Modernidad y premodernidad en el Vaticano. Por Juan José Tamayo

En el Vaticano conviven hoy dos tendencias no fácilmente armonizables: la espectacular representación de la dimisión y despedida del Papa, y el funcionamiento premoderno de la institución eclesiástica. Es lo que llamaría el filósofo de la esperanza Ernst Bloch la “no-contemporaneidad”. Lo estamos viendo y viviendo estos días, y lo seguiremos comprobando hasta que se produzca la elección del nuevo Papa.Juan José Tamayo Acosta

La dimisión, contra todo pronóstico, y la despedida, producida con gran celeridad, han contado con un estética impecable, diseñada por el propio papa hasta los mínimos detalles: el nombre a dar al dimisionario, el tratamiento a recibir, la ropa a vestir, los zapatos a calzar, el servicio femenino por el que va a ser atendido, el juego de luz de la despedida del atardecer del 28 de febrero con el helicóptero sobrevolando la cúpula del Vaticano, las decenas de miles de personas despidiendo al papa en la plaza de san Pedro, las miles de personas para recibirlo en Castelgandolfo a su llegada.

Era lo más parecido a la despedida en vida de una estrella. Todo un espectáculo transmitido en directo donde nada desentonaba. El diseño fue perfecto con los medios técnicos más modernos, sin reparar en costes económicos. Pareciera que la crisis que azota a la sociedad italiana se hubiera detenido en el Vaticano y no le afectara. A todo esto cabe añadir la impresión de la gente más crédula que decía ver en el helicóptero sobrevolando el cielo romano el revoloteo del Espíritu Santo por la cúpula del Vaticano asistiendo a la Iglesia en sede vacante. ¡La tercera persona de la Santísima Trinidad, no en forma de paloma sino a modo de helicóptero: el extremo de la posmodernidad!

Esta representación contrasta con la premodernidad del Vaticano -cuyo reloj pareciera haberse detenido en el Medioevo-, que se manifiesta en la organización, la doctrina y la moral de la Iglesia católica, que es la monarquía más longeva de la historia. Ella conserva intactas las estructuras del Antiguo Régimen con un dirigente que detenta el poder absoluto, tiene el título de Vice-Cristo y está investido de un atributo que ningún otro poderoso ha osado reclamar: la infalibilidad. Tiene carácter estamental: clérigos-laicos, jerarquía-pueblo cristiano, Iglesia docente-Iglesia discente. Posee una estructura patriarcal: las mujeres no son consideradas sujetos morales ni eclesiales; a ellas no se les reconoce capacidad para ejercer funciones sacerdotes y directivas, alegando para ello que esa fue la voluntad de Cristo al “fundar la Iglesia”.

La mejor representación de la premodernidad de la Iglesia católica es la institución del cónclave: 115 príncipes de la Iglesia, nombrados por los dos papas anteriores, elegirán al “Vicario de Cristo”. No creo que, con esa forma de elección, el nuevo papa se considere representante de los cerca de 1200 millones de católicos de mundo. Si quiere serlo deberá cambiar las normas de elección e iniciar un proceso de democratización de la Iglesia desde abajo. De lo contrario sólo representará a los 115 que lo han elegido. Y esa me parece una representación muy exigua para lo numerosa que es la Iglesia.

 

Fuente: Redes Cristianas

Renuncia feliz. Por Guillermo “Quito” Mariani

Nos quedamos con la boca abierta y los ojos desmesurados al escuchar la noticia:

Renunció el Papa!!!   Preocupación, compasión, sorpresa, victimización, tristeza…

Recuperada la serenidad, creo que podemos decir que se trata de un “final feliz”.

Feliz para Joseph Ratzinger cuyo pontificado debió enfrentar más problemas que cualquier otro por acontecimientos escandalizantes públicamente como el manejo de la finanzas, el silencio absoluto, que su antecesor y él, habían prometido develar, sobre la muerte de Juan Pablo I, la pedofilia, la hipocresías cultivada como política eclesiástica, el rechazo expresado por la gente más calificada de la Iglesia de sus decisiones restauracionistas. Hacerse al lado de un edificio que se desmorona es una medida feliz aun cuando haya conciencia de haber provocado el desmoronamiento.

