Abriendo puertas clausuradas. Por Guillermo “Quito” Mariani

Juan XXIII el viejito campesino más renovador entre los Papas de los siglos XX y XXI, tuvo la visión del Concilio convocado sorpresivamente por él y designado como Vaticano II, como un abrir puertas y ventanas de la vetusta estructura eclesial para que pudiera airearse con la brisa del mundo real y reformarse con la frescura de los nuevos tiempos y esperanzas de la humanidad.

Las puertas fueron volviendo a cerrarse paulatinamente empujadas por las ambiciones de dominio y prestigio institucional eclesiásticos. Hasta producirse el estallido de la podredumbre que encerraban, con la potencia del “cuarto poder” el periodismo, que logró paulatinamente violar por completo el hermetismo tradicional. La llegada del cardenal Bergoglio al sumo pontificado y su convocatoria a un sínodo extraordinario de obispos del mundo para revisar la historia de la Iglesia y reabrir sus puertas al mundo, dando razón a su existencia como levadura de servicio al progreso, la maduración y la felicidad de la humanidad, marca hoy un nuevo camino. Las primeras reuniones, al parecer con largas discusiones e interesantes propuestas, produjeron un documento inicial con sugerencias sobre la dirección de que iban tomando las ansias de reforma. El acento está puesto, desde la convocatoria de Francisco, en la familia, el núcleo social más sensible al conservadurismo y también a las inquietudes producidas por los cambios incesantes de la sociedad.

El predominio de la tendencia conservadora en el Sínodo, era previsible ya que los obispos designados durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI, para nuevas diócesis o para remplazar a renunciantes o fallecidos, fueron elegidos con un criterio selectivo que excluía toda presencia progresista, en previsión de que continuara la presión por la convocatoria de un nuevo Concilio.

Las tímidas insinuaciones del documento final del Sínodo tienen que ver con los “divorciados” (acceso a la comunión eucarística o nuevo matrimonio) los homosexuales (recomendación de trato delicado y no discriminación a pesar de que ni pareja ni matrimonio responden al plan de Dios sobre la familia).

Han quedado en el tintero otros asuntos como relaciones sexuales prematrimoniales, bautismo de hijos de parejas irregulares civil o eclesiásticamente, abstinencia sexual obligatoria y perpetua (celibato sacerdotal), que es renuncia absoluta a la familia propia; despenalizaciones de aborto y drogas, violencia de género, fecundación asistida (con todas sus variantes); métodos de limitación de la natalidad…etc

La dirección enfocada de manera insistente por el Papa Francisco es la atención de los pobres a la que él personalmente ha estado muy ligado con presencia y amistad muy notable para los “curas villeros” de Buenos Aires. No se trata de poner en duda de ningún modo, que ésa es claramente una opción evangélica que tiene que identificar a la iglesia de Jesús de Nazaret y que esa centralidad se basa no sólo ni principalmente en la limosna caritativa y transitoria sino en la colaboración permanente y efectiva por erradicar la desigualdad y la injusticia que generan la pobreza. Pero tampoco es admisible que la sociedad total, afectada por otros problemas cuya persistencia atenta contra la felicidad y tranquilidad fecundas en las relaciones familiares y sociales, queden siempre con solución postergada.

Es notable por lo demás que, aunque la iglesia oficialmente se mantenga al margen de la movilidad de los criterios que, o fomentan el sistema capital-consumista, o se empeñan en disminuir sus efectos y en lograr su derrumbe completo, esas realidades influyen poderosamente en todas las expresiones y conductas, y por tanto no se puede prescindir de las mismas con silencios o postergaciones.

¡Cuántas ventajas aportarían a nuestras relaciones sociales : una visión de la sexualidad que por encima de la procreación pudiera enfocarse como culminación placentera de la comunicación cuando se transforma en comunión; Un reconocimiento de que el amor nunca puede convertirse en obligación o sujeción y que, cualquier causa que produzca esta alteración, debe ser atacada, o con el cambio o con el cese de la relación; Un derecho inalienable de intentar de nuevo, en cualquier aspecto, cuando se ha fracasado una o varias veces. Un opción voluntaria por la abstinencia sexual transitoria y sublimada por la búsqueda de un valor superior en vez de una represión de la naturaleza Una legitimación de la pareja para los sacerdotes que. a la vez que remediar la soledad, evitara, las dobles vidas que intranquilizan la conciencia, y los abusos y acosos producidos como desahogo de esa represión; Una despenalización que permitiera el control de las drogas como los de los medicamentos, y disminuyera los negociados en la clandestinidad que necesita complicar a mucho más personas de distintos niveles, y permitiera la disminución de los abortos que no se ha logrado con todo el rigor de las penas……!!

