Homilías Dominicales – Domingo 7 de Octubre de 2012. Por Guillermo “Quito” Mariani

Festividad de Jesucristo rey (ciclo “B”)

Tema (Juan 18,33-37) Pilatos interroga al acusado que tiene frente a sí: ¿Eres el rey de los judíos? Jesús responde: Eso lo dices por tu cuenta o porque otros te lo han dicho de mí?  Dice Pilatos: Ni que yo fuera judío! Tu nación y los sumos sacerdotes te han entregado a mí ¿qué es lo que has hecho? Contesta Jesús: Mi reino no es de este mundo. Si lo fuera, mis soldados habrían peleado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí. Le dice Pilatos: pero, entonces, ¿tú eres rey? Y Jesús contesta: Tú lo has dicho. Soy rey. Para eso he nacido y he venido al mundo. Para dar testimonio de la verdad. Quien está de parte de la verdad escucha mi voz.

 

Síntesis de  la homilía

 

La acusación con que los sumos sacerdotes acuden al representante del Imperio, está muy astutamente elaborada. Los signos que había dado Jesús hablaban de una realeza identificada con las promesas mesiánicas. Se trataba de un restablecimiento de la dignidad del pueblo sojuzgada tantas veces por los poderes dominantes. Pero la ambigüedad de la denuncia hace interpretar que se trata de un rey al estilo romano y por eso da motivos para aplicarle la pena de los que conspiran contra el Imperio. La pregunta de Pilatos es muy directa y sin vueltas: ¿Eres rey? Y la respuesta de Jesús, asegura que su estilo de reinado está muy lejos de lo acostumbrado, ya que no tiene ni armas ni soldados. Se trata, en cambio, de un reinado de la verdad. De una verdad liberadora de todas las esclavitudes y sujeciones: el amor del Padre. Por supuesto que esta afirmación ni preocupa ni atemoriza a Pilatos que no logra encajarla en su esquema imperial.

Pero, tampoco a nosotros nos resulta fácil interpretar el profundo sentido del reinado de la verdad preconizado y defendido por Jesús. Su Iglesia ha tenido ejércitos, represión y condenas terribles para imponer ese reinado. Su estilo no ha sido indudablemente el de Jesús de Nazaret. Y aún hoy, sosteniendo que, como institución fundada por el Cristo es la única dueña de la verdad, conserva la amenaza de exclusión y condena para quienes niegan ese absolutismo de posesión de la verdad.

Con mucha frecuencia la pretendida defensa de la verdad, dentro  fuera de la iglesia, ha llegado a favorecer los castigos y represiones. La clave del por qué esto nada tiene que ver con la propuesta cristiana, está en que esa verdad es el amor del Padre, que no puede tener otra expresión que vivir el amor a la creación y a los hermanos que son sus hijos

También, de la respuesta de Jesús, muchos han pretendido concluir la indiferencia  ante todos los acontecimientos de este mundo, para inclinar hacia una mirada prescindente de todo lo temporal y lo político, como si en eso consistiera la riqueza espiritual del cristianismo. Así ha logrado carta de ciudadanía oficial en la  iglesia católica una espiritualidad alienante, alejada  incluso de  la conducta social observada por el mismo Jesús de Nazaret.

Ya no es novedad la distinción entre política de partidos como ambición de poder y política social, que se pronuncia frente a los hechos con el criterio de si ayudan o no a la vigencia de los grandes valores de la convivencia : justicia distributiva de los bienes, e igualdad de derechos y oportunidades para todos. Sin embargo,  resulta casi imposible suprimir los enfrentamientos apasionados que rompen relaciones de respeto y amabilidad, porque en el fondo no se tiene en cuenta lo que es resultado beneficioso sino la orientación ideológica con que se realizan.

Harvard y La Matanza, el derecho a preguntar. Por Rafael Velasco

La frase de la Presidenta –muy desafortunada y penosamente clasista– respecto de las preguntas de los alumnos de la Universidad de Harvard, comparándolos con los alumnos de la Universidad de La Matanza, ha abierto una encendida polémica. Muchos atacan, y otros defienden.