Feliz también porque este  gesto de valentía que implica indudablemente sufrimiento,

excita la comprensión y el afecto popular, llenando la Plaza de manos juntas, lágrimas y exclamaciones.

Feliz porque fija un antecedente que puede resultar crucial para la historia de la Iglesia: La novedad de que el Espíritu Santo (del que Benedicto XVI afirmó en su toma de posesión del trono pontificio que sería en adelante quien gobernara la Iglesia), no es tan monárquico vitalicio como parecía, y así otros sumos pontífices y sus Santidades, podrán renunciar sin contrariar a ese Espíritu.

Feliz, porque la firmeza con que sostuvo la línea dura restauracionista, puede aliviarse un poco, dejando respirar y expresarse a los teólogos, escrituristas, pastores, catequistas… y frenando la designación de nuevos obispos con tendencias ultraconservadoras, preparando quizás un futuro Concilio.

Feliz porque quizás( si el Espíritu divino tiene alguna intervención en el Conclave) el nuevo pontífice abra las puertas a todos los desplazados injustamente así como Benedicto la abrió para los lefevbristas, los legionarios y el Opus, que salvaron al vaticano de muchas irregularidades financieras

Feliz porque quizás hacia delante nadie tenga fuerzas suficientes para mantener una línea de oposición a la realidad actual ignorando las verdaderas necesidades, cortando las alas a sacerdotes, obispos y laicos que se comprometieron con los esfuerzos de disminución de la pobreza, las desigualdades discriminantes, y la solución de los complejos problemas sociales uniéndose a las luchas populares Y entonces, haya una decisión firme para recuperar la verdadera Iglesia del vaticano II. Y la reforma de la Iglesia, abarque la de la Curia romana (muchas veces prometida y nunca realizada) la supresión de vicios estructurales como la obligación del celibato eclesiástico, la regularización y transparencia de las finanzas, la democratización propiciada por el Vaticano II con organismos que pasaron a ser conformados sumisamente sin que cumplieran con la misión asignada.

Tenemos entonces muchas felicidades juntas.

Ya pocos mira los que fue, y todos esperan un resultado propicio para la Iglesia y el pueblo cristiano.

Habrá dos Papas (al menos en el título Papa “emérito” y Papa “electo” los dos de blanco y ninguno en negro), como ya hay dos Iglesias, la del Concilio y la de Juan Pablo II asociado con Benedicto XVI.

Tendremos que seguir rezando por la “unión de los cristianos”.

Misa Especial en Atalaya – Domingo 3 de Marzo 2013 Por Guillermo “Quito” Mariani

Queridos integrantes de La Cripta en Atalaya
Celebro que el grupito laical que ha asumido la coordinación del grupo mayor, haya emprendido la tarea de reemplazo de las celebraciones eucarísticas dominicales en Atalaya, por celebraciones de la Palabra.Quito-276x300
También  he ofrecido libros  que contienen y facilitan la estructuración de esas reuniones, para facilitar la tarea quienes se responsabilizen de las mismas.
Mantengo, sin embargo, de acuerdo a lo prometido en mi comunicaciòn por email del 2 de Enero de 2013, la invitación (para todos a quienes  interese) a participar de la eucaristía que celebraré el domingo 3 de Marzo, en la que, junto con una simple explicación de los motivos que me han movido a desligarme del grupo, tendré oportunidad de agradecer personalmente su presencia y compromiso durante los dos años de Atalaya y estaré disponible para responder a preguntas e  inquietudes que miren hacia el futuro.
La primera parte de esa asamblea eucarística será dedicada a ese diálogo explicatorio de la decisión adoptada. Desde allí continuarán la presentación de ofrendas, canon, consagración y comunión con despedida final. Comenzando a las 10.30 no se extenderá más allá de las 11.30, cuidando no interrumpir sus compromisos familiares.
Con un saludo cargado de afecto y respeto por sus opciones personales, los abrazo a todos y cada uno.  Quito

