La inquisición actual y las religiosas norteamericanas. Por Ivone Gebara

Una vez más hemos visto horrorizadas “la evaluación doctrinal” o llamada de atención o castigo dirigido por la Congregación de la Doctrina de la Fe a quien, según ella, sale fuera de la observancia de la correcta doctrina católica. Solo que en esta ocasión el dedo acusador no señala solo a una sola persona, sino a una institución que agrupa y representa a más de 55.000 religiosas de Estados Unidos.

Se trata de la Conferencia Nacional de las Religiosas, conocida por su sigla LRWC – Conferencia de Liderazgo Religioso Femenino. Estas religiosas a lo largo de su historia desarrollaron y aún desarrollan una amplia misión educativa por la dignidad de muchas personas y grupos, dentro y fuera de los Estados Unidos.

La mayoría de estas mujeres pertenecientes a diferentes congregaciones nacionales e internacionales, además de su formación humanista cristiana, son intelectuales y profesionales en diferentes campos del conocimiento. Son escritoras, filósofas, biólogas, teólogas y sociólogas, abogadas; tienen un amplio curriculum y competencia reconocida nacional e internacionalmente. También son educadoras, catequistas y promueven la práctica de los derechos humanos.

En muchas situaciones fueron capaces de exponer su vida en favor de personas víctimas de injusticias o se opusieron a las conductas gravemente injustas y opresivas asumidas por el gobierno de los Estados Unidos. Tuve el honor de conocer a algunas de ellas que han sido detenidas porque se pusieron en la primera fila en las manifestaciones que demandaban el cierre de la Escuela de las Américas, institución de Gobierno estadounidense que prepara a militares latinoamericanos para actuar en sus respectivos países de forma cruel y represiva. Estas religiosas son mujeres de reflexión y acción con un largo historial de servicios no sólo en su país, sino en muchos otros.

Actualmente están bajo sospecha y bajo la tutela del Vaticano. Son criticadas por estar en desacuerdo con los obispos, considerados “Los auténticos maestros de la fe y la moral”. Y además, están siendo acusadas de ser partidarias de un feminismo radical, de desviaciones de la doctrina católica romana, de complicidad en la aprobación de las uniones homosexuales y otras acusaciones que nos llegan a espantar por su anacronismo.

¿Que sería un feminismo radical? ¿Cuáles serían sus manifestaciones reales en la vida de las congregaciones religiosas femeninas? ¿Cuáles desviaciones teológicas estarían viviendo las religiosas? ¿Nosotras las mujeres estaríamos siendo vigiladas y castigadas por no conseguir ser fieles a nosotras mismas y a la tradición del Evangelio, a través de un sometimiento ciego al orden jerárquico masculino? ¿Estarán los responsables de las Congregaciones vaticanas ajenos a la gran revolución feminista mundial que tocó todos los continentes e inclusive a las congregaciones religiosas?

Muchas mujeres religiosas en los Estados Unidos y otros países son herederas, maestras y discípulas de una de las expresiones más interesantes del feminismo mundial, particularmente del feminismo teológico que se desarrolló en los Estados Unidos desde finales de la década de los sesenta. Sus ideas originales, críticas y posturas libertarias han llevado a una nueva lectura teológica, que les ha posibilitado acompañar a los movimientos de emancipación de la mujer.

De esta manera pudieron contribuir a repensar nuestra tradición religiosa cristiana en el rumbo de superar la invisibilización y la opresión de las mujeres. Crearon también espacios alternativos de formación, textos teológicos y celebrativos para que la tradición del Movimiento de Jesús no fuese abandonada por miles de personas cansadas con el peso de las normas y estructuras religiosas patriarcales.

¿Qué actitudes tomar ante ese anacronismo y la violencia simbólica de los órganos curiales y administrativos de la Iglesia Católica Romana? ¿Qué pensar de su marco de referencia filosófico rígido que asimila lo mejor del ser humano a lo masculino? ¿Qué decir acerca de su visión antropológica unilateral y misógina desde la que interpretan la tradición de Jesús?

