La Iglesia no se arregla sólo cambiando de zapatos. Por José Ma Castillo

En todo el mundo han sido noticia las nuevas costumbres que el papa Francisco ha introducido en la imagen pública que el sucesor de Pedro ofrece ante el mundo. Nadie duda ya que el papa se parece cada día más a un hombre normal, sin los zapatos rojos de Prada y cada vez con menos indumentarias de ésas, tan llamativas como trasnochadas. Por supuesto, esto es de elogiar, Y expresa que este papa tiene una personalidad fuerte, original, ejemplar. Un papa es importante, no por su imagen pública, sino por su ejemplaridad. Es evidente que el papa Francisco tiene esto muy claro. Por eso lo admiramos, lo aplaudimos, lo sentimos más cerca. Y esperamos mucho de él.zapatos-Papa-Francisco

Por supuesto, yo no soy quién para decirle al papa lo que tiene que hacer. ¿Quién soy yo para eso? De todas maneras, y con toda la modestia y humildad que me es posible, me atrevo a sugerir que solamente con simplificar la vestimenta y modificar algunas costumbres, se puede pensar que la Iglesia no se arregla. Será noticia, eso sí. Sobre todo entre personas y grupos más tradicionales. Algunos ya han puesto el grito en el cielo porque, el pasado jueves santo, el papa Francisco se atrevió a lavar los pies de dos mujeres. Da pena pensar que haya gente que, por semejante cosa, se alarmen tanto. ¿No sería más razonable pensar a fondo dónde está la raíz de los verdaderos problemas que sufre la Iglesia? Y, sobre todo, los problemas que sufre tanta gente desamparada, marginada y sin esperanzas de futuro?

Pues bien, planteada así la cuestión, lo que yo me atrevo a sugerir es que el la raíz de los problemas, que arrastra la Iglesia, no está en la imagen pública que ofrece el papa. La raíz está en la teología que enseña la Iglesia. Porque la teología es el conjunto de saberes que nos dicen lo que tenemos que pensar y creer sobre Dios, sobre Jesucristo, sobre el pecado y la salvación, etc, etc. Ahora bien, como sabe cualquier persona medianamente cultivada, la teología sigue siendo un conjunto de saberes que se han quedado demasiado trasnochados. Porque son ideas y convicciones que se elaboraron y se estructuraron hace más de ochocientos años. Y, como es lógico, en una cultura como la actual, cuando la mentalidad de la casi totalidad de la gente tiene otros problemas y busca otras soluciones, ¿nos vamos a extrañar de que las enseñanzas del clero interesan poco y cada día a menos personas? Yo estoy de acuerdo en que Dios es siempre el mismo. Y no se trata de que la gente de cada tiempo se invente el “dios” que le conviene a la gente de ese tiempo. Nada de eso. Se trata precisamente de todo lo contrario. Se trata de que nos preguntemos en serio si lo que enseñamos, con nuestras teologías y nuestros catecismos, es lo que Dios nos ha dicho. O más bien lo que enseñamos es lo que se les ha ido ocurriendo a una larga serie de teólogos, más o menos originales, que, en tiempos pasados, dijeron cosas que hoy ya sirven para poco.

Termino poniendo un ejemplo, que ilustra lo que intento explicar. En el “Credo” (nuestra confesión oficial de la fe), empezamos diciendo: “Creemos en un solo Dios, Padre todopoderoso”. Eso es lo que enseñó el primer Concilio ecuménico, el de Nicea (año 325). De otros calificativos, que se le podían haber puesto al Dios de nuestra fe, se escogió el de “todopoderoso”, Es decir, si optó por el “poder”, no por la bondad o el amor, que es como el Nuevo Testamento define a Dios (1 Jn 4, 8. 16). Pero no es esto lo que ocasiona más dificultades. El problema principal está en que, si se lee el texto original del concilio, el griego, lo que allí se dice es que los cristianos creemos en el “Pantokrátor”, que era el título que se atribuyeron a sí mismos los emperadores romanos de la dinastía de los “antoninos” (del 96 al 192), que dominaron la edad de oro del Imperio, y se igualaron a los dioses. Ahora bien, el “Pantokrátor” era el amo del universo, el dominador absoluto del cosmos. Una manera de hablar de Dios que poco (o nada) tiene que ver con el Padre que nos presentó Jesús. Y conste que este ejemplo, siendo importante, es relativamente secundario. Sin duda alguna, la teología necesita una puesta al día, que implica problemas mucho más graves que los zapatos del papa. Vamos a intensificar nuestra fe y nuestra esperanza en que el papa Francisco va a dar pasos decisivos en este sentido. En ello, los creyentes nos jugamos más de lo que seguramente imaginamos.

 

Fuente: Blog del autor.

Domingo 7 de abril de 2013 – 2do. de Pascua del ciclo “C”. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema: Jn.20,19-31.