Homilías Dominicales. Domingo 3 de Marzo de 2013. 3er Domingo de cuaresma (ciclo ”C”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Lc.13,1-9)

Le cuentan a Jesús que Pilatos había mezclado la sangre de las oferentes galileos a la de las víctimas que ofrecías. Jesús les contesta ¿uds. están pensando que esos galileos eran más pecadores que todos ustedes? Se equivocan. Y si no dejan su pecado todos terminarán así. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé ¿piensan que eran más culpables que el resto de los habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no. Y si no se enmiendan todos ustedes perecerán.
Y añadió esta parábola: Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar higos y no loe encontró. Entonces dijo a cuidador: Ya ves, tres años vengo buscando higos a este árbol y no los encuentro. Córtalo. “para qué vas a estar esquilmando el terreno a otros árboles?”
Pero el encargado contestó: Señor, déjalo todavía un año más. A lo mejor da fruto más adelante, Y si no, la cortamos.

Síntesis de la homilía
La higuera es símbolo bíblico del pueblo judío. La parábola indica cómo Dios ha cuidado a ese pueblo través de su historia. Pero no ha dado frutos. Esos que Jesús quiere recoger como aceptación del reino del Padre predicado por él. Por eso, cuando le cuentan de la crueldad de esa matanza ordenada por Pilatos para prohibir la inmolación de animales en el templo, Jesús, adivinando que la gente estaba pensando para explicarse ese acto tan impactante e injusto, que esos galileos tenían que haber cometido graves pecados para merecer ese castigo de Dios, Jesús los saca de su error. Mientras mantengan su ceguera para admitir el reino de Dios, todos van derecho a la perdición.
En cuanto al acontecimiento de los 18 muertos al desmoronarse la torre de Siloé, al intentarse, presumiblemente, construir o reparar un acueducto debajo de sus bases, les enseña que no hay por qué pensar en que se trate de acciones divinas para castigar, sino que las deficiencias humanas explican esos hechos que ocurren con cierta frecuencia.
Pero que lo verdaderamente importante es vivir la sinceridad de obrar con justicia delante de Dios y eso es lo que impide muchos de los males que padecemos y sobre todo, el mal del rechazo del mismo Dios.
Todos los cuidados tomados para favorecer la fecundidad de la higuera, que se experimentan en la situación privilegiada(de acuerdo a la concepción de elegido) de Israel en medio del los pueblos, no han dado resultado como preparación para la implantación definitiva de una realidad como le agra a Dios, su reinado. La decisión entonces, plenamente justificada, a pesar del cariño del cuidador con su árbol; es arrancarlo para tirarlo como basura.
Nos parece una actitud muy justa. Israel no dio los frutos esperados.
¿Y nosotros? ¿Cuántos años de cristianismo?¿Cuántos ejemplos de vidas consagradas a propagar el Reino, practicando la justicia y el amor a los demás? Y¿han cesado las tragedias provocadas por la agresión a la naturaleza, por el egoísmo de los más acaudalados, por la opresión de los poderosos? No son resultado muchas veces de la actuación de los que se llaman y hacen profesión pùblica de católicos?
Es cierto que cada uno de nosotros no tiene `por qué cargar con lo que determinadas instituciones sociales, monopolios ideológicos y de toda índole, sistemas basados sólo en los valores financieros, corporaciones empecinadas en defender sus propios intereses contra los de la comunidad, tienen como norma de sus acciones y decisiones.
Pero en nuestra actividad personal, familiar o pública ¿no nos complicamos con ese pecado de hablar de fe cristiana y de amor, cuando sólo alimentamos la soberbia de creernos superiores, y de mantener las formas de opresión disimuladas arteramente para beneficiarnos desde cualquier lugar que ocupemos en la sociedad?

