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“Chi va piano, va lontano”
“Quien va lento, llega lejos”. Soy amante de los refranes porque encierran una cosecha de sabiduría popular abundante y profunda. Y me parece que éste es oportuno para ayudarnos a afrontar nuestra realidad actual. Todos quisiéramos que las cosas fueran más rápido. Que todo estuviera ya solucionado por un Gobierno que despertó múltiples esperanzas. Las críticas de algunos sectores son arrasantes. “Lo principal es esto, y todavía no han hecho nada” “Mucho meterse con los derechos humanos, pero siguen los Planes de Jefes y Jefas y la Industria nacional sigue esperando” “No han hecho nada en contra de la droga, porque le están obedeciendo a Duhalde, al que le deben el favor de ser Gobierno” “Son lo mismo que todos. Ellos están bien y el pueblo se muere de hambre” Creo que no hay que suprimir la crítica justa. Pero hay que entender que hay una jerarquía de prioridades que depende no sólo de la importancia del problema a tratar, sino del espacio en que se debe tratar. Hay leyes, presiones, vestigios del pasado, intereses de grupos muy fuertes. Es necesario avanzar entre recovecos. Y a pesar de todos los cuidados, no es posible evitar garrotazos y, desde luego, equivocaciones en el rumbo. Descabezar el Ejército, aunque para algunos siempre siga siendo más importante ser militar que ser patriota; proponerse desarmar la estructura de la Corte automática y comenzar a realizarlo sin prisa y sin pausa; intervenir el PAMI, aunque el interventor no responda con la transparencia esperada; lanzarse a la abolición de la leyes genocidas de punto final y obediencia debida; suprimir el decreto de impedimento de extradiciones de culpables de crímenes de lesa humanidad; exigir la quita del 75% de la Deuda; oponerse al operativo Aguila 3 de maniobras conjuntas con inmunidad para los soldados norteamericanos; purificar desde las cúpulas, la policía federal; denunciar la complicidad de la bonaerense con los secuestros; resistirse al aumento de tarifas de las Empresas privatizadas que tienen por detrás el apoyo de sus respectivos Gobiernos; buscar coincidencias con los Gobiernos latinoamericanos no comprados, para resistir al ALCA, logrando una postergación en las aspiraciones draconianas de los Estados Unidos; mantener la posición de no enviar “tropas de paz” a los territorios devastados de Irak, en que los derrotados comienzan a dar señales de no serlo tanto; investigar las cuentas millonarias de Menem en Suiza, con el sinnúmero de obstáculos de toda clase que esto presenta; dejar avanzar la investigación de las explosiones de Rio Tercero que van a complicar a personajes que se consideraron absolutamente intocables; corregir los errores evidentemente intencionados, de los jueces como Bonadío; restablecer las relaciones con Cuba a pesar de no aprobar procederes concretos de represión que quedan hechos un “poroto” ante los crímenes clarísimos de los Estados Unidos con los que, en pleno derecho, debían cortar relaciones todas las naciones del mundo. . . Todo esto ¿quién lo haría? Que la Izquierda siga diciendo “No hay que pagar la Deuda porque es inicua.- Hay que tener el coraje de cambiar el sistema.- Hay que apartarse del todo de la relación comercial con USA.- En las Cámaras no puede dejarse de atender a la oposición”, no está mal. Tienen razón. A eso hay que llegar. Y es bueno recordarlo. Pero, pretender que todo se dé repentinamente, es hacer el mejor juego a la derecha recalcitrante. A ojos vistas se marcha con cierta lentitud, pero se marcha. Y después de todo lo que retrocedimos, sin que ninguno de los protestones de hoy, fuera capaz de jugarse por detener la avalancha, es bueno recordar para no dejarse vencer por el derrotismo, que también aquí y ahora “chi va piano, va lontano”
Pbro. José Guillermo Mariani |
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