Al amanecer del primer día de la semana estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por temor a los judíos. Entró Jesús y se puso en medio de ellos y les dijo “Shalom!” y les enseñaba las heridas de sus manos y su costado. Ellos se llenaron de alegría. Jesús repitió:”Shalom!” Como el Padre me envió a mí yo los envío a ustedes. Y diciendo esto sopló sobre ellos y les dijo : reciban el espíritu santo y a quienes ustedes perdonen los pecados les serán perdonados y a quienes se los retuvieren les quedarán retenidos.

Tomás, uno de los doce no estaba con ellos cuando tuvieron esta visión. Cuando llegó, le contaban: hemos visto al Señor. El contestó: Si yo no veo en sus manos la señal de los clavos y meto la mano en su costado, no lo voy  creer.

Jesús hizo además muchos otros signos que no están relatados en este libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el mesías, el hijo de Dios y para que creyendo, tengan vida en su nombre.

Síntesis de la homilía

El saludo judío está pleno de significados: alegría del encuentro, paz del espíritu, buenos augurios…Todo esto es lo que los atemorizados discípulos experimentan con esa exclamación de Jesús que les pinta un horizonte mucho más luminoso que ése oscurecido por el miedo por el que están atrapados. Lo sustancial del mensaje es que adquieren conciencia de ser enviados. De que todo lo vivido se resume en una misión. Prolongar la resurrección. Por eso, de inmediato Jesús actualiza el signo de la creación, el soplo del espíritu del Dios de la vida. El realizador de toda resurrección. Tienen la misma responsabilidad que el Padre me encomendó: perdonar los pecados.

Nuestra rutina de entender por pecado sólo las transgresiones voluntarias a la ley, sin importar demasiado su gravedad o consecuencias, nos traslada inmediatamente al sacramento católico de la confesión (que ya ha cambiado su nombre aunque la persistencia de lo antiguo hace que la mayoría de la gente siga llamándolo así) El enfoque disciplinario y disciplinante de la iglesia oficial, la de las autoridades, ha aprovechado este sentido para imponer la confesión como una obligación a cumplir en una multitud de diversas circunstancias, si uno pretende estar preparado para el llamado de ese Dios, que sólo perdona cuando lo hace el ministro de la iglesia.

Pero bíblicamente la noción de pecado es mucho más amplia. Se extiende al pecado transgresión, al pecado incluido en la debilidad humana, a  las consecuencias del pecado que acarrea males inmerecidos personal y socialmente. De hecho la mentalidad judía no podía por eso disociar las enfermedades de las transgresiones que se hubieran cometido.

Lo que el espíritu divino, infundido con el signo del soplo en los discípulos, tiene como finalidad  es la lucha contra todos los males que afligen de distintos modos, a los seres humanos. Es espíritu de amor y liberación. El verdadero perdón no es una disculpa que tranquiliza, es un esfuerzo por borrar todas sus consecuencias. Y a esto son enviados los discípulos, siguiendo las huellas marcadas claramente por el Maestro.

Todo parece  venirse abajo con la incorporación del ausente Tomás en el episodio que tanto ha impresionado a sus colegas. Pone condiciones para dejar de pensar lo que se le ocurre a primera vista su sentido común, que es atribuir a miedo y sugestión comunitaria todo el relato de sus compañeros. En realidad Tomás está representando a una cantidad de hombres y mujeres(que existían concretamente en la comunidad joánica) que han puesto las mismas objeciones.

Por eso, el evangelista se ocupa de disipar drásticamente con una descripción muy tocante, esa duda sostenida por la afirmación gnóstica de que Jesús no tenía verdaderamente cuerpo humano.

El testimonio nos ha llegado así y  la elaboración del mensaje contenido puede resultarnos extraña, pero la confianza en Jesús y sus enviados nos lleva a recibir el mensaje liberador y a comprometernos con él.

Francisco de Asís y Francisco de Roma. Por Leonardo Boff

Desde que el obispo de Roma electo, y por eso Papa, asumió el nombre de Francisco, se hace inevitable la comparación entre los dos Franciscos, el de Asís y el de Roma. Además, el Francisco de Roma se remitió explícitamente a Francisco de Asís. Evidentemente no se trata de mimetismo, sino de constatar puntos de inspiración que nos indiquen el estilo que el Francisco de Roma quiere conferir a la dirección de la Iglesia universal.leonardo-boff-2013

Hay un punto común innegable: la crisis de la institución eclesiástica. El joven Francisco dice haber oído una voz venida del Crucifijo de San Damián que le decía: “Francisco repara mi Iglesia porque está en ruinas”. Giotto lo representó bien, mostrando a Francisco soportando sobre sus hombros el pesado edificio de la Iglesia.

Nosotros vivimos también una grave crisis por causa de los escándalos internos de la propia institución eclesiástica. Se ha oído el clamor universal («la voz del pueblo es la voz de Dios»): «reparen la Iglesia que se encuentra en ruinas en su moralidad y su credibilidad». Y se ha confiado a un cardenal de la periferia del mundo, a Bergoglio, de Buenos Aires, la misión de restaurar, como Papa, la Iglesia a la luz de Francisco de Asís.

