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Diplomacia suciaLas fuerzas armadas defendieron todas las arbitrariedades con que se violaron los derechos humanos durante la dictadura, con el argumento de que se trataba de una “guerra sucia”, como si esa suciedad pudiera tapar su propia inmundicia represora. La diplomacia suele tomarse como sinónimo de astucia, investigación, negociación y, si es necesario, engaño en condiciones y propuestas. La diplomacia eclesiástica ha logrado solucionar así un grave problema. Es el referido a los delitos cometidos por miembros de la vicaría castrense durante la época del Proceso. Desde Baseotto acusado de indisciplina por su calificación del ministro de salud, pero también sospechoso de complicidad con la venta de bebés durante su estadía en Añatuya, hasta los capellanes Zancherra (ESMA), Mecchia (Campo de Mayo), Maffezzini (Armada) las acusaciones de complicidad con las desapariciones y torturas de la “guerra sucia”, no han sido atendidas por la Iglesia oficial. Se ha optado, en cambio, por la vía más delicada, frente a los reclamos del ministerio de defensa y la secretaría de derechos humanos, de cambiar de oficio a los acusados o de dar por terminados sus servicios por motivos de edad. Así continuarán gozando de los beneficios económicos de altas jubilaciones, y la institución conservará su prestigio gracias a haber logrado ocultar los delitos de sus representantes y haberse plegado de alguna manera a sus conductas aberrantes, cubriéndolos con su manto de simulación e intereses. Desconociendo oficialmente los abusos cometidos por todos esos capellanes que tranquilizaron las conciencia de los torturadores y se aprovecharon de su propia influencia religiosa para obtener confesiones y delaciones sin condenar jamás los métodos empleados para arrancarlas, la Iglesia considera concluido felizmente el asunto. Cristian Von Wernich, sin embargo, deberá soportar los testimonio de más de cientos de personas que lo vieron como aliado de los policías torturadores o se consideraron sus víctimas después de haber confiado en la ayuda espiritual que les ofrecía Se trata de un juicio oral que durará de julio a septiembre. Desde luego que se jugarán todas las cartas para que tenga la menor trascendencia posible y como en tantas otras oportunidades, después de unas semanas, el asunto quedará olvidado con las intervenciones “diplomáticas” de los funcionarios eclesiásticos más importantes. Silenciado está igualmente el caso de Miguel Regueiro, actualmente párroco en Córdoba, (ex capellán del batallón de S. Nicolás y luego del Tercer Cuerpo, involucrado en la causa que investiga la desaparición de personas y violación de derechos humanos. Como resultado quizás de todos estos manejos diplomáticos, también ha quedado “cajoneado” el interesante proyecto de la senadora Bortolozzi para suprimir la vicaría castrense que, en realidad no cumple con otra función que la de proporcionar salarios elevados a los capellanes y constituir un enclave ideológico sacralizante de lo antidemocrático y elitista dentro de las Fuerzas armadas. Si se tratara simplemente de diplomacia no escandalizaría que el comportamiento negociador procurara terminar los asuntos con la mayor discreción. Pero se trata de diplomacia eclesiástica que debería obedecer a otras reglas que la de mantener privilegios e intereses sólo institucionales, al menos cuando se trata de violación de derechos humanos fundamentales. Aquí no debería existir la diplomacia sucia. |
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