Homilías Dominicales – Domingo 2 de septiembre de 2012 – 22 durante el año litúrgico (ciclo “B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema

( Mc. 7,1-8, 18, 21-22,27) Fariseos y letrados venidos de Jerusalén se reunieron junto a Jesús. Vieron que algunos de los discípulos tomaban los alimentos con las manos impuras, es decir sin lavárselas. Es que los fariseos y los judíos en general no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos siguiendo la tradición de los ancianos. Cuando vuelven del mercado no comen sin antes lavarse y observan muchas otras reglas tradicionales como el lavado de copas jarras y ollas. De modo que le preguntaron: ¿por qué no siguen tus discípulos la tradición de los mayores y comen con las manos impuras?

Les respondió: Qué bien profetizó Isaías acerca de la hipocresía de ustedes cuando escribió: este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan es inútil, ya que la doctrina que enseñan son preceptos humanos. Descuidan el mandato de Dios y mantienen la tradición de los hombres.

Llamando de nuevo a la gente les decía: Escuchen todos y entiendan-  No hay nada fuera del hombre que al entrar en él, pueda contaminarlo. Lo que lo hace impuro es lo que sale de él. De dentro de su corazón salen los malos pensamientos, fornicación, robos, asesinatos, adulterios, codicia,  malicia, fraude, desenfreno, envidia, calumnia, arrogancia, desatino. Todas esas maldades salen de dentro y sí contaminan al hombre.

 

Síntesis de la homilía

Tanto la preocupación de los fariseos y letrados como la respuesta de Jesús, parecen exageradas frente a un gesto tan insignificante como lavarse o no las manos antes de comer. Eso obedece a que así como nosotros lo hacemos habitualmente por  higiene que beneficia la salud, los judíos lo hacían para no resquebrajar la disciplina impuesta por la tradición de los mayores, ni siquiera en una pequeña regla. Y Jesús proclamaba un mensaje que necesitaba abrir el cerco de las tradiciones para instalar un nuevo sistema de relaciones sociales. Un sistema de libertad basada en la dignidad personal y en la cohesión lograda por convencimiento y corazón. Las abluciones judías tenían un valor simbólico muy pronunciado. Tanto que hasta producían un profundo efecto interior de modo que el que las realizaba se sentía realmente purificado en su corazón o en su espìritu. Nos pasa algo parecido a nosotros con los signos sacramentales. Hasta no hace  mucho, por ejemplo, se afirmaba la obligación de bautizar lo más pronto posible a los recién nacidos, porque con el bautismo ( baño de agua) se convertían en hijos de Dios. Y así con los otros sacramentos. Con la realización del gesto o signo exterior se lograba un efecto sobrenatural, mágico. El ritualismo litúrgico da lugar a estas interpretaciones.

La objeción de los judíos, con la pregunta que no sólo es eso, sino una especie de reproche a  la conducta permisiva de Jesús, merece  por esa causa, una respuesta aparentemente dura, pero que descubre la realidad tal cual es. Es hipocresía cuidar los detalles que han establecido los intereses humanos y dejar de lado lo que es agradable a Dios. Una hipocresía que, en el fondo se basa en un pecado de presunción muy importante. Endiosarse, ocupando el lugar del ser supremo y usurpando su autoridad. Como tantas veces sucede en la institución eclesiástica que se adueña de Dios.

La impureza legal no tiene importancia para Jesús. Sí la tiene la pureza interior. Lo que llamaríamos la pureza de intención

Lo que constituía un elemento de separación entre judíos y los que no eran, debía ser un muro que se desmoronara con las enseñanzas de Jesús. Los fariseos (separados) querían mantener ese muro a toda costa. Estaba de por medio su propia seguridad y prestigio. Y los ritos de la comida en cuanto a lo que se consumía y los otros detalles como purificación de toda la vajilla y las manos, a que se refiere Marcos, tendían a remarcar esa separación. Por eso la oposición tan radical a la actitud de Jesús.

También nosotros establecemos muros de separación y las discriminaciones son tan fuertes que las mantenemos reprochando a quienes quieren derribar los muros.

Homilias Dominicales – Domingo 16 de setiembre de 2012 – 24 durante el año litúrgico (ciclo “B” ) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema(Mc. 8,27-35)

Jesús se marchó con sus discípulos hacia la región de Cesarea de Filipo. En el camino les preguntó: ¿quién dice la gente que soy yo?  Ellos le respondieron: para algunos eres Juan el Bautista, para otros Elías y para otros alguno de los profetas. Y ustedes, quién dicen que soy. Pedro se adelantó y dijo “Tu eres el mesías”- Jesús les ordenó severamente que no se lo dijeran a nadie. Y comenzó a enseñarñes que el hijo del hombre debía sufrir mucho. Que iba a ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas. Que sería condenado a muerte y resucitaría al tercer día.

Y les hablaba de esto muy claramente. Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo. Pero Jesús dándose vuelta y mirando a sus discípulos lo reprendió diciendo: Apártate de mí satanás, porque tus pensamientos no son de Dios sino de los hombres. Entonces, llamando a la gente y a los discípulos les dijo: el que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga, Porque el que quiera salvar su vida la perderá y el que la pierda por mí y el evangelio, la salvará.

 

Síntesis de la homilía

Saliendo de Galilea para alejarse de Herodes el menor, que ya  comenzaba a perseguirlo, Jesús se dirige al norte, la región gobernada por otro hijo de Herodes el grande, Filipo. De paso, diríamos que en lugar neutral, interroga a sus discípulos y obtiene respuestas muy acertadas aunque no completas. Que lo  identificaran con Juan no sorprende porque el mismo Jesús alimentaba el proyecto mesiánico del bautista,  aunque le daba rumbo distinto. También la figura de Elías estuvo permanentemente en la mente de Jesús, como el anunciador de la  llegada del enviado. Y, desde luego, la firmeza de sus palabras y discursos lo identificaba con los grandes profetas. Los discípulos callan sin embargo, lo que se afirmaba por los funcionarios del templo, que lo consideraban endemoniado. Jesús experimenta la necesidad de informarse y, satisfecho con lo que los discípulos han recogido quiere también precisar la opinión que ellos se han formado. Pedro no duda: Eres el Cristo. Jesús penetra inmediatamente el sentido de la declaración espontánea y entusiasta de Pedro y prohibe a todos que lo divulguen. También él está convencido de su vocación, pero necesita aclararla para no propagar la idea ambiciosa quen en realidad, sostienen Pedro y sus compañeros. Por eso se pone a enseñarles sobre el sentido de su vocación de “enviado” o “mesías”

Pedro se da cuenta entonces de la diferencia entre su proyecto y el de Jesús y lo lleva aparte para advertírselo. Para cualquiera convencido de tener una misión importante constituye una tentación su cumplimiento en circunstancias propicias y con el mayor acogimiento posible. Ante la reprensión de Pedro, como había sucedido en la tentación del desierto, Jesús reacciona con fuerza y decisión haciéndole notar que le está poniendo una tentación. “Satanás” significa “el que pone a prueba”.