……Sería bueno probar ¿verdad?-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Homilías Dominicales. Domingo 7 diciembre 2014 – 2do de adviento ciclo”B”. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mc. 1,1-8)

Comienzo de la buena noticia de Jesucristo hijo de Dios, Lo escribió el profeta Isaías “Voy a enviar mi mensajero delante de ti para prepararte el camino- Una voz anuncia en el desierto preparen el camino del Señor, allanen sus senderos”

Así se presentó Juan el bautista en el desierto anunciando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. La gente de Judea y los habitantes de Jerusalén salían a su encuentro y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.

Juan vestía una túnica de pelos de camello y un cinturón de cuero alimentándose con langostas y miel silvestre. Predicaba diciendo: Después de mí vendrá el que es más poderoso que yo y de quien no soy digno de desatar la correa de sus sandalias poniéndome a sus pies. Yo los bautizo con agua pero él los bautizará con el espíritu de Dios.

 

Síntesis de la homilía

La cita bíblica de Jesús para explicar la presencia y acción de Juan el bautista, mezcla a Isaías y Malaquías en sus anuncios del precursor. El acontecimiento decisivo del enviado de Dios para remediar la postergación opresiva de Israel, cundió rápidamente en el pueblo absolutamente consciente de la opresión que vivía bajo el dominio romano.

Y el grito de esperanza se difundió por Judea y conmovió a los habitantes de Jerusalén

que salieron a enterarse de la gran noticia de liberación. Juan que, o pertenecía a la comunidad esenia (una especie de estructura monacal de gente que quería permanecer completamente fiel a la Ley) y practicaba, como señal recordatoria de su compromiso, constantes abluciones purificantes, o fue movido por su austera conducta en el desierto.

Lejos de las ciudades y las estructuras civiles y religiosas, cómplices en el mantenimiento de la opresión del pueblo, el desierto presentaba una situación de independencia y libertad para proclamar el anunciado reino de Dios. El despojo o menosprecio de toda riqueza, indicado por el estilo de vestimenta de Juan, favorecía dentro de este contexto, las esperanzas de los pobres, hastiados de las pomposas solemnidades del templo y la ostentación de los dominadores romanos. Juan, bañando a la gente, los persuadía de que pronto llegaría también el baño redentor, cuando el espíritu de Yahvé penetrara en el corazón de los hombres que oyeran las palabras de un mensajero que continuaría con su obra. Ni él se podía imaginar cómo se cumplirían esas profecías que alimentaban la esperanza de Israel. Y de hecho se equivocó al establecer las característica del reino que estaba anunciado y el predicaba como inminente.

Hoy vivimos una especie de obsesión que fija las claves de la liberación social en una dedicación absoluta a solucionar, del modo que sea, la dificultades económicas en que ha sumido a la sociedad el sistema capitalista. Y no es que el .hombre no necesite como fundamente de su felicidad, crecimiento y madurez de todo lo que sólo se alcanza con posesiones materiales. La equivocación se centra en que la ambición de dinero y posesiones se une a la de poder insaciable y en lugar de producir bienes generadores de felicidad para todos, sólo se traduce en ventajas para pocos y exclusión para muchos.

Ya es universal el clamor de que se producen fuera de control una cantidad de acontecimientos que son síntoma inequívoco de una prevalencia del egoísmo, destructivo de los valores relacionales y progresivamente de todos los valores humanos.

Lo que fue considerado como natural y normal en otros tiempos: la comprensión, la amabilidad, el respeto, la fortaleza en las dificultades, el cultivo fiel y prolongado de la amistad, la defensa de la salud y la vida propia y ajenas, la equidad y justicia en las relaciones laborales…todo aquello ahora comienza a ser excepcional. Y no puede dejar de preocuparnos, al margen de considerar culpables y responsabilizar a otros de los males que comentamos con abundancia y soltura en la cotidianeidad de nuestras vidas.

 

 

 

 

Homilías Dominicales. Domingo 30 de Noviembre de 2014 (ciclo “B”) 1ro. de Adviento. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema: Mc.(13,33-37)

Palabras de Jesús a sus discípulos. “tengan cuidado y estén prevenidos porque no saben cuándo llegará el momento. Será como un hombre que se fue de viaje y deja su casa al cuidado de sus servidores asignando a cada uno su tarea y recomendando al portero que permanezca en vela. Estén revenido entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa. Si al atardecer, al canto del gallo o por la mañana. No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos. Y esto que les digo a ustedes se lo digo a todos ¡Estén prevenidos!”

 

Síntesis de la homilía

El aviso de “estar prevenidos” ha quedado sonando en la atemorizada conciencia de quienes pensando en lo imprevisto de la muerte, recuerdan aquella sentencia tremenda inventada por el autoritarismo religioso de que “se merece el infierno por un sólo pecado mortal no confesado”. El contexto es “escatológico”. Con la mirada bíblica de Jesús trasmitida a los discípulos, de un final apocalíptico del mundo y de la historia y como un aviso para quienes tuvieran la dicha o la tragedia de vivir en esos últimos tiempos.

