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Economía y mujer(¡andá a lavar los platos!) Con las mismas apetencias de Cobos, Carrió, Moyano, Reuteman, Duhalde y otros, de adquirir notoriedad para las pujas electorales, el Sr. Martín Redrado aprovechó su desalojo de la presidencia del Banco Central para utilizar todas las oportunidades brindadas con gusto y abundancia por la prensa oral, escrita y televisiva. No dejó de decir ninguna de las cosas que se le ocurrían, y los medios no dejaron de amplificar apasionadamente sus afirmaciones descalificantes. Entre tanto los “entendidos” tejían rumores sobre los posibles candidatos para llenar la vacante. Pero lo que nunca pensaron, y si lo pensaron lo desecharon como mal pensamiento y el colmo del desatino, fue que el cargo fuera ocupado por una mujer. Y así sucedió realmente. Mercedes Marcó del Pont, con excelente curriculum profesional aunque con la mancha de kirchnerismo, pasó a dirigir el Banco central en momentos que muchos consideran muy riesgosos por la situación financiera internacional. Con acentos de discriminación y burla brotaron enseguida las objeciones. Encuestas para probar que la gente (la que responde y se ata con esas encuestas) no tiene confianza en una mujer al frente de la economía; afirmaciones de que las diferencias en el hipotálamo se reproducen en la estructura neuronal y provocan actitudes para una u otra cosa entre las cuales aparece teórica y pragmáticamente la dificultad de la mujer para manejarse en lo económico; en cambio todas las normas con sus variantes son dominadas fácilmente por los cerebros masculinos. Y entonces las exclamaciones ¡esto ya es vergonzoso internacionalmente, una mujer al frente del Banco central! Muchos se tomaron la cabeza cuando paulatinamente fueron apareciendo en el mundo mujeres excepcionales en política y buscaron la explicación machista de que se trataba sólo de una especie de sumisión imitante de las virtudes masculinas que ellas supuestamente admiran o en las que se refugian. Pero, en política ¡vaya y pase! En economía no se trata ya de blá…bla, (para lo cual dicen estar probada la superioridad femenina), sino de números concretos. Y allí, dicen, naufragan los cerebros femeninos. El error de haber elegido a Redrado con la esperanza de que su capacidad e información técnica sobrepasaran sus tendencias ideológicas promenemistas, ha sido reparado parcialmente, eligiendo a alguien que cree y entiende el proyecto oficial con la simplicidad y apertura de una mujer. Ante los reiterados fracasos de los ministros de economía de gobiernos de todas las tendencias, muchas veces hemos escuchado esta sentencia popular: allí lo que tendrían que poner es un ama de casa. De esas mujeres y madres que, en medio de una escasez a veces angustiosa de bienes materiales, se dan vuelta como pueden y con mil astucias revierten la situación y logran mantener sus hogares. El hecho de no creer que las reglas aprendidas en los libros y distintas escuelas económicas contienen todas las soluciones, y tener los ojos puestos en la realidad cambiante cada día para darle sentido humano a cualquier método científico que aspire a mejorar la realidad, es un principio que los economistas, por lo general, han abandonado. No hacen más que saltar de una regla a otra, La mujer, instintivamente, quizás por su inclinación maternal, no se desprende de la realidad y así su capacidad de adaptación supera la rigidez pétrea de muchos varones. No tenemos por qué hacer un panegírico de la persona o la gestión de Marcó del Pont, pero creemos que la novedad de esta decisión, conlleva una cantidad de posibilidades y, en su atrevimiento, significa un golpe de timón beneficioso. Por lo pronto ya es alentador tener en cuenta a quienes están en su contra. Sólo es posible esperar que los voraces tiburones masculinos, que merodean ese espacio, no la devoren demasiado pronto- |
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