No va a prescindir de los discípulos, aunque los motivos del seguimiento sean en parte egoístas y plagados de ambiciones personales. Los necesita para llenar su misión. No quiere desalentar su juicio de que es el enviado, el cristo. Pero tampoco quiere ilusionarlos o engañarlos con un camino de éxitos y prestigios. Su causa es revolucionaria de la religión y la sociedad. Y necesariamente deberá enfrentar el rechazo de los que sostienen un proyecto distinto. Para seguirlo en su trayectoria hacia la consecución de la misión que él está seguro que el Padre le ha confiado, tienen que juntar coraje para renunciar muchas veces a sus criterios y ventajas personales. En realidad, cada uno en cada circunstancia tiene que estar preparado para cargar con el peso de la incomprensión, el fracaso y la persecución. La defensa de los propios intereses hasta convertirlos en el sentido central de la vida, conduce a la pérdida de la vida. Y, en cambio, la ofrenda de la vida para convertirla en servicio a la causa del nosotros, de la comunidad humana, le devuelve su pleno sentido y valoración. En nuestros afanes proselitistas, muchas veces nos dejamos llevar por la facilidad de conquistar en base a promesas en que comprometemos la acción de Dios a favor de los que ingresen a nuestro círculo de “escogidos”. Si examinamos el sentir de muchos hermanos católicos nos encontramos con una cantidad de acciones y compromisos encaminados a obtener beneficios particulares. A esas actitudes las calificamos como FE. Pero no están basadas en la convicción de que el Padre nos ama y en las buenas y en las malas está nuestra disposición su espíritu de amor, que nos impulsa a utilizar todas las posibilidades de felicidad que él ha depositado en nosotros, para bien de todos. Por eso una iglesia enquistada en el poder y preocupada por mantenerlo en la sociedad a través del autoritarismo y el  miedo es una tentación en que ha caído y sigue cayendo en muchas oportunidades.

Curso bíblico: “Cómo es Jesús en el Evangelio de San Mateo” Por Ariel Alvarez Valdés

LA FUNDACIÓN “DIÁLOGO” y Charlas de la Cripta

Te invitan al curso bíblico:

“Cómo es Jesús en el Evangelio de San Mateo”

A cargo del teólogo y biblista:

ARIEL ALVAREZ VALDÉS

Fecha: jueves 30 y viernes 31 de agosto de 2012

Hora: de 19 a 22

Lugar: CPC ARGUELLO: Av. Rafael Núñez esq. Ricardo Rojas – Argüello – Córdoba. Colectivos: Líneas N y T – Empresas: Fono Bus, Intercórdoba y Sarmiento.

Costo: $20 por noche

Informes: charlasenlacripta@gmail.com

TEMARIO

Jueves 30: “¿Cómo nació el Evangelio de Mateo?”

Viernes 31: “¿Cómo presenta Mateo a Jesús?”

Sumario

El libro de San Mateo es el Evangelio más conocido por los lectores cristianos. El hecho de ser uno de los textos más completos, puesto que narra la vida de Jesús desde su infancia hasta su ascensión, ha hecho que la Iglesia lo priorice en su liturgia, y lo proponga siempre como material de lectura. Sin embargo, muchos ignoran que el Jesús que presenta Mateo es muy diferente al de Marcos, y también al de Lucas y Juan.

A lo largo de este curso, se intentará ver porqué Mateo escribió su Evangelio, dónde lo escribió, y para quiénes compuso su libro.  Asimismo, se intentará analizar la imagen de Jesús propia que presenta este evangelista, tan distinta a la de los otros escritos autores bíblicos. Finalmente se buscará abordar cuáles son las características teológicas de Mateo, para aprender a identificarlo como autor del Nuevo Testamento.

Cuando las cabezas de las mujeres se juntan. Por Viviana Liptzis

 

“Si Dios es masculino, lo masculino es Dios”

(Mary Daly: Beyond God The Father)

 

Dice Florence Thomas: “Soy feminista para mover ideas y poner a circular conceptos; para reconstruir viejos discursos y narrativas, para desmontar mitos y estereotipos, derrumbar roles prescritos e imaginarios prestados”*

Entre esas narrativas, tal vez las más poderosas son aquellas que nos “regalaron” las religiones monoteístas y sus prescripciones patriarcales: historias de mujeres contadas por hombres y no por sí mismas, carentes de palabras propias, devenidas Marías o Evas según sea el caso.

En este contexto, el nacimiento y desarrollo de una teología feminista, de una exégesis feminista, de una liturgia feminista, tiene una importancia fundante: nos estamos metiendo en el corazón del poder masculino histórico, el ámbito del “no se toca”, desacralizando una mirada que contempla sólo a la mitad de la humanidad mientras oculta a la otra cuando la desempodera.

En el judaísmo, donde esta reflexión teológica no ha sido preponderante, las mujeres asumimos ese espacio y nos apropiamos de la búsqueda de una divinidad inclusiva que nos abra las puertas para hacer realidad la “imagen y semejanza”. Y también nos apropiamos de las palabras desarrollando interpretaciones alternativas a las tradicionales, leyendo entre líneas, sospechando y “haciendo conscientes los mecanismos y las implicancias de los modelos opresivos de producción de conocimientos”**

Dice Anita Diamant: “El judaísmo del siglo XXI comienza en un lugar radicalmente diferente. Es la primera vez en la historia del judaísmo que las voces de las mujeres (no sólo personajes extraordinarios sino un coro de lo más variado) se ha sumado al discurso público sobre todos los temas: Dios, la ley, el gobierno de sinagogas y comunidades, el casamiento, la educación, el dinero, etc.

Esta participación sin precedentes de las mujeres, es el resultado de la pasión de casi dos generaciones de adultas judías que entendieron que el feminismo no es nada más ni nada menos que una de las expresiones más profundas de la misión del judaísmo: el mandato de la Torá relacionado con la justicia y la santificación de la vida.

Como judías, hemos buscado en nuestras fuentes, prototipos que permitan enraizar nuestros cambios en esas tradiciones. Citamos textos para unirnos al pasado y legitimar nuestras innovaciones. Nombramos a Miriam, la profetiza, como sustento de nuestros roles actuales de liderazgo. Nombramos a Hanah, que en su búsqueda espiritual, inventó las plegarias personales que incluimos en nuestra devoción comunitaria y privada. Usamos a Ruth y Esther como ejemplos de mujeres corajudas.