En el tiempo de san Francisco de Asís triunfaba el Papa Inocencio III (1198-1216) que se presentaba como «representante de Cristo». Con él se alcanzó el supremo grado de secularización de la institución eclesiástica con intereses explícitos de «dominium mundi», de dominación del mundo. Efectivamente, por un momento, prácticamente toda Europa hasta Rusia estaba sometida al Papa. Se vivía en la mayor pompa y gloria. En 1210, con muchas dudas, Inocencio III reconoció el camino de pobreza de Francisco de Asís. La crisis era teológica: una Iglesia-imperio temporal y sacral contradecía todo lo que Jesús quería.

Francisco vivió la antítesis del proyecto imperial de Iglesia. Al evangelio del poder, presentó el poder del evangelio: en el despojamiento total, en la pobreza radical y en la extrema sencillez. No se situó en el marco clerical ni monacal, sino que como laico se orientó por el evangelio vivido al pie de la letra en las periferias de las ciudades, donde están los pobres y los leprosos, y en medio de la naturaleza, viviendo una hermandad cósmica con todos los seres. Desde la periferia habló al centro, pidiendo conversión. Sin hacer una crítica explícita, inició una gran reforma a partir de abajo pero sin romper con Roma. Nos encontramos ante un genio cristiano de seductora humanidad y de fascinante ternura y cuidado que puso al descubierto lo mejor de nuestra humanidad.

Estimo que esta estrategia debe haber impresionado a Francisco de Roma. Hay que reformar la Curia y los hábitos clericales ypalacianos de toda la Iglesia. Pero no hay que crear una ruptura que desgarraría el cuerpo de la cristiandad.

Otro punto que seguramente habrá inspirado a Francisco de Roma: la centralidad que Francisco de Asís otorgó a los pobres. No organizó ninguna obra para los pobres, pero vivió con los pobres y como los pobres. Francisco de Roma, desde que lo conocemos, vive repitiendo que el problema de los pobres no se resuelve sin la participación de los pobres, no por la filantropía sino por la justicia social. Ésta disminuye las desigualdades que castigan a América Latina y, en general, al mundo entero.

El tercer punto de inspiración es de gran actualidad: cómo relacionarnos con la Madre Tierra y con sus bienes y servicios escasos. En la alocución inaugural de su entronización, Francisco de Roma usó más de 8 veces la palabra cuidado. Es la ética del cuidado, como yo mismo he insistido fuertemente en varios de mis textos, la que va a salvar la vida humana y garantizar la vitalidad de los ecosistemas. Francisco de Asís, patrono de la ecología, será el paradigma de una relación respetuosa y fraterna hacia todos los seres, no encima sino al pie de la naturaleza.

Francisco de Asís mantuvo con Clara una relación de gran amistad y de verdadero amor. Exaltó a la mujer y a las virtudes considerándolas «damas». Ojalá inspire a Francisco de Roma una relación con las mujeres, que son la mayoría de la Iglesia, no sólo de respeto, sino también dándoles protagonismo en la toma de decisiones sobre los caminos de la fe y de la espiritualidad en el nuevo milenio. És una cuestión de justicia.

Por último, Francisco de Asís es, según el filósofo Max Scheler, el prototipo occidental de la razón cordial y emocional. Ella nos hace sensibles a la pasión de los que sufren y a los gritos de la Tierra. Francisco de Roma, a diferencia de Benedicto XVI, expresión de la razón intelectual, es un claro ejemplo de la inteligencia cordial que ama al pueblo, abraza a las personas, besa a los niños y mira amorosamente a las multitudes. Si la razón moderna se amalgama con la sensibilidad del corazón, no será tan difícil cuidar la Casa Común y a los hijos e hijas desheredados, y alimentaremos la convicción muy franciscana de que abrazando cariñosamente al mundo, estamos abrazando a Dios.

Leonardo Boff es autor de Francisco de Asís: ternura y vigor, Sal Terrae

Fuente: Leonardo Boff Blog

Homilías Dominicales. Domingo 31 de Marzo de 2013. Pascua de Resurrección (ciclo “3”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Juan 20,1-9)

El primer día de la semana, muy temprano, fue María Magdalena al sepulcro y vio que la piedra de tapa estaba quitada. Corriendo fue a donde estaba Simón pedro con el discípulo al que Jesús quería tanto y les dijo: Han quitado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto.

Salieron entonces Pedro y el otro discípulo y se dirigieron al sepulcro. Corrían los dos pero el otro discípulo se adelantó y llegó primero, Se asomó al sepulcro y vio los lienzos extendidos pero no entró. Cuando llegó Simón Pedro, contempló los lienzos y el sudario de la cabeza puesto en lugar aparte y doblado. Luego entró también el otro discípulo y vio y creyó. Hasta entonces no habían entendido lo que dice la Escritura, que tenía que resucitar al tercer día.

Síntesis de la homilía

El relato pormenorizado de Juan, da lugar a muchas consideraciones. La primera, presentando a María Magdalena como primer testigo de la resurrección. Su constatación de la ausencia del cuerpo en el sepulcro constituye el primer indicio del comienzo de una nueva y distinta presencia de Jesús entre los hombres.

