Los “rolezinhos” nos acusan: somos una sociedad injusta y segregacionista. Por Leonardo Boff

El fenómeno de centenares de jóvenes que van juntos a dar una vuelta por los shoppings centers de Río y São Paulo ha suscitado las más disparatadas interpretaciones. Algunas, de los acólitos de la sociedad neoliberal de consumo, que identifican ciudadanía con capacidad de consumir, generalmente en los grandes periódicos de los medios comerciales, no merecen consideración. Son de una indigencia analítica que da vergüenza.

Pero hay otros análisis que han ido al centro de la cuestión, como el del periodista Mauro Santayana del JB on-line y los de tres especialistas, que han evaluado la irrupción de estos jóvenes en la visibilidad pública y el elemento explosivo que contienen. Me refiero a Valquíria Padilha, profesora de sociología en la USP de Ribeirão Preto: “Shopping Center: la catedral de las mercancías” (Boitempo 2006), al sociólogo de la Universidad Federal de Juiz de Fora, Jessé Souza, “Ralea brasilera: quién es y cómo vive” (UFMG 2009), y a Rosa Pinheiro Machado, científica social con un artículo “Etnografía del rolezinho” en Zero Hora de 18/1/2014. Los tres dieron entrevistas esclarecedoras.

Por mi parte interpreto de la siguiente forma tal irrupción:

En primer lugar, son jóvenes pobres, de las grandes periferias, sin espacios de ocio y de cultura, penalizados por servicios públicos ausentes o muy malos, como salud, educación, infraestructura sanitaria, transporte, ocio y seguridad. Ven televisión cuyas propagandas los seducen para un consumo que nunca van poder realizar. Saben manejar computadores y entrar en las redes sociales para articular encuentros. Sería ridículo pedirles que analicen teóricamente su insatisfacción. Pero sienten en la piel cuan malvada es nuestra sociedad porque excluye, desprecia y mantiene a los hijos e hijas de la pobreza en una invisibilidad forzada.

¿Qué se esconde detrás de su irrupción? El hecho de no ser incluidos en el contrato social. De poco vale que tengamos una constitución ciudadana, que en este aspecto es solamente retórica, pues ha implementado muy poco de lo que prometió con vistas a la inclusión social. Ellos están fuera, no cuentan, ni siquiera sirven de carbón para el consumo de nuestra fábrica social (Darcy Ribeiro). Estar incluido en el contrato social significa tener garantizados los servicios básicos: salud, educación, vivienda, transporte, cultura, ocio y seguridad. Casi nada de esto funciona en las periferias. Lo que están diciendo con su penetración en los bunkers del consumo es: “míranos de cerca”, “no estamos parados” “estamos aquí para incomodar”. Con su comportamiento están rompiendo las barreras del apartheid social. Es una denuncia de un país altamente injusto (éticamente), de los más desiguales del mundo (socialmente), organizado sobre un grave pecado social pues contradice el proyecto de Dios (teológicamente). Nuestra sociedad es conservadora y nuestras élites extremadamente insensibles a la pasión de sus semejantes y por eso cínicas. Continuamos siendo Brasilindia: una Bélgica rica dentro de una India pobre. Todo eso denuncian los rolezinhos, más con actos que con palabras.

En segundo lugar, ellos denuncian nuestra mayor llaga: la desigualdad social cuyo verdadero nombre es injusticia histórica y social. Es relevante constatar que con las políticas sociales del gobierno del PT la desigualdad disminuyó, pues según el IPEA el 10% más pobre tuvo entre 2001-2011 un crecimiento de renta acumulado de 91,2% mientras que la parte más rica creció un 16,6%. Pero esta diferencia no atacó la raíz del problema, pues lo que supera la desigualdad es una infraestructura social de salud, escuela, transporte, cultura y ocio que funcione accesible a todos. No es suficiente transferir renta; hay que crear oportunidades y ofrecer servicios, cosa que no ha sido el objetivo principal del Ministerio de Desarrollo Social. El “Atlas de la Exclusión Social” de Márcio Poschmann (Cortez 2004) nos muestra que hay cerca de 60 millones de familias, de las cuales cinco mil familias extensas detentan el 45% de la riqueza nacional. Democracia sin igualdad, que es su presupuesto, es farsa y retórica. Los rolezinhos denuncian esa contradicción. Ellos entran en el “paraíso de las mercancías” vistas virtualmente en la TV para verlas realmente y sentirlas en las manos. Este es el sacrilegio insoportable para los dueños de los shoppings. Estos no saben dialogar, llaman a la policía para que los reprima y cierran las puertas a esos bárbaros. Sí, bien lo vio T. Todorov en su libro “Los nuevos bárbaros”: los marginalizados del mundo entero están saliendo del margen y yendo hacia el centro para suscitar la mala conciencia de los “consumidores felices” y decirles: este orden es orden en el desorden. Los hace frustrados e infelices, llenos de miedo, miedo de sus semejantes que somos nosotros.

