La inquisición actual y las religiosas norteamericanas. Por Ivone Gebara

Una vez más hemos visto horrorizadas “la evaluación doctrinal” o llamada de atención o castigo dirigido por la Congregación de la Doctrina de la Fe a quien, según ella, sale fuera de la observancia de la correcta doctrina católica. Solo que en esta ocasión el dedo acusador no señala solo a una sola persona, sino a una institución que agrupa y representa a más de 55.000 religiosas de Estados Unidos.

Se trata de la Conferencia Nacional de las Religiosas, conocida por su sigla LRWC – Conferencia de Liderazgo Religioso Femenino. Estas religiosas a lo largo de su historia desarrollaron y aún desarrollan una amplia misión educativa por la dignidad de muchas personas y grupos, dentro y fuera de los Estados Unidos.

La mayoría de estas mujeres pertenecientes a diferentes congregaciones nacionales e internacionales, además de su formación humanista cristiana, son intelectuales y profesionales en diferentes campos del conocimiento. Son escritoras, filósofas, biólogas, teólogas y sociólogas, abogadas; tienen un amplio curriculum y competencia reconocida nacional e internacionalmente. También son educadoras, catequistas y promueven la práctica de los derechos humanos.

En muchas situaciones fueron capaces de exponer su vida en favor de personas víctimas de injusticias o se opusieron a las conductas gravemente injustas y opresivas asumidas por el gobierno de los Estados Unidos. Tuve el honor de conocer a algunas de ellas que han sido detenidas porque se pusieron en la primera fila en las manifestaciones que demandaban el cierre de la Escuela de las Américas, institución de Gobierno estadounidense que prepara a militares latinoamericanos para actuar en sus respectivos países de forma cruel y represiva. Estas religiosas son mujeres de reflexión y acción con un largo historial de servicios no sólo en su país, sino en muchos otros.

Actualmente están bajo sospecha y bajo la tutela del Vaticano. Son criticadas por estar en desacuerdo con los obispos, considerados “Los auténticos maestros de la fe y la moral”. Y además, están siendo acusadas de ser partidarias de un feminismo radical, de desviaciones de la doctrina católica romana, de complicidad en la aprobación de las uniones homosexuales y otras acusaciones que nos llegan a espantar por su anacronismo.

¿Que sería un feminismo radical? ¿Cuáles serían sus manifestaciones reales en la vida de las congregaciones religiosas femeninas? ¿Cuáles desviaciones teológicas estarían viviendo las religiosas? ¿Nosotras las mujeres estaríamos siendo vigiladas y castigadas por no conseguir ser fieles a nosotras mismas y a la tradición del Evangelio, a través de un sometimiento ciego al orden jerárquico masculino? ¿Estarán los responsables de las Congregaciones vaticanas ajenos a la gran revolución feminista mundial que tocó todos los continentes e inclusive a las congregaciones religiosas?

Muchas mujeres religiosas en los Estados Unidos y otros países son herederas, maestras y discípulas de una de las expresiones más interesantes del feminismo mundial, particularmente del feminismo teológico que se desarrolló en los Estados Unidos desde finales de la década de los sesenta. Sus ideas originales, críticas y posturas libertarias han llevado a una nueva lectura teológica, que les ha posibilitado acompañar a los movimientos de emancipación de la mujer.

De esta manera pudieron contribuir a repensar nuestra tradición religiosa cristiana en el rumbo de superar la invisibilización y la opresión de las mujeres. Crearon también espacios alternativos de formación, textos teológicos y celebrativos para que la tradición del Movimiento de Jesús no fuese abandonada por miles de personas cansadas con el peso de las normas y estructuras religiosas patriarcales.

¿Qué actitudes tomar ante ese anacronismo y la violencia simbólica de los órganos curiales y administrativos de la Iglesia Católica Romana? ¿Qué pensar de su marco de referencia filosófico rígido que asimila lo mejor del ser humano a lo masculino? ¿Qué decir acerca de su visión antropológica unilateral y misógina desde la que interpretan la tradición de Jesús?

¿Qué pensar de este tratamiento administrativo punitivo a partir del cual se nombra a un arzobispo para revisar, orientar y aprobar las decisiones tomadas por la Conferencia de Religiosas como si fuésemos incapaces de discernimiento y lucidez? ¿Seríamos acaso una empresa multinacional capitalista en la que nuestros “productos” deberían acatar los dictados de una línea de producción única? Y para mantenerla ¿debemos ser controladas como autómatas por quienes se consideran dueños y guardianes de la institución? ¿Dónde queda la libertad, la caridad, la creatividad histórica, el amor sororal y fraternal?

Al mismo tiempo que la indignación, nos invade un sentimiento de fidelidad a nuestra dignidad de mujer y el Evangelio anunciado a los pobres y marginados nos invita a reaccionar ante este acto repugnante de injusticia.

No es de ahora que los prelados y los funcionarios de la Iglesia actúan con dos pesos y dos medidas. Por un lado las altas instancias de la Iglesia Católica fueron capaces de acoger nuevamente en su seno a grupos de extrema derecha cuya historia nociva, principalmente para jóvenes y niños, es ampliamente conocida. Pienso especialmente en los Legionarios de Cristo, de Marcial Maciel (México) o en los religiosos de Monseñor Lifevre (Suiza) cuya desobediencia al papa y sus métodos coercitivos para conquistar discípulos es testimoniada por muchos.

Esta misma iglesia institucional acoge y recibe a hombres que le interesan por su poder y repudia a las mujeres que desea mantener sumisas. Con su actitud las expone a críticas ridículas difundidas incluso por medios de comunicación católicos de mala fe. En estas mujeres los prelados parecen reconocer formalmente cierto mérito cuando sus acciones se centran en aquellas tareas tradicionalmente ejercidas por las religiosas en las escuelas y en los hospitales. ¿Pero somos sólo eso?