Desde ya podemos pensar que de ser así no se trata de un aviso al que tengamos que dar mucha importancia. Aunque se han repetido ya varias oportunidades en que diversos grupos, con distintos intereses, han anunciado ese final terrorífico de la creación y la historia de la humanidad. Siempre hay una especie de satisfacción al profetizar calamidades como eficaz medio para proponer salvaciones, originadas en quienes con diversas ambiciones quieren ponerse en el centro de la escena.

Sin incurrir en ese clima terrorífico pero que adivinamos muy lejano, la propuesta tradicional se ha concentrado, posteriormente, en la afirmación de que hay que estar prevenidos para cuando nos llegue la hora definitiva y final de la vida.

El sentido común y la interpretación crítica de este pasaje ha de fijarse, en cambio, en la necesidad de vivir alertas, despiertos, prevenidos para no dejar pasar las oportunidades que se nos brindan para poner en marcha nuestro propósito de ser constructores del reinado de Dios, proclamado e instaurado en el camino de la humanidad por Jesús de Nazaret.

No hay momentos predeterminados para que en el transcurso de la vida se presenten ocasiones en que, conscientes de nuestras posibilidades, podamos complicarnos con emprendimientos, proyectos o realizaciones que fomente el mejoramiento de las relaciones interpersonales y sociales. La costumbre de esperar o exigir que de otros niveles se soluciones los problemas acuciantes, produce al mismo tiempo un clima de pesimismo general y una evasión de lo que podía ser nuestra colaboración para mejorar la relaciones humanas no solamente con nuestra acciones concretas personales o grupales sino con la adhesión en opinión y participación para con las iniciativas propiciadas por otros grupos o personas con influencia más amplia y profunda en el clima y la realidad social.

Para eso es indispensable tener bien afirmada nuestra escala de valores. Y en primer lugar, en situación defensiva y muy alerta para lo que significa, en un sistema impuesto sin contemplaciones y absolutamente visible para todos que es el capitalismo liberal, que coloca en la cima de los valores el dinero y su acumulación, como fuente primaria de sentido y felicidad para la vida de los seres humanos. No se trata entonces de un consejo inútil para quienes no lleguen a los últimos tiempos, que no es seguro que lleguen realmente, al menos como se prevén. Ni de un aviso de prepararse para la muerte. Sino de una advertencia para estar despiertos para darle a la vida sentido de solidaridad y felicidad.

Homilías Dominicales. Domingo 23 de noviembre de 2014 – Festividad de Cristo Rey (ciclo “A”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (mateo 25,31-46)

Decía Jesús a sus discípulos: Cuando el Hijo del hombre llegue a su gloria, rodeado de todos los ángeles, se sentará en un trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia. El separará a unos de otros como el pastor separa las ovejas de los cabritos y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda. Entonces el rey dirá a los que tenga a su derecha “vengan benditos de mi Padre y reciban la herencia del reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo. Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, estaba de paso y me alojaron, desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron preso y me vinieron a ver”. Los buenos responderán entonces “Señor ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, cuándo sediento y te dimos de beber, cuándo de paso y te alojamos, desnudo y te vestimos, enfermo o preso y te visitamos? Y el rey responderá: “Les aseguro que en la medida en que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”. Luego dirá a los de su izquierda “Aléjense de mí malditos y vayan al fuego eterno preparado para el demonio y sus ángeles porque tuve hambre y no me dieron alimento, sed y no me dieron de beber, fui peregrino y no me alojaron, desnudo y no me vistieron, enfermo y preso y no me socorrieron”. Estos a su vez preguntarán “¿cuándo todo esto que no hicimos?” Y él responderá:” En la medida que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos me lo negaron a mí” Estos irán a fuego eterno y los buenos, a la Vida eterna.

 