Fuente: Leonardo Boff Blog

Recuperar lo humano, revisar lo histórico, redescubrir lo evangélico. Por Juan Masiá

En vez de responder directamente a las preguntas enviadas por el secretariado del Sínodo (que parecen formuladas para inducir y condicionar la respuesta), es preferible expresar para conocimiento de los obispos sinodales una opinión sobre cada uno de los nueve temas indicados en el título de cada bloque de preguntas. En el marco de una reunión con profesionales y matrimonios católicos que asisten a cursos de formación permanente en teología, redacto mi propia opinión incorporando las aportaciones recibidas por los participantes.

1. Sobre Biblia y magisterio eclesiástico acerca de la familia.masia

En vez de preguntar si se difunden y cómo se aceptan las enseñanzas de la Iglesia sobre matrimonio, familia y sexualidad, hay que plantear la revisión radical del modo de leer, interpretar y aplicar los textos bíblicos, tal como se los usa en Humanae vitae de Pablo VI, en Familiaris consortio de Juan Pablo II y en el Catecismo de 1992.

2. Sobre matrimonio y ley natural.

En vez de preguntar por el matrimonio según la ley natural, hay que revisar y corregir la manera estrecha de entender la llamada ley natural y la pretension de que la Iglesia se arrogue el monopolio de su interpretación. Es necesario clarificar el modo de entender la enseñanza de la Iglesia en el campo moral. Se refiere más a una enseñanza parenética o exhortativa, que pretende ayudar  a las personas a evitar el mal y hacer el bien. El papel de la Iglesia, como explicaba el cardenal Martini, no es el de multiplicar definiciones y condenaciones, sino el de ayudar a las personas a vivir más humanamente y con esperanza. La confusión entre estas exhortaciones y la doctrina moral es dañosa, porque provoca el malentendido de considerar herético lo que es meramente un disentir responsable con relación a una determinada recomendación que no tiene por qué ser considerada como una afirmación doctrinal.

3. Sobre pastoral familiar y evangelización.

*No es sólo cuestión de flexibilizar la práctica pastoral sin tocar la enseñanza sobre la supuesta “doctrina” de la Iglesia. De hecho, hace décadas que muchas personas creyentes y obispos y sacerdotes que están en el seno de la iglesia se sienten con toda libertad para disentir de las exageraciones de la llamada “doctrina de la Iglesia”. Pero esta no cambia abierta y oficialmente y hay una brecha abierta de separación entre esta práctica pastoral evangélica y las posturas oficales de la Iglesia, con las que pierde credibilidad dentro y fuera de ella. Por ejemplo, hay creyentes que piensan que usar un preservativo está prohibido, y hay no creyentes que piensan que el uso del preservativo está condenado. Pero en el consultorio y en clase de teología moral decimos claramente, con frase del Cardenal Martini, que “ni le corresponde a la iglesia condenarlo ni es su misión recomendarlo”. Sin embargo las jerarquías eclesiásticas no se han atrevido a decir esto y por eso han perdido tanta credibilidad durante los tres últimos pontificados.

*Tanto en la práctica de la pastoral familiar como en los documentos y exhortaciones de la Iglesia sobre matrimonio y familia hay que corregir tres fallos graves :

1) Hay que evitar la falta de distinción entre las enseñanzas principales (que son pocas y muy básicas, p. e., la paternidad responsable) y las cuestiones secundarias y discutibles (que pueden ser muy variadas, p.e., las recomendaciones que hicieron los Papas Pablo VI y Juan Pablo II acerca de los anticonceptivos.

2) Hay que evitar que se junte el olvido de las enseñanzas principales con el empeño en convertir en señal de identidad católica el asentimiento ciego a esas otras recomendaciones secundarias.

3) Hay que evitar que personas creyentes poco formadas como adultas en su fe crean equivocadamente que no se puede disentir de la iglesia en estas cuestiones secundarias y confundan la discrepancia razonable y responsable con la disidencia e infidelidad (Por ejemplo, disentir de la Humanae vitae no es cuestión de pecado, ni de obediencia, ni de fe. Esto hay que enseñarlo claramente y no sólo decirlo en voz baja en el consultorio o en el confesionario).

4. Sobre la actitud pastoral ante las situaciones difíciles de parejas y matrimonios.

*Hay que revisar el criterio acerca de las relaciones sexuales fuera del marco jurídicamenrte formalizado como matrimonio. Una buena referencia es el triple criterio propuesto por el episcopado japonés en su Carta sobre la Vida (1983): Criterio de fidelidad consigo mismo: ¿Cómo actuar en el terreno de la sexualidad y el amor, de modo que se respete uno a sí mismo? Criterio de sinceridad y autenticidad para con la pareja: ¿Cómo actuar en el terreno de la sexualidad y el amor de modo que se respete a la pareja? Criterio de responsabilidad social. ¿Cómo actuar de modo que se tome en serio la responsabilidad para con la vida que nace como fruto del amor?