Como para no dejar en falta a los dos principales discípulos, Pedro y Juan, los dos son presentados a la carrera, como urgidos para constatar el anuncio de María Magdalena. Lo que el relato dice que ven los dos, es bastante raro: los lienzos extendidos y el sudario doblado aparte. Ni María ni los soldados que dirán después que los discípulos robaron el cadáver, fueron testigos oculares. El testimonio del sepulcro vacío es insuficiente como prueba histórica. Y por ese motivo, la resurrección empieza a ser tratada como resultado de la fe de los discípulos, con la prueba de sus testimonios personales, con distintos grados de importancia simbólica en las circunstancias que caracterizan a cada uno. Las llamadas apariciones que, son seguramente visiones desde la fe, como confianza en la palabra y el testimonio vivo de Jesús viviendo con ellos, van determinando las decisiones del grupo apostólico que, en muchos casos presenta episodios de duda e incredulidad.

Afirmar que la resurrección de Cristo y también la nuestra, como lo afirma Pablo, son el fundamento de la fe, no significa que hay que aceptarlas sin pruebas, sino que su aceptación (que tiene que llegar a ser compromiso de vida), es el hecho de constatar la presencia del espíritu de Dios en la historia, en la iglesia y en nosotros mismos, como brújula e impulso para nuestra acción comprometida con la construcción de ese mundo nuevo de las relaciones humanas y cósmicas que se designa como reinado de Dios o de los cielos. Lo que se produce en concreto cuando vamos adquiriendo la posibilidad de diagnosticar comunitariamente los signos de los tiempos en su doble contenido.  Productos del egoísmo, la opresión, la mentira o la debilidad humana, por una parte, ó al revés, caminos de recuperación de la dignidad de cada uno, indicación de nuevos caminos de felicidad, novedad de principios inspiradores de vida siguiendo las huellas del testimonio de Jesús de Nazaret.

Pascua, la tradicional  fiesta de la primavera con el misterioso resurgimiento de la fecundidad y belleza de la naturaleza, es el horizonte de luz abierto para la humanidad, desde la vida, la acción, el sufrimiento, la solidaridad y la generosidad de entrega de la persona de Jesús de Nazaret.

La felicidad de la pascua no es, por eso, celebración transitoria y simbólica solamente, sino que, como lo fue para Israel, que en esa fecha situó la liberación de la esclavitud vivida en Egipto, se tiene que convertir en visión optimista de la historia con sus idas y venidas, sus avances y retrocesos, y en  trinchera de lucha por una humanidad superadora de lo que no corresponda a la voluntad de un Dios Padre, amante de todos sus hijos y en especial los más pequeños.

Los desafíos del primer Papa Latinoamericano. Por Adolfo Perez Esquivel

Celebramos el nombramiento del primer Papa latinoamericano en la historia de la Iglesia Católica y su elección del esperanzador nombre Francisco para llevar adelante su período papal.

Esperamos que pueda trabajar por la justicia y la paz más allá de las presiones y los intereses de las potencias mundiales. Esperamos pueda dejar de lado la desconfianza Vaticana al protagonismo de los pueblos en su liberación. Así como que también aliente las transformaciones sociales que se vienen llevando adelante en América Latina y en otras partes del mundo, de la mano de gobiernos populares que tratan de superar la noche del neoliberalismo.

Esperamos que tenga el coraje para defender los derechos de los pueblos frente a los poderosos, sin repetir los graves errores, y también pecados, que tuvo la Iglesia. Durante la última dictadura argentina los integrantes de la Iglesia católica no tuvieron actitudes homogéneas. Es indiscutible que hubo complicidades de buena parte de la jerarquía eclesial en el genocidio perpetrado contra el pueblo argentino, y aunque muchos con “exceso de prudencia” hicieron gestiones silenciosas para liberar a los perseguidos, fueron pocos los pastores que con coraje y decisión asumieron nuestra lucha por los derechos humanos contra la dictadura militar. No considero que Jorge Bergoglio haya sido cómplice de la dictadura, pero creo que le faltó coraje para acompañar nuestra lucha por los derechos humanos en los momentos más difíciles.

Me encuentro viajando a Italia para celebrar un nuevo aniversario del martirio de Mons. Arnulfo Romero, un pastor conservador que frente a la represión en El Salvador tuvo su “Camino de Damasco” hacia el pueblo y dio su vida por la justicia y la paz. Ojalá también que la opción por el nombre Francisco, uno de los santos más significativos de la Iglesia, se exprese en testimonios de opción y defensa de los pobres frente a los poderosos y en la defensa del medio ambiente.

Francisco no ha heredado un trono imperial sino la humilde silla de un pescador. Por eso esperamos que no olvide las palabras del Obispo mártir argentino, Monseñor Enrique Angelelli, cuando decía que “debemos tener un oído en el Evangelio y otro en el pueblo, para saber qué nos dice Dios”.