Síntesis de la homilía

Los judíos creían firmemente en un juicio final que estaba de acuerdo con su concepción de la ley de compensaciones por la que Dios debía remediar en otra vida los sufrimientos de los que padecieron en ésta y castigar con sufrimientos a quienes gozaron egoístamente de los bienes de la tierra. La parábola del rico y el pobre Lázaro lo expone claramente. Pero además el pueblo elegido en un juicio con presencia de todas las naciones debía recuperar su grandeza sobre todos los demás en ese acontecimiento final. Tan firme era la creencia de lo que afirmaban los profetas (especialmente Joel 3,3 y Daniel 12,5) que hasta tenían designado el lugar en que esa reunión de todas las naciones se produciría. El valle de Josafat (que significa Dios juzga) parte del Valle Cedrón, situado al sur del templo sobre el monte Sión desde donde se domina su amplitud, era el espacio en que este juicio de las naciones se produciría.       Mateo escribe para comunidades en su mayoría integradas por judíos convertidos. Esta circunstancia hace que aproveche las creencias judías para esta gran puesta en escena, del juicio definitivo sobre la humanidad en el que coloca al Cristo glorioso como rey y juez universal. Todo esto constituye un manojo de datos muy curiosos, pero el objetivo de Mateo no es afirmar ni negar que pueda, como fin de la historia, provocarse un juicio final, sino convencer de que a juicio del enviado de Dios hay un solo artículo de cuya observancia depende la sentencia condenatoria o salvadora: el amor a los pequeños. Es el juicio del Señor de la historia y del proclamador y realizador del reinado de Dios dejando sus huellas para nuestra participación.   El Rey que se identifica con los más pequeños, necesitando de la atención y generosidad de los que los rodean , no tiene nada que ver con las vestiduras o pompas reales que como signos de autoridad y superioridad, además de la pretensión de ser llamados con apelativos propios exclusivamente del Ser supremo no tienen nada que ver con ese reinado. Ni tampoco con esas imitaciones burdas pero muchas veces influyentes, de Soldados de Cristo Rey o Legionarios de Cristo.     Aunque ni el fuego eterno de que habla Mateo, ni la vida eterna que es su alternativa, forman parte de lo que podemos conocer y menos, comprender. Lo que hace eterna la vida es lo le da sentido plenificándola, y por eso la que se deja conducir por el amor, la participación más intensa de la realidad divina, si atendemos al Dios revelado por Jesús de Nazaret.

 

Homilías Dominicales. Domingo 16 de noviembre de 2014 – 33 durante el año litúrgico (ciclo”A”). Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mt.25,14-30)

Jesús propuso a sus discípulos esta parábola: El reino de los cielos es semejante a un hombre que al salir de viaje llama a sus servidores para confiarles sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad. Después partió. Enseguida el que había recibido las cinco monedas de plata, negoció con ellas y ganó otras cinco. De la misma manera el que había recibido dos ganó otras dos. Pero el que recibió sólo una hizo un hoyo en la tierra y enterró allí la moneda. Cuando el señor volvió llamó a los servidores para arreglar cuentas. El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. Señor, le dijo, me dejaste cinco talentos y aquí están los otros cinco que he ganado” “Está bien le dijo el Señor, eres servido bueno y fiel. Ya que respondiste fielmente en lo poco te encargaré de mucho más. Entra a gozar del gozo de tu Señor. Lo mismo sucedió con el que había recibido dos talentos. Luego entró el que había recibido una sola moneda de plata y dijo “Señor, sé que eres hombre exigente, cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido. Por eso tuve miedo y enterré tu talento. “aquí tienes lo tuyo”. El Señor respondió: servido malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en préstamo así lo hubiera recuperado con intereses, Quítenle ese dinero y denlo al que tiene diez. Porque a quien rinde, se le dará y tendrá de más, pero a quien no produce, se le quitará hasta lo poco que tiene. Mándenlo fuera porque es servidor inútil. Aunque llore y rechine los dientes.

 

Síntesis de la homilía

El sentido general de la parábola está dado por la representación del clima que debe reinar `para la construcción del reinado de Dios entre los hombres. La primera conclusión a tener en cuenta es que ese reinado que significa un cambio progresivo de las reglas de convivencia humana, exige trabajo y dedicación. La segunda, que el responsable del resultado final es el mismo señor que distribuyó por la creación los dones de la naturaleza con toda su variedad y riqueza destinándolos a una construcción común. La tercera es que el esfuerzo y rendimiento personal se convierten en una colaboración que es también pertenencia al gozo común. La quinta es que quien no presta de ninguna manera su ayuda para la construcción del reino se hace indigno de participar de la alegría de su realización.

La parábola es como todas las semejanzas utilizadas por Jesús para trasmitir el mensaje del reino un retrato de la realidad humana y, tomado literalmente, sin noción previa de lo que importa la referencia al reinado de Dios entre los hombres, es un panorama teñido de capitalismo, con exclusión, discriminación, castigos y miedo.

Si no fuera que el sentido de la marcha, es la construcción de las relaciones humana en base a la única fuerza definitiva que es el amor y se tomara como aparece en una interpretación literal prescindente del contexto, una cantidad de detalles deberían ser rechazados como máximas de conducta. La soberbia del señor que se atribuye la exactitud del juicio sobre las capacidades de cada uno. Lo de irse de viaje en un alarde de abundancia y, sin embargo ser absolutamente estricto en exigir intereses por el dinero dejado en custodia. La calificación de servidor inútil y perezoso al que por miedo no quiso exponerse al riesgo de disminuir el capital confiado. La sanción de excluirlo absolutamente a la oscuridad y la desesperación.

