir el “ministerio” de la liturgia en el Vaticano).

Obispo Mogavero, vestido por Armani.

Obispo Zecca, en cena sibarita.

Monseñor Plaza con “el reverendo Moon” (fundador de la llamada “secta Moon”, al que dio el doctorado Honoris Causa de la Universidad Católica de La Plata).

Monseñor Ogñenovich con su amigo Carlos Menem.

Monseñor Pío Laghi con Videla (y otros).

Monseñor Calabresi con Viola.

Monseñor Tórtolo con Videla y Massera.

Cardenal Aramburu con Videla y Massera.

Cardenal Aramburu con Viola.

Cardenal Primatesta con Videla y Menéndez.

Y están las fotos que no se sacaron: el nuncio paraguayo preparando la caída de Lugo, el cardenal de Honduras, de Santa Cruz (Bolivia), el obispo de Guayaquil (Ecuador) en actitudes destituyentes, monseñor Storni (de Santa Fe, condenado por abuso sexual), monseñor Di Monte jugando al póker en Olivos con Carlos Saúl, monseñor López Trujillo con Pablo Escobar, y varias fotos más que faltan… Alguien debería haberlas sacado.

También está monseñor Bargalló con una mujer.

Adivinanza: ¿cuál es la foto episcopal que supuestamente causa escándalo y tiene al obispo en la cuerda floja?

 

* Coordinador del Movimiento de Sacerdotes en Opción por los Pobres.

 

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-197167-2012-06-25.html

Plataforma “Somos Iglesia” – Austria: El diálogo es la única posibilidad de resolver las crisis de la Iglesia.

La Iglesia se halla en la mayor crisis de credibilidad desde la Reforma. La “Iniciativa del Pueblo de la Iglesia” (1995), diferentes memorandos de teólogos y teólogas y últimamente el “Llamamiento a la Desobediencia” por parte de la “Iniciativa de los Párrocos” en Austria demuestran: a 50 años del último concilio ecuménico en Roma es hora de que los obispos entren en un diálogo abierto y sincero con el pueblo de la Iglesia y la teología.

Una Iglesia, que vive en el mundo y quiere servir al mundo no puede cumplir sus propósitos sin el diálogo con las personas del mundo. La Iglesia necesita formas de expresión de su mensaje que sean comprensibles y útiles para las personas contemporáneas, fundadas en la Biblia, racionales y actualizadas.
Es necesario un diálogo triple: un diàlogo interno, para acercarse a una solución de los temas controversiales de la Iglesia, un diálogo con otras comunidades de fe y un diálogo con las ciencias y el mundo. Todos en la Iglesia tenemos que adiestrarnos en el arte de dialogar.

Hemos de empezar con las tareas internas.
Por esta razón la plataforma “Somos Iglesia” hace publicidad para que se apoye la “Iniciativa de Diálogo 2012. Aquí en la página de internet puede inscribir su apoyo.

El Papa está entre la espada y la pared.

En la homilía solemne de la Misa del Crisma el jueves santo el Papa criticó públicamente a los que firmaron el llamamiento austríaco a la desobediencia. Haciendo preguntas aparentemente espirituales el Papa insinúa que estas personas en vez de cumplir la voluntad de Dios siguen sus propias ideas, que no han comprendido la misión de Jesús y que no saben que la verdadera fe debe entregarse y servir.

En realidad Roma, sus representantes y sus conceptos de disciplina eclesiástica son los que se han distanciado mucho del mensaje de Jesús. El Papa identifica de nuevo la obediencia a su propia función con la obediencia a la voluntad de Dios. Según Pedro, de quien él mismo afirma ser su sucesor, se trata en realidad de obedecer más a Dios que a los seres humanos.

En realidad el Papa Benedicto se encuentra entre la espada y la pared. En vez de argumentar cristianamente les imputa a sus críticos motivos malintencionados. Su sospecha que sus críticos siguen sus propias ideas pasa por alto que Roma todavía sigue insistiendo en los privilegios medioevales de sus elites episcopales. Además su nueva aserción que las mujeres no pueden ser ordenadas para las funciones eclesiásticas ya ha sido refutada bíblica y teológicamente.

El celibato obligatorio actualmente vigente conduce a la destrucción de la pastoral oficial y de innumerables parroquias. Esta no puede ser la voluntad de Dios. El rechazo al diálogo por parte de Roma pone gravemenete en peligro la unidad de la Iglesia católica-romana.
Por estas razones es hora de que las autoridades eclesiales actuales se acuerden de los límites impuestos por la Sagrada Escritura y la gran Tradición.

