La Cripta Virtual: Un espacio para hablar Sin Tapujos

"Donde la Iglesia no engendre una fe liberadora, sino que difunda opresión, sea esta moral, política o religiosa, habrá que oponerle resistencia por amor a Cristo".
Jürgen Moltmann

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Una escuelita de 20 

Comenzó en el bosque cercano a su casa en el que  Roberto y sus 6 hermanos se divertían inventando expediciones, asaltos, ataques sigilosos, agilidad para emular a  los animales en la trepada de los árboles, mientras su madre viuda buscaba con su trabajo, el pan de cada día. Quizás por esta superactividad Roberto tenía facilidad para dormirse en clase. Él argumentaría, ya mayor, que no era el cansancio de sus correrías lo que le producía sueño en el aula sino el aburrimiento. Su aprendizaje verdadero estaba allá en el bosque, en la libertad y la aventura, que mantienen siempre en vigilia. Creció y defendió a su patria como soldado en varias campañas coloniales. Pero siguió aprendiendo de la selva. Observando apasionadamente todo lo que había a su alrededor, escuchando hasta los más débiles sonidos en el misterio de la espera del enemigo clandestino perdido en la oscuridad de la noche y el enredo de los árboles. Se hizo experto en acecho y observación y llegó a ser un guía requerido por todos.

Acostumbrando sus ojos a la oscuridad hasta penetrarla como si poseyera un faro. Descansaba profundamente pero con el despertador interior pronto a reaccionar frente a cualquier novedad. Así, el chico que se dormía en la escuela llegó a ser el “lobo que nunca duerme” (Impeesa) en la aventura de la existencia.

Y se dio cuenta de que era feliz. De que el gran desafío de vivir se podía transformar en un Gran Juego y allí residía su sentido. Y se propuso enseñar ese camino de felicidad. Y se llevó 20 chicos a una isla. Para verlos vivir aprendiendo lejos de los pupitres, para fortalecerlos en la estima personal, para hacerles gustar la satisfacción de servir a los demás, para considerar el bosque y todas su bellezas como el más atrayente de los palacios, para descubrirse en ronda con las estrellas y los astros. Y aquellos 20 se euforizaron con la experiencia y buscaron a otros, y así de 20 en 20 aparecieron millones de jóvenes con un mismo estilo de vida. Capaces de defenderse a sí mismos y defender a los demás, capaces de mirar a otros a los ojos y de mirarse a sí mismos, capaces de penetrar las dificultades hasta encontrar el secreto de las soluciones, capaces de vivir la amistad guardándose al otro en su misma vestimenta, capaces de divertirse sin aturdirse, capaces de respetarse y respetar, capaces de enamorarse de todas las capacidades de su cuerpo y de su espíritu, capaces de alimentar el ideal de dejar un mundo mejor que el que encontraron.

Han pasado cien años de aquella primera experiencia. Los militares quisieron absorberla, las dictaduras buscaron aprovecharla o prohibirla, las iglesias la alquilaron para su proselitismo, los dominadores con discursos grandilocuentes pretendieron comprarla para defender la economía y sus intereses, o se burlaron de su ingenuidad. Pero el grito fue creciendo, indetenible, conquistador. ¡Siempre listos para servir!

El grupo “Guy de Larigaudie” cumplió cuarenta años desde su fundación. Cuenta hoy con más de 350 inscriptos, envueltos con el pañuelo del servicio y vestidos con el traje de los campesinos (que muchos quieren ocultar sobrecargándolo  de condecoraciones para imitar el escalafón  en el ejército). Son de esos 20 más 20 que se fueron sumando desde aquellos primeros isleños seducidos por Baden Powell y abriendo ventanas desconocidas para la felicidad del hombre y la sociedad.

¡Feliz cuarentenario grupo Güy de Larigaudie!

José Guillermo Mariani, fundador en Agosto de 1967 del grupo scout de La Cripta.


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Última modificación: 30 de July de 2010