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José Comblin Reflexión del Mes

Sobre el poder en la Iglesia. Por José Comblin (In Memoriam)

Hoy 27 de Marzo llegó la noticia desde Brasil, ha muerto José Comblin, una de las mentes más brillantes y más valientes de la Teología de la Liberación, y uno de los ideólogos detrás de lo mejor que produjo la Iglesia en America Latina, el gran Documento de Medellín.

Su fino humor, su ironía y agudeza, así como su insistencia en que estudiáramos para liberarnos del poder opresor de  la jerarquía antievangélica quedarán en mi memoria y en mi corazón por siempre.

Recomendamos la lectura de

Cristianos Rumbo al Siglo XXI . Nuevo Camino de Liberación. Ed. San Pablo 1997

Vocación a la Libertad. Ed. San Pablo 1999

Paz y Bien José.

 

Sobre el poder en la Iglesia. Por José Comblin (1923-2011) In Memoriam

INTRODUCCIÓN

Siempre más queda claro que la cuestión fundamental para los cristianos hoy día es la cuestión del poder. La cuestión del poder es la principal novedad, el principal reto que la cultura contemporánea dirige a la Iglesia después de Vaticano II. El Concilio no trató de la cuestión. Trató de evitarla, porque en aquel tiempo la cuestión del poder todavía no era un tema dominante de la cultura occidental.

En Lumen Gentium el Concilio trató de evitar la palabra poder cuando se refiere a la jerarquía. Usa la palabra “munus”, oficio o palabras que dicen servicio. En esa forma se evita abordar la cuestión del poder. Es evidente que evitó voluntariamente la palabra poder (salvo en algunos pocos casos como en 18, a, en donde la palabra “poder sagrado” es inmediatamente suavizada por la palabra servicio).

La jerarquía trata de apartar el asunto pensando que es una cuestión irrelevante, pero su relevancia está siempre más evidente. El clero, formado para manipular conceptos edificantes, rechaza la idea de que algo pudiera ser motivado por cuestiones de poder en la Iglesia. Se presume que todo se hace por amor. Aún la condenación de los herejes se hace por amor. Es un servicio a la Iglesia. Sucede que, como en cualquier sociedad humana, la cuestión del poder es relevante en la Iglesia. Más aún: ella es inevitable.

La actual relación de poder todavía es la relación definida en la cristiandad medieval. Las formas han cambiado, pero el fondo quedó igual.

En la eclesiología tradicional, desde los orígenes en el siglo XIV, la palabra poder ocupa el centro del tratado. Pues, la Iglesia se define por los poderes que la constituyen. Lo que hace la Iglesia son los poderes de la jerarquía. La palabra poder siempre tiene un sentido positivo y únicamente positivo. El poder es uno de los principales atributos de Dios, tal vez el atributo más importante, por lo menos en la devoción católica. En la misma liturgia siempre se añade el adjetivo poderoso o todo-poderoso a la invocación de Dios. Dios es el Todo-poderoso. El poder de Dios es puramente positivo. Es creador y salvador. Es lo que produce todo lo que existe y conduce la creación, actuando por los medios de salvación.

Ahora bien, el poder de Dios actúa por medio de poderes humanos. Dios no actúa sin la mediación de hombres. Estos mediadores revestidos de una participación del poder de Dios para realizar las obras de Dios son la jerarquía de la Iglesia. El poder de la jerarquía es también puramente positivo, porque es el mismo poder de Dios. Se dice que la jerarquía es la causa eficiente de la Iglesia. Ella produce la Iglesia pues la acción salvadora de Dios pasa por esa mediación. El poder de la jerarquía solo se compara con el poder creador de Dios: ellos crean a la Iglesia. Es el poder salvador de Dios: ellos realizan la salvación. Dios eligió a algunos hombres para ser los salvadores de la humanidad. Los laicos se salvan por la intervención de la jerarquía. Sin la jerarquía no son nada. Todo reciben y nada producen.

Este poder sobrenatural de la jerarquía tiene su punto culminante en la eucaristía. Como el Papa recién lo recordó, el sacerdote ordenado pronuncia las palabras de la consagración como si fuera el mismo Cristo. Cristo habla por su boca y produce por la boca del sacerdote el milagro de la transubstanciación, el mayor milagro que se puede imaginar. El ministro ordenado tiene la misma fuerza de Dios cuando celebra la eucaristía. Los laicos miran, admiran, adoran, y reciben a Dios por las manos del sacerdote.

Esta teología es la imagen de la Iglesia en la eclesiología tradicional que todavía es común hasta Vaticano II aunque haya sido refutada por los mejores biblistas y los mejores historiadores católicos. Es todavía la teología del Papa.

Este poder es el servicio de la jerarquía. Ejercer su poder divino es el servicio que el ministro ordenado ofrece a la Iglesia a la que dio vida. No puede haber ninguna oposición entre poder y servicio. El poder es el mayor servicio.

Es evidente que esta identificación entre poder y servicio no viene del Nuevo Testamento. Ella procede de la ideología imperial. En esta ideología, todo poder es positivo porque todo poder es servicio a la sociedad. “Dominar para servir”, es la definición de todo los colonialismos, hasta de la guerra de Irak que es el mayor servicio prestado al pueblo irakiano.

Los teólogos de aquél tiempo conocen muy bien todos los defectos personales de la jerarquía y de los presbíteros y diáconos. Pero esto no cambia la teoría. Los peores sacerdotes continúan creando la Iglesia por medio de sus sacramentos, de sus palabras y de su gobierno. Los abusos de poder son tratados como si fueran puros problemas personales que se solucionan por medio de la conversión del sacerdote. No reconocen que esta situación no es inevitable, que está ligada en gran parte al modelo de sociedad que se quiso imponer a la Iglesia y que por lo tanto se trata de un problema de política en la Iglesia.

Ahora bien, los miembros de la jerarquía no pueden ser puros representantes del poder de Dios. Al ejercer su poder, no comunican sencillamente el mensaje de Dios, sino también toda una teología. Al administrar los sacramentos, manipulan la religiosidad popular con su magia y sus supersticiones. Al gobernar sus parroquias o sus diócesis actúan como patrones de empresas. Crean una cierta orientación de la Iglesia, no crean la Iglesia que es producto del Espíritu Santo, por medio de la mediación de todos los cristianos, cada cual con su carisma. Si la orientación dada por el clero no es corregida y mejorada por el pueblo cristiano, ella se transforma en dominación. Entonces, el poder se hace dominación, como en todas las instituciones humanas. Por eso existe siempre un problema político en la Iglesia, que es el problema de que los miembros del clero son seres humanos y no puros depositarios del poder de Dios. Su poder no es como el poder de Dios pura fuerza creadora, no es puro don de la vida. Es también imposición, arbitrariedad, dominación del hombre sobre el hombre. No solo por vicios personales, sino por estructuras de pecado.

La concepción medieval del poder en la Iglesia, y el consecuente abismo entre el clero y el pueblo están en crisis desde hace dos siglos, aunque la jerarquía haya negado la crisis hasta Vaticano II y muchos la nieguen todavía hoy en día.

Ahora bien, esa relación está en crisis desde hace tiempo, y la crisis se acentuó siempre más en el siglo XX. Millones abandonan la Iglesia católica, y la causa fundamental, consciente o inconsciente, es la cuestión del poder. Con el Papa actual ni siquiera se puede levantar la cuestión porque su poder es más absoluto que el poder de cualquier Papa del pasado, incluso que el poder de Pio XII. La jerarquía niega el problema porque siente que sería el primer objeto de la contestación. Sin embargo, está claro que la nueva sociedad urbana, alfabetizada y desarrollada culturalmente no acepta más el tipo de relación de poder que nació en la edad media. No puede aceptar que Dios reserve toda su mediación a algunos cuando el Nuevo Testamento anuncia que el Espíritu es dado a todos. Que haya diversidad de funciones y de servicios, es lo que todos afirman. Que haya personas destinadas a gobernar, no se discute. Pero no se acepta la identificación de un poder humano con el poder de Dios.

No se puede negar que la Iglesia, como cualquier grupo humano, necesita una organización de poder, pero no eternamente la organización nacida en determinada época histórica en virtud de una situación histórica limitada en el tiempo. Nadie ignora que la autoridad es necesaria. Pero el actual sistema de autoridad hace que millones de católicos, exactamente los que participan en la nueva cultura urbana, se apartan de la Iglesia, o sencillamente pierden inconscientemente el sentimiento de pertenencia a ella.

Es necesario ver y examinar críticamente el sistema de poder que existe en la Iglesia, regido por un derecho canónico siempre relativo. Es necesario ver claramente la diferencia entre lo que es permanente en la Iglesia y lo que la historia ha hecho en los siglos ulteriores. De lo contrario seremos prisioneros de la historia, prisioneros de un pasado muerto.

LA ECLESIOLOGÍA DEL NUEVO TESTAMENTO Y EL PODER

La eclesiología de Pablo está centrada alrededor del concepto de pueblo de Dios que es el cuerpo de Cristo y el templo del Espíritu Santo. Este concepto es subyacente en todos los capítulos de sus cartas. Todo lo que dice de la Iglesia ser refiere a este pueblo de Dios. La doctrina del poder de Pablo se encuentra implícita en su doctrina sobre la Ley y el Espíritu. El pueblo de Dios pasa por dos etapas. Primero, hubo el régimen de la Ley, y ahora, con Jesús comenzó el régimen del Espíritu. En el régimen de la Ley, la relación con Dios es una relación de sumisión. El pueblo de Dios es el pueblo que se somete a la Ley. La obediencia a la Ley es la virtud suprema. Ahora bien, la Ley no entraría en la realidad, si no fuera presentada por dirigentes humanos. La Ley no existiría como Ley, si no hubiera en la tierra, por encima del pueblo una autoridad que obligue a respetarla. Esta autoridad estaba representada por los doctores y los sacerdotes que fueron los que condenaron a Jesús. La sumisión a la Ley se traduce por la sumisión a sus representantes. Obedecer a Dios se traduce en la práctica por obedecer a las autoridades que la imponen.

Para Pablo la Ley – o sea todo el sistema centrado en la Ley- no salva, porque no cambia el ser humano. Hace que la persona se someta por miedo al castigo, pero no se renueve personalmente. Solo el Espíritu puede renovar la humanidad. Para el régimen de la Ley, la autoridad actúa imponiendo la Ley. Por el Espíritu, la persona se siente movida, empujada por una fuerza interna que la hace capaz de seguir el camino de Jesús sin ninguna imposición. Hace el bien de fuente propia, no por imposición.

En el régimen de la Ley, los representantes de la Ley hacen uso de ella para imponer su propia voluntad. Interpretan, aumentan, cambian los preceptos de la Ley para que coincidan con su voluntad y con sus ventajas, aún materiales.

Con su doctrina del Espíritu, Pablo no da atención al problema del poder, ya sea el poder de la Iglesia en la sociedad, ya sea el poder dentro de la Iglesia, o lo que se llama actualmente los ministerios. Para él, el poder apostólico consiste en la autoridad para anunciar el evangelio de Jesús con fuerza al mundo. Es el poder de Dios, que es poder de conversión y de vida nueva. Pero el mismo no elabora una doctrina del apostolado como poder en la Iglesia.

Para Pablo, en la comunidad cristiana, el poder de Dios se manifiesta en la abundancia de los carismas, que son fuerzas donadas a algunos miembros o a todos. Los carismas parecen tener una fuerza intrínseca que hace que los miembros de la comunidad se dejan llevar por ellos. El mismo Pablo, como apóstol de Jesucristo, ejerce el poder de denunciar, exhortar, orientar, el poder de recordar las enseñanzas de Jesús. El mismo no define ese poder de los apóstoles.

Pero, la eclesiología de los evangelios, ella sí, está centrada en la cuestión del poder. En la mente de Jesús el problema del poder es el problema esencial y prioritario de la Iglesia. La misma palabra Iglesia está casi ausente de los evangelios, pero la realidad está presente en los discípulos. Cuando Jesús se dirige a los discípulos como conjunto, él enuncia su eclesiología.

Los textos principales están en el capítulo 18 de Mt (sobre todo 1-7;12-35), en Mt 20,20-28, 23, 8-12 y Jn 13.

No es necesario hacer una exégesis muy minuciosa para ver que Jesús instala un nuevo modo de ejercer la autoridad, una nueva relación de poder. Durante siglos se leyó estos textos como consejos morales, como recomendaciones hechas a todos los jefes para que sean mejores en sus comportamientos.. Pero, Jesús no vino para hacer exhortaciones morales, sino para cambiar las estructuras del pueblo de Dios. Para las exhortaciones morales había los sabios que dejaron muchos escritos de sabiduría. Jesús vino a destruir la estructura de poder que había en su pueblo y a construir una nueva estructura de relaciones dentro de ese pueblo.

Durante siglos se interpretó las palabras de Cristo en el sentido que el discípulo de Jesús debía ejercer las mismas estructuras de poder de siempre con un espíritu nuevo, de una manera diferente. El resultado fue que se ejerció la autoridad como siempre pero con buenos sentimientos. La Iglesia cayó en la misma deformación que afecta las sociedades civiles o el pueblo de Israel, es decir, cometer la injusticia con buenos sentimientos. Dio a la destrucción de personas un sentido edificante. Así fue la Inquisición y todas las imitaciones de la Inquisición. Todo se justifica por el bien de la persona perseguida, torturada o muerta. El ser cristiano actuaría como todo el mundo, y añadiría solo buenos sentimientos y sentido religioso: todo por el bien de Dios y de su Iglesia.