Frente a nuestra realidad personal y social la consigna renovada de conocer el capital disponible y utilizarlo para el servicio, sin dejarnos frenar por miedos o ridiculizaciones, como muestra de aprecio profundo a la realidad que la propuesta de Jesús que entrega hasta lo último y total su propia vida por ella emerge y se fortaleza con la parábola de los “talentos”.

 

Homilías Dominicales. Domigo 9 de noviembre 32 durante el año – Conmemoración consagración basílica de Letrán. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Juan 2, 13-22)

Cuando ya se acercaba la gran fiesta de los judíos Jesús fue a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas junto a los que estaban en los puestos de los cambistas de dinero. Viendo esto, Jesús tomó unas cuerdas, hizo un látigo y los echó a todos del templo, junto con sus ovejas y bueyes. A los cambistas les arrojó las monedas al suelo volcando sus mesas. Y a los vendedores de palomas les dijo “saquen esto de aquí. No hagan un mercado de la casa de mi Padre”

Sus discípulos se acordaron entonces de la escritura que dice “el celo por tu casa me consume” Los judíos le preguntaron: ¿qué prueba nos das de tu autoridad para hacer esto? Jesús contestó: destruyan este templo y lo reconstruiré en tres días. Le dijeron ellos: cuarenta y seis años se han empleado para la construcción del templo y ¿en tres días los vas a reconstruir? Pero el templo al que Jesús se refería era su propio cuerpo.

Por eso, cuando resucitó sus discípulos se acordaron de esto que él había dicho y creyeron en la Escritura y en las palabras de Jesús

 

Síntesis de la homilía

La actitud de Jesús es ciertamente arriesgada y polémica. La violencia del látigo aunque sólo fuera para los animales y el desparramo del dinero de los que atendían el cambio para que los extranjeros pudieran hacer su ofrenda en el templo, no parecerá a muchos el medio adecuado para solucionar el celo por la casa del Padre, (salmo 69,9) que los discípulos recuerdan.

Es indudable sin embargo, que la indignación está plenamente justificada. No, mirando a los vendedores alojados en dependencias no sagradas del templo, sino en el patio o atrio de los paganos dedicado habitualmente a actividades secundarias para preparar las solemnidades cultuales, sino a quienes lucraban con esa concesión a los vendedores, aumentando sus propios ingresos y explotando la disponibilidad expiatoria de la gente del pueblo. La respuesta a la pregunta de quienes se sienten ofendidos en lugar de agradecidos por esta sacralización del templo, sobre la autoridad de que se considera investido para realizar tal procedimiento (con características de un allanamiento judicial) es muy simple. Se trata de la casa del Padre que de ningún modo debe convertirse en mercado donde rigen las leyes y costumbres del comercio y el aprovechamiento de la devoción religiosa de los “clientes”.La conducta de Jesús apunta igualmente a la complicidad de los funcionarios del templo con los agentes del Imperio que hacían la vista gorda para esas aglomeraciones con propaganda de la mercadería y discusiones sobre precios.

Se puede trasladar desde este episodio a la realidad de nuestros días la indignación mostrada por Jesús? En alguna oportunidad se ha recurrido a ello para justificar el uso de la violencia para remediar diversas formas violentas de proceder contra la justicia y la dignidad humanas, considerando superados los intentos de diálogos, solicitudes y reclamos. Pienso que si no ha de tomarse la letra lo de ofrecer la otra mejilla, tampoco es correcto interpretar como legítimo el uso de la violencia. Que a veces es provechoso dar un chirlo en la cola a los hijos para corregir conductas inadecuadas también puede aplicarse a las relaciones sociales siempre que los daños no sean mayores que los beneficios. Y en nuestra experiencia, normalmente, dadas las posibilidades de instrumentación de la violencia y la contra-violencia los resultados han sido normalmente perjudiciales para todos

 

Homilías Dominicales. Domingo 2 de noviembre de 2014 – 31 durante el año litúrgico. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mt. 23, 1-12)

Dijo Jesús a la gente y los discípulos: Los escribas y fariseos han ocupado la cátedra de Moisés. Ustedes hagan y cumplan lo que dicen, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras ellos no las mueven ni siquiera con la punta de un dedo. Todo lo hacen para que los vean. Agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos. Les gusta ponerse en primer lugar en los banquetes y en los primeros asientos en la sinagogas. Ser saludados en las plazas y oírse llamar “mi maestro” por la gente. En cuanto a ustedes, no se hagan llamar “mi maestro” porque no tienen más que un maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen padres porque no tienen más que uno solo, el padre celestial. Ni se dejen llamar doctores porque sólo tienen un doctor, que es el mesías. Que el más grande entre ustedes se haga servidor de los demás. Porque el que se engrandece a sí mismo terminará humillado y en cambio el que permanece humilde será tomado en cuenta.

