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El día después.
Un día se pasa rápido. Y más si es lunes. Así pasó el día del maestro. La evocación de una figura, la de Domingo Faustino Sarmiento, a quien la corriente revisionista ha despojado de ciertos méritos, pero no del de haber sido apasionado por la educación y haber vislumbrado su importancia para el futuro de nuestro país, se actualizó en la multitud de saludos “Feliz día del maestro”! Quiero prolongar esa evocación, para extender el homenaje y el recuerdo a todos los docentes que, en la mayoría de los casos, y creo que con mayor frecuencia que en otras profesiones, cumplen abnegada y apasionadamente con su vocación. Y quiero especializar mi homenaje en las maestras, las primarias sobre todo, cuya labor parece muy simple y hasta de relativa importancia, cuando es entre todas las que siembran actitudes de conducta y modos de pensar, la más eficaz y profunda a mi parecer. Porque es la más ligada a la vocación maternal. Porque los alumnos son queridos y tratados uno por uno con sus dificultades y sus posibilidades. Porque llegan, en su dedicación, a no distinguir entre la escuela y su propio hogar, por la fuerza de los vínculos afectivos y la preocupación formativa mirando al futuro.
Vivimos un problema que salta constantemente a la vista, ante las dificultades de contener a niños, adolescentes y jóvenes. Es la familia la que tiene que asumir sus responsabilidades, dicen unos dogmáticamente. Otros afirman que es la escuela la que no está adaptada, y los maestros que no están preparados para cumplir con la misión contenedora que se espera de ellos. Y se arma por eso una disociación entre escuela y hogar que a veces se expresa en mutuas y evasivas culpabilizaciones. La realidad es que el sistema aprieta con las exigencias de trabajo sin medida a las familias, cuyos miembros adultos apenas si pueden disponer de un fin de semana para estar con los hijos. De ellos se pretende, sin embargo que estén al tanto de todos los problemas de esos hijos, de sus experiencias, de sus inquietudes, de sus innumerables preguntas. Por otra parte es también el sistema el que, mezquinando el presupuesto para educación en el rubro más importante que es el de personal, obliga a los docentes a centrar su preocupación por el mantenimiento de sí mismos y sus familias, en otras tareas rentadas que alivien sus salarios absoluta e históricamente insuficientes. ¿Cómo pueden los maestros dedicarse a pleno a su misión que exige capacitación, profundización, creatividad, contacto con las realidades íntimas de los educandos, si deben olvidarlos inmediatamente que salen del ámbito escolar, urgidos por necesidades impostergables?
La tardanza en firmar el acuerdo por el aumento de salarios, que traía en la manga la exigencia de que no hubiera más paros ni reclamos hasta Diciembre de 2007, a pesar de los cambios de circunstancias socioeconómicas que puedan producirse, está probando la mala voluntad de estos regateos en un asunto de tanta trascendencia.
Día del maestro, con un deseo de felicidad para todos los que realmente se sienten felices por serlo, a pesar de la carga que les significa saberse empleados de segunda o tercera, en un sistema insensibilizado por el consumismo y el poder. Pbro. José Guillermo Mariani 11 de septiembre de 2006
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