Jesús no viene a cambiar solamente la subjetividad, sino la misma estructura de las relaciones sociales. Su ejemplo enseña la estructura de autoridad que debe prevalecer.

Jesús no usa ninguna forma de coerción para imponer su voluntad. No tiene armas, no puede amenazar, no quiere castigar (Lc 9,51-56). No tiene medios de defensa contra sus adversarios ni siquiera a la hora de la prisión, de la condenación o de la ejecución. Está incapacitado de ejercer la más mínima violencia. No solo no practica la violencia, sino que no tiene los medios de practicarla si quisiera. No tiene los medios de violencia en la reserva, lo que constituye una amenaza. Una sabiduría política tradicional dice que se necesita mostrar las armas para no tener que usarlas. Jesús no puede mostrar las armas que no tiene.

Este es el sentido de la comparación con los niños (Mt 18,1-4). Los niños no tienen poder para imponer su voluntad. En aquel tiempo no existe todavía el poder de chantaje que ejercen hoy día los niños de las familias ricas. El niño es el ser débil. Jesús eligió la debilidad.

Jesús no define leyes ni impone su autoridad por medio de leyes. Las leyes son hechas para imponer una voluntad superior a una persona que no quiere ejecutarla y solo lo hace por medio del castigo. La ley gobierna por medio del miedo del castigo. La ley está basada en el miedo.

Esto no quiere decir que Jesús todo lo acepta. No se acepta que se proceda como hacen las autoridades de Israel. Con los pecadores la regla es el perdón, perdón sin límite. En realidad su autoridad es tal que las personas hacen lo que él enseña con total libertad y con mucho gusto. No lo hacen por miedo, sino por amor. La autoridad de Jesús está basada en el amor que despierta. No necesita definir leyes porque las personas lo siguen voluntariamente y con convicción. No amenaza porque las personas quieren lo que él quiere por convicción.

Su autoridad está en su misma persona y en su modo de actuar en el que se manifiesta su valor absoluto: ¡esto viene de Dios¡

La autoridad de Jesús se manifiesta en la búsqueda de la oveja perdida, en el perdón de las deudas. En lugar de imponer el castigo, se propone el perdón. Esto sería considerado en la sociedad como anarquismo, desorden y desintegración de la sociedad. Sin embargo no consta que sea así. Todos saben que los pequeños pagan sus deudas. Solo las grandes corporaciones no pagan. El problema es la existencia de grandes corporaciones, las cuales de todas maneras no se inclinan ante la ley, sino que más bien cambian la ley para que les sea más favorable.

Jesús quiere que entre los discípulos las relaciones de poder sean diferentes (Mt 20-28). La diferencia no está solo en la subjetividad, sino en las mismas estructuras del poder. De lo contrario no cambiaría nada. Pues en todas las sociedades hay príncipes buenos que hacen más tolerables las relaciones de poder sin cambiar las estructuras y así dejan la puerta abierta para que un sucesor venga a ejercer un poder riguroso.

Cuando Jesús dice: “No os dejéis llamar “Rabí”, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie “Padre” vuestro en la tierra, porque solo uno es vuestro Padre: el del cielo. No tampoco os dejéis llamar “Doctor”, porque uno solo es vuestro doctor: Cristo”(Mt 23, 8-10), las autoridades de la Iglesia que quieren estos títulos, dicen que es una cuestión sin importancia, o bien, que Jesús habla así para dar un ejemplo de humildad, más no quiere definir un modo de ser. Suprimen sencillamente la instrucción de Jesús. Sin embargo en la cultura de Jesús, los nombres son muy importantes porque representan la realidad. El que tiene el nombre de doctor cree que tiene una autoridad superior que le permite imponer sus ideas a otros. Con esta cuestión de nombre, Jesús quería cambiar las estructuras.

El problema de las estructuras está claro en la Iglesia de hoy. Hay obispos más humanos, párrocos más humanos – cristianos- que no insisten en su poder, que consultan o toman en cuenta las opiniones de los otros, que gobiernan con paciencia y tolerancia, que abren espacio para la libertad y responsabilidad de los laicos. Pero, a cualquier momento, puede venir otro que se contenta con la aplicación rigurosa de la ley canónica que le atribuye poderes exclusivos. Las estructuras del actual código atribuyen a la autoridad un poder absoluto, sin derecho de defensa, un poder exclusivo sin participación. Cualquier obispo o párroco puede destruir toda la libertad que un antecesor había creado. Los casos no son pocos en América latina. Los autores de tales destrucciones pueden invocar la ley que les atribuye un poder absoluto, dictatorial.

El mismo Jesús denuncia la forma como los escribas y los fariseos ejercen la autoridad. “Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas” (Mt 23,4).

Como las palabras de Jesús no definen en forma jurídica las relaciones que quiere establecer entre sus discípulos, en el decorrer de la historia fue posible tratar sus palabras como puros símbolos o formas literarios sin contenido jurídico. De hecho en 20 siglos muchas de las antiguas relaciones de dominación en las sociedades humanas, han entrado en la Iglesia. Las relaciones de poder que existen hoy no proceden de la voluntad de Jesús sino de la penetración de estructuras de dominación propias de las culturas en las que la Iglesia se estableció.

LA IGLESIA Y EL PODER EN LA CRISTIANDAD

No es necesario recordar toda la estructura de poder construida en la cristiandad, sobre todo la occidental. Hubo cuatro etapas principales que dieron como resultado aquello que conocemos hoy en día.

La primera etapa ya empezó en la tercera generación cuando se destacaron los presbíteros y al frente de ellos siempre más los obispos monárquicos. Era una imitación de la estructura de las sinagogas y de las hermandades romanas. Pero en el nombre de los apóstoles los obispos conquistaron una autoridad siempre mayor sobre los presbíteros y sobre la organización de las Iglesias. En el 4º siglo los obispos ya han concentrado casi todo el poder y todos los carismas. El Concilio de Nicea, convocado por el Emperador, excluyó todos los que no eran obispos y dio a estos la totalidad del poder.

La segunda etapa vino con Constantino y sus sucesores que hicieron de la Iglesia la religión oficial y obligatoria. En ese momento se creó el clero como casta separada y aislada del pueblo, El clero concentró todo el poder en la Iglesia, suprimió las comunidades y sometió a los laicos a una pasividad total sin ninguna responsabilidad. Se creó un abismo entre el clero y el pueblo, aunque los textos evangélicos sobre el servicio siempre se recordaban, pero sin ninguna conexión con la realidad. Siempre más la Biblia sirve como libro de símbolos que justifican el sistema dándole una ideología con la cual se trataba de convencer a los pueblos. La liturgia del lavatorio de los pies es de una piadosa ironía.

La tercera etapa comenzó con los Papas benedictinos o gregorianos desde el siglo XI. Comienza la movilización progresiva, que durará 10 siglos del clero para que se transforme en ejército del Papa por lo cual el Papa ejerce un poder total sobre la cristiandad. El clero se hace ejército en manos del Papa. Sobre todo los Mendicantes a los que los Papas imponen la ordenación sacerdotal, van a favorecer esta exaltación del poder del Papa ejerciendo presión sobre todo el clero diocesano. Desde entonces se hace una concentración creciente el poder del clero en manos del Papa.

La cuarta etapa vino con el Concilio de Trento que consagra la estructura del clero, afirmando con fuerza sus fundamentos y aumentando el poder centralizador del Papa. Siempre más el Papa es el jefe del clero. Después de la Revolución francesa esta concentración del poder del clero en manos del Papa relaciona el auge que conocemos hoy en día.

Todo esto es muy conocido. No hay necesidad de repetir lo que se encuentra en los libros de historia de la Iglesia.

Nuestra cuestión es la siguiente: ¿cómo fue que se legitimó este crecimiento de la concentración del poder en manos del clero y después en manos del Papa?

Hubo tres grandes motivaciones: la defensa de la ortodoxia de la fe, la defensa de los sacramentos y la defensa de la unidad de la Iglesia.

En primer lugar, se invocó la necesidad de defender la ortodoxia. Para eso era necesario concentrar la autoridad en el clero y en el Papa que solos podían defender la autenticidad de la fe. Aparecieron innumerables herejías y para defender la fe contra las herejías se necesita un poder fuerte: el poder de condenar hasta la muerte en muchos casos. Se montó todo un sistema que incorpora ese poder del clero y del Papa. La Inquisición fue la manifestación histórica más visible y más temida.

La concentración del poder está aumentando todavía hoy en día con los documentos del cardenal Ratzinger. Según estos documentos aparecieron herejías totales que niegan todo el contenido de la fe: así fue la teología de la liberación, y así es la teología de las religiones.

La experiencia de la historia muestra que después de algunos siglos se hace siempre más evidente que las dichas herejías no eran tan distantes de la ortodoxia. El acuerdo entre católicos y luteranos al respecto de la doctrina de la justificación es un buen ejemplo. Las herejías podían expresar otra manera de decir la doctrina de la fe. ¿No será que doctrinas enunciadas en forma diferente fueron tratadas como herejías por la necesidad de tener herejías? Sin herejías el poder del magisterio no se manifiesta y no tiene oportunidad para crecer. Las herejías son necesarias para justificar y aumentar el poder del magisterio. ¿Las herejías no serían inventadas para aumentar el poder del Magisterio?

Por otro lado, la mayoría de las herejías medievales son contestación de lo que confiere tanto poder al Papa y al clero. Es una acusación dirigida al poder del clero. Es una contestación de todo lo que sirve para aumentar el poder del clero. Fue lo que sucedió en el segundo milenio. La herejía es la manera como los laicos se defienden de la dominación intelectual y cultural el clero y del Papa que siempre más está al frente del clero. La herejía es una contestación de poder. ¿Y la defensa contra las herejías no será la defensa del poder del clero? Por detrás de tantas condenaciones – que más tarde se revelan muy relativas, históricas y situadas – no habrá una defensa del poder del clero que se siente amenazado cuando pierde el control de las palabras y no permite que se diga lo mismo con otras palabras? ¿Tantas condenaciones no eran antes de todo una afirmación de poder de la jerarquía y de todo el clero con ella? ¿Las luchas de doctrina no eran en realidad luchas por el poder y por la definición de los poderes?

La segunda motivación del poder del clero es la defensa de los sacramentos. También aquí las herejías atacan los sacramentos, el sistema completo de siete sacramentos. ¿Por qué condenan ese sistema? ¿No será porque los sacramentos son el fundamento del poder clerical? Gracias a los sacramentos que, solo los sacerdotes pueden administrar, los laicos no pueden salvarse sin pasar por las manos del clero, o sea sin someterse a todas las condiciones impuestas por el clero.

En teología rigurosa los sacramentos son signos de la fe, signos del amor de Dios. Sin embargo los sacramentos fueron vividos durante siglos como obligaciones. Los sacramentos son los ritos necesarios para la salvación. Sin ellos no hay salvación. Esta es la ley que los cristianos deben aplicar, y si no la aplican, cometen pecado mortal y pierden la salvación. Los sacramentos siempre son acompañados por amenazas. Son recibidos con temor.. Incluso el clero toma nota de aquellos malos cristianos que no reciben los sacramentos en su debido tiempo. Los sacramentos son el sistema por el que los sacerdotes hacen el paso por su ministerio indispensable. Ellos tienen el monopolio de los sacramentos y todos deben someterse a su monopolio. El sacramento es lo que hay que recibir para evitar el infierno. Los predicadores sabían despertar el terror ante las penas del infierno, y en esa forma lograban empujar a los recalcitrantes para los sacramentos.

Por lo demás los sacramentos son también uno de los principales fundamentos del poder financiero del clero. Este es otro motivo por el que los laicos se resisten a los sacramentos. Con el tiempo el miedo al infierno fue disminuyendo y las personas más formadas se declararon independientes. Antes de la Revolución francesa más del 90% de los franceses iban a misa todos los domingos. Veinte años después el número era de 20%. Habían perdido el miedo al clero que ejercía un control. Antes de la Revolución, los que no recibían los sacramentos eran fichados en la policía y tratados como sospechosos. Después de la revolución ese poder del clero desapareció.

Hoy en día ya no se frecuentan tanto los sacramentos, lo que muestra la poca comprensión del valor de señal, y el sentido de dependencia o de obediencia que tiene en la mente del pueblo. El pueblo ya no teme el infierno como antes, en esa forma pierde la motivación para recibirlos.

En la mente del clero, esta situación es una decadencia. Para el clero los sacramentos son su vida, la manera como se relacionan con el pueblo y su razón de ser. Están allá para celebrar los sacramentos. Para un gran número la vida clerical son los sacramentos. Por eso son también su actividad profesional, su búsqueda de los medios de sobrevivencia. El padre es el que celebra los sacramentos: este es su trabajo profesional. Los sacramentos son la fuente principal del poder del clero y pueden reducirse a eso.

En tercer lugar existe el poder de gobierno. Todos los seglares tienen que subordinarse al clero en todos los actos de una vida cristiana, sobre todo en su comportamiento moral y social. También aquí reina el temor al infierno. En principio esa sumisión tiene por finalidad defender al pueblo cristiano contra el peligro de sus enemigos. En la práctica el gobierno del clero tiende siempre a aumentar su poder. El principio de León XIII prevaleció desde el momento en que la Iglesia se desligó de las monarquías: en materia política hay siempre que buscar alianza y apoyo entre los que más favorecen a la Iglesia, es decir al clero o al Papa. Este principio es de un oportunismo total y muestra la actuación política que es sumisión a los intereses del clero.