De Monfero a Roma. Por Celso Alcaina

 

Un Jesús sexista no debería ser atendido. Poco puede esperarse de una institución endogámica.

 

Monfero. Fragas do Eume. Parque natural desde 1997. Hace pocos años lo visité. Ruinas en medio de un verdor embriagador. Finalmente, el monasterio ha sido parcialmente restaurado por Bellas Artes. Pórticos románicos, góticos, barrocos. Tres claustros, cada uno de diferente época: el románico, el renacentista obra deJuan de Herrera y el barroco. Fuentes esculturales de estilo modernista. Sala capitular y refectorio renacentistas. Gigantescos abetos en la esquelética edificación. Robustos pinos y eucaliptos ensombrecen el abandonado cementerio. Cipreses dispersos apuntan al más allá. Hiedras robustas cual bojes descoyuntan algunos sillares granítitos. El Claustro Oriental es un jardín o un zarzal.

El cenobio fue fundado por la familia Bermúdez y Osorio en 1134 bajo el reinado de Alfonso VII. Algún historiador lo data en el siglo X. Benedictinos, luego cistercienses. Creció en monjes. Su patrimonio aumentó gracias a los foros de los campesinos. Sus posesiones se extendieron abusivamente. Escándalo, envidia, pleitos. Vida disoluta. Al lado del cenobio masculino, otro femenino, igualmente poblado. Asesinatos y robos a mano armada. En el siglo XIV tuvo que intevenir el Rey. Máximo esplendor en los siglos XVI-XVII.

Era de esperar. El soplo de la Ilustración llegó al Eume. Conciencia de dignidad universal, de derechos no conculcables. Rebelión de los lugareños. Plantan cara los foreros, los pocos terratenientes y los ambiciosos señores feudales. Se niegan a pagar las rentas. Se atreven a discutir las disposiciones de los monjes. Se rebelan contra sus dogmas y mandamientos. La invasión francesa contribuye a la actitud crítica.

Disminuyen los privilegios. Ser monje ya no es apetecible. Ni económica ni socialmente. Fuera del cenobio se puede comer y vivir decentemente. La Abadía de Monfero finiquita en 1820. En pocos años, el magestuoso monasterio fue desmantelado por la rapiña. En 1854, García Cuesta, Arzobispo de Santiago, tuvo que intervenir. Distribuyó retablos a varias parroquias. Poco más. Un olvido de 87 años. Sólo en 1941 fue declarado Monumento Histórico Artístico.

No es sólo Monfero. Son cientos los monasterios abandonados en nuestra España. Prioratos, abadías, conventos, parroquias, capellanías, ermitas. Mención especial merece el monasterio de San Martín Pinario en Compostela. Fundado en el siglo X, llegó a ser el más rico e influyente de Galicia. En su apogeo albergó a más de mil monjes. Se extenuó con la desamortización del siglo XIX. Otro tanto sucede en el resto de Europa, por no llorar sobre los despojos de las Misiones del Nuevo Mundo.

Abandono, decadencia. No sólo lo material: fábrica, edificios, predios. Más importante, las personas. Miles de frailes y monjas. ¿Qué ha sido de ellos y de ellas? ¿Por qué las sucesivas generaciones dieron la espalda a la vida monacal? Parece claro. Buscaban el paraguas del poder y del reconocimiento social. Encontraban la seguridad de mesa y habitación. Algunos buscaban su eterna salvación a la sombra de los muros sagrados. En dos cientos años, conventos otrora abarrotados han quedado vacíos. Algunos quedan en pié con poquísimos ancianos y escasos románticos jóvenes. Luchan para no entregar su histórico patrimonio al Patrimonio Histórico.
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La secular peripecia de los cenobios me conduce a la actual situación del Vaticano y, por concomitancia, a la actual estructura eclesial.