*Hay que revisar la opinión expresada en los documentos oficiales de los tres últimos pontificados acerca de la inseparabilidad de lo unitivo y lo procreativoen la relación sexual y en cada uno de sus actos.

*La propuesta de una ética de máximos como ideal, por ejemplo, acerca del matrimonio indisoluble, debe hacerse compatible con la aceptación y apoyo pastoral y sacramental de las personas tras la ruptura de una relación matrimonial, y en el proceso de rehacer la vida con o sin otra nueva relación.

5. Sobre las relaciones de pareja homosexuales.

No basta afirmar con el catecismo que las personas con una orientación homosexual no deberían ser discriminadas ni en la sociedad ni en la Iglesia (Catecismo de la Iglesia católica, n. 2358). No basta afirmar que la orientación homosexual en sí misma no es un mal moral (Véase la Instrucción de la Congregación para la Doctrina de la fe, Carta a los obispos de la Iglesia católica sobre el cuidado pastoral de personas homosexuales, 1986, n. 3).

No basta explicar que algunos textos de la Escritura en que se alude a prácticas homosexuales deben ser leídos en el contexto de denuncia de las costumbres sociales de la época; no deberían ser utilizados nunca para emitir un juicio de culpabilidad contra quienes sufren a causa de su orientación sexual (Véase la Instrucción de la Congregación para la Doctrina de la fe, Persona humana, 1975, n. 8). Hay que dar un paso más y, en vez de concentrarse en cuestionar la relación sexual, la Iglesia debería confrontar el problema inherente a las reacciones negativas, tanto religiosas como sociales, con que se confronta este tema en la Iglesia y en la sociedad. Y dar también el paso de la acogida comunitaria, sacramental y pastoral de estas parejas y de la educación de su prole.

 

6. Sobre la educación de los hijos-as de parejas “no formalizadas” según el llamado “modelo tradicional” de familia.

Sin renunciar a lo ideal, hay que ser realista. Sin dejar de recomendar el ideal de la indisolubilidad, hay que asumir el hecho inevitable de las rupturas y la necesidad de sanación humana, espiritual y sacramental. Como escribe el epsicopado japonés en su Carta del Milenio, “Reconocemos que muchos hombres y mujeres no son capaces de cumplir la promesa de amor que hicieron al casarse… Hay situaciones en las que por diversas razones la ruptura es inevitable… Estas personas necesitan consuelo y ánimo. Lamentamos que la Iglesia haya sido a menudo un juez para ellas… Cuando el vínculo matrimonial, lamentablemente, se ha roto, la Iglesia debería mostrar una comprensión cálida hacia esas personas, tratarlas como Cristo las trataría y ayudarlas en los pasos que están dando para rehacer su vida… Esperamos que quienes han pasado por el trance penoso del divorcio y han encontrado a otra persona como compañera en el camino de la vida serán apoyados por la Iglesia con un amor materno y acogedor”.

7. Sobre la acogida de la vida naciente.

*No ha de extrañar que una gran mayoría de esposos católicos apoyados por el ministerio pastoral vengan disintiendo de las orientaciones eclesiásticas sobre laregulación de la natalidad. No es un problema de moral, sino de eclesialogía mal entendida. No es problema de desobediencia, sino de responsabilidad.

*La violación es un acto que, con su violencia hiere la dignidad de la persona en su mismo centro. Es evidente que el embarazo no debe ser el resultado de una violencia. Esto se aplica no solamente a los casos de violación en el sentido más estricto de la palabra, sino también a otros casos de violencia más o menos disimulada. Hay que responder que, en muchos casos, interrumpir ese proceso en sus primeros estadios constitutivos no es solamente lícito, sino hasta obligatorio. De lo contrario, la persona correría el riesgo de verse ante el dilema de asumir irresponsablemente la maternidad o recurrir a la interrupción del embarazo en el sentido estricto y moralmente negativo de la palabra aborto. La prevención de la implantación ayudaría a evitar ese dilema; la “intercepción” (que se lleva a cabo durante las dos primeras semanas) sería la alternativa razonable y responsable frente al dilema entre contracepción y aborto.

*Al defender la vida nascitura hay que evitar los malentendidos a que da lugar la definición del concebir como un momento,en vez de como un proceso; también evitar la confusión entre las interrupciones excepcionales de la gestación antes de la constitución del feto y la terminación abortiva injusta de la vida naciente.

Optamos por la acogida responsable del proceso de vida emergente y nascente, que implica la exigencia de que, si y cuando se plantee su interrupción excepcional sea de modo responsable, justo, justificado, y en conciencia. Por tanto, deberíamos presuponer, ante todo, una actitud básica de respetar el proceso de concebir iniciado en la fecundación; acoger la vida naciente desde el comienzo del proceso; favorecer el desarrollo saludable del proceso de gestación de cara al nacimiento; y protegerlo, haciendo todo lo posible para que no se malogre y para que no se interrumpa el proceso, ni accidentadamente, ni intencionadamente de modo injustificado.