Esto nos lleva a contemplar el poder del clero y del Papa en la sociedad. En la cristiandad, el clero constituye la primera clase, la clase más privilegiada, la que tiene más poder, que interviene en todos los asuntos. Controla la economía, controla el poder de los reyes, domina toda la cultura. Este era el ideal. En la práctica, muchos reyes y príncipes no aplican lo que el clero manda: durante la mitad del tiempo los reyes católicos y los emperadores fueron excomulgados. Siempre hubo una cultura subterránea crítica del poder sacerdotal. Y había el poder económico de los judíos, de los banqueros, que no se sometían a las leyes condenando la usura. Pero el clero siempre permaneció fiel al mismo sistema, tratando de recuperarlo siempre, y trató de mantenerlo aún después de las revoluciones liberales del siglo XIX.

El clero no aceptó fácilmente la ruina de la cristiandad que para él significaba una pérdida de poder y una derrota política, económica, cultural. Después de haber dominado durante 15 siglos, él está ahora expuesto a todas las críticas que permanecieron clandestinas durante los 15 siglos. Pues la acusación hecha al clero de que a nombre de Jesucristo, quería dominar la sociedad, se repite incansablemente desde los últimos siglos. Por supuesto jamás el clero aceptará esa acusación, porque siente que sus intenciones son diferentes. El clero invoca sus buenas intenciones en lugar de contemplar los hechos y las estructuras. En sus intenciones, se trata de defender el pueblo cristiano contra el poder económico (de los otros) el poder político (de los otros) y contra las amenazas de corrupción que emanan de una cultura no controlada por el clero. Sin embargo los seglares miran las cosas con más objetividad.

Esta objeción se ha hecho al clero durante siglos. Siempre fue rechazada con indignación por el clero. Este no acepta un examen objetivo y crítico del significado objetivo de sus actos. Cree que está viviendo una vida de servicio y su vida puede ser una vida de dominio en la que los seglares practican el servicio de modo permanente y no los sacerdotes.

Siempre más se repitió la acusación de que el clero quería dominar las conciencias. Que quisiera dominar la sociedad, era todavía soportable. Pero el dominio sobre el pensamiento, la conciencia moral, los valores, esto era insoportable y engendró una reacción terrible. Por que se sabía que el control de las conciencias era aceptación del orden establecido, de la sociedad establecida. El control de las conciencias tenía por finalidad la sumisión de los católicos a la sociedad establecida, la sociedad de cristiandad. Era esencialmente conservador y muchos laicos lo sentían así. En lugar de ser un fermento de libertad, la Iglesia era el principal obstáculo a la libertad. El clero aparecía como clase ligada a la mantención de los poderes constituidos.

La cristiandad ya no existe como totalidad. Sin embargo subsiste en fragmentos de la sociedad, los fragmentos más conservadores que mantienen un pequeño mundo en el que todavía se practica la fidelidad a los comportamientos tradicionales de la sociedad rural medieval. Todavía el clero se preocupa con mantener y fortalecer lo que le queda de poder en la Iglesia. Mantiene por los mismos medios su poder sobre la fracción de la población que le permanece fiel.

VATICANO II

Vaticano II recibió durante sus asambleas muchas denuncias de clericalismo, juridicismo, burocratismo etc. No pudo ocultar las críticas que se hicieron durante 15 siglos y nunca fueron acogidas. De allí salió una teología renovada del pueblo de Dios y del papel de la Iglesia en el mundo. Sin embargo, cuando se trata de definir el papel de los obispos, del clero ya sea en Lumen Gentium o en los documentos dedicados explícitamente al clero, la doctrina es tradicional y no se toma en cuenta los problemas levantados. Se multiplican las exhortaciones morales, pero nada cambia en las estructuras. No se toca el problema del poder y la relación entre la búsqueda del poder y la definición del clero que prevaleció durante 15 siglos. Volvieron a la doctrina conservadora tradicional. En esta todos los problemas sociales se reducen a problemas morales. Si los sacerdotes tuvieran más virtudes, no habría problemas. En realidad si tuvieran más virtud no soportarían la actual estructura. Es imposible imaginar un clero hecho de puros santos. El comportamiento del promedio depende de las estructuras. Si estas estructuras son estructuras de dominación que no conceden al pueblo cristiano ninguna participación en el poder, la exhortación moral será inútil. Se convertirán los que no necesitan conversión y los que la necesitan no irán a darse cuenta de la dominación que ejercen.

Los textos de Vaticano II no entran en el mayor problema que en la mente de muchos obispos, era el mayor problema del siglo: el problema del clero. Muchos otros no podían liberarse del modelo que tenían en la mente y era el rol tradicional del sacerdote como miembro de la clase privilegiada, como funcionario de los sacramentos y defensor del poder de la Iglesia. Dada esta división en el episcopado, no se tocó en el problema.

No se tocó tampoco en la cuestión de la relación entre el clero y el poder político. En realidad muchos pensaban que el partido demócrata cristiano iba a solucionar todos los problemas, restituyendo a la Iglesia una posición privilegiada e impidiendo un cambio de las leyes que fuera desfavorable al clero, o sea, que signifique una reducción del poder del clero en la sociedad, tanto en los códigos, como en la cultura, la educación, los servicios de salud. Contaban con el apoyo de partido políticos católicos para evitar que la Iglesia tuviera que renunciar totalmente a su poder en la sociedad. El mundo cambia, pero la estructura histórica de la cristiandad se mantiene por lo menos como ilusión en la mente del clero.

Una vez que el Concilio no quiso o no pudo entrar en la cuestión del clero, lo que sucedió era previsible. En el primer mundo las vocaciones desaparecieron: no había más credibilidad. En el tercer mundo las vocaciones son numerosas pero basadas en el principio de cristiandad: el sacerdocio ofrece poder en la sociedad y en la Iglesia, lo que es un atractivo grande para los pobres que tienen pocos canales de ascensión social.

IDEALISMO Y REALISMO

Juan Pablo II tuvo como una de sus prioridades la restauración del poder social del clero. Creyó que uno de los medios más eficientes sería la restauración de la disciplina tradicional, lo que restablecería la auto-estima del clero. Por lo menos trató de hacerlo y lo logró en parte por lo menos. Restauró la separación entre el clero y los laicos, y entre el clero y la sociedad, para evitar las tentaciones. Incansablemente hizo todo lo posible para elevar el status del clero. Multiplicó los documentos dirigidos al clero, por ejemplo, con ocasión del Jueves Santo de cada semana santa.

Estos documentos manifiestan siempre una concepción idealista del sacerdocio. No toman en cuenta las condiciones materiales, sicológicas y sociales de la vida sacerdotal. Ignoran los problemas de los sacerdotes de los años 60, nunca superados, y que continúan produciendo los mismos efectos (abandono del sacerdocio, crisis de identidad). Toda esa problemática es tratada como una deficiencia moral. Se soluciona por una afirmación más fuerte de la doctrina, o sea, por una acentuación de la ideología tradicional del clero.

El Papa toma como punto de apoyo los movimientos sacerdotales como Opus Dei, Legionarios de Cristo, Sodalitium y otros movimientos sacerdotales. Todos son integristas en la doctrina, rigoristas en la moral, inflexibles en la disciplina. Son la encarnación de la ley total. Su motor es la ideología clerical, tal como ella fue definida después del Concilio de Trento. Estos movimientos deben mostrar el ejemplo a la masa de los sacerdotes. Serían los conductores del clero. El Papa les concedió el papel que tuvieron los jesuitas en la Iglesia tridentina.

Sucede que estos movimientos son fascinados por el poder. Manifiestan una voluntad férrea de acumular riqueza material, prestigio social, poder político, poder cultural. Fundan instituciones poderosas supuestamente destinadas a la evangelización. No se dan cuenta del espectáculo que ofrecen a la sociedad, espectáculo de sectas religiosas a la conquista del poder. No ven que les va a pasar lo que les pasó a los jesuitas en el siglo XVIII. Hacen alianza con los poderosos, con las instituciones dominantes de la sociedad occidental. Son absolutamente ignorantes de la voz que se levanta desde el mundo de los oprimidos. Ignoran este mundo porque su mundo es el de los dominadores.

En este momento en América latina estos movimientos sacerdotales están de hecho conquistando grandes poderes en todos los sectores, sobre todo en la economía y en la política. Actúan por intermedio de elites laicales que les están totalmente subordinadas. Se crean un laicado fanático totalmente desproveído de espíritu crítico y de libre iniciativa.

El clero inspirado por tales ejemplos se hace puramente oportunista. Cree que el marketing religioso va a solucionar los problemas de la evangelización. Creen que por medio de la manipulación de los medios de comunicación será posible rehacer una nueva cristiandad en la que la Iglesia de nuevo podrá gobernar el mundo.

Como en la cristiandad, creen que van a evangelizar con el poder, por medio del poder, y aumentando su poder. Creen que su poder va a convencer a los cristianos y someterlos a su dominio. No ven que el mundo ha cambiado y que los laicos de hoy no son todos como los laicos de otros tiempos. Creen que el ejemplo de los movimientos sacerdotales integristas va a conquistar la sociedad y fundar un nuevo clero semejante al antiguo y basado en la misma teología. Y creen que los laicos van a someterse a la disciplina del integrismo.

¿Cuáles serían las orientaciones nuevas con relación al poder en la Iglesia hoy día?

1. En primer lugar se necesita reconocer el poder de los laicos, basado en los carismas y dones espirituales que recibieron, las responsabilidades evangelizadoras que asumen, etc.

2. En todas las instancias, desde el concilio ecuménico hasta los consejos parroquiales los laicos deben tener voz deliberativa y pueden decidir con el clero en todo lo que no se refiere a la doctrina definida definitivamente.

3. Los laicos deben tener voz activa en las elecciones en todos los niveles desde la elección del Papa hasta la elección de los párrocos.

4. Los laicos deben tener voz deliberativa en lo que se refiere a la liturgia, a la catequesis y la organización de la Iglesia.

5. El principio básico es que el poder no puede ser concentrado en una sola persona.

6. La base de toda la reforma del sistema de poder es la publicidad. La preparación de las decisiones debe ser abierta, publicada y los documentos necesarios deben estar a disposición de todos. No puede haber secreto de los nombramientos, ni de las decisiones prácticas tomadas por una sola autoridad.

7. Es necesario crear una instancia jurídica independiente en la que las personas que se sienten víctimas de injusticia puedan recurrir. En la actualidad, un laico no tiene defensa frente al clero o a los religiosos; las religiosas no tienen defensa frente al clero; los sacerdotes no tienen defensa frente al obispo; y los obispos no tienen defensa frente al Papa.

El principio básico es que el poder está en todos los cristianos aunque en grados distintos y que la estructura debe reconocer esta situación.

El segundo principio es que ninguna persona humana representa sencillamente el poder de Dios y por lo tanto puede ser corregido en todo lo que no es poder de Dios, sino afirmación de sí mismo. Para eso debe haber una corrección fraterna que debe ser pública.

El poder de Dios crea, construye, edifica, aumenta, confiere más libertad.. Todos los poderes eclesiásticos que no actúan en ese sentido, no son poder de Dios y deben ser contenidos, limitados, corregidos estructuralmente. Las estructuras deben sacar las oportunidades de abusos de poder. Pues, en la Iglesia hay abusos de poder como en cualquier sociedad, y para disminuirlos es necesario que haya normas que equilibran los poderes de todos.

 

COMBLIN, JOSEPH (1923- 2011)

(X. Pikaza, Diccionario de Pensadores cristianos)

Teólogo católico de origen belga, que ha trabajado en América Latina. Estudió en la Universidad de Lovaina, donde ha enseñado en diversas ocasiones. Ha sido también profesor en la Universidad de Campinas (Brasil) y en la Católica de Chile. Ha creado diversas instituciones al servicio de la extensión de la Palabra de Dios y de la liberación social y cultural, siendo expulsado de Brasil y Chile por su labor a favor de los pobres.

Sigue siendo una figura de referencia básica para la conciencia teológica de América Latina. Comenzó trabajando en la línea de la Teología del Desarrollo (vinculada a la Populorum Progressio de Pablo VI, 1967), inclinándose después por una liberación integral del hombre.

Ha elaborado un importante discurso teológico, pero ha dado siempre más importancia al aspecto práctico de la inserción en el mundo de la vida, superando así la ideología liberal del pensamiento de occidente. A su juicio, la opción por los pobres, con el protagonismo liberador de ellos mismos, constituye el centro de la antropología cristiana. La liberación ha de afectar al ser humano en su integridad, personal y social, en diálogo con el mundo, superando de esa forma un neo-integrismo católico que quiere cerrarse en el carácter sacral de la Iglesia entendida como una sociedad jerárquica y separada del mundo.

Ha escrito numerosas obras, en diversos idiomas (francés, portugués, castellano). Entre ellas:
La Résurrection de Jésus-Christ (Paris 1959);
Le Christ dans l’Apocalypse (Tournai 1965; version cast. Cristo en el Apocalipsis, Barcelona 1969);
La théologie de la ville (Paris 1968);
A Igreja e a su Missao (Sâo Paulo 1985);
O Povo de Deus (Sâo Paulo 2002);
Um novo amanecer (Sâo Paulo 2002) ;
Cristianismo y desarrollo (Quito 1970 y Madrid 1985);
Teología de la ciudad (Estella 1972);
Enviado del Padre (Santander 1977);
Teología de la práctica de la revolución (Bilbao 1979);
El Espíritu Santo y la liberación (Madrid 1987);
Jesús de Nazaret (Santander 1989);
Hechos I-II (Estella 1991);
Pablo, apóstol de Jesucristo (Madrid 1995).