Algunos sostienen que las preguntas eran poco académicas o que estaban “guionadas”; otros se congratulan. El tema tiene muchas aristas; sin embargo, me interesa detenerme en el derecho de los universitarios a preguntar.

La universidad –se sabe– es el lugar del pensamiento crítico; por eso es el lugar de las preguntas. No debería, entonces, sorprender que un grupo de universitarios pregunte sin restricciones ni condicionamientos. Después de todo, el interlocutor es libre o no de someterse a las preguntas. Pero si decide someterse, no puede enojarse y descalificar al interrogador.

 

¿Tenían derecho los estudiantes a preguntar lo que preguntaron? Por cierto. Y la Presidenta tenía el deber de responder sin “sobrar” ni destratar a los que preguntaban.

Todos debemos responder.

Pero así como la universidad es el lugar de la pregunta y los universitarios tenemos derecho a interrogar, también las universidades y los universitarios tenemos el deber de dar respuestas. Y respuestas claras.

El poeta Paul Claudel preguntaba a los intelectuales de su tiempo: “Ustedes, que han recibido la luz, ¿qué han hecho con la luz que recibieron?”. Esa pregunta es, también –particularmente–, para los universitarios: de Harvard, de La Matanza, de Córdoba, de todo el mundo.

Tal vez los alumnos de Harvard (y sus docentes y directivos) debieran responder, por ejemplo, no sólo acerca de la calidad de sus profesores y de sus investigadores, sino también acerca de la conciencia social que se genera en esa casa de estudios, acerca del compromiso con la justicia social y con la equidad en el mundo de parte de sus graduados.

Los alumnos de La Matanza (y sus docentes y directivos) quizá deben también responder –por ejemplo– por el presupuesto que reciben del Estado. ¿Qué se devuelve a la sociedad que ha aportado con sus impuestos para que los estudiantes ingresen al grupo privilegiado de los que acceden a las universidades?

Los universitarios –todos, los de acá de Córdoba también–tenemos que responder por la realidad social que nos toca: ¿qué estamos haciendo desde nuestras aulas y laboratorios para transformar la realidad en algo más justo y equitativo?

Tenemos una gran responsabilidad. Como decía Ignacio Ellacuría, “la universidad debe encarnarse con los pobres”. “Debe ser ciencia de los que no tienen voz, el respaldo intelectual de los que en su realidad misma tienen la verdad y la razón, aunque sea a veces a modo de despojo, pero que no cuentan con las razones académicas que justifiquen su verdad y su razón”.

Ante tamaña responsabilidad, creo que, más allá de los avances en la materia –en el sistema universitario en general–, aún tenemos mucho que responder y bastante que autocriticarnos.

Los universitarios –de Harvard, La Matanza, Córdoba y del mundo entero– tienen derecho de preguntar sin restricciones. Sólo así avanza el conocimiento; sólo así es posible criticar el actual estado de cosas para encontrar nuevos caminos; sólo así es posible desenmascarar lo inauténtico y se puede avanzar en la búsqueda de algo de verdad.

Pero también tiene –tenemos– el deber irrenunciable de dar respuestas. Debemos responder ante los millones que aún no pueden acceder a la universidad y esperan de ella pensamiento comprometido, profesionales con sensibilidad y compromiso social, casas de estudios de verdad plurales y abiertas a sus problemas.

Celebremos la pregunta, sin olvidar que para nosotros, también, sigue pendiente el reclamo de Claudel: universitarios, ustedes que han recibido la luz, ¿qué han hecho con la luz que recibieron?