Esta acogida y protección debe llevarse a cabo de modo responsable. Pero esta postura en favor de la acogida de la vida no significa que esa vida sea absolutamente intocable. La acogida ha de ser responsable y podrán presentarse casos conflictivos que justifiquen moralmente la interrupción de ese proceso. Si no se va a poder asumir la responsabilidad de acoger, dar a luz y criar esa nueva vida, hay que prevenirlo a tiempo mediante los oportunos recursos anticonceptivos (antes del inicio de la fertilización) o interceptivos (antes de la implantación).

Habrá casos límite en los que pueda darse incluso la obligación (no el derecho) de interrumpir en sus primeras fases el proceso embrional de constitución de una nueva individualidad antes de que sea demasiado tarde. Ejemplos de estos casos de conflicto de valores serían: cuando la continuación de ese proceso entra en serio y grave conflicto con la salud de la madre o el bien mismo de la futura criatura, todavía no constituída.

En estos conflictos, a la hora de sopesar los valores en juego y jerarquizarlos, el criterio del reconocimiento y respeto a la persona deberá presidir la deliberación. Cuando, como consecuencia de esta deliberación, se haya de tomar la decisión de interrumpir el proceso, esta decisión corresponderá a la gestante y deberá realizarse, no arbitrariamente, sino responsablemente y en conciencia.

Finalmente, estas decisiones de interrupción del proceso deberían tener en cuenta el momento de evolución en que se encuentra esa vida en esas fases anteriores al nacimiento. Esa vida sería menos intocable en las primerísimas fases y el umbral de intocabilidad, en principio, no debería estar más allá del paso de embrión a feto en torno a la novena semana. Pasado este umbral, si se presentan razones serias que obliguen a una interrupción del proceso, no debería llevarse a cabo como un pretendido derecho de la gestante, sino por razón de una justificación grave a causa de los conflictos de valores que plantearía la continuación del proceso hacia el nacimiento. Cuanto más avanzado fuera el estado de ese proceso, se exigirían razones más serias para que fuera responsable moralmente la decisión de interrumpirlo.

8. Sobre la dignidad de la persona en la familia.

El respeto a la dignidad de las personas en la familia es más importante que la defensa de la supuesta indisolubilidad incondicional del vínculo matrimonial. Hay que evitar la violencia doméstica mediante el rrespeto mutuo de los esposos, el respeto de la autonomñia de los hijos-as, sin impedir posesivamente su crecimiento, y el respeto a los progenitores y cuidado en ancianidad deberían preocupar a la pastoral familiar, más que las discusiones sobre la procreación médicamente asistida o el recurso a los anticonceptivos.

 

Fuente: Religión Digital.

Homilías Dominicales – Domingo 19 de enero de 2014 – 2do. Domingo durante el año litúrgico (ciclo “A”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Juan 1, 29-34)

Mirando a Jesús que venía hacia él, Juan el bautizador  dijo: Miren al cordero de Dios que va a quitar el pecado del mundo. Éste es de quien yo dije que venía detrás de mí un hombre que se pone delante de mí porque estaba antes que yo.

Tampoco yo lo conocía pero si yo he venido a  bautizar con agua es para que él se manifieste a Israel. Y Juan dio este testimonio” yo he visto al espíritu descender sobre él como una paloma que baja del cielo, y quedarse en él. Cuando yo todavía no lo conocía fue el que me mandó a bautizar con agua quien me dijo: Aquel sobre quien veas que el espìritu baja y se queda es quien va a bautizar con el Espíritu Santo. Yo lo he visto y doy testimonio de que éste es el hijo de Dios.

Síntesis de la homilía

Indudablemente para Juan fue impactante la presencia de Jesús, mayor que él en edad y con la profundidad de un cultor permanente de la  investigación de la realidad para encontrar en ella, las expresiones de la presencia   de Dios y de su voluntad. Por eso no dudó en señalarlo como el mensajero y realizador del reino anunciado para limpiar el pecado de la humanidad. Intuición que el evangelio de Juan ratifica con alusión al profeta Isaías que pinta al enviado de Dios como cordero cargando con los pecados del mundo.  Juan reconoce que su bautismo es una ablución externa que con su simbolismo mueve a la renovación interior pero sabe que la verdadera renovación tiene que ser del espìritu y relativiza la importancia de su bautismo frente al que propiciará Jesús.

En cuanto a lo que el bautista presenta como una visión que se completa en la tradición interpretativa con la semejanza de una paloma, no se trata propiamente de un disfraz del espìritu de Dios para hacerse notar por la gente y demostrar al Bautista que JESÚS era el elegido como hijo amado lleno de su espìritu. Estamos ante una concepción simbólica que hace inteligible a todo nivel la riqueza interior que Juan ha adivinado en Jesús.