Pero hay algo más: sólo en este tiempo, nuestro tiempo, gracias al desarrollo del judaísmo feminista (que es lo mismo que decir un judaísmo inclusivo), es posible imaginar y ver en una comunidad entera, sin importar su género, o su edad, o su orientación, a una nación de aprendices y maestras/os. Esto supone una democratización absoluta del aprendizaje.

Ahora que hemos logrado este nivel de conocimientos y posibilidades, es hora de aceptar el hecho de que no vamos a encontrar textos que prueben todas nuestras reflexiones e invenciones. Es hora de ser honestas respecto de que estamos creando la Miriam que necesitamos y le damos un lugar en la cena de Pesaj. Igual que a otras mujeres.

Esto ya se hizo antes, lo hicieron otros antes que nosotras. Es la parte jugosa de nuestro árbol de la vida, el que nos mantiene apartadas de la atrofia y la muerte.

Debemos hacernos cargo del hecho de que estamos santificando aquello que no era visto como sagrado en el pasado: las historias de nuestras vidas, el poder y la sabiduría de nuestras matriarcas, el sacrificio y el triunfo de estas contra-tradiciones, contra-narrativas, contra-teologías. Estamos transformando lo marginal en lo normativo”***

Las cabezas de las mujeres nos seguiremos juntando. Para hacer realidad para todas, y no sólo para algunas privilegiadas, la posibilidad de ser protagonistas también en estos ámbitos.

Dice el Talmud: “Unite a grupos para estudiar la Torá, dado que el conocimiento de la Torá sólo puede ser adquirido en asociación con otros” (Berajot, 63b). Y pienso que es en esto donde radica una parte de la enorme sabiduría de las mujeres: reunirnos para pensar, aprender, entender, reflexionar, asombrarnos.

 

 

http://sermujerhoy.com/2012/05/02/soy-feminista-florence-thomas-y-yo-tambien/

** Elizabeth Schüssler Fiorenza: Wisdom ways

*** Anita Diamant: New Jewish Feminism

Domingo 26 de agosto de 2012 – 21 durante el año litúrgico (ciclo “B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Juan 6, 60-69)

Cuando los que seguían a Jesús escucharon esas enseñanzas, se dijeron: esto se hace muy difícil de admitir  ¿quién puede hacerle caso? Jesús dándose cuenta de lo que estaban murmurando, les preguntó ¿esto les sorprende? ¿qué pasará entonces cuando vean a este hijo de hombre volver a donde estaba? El espíritu es el que da vida. El cuerpo no aprovecha. Y las cosas que yo les he dicho son espíritu y vida. Pero todavía hay entre ustedes algunos que no creen. Es que Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no confiaban en él y hasta quién lo iba a traicionar. Y añadió: por eso les he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no lo trae.

Desde entonces muchos de los que habían seguido a Jesús lo dejaron y ya no andaban con él. Les preguntó entonces a los doce discípulos :  Y ustedes también quieren irse?

Simón Pedro le contestó : Señor a quién iremos? Tus palabras son de vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el santo de Dios.

 

Síntesis de la homilía

No es que hubieran entendido mal. Cuando sucedía eso, Jesús explicaba a los suyos lo que otros no entendían. Pero aquí no hay explicación porque, habiendo entendido perfectamente de qué se trataba, no estaban dispuestos a aceptarlo. La misteriosa pregunta de Jesús sobre qué pasará cuando lo vean volver  a donde estaba, es una alusión a su muerte, a la actitud definitiva de su entrega que es al mismo tiempo, para Juan, su exaltación. Este quiebre del grupo grande de seguidores podía haber impresionado a Jesús. Sin embargo es tan grande su respeto a la voluntad de cada uno, que se apresura a preguntarles a los que sentimentalmente estaban más cerca suyo, si ellos también se quieren marchar.  Esta actitud sincera y firme de Jesús es ejemplar para todos los responsables de la evangelización (la propagación de la buena noticia del evangelio) Proponer la verdad aunque se pueda anticipar su rechazo, no puede determinar ni justificar la actitud de ocultarla. Muchas veces, por ejemplo, en la iglesia, los pasajes evangélicos referidos a los ricos se han omitido, y ante prácticas netamente supersticiosas, muchos prefiriendo no perder “clientes”, miran hacia otro lado y dejan que se sigan manteniendo basados en la buena fe o ingenuidad sin sentido crítico.

La afirmación de que “nadie puede llegarse a Jesús si el Padre no lo trae”, no significa que el Padre elige a privilegiados para acercarlos a la salvación y a los otros los deja abandonados. Suele expresarse este enfoque cuando se dice: “A unos Dios le da la fe y a otros no” ó “la fe es un don de Dios que sólo algunos reciben”. El sentido más obvio de la afirmación de Jesús es que si alguien no se siente atraído por el amor del Padre, no se va a acercar a él que es su enviado. Y la atracción experimentada por los judíos no era hacia el amor liberador del Padre, sino hacia la severa estructura de la ley, que establecía desigualdades y privilegios hacia adentro y fuera del pueblo judío, para que se consideraran el “pueblo elegido”.

Los adelantos de Pedro para responder en nombre de todos, que son un recurso de los escritores del nuevo testamente para resaltar su liderazgo en la comunidad de discípulos, no resultan siempre acertados pero, en esta oportunidad, dan exactamente en el centro de la cuestión. “Tus palabras son las que nos sitúan en el verdadero sentido de la vida”. Y si no las escuchamos no tenemos a donde recurrir.

Navigating the Shifts. By Pat Farrell

Navigating the Shifts. By Pat Farrell, OSF  — LCWR President

Presidential Address, 2012 LCWR Assembly

The address that I am about to give is not the one I had imagined. After the lovely contemplative tone of last summer’s assembly, I had anticipated simply articulating from our contemporary religious life reflections some of the new things we sense that God has been doing. Well, indeed we have been sensing new things. The doctrinal assessment, however, is not what I had in mind!

Clearly, there has been a shift! Some larger movement in the Church, in the world, has landed on LCWR. We are in a time of crisis and that is a very hopeful place to be. As our main speaker, Barbara Marx Hubbard, has indicated, crisis precedes transformation. It would seem that an ecclesial and even cosmic transformation is trying to break through. In the doctrinal assessment we’ve been given an opportunity to help move it. We weren’t looking for this contoversy. Yet I don’t think that it is by accident that it found us. No, there is just too much synchronicity in events that have prepared us for it. The apostolic visitation galvanized the solidarity among us. Our contemplative group reflection has been ripenening our spiritual depth. The 50th anniversary of the Vatican II approaches. How significant for us who took it so to heart and have been so shaped by it! It makes us recognize with poignant clarity what a very different moment this is. I find my prayer these days often taking the form of lamentation. Yes, something has shifted! And now, here we are, in the eye of an ecclesial storm, with a spotlight shining on us and a microphone placed at our mouths. What invitation, what opportunity, what responsibility is ours in this? Our LCWR mission statement reminds us that our time is holy, our leadership is gift, and our challenges are blessings.