 

Lic. Rafael Velasco es Rector de la Universidad Católica de Córdoba

Fuente: La Voz del Interior

Homilías Dominicales – Domingo 30 de setiembre de 2012 – 26 durante el año litúrgico (ciclo “B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Domingo 30 de setiembre de 2012 – 26 durante el año litúrgico (ciclo “B”)

Tema

(Mc. 9,38-43,45,47-48) Los discípulos cuentan a Jesús que han visto a uno lanzar demonios en su nombre y trataron de impedírselo porque no era de los “nuestros”. Pero Jesús les dijo “No se lo impidan, porque nadie puede hacer prodigios en mi nombre y ñuego hablar mal de mí. Y el que no está contra nosotros está con nosotros. Yo les aseguro que quien les dé un vaso de agua, porque pertenecen al Cristo, no quedará sin recompensa. Si alguien llegara a escandalizar a estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran una piedra de moler y lo arrojaran al mar. Si tu mano es para ti ocasión de pecado córtala porque más vale entrar a la vida manco que ir con tus dos manos a la Gehena donde el fuego no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado córtalo porque te vale más entrar lisiado en la vida que ser arrojado con tus dos pies a la Gehena. Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo porque más vale entrar con un solo ojo en el reino de Dios que ser arrojado con tus dos ojos a la gehena donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

 

Síntesis de la homilía

Ya sabemos que lo de lanzar demonios, significa liberar de enfermedades desconocidas, generalmente psíquicas  Desde el mensaje de un reino de igualdad para ayudarse mutuamente a buscar la felicidad, brotaba naturalmente el deseo de pertenecer  y comprometerse con esos objetivos. De modo que, difundir los efectos de ese compromiso, resultaba multiplicar los efectos del reino. No cabía entonces señalar enemistad o rivalidad con quien como aquel que los discípulos habían encontrado haciendo las mismas obras de Jesús, lo hacía como un resultado de creer en su persona. El rótulo de cristianos que, en algunos tiempos significó una especie de certificado de honestidad privada y pública y por tanto recomendación para confiar en quien lo presentaba, hoy aparece completamente manchado y desnaturalizado por la hipocresía con que se lo ha usado. Sin embargo persiste un elemento útil para el discernimiento: el que se haga el bien apoyándose en el nombre del Cristo (entendiendo por el nombre, la persona y acción del enviado de Dios) ha de ser juzgado como verdadero cristiano, al margen de cualquier denominación externa. Es verdad por eso, que hay muchos no cristianos, más cristianos que los cristianos. Como, lo hacía notar el papa Juan XXIII en una de sus encíclicas, la unión ecuménica entre los cristianos no había de basarse en la unidad teológica, casi imposible como búsqueda de la verdad, sino en la decisión de asociarse para la realización de la obra salvadora o redentora de Cristo.

Después de los pasajes de Marcos en que  aparece señalado el sufrimiento como aparejado con el seguimiento de Jesús, el evangelista se preocupa de que los pequeños dentro y fuera de la comunidad, se conviertan en el objetivo de preocupación atenta y comprensiva de todos. Por eso indica la recompensa merecida por quienes den a los discípulos un vaso de agua o cualquier ayuda más importante. Por eso también, con una seguidilla de afirmaciones a favor de los más pequeños que, de manera ampulosa y exagerada para resultar impactante, rechaza el escándalo a ellos, es decir el contagio de las acciones egoístas y destructoras de la dignidad del ser humano, que puede resultar de nuestros jucios o acciones. La Gehena valle en que se depositaba y quemaba la basura de la ciudad, es el final de la actitudes que defendiendo sus propios intereses egoístas produjeron la marginación y opresión de sus semejantes. Su vida ha resultado basura, alimento de gusanos y fuego como el basural de la Gehena.