Este reconocimiento de Juan de la superioridad sobre él de uno de sus discípulos al que identifica como el liberador y salvador, señalándolo como el que carga con el pecado para redimirlo, es realmente ejemplar. Más adelante sabremos que desde la cárcel el Bautista duda de su propia intuición original  al no descubrir en el accionar de Jesús la imagen del reino de Dios que él  había imaginado. Pero la humildad de quien en ese momento cuenta con la popularidad de una convocatoria numerosa y entusiasta es realmente significativa para quienes tantas veces nos negamos a admitir las novedades descubiertas por quienes marchan delante de nosotros en conocimientos y cualidades destacables. Por eso, la envidia destructora que se manifiesta en tantas oportunidades frente a personas, grupos o instituciones, enriquecidas con capacidades superiores a las nuestras que las ponen públicamente al servicio de la sociedad. La popularidad de Juan podía haber ensombrecido la misión de Jesús. De hecho su prestigio continuó durante mucho tiempo entre los judíos y los primeros cristianos. Pero supo colocarse en su lugar. En el que según lo afirmó Jesús, Dios quería que estuviera cada uno.

Homilías Dominicales – Domingo 22 de diciembre de 2013 – 4to de adviento (ciclo “A”) – Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mt 1, 18-24)

Así nació Jesús el mesías: María su madre estaba prometida a José y antes de convivir  resultó que esperaba un hijo del Espíritu santo. José que era hombre recto y no quería manchar su fama decidió romper con ella en secreto. Pero apenas tomó esta resolución, se le apreció en sueño un ángel del Señor que le dijo: José  hijo de David no tengas inconveniente en llevarte contigo a María porque la criatura que lleva en su seno viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y lo llamarás Jesús porque viene a salvar a su pueblo. Esto sucedió para que se cumpliera lo que Dios dijo por medio del profeta: Miren, la doncella concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Emanuel (Is.7,14) que significa “Dios con nosotros”

Cuando  José se despertó hizo lo que le había dicho el ángel y llevó a su mujer a su casa.

 

Síntesis de la homilía

Mateo, un evangelio dirigido de manera explícita a los judíos convertidos y por convertir al cristianismo utiliza los datos de su relato como argumentos de prueba sobre la mesianidad de Jesús. Por eso se refiere meticulosamente al nacimiento del mesías. Al origen de todo. Los datos mezclan evidentemente lo real, con lo interpretado de acuerdo al objetivo perseguido por el evangelista. José es el personaje real. El ángel (mensajero) del Señor  aporta la interpretación. José se alarma por el embarazo imprevisto y adopta una decisión crucial y dolorosa y lógica de abandonar a su prometida infiel. El mensajero, en el clima de los sueños, lo convence de que allí está obrando el Espíritu de Dios. La acción del hombre no explica el sentido de esa realidad que lo preocupa. Es el designio salvador de Dios el que lo envuelve- El “espíritu de Dios”.

Y José renunciando a considerar como lo más importante: el hecho no provocado por él, admite la interpretación, el sentido originado en el mensaje del ángel de sus sueños.

Mateo a su vez, hace de intérprete de la profecía de Isaías, el gran profeta mesiánico que para los judíos es “palabra santa”. El texto corrige la palabra “doncella de la corte” por la de “virgen” y así queda afirmado al mismo tiempo el cumplimiento de la profecía de Isaías y la intervención poderosa e inexplicable de Dios.

José el varón justo termina obedeciendo al ángel de Señor y así queda completada la narración, con la seguridad de que así se han cumplido las cosas.

La interpretación tradicional ha dado a la realidad una importancia secundaria. José aparece por eso como descolocado en su apreciación. La importancia absoluta ha sido fijada en la interpretación de los hechos como cumplimiento de lo que Dios quiere.

Como recurso apologético (de argumentación convincente) esto es plenamente aceptable en el lenguaje evangélico, orientado a comunidades concretas en un tiempo concreto y circunstancias absolutamente particulares.

Pero tenemos que reconocer que para nosotros esta facilidad de admitir cosas que están en contra de las leyes naturales, aunque traigan mensajes importantes en lo simbólico e interpretativo, no nos deja tranquilos.

Es justo entonces, una vez conocido e interpretado el testimonio de vida de Jesús de Nazaret desbrozado de todas la añadiduras transitorias aportadas por los condicionamientos de tiempo, circunstancias históricas, lenguaje y estilos utilizados,  nos adentremos en ese testimonio de vida aceptándolo como huella de nuestra historia y re-naciendo de alguna manera con él en circunstancias y tiempos muy lejanos,  para producir la recuperación definitiva de la dignidad del ser humano en la medida de nuestras posibilidades, como él lo hizo en la medida de la suya.