I think It would be a mistake to make too much of the docrinal assessment. We cannot allow it to consume an inordinate amount of our time and energy or to distract us from our mission. It is not the first time that a form of religious life has collided with the institutional Church. Nor will it be the last. We’ve seen an apostolic visitation, the Quinn Commission, a Vatican intervention of CLAR and of the Jesuits. Many of the foundresses and founders of our congregations struggled long for canonical approval of our institutes. Some were even silenced or ex-communicated. A few of them, as in the cases of Mary Ward and Mary McKillop, were later canonized. There is an inherent existential tension between the complementary roles of hierarchy and religious which is not likely to change. In an ideal ecclesial world, the different roles are held in creative tension, with mutual respect and appreciation, in an enviroment of open dialogue, for the building up of the whole Church. The doctrinal assessment suggests that we are not currently living in an ideal ecclesial world.

I also think it would be a mistake to make too little of the doctrinal assessment. The historical impact of this moment is clear to all of us. It is reflected in the care with which LCWR members have both responded and not responded, in an effort to speak with one voice. We have heard it in more private conversations with concerned priests and bishops. It is evident in the immense groundswell of support from our brother religious and from the laity. Clearly they share our concern at the intolerance of dissent even from those with informed consciences, the continued curtailing of the role of women. Here are selections from one of the many letters I have received: “I am writing to you because I am watching at this pivotal moment in our planet’s spiritual history. I believe that all the Catholic faithful must be enlisted in your efforts, and that this crisis be treated as the 21st century catalyst for open debate and a rush of fresh air through every stained glass window in the land.” Yes, much is at stake. Through it all, we can only go forward with truthfulness and integrity. Hopefully we can do so in a way that contributes to the good of religious life everywhere and to the healing of the fractured Church we so love. It is no simple thing. We walk a fine line. Gratefully, we walk it together.

In the context of Barbara Marx Hubbard’s presentation, it is easy to see this LCWR moment as a microcosm of a world in flux. It is nested within the very large and comprehensive paradigm shift of our day. The cosmic breaking down and breaking through we are experiencing gives us a broader context. Many institutions, traditions, and structures seem to be withering. Why? I believe the philosophical underpinnings of the way we’ve organized reality no longer hold. The human family is not served by individualism, patriarchy, a scarcity mentality, or competition. The world is outgrowing the dualistic constructs of superior/inferior, win/lose, good/bad, and domination/submission. Breaking through in their place are equality, communion, collaboration, synchronicity, expansiveness, abundance, wholeness, mutuality, intuitive knowing, and love. This shift, while painful, is good news! It heralds a hopeful future for our Church and our world. As a natural part of evolutionary advance, it in no way negates or undervalues what went before. Nor is there reason to be fearful of the cataclysmic movements of change swirling around us. We only need to recognize the movement, step into the flow, and be carried by it. Indeed, all creation is groaning in one great act of giving birth. The Spirit of God still hovers over the chaos. This familiar poem of Christopher Fry captures it:

”The human heart can go the length of God.
Cold and dark, it may be
But this is no winter now.
The frozen misery of centuries cracks, breaks, begins to move. The thunder is the thunder of the floes.

The thaw, the flood, the up-start spring. Thank God, our time is now
When wrong comes up to face us everywhere Never to leave until we take

The greatest stride of soul that people ever took
Affairs are now soul-size.
The enterprise is exploration into God…”

Christopher Fry – A Sleep of Strangers

I would like to suggest a few ways for us to navigate the large and small changes we are undergoing. God is calling to us from the future. I believe we are being readied for a fresh inbreaking of the Reign of God. What can prepare us for that? Perhaps there are answers within our own spiritual DNA. Tools that have served us through centuries of religious life are, I believe, still a compass to guide us now. Let us consider a few, one by one.

1.How can we navigate the shifts? Through contemplation.

How else can we go forward except from a place of deep prayer? Our vocations, our lives, begin and end in the desire for God. We have a lifetime of being lured into union with divine Mystery. That Presence is our truest home. The path of contemplation we’ve been on together is our surest way into the darkness of God’s leading. In situations of impasse, it is only prayerful spaciousness that allows what wants to emerge to manifest itself. We are at such an impasse now. Our collective wisdom needs to be gathered. It germinates in silence, as we saw during the six weeks following the issuing of the mandate from the Congregation of the Doctrine of the Faith. We wait for God to carve out a deeper knowing in us. With Jan Richardson we pray:

“You hollow us out, God, so that we may carry you, and you endlessly fill us only to be emptied again. Make smooth our inward spaces and sturdy, that we may hold you with less resistance and bear you with deeper grace.”

Here is one image of contemplation: 1 the prairie. The roots of prairie grass are extraordinarily deep. Prairie grass acutally enriches the land. It produced the fertile soil of the Great Plains. The deep roots aerate the soil and decompose into rich, productive earth. Interestingly, a healthy prairie needs to be burned regularly. 2 It needs the heat of the fire and the clearing away of the grass itself to bring the nutrients from the deep roots to the surface, supporting new growth. This burning reminds me of a similar image. There is a kind of Eucalyptus tree in Australia whose seeds cannot germinate without a forest fire. The intense heat cracks open the seed and allows it to grow. Perhaps with us, too, there are deep parts of ourselves activated only when more shallow layers are stripped away. We are pruned and purified in the dark night. In both contemplation and conflict we are mulched into fertility. As the burning of the prairie draws energy from the roots upward and outward, contemplation draws us toward fruitful action. It is the seedbed of a prophetic life. Through it, God shapes and strengthens us for what is needed now.

2.How can we navigate the shifts? With a prophetic voice

The vocation of religious life is prophetic and charismatic by nature, offering an alternate lifestyle to that of the dominant culture. The call of Vatican II, which we so conscientiously heeded, urged us to respond to the signs of our times. For fifty years women religious in the United States have been trying to do so, to be a prophetic voice. There is no guarantee, however, that simply by virtue of our vocation we can be prophetic. Prophecy is both God’s gift as well as the product of rigorous asceticism. Our rootedness in God needs to be deep enough and our read on reality clear enough for us to be a voice of conscience. It is usually easy to recognize the prophetic voice when it is authentic. It has the freshness and freedom of the Gospel: open, and favoring the disenfranchised. The prophetic voice dares the truth. We can often hear in it a questioning of established power, and an uncovering of human pain and unmet need. It challenges structures that exclude some and benefit others. The prophetic voice urges action and a choice for change.