Somos conscientes de que en ningún momento en los Estados Unidos surgió la más mínima posibilidad de que estas religiosas hubieran violado a jóvenes, adolescentes, niños y ancianos. Ninguna denuncia pública manchó su imagen. De ellas no se dice que se aliaran con los grandes bancos internacionales para su propio beneficio. Ninguna denuncia de tráfico de influencias, intercambio de favores para mantener el silencio de la impunidad. Y aún con toda esa trayectoria ninguna de ellas ha sido canonizada ni beatificada por las autoridades eclesiásticas, como sí lo hicieron en casos de hombres con poder. El reconocimiento de esas mujeres viene de las muchas comunidades y grupos cristianos o no, que comparten su vida y sus trabajos con muchas de ellas. Y estos grupos, ciertamente no callarán ante esa “evaluación doctrinal” injusta. que también los afecta directamente

Plagiando a Jesús en su Evangelio me atrevo a decir: “Tengo pena de estos hombres” que no conocen de cerca las contradicciones y las bellezas de la vida, que no permiten a sus corazones vibrar abiertamente con las alegrías y sufrimientos de las personas, que no aman el tiempo presente, que prefieren la estricta ley a la fiesta de la vida. Solo aprendieron las reglas inflexibles de una doctrina cerrada en una racionalidad ya obsoleta y desde ella juzgan la fe de los demás y especialmente de las mujeres. Tal vez piensan que Dios los aprueba y se somete a ellos y a sus elucubraciones tan lejanas de los que tienen hambre de pan y justicia, de los hambrientos, los abandonados, de las prostituidas, de las violadas y olvidadas.

¿Hasta cuándo tendremos que sufrir bajo su yugo? ¿Qué postura nos inspirará el “Espíritu que sopla donde quiere” para que permanezcamos fieles a la VIDA presente en nosotros?

A las queridas hermanas estadunidenses de la LWRC mi agradecimiento, cariño y solidaridad. Si ustedes están siendo perseguidas por el bien que hacen, probablemente su trabajo producirá abundantes y buenos frutos. Sepan que, unidas a ustedes, mujeres religiosas de otros continentes no permitiremos que silencien vuestra voz.

Pero si callaren por un decreto del papel, nosotras haremos de ese decreto una razón más para seguir luchando por la dignidad humana y la libertad que nos constituye. Continuaremos de muchas maneras, anunciando el amor al prójimo como clave de comunión humana y cósmica presente en la tradición de Jesús de Nazaret y en muchas otras, aunque de diferentes maneras.

Vamos a seguir tejiendo juntas en nuestro momento histórico un pedazo más de la vasta historia de afirmación de la libertad, el derecho a ser diferentes y pensar diferente y todo esto tratando de no tener miedo a ser feliz.+ (PE/Adital)

(*) Ivone Gebara. Escritora. Filosofa. Teóloga.

 

Fuente: Ecupress

“Me hice monja para buscar mi libertad”. Entrevista de Ana Ma Viera a Ivone Gebara.

La brasileña Ivone Gebara es una feminista declarada. Cree firmemente que los gobiernos deben despenalizar el aborto porque “el dolor de los principios es abstracto pero el dolor de la mujer que no quiere y no puede dejar que se desarrolle su embarazo es un dolor concreto, es un dolor que se siente en la piel”. El pensamiento no resultaría extraño en una feminista, si no fuera porque Ivone Gebara también es monja. Religiosa de la congregación Hermanas de Nuestra Señora y doctora en Filosofía y Ciencias Religiosas, sus pensamientos escandalizaron en 1994 a las jerarquías del Vaticano, que le exigieron un silencio de dos años y la trasladaron a Bruselas (Bélgica) con la esperanza de acallar su rebeldía. Gebara acató la orden y aprovechó el tiempo para trabajar sobre nuevos libros que posteriormente le permitieron continuar esparciendo sus ideas nacidas, según narró a La República de las Mujeres, del conocimiento de las mujeres pobres de su pueblo.

Escrito por: ANA MARIA VIERA

Hablas como un hombre ­le dijo a Ivone Gebara hace algunos años una mujer pobre de la vecindad.­ Hablas sobre política y economí­a y no tomas en cuenta nuestros problemas, lo difí­cil que es llegar con la comida hasta el viernes porque nuestros compañeros cobran los sábados y a veces no hay para comer”.

Fue entonces cuando Gebara resolvió³ “hablar como mujer” y a partir de la­ publicación de obras como “Teología a ritmo de mujer”, “Intuiciones ecofeministas”, “Ecofeminismo y liberación”, “Rompiendo el silencio”, “Mujeres en la experiencia de muerte y salvación” y “Las aguas de mi pozo. Reflexiones sobre experiencias de libertad”, ensayo que acaba de ser editado en Uruguay.

Aunque las crí­ticas desde su iglesia continúan, ella se niega a renunciar a su carácter de religiosa porque “ellos no tienen derecho a mi elección. Yo elegí entrar en una congregación religiosa y ellos no tienen derecho a sacarme”.

– “Las aguas de mi pozo” refiere concretamente a la libertad. ¿Qué es para usted la libertad?

– Generalmente, cuando se habla de libertad se limita el tema a una experiencia social, pero cuando se pregunta a la gente directamente por sus propias experiencias no saben qué responder. La libertad aparece como un valor grandioso, público pero alejado de lo cotidiano.

En mi caso, para ser libre yo tuve que comenzar por negar el sueño que mi mamá tuvo para mi­, que era casarme con un hombre de origen sirio libanés, preferentemente de primera generación, igual que yo. Mi libertad comienza en forma fundamental con el conflicto con la figura materna y después con la paterna. También influyeron en mí­ las historias contadas por una empleada que habí­a en mi casa paterna desde que nací­. Ella era nieta de esclavos y fue en sus labios donde escuché por primera vez la palabra libertad.

Años después, ya joven profesora de Filosofí­a, inicié una amistad con una profesora de Quí­mica que luchaba contra la dictadura militar y me enseñó otra cara de la libertad. Ella fue presa y murió luchando por esa libertad.

 

– ¿No hay una contradicción entre la búsqueda de la libertad y la decisión de ingresar en una institución religiosa, con todas las limitaciones que ello supone?

– Cuando me preguntan por qué me hice monja, respondo que fue para buscar mi libertad aunque parezca contradictorio. Yo terminé la Universidad en diciembre de 1966, plena dictadura militar en Brasil, y en febrero de 1967 entré en mi congregación.

Ya cuando decidí estudiar Filosofí­a fui transgresora, porque mi familia no querí­a que estudiara. No habí­a dinero para pagar la Universidad y yo decidí­ trabajar para poder estudiar. Mis padres decí­an que si trabajaba, los muchachos ricos no iban a acercarse y perdería mi oportunidad de casarme “bien”; creían que me convení­a estudiar decoración.