¿Qué pensar de este tratamiento administrativo punitivo a partir del cual se nombra a un arzobispo para revisar, orientar y aprobar las decisiones tomadas por la Conferencia de Religiosas como si fuésemos incapaces de discernimiento y lucidez? ¿Seríamos acaso una empresa multinacional capitalista en la que nuestros “productos” deberían acatar los dictados de una línea de producción única? Y para mantenerla ¿debemos ser controladas como autómatas por quienes se consideran dueños y guardianes de la institución? ¿Dónde queda la libertad, la caridad, la creatividad histórica, el amor sororal y fraternal?

Al mismo tiempo que la indignación, nos invade un sentimiento de fidelidad a nuestra dignidad de mujer y el Evangelio anunciado a los pobres y marginados nos invita a reaccionar ante este acto repugnante de injusticia.

No es de ahora que los prelados y los funcionarios de la Iglesia actúan con dos pesos y dos medidas. Por un lado las altas instancias de la Iglesia Católica fueron capaces de acoger nuevamente en su seno a grupos de extrema derecha cuya historia nociva, principalmente para jóvenes y niños, es ampliamente conocida. Pienso especialmente en los Legionarios de Cristo, de Marcial Maciel (México) o en los religiosos de Monseñor Lifevre (Suiza) cuya desobediencia al papa y sus métodos coercitivos para conquistar discípulos es testimoniada por muchos.

Esta misma iglesia institucional acoge y recibe a hombres que le interesan por su poder y repudia a las mujeres que desea mantener sumisas. Con su actitud las expone a críticas ridículas difundidas incluso por medios de comunicación católicos de mala fe. En estas mujeres los prelados parecen reconocer formalmente cierto mérito cuando sus acciones se centran en aquellas tareas tradicionalmente ejercidas por las religiosas en las escuelas y en los hospitales. ¿Pero somos sólo eso?

Somos conscientes de que en ningún momento en los Estados Unidos surgió la más mínima posibilidad de que estas religiosas hubieran violado a jóvenes, adolescentes, niños y ancianos. Ninguna denuncia pública manchó su imagen. De ellas no se dice que se aliaran con los grandes bancos internacionales para su propio beneficio. Ninguna denuncia de tráfico de influencias, intercambio de favores para mantener el silencio de la impunidad. Y aún con toda esa trayectoria ninguna de ellas ha sido canonizada ni beatificada por las autoridades eclesiásticas, como sí lo hicieron en casos de hombres con poder. El reconocimiento de esas mujeres viene de las muchas comunidades y grupos cristianos o no, que comparten su vida y sus trabajos con muchas de ellas. Y estos grupos, ciertamente no callarán ante esa “evaluación doctrinal” injusta. que también los afecta directamente

Plagiando a Jesús en su Evangelio me atrevo a decir: “Tengo pena de estos hombres” que no conocen de cerca las contradicciones y las bellezas de la vida, que no permiten a sus corazones vibrar abiertamente con las alegrías y sufrimientos de las personas, que no aman el tiempo presente, que prefieren la estricta ley a la fiesta de la vida. Solo aprendieron las reglas inflexibles de una doctrina cerrada en una racionalidad ya obsoleta y desde ella juzgan la fe de los demás y especialmente de las mujeres. Tal vez piensan que Dios los aprueba y se somete a ellos y a sus elucubraciones tan lejanas de los que tienen hambre de pan y justicia, de los hambrientos, los abandonados, de las prostituidas, de las violadas y olvidadas.

¿Hasta cuándo tendremos que sufrir bajo su yugo? ¿Qué postura nos inspirará el “Espíritu que sopla donde quiere” para que permanezcamos fieles a la VIDA presente en nosotros?

A las queridas hermanas estadunidenses de la LWRC mi agradecimiento, cariño y solidaridad. Si ustedes están siendo perseguidas por el bien que hacen, probablemente su trabajo producirá abundantes y buenos frutos. Sepan que, unidas a ustedes, mujeres religiosas de otros continentes no permitiremos que silencien vuestra voz.

Pero si callaren por un decreto del papel, nosotras haremos de ese decreto una razón más para seguir luchando por la dignidad humana y la libertad que nos constituye. Continuaremos de muchas maneras, anunciando el amor al prójimo como clave de comunión humana y cósmica presente en la tradición de Jesús de Nazaret y en muchas otras, aunque de diferentes maneras.