Fuente: El Blog de Pikaza

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Enrique Dussel Hacia una nueva Iglesia

Se fue el Tatic, Samuel Ruiz (1924-2011), el profeta mexicano del siglo XX. Por Enrique Dussel

Ha muerto el 24 de enero el santo profeta de Chiapas, digno sucesor de Bartolomé de las Casas. Este último comenzó su lucha en favor de los pueblos originarios de América en el ya lejano 1514 en el pueblito de Sancti Espíritu de Cuba. Fue obispo de Chiapas desde 1544 hasta 1547, en que fue expulsado por la oligarquía de los conquistadores que ya dominaban esa tierra maya, por su lucha en favor de los pueblos originarios. Algo más de cuatro siglos después, y como continuando la labor de Bartolomé, fue nombrado en 1959 don Samuel Ruiz, a la edad de 35 años, obispo de Chiapas (siendo el más joven del episcopado mexicano de esos años.

Había nacido el 3 de noviembre de 1924 en Irapuato. Estudió primero en León; obtuvo su doctorado en hermenéutica bíblica en la Gregoriana de Roma. Era un hombre letrado, director del seminario de León (como Miguel Hidalgo lo fue del de Valladolid). Asistió al II Concilio Vaticano, participando todavía dentro de las filas del episcopado conservador.

Le tocaron tiempos de profunda renovación de la Iglesia y las convulsiones políticas del 68. En ese tiempo cambiará drásticamente su posición teórica y práctica. Será su comunidad indígena maya la que lo confrontará con la miseria, la opresión, la dominación política, económica, cultural y religiosa que la oligarquía chiapaneca había orquestado como herencia de los conquistadores y de los terratenientes contra ese pueblo originario.

El joven obispo sufre una conversión radical. Ya en 1968 fue uno de los cuatro oradores (sobre el tema de la pastoral indígena) en la Conferencia de Medellín del Celam, donde manifestó su calibre latinoamericano.

Brillará en América Latina como miembro de una camada de obispos que optaron por los pobres del continente, junto a Helder Camara, en Brasil; Leónidas Proaño, en Ecuador, y Óscar Romero, en El Salvador. Será uno de los reformadores de la Iglesia, fundamentando bíblicamente la revolucionaria teología de la liberación que estaba naciendo. Pero aún más, la llevó a la práctica con su pueblo indígena chiapaneco.

Aprendió dos lenguas mayas y se transformó en el profeta de su pueblo. Esto le traerá grandes enemistades, persecuciones, aun de aquellos que hoy, después de su muerte, lo ensalzan. Decía de él, y de don Samuel, el obispo de Cuernavaca don Sergio Méndez Arceo: Nosotros unificamos al episcopado mexicano. ¡Todos están contra nosotros!”

Perseguido por los potentados, los terratenientes, los políticos y hasta por algunos de sus sacerdotes, con indomable brío, con paciencia de indígena, con sacrificio titánico, recorriendo innúmeras veces su diócesis en camioneta, avioneta o a caballo, estaba presente consolando, alentando y dirigiendo a las “comunidades” mayas. Todas lo tenían por tatik (como el tata de los tarascos que fue Vasco de Quiroga); nombrado por ellos mismos “Protector del pueblo indígena”.

Contra viento y marea, y contra la opinión de muchos en el Vaticano (que como decía San Juan de la Cruz a un hermano observante estricto: “¡Cuídate de ir a Roma, partirás descalzo (reformado) y volverás calzado (corrompido)!”), transformó la Iglesia y la sociedad chiapaneca, educó a los líderes indígenas, que de catequistas llegaron a ser diáconos. ¿Qué fueron muchas y muchos comandantes zapatistas sino catequistas de don Samuel Ruiz?

Don Samuel creó proféticamente la conciencia de lucha de su pueblo, del cual, por otra parte, aprendió todo. Por ello, en la celebración de su muerte (no es contradictorio que el pueblo reunido junto a su cadáver exultara un cierto espíritu de profundo regocijo), se gritaba, en algunos casos machete en mano: “¡Samuel vive, la lucha sigue!”; o aquella crítica a la Iglesia de tantas traiciones: “¡Queremos obispos al lado de los pobres!”

Esa Iglesia ocupada en la beatificación de su burocracia (cuyo miembro supremo se le vio fotografiado junto a R. Reagan, o a A. Pinochet, y que se encolerizó ante la presencia de un humilde Ernesto Cardenal de rodillas, y sin embargo, ministro de Estado de la revolución sandinista, junto al gran cartel en el que se leía en la Plaza de la Revolución: “¡Entre cristianismo y revolución no hay contradicción!”

Don Samuel no fue sólo una figura mexicana. Era una personalidad profética latinoamericana, defensor de los derechos humanos de los humildes, de los inmigrantes en toda Centroamérica. Era una figura mundial, recibiendo premios internacionales y doctorados honoris causa en las más diversas y encumbradas universidades en reconocimiento a su pensamiento y a su acción.

Don Samuel es, junto a don Sergio Méndez Arceo, el símbolo más profético de la Iglesia mexicana del siglo XX, y uno de los pastores más importantes de la pastoral indígena en nuestro continente y el mundo. No queda sino alegrarse con el pueblo cuando exclamaba: “¡Samuel vive, la lucha sigue!”

Como Walter Benjamin escribía, se trata de un “mesianismo materialista” (si por “materialista” se entiende cumplir responsablemente con los deberes para con la vida de los pobres y explotados, como los indígenas chiapanecos). Samuel fue heroicamente consecuente con aquél: “¡Tuve hambre y me dieron de comer!” (que del Osiris egipcio pasó a Isaías y al fundador del cristianismo, del cual Samuel fue un digno testimonio).

por: Enrique Dussel, filósofo, emérito de la Universidad Autónoma Metropolitana

Fuente La Jornada de Mexico

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Hacia una nueva Iglesia José Comblin

La Iglesia católica optó por los ricos. Por José Comblin

Es tan buena esta entrevista a nuestro querido José COMBLIN, habla con tanta libertad y tanta clarividencia, que no nos permitimos privar a nuestros lectores de se lectura ni un día más, aunque hoy ya hayamos publicado un artículo extenso. En síntesis dice Comblin:  el problema es el Papa, o sea la función del Papa, una dictadura implacable con muchas formas de dulzura y amabilidad, pero implacable. Y esto se vio, después del Vaticano II, antes en Europa que en América. Pero ahora nos damos cuenta que la dictadura romana está destruyendo lo que por aquí se había adelantado como “iglesia de los pobres, de base, de liberación”.

ENTREVISTA publicado en revista El Periodista, edición Nº 200, 30 de diciembre 2010

JOSÉ COMBLIN, CREADOR DE LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN: “LA IGLESIA CATÓLICA OPTÓ POR LOS RICOS”

José Comblin nació en Bruselas en 1923. Hoy, con 87 años, llegó a Chile a visitarnos, ver nuestra realidad y mostrar su pensamiento. Lo hizo como en 1972, cuando expulsado de Brasil, lugar donde residía, este cura belga, uno de los creadores de la Teología de la Liberación, se vio obligado a salir y buscar refugio en el país de la Unidad Popular.

Hace 60 años que es sacerdote, fue unos de los creadores de la Teología de la Liberación y se vino a América porque estaba frustrado de la iglesia europea, “con una fachada todavía poderosa pero donde el evangelio estaba ausente”, y encontró su oportunidad cuando Pío XII pidió sacerdotes “para luchar contra el comunismo de America Latina

Tras su paso por Chile, volvió a Brasil. Escribió un libro denunciando la doctrina estadounidense de la seguridad nacional lo que le valió una nueva expulsión. Regresó a Brasil, donde vive desde 1980.

Entrevista

P: Usted conoce bien Chile y las almas de los chilenos ¿estamos bien, nos encuentra felices o despreocupados?

R: “Felices. A lo mejor porque he estado con personas felices, no parece haber preocupación. No hablaron mucho del bicentenario, no sé si tal vez no hubo fiestas animadas, pero los chilenos son los ingleses de América del Sur. No son tan exuberantes”.

    P: En los años 60 y 70, con todo el auge de la teología de la Liberación, ¿se imaginaba este mundo?

    R: “Hubo mucha concentración en la economía. No se pensaba, así mismo, que el porvenir sería un culto a esa concentración. Nadie se podía imaginar una evolución así”.

      P: ¿Qué queda de la teología de la liberación?

      R: “El promedio de edad es de 80 años, los teólogos de la liberación son mayores de 80 y no apareció una nueva generación. La represión fue muy fuerte, terrible y la dictadura del Papa aquí en América Latina es total y global. Acá se puede criticar a Dios, pero no al Papa. El Papa es más divino que Dios. Cualquier cosa que venga de Europa se aplica radicalmente, por otra parte, el papa Juan Pablo II, nombró toda una serie de  obispos disciplinados, sumisos, obedientes, de tal modo que es difícil encontrar en América Latina algún obispo con cierta personalidad, fueron elegidos justamente porque no tenían personalidad. Ahí las consecuencias: sumisos.

        La Teología de la Liberación no ha sido bien vista y el Papa ha sido el gran enemigo y adversario. Ni en los seminarios ni en las facultades de teología se puede hablar de eso. Entonces, apareció una nueva generación que considera que eso es ya del pasado, que ya ha muerto, se terminó. No interesa más. Para la nueva generación de obispos y sacerdotes, ya no existe”.

        P: ¿Cómo ve la situación de las comunidades cristianas de base, tienen fuerza hoy?

        R: “Es igual, donde hay un sacerdote anciano, continúan. Los jóvenes no se interesan ni entienden. Subsisten donde todavía hay sacerdotes que han vivido eso, que lo han creado”.

          P: ¿Qué va a pasar con esta Iglesia, dónde está poniendo el acento hoy y cuál es la proyección de esto en la medida que ustedes no pudieron transformarla?

          R: “En el mundo popular, en América Central el 50 por ciento de la población es evangélica. En otros países, el 30 por ciento. La Iglesia Católica ha abandonado a las clases populares, salvo los viejos, algunas reliquias del pasado como Mariano Puga, en las nuevas generaciones no se encuentran personalidades así. No se interesan más, salvo en algunos discursos o palabras bonitas. En la práctica, no. Hoy las universidades y colegios católicos son para la burguesía. El porvenir de América Latina es ser un continente evangélico protestante, salvo su clase alta. Así el Opus Dei y los Legionarios de Cristo, y todas esas asociaciones que hay de ultra derecha, van creciendo en ese sector”

            P: ¿Cuál es su opinión sobre estas asociaciones que mencionó?

            R: “Estos tienen la confianza de la curia romana y después representan la plena libertad dada a personalidades que son como los grandes Rockefeller, los conquistadores, como Escrivá de Balaguer que era un capitalista, el hombre que va a triunfar, que va a disfrutar el mundo, que va a ganar, ser rico, poderoso y que es capaz de crear gente totalmente subordinada, soldados con mentalidad de soldado, estos son todos hombres deformados psicológicamente, cómo son los futuros dictadores, Maciel de los Legionarios de Cristo, que se descubrió que tenía una vida paralela, fue un hombre que ha logrado reunir una fortuna  de 50 mil millones de dólares. Su chantaje, su palabra y su exigencia, llegaron a los millonarios.

            Hoy, los que han trabajado con él, sus colaboradores, todos dicen y afirman, que no sabían nada de la vida paralela. Cómo, trabajan 40 años con él y no saben nada, que tiene una familia, tres hijos, que practicó la pedofilia con los niños, alumnos de formación, de sus colegios, que tenía un mundo de amantes. ¿Todo eso no lo sabían? Se supone entonces que ellos son cómplices y también tienen una vida paralela”.

            P: ¿Cómo mantienen el poder y el secretismo?

            R: “Donde hay uno o dos obispos del Opus Dei en el Episcopado, intimidan a todos los demás. Los otros se quedan callados y uno solo habla, eso es un problema de psicología social típico de dictaduras”.

              P: ¿Cómo esta transición de Juan Pablo II a Benedicto XVI, a usted le ha llamado la atención el camino recorrido por Benedicto o es más de lo mismo?

              R: “Es lo mismo”.

                P: ¿Pero no esperaba que fuera peor?

                R: “Es que han sido elegidos por los mismos. Fue el Opus el que eligió a Juan Pablo II y al actual, practicando el chantaje, intimidando a los cardenales. El próximo Papa será igual porque el Opus tiene un poder muy fuerte. Es una continuación con pocas variaciones. El papa actual tiene más preocupaciones de doctrina y naturalmente no tiene la simpatía, el carisma, de Juan Pablo II, que era una cosa excepcional, pero globalmente es la negación del Concilio Vaticano II”.

                  P: ¿Dónde está Dios que ha permitido todo esto?

                  R: “Dios, ¿sabe dónde está? Está en la población La Victoria, está en La Legua, en la cárcel, pero de Roma ha desaparecido hace mucho tiempo. Hay algunos obispos excepcionales, gente buena, amable, gentil, acogen bien, pero no se puede entrar ningún problema, allí no, es lo que dice el Papa. No se discute siquiera top secret”.