Elegí­ trabajar y estudiando me convertí en lí­der estudiantil. Era presidenta del Centro de Filosofí­a y así tomé contacto con las religiosas de la Universidad, que iban a los barrios a trabajar con los pobres. Así me fui sintiendo atraí­da por un modelo de mujer intelectual, comprometida con los pobres y opuesta a la dictadura militar.

Yo no pensaba en los lí­mites de la institución religiosa ni en los curas. Lo único que pensaba era que querí­a vivir como estas mujeres, en forma muy distinta a lo que parecí­a ser mi destino.

– ¿Qué ocurrió cuando se encontró con esa otra Iglesia, la de los lí­mites y el patriarcado?

– Con esa Iglesia no me encontré hasta los años ochenta, cuando hice mis primeras incursiones en el feminismo. Yo viví­ feliz durante todos esos años, contenta porque tení­a un espacio pequeñito entre una elite de varones de la Iglesia.

 

– ¿Cómo se da ese pasaje al feminismo sin abandonar la religión?

– En 1979 empecé a leer cosas de las feministas y me caí­ del caballo. Esto me abrió los ojos y comencé a ver a las mujeres pobres con quienes trabajaba, su sumisión y su desprecio por su propio cuerpo, siempre relegadas para el final, después del marido y los hijos y la casa. Y junto con eso me di cuenta que yo hací­a lo mismo, poniendo en primer lugar la congregación, la Iglesia, los padres.

Ahí­ empecé a hablar de otros problemas, introduciendo los temas de las mujeres cada vez que se hablaba de determinadas luchas, de la búsqueda de justicia. El mí­o comienza siendo un feminismo medio tí­mido, limitado a cuestiones religiosas, pero dentro de la Iglesia no creen que sea tí­mida.

– Al volcarse al feminismo, ¿no pensó en dejar la Iglesia?

– No, porque para mí­ ser feminista significa plantear una lucha social para ser reconocida dentro de la Iglesia como ciudadana. Yo nunca busqué conciliar ambas cosas, sino que dentro de la Iglesia se abriera un espacio de igualdad de derechos.

Cuando decidí­ no ser una teóloga de conciliación, la Iglesia Católica me castigó enviándome a Bélgica. Yo lo acepté, pero lo interpreté no como una obediencia sino al contrario. Ellos no tienen derecho a mi elección. Yo elegí entrar en una congregación religiosa y ellos no tienen derecho a sacarme.

De terca, me quedé. Hice lo que quisieron en forma aparente, pero en realidad hice lo que yo quise. En ese tiempo publiqué un libro, mi tesis sobre ciencias religiosas. Y obtuve el tí­tulo de Doctora en Ciencias Religiosas con la máxima calificación, otorgado por la misma institución que me condenó. Esto muestra la contradicción interna de la institución.

 

– Luego de los dos años en Europa, usted siguió manteniendo sus opiniones. ¿Cómo sigue ese conflicto con la Iglesia?

– Ahora el conflicto ya no es abierto, pero intentan ignorarme o decir que lo que yo hago no es teología católica sino filosofí­a de la religión. Esto me hace reí­r porque me parecen estúpidos. Su manera de decir las cosas es tan sin fundamento, tan distante de las preocupaciones reales de los cuerpos masculinos y femeninos, que me hacen reí­r.

– ¿A qué atribuye este distanciamiento de la Iglesia Católica de las “preocupaciones reales”? ¿Es esa la razón de la pérdida de seguidores que viene padeciendo?

– El catolicismo actual en América Latina no es más el de los contenidos dogmáticos. Ni siquiera quienes se dicen católicos están de acuerdo con los dogmas. La gente se inclina más hacia ese catolicismo de religión, más festivo y de cantos. La Iglesia Católica va dando paso a un catolicismo más pentecostal, que brinda a la gente una seguridad más sicológica. En esto influye también la globalización, que lleva a un catolicismo más mediático, que no invita a la gente a pensar.

Yo represento a un cristianismo absolutamente minoritario, que no tiene nada que ver con ese catolicismo de espectáculo que desgraciadamente se está imponiendo. Entonces los obispos y sacerdotes pueden seguir hablando y enseñar los mismos dogmas de siempre pero la verdad es que termina siendo una acción periférica, porque la gran masa popular ni siquiera entiende de qué se habla y solo lee la Biblia para sacar alguna orientación moral pero nada más.

 

-¿Cómo ha influido su relación con las mujeres pobres en su cambio de visión respecto ala Iglesia y el feminismo?

– Yo vivo en un barrio popular fuera de Recife y las mujeres de estos barrios han sido decisivas para mí­. Mi primera caí­da del caballo fue cuando una mujer pobre me dijo que usaba un lenguaje masculino. Eso me dejó enferma, porque yo me creí­a muy femenina.

Me reuní­a con un grupo de obreros en su casa, para tratar la problemática de los pobres y creía que abarcaba a todos, pero ella me dijo que yo nunca hablaba de la lucha de las mujeres para garantizar la comida. “Tu nunca dices que el viernes es el peor día de la semana para nosotras porque nuestros maridos cobran el sábado y el viernes no hay para comer. Nunca hablas de la problemática sexual ni de lo que sufrimos nosotras”, me dijo. Hasta ese momento yo nunca me habí­a preocupado por la problemática sexual y por la realidad de las dificultades que implica la falta de control reproductivo. Hasta ese momento mi sexualidad estaba en una nube, sabí­a que existí­a pero nunca se me habrí­a ocurrido leer la realidad económica, social y polí­tica desde la clave de la sexualidad de las mujeres pobres. Ellas me despertaron.

Fue entonces cuando descubrí­ que las mujeres no tienen elección en los procesos demográficos. Tienen que sufrir la manipulación de las polí­ticas poblacionales desde la esclavitud, con el rol reproductor de las esclavas, que debían dar placer y mano de obra a los amos. Se puede hacer la historia de un paí­s desde la vida sexual de las mujeres.

 

DE PRINCIPIOS ABSTRACTOS Y DOLORES CONCRETOS

– El aborto, ¿debe ser una decisión de la mujer o deben pesar más los principios planteados por la Iglesia Católica?

– El aborto no puede ser analizado en forma aislada, como un hecho abstracto y separado de las circunstancias que llevan al mismo.

No se puede ignorar que la sociedad globalizadora actual crece en exclusión y cada dí­a hay más pobres. Es verdad que el aborto es un problema. Como principio, yo estoy en contra de que se mate la vida pero también se está matando la vida con estos sistemas excluyentes. Por eso no se puede hablar del aborto en forma aislada, solo desde el punto de vista religioso o económico. Hay que ver el contexto, porque es una decisión muy personal.