Homilías Dominicales – Domingo 15 de diciembre de 2013 – 3ro. de Adviento (ciclo “A”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema: (mt. 11,2-11)

Desde la cárcel Juan se enteró de las obras que hacía Jesús y mandó a dos discípulos a preguntarle: ¿Eres tú el que tenía que venir o esperamos a otro? Jesús le respondió: vayan a contarle a Juan lo que ustedes están viendo y oyendo:

Que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios los sordos oyen, los muertos resucitan y los pobres reciben la buena noticia. Y…dichoso ¡el que no escandaliza de mí! Mientras los dos discípulos se alejaban Jesús comenzó a hablar de Juan a la gente. “Díganme ¿qué salieron ustedes a ver en el desierto? Una caña movida por el viento? ¿qué salieron a ver? Un hombre vestido con elegancia? Los que visten con elegancia están en las cortes de los reyes. Entonces, ¿a qué salieron? ¿A ver un profeta? Sí, desde luego: él es de quien está escrito:”Mira que te envío un mensajero por delante.

El prepara tu camino”

Les aseguro que no ha nacido de mujer, nadie más grande que Juan bautista. Aunque el más pequeño en el reino de Dios es más grande que él.

 

Síntesis de la homilía

Tremenda duda la de Juan!  Está en la cárcel, convencido de haber cumplido con la función que había sentido confiada por Dios. Su euforia por la llegada del Reino anunciado le había hecho anticipar los tiempos y confundir las características de esa liberación. Y Jesús, prácticamente un discípulo suyo, marchaba por un camino completamente diferente. Jesús se da cuenta de la angustia que seguramente invadía a su primo y amigo y sin muchas disquisiciones despliega ante los discípulos el testimonio de sus obras, coincidentes con las anunciadas para la llegada del mesías.

La exclamación con que concluye su respuesta es un indicio de su sensibilidad herida por el proceso natural humanamente que está viviendo Juan, pero que seguramente lo está destrozando por dentro.  ¡ que yo no resulte ocasión de escándalo para que pueda ser feliz! Y con toda delicadeza, para que la gente no piense que está menospreciando a Juan, hace de él la mayor alabanza en que se podía pensar como ser humano austero, sincero, valiente, sin doblez y humilde. Pero la propuesta divina es superadora de lo que el hombre puede y por eso quienes se embarcan en ella con decisión, comprometidos con su realización, son más importantes que el importantísimo Juan.

Es realmente aleccionadora esta divergencia entre el Bautista y Jesús, ocultada durante mucho tiempo para  no sembrar obstáculos en la presentación de los dos importantes personajes. Pero la realidad irrefutable es que se trata de dos hombres. Inspirados ambos por una fuerza interior que interpretan como querer divino, y ambos con muy buena voluntad de servir generosamente a esa causa. Ambos también, mártires de su convencimiento y de la causa promovida y defendida. Pero ambos con una interpretación distinta de los hechos y circunstancias vividas. Quizás nos “escandalicemos” es decir  nos resulte extraña la actitud de Jesús para con Juan, de algún modo preparador anunciante de su presencia que, finalmente, se siente defraudado por su conducta y sus obras. Pero la revolución de Jesús que sostiene  una visión nueva de la historia y de la relación del hombre con los demás hombres, abarca todo el pasado del paganismo y el judaísmo incluído Juan, a pesar de reconocer sus méritos y valores personales.

La historia de la Iglesia nos muestra muchas veces estas limitaciones humanas que se producen a pesar de la buena voluntad personal y, a Dios gracias, vamos recogiendo interesantes experiencias de cómo aquella revolución sigue dejando de lado propuestas que no reconocen al Dios liberador y deseoso de la realización feliz de la humanidad y del cosmos.

Homilías Dominicales – Domingo 8 de diciembre 2013 – 2do. de Adviento (ciclo “A”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mt. 3,1-12)

Se presentó Juan el bautista en el desierto de Judea proclamando: Enmiéndense, que ya llega el reinado de Dios.

La gente acudía en masa desde Jerusalén, la Judea y el valle del Jordán a donde estaba Juan, confesaban sus pecados y él los bañaba en el Jordán. Al ver que muchos fariseos y saduceos se acercaban para que él los bañara, les dijo : “raza de víboras! ¿Quién les ha enseñado a ustedes a escapar del castigo inminente? Si buscan eso, den los frutos que se esperan de su arrepentimiento y no se hagan ilusiones pensando que Abraham es su padre. porque les digo que Dios puede sacarle hijos a Abraham desde la piedras estas.

Además, el hacha ya está colocada en la raíz de los árboles y todo el que no da fruto será talado y echado al fuego. Yo ahora los bautizo con agua pero el que viene después de mí es más fuerte que yo y yo no soy bastante para quitarle las sandalias. Ése los va a

bautizar con espíritu santo y fuego.

 

Síntesis de la homilía

Juan es el último representante de la ideología israelita fomentada por los profetas. Yahvé no va a abandonar a su pueblo porque los enemigos de Israel son sus propios enemigos. Y en un momento determinado por él, los destruirá completamente, devolviendo a su pueblo la soberanía y el dominio perdidos. A eso se debe el éxito de la convocatoria de Juan, posiblemente influenciado por los esenios, un grupo de judíos ortodoxos que se habían retirado de Jerusalén y el templo para observar meticulosamente en el desierto, la Ley de Moisés.