Considering again the large and small shifts of our time, what would a prophetic response to the doctrinal assessment look like? I think it would be humble, but not submissive; rooted in a solid sense of ourselves, but not self- righteous; truthful, but gentle and absolutely fearless. It would ask probing questions. Are we being invited to some appropriate pruning, and would we open to it? Is this doctrinal assessment process an expression of concern or an attempt to control? Concern is based in love and invites unity. Control through fear and intimidation would be an abuse of power. Does the institutional legitimacy of canonical recognition empower us to live prophetically? Does it allow us the freedom to question with informed consciences? Does it really welcome feedback in a Church that claims to honor the sensus fidelium, the sense of the faithful? In the words of Bob Beck, “A social body without a mechanism for registering dissent is like a physical body that cannot feel pain. There is no way to get feedback that says that things are going wrong. Just as a social body that includes little more than dissent is as disruptive as a physical body that is in constant pain. Both need treatment.”

When I think of the prophetic voice of LCWR, specifically, I recall the statement on civil discourse from our 2011 assembly. In the context of the doctrinal assessment, it speaks to me now in a whole new way. St. Augustine expressed what is needed for civil discourse with these words: “Let us, on both sides, lay aside all arrogance. Let us not, on either side, claim that we have already discovered the truth. Let us seek it together as something which is known to neither of us. For then only may we seek it, lovingly and tranquilly, if there be no bold presumption that it is already discovered and possessed.”

In a similar vein, what would a prophetic response to the larger paradigm shifts of our time look like? I hope it would include both openness and critical thinking, while also inspiring hope. We can claim the future we desire and act from it now. To do this takes the discipline of choosing where to focus our attention. If our brains, as neuroscience now suggests, take whatever we focus on as an invitation to make it happen, then the images and visions we live with matter a great deal. So we need to actively engage our imaginations in shaping visions of the future. Nothing we do is insignificant. Even a very small conscious choice of courage or of conscience can contribute to the transformation of the whole. It might be, for instance, the decision to put energy into that which seems most authentic to us, and withdraw energy and involvement from that which doesn’t. This kind of intentionaltiy is what Joanna Macy calls active hope. It is both creative and prophetic. In this difficult, transitional time, the future is in need of our imagination and our hopefulness. In the words of the French poet Rostand:

“It is at night that it is important to believe in the light; one must force the dawn to be born by believing in it.”

3.How can we navigate the shifts? Through solidarity with the marginalized.

We cannot live prophetically without proximity to those who are vulnerable and marginalized. First of all, that is where we belong. Our mission is to give ourselves away in love, particularly to those in greatest need. This is who we are as women religious. But also, the vantage point of marginal people is a privileged place of encounter with God, whose preference is always for the outcast. There is important wisdom to be gleaned from those on the margins. Vulnerable human beings put us more in touch with the truth of our limited and messy human condition, marked as it is by fragility, incompleteness, and inevitable struggle.

The experience of God from that place is one of absolutely gratuitous mercy and empowering love. People on the margins who are less able to and less invested in keeping up appearances, often have an uncanny ability to name things as they are. Standing with them can help situate us in the truth and helps keep us honest. We need to see what they see in order to be prophetic voices for our world and Church, even as we struggle to balance our life on the periphery with fidelity to the center.

Collectively women religious have immense and varied experiences of ministry at the margins. Has it not been the privilege of our lives to stand with oppressed peoples? Have they not taught us what they have learned in order to survive: resiliency, creativity, solidarity, the energy of resistance, and joy? Those who live daily with loss can teach us how to grieve and how to let go. They also help us see when letting go is not enough. There are structures of injustice and exclusion that need to be unmasked and systematically removed. I offer this image of active dismantling. These pictures were taken in Suchitoto, El Salvador the day of celebration of the peace accords. 4 5 That morning, people came out of their homes with sledge hammers and began to knock down the bunkers, to dismantle the machinery of war. 6

4. How can we navigate the shifts? Through community

Religious have navigated many shifts over the years because we’ve done it together. We find such strength in each other! 7 In the last fifty years since Vatican II our way of living community has shifted dramatically. It has not been easy and continues to evolve, within the particular US challenge of creating community in an individualistic culture. Nonetheless, we have learned invaluable lessons.

We who are in positions of leadership are constantly challenged to honor a wide spectrum of opinions. We have learned a lot about creating community from diversity, and about celebrating differences. We have come to trust divergent opinions as powerful pathways to greater clarity. Our commitment to community compels us to do that, as together we seek the common good.

We have effectively moved from a hierarchically structured lifestyle in our congregations to a more horizontal model. It is quite amazing, considering the rigidity from which we evolved. The participative structures and collaborative leadership models we have developed have been empowering, lifegiving. These models may very well be the gift we now bring to the Church and the world.

From an evolved experience of community, our understanding of obedience has also changed. This is of particular importance to us as we discern a response to the doctrinal assessment. How have we come to understand what free and responsible obedience means? A response of integrity to the mandate needs to come out of our own understanding of creative fidelity. Dominican Judy Schaefer has beautifully articulated theological underpinnings of what she calls “obedience in community” or “attentive discipleship.” They reflect our post- Vatican II lived experience of communal discernment and decision making as a faithful form of obedience. She says: “Only when all participate actively in attentive listening can the community be assured that it has remained open and obedient to the fullness of God’s call and grace in each particular moment in history.” Isn’t that what we have been doing at this assembly? Community is another compass as we navigate our way forward. Our world has changed. I celebrate that with you through the poetic words of Alice Walker, from her book entitled Hard Times Require Furious Dancing:

The World Has Changed

The world has changed:
Wake up & smell
the possibility. The world
has changed: It did not change without
your prayers without
your determination to
believe
in liberation
&
kindness;
without
your
dancing
through the years that had
no
beat.
The world has changed: It did not
change
without
your numbers your fierce love
of self
& cosmos it did not change without
your strength.

The world has
changed:
Wake up!
Give yourself
the gift
of a new
day. 8

 

5. How can we navigate the shifts? Non-violently

The breaking down and breaking through of massive paradigm shift is a violent sort of process. It invites the inner strength of a non-violent response. Jesus is our model in this. His radical inclusivity incited serious consequences. He was violently rejected as a threat to the established order. Yet he defined no one as enemy and loved those who persecuted him. Even in the apparent defeat of crucifixion, Jesus was no victim. He stood before Pilate declaring his power to lay down his life, not to have it taken from him.