                    P: Más allá de la represión fuerte de esta dictadura vaticana que usted menciona ¿cuál es la autocrítica que hace como creador de la Teología de la Liberación, que no pudieron generar una herencia, un desarrollo, qué pasó ahí?

                    R: “Es claro que hubo la ilusión de que el Concilio Vaticano II entraría en la práctica y no entró. Eso fue una confianza grande,  entonces merecería un cambio, era subestimar las fuerzas dominantes en la Iglesia Romana. Ahora siempre queda más claro que el problema es el Papa, o sea la función del Papa, una dictadura implacable con muchas formas de dulzura y amabilidad, pero implacable.

                      Como latinoamericanos, no hemos criticado la sumisión tradicional al Papa ni destacar que el problema de la Iglesia Católica es el Papa, y a veces Pablo VI se daba cuenta, pero tenía miedo de las consecuencias y Juan Pablo II, a veces, se daba cuenta de lo mismo. Cómo el Papa va a conocer la realidad de cada país y el asunto es quién lo aconseja. La autocrítica es haber confiado en el Concilio Vaticano II”.

                      P: ¿Y qué debieron haber hecho, quebrar a la Iglesia en su momento?

                      R: “En ese momento, en Europa, la crítica se centra en el Papa pero en América Latina, diga eso en la Iglesia chilena, quién va a entender qué significa eso. Algunos jesuitas sabrán, algunos otros religiosos, algunos viejos sacerdotes, pero no van a decirlo, pero lo pueden descubrir y pensar, pero todavía falta. Es difícil prever qué va a pasar. Creo que va a haber un shock cuando se den cuenta de que el continente se transforma en un continente protestante.

                      Hay una resistencia psicológica, miedo de tener que ver algo, entonces no se toca. Es ese el desafío principal y es por que habría que reconocer que han escogido a los ricos, han escogido permanecer con la clase alta, con la burguesía y eso es evidente pero no quieren verlo. En Chile eso es más que evidente, aquí es espectacular, el desarrollo que tiene en las universidades católicas, los colegios del Opus y los Legionarios.

                      Por mi parte considero que el porvenir del cristianismo está en China, Corea, Filipinas, Indonesia. Se estima que sólo en China hay 130 millones de cristianos, martirizados porque prácticamente están perseguidos. En Brasil no hay esa cifra, sería difícil encontrar a 30 millones. Casi todos son evangélicos”.

                        P: Si tuviera la posibilidad de decirle algo a cientos de sacerdotes jóvenes, si pudiera hablar directamente con ellos y abrirle los ojos en esta situación ¿qué les diría?

                        R: “Yo les diría: “váyanse a vivir a las poblaciones para conocer la realidad, porque si no conocen todo es palabras. Nuestra aliada es la realidad, el que no ve la realidad no ve lo que es la humanidad. Se queda con palabras y discurso, pero no puede crear nada. No hay receta pero si se van, porque tienen cabeza y corazón, descubrirán lo que hay que hacer”

                          P: ¿Y qué le parece que canonicen a Juan Pablo II, como él lo hizo con monseñor Escrivá de Balaguer?

                          R: “El papado de Juan Pablo II fue catastrófico. Todos los que han hecho su carrera con él han podido ser cardenales, a pesar de su mediocridad personal. No merecían nada pero él los promovió,  ¡claro que ahora quieren canonizarlo! Una vez  que han canonizado a Escrivá, todo el mundo sabe que se puede ser santo sin tener virtud alguna”.

                            ENVÍA ESTE DOCUMENTO PARA SU DIFUSIÓN, HOY 5 DE ENERO DE 2011:

                            Movimiento TeologìaS de la Liberaciòn – Chile

                            Cuadernos Opciòn Por los Pobres-Chile

                            Correo: opcion_porlospobres_chile@yahoo.com

                            Rosas 2090. Santiago – Chile

                            Fuente: Atrio.org

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                            José Comblin Reflexión del Mes

                            ¿Qué nos está pasando en la Iglesia? Por José Comblin

                            Buenas tardes a todas y todos.

                            No es la primera vez que hablo en este lugar, pero agradezco mucho la amistad de Jon Sobrino, que nos conocemos desde hace tanto tiempo y yo lo estimo como una de las cabezas más lúcidas de este tiempo que renovó completamente la cristología.

                            Desconcierto Actual

                            Bueno…Las preguntas de ayer me han dado la impresión que en muchas personas hay un cierto desconcierto en la situación actual de la Iglesia. O sea, como una sensación de inseguridad. Como decía Santa Teresa, de “no saber nada al respecto, que nada provoque temor”. Cuando era joven yo conocí algo semejante y, tal vez, peor. Era el pontificado de Pio XII. Él había condenado a todos los teólogos importantes, había condenado todos los movimientos sociales importantes, por ejemplo, la experiencia de los padres obreros en Francia, Bélgica y otros países. Ahí nosotros jóvenes seminaristas y después jóvenes sacerdotes estábamos más que desconcertados, preguntándonos Pero, ¿todavía hay porvenir? Yo me acuerdo que en aquel tiempo había leído una biografía de un autor austríaco del papa Pio XII. Y ahí contaba algunas palabras que había escrito el P. Liber, jesuita, profesor de Historia de la Iglesia en la Gregoriana. El P. Liber era confesor del papa. Sabía todo lo que pasaba en la cabeza de Pio XII y entonces decía: “Hoy la situación de la iglesia Católica es igual a un castillo medieval, cercado de agua, levantaron el puente y tiraron las llaves al agua. Ya no hay manera de salir (risas). O sea, la Iglesia está cortada del mundo, no tiene más ninguna posibilidad de entrar”. Eso dicho por el confesor del papa, que tenía motivos para saber esas cosas. Después de eso vino Juan XXIII y ahí, todos los que habían sido perseguidos, de repente son las luces en el Concilio y de repente todas las prohibiciones se levantan. Ahí renació la esperanza. Digo esto para que no se perturben. Algo vendrá… algo vendrá que no se sabe qué, pero algo siempre pasa.

                            Fase final de la Cristiandad

                            ¿Cómo explicar esas situaciones que todavía pueden recomenzar? Porque nos estamos acercando a la fase final de la cristiandad. Ya hace muchos siglos que han anunciado la muerte de la cristiandad… que está agonizando desde hace 200 años, pero todavía puede continuar su agonía durante algunas décadas o algunos años. O sea, ha dejado de ser la conciencia del mundo occidental. Ha dejado de ser la fuerza que anima, estimula, aclara, explica la fuente de la cultura, la economía, de todo lo que fue durante el tiempo de la cristiandad. Eso se ha destruido progresivamente desde la Revolución Francesa y aquí desde la independencia, desde la separación del imperio español. Entonces, poco a poco, han aparecido muchos profetas que han dicho que se ha muerto la cristiandad… hace 200 años ya. Pero la fachada es tan fuerte, resiste tanto, que se mantiene una tensión constante. Pero ahora sí creo que la cristiandad está entrando en sus fases finales. ¿Quieren una señal? La encíclica Caritas in Veritate… No sé cuántas personas aquí han leído la encíclica. Si se ve qué repercusión ha tenido en el mundo: impresionante silencio… Tal vez silencio respetuoso pero más probablemente silencio de indiferencia. A nadie ya le importa la doctrina social de la iglesia…. que también ha dejado de interesarse de lo que sucede en la realidad concreta.

                            Hace algunos años un sociólogo jesuita muy importante el P. Calvez, que tuvo un papel importantísimo en la creación, manutención de la doctrina social de la iglesia, publicó un libro con el título: “Los silencios de la doctrina social de la iglesia”. Todavía está en silencio. Deja de entrar con fuerza en los problemas del mundo actual; se queda con teorías tan vagas, tan abstractas, tan generales…la carta Caritas in Veritate podría ser firmada por el Fondo Monetario Internacional (risas), por el Banco Mundial… sin ningún problema. No hay absolutamente nada que incomode a esa agente. ¿Entonces para qué? Eso es señal.

                            ¿Quieren otra señal? La Conferencia de Aparecida ha dicho muchísimas cosas muy buenas; quiere transformar la iglesia en una misión, pasar de una iglesia de “conservación” a una iglesia de “misión”. Sólo que piensa que eso va a ser hecho por las mismas instituciones que no son de misión sino de conservación. Eso va a ser hecho por las diócesis, por la parroquia, por los seminarios, por las congregaciones religiosas. Estos aquí de repente y por milagro van a transformarse en misioneros. Hace tres años ya y ¿que pasó en su diócesis? ¿Cómo se aplicó la opción por los pobres? No sé cómo es aquí, pero en Brasil no veo mucha transformación. Es decir, la cristiandad se está disolviendo progresivamente; pero el problema es después. Después ¿qué? ¿Qué viene… cómo? De ahí la inseguridad porque no sabemos lo que viene después. Pero al fin quedémonos con lo que dice Santa Teresa: no nos perturbemos. Esto sucedió muchas veces en la historia y todavía va a suceder probablemente muchas veces. Hay que aprender a resistir, a aguantar, no dejarse desanimar o perder la esperanza por eso que sucede.

                            Lo que sucede es que en Roma no se convencen que la cristiandad ha muerto. Creen que las encíclicas iluminan el mundo; creen que las instituciones eclesiásticas iluminan y conducen el mundo. O sea, Es un mundo cerrado, que de hecho viven en un castillo medieval, cercado de agua. Y entonces ¿qué pasa? Vamos a ver cómo interpretar, cómo ver lo que está pasando. Y de ahí ver cuál es el “método teológico” que conviene para eso.

                            El evangelio viene de Jesucristo. La religión no viene de Jesucristo

                            Hay que partir de una distinción básica que ahora varios teólogos ya han propuesto entre el evangelio y la religión.

                            El evangelio viene de Jesucristo. La religión no viene de Jesucristo. El evangelio no es religioso. Jesús no ha fundado ninguna religión. No ha fundado ritos; no ha enseñado doctrinas; no ha organizado un sistema de gobierno… nada de eso. Se dedicó a anunciar, promover el reino de Dios. O sea, un cambio radical de toda la humanidad en todos sus aspectos. Un cambio, y un cambio cuyos autores serán los pobres. Se dirige a los pobres pensando que solamente ellos son capaces de actuar con esa sinceridad, con esa autenticidad para promover un mundo nuevo. ¿Eso sería un mensaje político? No es político en el sentido de que propone un plan, una manera…no, para eso la inteligencia humana es suficiente; pero como meta política, porque esto es una orientación dada a toda la humanidad.

                            Y… ¿La religión? ¡Aah! Jesús no ha fundado una religión pero sus discípulos han creado una religión a partir de Él. ¿Por qué? Porque la religión es algo indispensable a los seres humanos. No se puede vivir sin religión. Si la religión actual aquí se desintegra, ¡hay 38.000 religiones registradas en Estados Unidos! O sea, no faltan religiones, aparecen constantemente. El ser humano no puede vivir sin religión, aunque se aparte de las grandes religiones tradicionales. Entonces, la religión es una creación humana. Entre la religión cristiana y las demás religiones, la estructura es igual. Es una mitología. Tal como hay una mitología cristiana, hay una mitología hinduista, sintoísta, confucionista… Eso es parte indispensable para la humanidad. O sea, cómo interpretar todo lo incomprensible de la humanidad por la intervención de seres con entidades sobrenaturales, fuera de este mundo, que están dirigiendo esta realidad.

                            En segundo lugar, una religión son ritos; ritos para apartar las amenazas y para acercarse a los beneficios. Todas las religiones tienen ritos. Y todas tienen gente separada, preparada, para administrar los ritos; para enseñar la mitología. Esto es común a todos. Entonces esto debía suceder con los cristianos también. debía suceder. ¿Cómo podrían vivir sin religión?

                            ¿Cómo empezó esa religión? Debe haber comenzado cuando Jesús se transformó en objeto de culto. Lo que sucedió bastante temprano, sobre todo entre los discípulos que no lo habían conocido, que no habían vivido con él, que no habían estado cerca. Entonces la generación siguiente o los que vivían más distantes, más lejos, entonces para ellos Jesús se transformó en objeto de culto. Con eso… se des-humanizó progresivamente. El culto de Jesús va remplazando el seguimiento de Jesús. Jesús nunca había pedido a los discípulos un acto de culto; nunca había pedido que le ofrecieran un rito… nunca. Pero sí quería el seguimiento, su seguimiento. Esa dualidad comienza a aparecer temprano; 30 años, 40 años después de la muerte de Jesús, ya aparece con fuerza suficiente para que Marcos escribiera en su evangelio precisamente para protestar contra esas tendencias de des-humanización, o sea, de hacer de Jesús un objeto de culto. Este evangelio es precisamente para recordar una palabra de profeta: ¡No! Jesús era eso. Jesús ha hecho eso, ¡vivió aquí en este mundo! Vivió aquí en esta tierra.

                            Con el desarrollo de la religión cristiana que se hizo—aquí problema para los teólogos—entonces, progresivamente esa tentación reapareció. ¡Nació un comienzo de doctrina! El símbolo de los Apóstoles. Y ¿qué dice el símbolo de los Apóstoles sobre Jesús? Aah…dice que nació y murió. Nada más. Como si lo demás no tuviera importancia, como si la revelación de Dios no fuera justamente la misma vida de Jesús, sus actos, sus proyectos, todo su destino terrestre… esa es la revelación, pero eso ya se va perdiendo de vista. Los símbolos de Nicea y Constantinopla: igual. Cristo nació y murió. El Concilio de Calcedonia define que Jesús tiene una naturaleza divina y una naturaleza humana. Pero, ¿qué es una naturaleza? Un ser humano no es una naturaleza. Un ser humano es una vida, es un proyecto, es un desafío, es una lucha, es una convivencia en medio de muchos otros. Eso es lo fundamental si queremos hacer el seguimiento de Jesús.

