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Primavera y Juventud
Dos correntadas incoercibles que confluyen en esta fecha 21 de Septiembre cambiando el clima del convivir cotidiano. La primera, de la naturaleza, que ya explotó con incontables lapachos florecidos en nuestra ciudad capital, tachonando sin permiso, con gigantescos ramos violáceos, una cantidad de rincones indiferentes. La hermosura con que pintan el aburrido gris del asfalto, distrae a los conductores y haciéndoles esbozar sonrisas por encima de sus tensiones. La segunda correntada, estudiantes y juventud. No sólo incoercible sino también desbordada. Con una sensación para padres y educadores, de incertidumbre y hasta de temor. La desorientación de los responsables que intentaron ser originales llamado a los estudiantes a realizar actividades controladas dentro de los Establecimientos educacionales y volviendo inmediatamente atrás ante la resistencia juvenil, es todo un signo. Se puede culpar al hogar, a la televisión, a los maestros y profesores, a los boliches nocturnos, a los excesos de espectáculos y artistas y otras cosas parecidas, de la falta de contención para los jóvenes, desde edad bastante temprana. Lo cierto es que la raíz de todo está en las deficiencias educativas. Los intentos de reformas educacionales influidos por modelos dependientes, no llegaron a convertir el clima de información obligatoria, en algo interesante, por encima del ocio y la pereza. No se logró entusiasmar a los jóvenes con la seguridad de un futuro útil para la sociedad aprovechando sus capacidades vocacionales. Se debió recurrir a cupos universitarios para mutilar más aún sus esperanzas de futuro. El desempleo, la mezquindad de los presupuestos que no permiten desde las insuficientes compensaciones a los maestros, profesores e investigadores, dedicar un poquito más de su tiempo a la tarea educativa, los relámpagos de búsqueda afiebrada de seguridad que culminan en una inseguridad permanente para los jóvenes que pretenden desplazarse en libertad, el afán de multiplicar las fuerzas policiales que constituye uno de los motivos de corrupción cómplice del delito. Todo esto da la sensación de que los jóvenes son un peligro en lugar de una explosión de optimismo y alegría. Se están dando tímidos pasos. Pero hay una sensación de que llegamos tarde. Y es difícil hacer de ocasos, amaneceres. Más difícil que salir de la noche. Lo mismo que le ha pasado a la Iglesia que, desperdiciando la gran oportunidad de renovación y actualización del Concilio Vaticano II, continuó con una presentación del mensaje de Jesús descolocado de la realidad y rechazando los grandes cambios. Hoy, con los esfuerzos actualizantes y el compromiso auténtico con la realidad, de muchas personas y grupos, no es suficiente. Estamos llegando tarde otra vez. No es para desanimarse. La correntada está, y a los responsables de la educación, en los más altos niveles, les corresponde abrir los cauces sociales para que esa fuerza juvenil sea empujón y no obstáculo en la construcción del futuro. Pbro. José Guillermo Mariani |
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