Una autoridad eclesial

• Que no tiene ninguna legitimación por parte de las parroquias o diócesis que preside como la preveían las reglas de la Iglesia primitiva, • Que desde hace décadas se niega constantemente a dar pasos de reformas que la Escritura exige y que el Concilio introdujo,

• Que todavía declara ilícitas e inválidas las ordenaciones de las mujeres en contra de la comprensión exegética e histórica y que excomulga a las personas involucradas,
• Que acepta la destrucción de la pastoral y las parroquias en el mundo entero por mantener un concepto injustificado de organización,
• Que se aferra a una rigorosa moral sexual y matrimonial sin fundamento antropológico discriminando así a los afectados y excomulgándolos de hecho,

• Que hasta el día de hoy impide la vigencia de los derechos humanos en el ámbito eclesial y su reclamo por medio de un procedimiento judicial conforme a estos derechos y
• Que reduce a algunos individuos la responsabilidad por los asaltos violentos y la violencia sexualizada a los niños y a las niñas callando o rechazando al mismo tiempo la propia responsabilidad y las condiciones estructurales; que rechaza así mismo el esclarecimiento de estos hechos reteniendo las informaciones pertinentes y que no impone una obligación perentoria de esclarecimiento por parte de instancias independientes del estado.

Tal autoridad eclesiástica, confrontada a la crítica, no tiene derecho a una obediencia indiscutible. Por el contrario debe reconocer y tomar en serio la desobediencia de las católicas y los católicos comprometidos que quieren una reforma, desobediencia inspirada por la conciencia y presentada con argumentos. La autoridades eclesiásticas más bien tienen que exponer a la discusión intraeclesial sus estrategias de poder y de rechazo a las reformas y asumir públicamente la responsabilidad de sus hechos.

Traemos a la memoria a Mateo 18, 18 en donde se considera que el poder de unir o desatar está en manos de la comunidad. Tiene que quedar en claro que el testimonio de la Escritura y los textos del Concilio Vaticano II tienen una autoridad mucho mayor que el Catecismo de la Iglesia Católica. Este Catecismo tanto como el Código de Derecho Canónico 1983 pretenden ser fruto del Concilio cuando en realidad lo vacían de su contenido.

No es señal de valentía que el Papa utilizara el ámbito protegido de la catedral de San Pedro para criticar durante la Liturgia lo que hasta la fecha no se ha atrevido a decir en una confrontación directa y argumentativa. Ante todo tendría que responder él mismo las preguntas que hizo a los otros en su homilía. Disimuladamente recrimina enérgicamente a los que critica. Por esta razón se le debe preguntar:

¿Cómo puede acusar el Papa a las fuerzas de reforma, especialmente a los párrocos austríacos, que quieren transformar la Iglesia de acuerdo con sus propias ideas? Le preguntamos: ¿No quiere imponerle a la Iglesia una forma que no tiene fundamento bíblico? Es incuestionable que el desboronamiento de la pastoral y de muchas parroquias no sucede de acuerdo con el mensaje cristiano. Un Papa famoso por su inteligencia y capacidad teológica tendría que ser consciente de este contexto.

• ¿Cómo puede el Papa acusar de falta de humildad y arbitrariedad a los párrocos que quieren una reforma y al mismo tiempo exigir sumisión bajo los intereses de poder de las autoridades eclesiásticas? Sin exponer razones les niega una fe “altruista”, “entregada” y “servicial” a los que firmaron el llamamiento. Al mismo tiempo calla cómo Roma se aferra sin compromisos a una estructura eclesiástica autoritaria y defiende los privilegios de una élite de poder jerárquico. Con consideraciones a cerca de la obediencia de Jesús que suenan espirituales se hace poco creíble.

El Papa Benedicto al fin tiene que responder cómo debe actuar él frente a la “situación dramática de la Iglesia actual”. Así respondería a la pregunta que él mismo hizo. Sin dar una respuesta satisfactoria debilita su propia autoridad pues la Iglesia supera su crisis solamente si se sobrepone a la inmovilidad actual y a su visión retrógada.

• ¿Por qué le falta precisión al Papa cuando habla sobre la verdadera renovación después del Concilio y sobre la vitalidad inesperada de tantos movimientos? Allí descubrimos el refuerzo del clericalismo en detrimento de la comunidad eclesial.

Para las autoridades eclesiásticas sólamente el Opus Dei, los Legionarios de Cristo así como las organizaciones juveniles ultraconservadoras enriquecen a la Iglesia pues de allí provienen sacerdotes de obediencia subyugada. Por esto queremos oir de él qué piensa de las comunidades eclesiales de base en todo el mundo, de los innumerables grupos de reforma, de las iniciativas de mujeres capacitadas, de los vitales movimientos ocuménicos y de diálogo interreligioso o de las religiosas que desde hace ya mucho tiempo han asumido en muchos paises las tareas de los sacerdotes que faltan.