 

Síntesis de la homilía

Jesús reconoce la competencia profesional de los escribas (estudiosos de la Ley) y fariseos (con profesión de fidelidad meticulosa con el cumplimiento) Pero, en todo esto que hace referencia a la relación con Yahvé se olvidan de examinar sus relaciones con los hombres. Si se redujeran al dictado de la Ley, no habría problemas. Pero se ensañan con una autoridad que no tienen con quienes los escuchan y aprovechan para imponerles obligaciones imposibles de cumplir y como ellos no se consideran ligados por ellas, recurren para mantener su dominio a la hipocresía de las exterioridades que los prestigian frente al pueblo sencillo. Llevar muy marcados delante de los ojos las cintas que enumeran los puntos de la Ley, cubrirse con mantos majestuosos, ocupar lugares privilegiados y ser saludados en público con títulos de alabanza y honor. También hoy, desde quienes institucionalmente enseñan y reclaman una conducta social que esté reglada por los principios cristianos, se encuentran los mismos defectos enunciados por Jesús. Es como si tantos que acuden en ocasiones especialmente importantes de sus vidas, o por el gozo o el dolor, se dieran con mucha frecuencia con una pared insensible e intolerante o con exigencias que en lugar de señalar la grandeza del servicio que se presta, se transforman en cargas insoportables.

Y sucede normalmente que cuando se ocupa un lugar de maestro de costumbres o estilo de vida, la estrictez exigida para que otros practiquen los principios que se enuncian, les resulte a ellos mismos imposible de cumplir y recurran para mantener su autoritarismo y prestigio a la hipocresía y al agrandamiento de sus diplomas.

Una actitud que es posible descubrir en quienes con ambición de poder gastan su tiempo y su ingenio en desacreditar a otros como un modo de hacer que pasen sin notarse sus propias ineptitudes y la traición de los mismos principios que sostienen.

La propuesta de Jesús que podría calificarse como sociológica o de convivencia fructuosa, es considerarse cada uno como es realmente, sin pretensión de ser agrandado por títulos honoríficos, teniendo en cuenta sus cualidades para ponerlas al servicio y sus limitaciones para comprender y respetar las limitaciones ajenas.

El poder que corrompe (Mt.23,1-12)

La frase de Lord Acton y Maquiavelo tan citada con acierto y también con tantas aplicaciones interesadas, tiene una expresión en el pasaje que Mateo ofrece este domingo.

La división de clases entre los dirigentes judíos: observantes de la ley del Moisés (fariseos) especialistas en su estudio (escribas) e intelectuales críticos de su interpretación (saduceos) los llevaba, a la vez que a una posición teórica de autoridad sobre el pueblo, a la necesidad de fortalecer su dominio con exteriorizaciones de majestad y perfección absoluta en su proceder, incurriendo con frecuencia en la gran “mentira” denunciada por Jesús: la hipocresía para engañar y someter al pueblo.

Y es que, cuando el sentido de autoridad se mezcla con el ansia de dominio y la conciencia de poder, muchas veces los que la ejercen se inclinan a exigir sumisión a los demás y hasta a condenar severamente conductas ajenas, permitiéndose a sí mismos todas las violaciones a las reglas que dictan.

Es la acusación de Jesús a las autoridades del Templo, con poder sacralizado sobre el pueblo. Y la sabia propuesta del Maestro, no empuja a los discípulos a violaciones de la Ley, sino simplemente a escuchar los que les enseñan, pero a repudiar los testimonios falsos de conductas intachables y las apariencias de perfección majestática. Una acusación muchas veces absolutamente merecida por una Iglesia que carga normas incumplibles sobre la gente, mientras sus miembros más destacados las rompen impune y secretamente, con actitud hipócrita y corrupta.

Homilías Dominicales – Domingo 19 de octubre de 2014 – 29 durante el año litúrgico (ciclo “A”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mateo 22, 15-21)

Se reunieron los fariseos para sorprender a Jesús en algunas de sus afirmaciones. Le enviaron a algunos discípulos suyo con algunos herodianos para decirle: maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas con toda franqueza el camino que conduce a Dios, sin tener en cuenta la condición de las personas, porque no te fijas en la categoría de nadie. Dinos entonces: ¿Te parece que se debe pagar el impuesto al César? Pero jesús conociendo su malicia les dijo “Hipócritas! ¿Por qué me tienden una trampa? Muéstrenme una moneda con la que pagan el impuesto. Ellos le presentaron una moneda de plata. El les preguntó: ¿De quién es esta figura? Le respondieron: Del César. Entonces Jesús les dijo: “Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”

 

Síntesis de la homilía

Las tácticas de la oposición: reunirse para tender una trampa, no en comunión de búsqueda de lo mejor sino para desmoronar al adversario. Los mensajeros y la pregunta están muy bien elegidos: discípulos de los fariseos y servidores del palacio de Herodes.