Cómo se formó el poder monárquico-absolutista de los papas. Por Leonardo Boff

Escribíamos anteriormente en estas páginas que la crisis de la Iglesia-institución-jerarquía radica en la absoluta concentración de poder en la persona del papa, poder ejercido de forma absolutista, distanciado de cualquier participación de los cristianos y creando obstáculos prácticamente insuperables para el diálogo ecuménico con las otras Iglesias.
No fue así al principio. La Iglesia era una comunidad fraternal. No existía todavía la figura del papa. Quien dirigía la Iglesia era el emperador pues él era el Sumo Pontífice (Pontifex Maximus) y no el obispo de Roma ni el de Constantinopla, las dos capitales del Imperio. Así el emperador Constantino convocó el primer concilio ecuménico de Nicea (325) para decidir la cuestión de la divinidad de Cristo. Todavía en el siglo VI el emperador Justiniano, que rehízo la unión de las dos partes del Imperio, la de Occidente y la de Oriente, reclamó para sí el primado de derecho y no el de obispo de Roma. Sin embargo, por el hecho de estar en Roma las sepulturas de Pedro y de Pablo, la Iglesia romana gozaba de especial prestigio, así como su obispo, que ante los otros tenía la “presidencia en el amor” y “ejercía el servicio de Pedro”, el de “confirmar en la fe”, no la supremacía de Pedro en el mando.

Todo cambió con el papa León I (440-461), gran jurista y hombre de Estado. Él copió la forma romana de poder que es el absolutismo y el autoritarismo del emperador. Comenzó a interpretar en términos estrictamente jurídicos los tres textos del Nuevo Testamento referentes a Pedro: Pedro como piedra sobre la cual se construiría la Iglesia (Mt 16,18), Pedro, el confirmador en la fe (Lc 22,32) y Pedro como Pastor que debe cuidar de sus ovejas (Jn 21,15). El sentido bíblico y jesuánico va en una línea totalmente contraria: la del amor, el servicio y la renuncia a cualquier honor. Pero predominó la lectura del derecho romano absolutista. Consecuentemente León I asumió el título de Sumo Pontífice y de Papa en sentido propio. Después, los demás papas empezaron a usar las insignias y la indumentaria imperial, la púrpura, la mitra, el trono dorado, el báculo, las estolas, el palio, la muceta, se establecieron los palacios con su corte y se introdujeron hábitos palaciegos que perduran hasta los días actuales en los cardenales y en los obispos, cosa que escandaliza a no pocos cristianos que leen en los evangelios que Jesús era un obrero pobre y sin galas. Entonces empezó a quedar claro que los jerarcas están más próximos al palacio de Herodes que a la gruta de Belén.

Pero hay un fenómeno de difícil comprensión para nosotros: en el afán por legitimar esta transformación y garantizar el poder absoluto del papa, se forjaron una serie de documentos falsos. Primero, una pretendida carta del papa Clemente (+96), sucesor de Pedro en Roma, dirigida a Santiago, hermano del Señor, el gran pastor de Jerusalén, en la cual decía que Pedro antes de morir había determinado que él, Clemente, sería el único y legítimo sucesor. Y evidentemente los demás que vendrían después. Falsificación todavía mayor fue la famosa Donación de Constantino, un documento forjado en la época de León I según el cual Constantino habría hecho al papa de Roma la donación de todo el Imperio Romano. Más tarde, en las disputas con los reyes francos, se creó otra gran falsificación, las Pseudodecretales de Isidoro que reunían falsos documentos y cartas como si proviniesen de los primeros siglos, que reforzaban el primado jurídico del papa de Roma. Y todo culminó con el Código de Graciano en el siglo XIII, tenido como base del derecho canónico, pero que se basaba en falsificaciones y normas que reforzaban el poder central de Roma además de en otros cánones verdaderos que circulaban por las iglesias. Lógicamente, todo esto fue desenmascarado más tarde pero sin producir modificación alguna en el absolutismo de los papas. Pero es lamentable y un cristiano adulto debe conocer los ardides usados y concebidos para gestar un poder que está a contracorriente de los ideales de Jesús y que oscurece el fascinante mensaje cristiano, portador de un nuevo tipo de ejercicio del poder, servicial y participativo.