                            La religión: distinción entre lo sagrado y profano

                            Progresivamente aparece a partir de los primeros concilios un distanciamiento entre la religión que se forma. Con Nicea y Constantinopla ya hay un núcleo de enseñanza y de teología y la iglesia va a dedicarse a defender, promover, aumentar esa teología. Ya se han organizando grandes liturgias de Basilio o de otros, y ya se ha organizado un clero. El clero como clase separada es una invención de Constantino. Hasta Constantino no había distinción entre personas sagradas y personas profanas. Todos laicos. Porque Jesús apartó la clase sacerdotal y no había previsto ninguna manera que apareciera otra clase sacerdotal, porque todos son iguales. Y no hay personas sagradas y personas no sagradas porque para Jesús no hay diferencia entre sagrado y profano. Todo es sagrado o todo es profano.

                            Ahora, en la religión hay una distinción básica entre sagrado y profano. Todas las religiones. Y hay un clero que se dedica a lo que es sagrado. Y los otros que están en lo profano, en la religión son receptores, no son actores; no tienen ningún papel activo. Para tener un papel activo hay que ser realmente consagrado. Eso comienza al tiempo de Constantino.

                            Dos líneas en la historia cristiana

                            Y entonces a partir de aquello van a aparecer dos líneas en la historia cristiana. Los que como el evangelio de Marcos quiere recordar: ¡No!…Jesús ha venido para mostrar el camino, para que lo sigamos. Eso es lo básico, lo fundamental. Una línea que va a renovar, a aplicar en diversas épocas históricas lo que fue la vida de Jesús y como él lo enseñó. Y en toda la historia podemos seguir. Claro que no sabemos todo, porque la gran mayoría de los que siguieron el camino de Jesús fueron pobres, de los que nunca se habló en los libros de historia y entonces no han dejado documentes. Pero hay personas que han dejado documentos y con eso podemos acompañar dónde en la historia de la iglesia cristiana, dónde aparece el evangelio. Dónde se buscó primeramente la vivencia del evangelio. Los que buscaron radicalmente el camino del evangelio fueron siempre minorías, como decía Helder Camera, “minorías abrahánicas”.

                            La mayoría está en el otro polo; en la religión. O sea, dedicándose a la doctrina; enseñando la doctrina, defender la doctrina contra los herejes y las herejías… eso fue una de las grandes tareas; practicar los ritos y formar la clase sagrada, la clase sacerdotal. Eso nos lleva a una distinción que va a manifestarse en toda la historia. El polo “evangelio” está en lucha con el polo “religión” y “religión” con el polo “evangelio”. En toda la historia cristiana. Toda la historia cristiana es una contradicción permanente y constante entre los que se dedican a la religión y los que se dedican al evangelio. Claro que hay intermediarios y así no hay polos totales. Pero en la historia hay visiblemente dos historias; dos grupos que se manifiestan. La historia oficial: cuando yo era joven nos daban historia de la iglesia que era “historia de la institución eclesiástica” y entonces allí solo se hablaba de la religión, suponiendo que la religión era la introducción al evangelio. Pero eso es una suposición: que todo lo que ha nacido en el sistema católico viene de Jesús, como se decía en la teología tradicional en tiempos de la cristiandad: que todo lo que hay en la iglesia Católica Romana, al final, viene de Jesús. Con muchos malabarismos teológicos ahí se logra mostrar que todo tiene finalmente su raíz en Jesús. No tienen su raíz en otras religiones, en otras culturas. Como si los cristianos que se convierten a la iglesia fueran totalmente puros de toda cultura y toda religión. Todos traen su cultura y su religión; e introducen en su vida cristiana, elementos que son de su religión y cultura anterior y por eso resulta una religión que es siempre ambigua, compleja. Es inevitable porque los seres humanos que entran en la iglesia no son ángeles. Ellos están cargados de siglos y siglos de historia y de transmisión cultural y todo eso entra, naturalmente, a la iglesia. De ahí una oposición que en materia política, por ejemplo, se muestra claramente. Se dice: el evangelio procede de Dios y por lo tanto no puede cambiar. La religión es creación humana, por lo tanto puede y debe cambiar según la evolución de la cultura, las condiciones de vida de los pueblos en general. Si la religión queda apegada a su pasado, ella es poco a poco abandonada en favor de otra religión más adaptada; o más comprensible.

                            El evangelio se vive en la vida concreta, material, social. La religión vive en un mundo simbólico: todo es simbólico – doctrina, ritos, sacerdotes… todos son entidades simbólicas. Que no entran en la realidad material. El evangelio es universal, porque no trae ninguna cultura y no está asociado a ninguna cultura, a ninguna religión. Las religiones están siempre asociadas a una cultura. Por ejemplo, la religión católica actual está ligada a la subcultura clerical romana que la modernidad ha marginalizado, que está en plena decadencia porque sus miembros no quisieron entrar en la cultura moderna. El evangelio es renuncia al poder y a todos los poderes que existen en la sociedad. La religión busca el poder y el apoyo del poder en todas las formas de poder… ¡y son tan visibles!

                            El poder… Recuerdo que en tiempo de la prisión de los obispos en Riobamba el nuncio decía: “si la iglesia no tiene apoyo de los gobernantes, no puede evangelizar (risas)”. Uno podría pensar al revés: que si tiene el apoyo de los poderes será difícil evangelizar.

                            Pero esa es una mentalidad que está en resto de la cristiandad entre la iglesia fundida en una realidad político-religiosa y entonces, naturalmente, estaban unidas todas las autoridades: el clero y el gobierno; el clero y el ejército—todo unido. Renunciar a eso es muy difícil. Renunciar a la asociación con el poder es muy difícil. Voy a dar un ejemplo. Mi obispo actual en el Estado de Bahía, Brasil, es un franciscano, se llama Luis Flavio Carpio. Se hizo famoso en Brasil por dos huelgas de hambre que realizó para protestar contra un proyecto faraónico del gobierno, basado en una inmensa mentira. No hay tiempo para contar toda la historia… pero se hizo conocer y fue invitado en el Kirchentag de la Iglesia alemana. Después de la invitación habló en varias ciudades de Alemania. Un grupo se acercó diciendo que venían para entregarle una donación… una ayuda para sus obras. Y era bastante: unos $100.000 dólares. Él preguntó: “¿De dónde viene ese dinero? Le dijeron que son algunas empresas, algunos ejecutivos. Entonces dijo: “No acepto. No quiero aceptar el dinero que fue robado a los trabajadores, a los compradores de material”. No aceptó… ninguna alianza con el poder económico. Yo no sé cuántos en el clero no aceptarían…(aplausos). Ese obispo es un franciscano igual a San Francisco. Toda su vida ha sido así. Por eso me fui  a vivir ahí… para santificarme un poquito en contacto con una persona tan evangélica…

                            Entonces… ¿Cómo nació la Iglesia? La Iglesia de la que se habla: esa realidad histórica, concreta de la que tenemos experiencia. Para el pueblo en general la iglesia es el papa, los obispos, los padres, las religiosas, religiosos… ese conjunto institucional de la que se habla y que provoca también tanta incertidumbre como lo hemos visto. ¿Cómo nació la iglesia? Jesús no fundó ninguna iglesia. El mismo Jesús se consideraba como un judío; era el pueblo de Israel renovado y los primeros discípulos también; los doce apóstoles son los patriarcas de la iglesia del Israel renovado. La primera conciencia era que la continuación de Israel, la perfección, la corrección de Israel. Pero una vez que el evangelio penetró en el mundo griego, ahí Israel no significaba muchas cosas para ellos y allí Pablo inventa otro nombre. Da a las comunidades que funda en las ciudades el nombre de “ekklesía”, lo que se tradujo por “iglesia”. ¿Qué es la ekklesía? El único sentido que tiene en griego es “la asamblea del pueblo reunido que gobierna la ciudad”; en la práctica era la gente más poderosa, pero en fin es que en la ciudad griega el pueblo se gobierna a sí mismo y lo hace en reuniones que son “ecclesías”. Pablo no da ningún nombre religioso a las comunidades; los ve como un grupo destinados a ser la animación. El mensaje de transformación de todas las ciudades, de tal manera que están constituyendo el comienzo de una humanidad nueva: y es una humanidad donde todos son iguales; todos gobiernan a todos. Después viene la carta a los Efesios en la que se habla de iglesia como traducción del “kahal” de los judíos, o sea es el nuevo Israel. Y la ecclesía es ahí también el nuevo Israel. O sea, todos los discípulos de Jesús unidos en muchas comunidades, pero no unidos institucionalmente sino unidos por la misma fe. Todos constituyen la “ecclesìa”, la gran iglesia que es el cuerpo de Cristo. Todavía no existen instituciones.

                            Pero naturalmente no podía continuar así. Los judíos que aceptaron el cristianismo no así abandonaron todos el judaísmo. Y cuando creció el número de cristianos, el número de comunidades, allí comenzaron a penetrar algunas estructuras. En el tiempo de Pablo aún no hay presbíteros, aunque san Lucas diga lo contrario; pero san Lucas no tiene ningún valor histórico: eso ya todo el mundo lo sabe. Atribuye a Pablo lo que se hacía en su tiempo; entonces imagina que Pablo fundó presbíteros, consejos presbiterales: ¿cómo se justificaría un obispo sin ordenar sacerdotes? Entonces parece evidente un comienzo de separación todavía muy sencilla, porque todavía no hay sacralidad, no hay nada sagrado: los presbíteros no son sagrados, así como los presbíteros de las sinagogas no eran sagrados; tenían una función, una misión de gobierno, de administración, pero no una función ritual, o una función de enseñanza de una doctrina.

                            Después aparecieron los obispos. Al final del II siglo se estima que el esquema episcopal está generalizado, pero demoró bastante. Clemente de Roma, cuando publica y escribe su carta a los Corintios, dice “presbíteros”: eso no es obispo. Todavía en Roma no hay obispo, solo presbíteros. Pero se organizó el esquema episcopal. Es probable que para las luchas contra las herejías, contra el gnosticismo, se necesitaba una autoridad más fuerte, para poder enfrentar el gnosticismo y todas las nuevas religiones sincretistas que aparecen en aquel tiempo.

                            Y la Iglesia como institución universal, ¿cuándo aparece? Hubo en el siglo III concilios regionales: obispos de varias ciudades que se reunían. Pero una entidad para institucionalizar todo no existía. Quien inventó esta Iglesia universal fue el emperador Constantino. Él reunió a todos los obispos que había en el mundo con viajes pagados por él, alimentación pagada también por él y toda la organización del concilio fue dirigida por el emperador y los delegados del emperador. Esto constituye un precedente histórico. Hasta hoy no estamos libres de eso: que la Iglesia universal como institución haya nacido por el emperador.

                            Después en la historia occidental cayó el emperador romano y allí progresivamente el papa logró llegar a la función imperial. Se dieron muchas luchas en la Edad Media entre el papa y el emperador, pero siempre el papa se estimaba superior al emperador. En las cruzadas, el papa era generalísimo de todos los ejércitos cristianos; era una personalidad militar: comandante en jefe del ejército cristiano. Y dentro de la línea de los Estados pontificios, todavía esto se mantiene

                            Cuando el papa perdió el poder temporal, allí reforzó su poder sobre las Iglesias: y gobierna a las Iglesias como un emperador, o sea todos los poderes son centralizados en una sola mano y con todas las ventajas de una corte: porque si no hay nada de democracia en la Iglesia. ¿Quiénes son los que orientan al papa? ¡La corte! Los cortesanos, los que están allí cerca. Claro que él no puede hacer todo, pero en fin una corte separada del pueblo cristiano. Todavía estamos sufriendo las consecuencias de aquello. El papa Pablo VI dijo en algunos momentos que realmente había que cambiar la función actual del papa o sea de lo que hace el papa. Juan Pablo II en la “Unum sint” dice también hay que darse cuenta de que el gran obstáculo en el mundo de hoy es esa concentración de todos los poderes en el papa; habría que encontrar otra manera de ejercer eso. Eso para decir que todo esto pertenece a la religión.

                            Tarea de la teología: en el evangelio y en la religión

                            A partir de eso, ¿cuál es la tarea de la teología? Es compleja, justamente porque tiene una tarea en el Evangelio y una tarea en la religión. La teología fue durante siglos la ideología oficial de la Iglesia. Su papel era justificar todo lo que dice y hace la Iglesia con argumentos bíblicos, con argumentos de tradición, liturgia, y un montón de cosas que yo aprendí cuando estaba en el seminario. Claro que no lo creía (risas), pero todavía la mayoría lo cree. Entonces, ¿qué pasa?

                            Primera tarea: ¿qué dice el Evangelio?

                            Entonces primero: primera tarea, el Evangelio, ¿qué dice? ¿Qué es lo que es de Jesús? ¿Qué es lo que es penetración del judaísmo, penetración de otra cultura, penetración de otro tipo de religión? ¿Qué es lo que viene de Jesús según el Nuevo Testamento? Todo el Nuevo Testamento no viene de Jesús: no; las epístolas pastorales que hablan, por ejemplo, de los presbíteros: eso no viene de Jesús. Entonces la tarea de la teología consistirá en decir qué lo que es de Jesús, qué es lo que realmente quiso, qué lo que realmente hizo y en qué consiste realmente el seguimiento de Jesús.