La mujer no está obligada a abortar o no, pero debe tener derecho a decidir. La sociedad excluyente niega ese derecho a las mujeres pobres, desde el momento que les niega el derecho a una educación sexual. Entonces, si no hay condiciones de vida digna para la población, no se pueden criticar las actitudes como si fueran hechos aislados.

Si una niña de quince años dice que no puede tener a su hijo, la sociedad no tiene derecho a señalarla como culpable porque antes del embarazo la responsabilidad social no fue cumplida.

Por eso estoy a favor de la descriminalización del aborto pero acompañada por una educación sexual. Yo creo que los Estados deben descriminalizarlo y dar condiciones a las mujeres que necesitan abortar por su propia elección, para que puedan hacerlo en el menor tiempo posible.

Es muy fea la actitud de algunos movimientos que se autodenominan “Por la Vida” y toman el tema desde un principio abstracto, sin tener en cuenta el dolor concreto. Yo los principios los respeto, pero cuando el hecho ya está cometido, ¿qué hay que hacer? En mi opinión, hay que salvar la vida que ya está constituida, que es la de esta mujer en problemas. El dolor de los principios es abstracto pero el dolor de la mujer que no quiere y no puede dejar que se desarrolle su embarazo es un dolor concreto, es un dolor que se siente en la piel. Entonces, hay un proceso amplio de educación que hay que atender, pero también hay problemas inmediatos que deben ser contemplados con la justicia del corazón.

 

Fuente: Liberación de la Teología

 

Lo humano y lo divino. Por José Ma Castillo

Una de las equivocaciones más torpes, que ha cometido la teología cristiana, ha sido presentar la relación del ser humano con Dios de tal manera que, para que esa relación sea correcta, al ser humano no le basta ser plenamente humano, sino que, además de eso, necesita divinizarse. Es decir, al hombre no le basta la “condición humana”, sino que, además de eso, necesita también la “condición divina”. Por eso y para eso, el ser humano necesita eso que los entendidos en los asuntos de la religión cristiana llaman la “gracia santificante”. Se discute en qué consiste esta “gracia santificante”. En cualquier caso, y se entienda como se entienda, los teólogos insisten en que, mediante la gracia divina, es como se obtiene su propia divinización.

Es verdad que, para los teólogos antiguos y medievales, “divinizar” al hombre no es lo contrario de “humanizarlo”, sino hacer que alcance su plenitud y su destino definitivo. Pero también es cierto que, al explicar este complicado asunto, los teólogos daban a entender, que si el hombre no alcanza se propia “divinización”, por eso mismo queda frustrado en su ser.

El problema que, sin darse cuenta, plantearon los teólogos mediante esta teoría está en que, en la mentalidad de muchos cristianos, la gente se veía ante un dilema terrible: “o Dios o el hombre”. Lo que, en definitiva, equivalía a integrar en la propia vida dos ideas aterradoras. Primera idea: la “distinción” radical entre “lo divino” y “lo humano”. Segunda idea: la “contraposición” e incluso el “enfrentamiento” entre “lo divino” y “lo humano”.

Ahora bien, desde el momento en que se vieron así las relaciones entre el hombre y Dios, desde ese mismo momento los hombres y las mujeres, que hemos pretendido ser religiosos, creyentes y practicantes…, nos hemos visto expuestos a situaciones extremadamente desagradables y erizadas de dificultades, que han llevado a mucha gente a tomar distancias en relación a Dios, a la religión y a todo cuanto se refiere a lo divino y lo sagrado. Por la sencilla razón de que, en todo eso, somos muchos los que hemos visto un peligro o una amenaza para su propia humanidad.

¿Por qué? La cosa se comprende enseguida. Los teólogos, los moralistas, los obispos, basándose en estas teorías, al contraponer y al enfrentar “lo divino” a “lo humano”, se han sentido con el derecho y en el deber de presentar y exigir que todo “lo humano” se someta y se acople a todo cuanto se le ha presentado como decisión o imposición de “lo divino”. De ahí que, con frecuencia, las religiones imponen obligaciones, renuncias y sacrificios, que, en nombre de Dios y como voluntad de Dios, exigen a los humanos aceptar dogmas y presuntas verdades que no se entienden, privarse de cosas que todos naturalmente apetecemos o imponerse renuncias, privaciones y sacrificios que resultan sumamente costosos.

Yo entiendo, por supuesto, que una persona (por motivaciones religiosas o simplemente sociales) se prive de algo que le apetece, si, de esa privación, se sigue un bien para alguien, para otro ser humano, sea quien sea. Pero lo que no me cabe en la cabeza es que se pueda creer en un Dios al que le agrada (y se siente más satisfecho cuando ve) que sus fieles se privan de lo que les gusta, de lo que les proporciona bienestar y felicidad. De forma que se trata de un Dios que, en la medida en que ve a la gente sufrir, Él se pone más contento. ¿No es eso un “dios peligroso”, un “dios sádico”, un “dios indeseable”, que no merece sino nuestro desprecio?

Esta teoría según la cual “lo profano” tiene que someterse a “lo sagrado”, “lo laico” a “lo religioso”, “lo humano” a “lo divino”, está en la base de los incesantes conflictos (grandes y pequeños) que surgen en la sociedad entre las autoridades religiosas y los poderes civiles. Es la teoría que, en el fondo, explica la extraña contradicción en la que incurren los dirigentes religiosos cuando hablan elogiosamente de los derechos humanos, pero, al mismo tiempo, no los aplican en sus normas y prácticas de gobierno religioso. Y hacen esto basándose en la teoría según la cual la verdad divina no es armonizable con los derechos humanos. En virtud de este argumento, sin ir más lejos, en la Iglesia, las mujeres no tienen los mismos derechos que los hombres. ¿Estamos seguros de que Dios quiere que eso sea así? No podemos estarlo. En cualquier caso, de lo que sí podemos estar seguros es que, si no queremos presentar a Dios como un esperpento, no podemos ir por la vida diciendo que Dios no quiere que se pongan en práctica los derechos humanos. Y, sin embargo, por más esperpéntico que resulte, esto es lo que la teología católica va diciendo por el mundo entero cuando se empeña en defender que hay colectivos enteros, como es el caso de las mujeres o el de las personas homosexuales que no tienen los mismos derechos que el resto de los mortales.