Posteriormente se produjo un crescendo del poder de los papas: Gregorio VII (+1085) en su Dictatus Papae (la dictadura del papa) se autoproclamó señor absoluto de la Iglesia y del mundo; Inocencio III (+1216) se anunció como vicario-representante de Cristo y por fin, Inocencio IV (+1254) se alzó como representante de Dios. Como tal, bajo Pío IX en 1870, el papa fue proclamado infalible en el campo de doctrina y moral. Curiosamente, todos estos excesos nunca han sido denunciados ni corregidos por la Iglesia jerárquica porque la benefician. Siguen sirviendo de escándalo para los que todavía creen en el Nazareno pobre, humilde artesano y campesino mediterráneo, perseguido, ejecutado en la cruz y resucitado para levantarse contra toda búsqueda de poder y más poder aun dentro de la Iglesia. Ese modo de entender comete un olvido imperdonable: los verdaderos vicarios-representantes de Cristo, según el evangelio de Jesús (Mt 25,45) son los pobres, los sedientos y los hambrientos. Y la jerarquía existe para servirlos, no para sustituirlos

Homilías Dominicales – Domingo 23 de setiembre de 2012 – 25 durante el año litúrgico (ciclo “B”). Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema

(Mc.9, 30-37) dejando la montaña Jesús iba caminando con los discípulos por Galilea y les enseñaba : El hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres que lo matarán y tres días después de  su muerte resucitará. Pero ellos no entendían y temían hacerle preguntas. Llegaron a Cafarnaún y una vez en casa, les preguntó: ¿de qué venían conversando en el camino? Ellos callaban porque habían venido discutiendo sobre quién era el más grande. Entonces sentándose, llamó a los doce y les dijo: El que quiera ser el primero, debe hacerse el último y servidor de todos. Después tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, y abrazándolo les dijo “el que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí y el que me recibe, no es a mí a quien recibe sino a Aquel que me ha enviado.

 

Síntesis de la homilía

Siguen caminando, dice Marcos. Y sigue Jesús preocupándose de caminar con ellos. Y por eso “les va enseñando”. Y les enseña lo más duro de su misión. Quedar, como resultado de su mensaje y su acción en favor de la salud y felicidad de todos, con su vida aprisionada por el odio de los hombres, que llegarán hasta condenarlo a muerte. De este modo repite la enseñanza que pronunciara después de la intervención de Pedro respondiéndole sobre su identidad. Ellos siguen sin entender. ¡Tan difícil es cambiar una estructura de pensamiento que se ha sostenido durante largo tiempo! También nosotros lo vivimos en muchos asuntos pero muy claramente con los cambios de la interpretación bíblica aportados por las investigaciones profundas de los estudiosos, valiéndose de una cantidad de instrumentos modernos para limpiar el mensaje de las adherencias humanas que lo desfiguran. Llegan a la casa y el se sienta como maestro o jefe de familia para completar su enseñanza.¿de qué venían conversando? Y les muestra lo perjudicial de su  preocupación por ser cada uno más importante que los otros, indicándoles la verdadera grandeza que consiste en descubrir y usar de nuestras capacidades para servir a los demás. Como el último y servidor de todos. Así, pretende quitar de la comunidad de seguidores que va a dejar detrás suyo, los gérmenes más dañosos de las rivalidades y separaciones, de que da cuenta en el pasaje que  leyó,  escrito por el apóstol Santiago.

Y deja esa especie de cátedra para salir a la calle y traer a un niño. Gráficamente quiere enseñar a sus seguidores lo que les ha enseñado con palabras. Un niño es la imagen de la pequeñez. Niños de la calle, huérfanos y semiabandonados, imagen, con las viudas, de los más pobres de Israel. Lo está abrazando. Dándole el cariño y protección de que carece. Y los que discutían sobre quién era el más grande, se ven igualados con ese niño, muy posiblemente harapiento y sucio Y reciben la lección de servicio que el Jesús de Juan, expresará lavando los pies de los compañeros de la última cena. Así trata de fijar la atención de los discípulos y la nuestra, en los pequeños. No para compadecerlos solamente sino para tratarlos de su desgracia que muchas veces es el rechazo y la discriminación disimuladas por la “buena educación” y la limosna. Seguramente el gesto de Jesús no sirvió para disminuir la gravedad del abandono de los niños en la sociedad de su  tiempo pero sí para dejar conciencia en sus discípulos de lo que debe hacerse en cuanto se pueda. Una actitud que debería alejarnos de quejas y burlas cuando la promoción o ayuda de los niños se hace cargo de facilitar su alimentación, su educación y el cariño de los que los rodean.