Sin embargo, es absolutamente recuperable el párrafo que con falsa diplomacia inician su presentación. Reconocer la sinceridad de Jesús y la franqueza de sus pronunciamientos junto con la prescindencia de la categorías de las personas para condicionar sus dichos, constituye sin dudas una de las mejores alabanzas que se pueden atribuir a un maestro o formador de opinión como era realmente Jesús.

La pregunta mezclando lo político y lo religioso, trata de acorralar al encuestado. Parece que pronunciándose con toda sinceridad va a negar, como judío religioso y nacionalista, que haya que pagar a quien domina por la fuerza de las armas a su nación. El recurso imprevisto es pedir la moneda con que pagan. ¡y ellos la tienen! Quiere decir que ellos con actitud antijudía y antipatriota, pagan el impuesto. Esto es suficiente para justificar la increpación de Jesús. “hipócritas”. Pero, con aparente candidez, hace su pregunta ¿de quién es esta figura? Del César le responden. Y entonces, la respuesta que termina haciéndose famosa: Al César lo que (según ustedes que manejan estas monedas) es del César y a Dios lo que es de Dios. No dice “al templo lo que es del templo” como hubieran preferido los fariseos. En realidad Jesús ha volado más alto que donde pretendía hacer blanco el disparo del grupo tramposo. Ha dado una respuesta que en lugar de darles elementos para desacreditarlo, los cuestiona y responsabiliza, en conciencia y frente al pueblo.

Hay una especie de tradición interpretativa de la frase “al César lo que es del César”. Como si hubiera que repartir un poco para cada uno. Esto sucede porque se entiende que lo de Dios es lo que da a la estructura religiosa que se atribuye su representación. La interpretación no cabe porque a Dios no se le da una parte sino todo el ser porque todo es suyo. Como creador y conservador del universo es el único dueño.

A lo cual habría que añadir, en cristiano, que lo que corresponde a Dios ha de ser en el mensaje de Jesús todo lo que corresponde al hombre en su dignidad de hijo de Dios y delegado por Jesús, en sus pobrezas de cualquier índole, a ser su representante entre nosotros.

 

Homilías Dominicales – Domingo 12 de octubre de 2014 – 28 del año litúrgico (ciclo “A”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema ( Mateo 22,1-14)

Otra vez habló Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y anciando delm pueblo diciendo: El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Envió entonces a sus servidores a decir a los invitados, pero éstos se negaron a acudir. De nuevo envió a otros con el encargo de decir en concreto a los invitados “el banquete está preparado. Ya he matado mis mejores animales con mis terneros seleccionados. Tengo todo a punto. Vengan a la fiesta”

Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación y se fueron uno a su campo, otro a su comercio y otros se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron. Al enterarse el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran sus ciudades. Luego dijo a sus servidores: la fiesta estaba preparada pero los invitados no han sido dignos de ella. Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todo el que encuentren- Salieron e invitaron a todos buenos y malos y el salón se llenó de gente. Entonces el rey entró para ver a los comensales y encontró a uno que no tenía el traje de fiesta. Amigo, le dijo, ¿cómo entraste a la sala sin ponerte el traje de fiesta? El hombre permaneció en silencio. Entonces el rey dijo a los guardianes: “Atenlo de pies y manos y llévenlo afuera, a las tinieblas en donde llorará y rechinará los dientes. Porque siendo muchos los llamados, los escogidos son pocos”

 

Síntesis de la homilía

Otra vez recurre el Jesús de Mateo al estilo parabólico. Y otra vez las actitudes del dueño del banquete que representaría a Dios como el convocante a la fiesta de bodas de su hijo amado, no parecen adecuadas a la presentación que Jesús hace en una cantidad de pasajes de los relatos evangélicos, de su padre y nuestro padre. La película “el evangelio de san Mateo” de Paolo Passolini presentaba una persona enérgica y con permanente actitud de severidad de juicio y exigencias. Ése parece haber sido realmente el temperamento del escritor del evangelio, retratando lo que pudo ser el del apóstol Mateo como fundador y dirigente de una comunidad asediada constantemente por los judíos que residían en Antioquía después de la destrucción del Templo y la ciudad de Jerusalén (preocupados con todas sus fuerzas en la restauración de la comunidad judía dispersa y desorientada) Se entiende que para defender a las comunidades de la persistente agresividad que brotaba de este judaísmo “formativo” que iba creciendo, Mateo mantuviera una actitud de severidad y condena y, al mismo tiempo, con abundantes argumentos bíblicos intentara demostrar que Jesús era superior a Moisés de acuerdo con lo que las Escrituras habían anunciado sobre él y se había cumplido plenamente. Así se explica la dureza con que supone que Jesús condenaría a los invitados al convite que, en lugar de acudir, habían castigado, torturado y muerto a los mensajeros y, al mismo tiempo, la exigencia del vestido de fiesta para participar como pobre y desarrapado, del banquete real, ya que el mismo organizador del banquete lo ofrecía a la entrada. Una especie de reproche a quienes aunque ya pertenecieran a la comunidad cristiana conservaban rastros molestos de su anterior estado.