La renuncia de Benedicto XVI al Papado demuestra que el actual estatus de quien teóricamente manda en el Catolicismo nada tiene de envidiable. Su precursor, Sixto V, siglo XVI, organizó la Curia a imitación de los vecinos gobiernos de la época. Era el inicio de la “burbuja romana”. Intensificó la centralización del régimen eclesiástico. Cada uno de los departamentos (Congregaciones y otros organismos) asumió más y más atribuciones. Hasta el colapso. Hasta la confusión. Las reformas de Pío X y Pablo VI más que simplificar la Curia la amplificaron y fortalecieron. Ningún resquicio a la iniciativa y originalidad de las iglesias locales. Además de las diez Congregaciones, está la reforzada Secretaría Papal con sus dos secciones. Añádanse los numerosos “Consejos pontificios”, las muchas “Comisiones cardenalicias”, los Institulos ponticios, la Banca Vaticana (IOR), etc. El Papa ha de visar y aprobar cada acto de cada departamento. Trátese de un documento, de un dossier, de una dispensa, de un nombramiento, de un decreto, de una audiencia… Miles de dispensas, de nombramientos, de decretos, de audiencias, de cartas, de viajes, de importantes inversiones. Cada día ha de comprometerse. Ha de recibir. Ha de controlar. Hacerlo “adecuadamente” es imposible. Desde hace siglos el Papa sí lo hace, pero “inadecuadamente”. Ratzinger es ahora consciente de ello. Por eso abandona. Por honestidad. O por cobardía. Podría dar algún paso para descentralizar, para simplificar, para purificar. Pero eso resulta demasiado difcícil, casi imposible, atrapado como está en la telaraña de una poderosa Curia contaminada. Prefiere dejar el timón del cenobio a otro “abad”. Lamentablemente, estamos ante una institución endogámica. Es previsible que el nuevo “abad” romano herede el pusilánime talante de su antecesor.

Hace pocos decenios, los Cardenales eran verdaderos “príncipes”. Ricos y poderosos. Curiosamente, Pío XII redujo su cola de siete a tres metros. También les retiró el “cappello”. Se jubilan a los 75 años. Sólo si tienen menos de 80 pueden elegir al nuevo Papa. Ya no tienen sentido las expresiones romanas “piato cardinalizio”, o “mangiare come un cardinale“. Están expuestos a la crítica y se ven obligados a sentarse ante un juez civil. Los hay que viven pobremente, carecen de servidumbre y a veces de casa. No son “Eminencias”. Los hay que son “pobre gente”. Yo, que viví entre Cardenales, lo sé.

Algo parecido sucede con los obispos. Partimos de la novedad de que apenas hay banquillo. Roma se ve en grave dificultad para encontrar candidados y proveer las sedes vacantes. Hasta hace pocos años esta situación era impensable. Restringiéndonos a España, cada año, varios cientos de seminaristas eran ordenados presbíteros. Varias docenas de esos sacerdotes culminaban sus estudios en universidades pontificias o civiles. Sobraban cabezas para las pocas mitras a repartir. Hoy, las ordenaciones de presbíteros se limitan a una docena al año. Los que amplían estudios son poquísimos. Las parroquias y otras piezas eclesiásticas han de ser cubiertas con urgencia. Consecuentemente, cada vez y cada año, hay menos presbíteros candidatos al episcopado.

Pero, además, ser obispo hoy no está tan prestigiado como antes. Ni tan bien pagado. Es certo que hay diócesis ricas. Otras apenas proporcionan lo esencialmente necesario para una frugal vida. El sueldo oficial de un obispo no supera los 1.200 euros. Sus actuaciones están muy limitadas. Muchos obispos se ven entre la espada romana y la pared clerical. Tienen que mirar para otra parte si no quieren dejar vacante esta canonjía o aquella parroquia. La prueba más cercana la tenemos en la actual escandalosa oleada de pederastia. El pueblo los acosa, los acusa y los pita. Y, cuando se jubilan a los 75 años, pasan a ser, como mucho, capellanes de monjas con una pensión insuficiente.