Y que nadie me venga enarbolando un crucifijo y recordando los textos de san Pablo en los que se habla de la muerte de Cristo como un “sacrificio expiatorio” por nuestros pecados (Rom 3, 25; 8, 3; Gal 3, 13; 2 Cor 5, 21….). Está bien demostrado que esos textos son inseparables de la idea de “resurrección”. Es decir, esos textos, por sí solos, pierden su verdadero sentido. San Pablo se vio en la terrible situación de tener que presentar el cristianismo como la religión que predicaba un “Dios Crucificado”, una idea tan espantosamente inaceptable para cualquier ciudadano del Imperio, que no tuvo más remedio que echar mano de la teología del “sacrificio” y de la “expiación” del Antiguo Testamento, para presentar una “interpretación” aceptable en su tiempo. Pero, sobre todo, lo decisivo en este asunto es saber que el Nuevo testamento modificó de raíz la idea y la experiencia del “sacrificio”. Tal como se nos dice al final de la carta a los Hebreos, la cosa está clara: “No os olvidéis de la solidaridad y de hacer el bien, que esos sacrificios son los que agradan a Dios” (Heb 13, 16). El sacrificio religioso, que hoy más le agrada a Dios, es que aliviemos penas y sufrimientos, que ayudemos a las familias que no tienen trabajo, a los que se ven desamparados y sin esperanza. No puedo creer en un cristianismo que no ve así las cosas.

 

Fuente: Blog de Jose María.

El efecto matrioshka. Por Fernanda Sandez

Una muñeca que lleva en su interior a otra y ésta a otra, y otra más. 

Les dicen matrioshkas y el resultado puede ser encantador o pavoroso. La maternidad forzada opera igual; convierte a mujeres y niñas en juguetes huecos y hace de todas (sin importar su edad ni su deseo, ni nada que no sea su capacidad reproductora) matrioshkas de carne y hueso.

Uteros ambulantes, contenedores humanos recargables. Descartables, llegado el caso. ¿Que el efecto matrioshka afecta desigualmente a ricas y pobres? Sin dudas. “Las madres adolescentes se reclutan desproporcionadamente entre las más pobres y menos educadas”, se lee en La fecundidad adolescente en la Argentina al comienzo del siglo XXI , un trabajo de las sociólogas Alejandra Pantelides y Georgina Binstock que pone cifras al fenómeno. Anotan también las autoras que “una preocupación especial merecen las adolescentes que son madres antes de los 15 años, ya que existe mayor probabilidad de complicaciones físicas debido al tamaño pelviano y porque [?] es alta la posibilidad de que los embarazos provengan de relaciones sexuales no consentidas”. Así, año tras año, provincia a provincia, el efecto matrioshka reaparece. Y la trama y sus protagonistas, también: una nena, un abuso, un embarazo y un desesperante juego de El Gran Bonete para desconocer las excepciones que prevé el artículo 86 del Código Penal. Porque a los once años toda relación sexual es forzada. Pero, y más allá de eso, porque hay un cuerpo que falta. Un cuerpo ausente de sí mismo, un cuerpo niño. Sin curvas ni placer ni pelo ni la más mínima idea de lo que le sucede. Hay embarazo, sí, pero ¿quién se atrevería a hablar aquí de “madre” cuando hasta sus propios huesos dicen otra cosa? A la nena entrerriana por quien hoy todos se desvelan nadie la protegió. Nadie. Y si hoy estamos hablando de ella no es exactamente por lo que le pasó sino porque su familia se vio obligada a recurrir a un hospital público. Desde entonces, arden las voces en torno de la Niña Utero y se oyen cantos a la biología como destino.”La naturaleza es sabia”, sentenció el cirujano Hugo Cettour, ministro de Salud de Entre Ríos. “Una vez que tuvo su primera menstruación, su cuerpo está preparado. Quizá habrá que tener cuidado al momento del parto”, agregó. Pero un cuerpo “preparado” para llevar otro dentro habla de una matrioshka, no de otra cosa. Y nada dice de una mente preparada (o no) para el prodigioso esfuerzo que implica la maternidad. Especialmente, cuando la protagonista (cuerpo de nena, sueños de nena, miedos de nena) sólo dice que quiere “volver a ser como antes”. No muy atrás, no; apenas a cuando todavía no era un envase sino algo más. Una niña. Obviamente, nada podrá librarla de lo que ya sufrió por el triple crimen de ser mujer, ser menor y ser pobre. Pero tal vez sea ésta la hora de decirle que lo que rodea a su matriz también cuenta. Que ella es (además de naturaleza y ovarios), cultura, derechos y futuro. Que hay una ley. Que puede seguir jugando, como antes. Que nos perdone a todos.

 

Fuente: SerMujerHoy.com

Cuando uno quiere ayudar, los panes se multiplican. Por Rosana Guerra

Mientras muchos cristianos anclados en su fe infantil siguen pensando que los milagros vienen del cielo, esta mujer entendió perfectamente que los milagros se construyen día a día cuando alguien como ella se hacen cargo y se ponen a trabajar. La mejor exégesis del relato evangélico: “Cuando uno quiere ayudar, los panes se multiplican.” Felicitaciones Adela!
Sin Tapujos

Hace 16 años que Adelina “Adela” Milla, más conocida en barrio El Quebracho –ubicado en el sur de la ciudad de Córdoba– como Adela, prepara la merienda y la cena para 130 niños que viven en situación de extrema pobreza.

Apenas se mudó con su familia a este barrio en 1987, los chicos le tocaban la puerta para pedirle un pedacito de pan o un poco de leche. Sin dudarlo habló con su esposo y le planteó la idea de abrir un comedor. “Le dije que me gustaría tener uno en casa. El me dijo que era mucho trabajo. Y yo le respondí: lo quiero hacer”, relata.

Y lo hizo. El comedor Pancitas Tristes comenzó funcionando en el living de su casa. Y su marido viendo a su esposa tan decidida no solo accedió a su pedido sino que se comprometió en la tarea solidaria.

“Acepté y el comedor se abrió en el living. Hasta que un día le dije, Adela tengo que hacer malabares para ver televisión con todos los chicos aquí adentro”, relata divertido Miguel. Fue ahí donde le propuso construir con sus propias manos un salón en la parte posterior de la casa. Y con la ayuda de un hermano levantó una habitación con un baño y una cocina.