Los fariseos y saduceos con fama de observantes de la Ley, a pesar de su complicidad con el imperio opresor, se consideraban el verdadero pueblo de Israel, descendiente de Abraham. Y eso les daba seguridad de no ser abarcados por la destrucción mesiánica de los enemigos de Yahvé. Juan les quita esa seguridad e indirectamente los señala como los árboles estériles que están destinados a la destrucción del fuego. Todas estas circunstancias hacen del mensaje del bautizador, una presentación de un Dios terrible y vengativo que constituirá para Juan algo más grave, como decepción, que el asesinato realizado por Herodes después de encarcelarlo por denunciar su adulterio. Porque, al parecer, ya en la cárcel se dará cuenta que el reino anunciado por los profetas y predicado por jesús no es destrucción, venganza y muerte sino de perdón, construcción y paz.

Tenemos que reconocer que nuestra Iglesia encajada en una tradición religiosa muy marcada con el sentido de superioridad racial del judaísmo que como pueblo se consideró elegido por Yahvé, ha repetido en muchas ocasiones y de diversos modos, una predicación y predicción de la llegada del reino con detalles aterrorizantes de condenas y castigos, al estilo del Bautista.

Una cantidad de mentes esclarecidas por el estudio, la investigación y la experiencia han devuelto a la Iglesia el sentido de anunciadora del reino anunciado por Jesús. A nosotros nos ha tocado vivir diversas etapas de ese proceso, a través de varios de los últimos pontífices y particularmente de ese acontecimiento absolutamente imprevisto y trascendental del Concilio vaticano II que permitió un giro fundamental desde la disciplina y sujeción tridentina a la libertad y el amor como características del reino.

Este segundo domingo que coincide este año con una evocación de la figura de MARÍA la madre de Jesús, es una oportunidad para liberar esa figura de una cantidad de características que se le han ido sumando y han llegado a convertirla en la que salva al mundo del instinto destructor de Dios y con su influencia detiene su ira y nos facilita la entrada clandestina al reino final y pleno. Nada más inexacto e injusto. La evocamos sí como la gran respuesta amorosa al Dios de Jesús que lo presentó, el primero entre los líderes religiosos de la historia, como el Dios Amor y el Dios del Amor.

Homilías Dominicales Domingo 29 de diciembre de 2013 – Festividad de la familia de Jesús. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (lc. 2,41-52) Los padres de Jesús iban cada año a Jerusalén para la fiesta de Pascua. Cando Jesús cumplió los doce años subieron a las fiestas como acostumbraban y cuando se volvieron el niño se quedó en Jerusalén. Ellos creyendo que iba en la caravana al terminar el primer día se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos y como no lo encontraban se volvieron a Jerusalén. A los tres días lo encontraron  en medio de los maestros del templo escuchándolos y haciéndoles preguntas. Al verlo se quedaron extrañados y su madre le dijo: Hijo porqué te has portado así con nosotros? Mira con qué angustia te hemos andado buscando tu padre y yo. ¿por qué me buscaban? No se daban cuenta que yo tenía que estar en la casa de mi padre?

Ellos no comprendieron todo lo que quería decir. Jesús bajó con ellos a Nazaret sometido a su autoridad. Su madre guardaba en el corazón estos recuerdos. Jesús iba creciendo no sólo en edad y estatura sino también en el aprecio de los hombres y el amor de Dios.

 

Síntesis de la homilía

Lucas pone a Jesús subiendo tan sólo dos veces a Jerusalén, la ciudad capital, Ésta es la primera.  La segunda será para su pasión. Es como si a ambas les quisiera sacar todo su contenido. “todo el jugo” como decimos nosotros. Ésta le sirve a Lucas como de presentacion del personaje: Cumpliendo la Ley, dócil a las enseñanzas de sus padres, interesado en aprovechar toda la información que podían darle los especialistas de la Ley a la que él había prometido fidelidad en la solemne ceremonia de Bar Mitzvá, con claridad de ideas sobre lo que era más importante en cada circunstancia, libertad para exponer sus criterios pero pronto a admitir el razonamiento de los mayores.

Hay que advertir que no suena muy bien la respuesta a la madre que manifiesta su angustia  por buscarlo. Sucede en varios pasajes evangélicos. Aunque no se puede decir que se trata de textos completamente auténticos, eso es explicable si tenemos en cuenta que el clima es de una cultura fuertemente patriarcal en que la mujer y la madre estaban muy lejos de tener la presencia en los afectos y delicadezas con que hoy la consideramos.

El detalle de Lucas que apunta que María guardaba estas cosas en el corazón y la angustia a que hace alusión como madre incluyen en el relato una dosis de ternura que  el Jesús pintado por los evangelistas parece no cultivar.

Tener en cuenta la vida familiar de Jesús es indispensable para compenetrarnos de la dimensión real  de su humanidad que tantas  veces se nos esfuma.