Acabo de hacer alusión a la escasez de vocaciones sacerdotales. Actualmente, unos 1.000 seminaristas en toda España. Ese era el censo en Compostela o en Pamplona hace 60 años. Y una buena proporción de esos 1.000 jóvenes son extraidos del depauperado tercer mundo o emergen de movimientos neocons. Echar la culpa de esta escasez de vocaciones a la actual falta de espiritualidad es una simpleza. Pensar que la histórica sobreabundancia de clero se basaba en la mayor espiritualidad es una estupidez. Sin duda, había más religiosidad, más credulidad. Es diferente. La vocación infantil o juvenil era “bocación”, con b, ansia de superación. Luego, con el eficaz lavado de cerebro, esa “bocación” se convertía en conformismo, en carrerismo y en ansia misionera, en aptitud y actitud benefactora. Hoy, los jóvenes tienen más cultura, más discreción, más alternativas, más libertad, más espiritualidad. Tienen menos necesidades perentorias que les emboten los sentidos y les ofusquen la mente. Sobre todo, tienen menos hambre y menos dificultad para lograr alimento.

Ante el desierto presbiteral – algún cura atiende a siete parroquias y cabildos de 30 miembros se reducen a la mitad – , surge la propuesta de poblar artificialmente el sector clerical. Sabido es que incluso algunos obispos y cardenales abogan por la ordenación de mujeres y por abolir el celibato obligatorio. El Vaticano ya ha cedido en el tema del celibato para ciertas regiones, ciertos ritos y colectivos. La Iglesia Anglicana es pionera en la ordenación de mujeres. A mi entender, Roma se verá obligada a ceder en las dos fronteras, incluido el acceso de mujeres al episcopado. Lo hará tarde y mal. Pero lo hará. En mi etapa de curial, participé en el estudio de ambos problemas llevados a la Plenaria de la S. Congregación para la Doctrina de la Fe. La conclusión fue “negative”. No otra podría esperarse de unos Consultores (entre ellos Del Portillo, muy activo) y unos Cardenales (entre ellos Ottavianisemper idem), con mentalidad típicamente tridentina.

He calificado de artificial la solución de abolir el celibato obligatorio y de permitir a las mujeres el acceso al sacerdocio. Es claro que estamos ante evidentes derechos humanos y cristianos. Sería ofender a Jesús de Nazaret atribuirle una actitud sexista. Si ésta fuere su clara actitud, Jesús debería ser corregido y reprobado. Hay valores que no hace falta aprenderlos. Se saben, se asumen, se defienden.

La Iglesia Católica hace agua por todos los flancos. Papado, Curia, Colegio cardenalicio, Episcopado, Concilios, Orden clerical, Poder de régimen, Dogmas, Disciplina sacramental, Diócesis, Parroquias, Laicado, Vida consagrada, Familia, Procreación, Celibato, Seminarios y Noviciados, Conventos, Funeraria. Las previsibles dos reformas arriba apuntadas, más que contribuír, dificultarían la purificación de la institución católica. Sólo prolongarían su agonía.

En un post colgado en mi blog en agosto de 2010 y recogido por “Religión Digital”, expuse sugerencias de Ivan Illich, sabio sociólogo, historiador y teólogo. En su artículo “The Vanishing Clergymen” (“el Clero que desaparece”) publicado en la revista “The Critic” , julio 1967, Illich analizaba la situación de la Iglesia bajo el aspecto histórico y sociológico, pronosticaba la desaparición del sacerdote “funcionario” y abogaba por otro tipo de ministerio dentro del Cristianismo. Una apuesta que fue mal recibida en Roma. Prestigiosos escritores actuales, entre los que cabe destacar el teólogo Hans Küng, se suman a la exigencia de la renovación estructural. Ellos, dentro y fuera de España, aportan ideas, van a la raíz, a lo esencial de nuestra Iglesia. Una institución de origen apostólico que ha de ser fiel al auténtico movimiento jesuánico . Es cuestión de voluntad, de visión de futuro. Y de presente. No deberíamos resignarnos a contemplar el paulatino derrumbe de un nuevo colosal Monfero.