Todas las acusaciones del Papa Benedicto ignoran la importante y elevada responsabilidad de los que firmaron el “Llamamiento a la Desobediencia” en representación de muchos más.
Merecen agradecimiento y reconocimiento por su valentía. Esperamos que la intervención papal no conlleve medidas prematuras inconsideradas que producirían otra pérdida mayor de credibilidad. Este hecho traería consecuencias catastróficas para la Iglesia católica-romana.

Por esta razón las preguntas mencionadas deben formar parte de los diálogos que se van a llevar a cabo durante el “Año de la Fe” en el mundo entero.

La plataforma “Somos Iglesia” propone por lo tanto que la situación, las propuestas de los suscriptores del llamamiento y su apreciación teológica se analicen intensamente con discernimiento justo. Para iniciar este proceso es preciso instalar por mediación del arzobispo de Viena, Christoph Cardenal Schönborn, una comisión de especialistas y responsables reconocidos. Esta comisión buscaría soluciones para salir de la crisis y las propondría al pueblo de la Iglesia. ¡Ojalá así se convierta el “Año de la Fe” en el “Año del Diálogo”.

En nombre de la dirección de la Plataforma “Somos Iglesia” Austria: Hans Peter Hurka

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Estimado /amigo/a: adjuntamos texto en nombre de la direcciòn plataforma “Somos Iglesia” Austria: Hans Peter Hurka.
Por considerar importante texto adjunto y para quienes se interesen pueden enviarnos inscribiendo su apoyo a este correo: somosiglesiachile@hotmail.com;
tambiensomosiglesiachile@yahoo.com o a pàgina en español
: http://www.wir-sind-kirche.at/content/images/stories/download/2012_05_dialoginitiative_spanisch.pdf

Fraternalmente, Enrique Orellana

Somos Iglesia Chile

¿Concilio Vaticano II, avanzamos o retrocedemos? Por Miguel Esquirol Vives

Un texto para el debate….

Acerca de los 50 años del Concilio Vaticano II

 

El año 1962 se dio en la Iglesia católica un tsunami catastrófico para algunos y un suceso de suma importancia para otros. Suceso esperado por estos y despreciado o por lo menos menospreciado por aquellos.

Quizás, como han dicho muchos, el problema de nuestra querida Iglesia viene desde la época constantiniana, cuando la jerarquía eclesiástica pasó de una situación de persecución y martirio a un status de libertad y nobleza, equiparable a la de los grandes señores de la época.

Fueron tiempos en los que la preocupación de las autoridades eclesiásticas estaba primordialmente en la doctrina y sus dogmas, más que en el seguimiento de la vida del maestro, aquel camino que nos ofrecen los evangelios de sencillez y de compasión por los que sufren y aquel deseo de Jesús por el reino de Dios o transformación de este mundo, en el cual quien ha recibido más sirva y no sea servido y en el que el respeto a la dignidad de las personas sea para todos, pero sobre todos para los que la sociedad ha considerado menos dignos, los más olvidados y excluidos.

Muchos años después vino la reforma de Lutero, que sin duda quiso el bien de la Iglesia, quiso acabar con aquel boato y aquella corrupción reinante en las altas esferas eclesiásticas, acabar con los abusos al pueblo, como el de los cobros por las indulgencias, el control de las conciencias, y terminar con la ignorancia de un pueblo al que se le había prohibido la lectura de la Biblia…

Nada es perfecto entre los humanos, pero la verdad es que hacía falta una reforma y era ya urgente. Lo más fácil fue declarar hereje a Lutero y terminar con semejante aventura. Para ello surgió la contrarreforma, con gente buena y santa, y si bien hizo mucho bien a muchos fieles, sirvió también para que la jerarquía pudiera seguir con su status, su poder y la estructura piramidal de la Iglesia.

Cuatrocientos años después y a partir del año 1958, una vez que fue  nombrado papa el cardenal Roncalli, se inicia lo que hubiese querido ser un gran reforma para la Iglesia católica. El año 1962 Juan XXIII inaugura el Concilio Vaticano II. Fueron cuatro años de deliberaciones y de mucho estudio de los que salió una serie de documentos de suma importancia para la renovación, para la actualización de la Iglesia católica, documentos que muchos de ellos han quedado a medias u olvidados y quizás algunos ya superados.

El documento que abre la Iglesia al mundo, el más conocido se llama “Gaudium et spes” (“Los gozos y las esperanzas de este mundo, sobre todo de los más pobres, son los gozos y las esperanzas de los discípulos de Cristo”). Como consecuencia lógica llevó a sacerdotes, religiosos y religiosas a meterse en el mundo, a comprometerse de veras con él, pero con las leyes canónicas anteriores al concilio, que no se renovaron, dieron como resultado el abandono de muchos del sacerdocio, por ser incompatible con este compromiso. Se produjo también un gran éxodo de religiosas y religiosos, siendo juzgados todos ellos y ellas entonces como desertores y aún como traidores.