Paz y Bien

Adolfo Pérez Esquivel
Premio Nobel de la Paz

Tres gestos no solo simpáticos. Para comenzar nomás. Por Nicolas Alessio

1.Para caminar hacia una iglesia “pobre” que de verdad ponga en el centro de sus preocupaciones a los empobrecidos de este mundo, imitando al “buen samaritano”:

Nombrar a otra persona como Obispo de Roma que se haga responsable de esa diócesis, nombrar a un responsable laico del Estado Vaticano, exigir a todos los sacerdotes que son “embajadores”, los nuncios apostólicos, que trabajen en parroquias y que su lugar los ocupen también laicos y, sobre todo, como “Pater Pauperis” (Padre de los Pobres) ponga sus pies en una diócesis de algún país del tercer mundo y desde allí ofrezca su servicio de pastor de todos y todas.

 

2.Para caminar hacia una Iglesia “discípula” que no se crea dueña de la verdad y viva en un legítimo pluralismo teológico, siguiendo aquello de que “a nadie llamen padre, maestro, doctor”:

Levantar las censuras, las amonestaciones, las penas, las prohibiciones a todos los teólogos, biblistas, pastoralistas y fieles que hayan tenido procesos en la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, por lo menos, desde el Concilio Vaticano II hasta ahora.

 

3. Para caminar hacia una iglesia “inclusiva” que  pueda abrirse a la libertad de conciencia, de pensamiento y de opinión ya que “el Espíritu sopla dónde y cómo quiere”:

Nombrar una comisión de expertos en ciencias humanas y sociales que propongan pronto un documento donde claramente se tome distancia la homofobia, se  rechace claramente a teoría que considera la homosexualidad como “desorden grave”, que se valore la ideología de “genero” como un aporte indispensable para el respeto de la diversidad y se ponga en discusión toda la moral sexual eclesial.

 

4. Para caminar hacia una iglesia “pueblo” que pueda abrirse a otros modos de celebrar la fe sin la hegemonía del sacerdote jerarquía abriéndose a un ministerio popular sin clericalismos porque Jesús no fue sacerdote:

Permitir que todos los sacerdotes que fueron reducidos al estado laical, si así lo deseen, puedan hacerse cargo de comunidades y parroquias para el servicio pastoral, poner en debate el tema del celibato en particular y de la figura del sacerdote en general y permitir que fieles laicos puedan también celebrar la eucaristía y demás sacramentos.

Estos gestos, más que simple gestos simpáticos, dejarían en claro que comenzamos a caminar en otra dirección.

Homilías Dominicales. Domingo 24 de Marzo de 2013. Solemne entrada de Jesús a Jerusalén. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Lucas: narración de la pasión)

 

Síntesis de la homilía:

Comenzamos una semana muy importante en la evocación litúrgica cristiana. La llamamos “santa”. Una palabra que, además de la ausencia de pecado suele identificarse con lo pacìfico, lo tranquilo, lo interiorista, lo humilde o de bajo perfil …

La santidad de esta semana tiene muy poco que ver con todo eso. El domingo de ramos constituye un desafío preparado y consciente por parte de Jesús. Lucas prepara durante todo el relato de su evangelio esta llegada a Jerusalén desde Galilea. En el camino Jesús va preparando su despedida con dos actitudes: una, la convicción de que su misión no se encamina a un éxito humano y temporal sino a convertirse semilla enterrada violentamente, para ser fecunda y fructificar en una humanidad de “nueva generación”, y otra, el afán de educar a sus seguidores para que siguiendo sus huellas  se compliquen con un protagonismo intenso en el cumplimiento del programa del reino.

El desafío consiste en servirse del anuncio profético de Zacarías (9,9) de la llegada del rey montado sobre un burro, para ordenar a los discípulos la preparación de este signo mesiánico y así sugerir lo que es su misión liberadora. Así logra entusiasmar a los que están cerca, y paulatinamente la gente, muy sensibilizada para estos anuncias de la proximidad de la llegada del mesías, se va añadiendo a los discípulos y aclamándolo por las calles de la ciudad santa, como el hijo de David. Jerusalén está llena de peregrinos extranjeros. El poder romano está alerta para sofocar cualquier intento de levantamiento de esas multitudes en la proximidad de la pascua. Pero Jesús está convencido de que su misión no quedará cumplida sin una clara manifestación en la ciudad capital, con el testimonio de judíos venidos de todas partes. Con esta actitud Jesús desafía definitivamente al poder imperial y al religioso, sometido y cómplice de aquel. La consecuencia no se deja ver inmediatamente. La marcha del pequeño grupo con ramas de árboles y gritos de aclamación no es interrumpida. Llegados a templo, Jesús se indigna al constatar el abuso de los vendedores de elementos para las ofrendas, concesionarios de los funcionarios del templo y aprovechándose para esquilmar a los devotos peregrinos con los precios de sus productos. Ha sido un gesto tremendamente agresivo. Su respuesta a la pregunta de con qué autoridad lo ha realizado y al reclamo de hacer callar a sus acompañantes aumenta la agresividad del desafío “Si esto callaran gritarán las piedras”

Jesús ha logrado expresar frente a los dominadores, los derechos y reclamos del pueblo.