El trabajo silencioso de Adela siempre estuvo acompañado de una actitud perseverante y amorosa. “Hasta hace unos quince días cocinaba con una cocina común. Así que empezaba a preparar la merienda y la cena a las tres de la tarde”, dice con sencillez.

Después de 16 años llegó la cocina industrial y junto a Teresa Moreno, otra voluntaria, empiezan a preparar la cena un poco más tarde, a eso de las cinco para que esté todo listo a las siete cuando llegan los chicos.

Quizás por saber lo que es atravesar por una situación de necesidad extrema con sus hijos Adela se resiste a que otros niños pasen por lo mismo. “Nunca me voy a olvidar cuando una vecina que recién conocía de barrio Cárcano, Yolanda Colazo, “La Gorda Pepa”, me abrió la puerta de su casa y cuando le pedí algo para comer me dio dos bolsas de consorcio con alimentos y unas monedas para que comprar carne para mis hijos”, agradece emocionada.

Pidiendo. Cuando abrió el comedor en 1995 habló con un grupo de mamás y salieron a pedir casa por casa y a los comercios de barrios como Pilar, Jardín, José Ignacio Díaz, Corral de Palos y Nueva Córdoba. “Aunque recibimos muchos portazos tuvimos suerte. Los vecinos nos daban fideos, arroz, polenta, aceite y pan. Y cocinábamos con leña porque no había gas en aquella época”, recuerda.

A los tres años de abierto el comedor recién recibió ayuda del Gobierno provincial en la época en la que distribuían las cajas pan. “Después nos dieron una ayuda económica pero en el mes de mayo de este año no recibimos nada”, advierte.

Cuando se terminó la ayuda estatal su esposo comenzó a ayudarla a preparar pan casero para vender y así comprar la carne para el comedor. “El problema es que los voluntarios que teníamos eran del plan Jefes y cuando se cortó se fueron. La única que quedó fui yo y Tere Moreno que me ayuda mucho”, señala Adela.

Ella sabe que la cena que brinda para algunos niños es la única comida que recibirán hasta el otro día. Adela es una convencida que cuando quiere servir aunque haya poco los panes milagrosamente se multiplican. “Le doy gracias a Dios porque cada día tengo más ayuda y no sólo de alimentos. Me donaron las mesas y los bancos nuevos de madera y hasta el arbolito de Navidad”, agrega, con una fe inquebrantable.

La familia. Adela (56) es ama de casa y tiene dos hijos Elizabeth (22) y Daniel (21). Su esposo es albañil y coloca membranas para techos. Y su hija Eli, también la ayuda en el comedor.

Ana María, una de sus sobrinas está orgullosa de su trabajo. “Es una alegría que ella pueda ayudar a los chicos que lo ?necesitan. Sé que algún día cuando sean grandes se van a acordar de mi tía y del comedor”, advierte.

“Me hace feliz cuando los chicos me agradecen con un beso o simplemente te saludan. Y algunos no te dicen gracias pero no es porque no valoran sino porque nadie les enseñó a agradecer”, advierte la voluntaria.

En los años de andar la calle descubrió que los que más dan son los que menos tienen. “Las que veía con la boca pintada son las que me cerraban la puerta en la cara. Hemos recibido muchos portazos pero también mucha ayuda, más de la gente pobre que de la gente de buena posición. Si pudiera abrir los fines de semana, lo haría. Aunque creo que si hubiera trabajo para todos, los comedores no deberían existir”, finaliza.

Para colaborar

Pancitas Tristes. Es un comedor que está ubicado en barrio El Quebracho. Funciona de lunes a viernes.

Horarios. A las 16 se da la copa de leche y a las 19, la cena para niños de 1 a 14 años. Atiende a 130 niños, aunque en esta época asisten unos 70.

Lo que necesitan. Pan dulce para Navidad; alimentos no perecederos como fideos, arroz, aceite, azúcar, chocolate, flan, gelatina, y zapatillas para los niños.

Más información. Comunicarse con el teléfono (0351) 497-5868 de 12 a 19.

 

Fuente La Voz del Interior

La vida por la tierra. Por Luciana Peker

Toda risa. Así la definen a la campesina Eli Sandra Juárez que nació rodeada de quebrachos santiagueños el 12 de julio de 1977. Las fotos la muestran con sus hijos: Damián (14) y Agustina (7), su esposo Gustavo –que cortaba leña, quemaba carbón y criaba animales– o sus ahijadas en la iglesia. Las fotos la muestran pero ella no está. Ni su imagen es reconocida. Eli es una víctima más del atropello de la frontera agropecuaria. Y, como muchas mujeres, es la que le puso el cuerpo a la topadora que se llevó su vida de 33 años de un ataque al corazón cuando fueron a desmontar su tierra. Y, como el de tantas mujeres, su nombre no resuena cuando hay que hacer resonar los nombres para que la memoria haga eco en la Justicia.

La impunidad que no se detuvo en su edad para robarle la tierra que era su vida y que se llevó la vida cuando quisieron dejar seca de soja a su tierra. “Eli era una mujer campesina, esposa y madre, animadora comunitaria en San Nicolás y, como toda mujer del monte santiagueño, se ocupaba de la crianza de sus dos hijos chicos, las tareas de la casa, cuidar los animales, buscar leña para la cocina. También trabajaba como cocinera en la escuela durante las mañanas”, la describe el cura Sergio Gustavo Raffaelli, quien no se conforma con el cielo para la ex presidenta de su capilla. Quiere que su muerte prematura e injusta no se barra como el polvo que se acumula en las puertas de las casillas.

“Eli mostró el camino del compromiso por un tiempo nuevo, resurrección y Pascua. Lo sabemos, lo contrario a resurrección no es la muerte porque la muerte ha sido vencida. Lo contrario a resurrección es la incapacidad de vivir como hermanos y hermanas, es la fiebre posesiva que se refugia en el poder y el tener, actitud propia de miedosos que piensan que su vida está asegurada por lo que acumulan. Eli lo sabía y nosotros también. Podemos considerar a Eli una verdadera mártir –define Raffaelli– y habría que pensar qué nos dice su testimonio, a nuestra iglesia que peregrina en Santiago, tan pusilánime, ante tanta muerte y mentira; casi pactando con el poder que está arrasando no sólo el monte santiagueño, sino también nuestra conciencia y solidaridad, manipulando con la dádiva y despojando con un discurso tramposo a un pueblo que sigue siendo chantajeado por la injusticia en que vive.”