Un verdadero signo de los tiempos, que en lugar de verse como tal, se consideró por parte de la curia romana y otras altas personalidades como una verdadera desgracia, cuya causa había sido este desdichado concilio. Lo que sirvió también para dar marcha atrás y el pensar la Iglesia como Pueblo de Dios en lugar de Sociedad perfecta. Quedaron paralizadas la mayoría de las reformas, como la litúrgica o la misma constitución de la Iglesia en sus ministerios (el del papa, los obispos, presbíteros y hasta los ministerios laicales tan necesarios en favor de nuestro mundo).

La necesidad y el valor del laicado fue siempre más una frase teórica que un interés real. Los “reducidos” al estado laical, palabra poco acertada, no fueron reconocidos como laicos y no se hizo nada o casi nada por recuperar a estos nuevos laicos, se menospreciaron esas fuerzas espirituales, intelectuales y dinámicas en la Iglesia, preparadas teológica e intelectualmente, gente la mayoría de grandes valores materiales y espirituales, abandonados muchas veces de las jerarquías, de los superiores y superioras religiosas.

Salvo raras excepciones la mayoría no sintió lo que pudo haber sido una acogida tan necesaria para ellos y ellas, habiendo dejado con dolor, casi siempre, el calor de la institución. Y en ningún momento se pensó que podían ser más útiles en el mundo que en el templo, cuando la sal del evangelio en el mundo se estaba volviendo sin sabor.

Y así estamos hoy, con un mundo que sigue su rumbo a toda velocidad a espaldas de la iglesia, lamentando la falta de sacerdotes, cuando todos ellos y ellas podrían ser verdaderos ministros casados y verdaderas ministras casadas de las comunidades eclesiales de base y ser sal y fermento de este mundo, de sus organizaciones civiles, laborales, políticas, etc., con el consiguiente apoyo de la Iglesia para su formación permanente en la fe y con la posibilidad de sentirse Iglesia.

Miguel Esquirol Vives

JUEVES 26 DE ABRIL  19 HS.

Luteranos Unidos tienen su 52 Asamblea

La Iglesia Evangélica Luterana Unida en Argentina y Uruguay (IELU) tendrá su  52ª Asamblea General el 21 y 22 de abril  en las instalaciones del ISEDET, Camacuá 282 Ciudad Autónoma de  Buenos Aires.

El lema de la Asamblea es “Partían el pan… y compartían la comida con alegría y con gran sencillez de corazón” Extraído desde los evangelios, el lema transmite la imagen del pan como comprensión integral de Jesucristo en nuestro mundo, como sostén integral de toda creación y también de la comunidad.

El Culto de Clausura será el domingo 22 a las 19 en el Templo en la Calle Amenábar 1767, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En esa oportunidad la predicación estará a cargo de la Obispa Susan Johnson de la Iglesia Evangélica Luterana en Canadá.

En agosto de 2011, la Obispa Susan Johnson, de la ELCIC (Iglesia Evangélica Luterana en el Canadá), envió una correspondencia a la IELU en relación a los temas de género y sexualidad compartiendo la decisión de la Convención Nacional de la ELCIC sobre esos tópicos en la que se dice que

“Se aprobó una moción acerca de la cual se afirma que la Iglesia no debe dividirse acerca de desacuerdos sobre temas morales, no importa cuán difíciles puedan ser.

Se remarcó la necesidad de mantenerse en diálogo sobre los temas.

La segunda moción aprobada es la afirmación de la bendición sobre uniones del mismo sexo, permitiendo a los pastores/as presidir o realizar los matrimonios, según lo dicte su conciencia, informados por el Evangelio y en consulta con sus congregaciones.

Con relación a los pastores/as acreditados en la ELCIC, se aprobó que la orientación sexual de un candidato/a no es un factor en sí mismo que puede descalificar a la persona para ser acreditado/a o estar disponible para recibir un llamado pastoral”

El viernes 20, también en el Isedet, se efectuará la Conferencia de Pastores  y Pastoras de la IELU. Participarán los expositores Dr. David Balch, Profesor de Nuevo Testamento en “Pacific Lutheran Theological Seminary,EE.UU., la Obispo Susan Johnson, de la ELCIC (Iglesia Evangélica Luterana en Canadá) y el Oberkirchenrat Dr. Oliver Shuegraf, VELKD (Iglesia Evangélica Luterana de Alemania).+ (PE)

Fuente Ecupress
Más información ver el sitio de la Iglesia Evangélica Luterana Unida