 

 

Homilías Dominicales – Domingo 9 de septiembre de 2012 – 22 del año litúrgico (ciclo”B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema

(Mc.7, 31-37) Jesús partiendo de Tiro y Sidón atraviesa el mar de galilea y penetra en la Decápolis. Le presentan entonces a un sordomudo y le piden que le imponga las manos. Jesús lo separa de la multitud y aparte de todos pone sus dedos en las orejas y con su saliva toca la lengua diciendo, al levantar los ojos al cielo “Efeta” que significa “ábrete”.Enseguida se abrieron sus oídos y se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente. Jesús insistió en que no dijeran nada a nadie, pero cuanto ,ás insistía la gente más proclamaba “todo lo hace bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos”

 

Síntesis de la homilía

hay en el relato un ficción geográfica que delata el sentido simbólico que se desprende de este pasaje de Marcos. Se supone que se cruza el mar de Galilea cuando Jesús va a Decápolis que está del mismo lado que Tiro y Sidón y es un conjunto de poblaciones con habitantes paganos. Pasando de las primeras poblaciones, en cuyo ámbito ha curado a la hija de la mujer sirofenicia, Jesús recorre el  territorio más amplio de las diez ciudades. Atravesar el mar tiene todo el sentido de colocarlo como el espacio símbolo del encuentro universal. Se acentúa la universalidad del mensaje que él proclama. La apertura mostrada para escuchar el reclamo de la mujer afligida , se completa  ahora con la actitud de remediar la sordera y tartamudez, con un gesto que repetirá más adelante con un ciego.

El paganismo es para Marcos el espacio de los ciegos y los sordos, no porque no quieren  ver ni oír como los judíos, sino porque han sido privados desde sus culturas, de la posibilidad de abrirse al mensaje de Yahvé.Los gestos de Jesús en las dos curaciones se asemejan: apartar al enfermo del bullicio, imposición de manos y uso de saliva para tocar la lengua y los ojos enfermos.

Es el gesto del aliento creador. Aquí se está realizando una nueva creación. La posibilidad abierta ya por el amor universal de Dios a los que no podían ver ni oir al enviado de Dios y su mensaje.

La admiración se expresa en un ansia de comunicar a todos, lo que favorece a todos. De modo que la gente no hace caso a la insistencia de Jesús de mantener los hechos en secreto. Y la expresión conclusiva es que “todo lo hace bien. Hace oir a los sordos y ver a los ciegos” Una actitud muy distinta de la de quienes viendo señales parecidas, se preguntan, con sospecha de que esté poseído del demonio, de dónde le vienen estas cosas. Es cierto también para nosotros que con frecuencia el bullicio a nuestro alrededor nos impide escuchar, escucharnos y descubrir el mensaje del espíritu de Dios.

Lo crucial es, en realidad, cómo ese mensaje se nos manifiesta. La renovación carismática apunta a que el mensaje se manifiesta por expresiones de lenguas extrañas o reacciones extraordinarias en la salud, o en éxtasis o desmayos místicos. Todo esto ha tenido en la historia del cristianismo abundantes manifestaciones que casi han fijado como una tradición católica, los milagros, apariciones  de personajes sagrados o hechos fuera de lo común (milagros)  como seguros mensajes y acciones divinas. El Concilio Vaticano II con la originalidad del pontífice convocante, descolocó de ese espacio la expresión del espíritu divino, para colocarlo en los signos de los tiempos. Es decir, en aquello que se va produciendo en la historia de la humanidad y produce, a la vez que el dinamismo constante para la comunidad de seguidores de Jesús, la orientación del compromiso para analizar esos signos y compaginarlos con el espíritu del evangelio por la acción personal y comunitaria. Se trata de algo no dado con anticipación. De un trabajo de discernimiento comunitario, de un dejarse penetrar por las características y las necesidad de la realidad. A lo cual muchas veces,  hay que confesarlo, le tenemos mucho miedo los cristianos.