Eli era una mujer que murió plantada como nació y que se explica con tan pocas palabras como hacen falta pocas semillas cuando la tierra es fértil. Fue el 13 de marzo del 2010, a las 17.00, en medio de un desmonte, cuando tres topadoras de la empresa Namuncurá avanzaron sobre las tierras de San Nicolás, con una orden judicial en la mano y policías uniformados asegurando el desalojo de su comunidad. Ni ella, ni su corazón, lo pudieron resistir. Se descompensó después de que voltearan la primera planta. “Esta tierra es nuestra”, gritó y cayó. Hace tres meses el Movimiento Campesino de Santiago del Estero (Mocase Vía Campesina) y la Mesa Provincia de Tierra se declararon en asamblea permanente por el despojo de tierras, el modelo agroexportador, la concentración de la riqueza, el freno de los agrotóxicos, la creación de juzgados de tierras, el freno de los desalojos y el daño al medio ambiente. Hace un mes asesinaron a Cristian Ferreyra. Su crimen mostró la impunidad del acoso a los que defienden sus raíces y que se plantan para defender sus derechos.

Pero antes que Cristian murió Eli y con su muerte se conoció la de ella. El sacerdote Raffaelli explica que el fallecimiento de Eli es consecuencia de la violencia social del desmonte y del rol de trinchera de las campesinas marcadas por su rol de género. “Cuando se produce el conflicto con la empresa Namuncurá la mayoría de los varones estaban trabajando fuera de la provincia, como trabajadores golondrina. Por eso, la resistencia a que avancen las topadoras la realizaron las mujeres, entre ellas Eli.”

Donde no estaban ellos, estaban ellas, donde estaban ellas estaba Eli, donde vinieron las topadoras, arrancaron a Eli como se arranca una planta que no puede subsistir a ras del viento.

 

Fuente Pagina 12

Feminismo y liberación. Por Teresa Forcades

La productora venezolana Guarátaro Films ha realizado una  entrevista a la religiosa catalana Teresa Forcades, donde habla sobre feminismo, planificación familiar y aborto en el contexto venezolano. El vídeo se ha realizado en la comunidad de Carapita, Caracas, Venezuela, durante una visita de la monja benedictina, durante la que afirmó que “ante todo, hay que evitar que haya mujeres que se vean a sí mismas como ‘¡qué lástima ser mujer!’, sino al revés ‘¡qué gozo ser mujer!’”.

 

 

 

 

¡Estoy fascinado! Por Eduardo de la Serna

¡Realmente fascinado! Escuchar hablar de “pro-vida” es algo que me subyuga y conmueve hasta lo más hondo. Es cierto que nunca pude imaginar que alguien defendiera grupos “pro-muerte”, pero gobernadores, diputados, senadores, políticos y hasta algún obispo se convocan “en defensa de la vida”. ¡Maravilloso! (aunque debo manifestar una nueva pregunta: uno de los obispos convocados fue “castrense”, y no me parece que sea la característica principal de las Fuerzas Armadas la “defensa de la vida”, ¿o sí?).

Sin embargo, mi fascinación no logra salir de cierta confusión: los defensores del peor genocidio económico que ha vivido América latina (el neoliberalismo), con desocupación, desnutrición, hambre, es decir, “muerte”, ¿son pro-vida?; los defensores del genocidio dictatorial con desapariciones, violaciones, negación de las identidades de niños, secuestros, asesinatos, y personas vivas tiradas al río o al mar, ¿son pro-vida?; los defensores de guerras como la de Irak (y tantas otras, como sostenedores de egipcios dictadores, por ejemplo), los aliados de los saqueadores de recursos y provocadores de muerte por petróleo, diamantes, ¿son pro-vida?

Quisiera tener esto claro, porque me confunden un poco estos sabios…

Y debo decir que mi confusión aumenta cuando veo que muchas veces, ¡casi siempre!, son los mismos. Los que han defendido guerras, dictaduras y modelos económicos de muerte, son los mismos, y salen a proclamar la defensa de la “vida”. ¿Qué es la vida para estos personajes? ¿De sólo nueve meses se trata “la vida”? La vida digna, con justicia, ¿no la defienden?; ¿la vida de los jubilados?, ¿los torturados?, ¿las violadas en los campos de concentración?, ¿los esclavos contemporáneos que utilizan sus amigos?; ¿los pobres que aprenderá a torturar la Policía Metropolitana?

¡Vida! ¿Estaban allí cuando se votó para que los jubilados tengan dos aumentos anuales?, ¿o que se anulara el perverso sistema de AFJP?, ¿y la Asignación Universal por Hijo?, ¿y el plan Conectar Igualdad?; ¿dónde estaban cuando se consideraron de “lesa humanidad” las violaciones de derechos humanos? ¿No es “vida” eso?

Pero cuando veo que a eso se suma una crítica al matrimonio igualitario (¿cuál sería el atentado contra “la vida” en este caso?), y la crítica a “la ideología de género”, me confunden más todavía. ¿Será que realmente estos señores y señoras (perdonen el lenguaje inclusivo, pero los que miramos desde una perspectiva de género solemos usarlo) son realmente defensores de “la vida” o son más bien defensores de una ideología que usa la vida –unos pocos meses de la vida, debemos decirlo– como excusa para sostener sistemas de muerte? Es bueno que tengan ideología; ¿quién no la tiene?, pero me permitirán que desde una irrestricta defensa de la vida, y vida digna, y de los derechos conculcados, manifieste mi más profundo de-

sagrado y rechazo a una simple cosa, quizás menor: no acepto que los que yo tengo por adalides de la muerte nos quieran hablar de “vida”, y que utilicen un lugar de la democracia –palabra que la mayoría de ellos y ellas desconoce– para levantar sus negras banderas de cruzada.

* Coordinador del Movimiento de Sacerdotes en Opción por los Pobres.

 

Fuente Pagina 12

Para Leer. Las Mujeres y la Biblia. Colección Coordinada Por Mercedes Navarro Puerto

La genial experta en Biblia Mercedes Navarro Puerto es entrevistada por Jesús Bastante.

