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Silencios y discursos
Extrañamente la Cumbre de las Américas con la visita del presidente de los Estados Unidos y su insistencia para confirmar la libertad de comercio que permitiera apoderarse de lo que todavía no son dueños y a la que sin más remedio se plegaron muchos gobiernos, esperanzados en que el Halcón en lugar de devorarlos los proteja bajo sus alas, no mereció ningún documento ni declaración episcopal. Tampoco lo hubo para apoyar la contracumbre de los pueblos, multitudinaria expresión popular en la que, a pesar de algunos juicios ridiculizantes de atildados personajes cuyos intereses de bolsillo les hacen exigir delicadezas y blancos guantes frente a todos los conflictos, se presentó y aclamó un proyecto de verdadera libertad para la otra América. Silencio. Ni lo uno ni lo otro. Dos manifestaciones sociales, dos signos de este tiempo que no merecieron ningún comentario por parte del Episcopado Nacional. Luego apareció el importante documento que estaba en gestación. Había conciencia de dar a luz una luz. Con una descripción cruda y realista de la situación de desigualdades y pobreza como efectos del desempleo todavía no atacado con instrumentos eficaces y notorios. innegable y reconocida por todos, se enmarca adecuadamente la reflexión. Conviene sin embargo recordar que en las campañas políticas que precedieron al retiro de Menem y el triunfo escuálido de Kirchner, economistas de primera línea afirmaban que hacían falta por lo menos diez años para recuperar a la Argentina, después del desastre que concluyó a cacerolas batientes. Seguramente es alentador que los Srs. Obispos pidan apresurar ese tiempo en bien de un pueblo que ya no aguanta y que, a su juicio, habiendo sobrellevado pacientemente situaciones peores, está ahora en peligro de producir enfrentamientos violentos. Su palabra, entiendo, queda al parecer, ligada a sus silencios. ¿habrá que favorecer al ALCA para solucionar mejor esos problemas?
Se pueden analizar también otros ítems. Está muy bien que recuerden al Estado su función de subsidiaridad cuando ni los particulares ni las organizaciones intermedias son suficientes para cumplir las tareas fundamentales que hacen al bien común. Entonces no sólo en lo económico, afirman, sino en educación es justicia que se subvenciones los colegios primados. Y ¿no se estarán olvidando que hay un subsidio urgente para la educación que es una ley de educación sexual que tienda a remediar la tragedia que produce el desconocimiento y la comercialización del sexo?
¡Qué loable esfuerzo el que se sugiere para que la historia del pasado no se trasmita a las generaciones futuras con parcialidades que hagan pensar sólo en el terrorismo de Estado y olviden de abominar los crímenes de la guerrilla! Aquí, es claro, todos son culpables. ¿Y no será porque ha cundido la alarma al producirse desde la justicia sentencias que declaran inconstitucionales los indultos, y si se continúan las investigaciones aparecerán muchas complicidades?
Equilibrio, serenidad, imparcialidad, prudencia, reconciliación, altura de expresiones, delicadeza para con todos . . . hermosos conceptos cristianos para construir un lujoso telón que oculte la realidad. Y hay quienes los saben usar a la perfección. José Guillermo Mariano (pbro) |
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