What, then, does non-violence look like for us? It is certainly not the passivity of the victim. It entails resisting rather than colluding with abusive power. It does mean, however, accepting suffering rather than passing it on. It refuses to shame, blame, threaten or demonize. In fact, non-violence requires that we befriend our own darkness and brokeness rather than projecting it onto another. This, in turn, connects us with our fundamental oneness with each other, even in conflict. Non-violence is creative. It refuses to accept ultimatums and dead-end definitions without imaginative attempts to reframe them. When needed, I trust we will name and resist harmful behavior, without retaliation. We can absorb a certain degree of negativity without drama or fanfare, choosing not to escalate or lash out in return. My hope is that at least some measure of violence can stop with us.

Here I offer the image of a lightning rod. 9 Lightning, the electrical charge generated by the clash of cold and warm air, is potentially destructive to whatever it strikes. 10 A lightning rod draws the charge to itself, channels and grounds it, providing protection. A lightning rod doesn’t hold onto the destructive energy but allows it to flow into the earth to be transformed. 11

6. How can we navigate the shifts? By living in joyful hope

Joyful hope is the hallmark of genuine discipleship. We look forward to a future full of hope, in the face of all evidence to the contrary. Hope makes us attentive to signs of the inbreaking of the Reign of God. Jesus describes that coming reign in the parable of the mustard seed.

Let us consider for a moment what we know about mustard. Though it can also be cultivated, mustard is an invasive plant, essentially a weed. 12 The image you see is a variety of mustard that grows in the Midwest. Some exegetes tell us that when Jesus talks about the tiny mustard seed growing into a tree so large that the birds of the air come and build their nest in it, he is probably joking. 13 To imagine birds building nests in the floppy little mustard plant is laughable. It is likely that Jesus’ real meaning is something like Look, don’t imagine that in following me you’re going to look like some lofty tree. Don’t expect to be Cedars of Lebanon or anything that looks like a large and respectable empire. But even the floppy little mustard plant can support life. Mustard, more often than not, is a weed. 14 Granted, it’s a beautiful and medicinal weed. Mustard is flavorful and has wonderful healing properties. 15 It can be harvested for healing, and its greatest value is in that. But mustard is usually a weed. 16 It crops up anywhere, without permission. And most notably of all, it is uncontainable. It spreads prolifically and can take over whole fields of cultivated crops. 17 You could even say that this little nuisance of a weed was illegal in the time of Jesus. There were laws about where to plant it in an effort to keep it under control.

Now, what does it say to us that Jesus uses this image to describe the Reign of God? Think about it. We can, indeed, live in joyful hope because there is no political or ecclesiastical herbicide that can wipe out the movement of God’s Spirit. Our hope is in the absolutely uncontainable power of God. We who pledge our lives to a radical following of Jesus can expect to be seen as pesty weeds that need to be fenced in. 18 If the weeds of God’s Reign are stomped out in one place they will crop up in another. I can hear, in that, the words of Archbishop Oscar Romero “If I am killed, I will arise in the Salvadoran people.”

And so, we live in joyful hope, willing to be weeds one and all. We stand in the power of the dying and rising of Jesus. I hold forever in my heart an expression of that from the days of the dictatorship in Chile: “Pueden aplastar algunas flores, pero no pueden detener la primavera.” “They can crush a few flowers but they can’t hold back the springtime.”

 

REFERENCES

Michael W. Blastic, OFM Conv., “Contemplation and Compassion: A Franciscan Ministerial Spirituality.”

Robert Beck, Homily: Fifteenth Sunday in Ordinary Time, July 15, 2012. Mount St. Francis, Dubuque, Iowa

Judy Cannato, Field of Compassion: How the New Cosmology is Transforming Spiritual Life. Notre Dame, IN: Sorin Books, 2010.

Barbara Marx Hubbard, Conscious Evolution: Awakening the Power of Our Social Potential. Novato, CA: New World Library, 1998.

Joanna Macy and Chris Johnstone, How to Face the Mess We’re in Without Going Crazy. Novato, CA: New World Library, 2012.

Jan Richardson, Night Visions: Searching the Shadows of Advent and Christmas. Wanton Gospeller Press, 2010.

Judith K. Schaefer, The Evolution of a Vow: Obedience as Decision Making in Communmion. Piscataway, NJ: Transaction Publishers

Margaret Silf, The Other Side of Chaos: Breaking Through When Life is Breaking Down. Chicago: Loyola Press, 2011.

Alice Walker, Hard Times Require Furious Dancing. Novato, CA: New World Library, 2010.

 

Fuente: www.lcwr.org

The Leadership Conference of Women Religious (LCWR) is an association of the leaders of congregations of Catholic women religious in the United States. The conference has more than 1500 members, who represent more than 80 percent of the 57,000 women religious in the United States. Founded in 1956, the conference assists its members to collaboratively carry out their service of leadership to further the mission of the Gospel in today’s world.

Domingo 19 de Agosto de 2012 – 20 durante el año litúrgico (ciclo “B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Juan 6, 51-59)

Discutían unos con otros los judíos oyentes de Jesús: ¿Cómo puede éste darnos a comer su cuerpo? Jesús les dijo: Yo les aseguro que si uds. no comen el cuerpo de este hijo de hombre y beben su sangre no tendrán vida en ustedes. El que come mi cuerpo y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi cuerpo es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi cuerpo y bebe mi sangre vive unido a mí y yo vivo unido a él. El Padre que me ha enviado vive en mí como yo vivo en él y del mismo modo el que se alimenta de mí vivirá por mí. Hablo de pan bajado del cielo. Que no es como el maná que comieron sus antepasados y, a pesar de eso, murieron. El que come de este pan vivirá para siempre.

Jesús enseñaba estas cosas en una de las reuniones de la Sinagoga de Cafarnaún.

 

Síntesis de la homilía

En el centro de este pasaje en que Jesús repite los conceptos ya expresados como para fijarlos en la mente de sus oyentes, está la clave para descifrar el simbolismo del pan y su propiedad de comunicar la vida eterna. Advirtamos que la calificación de eterna, a pesar de ser tan usada, no tiene el significado real de eternidad, (lo que no empieza ni termina), sino el sentido de vida auténtica, verdadera, duradera (como lo explicita en el credo tradicional la palabra “perdurable”).  El texto de Juan afirma: El que come mi cuerpo y bebe mi sangre vive unido a mí y yo vivo unido a él. Y el que se alimenta de mí como yo me alimento y vivo del Padre, vivirá por mí. Se trata entonces no de una garantía, como una especie de premio por comer el cuerpo y beber la sangre (cosas bastante crudas e inaceptables en su sentido concreto y material, aunque sea bajo las especies de pan y vino) sino de una realidad que se cumple cuando los objetivos de la propia vida se identifican con los de Jesús el enviado del Padre que vive por él y desde él.  La vida y muerte de que se habla entonces, no son los acontecimientos habituales en la historia de cada uno de nosotros, que siguen dándose constantemente, ni tampoco tienen que ver con la seguridad de una vida después de la muerte. Hablan de la verdadera vida que buscada y disfrutada en la tierra como  don compartido y comulgado es presencia de la  vida de Dios y semilla de su plenitud en nosotros.