La profesora Mercedes Navarro coordina la colección “La Biblia y las Mujeres“, un completo compendio editado por Verbo Divino y que será presentado este jueves en el Colegio Mayor Chaminade de Madrid. Un proyecto “ecuménico, en cierto modo inter-religioso (judaísmo) y con una clara perspectiva crítica de género (feminista, en realidad, si se entiende correctamente el término)”.

¿Qué supone esta colección?
Para describir este proyecto, suelo comenzar diciendo lo que no es, pues ayuda a entender mejor su peculiaridad. No es, por ejemplo, un diccionario sobre mujeres de la Biblia; no es una Biblia en femenino ni una especie de historia compensatoria. El proyecto La Biblia y las Mujeres pretende recuperar la recepción de las mujeres, generalmente olvidada e ignorada por la tradición masculina, o desconocida a nivel local y especializado. Por lo tanto, este proyecto hay que entenderlo como parte de la historia de la recepción que intenta actualizar la Biblia, y su historia de la interpretación, en el contexto de una sociedad con una democracia de género. En este sentido, el proyecto debe ser considerado como un intento de inculturación que evalúa las posibilidades de una antropología, bíblicamente fundamentada y teológicamente respetuosa con los géneros, afrontando de modo crítico tanto las Escrituras como la Tradición.

Tanto las Escrituras como la Tradición, reclamaban el ecumenismo. De hecho, en la dirección general estamos mujeres cristianas, católicas y protestantes, pero en la organización y realización de la colección están muy presentes las mujeres judías: exegetas, historiadoras, especialistas en literatura y en arte…
El ecumenismo del proyecto y sus estrechas relaciones con el judaísmo han supuesto, desde el comienzo, un debate sobre dos cuestiones: el canon de las Escrituras y el concepto de Tradición. El tema del canon ya está cerrado, al tener que tomar una decisión entre diversas alternativas. La cuestión de la Tradición es abordada, de manera crítica, por las diferentes autoras y autores en sus respectivos artículos.
Por lo tanto, estamos ante un proyecto ecuménico, en cierto modo inter-religioso (judaísmo) y con una clara perspectiva crítica de género (feminista, en realidad, si se entiende correctamente el término).

Comprende más de 20 volúmenes, de los cuales 5 son bíblicos (tres de AT y dos de NT) y el resto aborda la recepción de la Biblia en la historia con las mujeres, desde ellas, sobre ellas, ya sea por presencia o por ausencia. Dicho de forma sumaria, trata de las figuras bíblicas femeninas; de la recepción de las mismas en la historia de la exégesis; de los textos y temas relevantes en torno a cuestiones de género en el ámbito jurídico, filosófico, teológico y socio-político; de la recepción de figuras femeninas de la Biblia y cuestiones de género en el área del arte, la literatura y las costumbres; de las mujeres intérpretes de la Biblia en la tradición judeo-cristiana.

¿Por qué la Biblia y las mujeres?
La Biblia, obviamente, porque es “el” libro de la cultura occidental y las mujeresporque somos, desde siempre, la mitad de la humanidad. La Biblia ha tenido enormes efectos sobre la historia de la humanidad, desde la ética al derecho, pasando por la filosofía y el arte. Cada generación, cada país y cada época, actualiza, por ello, aspectos diversos del potencial significado del texto, formando una historia de la recepción enormemente diversa. Ciertos modos de recepción del texto bíblico pueden parecer «curiosos»; otros, en cambio, han marcado magistrales momentos de interpretación, pero hay un dato constante, prácticamente en todas las épocas y contextos, y es que la recepción de las mujeres ha sido cuantitativamente minoritaria, y sus tradiciones, en la mayor parte de los casos, marginadas o completamente ignoradas.

¿Cuál es el papel de la mujer en la Historia de la Salvación? ¿Por qué su misión ha estado tan “escondida” a lo largo de la historia?
A estas preguntas irán respondiendo los volúmenes uno a uno. Sería simplista y osado, por mi parte, tratar de responder a una pregunta tan importante, pues no existe una única respuesta ni una interpretación simple para algo tan plural y complejo.

En la presentación se dice que se trata de un proyecto histórico-cultural, que intenta establecer un freno contra una lectura de la Biblia realizada en una perspectiva fundamentalista. ¿En qué consiste esta perspectiva fundamentalista? ¿Utilizamos la Biblia para separar?
Como ya he dicho, de alguna manera, la Biblia, su recepción y su influjo en la transversalidad de la vida cotidiana no pueden entenderse más que de manera contextualizada: los libros bíblicos en el propio contexto, de manera que es imposible prescindir de la historia y la cultura; y la recepción occidental, por su parte, ¿cómo podría entenderse si no es en la historia y desde la cultura, en general y en particular, de cada época, sociedad y lugar concreto? Introducir la dimensión histórico-cultural y la perspectiva de género es, de hecho, un impedimento a cualquier lectura fundamentalista. Impide una lectura esencialista, atemporal, que prescinde de todas aquellas variables que hacen de la Biblia unas Escrituras encarnadas, primero en la historia de Israel, luego en la historia del cristianismo primitivo, y después en el resto de la historia, hasta el día de hoy. La historia, la cultura y el género no permiten lecturas “literales”. En la presentación que haremos el próximo jueves explicaremos esto con ejemplos concretos.
¿Si utilizamos la Biblia para separar? La historia nos dice que la hemos utilizado para todo. Hemos justificado tantas cosas… Estos días estoy trabajando en la edición del próximo volumen sobre Medioevo II (ss. XII-V) y en uno de los artículos, su autora explica de qué manera la Biblia “ayudó a construir una bruja”. Las interpretaciones y las glosas de autores de aquella época son alucinantes. Pero esta misma autora, en el mismo artículo, habla de otros inquisidores que frenan esta tendencia ¡utilizando los mismos textos! La Biblia, así, ha servido para “construir” una bruja y para “deconstruirla”.Conocer la historia, por tanto, es un buen antídoto contra el fundamentalismo y contra cualquier literalismo. Cuando se trata de las mujeres, estas cuestiones se radicalizan mucho.

También explicáis las relaciones hombre-mujer a través del texto sagrado. ¿Cómo son y cómo van evolucionando?
Sí, imagino que esta pregunta ya está en cierto modo respondida. No obstante, remito a los volúmenes que ya están publicados, La Torah (EVD, 2010) y Evangelios. Narraciones e historia (EVD, 2011). El próximo, ya lo anuncio, será Medioevo (ss.XII-XV). Entre recepción e interpretación.

 

Fuente: Religion Digital