Lo que es aprovechable para todos es la invitación universalizada, que parte de la iniciativa real, después de haber experimentado la mezquina respuesta de los privilegiados que fueron los primeros invitados con insistencia repetida.

“Todos los que encuentren en los cruces de los caminos”, dice la expresión del rey, y es llamativo el detalle de que no ignora que entre ellos hay buenos y malos, porque así son calificados los que llegan. Invitación que no es a una iglesia o religión particular sino al goce de la fiesta de una humanidad liberada que con esas bodas del hijo, ha recuperado

toda su dignidad y riqueza original.

Domingo 5 de octubre de 2014  – 27 durante el año litúrgico (ciclo “A”). Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema : (Mt. 21,33-43)

Dijo Jesús a los ancianos del pueblo: “Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña: la cercó, cavó un lagar y construyo la torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero. Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envío a servidores suyos para que percibieran los frutos. Pero los viñadores se apoderaron de ellos y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y a un tercero los apedrearon. El propietario volvió a enviar otros operarios en mayor número, pero los trataron lo mismo. Finalmente envió a su propio hijo pensando. Pero los viñadores pensaron “este es el heredero, vamos a matarlo y así nos quedamos con su herencia” Y apoderándose de él lo echaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño ¿quçe les parece que hará con aquellos viñadores? Le respondieron: “acabará con esos miserables y arrendará su viña a otros que le entreguen los frutos a su debido tiempo” jesús entonces agregó ¿no han leído nunca en las Escrituras “la piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos? Por eso les digo que el reino de Dios les será quitado para ser entregado a un pueblo que le haga producir sus frutos.

 

Síntesis de la homilía

Ya sabemos que los relatos evangélicos datan de tiempos muy posteriores a los hechos que relatados y tienen una intencionalidad que los haga provechosos a las comunidades destinatarias en primera instancia. También nos enseñan los estudiosos de la Biblia que las palabras atribuida a Jesús responden en mínima parte a las que él pronunció. Las precisiones que en este relato tienen las afirmaciones de la parábola de Jesús, no son profecía de futuro sino hechos atestiguados muchos años después de sucedidos. Así se explica que los ancianos del pueblo no se dieran cuenta de lo exacto que era el discurso de Jesús anticipándose a sus intenciones de eliminarlo, y por ese motivo respondieran condenándose a sí mismos.

La parábola describe no sólo lo sucedido con los profetas rechazados de diversos modos por el pueblo y finalmente también con Jesús el hijo privilegiado de Dios sino que anuncia también la conducta que seguirán los poderosos del mundo que muchas veces explotando las riquezas naturales de la tierra se creen dueños exclusivos y absolutos y no tienen reparos en desalojar, despojar, torturar y hasta dar muerte a los que reclaman los frutos que pertenecen a todos los hijos y servidores del Dios creador y padre.

Para la interpretación de la Iglesia católica, el “otro pueblo” de que habla la parábola es ella misma institucionalizada con fortaleza excepcional y perdurable a través de la historia por veinte siglos. La realidad objetiva nos pone, sin embargo, ante una falta de entrega de frutos a la humanidad e incluso de adulteración de esos frutos, que es causa de que el tesoro del mensaje de Jesús y el reino presentado e inaugurado por su historia entre nosotros, no le pertenezca a ella ni exclusiva ni siquiera mayoritariamente. En confesiones cristianas y aun en perspectivas absolutamente distintas de la tradición judeo-cristiana, abundan las personas y grupos que han aportado importantes beneficios para la sociedad, a veces con entrega de la vida de sus testigos, haciéndola crecer en la perspectiva del reino proclamado por Jesús de Nazaret.

Y esa realidad, resulta un verdadero desafío para quienes con distintos niveles de adhesión y de juicio crítico seguimos integrando su estructura. Que con la elección de Francisco I se haya dado un paso para recomponer con mayor acuerdo con el mensaje cristiano, la estructura de esta Iglesia, no significa que esté todo hecho. Hace falta todavía una mayor adaptación a todos los signos positivos que se han ido dado en el mundo, desde la ciencia y las experiencias sociales, para que el mensaje liberador y plenamente humano de Jesús de Nazaret rinda los debidos frutos-