Se entiende aquí la profundidad que tiene la discusión entre los judíos participantes de la reunión de la Sinagoga de Cafarnaún. Se trata de una interiorización profunda con el mensaje nuevo proclamado por Jesús, que implica una transformación de la vida y la sociedad. Y esto los ponía en contraposición con la seguridad de que la ley mosaica era su salvación y la garantía de vida para siempre.

Nos sucede también dentro de nuestra iglesia cuando, desde cualquier nivel, pero especialmente desde las alturas de la jerarquía se presenta como si la identificación con ella y su verdad constituyeran una seguridad de premio “eterno”, desplazando o subordinando la identificación con el mensaje y la acción de Jesús de Nazaret.

Domingo 5 de Agosto de 2012 – 18 durante el año litúrgico (ciclo”B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Jn.6,24-35)

Cuando la gente, al otro lado del lago, encontró de nuevo a Jesús le preguntaban ¿cómo viniste acá? Jesús les dijo: Estoy seguro de  que uds. me buscan porque han comido hasta llenarse y no porque hayan entendido las señales fuera de lo común-  No se afanen en trabajar por la comida que se acaba, sino por la que permanece, la que les da vida eterna. Esta es la comida que les dará este hijo d hombre porque el Padre ha puesto su sello en él. Le preguntaron: ¿Qué debemos hacer para saber cuáles son las obras que Dios quiere que hagamos? Respondió jesús: lo que Dios quiere que hagan es que crean en aquel qué él les ha enviado. ¡Qué señal nos das para que  te creamos? Cuáles son tus obras? Nuestros antepasados comieron el mana del desierto, como dice la Escritura “Dios les dio a comer pan del cielo” Jesús contestó: les aseguro que no fue Moisés quien les dio pan del cielo, sino que  mi Padre es quien les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan que Dios da es el que ha bajado del cielo y da vida al mundo. Y ellos dijeron “Señor danos siempre de ese pan!”

 

Síntesis de la homilía

El discurso de Jesús en este capítulo 6to de Juan es el más largo de sus enseñanzas. Y no resulta fácil de entender ni para los que lo rodeaban ni para nosotros. Hay algunas cosas claras que constituyen pistas para descifrar el sentido a la vez simbólico y realista del pan como alimento de vida, que es el tema central. Jesús habla de su carne es decir, su humanidad. Con referencia a la eucaristía los sinópticos hablan de cuerpo y sangre como entidades distintas. Para Juan “carne” abarca la humanidad de Jesús, todo lo que él es como personas y como enviado de Dios, reflejo de Dios, revelación del Padre. Su lenguaje resulta por eso duro para los judíos: ¿cómo el Dios espíritu va a estar identificado con un simple ser humano? ¿Y admitirlo a él así, como ser humano, puede resultar alimento para la vida duradera?  Esas dificultades son las que aparecen en el desafío ¿qué obras haces para que creamos esto y confiemos en ti? El ejemplo del maná en el desierto es contrapuesto por Jesús, alejándose de esa comida material a esta otra, que es él mismo para darle a la vida humana,sentido de permanencia y profundidad.

Las interpretaciones de estas afirmaciones del maestro, siembran dudas y objeciones que producen el efecto de alejamiento de muchos. Quedan los doce, los elegidos por él, los amigos que tampoco entienden pero que permanecen fieles a la persona por la que han abandonado todo.

Cuando se habla simplemente de comer el pan que produce la vida, todo aparece como una cuestión o invitación pasiva a recibir un favor. Sin embargo Jesús la pronuncia como un desafío. Si no comen no tendrán vida. Quiere decir entonces que comer no es sólo recibir sino asimilar e interiorizar lo que se recibe. La humanidad de Cristo que se nos entrega nos compromete a vivir, siguiendo los valores de esa humanidad. El seguimiento no es afectivo o basado en creencia voluntarista, sino actitud fundamentada en la confianza del proceder humano de Jesús para llegar a identificarse con él.

Por eso es más cristiano que el que abre la boca para recibir el pan el que es capaz de dar un abrazo al que está a su lado o el que arriesga ponerse en el lugar del otro para comprender y colaborar a su felicidad. La habitual característica mágica  con que se viven los sacramentos, no es sólo ingenuidad que falsea la realidad sino desfiguración alienante de un compromiso profundo con la realidad del hombre.

Domingo 12 de Agosto de 2012 – 19 durante el año litúrgico (ciclo”B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Juan 6, 41-51)

Los judíos que lo escuchan, comienzan a murmurar sobre Jesús que ha afirmado que es el pan venido del cielo. Y   dicen: ¿Acaso no es éste el hijo de José?  Nosotros conocemos a su padre y su madre ¿cómo dice ahora que ha bajado del cielo? Jesús les dijo entonces: Dejen de murmurar. Nadie puede llegarse a mí si no lo trae el Padre que me ha enviado, y yo lo resucitaré el último día. En los libros de los profetas se dice “Dios instruirá a todos” Así que todos los que escuchan al Padre y aprenden de él, vienen a  mí. No es que alguien haya visto al Padre, el único que lo ha visto es el que ha venido de Dios. Les aseguro que quien tiene fe tiene la vida eterna.

Yo soy el pan de vida. Los antepasados de ustedes comieron el maná en el desierto y, a pesar de esto, murieron. Pero yo hablo del pan que baja del cielo y el que lo come no muere. Yo soy ese pan vivo que ha bajado del cielo. El que come de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi propio cuerpo y lo daré por la vida del mundo.

 

Síntesis de la homilía

El cielo interpretado como un lugar distinto de la tierra es lo que provoca la desorientación de los que escuchan a Jesús. Por eso la dificultad queda centrada en que ellos conocen a sus padres y entonces no puede haber venido del cielo o de otro planeta.

Esta confusión que implica la separación absoluta de lo que llamamos cielo, con respecto a la tierra en que vivimos y transcurre nuestra historia, es lo que Jesús trata de remediar. El cielo no es un lugar, un planeta distinto. El cielo es el Padre, Dios, expresado en toda la creación, pero de la manera más accesible a nosotros, en un ser humano, con padre y madre: Jesús de Nazaret. Un ser humano que transforma al Dios lejano, poderoso e inalcanzable, en accesible para el hombre porque se expresa en otros hombres y de manera particular en su enviado Jesús el hombre nuevo.