 

Fuente Blog de Celso Alcaina

6 de Enero

El gran misterio del cristianismo no es exactamente la aparición sino la transparencia de Dios en el universo.

Oh, sí Señor, no sólo el rayo que aflora, sino el rayo que penetra. No tu epi-fanía Jesús, sino tu dia-fanía.

Teilhard de Chardin

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Homilías – Martes 25 de diciembre de 2012 – Festividad del Nacimiento de Jesús. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Lc. 2,1-14)

Salió por entonces un decreto del emperador Augusto mandando hacer un censo en el mundo entero. Fue el primero, siendo Quirino gobernador de Siria. Todos debían inscribirse en su ciudad de origen. También José por ser de la estirpe y familia de David, subió desde Galilea, la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, con María que estaba embarazada. Mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto y María dio a luz a su hijo primogénito al que envolvió en pañales y recostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada. En aquella misma comarca había unos pastores que pasaban la noche a la intemperie cuidando sus rebaños y se les presentó el ángel del Señor envolviéndolos de claridad, lo que los asustó mucho. Y les dijo: No teman porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo.

En la ciudad de David, les ha nacido un salvador que es el mesías, el Señor. Les servirá de señal que encontrarán un niño en pañales reposando en un pesebre. De pronto alrededor del ángel se reunió la multitud del ejército celestial que alababa a Dios diciendo: gloria a Dios en lo más alto  y  paz en la tierra a los hombres y mujeres que son de su agrado.

 

Síntesis de la homilía

A pesar de los datos de Lucas tratando de injertar en la historia humana el nacimiento de Jesús y todos sus esfuerzos por destacarlo como un hecho que conmovió al cielo y la tierra, sólo mucho tiempo después fue posible determinar la fecha e historicidad relativa de su relato. Ya para entonces la primeras generaciones de cristianos habían encontrado el modo de explicarse la humanización de Dios que muy pronto se designó como “encarnación” recurriendo a las imágenes paganas y mitológicas a que estaban acostumbrados. Así en las catacumbas romanas más antiguas  NERON (54 al 68) ponen las cabezas de Dios padre con barba larga, jesús y el espíritu sobre los cuerpos de los dioses paganos.

La virginidad como hecho simbólico de que en la concepción de Jesús no existe complicidad alguna el espíritu del mundo es la gran afirmación que se abre paso desde el nacimiento de Jesús. San Agustín, Calderón de la Barca, los gnósticos antiguos y muchos budistas coincidieron al parecer, en la afirmación de que para el hombre el mayor pecado es nacer. Su pecado de origen. Todo nacimiento entonces resulta expresión de una violencia carnal. El nacimiento de Jesús en cambio, es fruto del espíritu de amor, la máxima señal de liberación, que abre un espacio de vida para los enfermos, los pobres, los hambrientos y derrotados de la historia.

Decía un sobreviviente del holocausto nazi H.Arendt, que sólo si aprendemos a nacer de un modo distinto, NO PARA LA SEGURIDAD Y CONSUMO de un sistema homicida (Herodes)

seremos capaces de sobrevivir sin caer en los campos de concentración de ese sistema que sólo nos deja nacer como esclavos del consumo.

Cada nacimiento o renacimiento (lo que llamamos hombre nuevo) debe ser en ese sentido, nacimiento virginal, de ruptura e inversión de la potencia esclavizante del egoísmo humano.

La ingenuidad de la ternura con que el andar del tiempo ha revestido aquel nacimiento ignorado para el Imperio, es traducción del anhelo profundamente humano de renacer como hijos de Dios y hermanos de los demás hombres. Vivamos esa ternura no sólo como producida por la simplicidad pacífica de la navidad, sino para introducirla como valor importante en nuestra historia personal y social encaminándola por la justicia hacia la verdadera paz.