Habiendo predicado y practicado la apertura y la bondad con los pobres, afligidos de toda índole, enfermos de toda clase, oprimidos por cualquier tribulación o poder, ahora, con un solo trazo muestra la indignación del Padre defensor de sus hijos más pequeños.

Por eso, inmediatamente después de esa procesión inicial de nuestra liturgia, la asamblea eucarística entra de lleno en el relato de la pasión. El poder humano se desquita de esa pretensión de acabar con la injusticia, las exclusiones, la opresión. Y lo hace de la manera más cruel con todos los medios disponibles en esa época. Las respuestas de Jesús humillado, menospreciado, ridiculizado, siguen siendo un desafío. Silencio ante Herodes, reprensión para el que lo abofetea, indicación de que Pilatos es poderoso porque sumiso, aprobación del rebelde crucificado con él que defendió su misma causa

con la violencia y acaba vencido por ella.

El domingo de ramos es una lección de coraje y valentía. Porque la santidad de la semana santa es la santidad de los que se juegan por los valores humanos y cristianos. La santidad de un Juan XXIII que la Iglesia tarda en canonizar porque es una santidad  “política” que ha disgustado a los mantenedores del orden establecido con el pensamiento, el discurso y la práctica y no la de los que institucionalmente se han acomodado d las exigencias del sistema capitalista con actitudes de sumisión y complicidad.

Habemus !!!!! Por Guillermo “Quito” Mariani

Afirmar que “tenemos” es ya positivo. Si embargo, es prudente analizar lo que tenemos aunque la exclamación venga con muchos convincentes signos de admiración, y de paso, fijarnos también en lo que nos falta.

Hay signos muy fuertes en el evento de la elección de Francisco I.

-El más fuerte quizás, el de la elección del nombre, identificándose con un rebelde contra las estructuras, desde la pobreza.  “Il poverello”  El ideal es inmejorable.

-Se  trata del primer Papa no europeo, una especie de exaltación de la catolicidad de la Iglesia, pendiente de la universalidad del mensaje cristiano.

-Sucede a un  renunciante, vencido por la ineficacia de un estilo teológica y socialmente monárquico, ineficaz desde la concepción agustiniana de la Iglesia  (ciudad de Dios, sin  la que no hay salvación para nadie) y el mundo absolutamente pervertido, y desde el ejercicio  de un poder represivo y condenatorio.

-Es un latinoamericano. En contacto con una realidad fecunda en iniciativas de reformas hacia la justicia, la actualización eclesial, y la promoción humana a todos los niveles.

-La explosión periodística revelando parcialmente las  intimidades vaticanas realmente escandalizantes financiera y sexualmente, ha conmovido más que cualquier intento de reforma la estructura institucional, potenciando su desprestigio. Y esto, indudablemente ha sido la raíz del acuerdo cardenalicio, de promover  a un estratega habituado a evitar escollos y avanzar en sus objetivos.

-La sencillez antiprotocolar de su primer saludo “buona sera!”, de su sorprendente viaje en micro para el encuentro eucarístico con los cardenales, de su vestimenta y pectoral sencillos, de su presentación como obispo de Roma (primus inter pares) evitando los títulos de superioridad.

-La esperanza tantas veces acallada de una cantidad en aumento de gente de pueblo y de personas y grupos de los más calificados dentro de la Iglesia,  reclamando cambios fundamentales, se ha volcado en esta cantidad de signos producidos en conjunto e inesperadamente.

Los signos, sin embargo, deben llenarse de contenido y, si bien puede explicarse que con un cultivo de la sumisión completa y la vigilancia estricta del vaticano, la actuación del cardenal Bergoglio, entre nosotros haya producido signos claramente negativos, permanece la incertidumbre acerca de lo que será su proceder como cabeza de la Iglesia, necesariamente condicionado por la fuerza del colegio electoral.

Los signos negativos? La indefensión como superior de la orden,  de los sacerdote más comprometidos con la promoción de los necesitados; el mantenimiento de la vicaría castrense; la unidad con el episcopado en el apoyo a la dictadura; su alianza con sectores francamente destituyentes en el campo político;  la guerra santa declarada contra los favorecedores de la ley de matrimonio igualitario y otras, relacionadas con temas parecidos;   la estrictez y hasta agresividad frente a determinadas manifestaciones artísticas; la influencia activa para oponerse a leyes y decisiones que miran a la totalidad de la sociedad, como si todos tuvieran que someterse a la visión eclesiástica; hizo valer su influencia para ocultar y defender a pederastas; y, finalmente, esa escarapela vaticana que mostraron orgullos y triunfantes en una de las sesiones publicas de la megacausa de La Perla los imputados en esa causa. Sólo nosotros, argentinos, conocemos estos signos negativos. Y esto nos hace desear que no se proyecten hacia el  futuro de la iglesia y  nos mantienen en pie para caminar y proceder en la dirección opuesta.