La liturgia católica ha elegido este domingo posterior a navidad como festividad de la sagrada familia y el relato que manejamos pertenece exclusivamente a Lucas. Y en verdad como familia formada alrededor del mesías es venerable y sagrada por la simplicidad y compromiso con que cada uno de sus miembros cumple con su misión junto a Jesús. Pero, ciertamente no se trata de un modelo  para cualquier familia. La maternidad virginal  presentada como superior a la biológica, la oscuridad de José sin presencia prácticamente en la vida de Jesús, la reducción a un solo hijo como virtud,,,son elementos desencajados de una vida familiar auténtica y deseable.

La actitud a cultivar entonces en esta festividad no es tanto la entronización de la familia de jesús como la familia ideal, sino el agradecimiento al Padre Dios por haber confiado a una familia y a un hijo de mujer la misión de iluminar para la humanidad el camino de la felicidad. Lo cual aumentan nuestro gozo y responsabilidad de formar y vivir en familia utilizando todas sus riquezas espirituales para construir nuestra realización personal y social.

Homilías Dominicales – Domingo 1ro. de diciembre de 2013 – 1ro. de adviento (ciclo”A”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (mt.24,7-44)

Lo que pasó en tiempos de Noé pasará con la venida de este hombre, decía Jesús. Lo mismo que en los días que precedieron al diluvio, la gente comía, bebía y se casaba hasta el día en que Noé entró en el Arca, y estando desprevenidos llegó el  diluvio y se los llevó a todos, así sucederá también con la venida de este hombre. Entonces de dos que estarán en el campo uno será llevado y a otro lo dejarán, dos mujeres estarán moliendo y una será arrebatada y la otra dejada.

Por tanto estén vigilantes porque no saben el día en que vendrá el Señor. Si el dueño de casa supiera la hora de la noche en que va a venir el ladrón se quedaría en vela y no lo dejaría entrar a su casa. Uds. estén preparados también porque cuando menos lo piensen llegará este hijo de Hombre .

 

Síntesis de la homilía

Consecuentes con la idea de que la muerte de Jesús no podía ser su final, los primeros cristianos eufonizados por la confianza de los primeros testigos, estaban seguros de que Jesús volvería triunfando sobre sus enemigos, para establecer a sus amigos y discípulos en el reino definitivo, esperado y anunciado tantas veces por los profetas de Israel. Y, para ellos, esa vuelta iba a ser pronto.  “antes de una generación”, como lo habría anunciado el mismo Jesús.  Pero  el retorno, así como ellos se lo habían imaginado y los hubieran querido, no se produjo. Los evangelios sinópticos presentan esta situación en los llamados discursos apocalípticos que han sido tomados muchas veces como si se tratara de anuncios concretos y detallistas de un final concebido desde muy diversas perspectivas. Sólo pueden asumirse como real contenido de estos discursos, algunas normas de vida que los relatores evangélicos quieren trasmitir a sus comunidades. Y en Mateo, la norma central es la vigilancia. Lo que actualizó el Papa Juan XXIII inclinando a los cristianos a  descubrir y diagnosticar los “signos de los tiempos”. Muy distinto de lo que hasta no hace mucho,  fue la interpretación común  de estos pasajes con un sentido entre aterrorizante y evasivo.

Aterrorizante porque creaba una conciencia, con un ligero análisis de la situación que se vivía (que siempre fue terminal e irremediable para algunos) de que ya se estaba en los umbrales del final terrorífico. Y, a la vez, evasivo porque con muy poco razonamiento y experiencia se pensaba que si eso fuera a suceder sería después de mucho tiempo. Tanto que muy probablemente ninguno de los actuales personajes  viviría bastante como para padecerlo. Y en otras oportunidades, la venida del hijo de Hombre como se llama a sí mismo Jesús, se confunde con el momento de la muerte de cada uno, absolutamente incierto  en sus particularices de tiempo y modo.

La simplicidad del objetivo evangélico que es: inyectar el valor de la fraternidad como realidad fundamental del reinado de Dios, esquiva esas dos actitudes. La vigilancia es estado permanente  de atención y esperanza.  Atención para descubrir en lo que pasa a nuestro alrededor, la posibilidad de usar nuestras capacidades para producir  felicidad y paz. Atención para comprender, compadecer y ser solidario con el que necesita de nosotros en cualquier sentido y nivel de carencia. Y esperanza de que, procediendo así, el reino se acerca no en proceso de destrucción y venganza sino en clima de igualización fraternal que, concretando el querer del creador de todo, (para nosotros el Dios del Amor de Jesús de Nazaret), nos conduce a la feliz aunque misteriosa realización final.

Celebración Eucarística

Superado ya el halloween importado y nuestra tradicional visita a los cementerios

NOS REUNIMOS EL DOMINGO 3

RECORDANDO A NUESTROS MUERTOS QUERIDO

Y HACIENDOLOS VIVIR CON NOSOTROS LA EUCARISTÍA

QUE ES ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VIDA

En el “Quincho” a las 10.30. –
Club Tennis Banco de Córdoba
Viracocha 7.200