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¿PLANETA IMPASIBLE?
Hablamos del Planeta y nos figuramos una gran masa inerte moviéndose en el concierto del Universo, resultado de una conjunción de energías coincidentes en formarlo y lanzarlo a la aventura de un sistema planetario, el solar. La ley de la gravedad nos mantiene adheridos a su superficie, y su estabilidad y duración dependen de leyes que no podemos alterar y desconocemos en su gran mayoría. Con esta visión dejamos de lado la concepción de una entidad organizada, en dinamismo constante y con toda la sensibilidad de reacciones propias de un organismo vivo, no sólo porque la vida es posible en él, sino también porque la íntima relación entre todos sus componentes lo hacen muy semejante a un cuerpo vivo con órganos (organizado) para mantener el equilibrio y la estabilidad. Las agresiones violando esa organización y equilibrio no quedan impunes. Las defensas naturales actúan y se producen necesariamente reacciones terribles que nosotros podemos calificar de injustas porque no castigan a los culpables sino a toda la especie humana y no sólo a una generación sino a todas las que vendrán. No es exageración afirmar que hoy, el mayor agresor del Planeta es Estados Unidos. La atmósfera invadida por los gases letales que producen los países industrializados se convierte en reservorio del calor del sol y produce lo que designan como “efecto invernadero” con una cantidad de efectos todavía no estudiados, o al menos no dados a conocer por quienes los estudian. Seguramente, la intensificación de las tormentas (cinco semanas con cuatro huracanes devastadores en la zona de La Florida y alrededores) y las olas de calor con efectos mortales desconocidos hasta ahora, son producto de esa reacción atmosférica. ¿También los terremotos y maremotos como el tsunami? La pregunta está flotando. El mayor productor de los gases que envenenan la atmósfera es Estados Unidos. Pero sus representantes en las convenciones sobre cambios climáticos y defensa de la Ecología se niegan a aceptar el Protocolo de Kyoto que compromete a la disminución de la producción de esos gases. La omnipotencia de la mayor potencia armamentista ¿llegará a pensar que todas las injurias al Planeta van a quedar superadas por su tecnología? Mientras los países con recursos codiciables, como Afganistán o Irak, viven tragedias provocadas directamente por las armas sofisticadas, otros los más pobres sin posibilidades de defenderse, son castigados por la reacciones de la naturaleza agredida sin ningún cuidado por los poderosos, que creen poder salvarse del desastre general. El dolor de las víctimas y el de los que quedan sumidos en el desamparo y la impotencia, no pueden contenerse con palabras y llanto. También hay “bronca” en contra de los que podrían evitar o al menos aminorar estas tragedias. Otro aspecto de la cuestión son los supuestos videntes que, basando sus afirmaciones en pasajes bíblicos interpretados a la letra, aseguran que estas son las señales del fin del mundo, anunciadas en la Biblia. En un auténtico análisis de todos los textos bíblicos es imposible encontrar fundamento serio para esas predicciones. Lo que sí es cierto es que estamos produciendo con nuestra suficiencia de creernos anclados en un planeta impasible, un acercamiento hacia desastres imprevisibles, si no detenemos a tiempo las agresiones a este Planeta absolutamente sensible y justiciero.
José Guillermo Mariani (pbro) |
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