Vamos a seguir tejiendo juntas en nuestro momento histórico un pedazo más de la vasta historia de afirmación de la libertad, el derecho a ser diferentes y pensar diferente y todo esto tratando de no tener miedo a ser feliz.+ (PE/Adital)

(*) Ivone Gebara. Escritora. Filosofa. Teóloga.

 

Fuente: Ecupress

¿Concilio Vaticano II, avanzamos o retrocedemos? Por Miguel Esquirol Vives

Un texto para el debate….

Acerca de los 50 años del Concilio Vaticano II

 

El año 1962 se dio en la Iglesia católica un tsunami catastrófico para algunos y un suceso de suma importancia para otros. Suceso esperado por estos y despreciado o por lo menos menospreciado por aquellos.

Quizás, como han dicho muchos, el problema de nuestra querida Iglesia viene desde la época constantiniana, cuando la jerarquía eclesiástica pasó de una situación de persecución y martirio a un status de libertad y nobleza, equiparable a la de los grandes señores de la época.

Fueron tiempos en los que la preocupación de las autoridades eclesiásticas estaba primordialmente en la doctrina y sus dogmas, más que en el seguimiento de la vida del maestro, aquel camino que nos ofrecen los evangelios de sencillez y de compasión por los que sufren y aquel deseo de Jesús por el reino de Dios o transformación de este mundo, en el cual quien ha recibido más sirva y no sea servido y en el que el respeto a la dignidad de las personas sea para todos, pero sobre todos para los que la sociedad ha considerado menos dignos, los más olvidados y excluidos.

Muchos años después vino la reforma de Lutero, que sin duda quiso el bien de la Iglesia, quiso acabar con aquel boato y aquella corrupción reinante en las altas esferas eclesiásticas, acabar con los abusos al pueblo, como el de los cobros por las indulgencias, el control de las conciencias, y terminar con la ignorancia de un pueblo al que se le había prohibido la lectura de la Biblia…

Nada es perfecto entre los humanos, pero la verdad es que hacía falta una reforma y era ya urgente. Lo más fácil fue declarar hereje a Lutero y terminar con semejante aventura. Para ello surgió la contrarreforma, con gente buena y santa, y si bien hizo mucho bien a muchos fieles, sirvió también para que la jerarquía pudiera seguir con su status, su poder y la estructura piramidal de la Iglesia.

Cuatrocientos años después y a partir del año 1958, una vez que fue  nombrado papa el cardenal Roncalli, se inicia lo que hubiese querido ser un gran reforma para la Iglesia católica. El año 1962 Juan XXIII inaugura el Concilio Vaticano II. Fueron cuatro años de deliberaciones y de mucho estudio de los que salió una serie de documentos de suma importancia para la renovación, para la actualización de la Iglesia católica, documentos que muchos de ellos han quedado a medias u olvidados y quizás algunos ya superados.

El documento que abre la Iglesia al mundo, el más conocido se llama “Gaudium et spes” (“Los gozos y las esperanzas de este mundo, sobre todo de los más pobres, son los gozos y las esperanzas de los discípulos de Cristo”). Como consecuencia lógica llevó a sacerdotes, religiosos y religiosas a meterse en el mundo, a comprometerse de veras con él, pero con las leyes canónicas anteriores al concilio, que no se renovaron, dieron como resultado el abandono de muchos del sacerdocio, por ser incompatible con este compromiso. Se produjo también un gran éxodo de religiosas y religiosos, siendo juzgados todos ellos y ellas entonces como desertores y aún como traidores.

Un verdadero signo de los tiempos, que en lugar de verse como tal, se consideró por parte de la curia romana y otras altas personalidades como una verdadera desgracia, cuya causa había sido este desdichado concilio. Lo que sirvió también para dar marcha atrás y el pensar la Iglesia como Pueblo de Dios en lugar de Sociedad perfecta. Quedaron paralizadas la mayoría de las reformas, como la litúrgica o la misma constitución de la Iglesia en sus ministerios (el del papa, los obispos, presbíteros y hasta los ministerios laicales tan necesarios en favor de nuestro mundo).