                            Viendo en la historia, ¿cuáles fueron las manifestaciones, dónde, en formas diferentes, porque las situaciones culturales eran diferentes, dónde podemos reconocer la continuidad de esa línea evangélica? Porque si queremos penetrar en el mundo de hoy y presentar el cristianismo al mundo de hoy, todo lo que es religioso no interesa. Lo que puede interesar es justamente el Evangelio y el testimonio evangélico. Nadie va a convertirse por la teología: usted puede hacer todas las mejores clases, nadie va hacerse cristiano por motivo de la teología. Por eso me pregunto: ¿por qué en los seminarios se cree que la formación sacerdotal es enseñar la teología? Yo no entiendo, no entiendo. ¿No hay otra cosa que hay que hacer para evangelizar? No es mucho más complejo. Por eso hace 30 años que he decidido en presencia de Dios nunca más trabajar en seminarios (risas). Porque, eso ya no.

                            Entonces la línea evangélica es esa! San Francisco. San Francisco era un extremista. No quería que sus hermanos tuvieran libros: nada de libros. Con el Evangelio basta: no se necesita nada más. El mismo decía: “Yo, lo que enseño, no lo aprendí de nadie, ni del papa; lo aprendí de Jesús directamente, por su Evangelio”. Bueno, eso es lo que puede convencer al mundo de hoy que está en una perturbación completa y que se aparta siempre más de las Iglesias institucionales antiguas, tradicionales. Todas las grandes religiones han nacido casi como entre 1.000 y 500 años antes de Cristo, salvo el Islam que apareció después; pero es como un ramo de la tradición judeo-cristiana. Entonces, primero eso.

                            ¿qué hacer con la religión?

                            Segundo la religión: ¿qué hacer con la religión? Hay que examinar en todo el sistema de religión, qué es lo que ayuda, qué realmente ayuda a entender, a comprender, a actuar según el Evangelio. ¿Eso habrá nacido por inspiración del Espíritu en monjes, por ejemplo? Si usted ve la vida de los monjes del desierto en Egipto, eso no es un mensaje: no es un mensaje y no viene del Evangelio tampoco. O sea muchas cosas vienen no se sabe de qué tradición, tal vez puede haber sido del budismo u otras cosas así. Entonces examinar qué es lo que todavía vale hoy, y sinceramente.

                            Jesús no ha instituido 7 sacramentos. Hasta el siglo 12 se discutía si eran 10, 7, 5, 9, 4: no había acuerdo; finalmente han decidido que había 7. Bueno, por motivos de 7 días del Génesis, 7 planetas, el número 7… pero hay cosas que visiblemente ya no hablan para la gente actual, por ejemplo, el sacramento de penitencia con confesión a un sacerdote. ¿Cuántos se confiesan actualmente? Hace 20 años yo atendía en la Semana Santa, en una parroquia popular, a 2.000 confesiones y el párroco también 2.000 confesiones. Hoy día: 20, 30, o sea que la gente ya no responden. Eso ha sido definido en el siglo XII, XIII: ¿por qué mantener algo que ya no tiene ningún significado y, al revés, que provoca mucho rechazo? O sea que uno necesite hablar con alguien, que al pecador le gusta hablar con alguien, pero no justamente al sacerdote: hay muchas personas, hay muchas mujeres que pueden hacer ese oficio mucho mejor, con más equilibrio, sin atemorizar como hacen los sacerdotes. Eso es una cosa…

                            Pero hay un motón de cosas que es necesario revisar porque no tienen porvenir. Entonces es inútil querer defender o mantener algo que ya es obstáculo a la evangelización y que no ayuda absolutamente en nada. En las liturgias hay muchas cosas que cambiar. La teoría del sacrificio ha sido introducida por los judíos naturalmente. En el templo se ofrece sacrificios, los sacerdotes son personas sagradas que ofrecen el sacrificio. Toda esa teoría, hoy día no significa absolutamente nada. Que el padre sea dedicado a lo sagrado para ofrecer el sacrificio y que la Eucaristía sea un sacrificio: ¿todo esto viene de Jesús? Ah, no viene de Jesús. Entonces hay que ver si eso vale o no vale. ¿Para qué mantener algo no vale?

                            Y después hay también la otra parte: lo que no ayuda, lo que ha sido infiltración de otras tendencias, otras corrientes, por ejemplo, la vida ascética de los monjes irlandeses. Irlanda fue la isla de los monjes. Allí los obispos no tenían autoridad; solamente servían para ordenar sacerdotes; pero, por lo demás podían descansar. Los que mandaban eran los monjes: los monasterios eran los centros, lo que era la diócesis actualmente. Esos monjes irlandeses vivían una vida ascética, pero tan extraordinariamente deshumana para nosotros que eso es imposible que venga de Jesús, es imposible que eso ayude, porque esos hombres allí eran super-hombres, pero no existen mas hombres semejantes hoy. Un ejercicio de penitencia que hacían, por ejemplo, era entrar en el río -en Irlanda los ríos son fríos- y quedarse allí desnudo para rezar todos los salmos (risas)… Esa manera de entender la vida, no; no hay que considerar que eso es cristiano; no es marca de santidad tampoco; no es así que se manifiesta la santidad. Examinar todo lo que viene de allá.

                            Todas las congregaciones femeninas saben cuánto hay que luchar para cambiar costumbres, tradiciones que no son evangélicas. ¡Cuántos debates! Yo conozco una serie de congregaciones femeninas y ¡cuánto tiempo que se  gasta en discusiones, disputas! entre las que quieren conservar todo y las que quieren abandonar lo que no sirve más y encontrar otro modo de vivir más adaptado a la situación actual.

                            Entonces,  tarea de la teología… Claro que es cambiar, eso cambia la tradición, deja de ser la ideología de todo el sistema romano: pero esa no tiene porvenir. Ese tipo de teología ya hace tiempo que ha sido progresivamente abandonada.

                            Nuevo franciscanismo

                            En América Latina apareció algo: hemos conocido un nuevo franciscanismo, o sea, una nueva etapa, pero radical, de vida evangélica. ¿Cuándo nació? He hablado de los obispos que han participado en eso y que animaron Medellín y de la opción por los pobres, los santos padres de América Latina. Y ustedes los conocen. Si hay que marcar el origen del nuevo evangelismo de la Iglesia latinoamericana, yo diría, -no se olviden-, el 16 de noviembre de 1965. En ese día, en una catacumba de Roma, 40 obispos, la mayoría latinoamericanos, incitados por Helder Cámara, se juntaron y firmaron lo que se llamó “el Pacto de las Catacumbas”. Allí se comprometían a vivir pobres, en la comida, en el transporte, en la habitación. Se comprometen; no dicen lo que habría que hacer; se comprometen y de hecho lo hicieron después, una vez que llegaron a sus diócesis. Y después; a dar prioridad en todas sus actividades a lo que es de los pobres, o sea, dejando muchas cosas para dedicarse prioritariamente a los pobres y una serie de cosas que van en el mismo sentido. Esos fueron los que animaron la Conferencia de Medellín. O sea, aquí nació.

                            Y tuvieron un contexto favorable: el Espíritu Santo ya en aquel tiempo había suscitado una serie de personas evangélicas. Las Comunidades Eclesiales de Base habían nacido ya. Religiosas insertas en las comunidades populares ya había. Pero, eran pocos y se sentían un poco como marginados en medio de los otros. Medellín les dio como una legitimidad y al mismo tiempo una animación muy grande, y se expandió. ¿Fue toda la Iglesia latinoamericana? Claro que no. Siempre es una minoría. Un día, me acuerdo, le preguntaron al cardenal Arns – un santo, con quien hemos vivido muy buenas relaciones de amistad -… un periodista le había preguntado: “usted, señor cardenal, aquí en Sao Paulo tiene mucha suerte, toda la Iglesia se hizo Iglesia de los pobres, las monjas todas al servicio de los pobres: ¡qué cosa magnífica!”. Ahí, Dom Paulo dijo: “Sí pues, aquí en Sao Paulo 20% de la religiosas se fueron a las comunidades pobres; 80% se quedaron con los ricos”. Era mucho. Hoy día no hay 20%.

                            Esto fue una época de creación, una de esas épocas que hay a veces en la historia donde una efusión muy grande del Espíritu. Pero tenemos que vivir esa herencia: es una herencia que hay que mantener, conservar preciosamente porque eso no va a reaparecer. A veces me preguntan: ¿Por qué hoy día los obispos no son como en aquel tiempo? Porque en aquel tiempo es la excepción, o sea, en la historia de la Iglesia es la excepción: de vez en cuando el Espíritu Santo manda excepciones.

                            Y ¿quién va a evangelizar el mundo de hoy?

                            Y ¿Quién va a Evangelizar el mundo de hoy? Para mí, son los laicos. Y ya aparecen muchos grupitos de jóvenes que justamente practican una vida mucho más pobre, libres de toda organización exterior, viviendo en contacto permanente con el mundo de los pobres. Ya hay; habría más si se hablara más, si fueran más conocidos. Puede ser una tarea también auxiliar de la teología: divulgar lo que está pasando realmente, dónde está el Evangelio vivido en este momento, para darlo a conocer, para que se conozcan mutuamente, porque de lo contrario pueden perder ánimo o no tener muchas perspectivas. Una vez que se unan, formen asociaciones, cada cual con su tendencia, su modo de espiritualidad. No espero mucho del clero. Entonces es una situación histórica nueva.

                            Pero sucede que, en este momento, los laicos han dejado de ser analfabetos, eso ya hace tiempo: tienen una formación humana, una formación cultural, una formación de su personalidad que es muy superior a lo que se enseña en los seminarios. O sea, tienen más preparación para actuar en el mundo, aunque no tengan mucha teología. Se podría dar más teología, pero es otro asunto. Ahora no vamos a pensar que mañana  quienes que van a realizar el programa de Aparecida, van a ser los sacerdotes? Yo no conozco todo, pero los seminarios que yo conozco, las diócesis que yo conozco, se necesitaría 30 años para formar un clero nuevo: y ¿quién va a formarlo?

                            Para los laicos es distinto: hay muchísima gente dispuesta, y gente con formación humana, con capacidad de pensar, de reflexionar, de entrar en relación y contactos, de dirigir grupos, comunidades, grupos. Pero muchos todavía no se atreven, no se atreven. Pero ahí está el porvenir.

                            Para terminar con una anécdota: me llamaron a Fortaleza, en el nordeste de Brasil. Ahora, Fortaleza es una ciudad muy grande: un millón de habitantes. La Santa Sede había apartado, marginado al cardenal Aloiso Lorscheider, mandándolo al exilio en Aparecida que es un lugar de castigo para los obispos que no han agradado. Entonces allí vino un sucesor, Dom Claudio Humes que ahora es cardenal en Roma. Claudio Humes suprimió todo lo que había de social en la diócesis, despidió a todos: 300 personas con la larga trayectoria de servicio, con capacidad humana; así, sencillamente. Un día me llamaron: eran 300, llorando, lamentando: “y ahora no podemos hacer nada; y ahora, ¿qué pasa?”. Yo les dije: “pero, ustedes son personas perfectamente humanizadas, desarrolladas, con una personalidad fuerte. Han tenido éxito en su familia, han tenido éxito en sus carreras, en sus trabajos profesionales. ¿De qué ahora se preocupan si el obispo quiere o no quiere? ¿Por qué se preocupan si el párroco quiere o no quiere? Ustedes tienen toda la formación suficiente y la capacidad: ¿Por qué no actúan, no forman una asociación, un grupo, en forma independiente? Porque el derecho canónico -como muchos católicos no saben-, el derecho canónico permite la formación de asociaciones independientes del obispo, independientes del párroco -eso no se enseña mucho en las parroquias, pero es justamente algo que sí, es importante. Entonces ustedes pueden muy bien juntar 4, 5 personas para organizar un sistema de comunicación, un sistema de espiritualidad, un sistema de organización de presencia en la vida pública, en la vida política, en la vida social: 300 personas con ese valor. Si paga, si tiene que pagar a 5, cada uno va a gastar ni siquiera el 2% de lo que gana, o sea pueden muy bien mantener a 5 personas dedicadas a eso. Y van a escogerlos entre 25 y 30 años porque esa es la época creativa. Hasta los 25, el ser humano se busca. A partir de este momento termina sus estudios, ya ha conseguido un trabajo. Entonces ya quiere definir su vida: estos son los que tienen capacidad de inventar. Todas las grandes invenciones se han hecho por gente con esa edad.  Pero no lo hicieron: ¿Por qué? ¿qué pasa? ¿Por qué tanta timidez? Ustedes que son tan capaces en el mundo, ¡en la Iglesia nada! No se sentían capaces, necesitaban del obispo que les diga qué hacer, necesitan sacerdotes que les digan: ¿Cómo es posible? A lo mejor no se les enseñó: pueden ser adultos en la vida civil y niños en la vida religiosa.