La imagen del pan, alimento tradicional cuya elaboración depende del conocimiento y trabajo del hombre sobre la naturaleza, aparece para dar idea de la compenetración de lo divino con lo humano en Jesús (pan del cielo) y de la profundidad con que la aceptación de su mensaje y su práctica de vida, pueden ser vividos por quienes confían en él para ponerse en contacto con la vida verdadera, con la vida en Dios, con la vida en el Amor.

Siempre se ha afirmado que este pasaje tan largo de Juan tiene fuerte tinte eucarístico. Juan es, efectivamente el único escritor de evangelio que no relata la institución de la eucaristía en la última cena, reduciéndose a trasmitir el signo de fraternidad del lavado de pies para dejar bien claro que el fruto de comer el pan que es él mismo, es la exigencia de la comunión que construye el reino de los cielos en la tierra.

La visión propagada abundantemente de que el comer el pan eucarístico (comulgar) contagia de inmortalidad, resurrección o vida eterna, constituye de alguna manera una desfiguración del auténtico sentido  eucarístico, ya que transforma en fruto individual lo que es de perspectiva comunitaria y universal, la comunión del reino.

La separación entre cielo y tierra, entre el hombre y Dios, entre lo sagrado y lo mundano que ha adquirido muchas veces una vigencia extraordinaria no es propia de lo cristiano.

Por eso mismo las constantes fricciones entre los que comprometidos fuertemente con el mundo en su realidad completa, es decir abarcando toda la actividad humana y por tanto  su aspecto más dificultoso que es el sociopolitico, y quienes quieren o acostumbran visualizar el cristianismo como una religión que nos une a Dios separándonos del mundo.

Hay que seguir avanzando, nomás. Misa Angelelli en Loreto 4 Agosto 2012. Por Nicolás Alessio

Lo dijimos muchas veces, “memoria” no es “nostalgia”. La memoria es acicate en el presente mirando el horizonte. Es, básicamente, desafío. En la importante celebración de la misa en torno a Enrique Angelelli, el 4 de Agosto, en la Comunidad de Loreto, pudimos hacer memoria. Pero quizás, nos quedamos cortos, sin “morder” la realidad. Ni siquiera hicimos mención de la resolución de los jueces de la Sala B de la Cámara Federal de Apelaciones que resolvió por unanimidad confirmar el procesamiento y prisión preventiva del ex presidente de facto Jorge Rafael Videla y de Benjamín Menéndez, en la causa que investiga ni mas ni menos que la muerte de Angelelli. Se podría decir que fue una celebración sin sal.  La pulsuda reflexión del Tata Ortiz, continuada por Pepe Alessio, en torno a las quitas pre y pos conciliares, planteando aquello de “gozos y esperanzas”, nos abría el juego a tomar en serio los “signos de los tiempos”. A reflexionar los desafíos del presente gestando el futuro. A encarnar en hechos concretos, palpables, nuestras opciones por una iglesia pueblo y liberadora.

En este sentido, hay por lo menos dos preguntas claves que quedaron en el tintero: ¿cuáles son hoy, aquí y ahora, esos gozos y esperanzas, esos signos, esos conflictos o acontecimientos, tanto de la sociedad cordobesa como de la iglesia cordobesa que debemos asumir? y luego, asumiendo esas realidades, donde el Espíritu de Dios nos habla ¿qué hacemos, cómo avanzamos, con qué acciones hacia la sociedad de justicia e igualdad y hacia la iglesia de los pobres soñadas por Angelelli? Es cierto que las respuestas son complejas, e incluso provisorias, pero por eso mismo, ineludibles, necesitadas de una reflexión en común. También es cierto que las posibles respuestas no serán únicas ni unívocas, incluso puede haber un gran abanico no exento de diferencias importantes. Pero si somos plurales, respetuosos de todos y todas, amplios e inclusivos, no hay que tener miedo a las “diferencias”, aunque puedan ser “conflictivas”. Lo que queda claro es que no podemos ni evitar las preguntas ni eludir las respuestas, al menos si queremos hacer memoria y no solo sentir la nostalgia de lo que fue y de lo que fuimos. Se nos ocurren sin orden de prioridad algunos temas que merecen nuestra atención: la instalación de monsanto, icono depredador si los hay, en un contexto donde se agravan las agresiones a la santa madre tierra; el juicio a los fumigadores de barrio Ituzaingó, un hecho paradigmático que puede marcar un antecedente por demás indicativo; la situación de la caja de las jubilaciones, problema gravísimo hacia el futuro de nuestros abuelos, donde la administración provincial y la nacional se acusan mutuamente y donde nadie es inocente del vaciamiento producido; la crisis hídrica provincial donde no atinamos a recuperar el recurso estratégico del siglo venidero en manos de una multinacional extranjera incapaz de cumplir con sus compromisos; la crisis de la vivienda, en la actualidad hay 186 mil hogares con algún tipo de problema habitacional, donde el anuncio marquetinero de un plan de “viviendas sociales” pretende disimular el fracaso del plan Hogar Clase Media; el vergonzoso Código de Faltas de la Provincia que sigue persiguiendo a los más pobres, entre los que se encuentran la mayoría de las trabajadoras sexuales afectas por una Ley de Trata que no resuelve ningún problema y que por el contrario los agrava. Son tan solo algunas cuestiones. En lo eclesial no podríamos dejar de preguntarnos por dónde y hacia donde camina la Arquidiócesis, luego de los conflictos vividos con el Padre Mariani, el Padre Victor Acha y el Padre Nicolás Alessio, es decir cuánto avanzó la “derecha católica” que logró imponer como legislador ni más ni menos que a García Elorrio con más de 30 mil votos? En este contexto ¿qué tenemos que hacer los que celebramos la memoria subversiva de Enrique Angelelli? Son tal solo algunos interrogantes. Todas cuestiones abiertas y complejas y, por eso, profundamente desafiantes a nuestra militancia “cristiana”.  Por eso nos alegramos con la propuesta que llama a una reunión autoconvocada, para el Lunes 13 de Agosto, de un grupo de laicos,  para seguir encontrándonos y seguir buscando. El adelanto del mate cocido impidió explicitar más y mejor esta propuesta, no obstante, algunos pudimos conocerla a través de la tarjeta de invitación. De todas formas, el convite está listo. Hay que seguir avanzando nomás. Solo hay que responder.
Pbro. Nicolas Alessio