La necesidad y el valor del laicado fue siempre más una frase teórica que un interés real. Los “reducidos” al estado laical, palabra poco acertada, no fueron reconocidos como laicos y no se hizo nada o casi nada por recuperar a estos nuevos laicos, se menospreciaron esas fuerzas espirituales, intelectuales y dinámicas en la Iglesia, preparadas teológica e intelectualmente, gente la mayoría de grandes valores materiales y espirituales, abandonados muchas veces de las jerarquías, de los superiores y superioras religiosas.

Salvo raras excepciones la mayoría no sintió lo que pudo haber sido una acogida tan necesaria para ellos y ellas, habiendo dejado con dolor, casi siempre, el calor de la institución. Y en ningún momento se pensó que podían ser más útiles en el mundo que en el templo, cuando la sal del evangelio en el mundo se estaba volviendo sin sabor.

Y así estamos hoy, con un mundo que sigue su rumbo a toda velocidad a espaldas de la iglesia, lamentando la falta de sacerdotes, cuando todos ellos y ellas podrían ser verdaderos ministros casados y verdaderas ministras casadas de las comunidades eclesiales de base y ser sal y fermento de este mundo, de sus organizaciones civiles, laborales, políticas, etc., con el consiguiente apoyo de la Iglesia para su formación permanente en la fe y con la posibilidad de sentirse Iglesia.

Miguel Esquirol Vives

JUEVES 26 DE ABRIL  19 HS.

Luteranos Unidos tienen su 52 Asamblea

La Iglesia Evangélica Luterana Unida en Argentina y Uruguay (IELU) tendrá su  52ª Asamblea General el 21 y 22 de abril  en las instalaciones del ISEDET, Camacuá 282 Ciudad Autónoma de  Buenos Aires.

El lema de la Asamblea es “Partían el pan… y compartían la comida con alegría y con gran sencillez de corazón” Extraído desde los evangelios, el lema transmite la imagen del pan como comprensión integral de Jesucristo en nuestro mundo, como sostén integral de toda creación y también de la comunidad.

El Culto de Clausura será el domingo 22 a las 19 en el Templo en la Calle Amenábar 1767, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En esa oportunidad la predicación estará a cargo de la Obispa Susan Johnson de la Iglesia Evangélica Luterana en Canadá.

En agosto de 2011, la Obispa Susan Johnson, de la ELCIC (Iglesia Evangélica Luterana en el Canadá), envió una correspondencia a la IELU en relación a los temas de género y sexualidad compartiendo la decisión de la Convención Nacional de la ELCIC sobre esos tópicos en la que se dice que

“Se aprobó una moción acerca de la cual se afirma que la Iglesia no debe dividirse acerca de desacuerdos sobre temas morales, no importa cuán difíciles puedan ser.

Se remarcó la necesidad de mantenerse en diálogo sobre los temas.

La segunda moción aprobada es la afirmación de la bendición sobre uniones del mismo sexo, permitiendo a los pastores/as presidir o realizar los matrimonios, según lo dicte su conciencia, informados por el Evangelio y en consulta con sus congregaciones.

Con relación a los pastores/as acreditados en la ELCIC, se aprobó que la orientación sexual de un candidato/a no es un factor en sí mismo que puede descalificar a la persona para ser acreditado/a o estar disponible para recibir un llamado pastoral”

El viernes 20, también en el Isedet, se efectuará la Conferencia de Pastores  y Pastoras de la IELU. Participarán los expositores Dr. David Balch, Profesor de Nuevo Testamento en “Pacific Lutheran Theological Seminary,EE.UU., la Obispo Susan Johnson, de la ELCIC (Iglesia Evangélica Luterana en Canadá) y el Oberkirchenrat Dr. Oliver Shuegraf, VELKD (Iglesia Evangélica Luterana de Alemania).+ (PE)

Fuente Ecupress
Más información ver el sitio de la Iglesia Evangélica Luterana Unida 

Homilías Dominicales – Domingo 22 de Abril de 2012 – 3ro. de pascua en el ciclo “B”. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Lc. 24,35-48)

Cuando el grupo de discípulos escucha el relato de los viajeros de Emaús, accede a una experiencia semejante. Jesús se hace presente en medio de ellos. Piensan que es  un fantasma y retroceden espantados. Jesús los tranquiliza ¿por qué se asustan tanto? Soy yo mismo. Miren mis manos, mis pies, tengo carne y hueso que un fantasma no tiene. No podían creerlo de lo alegres que estaban. Jesús los provoca entonces pidiéndoles algo para comer y ante ellos come pescado asado.