                            ¡Pero nosotros podemos! Nosotros podemos hacerlo y multiplicarlo en todas las regiones que vamos a conocer. Entonces el porvenir depende de grupos de laicos semejantes, que ya existen aunque todavía estén muy dispersos. El porvenir está ahí: es nuestra tarea a todos, empezando por los jóvenes. En Brasil hay en este momento 6 millones de estudiantes universitarios; 2 millones son de familias pobres -son pobres los que ganan menos de 3 sueldos vitales, porque con menos de 3 sueldos vitales no se puede vivir decentemente-. Dos millones. Y ¿cuál es la presencia del clero? Poquísimos; algunos religiosos. ¿De las diócesis? Nada. Y allí está el porvenir. Son jóvenes que están descubriendo el mundo. Claro, hay unos que entren en las drogas, que se corrompen, pero es una minoría, o sea, el conjunto son personas que quieren hacer algo en la vida. Si no conocen el Evangelio no van a vivir como cristianos: hay que explicar, pero no explicar con cursos de teología, sino explicar haciendo, allí participando de actividades que de hecho son realmente servicios a los pobres. Eso sí, se puede.

                            Tarea de la teología…Entonces habrá que cambiar un poquito: menos académico, más orientado hacia al mundo exterior… con todos los que no están más en la red de influjo de la Iglesia, que no reciben. Pero, presencia en eso. Y una teología que se pueda leer, sin tener formación escolástica, porque anteriormente si no se tenía formación aristotélica no se podía entender nada de esa teología tradicional. Bueno, la filosofía aristotélica ha muerto, o sea, los filósofos del siglo XX la han enterrado. Entonces, ahora tenemos libertad a ver en el mundo como nos abrimos. Gracias por su atención. (aplausos).

                            Fuente: Atrio.org

                            Transcriptor – Editor:

                            Enrique A. Orellana F. Conferencia realizada en Universidad Centroamericana José Simeón Cañas. UCA. Extraída de exposición versión en

                            audio 18 de Marzo de 2010. San Salvador. CUADERNOS OPCION por los POBRES – CHILE. Movimiento Teología de la Liberación – Chile?Correo: opcion_porlospobres_chile@yahoo.com Rosas 2090 – D. Santiago

                            Fuente Audio: Lamiarrita

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                              Con Usted al Paso Eduardo de La Serna Franciscanismo Leonardo Boff

                              “Quiero crear angustia”. Por Leonardo Boff

                              “Infalible no es el Papa, es Internet”, dice este hombre de 71 años que destila un humor irónico mientras camina con dificultad por las veredas que lo llevan hasta La Cañada.
                              Leonardo Boff, referente máximo de la Teología de la Liberación, cáustico crítico de la Iglesia como institución, estuvo aquí por tercera vez para recibir una distinción de la Universidad Nacional de Córdoba y difundir la visión renovada de su pensamiento, siguiendo con lo que él define como su “gitanismo intelectual”.
                              Desde allí, explicita su misión actual: “Mi función no es crear consuelo, quiero crear angustia en una Humanidad que corre peligro”.
                              Vital, apasionado y muy afectuoso, dice que Stephen Hawking buscaba la explicación científica del todo, pero renunció. “Se dio cuenta de que eso no explica lo más importante de la vida: el amor, la amistad, la generosidad, esa irrupción fantástica en la que uno se apasiona por el otro. Eso no está en ninguna fórmula matemática”, afirma quien es uno de los redactores de la Carta de la Tierra, adoptada por las Naciones Unidas (ONU).

                              –¿En qué consiste hoy la Teología de la Liberación?

                              –Durante las dictaduras militares, era una fuerza de resistencia basada en obreros y campesinos. Después se descubrió que el abanico de pobres era más amplio: indígenas, negros, mujeres. Ahora, a partir de la década de 1990, se ve que la misma lógica que explota a las personas y a los países, explota también a la naturaleza. Dentro de la opción por los pobres, que es la marca registrada de la Teología de la Liberación, hay que insertar al gran pobre que es el planeta Tierra. Así nació una ecoteología de liberación.

                              –¿Por qué el hombre actúa contra su propio planeta?

                              –Yo creo que se debe a la ignorancia, a la falta de perspectiva global por no tener informaciones básicas que permitan tomar decisiones verdaderas. Ven sólo sus intereses individuales, no el interés del país y menos el del planeta.

                              –¿Cómo se resuelve esa contradicción?

                              –Muchos políticos son corruptos y no representan a sus poblaciones, sino a los capitales y comerciantes y deciden en función de esos intereses. La sociedad civil mundial tiene que tomar en sus manos ese asunto, presionar, crear sus lobbies, estigmatizar empresas.
                              Coca-Cola y Nestlé, por ejemplo, están privatizando fuentes de agua. El agua es vida y quien controla la vida tiene poder, un poder de vida o muerte. Entonces hay que denunciarlos.

                              –Stephen Hawking dice que la Tierra es insalvable y propone la colonización del espacio.

                              –Es una solución desesperada, pero que no tiene viabilidad, porque lo que sabemos hoy por la Hipótesis de Gaia de James Lovelock es que la propia vida ha creado la atmósfera. Entonces, habría que llevar vida y generar condiciones previas para que el ser humano pueda vivir. Y de los planetas que conocemos, ninguno tiene esas condiciones. Creo que la tesis más sensata es decir: nosotros somos un producto de la evolución que ha creado la Tierra; la Tierra ha creado la vida; la vida ha creado al ser humano. Somos seres de este planeta y vamos a participar de su destino.

                              –¿Qué hacemos para salvarlo?

                              –Con el paradigma de aumentar el producto interno bruto (PIB), la Tierra no aguanta. Y si de verdad queremos generalizar el bienestar de los países ricos a toda la Humanidad, necesitaríamos tres Tierras. El proyecto dominante es el crecimiento y el consumo ilimitados, pero los recursos son limitados. La Tierra es pequeña, vieja, y no podemos seguir ese plan porque ya no aguanta. Tenemos que pasar de una sociedad industrial que explota la Tierra a una sociedad de sustentación con todas las formas de vida, que es la tesis básica de la Carta de la Tierra.

                              –¿Cómo lo hacemos?

                              –La humanidad, a mi juicio, va a aprender del sufrimiento. Los escenarios mundiales son dramáticos: inundaciones, sequías, terremotos, huracanes, luchas por el agua. Eso puede ser leído de dos maneras: o como una tragedia que termina con la especie humana o como una gran crisis de civilización. La humanidad ha vivido muchas crisis de civilización y sobrevivió.

                              –Usted sigue adelante con su intento de convencer a la mayor cantidad de gente.

                              –Los políticos tienen que hacer hoy; los intelectuales, pensar para que la Humanidad empiece a hacer otra cosa. Sugiere ideas y pensamientos. Mi función no es traer consuelo, quiero crear angustia. Porque la angustia hace pensar, hace discutir.

                              –¿Cómo ve a la Iglesia hoy?

                              –La Iglesia padece una enfermedad muy grande que es el fundamentalismo. Este Papa publicó un documento cuando era cardenal –y lo reafirmó como Papa– que se llama Dominus Iesus. Es el intento de volver a una perspectiva medieval, afirmando que fuera de la Iglesia no hay salvación. La única Iglesia verdadera es la católica. Si se le agrega el escándalo de los pedófilos, es la crisis más grande de la Iglesia después de la Reforma, porque afecta el nudo fundamental de la Iglesia que es su respetabilidad, su confiabilidad, su capital ético, espiritual, afecta a su corazón. Tenemos un liderazgo muy débil que crea confusión en la cabeza de muchos cristianos. Son los límites de la figura de este Papa que fue siempre un profesor, nunca un pastor. Está empezando a ser pastor, pero sin mucho suceso porque se peleó con los musulmanes, con los judíos, con las mujeres. Se ve que no sabe manejar un cuerpo de más de mil millones de personas.

                              –¿Qué pasa en América latina?

                              –Acá estamos lejos del centro. Hay mucha vitalidad en las bases de la Iglesia. Por ejemplo, en Brasil hay una red enorme de pastorales sociales y eso se repite en otros países. Simultáneamente, la Iglesia oficial tiene los dos oídos pegados a Roma. Nos escandalizamos mucho cuando vemos cardenales viviendo como príncipes, como grandes señores. A mí me preguntan cómo compaginar eso. Pero no hay que compaginar, hay que denunciar, porque todo eso es contra el Evangelio. El cristianismo ha tenido raíces en el Primer Mundo pero hoy es una religión del Tercer Mundo y Roma no quiere saber nada. Tenemos que hacer hincapié ahí, pedir más poder, más cardenales en Roma. Quisiera un Papa que venga de la periferia del mundo, que sienta en la piel la injusticia y el dolor de la Humanidad.

                              –¿Cuál es el futuro de la Iglesia?

                              –Así como va, quedará como una secta de Occidente, insignificante, mientras la globalización abarca a todos. Eso es lo peor que puede acontecerle a la Iglesia de Jesús. No merece eso, porque es una herencia tan generosa, tan humanitaria, del amor incondicional, de aceptar a todas las personas.

                              Fuente: La Voz del Interior

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                              Dónde está la verdadera crisis de la Iglesia. Por leonardo Boff

                              La crisis de la pedofilia en la Iglesia romano-católica no es nada en comparación con la verdadera crisis, esta sí, estructural, crisis que concierne a su institucionalidad histórico-social. No me refiero a la Iglesia como comunidad de fieles. Ésta sigue viva a pesar de la crisis, organizándose de forma comunitaria, y no piramidal como la Iglesia de la Tradición. La cuestión es: ¿que tipo de institución representa a esta comunidad de fe? ¿Cómo se organiza? Actualmente, ella aparece como desfasada de la cultura contemporánea y en fuerte contradicción con el sueño de Jesús, percibido por las comunidades que se acostumbraron a leer los evangelios en grupos y hacer así sus análisis.

                              Dicho de forma breve pero sin caricatura: la institución-Iglesia se sustenta sobre dos formas de poder: uno secular, organizativo, jurídico y jerárquico, heredado del Imperio Romano y otro espiritual, asentado sobre la teología política de San Agustín acerca de la Ciudad de Dios que él identifica con la institución-Iglesia. En su montaje concreto no cuenta tanto el Evangelio o la fe cristiana, sino estos poderes que reivindican para sí el único «poder sagrado» (potestas sacra), incluso en su forma absolutista de plenitud (plenitudo potestatis), en el estilo imperial romano de la monarquía absolutista. César detentaba todo el poder: político, militar, jurídico y religioso. El Papa, de manera semejante, detenta igual poder: «ordinario, supremo, pleno, inmediato y universal» (canon 331), atributos que solo caben a Dios. El Papa institucionalmente es un Cesar bautizado.

                              Ese poder que estructura la institución-Iglesia se fue constituyendo a partir del año 325 con el emperador Constantino y fue oficialmente instaurado en 392 cuando Teodosio, el Grande (+395) impuso el cristianismo como la única religión del Estado. La institución-Iglesia asumió ese poder con todos los títulos, honores y hábitos palaciegos que perduran hasta el día de hoy en el estilo de vida de los obispos, cardenales y papas.

                              Este poder adquirió, con el tiempo, formas cada vez más totalitarias y hasta tiránicas, especialmente a partir del Papa Gregorio VII que en 1075 se autoproclamó señor absoluto de la Iglesia y del mundo. Radicalizando su posición, Inocencio III (+1216) se presentó no sólo como sucesor de Pedro sino como representante de Cristo. Su sucesor, Inocencio IV (+1254), dio el último paso y se anunció como representante de Dios y por eso señor universal de la Tierra, y podía distribuir porciones de ella a quien quisiera, como se hizo después a los reyes de España y Portugal en el siglo XVI. Sólo faltaba proclamar infalible al Papa, lo que ocurrió bajo Pio IX en 1870. Se cerró el círculo.

                              Ahora bien, este tipo de institución se encuentra hoy en un profundo proceso de erosión. Después de más de 40 años de continuado estudio y meditación sobre la Iglesia (mi campo de especialización) sospecho que ha llegado el momento crucial para ella: o cambia valientemente, encuentra así su lugar en el mundo moderno y metaboliza el proceso acelerado de globalización, y ahí tendrá mucho que decir, o se condena a ser una secta occidental, cada vez más irrelevante y vaciada de fieles.

                              El proyecto actual de Benedicto XVI de «reconquista» de la visibilidad de la Iglesia contra el mundo secular está destinado al fracaso si no procede a un cambio institucional. Las personas de hoy ya no aceptan una Iglesia autoritaria y triste, como si fuesen a su proprio entierro. Pero están abiertas a la saga de Jesús, a su sueño y a los valores evangélicos.

                              Este crescendo en la voluntad de poder, imaginando ilusoriamente que viene directamente de Cristo, impide cualquier reforma de la institución-Iglesia pues todo en ella sería divino e intocable. Se realiza plenamente la lógica del poder, descrita por Hobbes en su Leviatán: «el poder quiere siempre más poder, porque el poder sólo se puede asegurar buscando más y más poder». Una institución-Iglesia que busca así un poder absoluto cierra las puertas al amor y se distancia de los sin-poder, de los pobres. La institución pierde el rostro humano y se hace insensible a los problemas existenciales, como los de la familia y la sexualidad.

                              El Concilio Vaticano II (1965) trató de curar este desvío por medio de los conceptos de Pueblo de Dios, de comunión y de gobierno colegial. Pero el intento fue abortado por Juan Pablo II y Benedicto XVI, que volvieron a insistir en el centralismo romano, agravando la crisis.

                              Lo que un día fue construido, puede ser deconstruido otro día. La fe cristiana posee fuerza intrínseca para, en esta fase planetaria, encontrar una forma institucional más adecuada al sueño de su Fundador y más en consonancia con nuestro tiempo.

                              [Traducción de MJG]