Homilias Dominicales. 17 de marzo domingo 5to de Cuaresma 2013. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema: (Jn. 8 1-11)

Desde el monte de los Olivos, jesús salió camino del templo, al amanecer. El pueblo se le iba acercando, y él se detuvo para hablarles. Los escribas y fariseos le trajeron entonces a una mujer que había sido sorprendida en adulterio. La pusieron en medio de todos y dijeron a Jesús: Maestro, hemos sorprendido a esta mujer en flagrante adulterio. Moisés en la Ley nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Decían esto para tenderle una trampa a fin de poder acusarlo.

Pero Jesús inclinándose comenzó a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían, se enderezó y les dijo:  Aquel entre ustedes que no tenga pecado, sea el primero en arrojar la piedra contra ella.

E inclinándose nuevamente, volvió a escribir en el suelo. Al oír estas palabras todos se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los más ancianos y Jesús quedó solo con la mujer que permanecía allí. Entonces, incorporándose le preguntó: Mujer ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado? Ella respondió: Nadie, Señor. Yo tampoco te condeno le dijo Jesús. Vete y no peques más en adelante.

Síntesis de la homilía

Por el tema, el texto no parece pertenecer a Juan sino a Lucas( 21,37-38) con abundantes recursos al libro de Daniel, que contiene un relato muy parecido a éste, referido a una joven llamada Susana. En esa historia, los ancianos son los que condenan, los que  aluden a la misma ley de Moisés a quien, y los que, mintiendo, dicen haber visto con sus propios ojos, entre los árboles,   cometer el mismo pecado.

El adulterio tiene en Israel una vinculación muy fuerte con lo sagrado. Porque como tal, es calificada la conducta del pueblo que se entregó tantas veces a la adoración de los ídolos abandonando a su esposo legítimo, Yahvé. Entra por eso, en las abominaciones que merecen la muerte  a pedradas de acuerdo al Deuteronomio.

La astucia de los fariseos y escribas planea una estrategia que parece perfecta. Una adúltera llevada ante Jesús cunado lo rodea, en su camino al templo, la gente sencilla que quiere nutrirse de su mensaje. El pecado es realmente grave en el consenso de todos. Jesús permanece sereno y se entretiene haciendo líneas en el suelo, dándose y dando a los acusadores y el resto de la gente, tiempo para reflexionar, antes de una sentencia mortal.  Algunos opinan que lo que Jesús escribía eran distintos pecados cometidos por los escribas y fariseos, que por eso comenzaron prudentemente a retirarse. No es probable está interpretación. Bastaba con estar un poco enterado de la realidad de la vida de los dueños del Templo y la ley, para saber de sus hipocresías.

Después de ese tiempo de reflexión, Jesús pronuncia su sentencia. El que esté sin pecado arroje la primera piedra. Esta identificación del que se atreviera a comparecer ante la gente como absolutamente limpio, atemorizó a todos. Y los de más experiencia, los ancianos, comenzaron a retirarse.

Hasta este momento, la perspicacia de Jesús para responder a la trampa de los fariseos y escribas ha sido muy acertada.

Pero es sólo una preparación para lo más importante.¡Va a perdonar a la adúltera, sin señalarle otra cosa que trate de no repetir esa acción!  Se juega aquí el punto central de la buena noticia de Jesús. “Dios es padre” y qué padre o madre (no enceguecido por alguna clase de fanatismo) no perdonará a su hijo o hija antes de permitir que le quiten la vida?

Esta especie de “liviandad,” de que puede ser acusado Jesús al perdonar al adulterio, no es tal si se considera no un pecado de soberbia espiritual y profunda, sino un pecado de debilidad frente a una sexualidad no madurada en el sentido de regalo orientado a la felicidad no egoísta y humillante, sino a la felicidad compartida, que por eso es también fidelidad.

No por motivos bíblicos ni religiosos, sino simplemente por un sentido de discriminación sexista, entre nosotros como entre los judíos la mujer ha sido perjudicada  por un agravamiento social del uso de la sexualidad fuera del matrimonio, fácilmente excusable y justificada cuando es el varón quien lo protagoniza. Y esa transgresión ha pasado a considerarse el pecado más grande no por la infidelidad sino por el uso sexual mismo. Lo cual dio origen a que en la enumeración re-elaborada de los mandamiento de Moisés, la autoridad de la iglesia no lo mencionara solamente en el noveno sino también en el sexto para abarcar todas las otras experiencias del placer sexual.

La extraña conducta de Jesús frente a los pecadores marca lo ilimitado del amor de ese Padre presentado por Jesús que así debiera estar siempre presente en nuestras vidas y en nuestras relaciones humanas.

El Cónclave, un anacronismo antievangélico. Por Jean Paul Richard

La figura actual del Cónclave, no sólo es anacrónica, sino antievangélica. Veamos.