Después les explica que como les había dicho cuando estaba con ellos, todo lo que había pasado era en cumplimiento de la ley los profetas y los salmos referidos a él. Y se les abrió la inteligencia y comprendieron todo Y Jesús añadió “así estaba escrito, que el mesías debía padecer y resucitar de la muerte al tercer día. Y que en su nombre se predicaría el arrepentimiento y perdón de los pecados a todas las naciones empezando por Jerusalén.

 

Síntesis de la homilía

Los evangelistas, cada uno por su lado y de acuerdo a las características de las comunidades en las que basan sus relatos, insisten en los argumentos fácticos para disipar las vacilaciones y cuestionamientos que se les presentan. Lucas, autor del hermoso pasaje de los discípulos de Emaús, que conversan largo tiempo con Jesús sin reconocerlo hasta el gesto de compartir el pan, quiere avanzar un poco más, contando una experiencia más atrevida todavía, que ha constituido un real tropiezo para la interpretación tradicional que fijaba las cualidades de los cuerpos gloriosos deduciéndolas de las mostradas por el Jesús resucitado. En este relato Jesús tiene hambre y come. El argumento es irrefutable. Además de ofrecer que lo toquen porque tiene carne y huesos que lo  distinguen de los fantasmas, como lo hacen otros relatos, come, cumpliendo con esa función estrictamente corporal, impropia de los cuerpos gloriosos.(de los que atraviesan paredes, los inmunes a todo sufrimiento y limitación, los de multipresencia simultánea…)

Las dudas acerca de la corporeidad de Jesús que cultivaron los gnósticos en tiempos del evangelio de Juan, en las comunidades de Lucas, con mayor número de integrantes paganos intelectuales, tenían objeciones contra una resurrección corporal como la que aparece en los relatos de fe de los evangelistas. A eso obedece la preocupación por remarcar las características corporales de un hombre como todos en muchos de sus relatos.

La Iglesia vive hoy, una especie de deshumanización del cristianismo. Al costo de insistir en la divinidad de Jesús, fundamento de poder omnímodo de la Iglesia para perdonar los pecados y determinar la autenticidad o falsedad de la verdad, como única depositaria de la misma. Todo lo que en Jesús aparece como íntegramente humano en las historias evangélicas, ha ido desapareciendo incluso con condenas a los teólogos más avanzados, recuperadores de la humanidad completa de Jesús con sus búsquedas, sus equivocaciones, sus limitaciones que nunca llegaron a obstaculizar en su decisión, la voluntad firme de ser fiel al querer del Padre, del Dios amor. “Absolutamente en todo igual a nosotros fuera del pecado”. (el pecado que consiste fundamentalmente en oponerse a la voluntad del Padre cuya característica es la igualdad del amor para con todos sus hijos)  pretender divinizar al hombre es seguir el camino inverso del plan de Dios concretado en jesús de Nazaret: HUMANIZAR A DIOS.

Charlas de La Cripta en el CPC de Argüello

Viernes 20 de Abril 20.30 a 22.30 hs

INDIGNADOS HOY

Excluidos a nivel social, político, religioso y las reacciones para avanzar

Con la participación del periodista y escritor de entre otros libros: “La Sombra Azul”, “Embanderados”, “Honduras Hoy”

MARIANO SARAVIA

Y aportes del ex sacerdote, co-autor del Libro “5 Curas, Confesiones Silenciadas”

ADRIÁN VITALI

 

Avda. Rafael Núñez esq. Ricardo Rojas – Bº Arguello – Córdoba

Colectivos líneas N y T- Empresas Fono Bus, Inter Córdoba, Sarmiento

 

Más info a charlasenlacripta@gmail.com

 

Agradecemos la desinteresada colaboración de: Imprenta Centro de Copiado Mariela Av. Núñez 3832 – Tel 482 2600

 

Homilías Dominicales – Domingo 15 de Abril de 2012 – 2do. de Pascua en el ciclo “B”. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Ju.20,19-31)

Los discípulos están reunidos a puertas cerradas por miedo a los judíos. Se hizo presente Jesús y les dijo “tengan paz” mientras les mostraba sus manos y su costado. Les repitió “tengan paz”, como el Padre me envío yo los envío a ustedes- Y al decirles esto, sopló sobre ellos diciendo “reciban el espíritu santo. Aquellos a quienes ustedes perdonen los pecados los tendrán perdonados, pero si se los retienen quedarán retenidos. Tomás apodado el Mellizo no estaba allí. Cuando los otros le contaban que habían visto al Señor, el dijo: “si yo no veo en sus manos la marca de los clavos y meto mi dedo en el hueco de los clavos y mi mano en su costado, no les voy a creer”

A los ocho día estaban de nuevo reunidos los discípulos con las puertas cerradas y Jesús se presentó de nuevo diciéndoles “tengan paz” Y luego dijo a Tomás “Mira mis manos, toca mis heridas, extiende tu mano y palpa mi costado y en adelante no seas tan incrédulo y confía más. Contestó Tomás ¡Señor mío y Dios mío! Le dijo Jesús: Has creído porque me viste, son mucho más felices los que no necesitan ver para confiar.

Jesús hizo muchas otras señales que no están escritas en este relato. Pero las escritas lo están para que ustedes crean que Jesús es el mesías, el hijo de Dios y creyendo puedan vivir con él.

 

Síntesis de la homilía

El miedo es el clima del grupo de discípulos, después de la ejecución de Jesús por el poder judío aliado con el Imperio romano. La insistencia de Juan se pone en que las puertas estaban bien cerradas. Tenían mucho miedo. Las afirmaciones de Jesús acerca de que no los iba a dejar solos e iba a estar con ellos hasta el final, pasaban seguramente, como relámpagos por su mente y sus recuerdos- Y la expectativa común se cumple con la figura de Jesús entre ellos. La presencia tranquilizadora. Tengan paz. Y una vez tranquilizados, aparece la fuerte vinculación con ellos, a pesar de su muerte. Yo los envío como mi Padre me envió. Los eligió para cumplir una misión, un envío del Padre. Una realización de la voluntad de Dios. Y para eso, para que pudieran seguir remediando males y despertando esperanzas sopla sobre ellos con el soplo del viento de Dios, del impulso amoroso del Padre.

El grupo ha quedado satisfecho y tranquilo. Llega Tomás y se apresuran a comunicar su experiencia. Hay que tener en cuenta que el evangelio de Juan está escrito a fines del siglo primero. La comunidad tiene sus dudas y sus miedos ante las persecuciones de toda índole. Tomás es el símbolo de ese miedo que, en el fondo es falta de confianza en

Jesús, su mensaje y su historia. Y la expresión usada por m el evangelista es muy cruda en su franqueza. Si no veo, toco y palpo, yo no pienso creer lo que ustedes me dicen.

Aquí aparece la falta de confianza en la comunidad, en el grupo de sus compañeros testigos de una misma experiencia. Y la respuesta armada por el evangelista es igualmente impactante. Invita a mirar, tocar y palpar. Jesús hombre, cuerpo, inmolado por defender la dignidad del cuerpo y del hombre, está allí, enviándolos y reprochando su falta de confianza no sólo en él mismo sino en sus compañeros. “No seas tan desconfiado. Vas a ser mucho más feliz si procuras mantener tu confianza en mí y en los demás”

Es la gran lección. El  miedo y la desconfianza no hace bien a nadie. Tenemos que ayudarnos a recuperar la confianza.

Gran Peña de La Cripta 2012

¡Largamos con una gran programación!

Peña de La Cripta

en El Atalaya

SÁBADO 14 DE Abril  23 Hs

DNI Folklore

            ¡Con su aporte de ritmo y alegría!

Verónica Orona

Para deleitarnos con su canto

Yacante Trío

 

Interpretaciones con mucho sentimiento

 

Jorge Reche y los Profetas…

 

Taller de baile para todos

Conduce: Jorge “Negro” Valdivia

Esmerado Servicio de Buffet

CLUB ATALAYA. FRANCISCO PALAU Nº 6450  Argüello
Altura R. Núñez o Martinolli   6200 – Amplio estacionamiento

LA CRIPTA – VENTA DE GARAGE – CLUB ATALAYA

NUEVA VENTA DE GARAGE

LA CRIPTA – CLUB ATALAYA

Sábado 14 de Abril de 2012

De 10 hs a 15 hs.