Es anacrónico, en primer lugar porque procede de la Edad Media (le falta poco tiempo para completar un milenio), pero sobre todo porque ya no cumple los postulados mínimos de lo que debe ser hoy día una elección en el más alto nivel de una institución religiosa mundial. Dado que el «monarca» de la Iglesia Católica es célibe y no tiene hijos como herederos naturales, un procedimiento que correspondería bien a una «monarquía hereditaria» es precisamente éste: que el monarca designe personalmente a quienes habrán de elegir a su sucesor. Última monarquía absoluta de Occidente, todavía atada al Ancien Régime y a la Edad Media, rehén voluntaria de las mismas instituciones que crea, la Iglesia Católica tiene en el autoritarismo elitista del Cónclave uno de sus anacronismos más elocuentes y uno de los obstáculos más eficientes para su propia renovación.

Pero este carácter anacrónico, aun siendo obvio, no es lo peor, porque el procedimiento mismo del Cónclave es, además, antievangélico, por una suma de varios otros vicios graves, a saber:

– sexismo: de hecho –¡no de derecho!- sus componentes son sólo varones. Aun dejando aparte el tema de la posibilidad del sacerdocio para la mujer, es obvio y sabido que ella, incluso canónicamente, puede ser «electora» papal, como puede serlo cualquier cristiano/a no ordenado. El procedimiento vigente de los Cónclaves proclama clamorosamente y perpetúa la marginación de la mujer y su exclusión de las instancias en las que se comparte el poder, incluso en aquellas para las que no hay impedimento canónico, sino sólo un prejuicio ideológico sexista;

– clericalismo: todos los miembros del Cónclave son de hecho clérigos, funcionarios del estamento eclesiástico, en un grado de escalafón que les implica máximamente en la estructura burocrática institucional de la Iglesia. El Cónclave sigue mostrando y perpetuando a la Iglesia católica como una estructura clerical, una teocracia sacerdotal, una sociedad dual de clérigos y laicos que margina rotundamente a estos últimos;

– gerontocracia: por la llamativamente elevada media de edad de sus miembros, e indirectamente, por el carácter vitalicio que reviste la nominación cardenalicia;

– falta de representación: sus miembros no representan a nadie sino a sí mismos y a la autoridad que los nombró. En el Cónclave no hay representación orgánica de las Iglesias locales, de las Conferencias Episcopales, ni de las regiones o de los Continentes, perpetuándose todavía los privilegios regionales en la proporción de miembros procedentes del Primer Mundo y de Europa, en comparación a los del Tercer Mundo;

– cooptación: los electores son escogidos por la persona a ser sucedida, sin otro criterio que el suyo personal, sin contrapeso de aprobación por otra instancia (separación de poderes), según un reglamento que él mismo dicta y reforma libremente. Es natural que, por ello, sólo la ideología oficialista se haga presente en el colegio cardenalicio, sin posibilidad de visiones alternativas, sin la saludable presencia siquiera de una mínima «oposición»…

El procedimiento del Cónclave no es ningún dogma de fe, es una simple decisión eclesiástica, y puede ser abandonada en cualquier momento. Cualquier cristiano puede considerarlo superado, obsoleto, o incluso dañino, según su propio criterio, con entera libertad. El Cónclave es una institución antievangélica: marginar totalmente a la mujer, a los laicos, a los sin poder, a los que piensan de otra manera, y hacerlo todo ello por vía autoritaria absoluta unipersonal e inapelable… no es compatible hoy con el Evangelio. Si Jesús entrara en la Capilla Sixtina, volvería a derribar las mesas, electorales en este caso. Cualquier teología que pretendiera justificar los procedimientos actuales del Cónclave debería ser desechada como ideológica, por aquel criterio evangélico: «un árbol que da frutos malos, no puede ser bueno».

Juan Pablo II, que renovó en 1996 la legislación del Cónclave confirmándolo en estas sus seculares deficiencias, tuvo en esto «miedo de abrir las puertas»: a la mujer, a los laicos, a las Iglesias locales, a la participación del Pueblo de Dios, y en esa medida, a la voluntad de Jesús en definitiva. Mientras sigamos con «Cónclaves» de puertas realmente tan cerradas, los Papas elegidos probablemente continuarán dificultando abrir otras puertas en todos los niveles.

Que el Pueblo de Dios tome conciencia de estos vicios capitales del sistema actual del Cónclave, y de la urgencia de su superación, hará más fácil un próximo abandono de este anacronismo antievangélico superviviente, para bien de la Iglesia y del mismo Papado.

En el actual momento de la renuncia de Benedicto XVI, no es realista pensar que pueda ser obviado el procedimiento del Cónclave, reconfirmado precisamente por las últimas normativas que él le impuso. Pero sí es importante que los «electores» sepan que estarán utilizando un método rechazado por el sensus fideliumde una cantidad incontable de cristianos y cristianas del Pueblo de Dios, y de todas las sociedades que ya han dado la espalda mayoritariamente a estructuras monarquico-autoritarias, sexistas, clericales, gerontocráticas y no participativas, como el Cónclave.

 

Fuente: Church Authority