Ropa de hombre, mujer y niños

Bijouterie, juguetes y regalitos.

Los esperamos!

Comunidad de la Cripta

F. Palau 6450 – Club Atalaya

Quintas de Argüello

Transporte: N3 – E1 – D1 

La caza del gay. Por Mario Vargas Llosa

La noche del tres de marzo pasado, cuatro “neonazis” chilenos, encabezados por un matón apodado Pato Core, encontraron tumbado en las cercanías del Parque Borja, de Santiago, a Daniel Zamudio, un joven y activista homosexual de 24 años, que trabajaba como vendedor en una tienda de ropa.

Durante unas seis horas, mientras bebían y bromeaban, se dedicaron a pegar puñetazos y patadas al maricón, a golpearlo con piedras y a marcarle esvásticas en el pecho y la espalda con el gollete de una botella. Al amanecer, Daniel Zamudio fue llevado a un hospital, donde estuvo agonizando durante 25 días al cabo de los cuales falleció por traumatismos múltiples debidos a la feroz golpiza.

Este crimen, hijo de la homofobia, ha causado una viva impresión en la opinión pública no sólo chilena, sino sudamericana, y se han multiplicado las condenas a la discriminación y al odio a las minorías sexuales, tan profundamente arraigados en toda América Latina. El presidente de Chile, Sebastián Piñera, reclamó una sanción ejemplar y pidió que se activara la dación de un proyecto de ley contra la discriminación que, al parecer, desde hace unos siete años vegeta en el Parlamento chileno, retenido en comisiones por el temor de ciertos legisladores conservadores de que esta ley, si se aprueba, abra el camino al matrimonio homosexual.

Ojalá la inmolación de Daniel Zamudio sirva para sacar a la luz pública la trágica condición de los gays, lesbianas y transexuales en los países latinoamericanos, en los que, sin una sola excepción, son objeto de escarnio, represión, marginación, persecución y campañas de descrédito que, por lo general, cuentan con el apoyo desembozado y entusiasta del grueso de la opinión pública.

Lo más fácil y lo más hipócrita en este asunto es atribuir la muerte de Daniel Zamudio sólo a cuatro bellacos pobres diablos que se llaman neonazis sin probablemente saber siquiera qué es ni qué fue el nazismo. Ellos no son más que la avanzadilla más cruda y repelente de una cultura de antigua tradición que presenta al gay y a la lesbiana como enfermos o depravados que deben ser tenidos a una distancia preventiva de los seres normales porque corrompen al cuerpo social sano y lo inducen a pecar y a desintegrarse moral y físicamente en prácticas perversas y nefandas.

Esta idea del homosexualismo se enseña en las escuelas, se contagia en el seno de las familias, se predica en los púlpitos, se difunde en los medios de comunicación, aparece en los discursos de políticos, en los programas de radio y televisión y en las comedias teatrales donde el marica y la tortillera son siempre personajes grotescos, anómalos, ridículos y peligrosos, merecedores del desprecio y el rechazo de los seres decentes, normales y corrientes. El gay es, siempre, “el otro”, el que nos niega, asusta y fascina al mismo tiempo, como la mirada de la cobra mortífera al pajarillo inocente.

En semejante contexto, lo sorprendente no es que se cometan abominaciones como el sacrificio de Daniel Zamudio, sino que éstas sean tan poco frecuentes. Aunque, tal vez, sería más justo decir tan poco conocidas, porque los crímenes derivados de la homofobia que se hacen públicos son seguramente sólo una mínima parte de los que en verdad se cometen. Y, en muchos casos, las propias familias de las víctimas prefieren echar un velo de silencio sobre ellos, para evitar el deshonor y la vergüenza.

Aquí tengo bajo mis ojos, por ejemplo, un informe preparado por el Movimiento Homosexual de Lima, que me ha hecho llegar su presidente, Giovanny Romero Infante. Según esta investigación, entre los años 2006 y 2010 en el Perú fueron asesinadas 249 personas por su “orientación sexual e identidad de género”, es decir una cada semana. Entre los estremecedores casos que el informe señala, destaca el de Yefri Peña, a quien cinco “machos” le desfiguraron la cara y el cuerpo con un pico de botella, los policías se negaron a auxiliarla por ser un travesti y los médicos de un hospital a atenderla por considerarla “un foco infeccioso” que podía transmitirse al entorno.

Estos casos extremos son atroces, desde luego. Pero, seguramente, lo más terrible de ser lesbiana, gay o transexual en países como Perú o Chile no son esos casos más bien excepcionales, sino la vida cotidiana condenada a la inseguridad, al miedo, la conciencia permanente de ser considerado (y llegar a sentirse) un réprobo, un anormal, un monstruo. Tener que vivir en la disimulación, con el temor permanente de ser descubierto y estigmatizado, por los padres, los parientes, los amigos y todo un entorno social prejuiciado que se encarniza contra el gay como si fuera un apestado. ¿Cuántos jóvenes atormentados por esta censura social de que son víctimas los homosexuales han sido empujados al suicidio o a padecer de traumas que arruinaron sus vidas? Sólo en el círculo de mis conocidos yo tengo constancia de muchos casos de esta injusticia garrafal que, a diferencia de otras, como la explotación económica o el atropello político, no suele ser denunciada en la prensa ni aparecer en los programas sociales de quienes se consideran reformadores y progresistas.

Porque, en lo que se refiere a la homofobia, la izquierda y la derecha se confunden como una sola entidad devastada por el prejuicio y la estupidez. No sólo la Iglesia católica y las sectas evangélicas repudian al homosexual y se oponen con terca insistencia al matrimonio homosexual. Los dos movimientos subversivos que en los años ochenta iniciaron la rebelión armada para instalar el comunismo en el Perú, Sendero Luminoso y el MRTA (Movimiento Revolucionario Tupac Amaru), ejecutaban a los homosexuales de manera sistemática en los pueblos que tomaban para liberar a esa sociedad de semejante lacra (ni más ni menos que lo hizo la Inquisición a lo largo de toda su siniestra historia).

Liberar a América Latina de esa tara inveterada que son el machismo y la homofobia —las dos caras de una misma moneda— será largo, difícil y probablemente el camino hacia esa liberación quedará regado de muchas otras víctimas semejantes al desdichado Daniel Zamudio. El asunto no es político, sino religioso y cultural. Fuimos educados desde tiempos inmemoriales en la peregrina idea de que hay una ortodoxia sexual de la que sólo se apartan los pervertidos y los locos y enfermos, y hemos venido transmitiendo ese disparate aberrante a nuestros hijos, nietos y bisnietos, ayudados por los dogmas de la religión y los códigos morales y costumbres entronizados. Tenemos miedo al sexo y nos cuesta aceptar que en ese incierto dominio hay opciones diversas y variantes que deben ser aceptadas como manifestaciones de la rica diversidad humana. Y que en este aspecto de la condición de hombres y mujeres también la libertad debe reinar, permitiendo que, en la vida sexual, cada cual elija su conducta y vocación sin otra limitación que el respeto y la aquiescencia del prójimo.

Las minorías que comienzan por aceptar que una lesbiana o un gay son tan normales como un heterosexual, y que por lo tanto se les debe reconocer los mismos derechos que a aquél —como contraer matrimonio y adoptar niños, por ejemplo— son todavía reticentes a dar la batalla a favor de las minorías sexuales, porque saben que ganar esa contienda será como mover montañas, luchar contra un peso muerto que nace en ese primitivo rechazo del “otro”, del que es diferente, por el color de su piel, sus costumbres, su lengua y sus creencias y que es la fuente nutricia de las guerras, los genocidios y los holocaustos que llenan de sangre y cadáveres la historia de la humanidad.

Se ha avanzado mucho en la lucha contra el racismo, sin duda, aunque sin extirparlo del todo. Hoy, por lo menos, se sabe que no se debe discriminar al negro, al amarillo, al judío, al cholo, al indio, y, en todo caso, que es de muy mal gusto proclamarse racista.

No hay tal cosa aún cuando se trata de gays, lesbianas y transexuales, a ellos se los puede despreciar y maltratar impunemente. Ellos son la demostración más elocuente de lo lejos que está todavía buena parte del mundo de la verdadera civilización.

 

 

Fuente: ElPais.es