José María Arancedo y su minimización del abuso sexual infantil. Por Patricia Gordon

Soledad todavía recuerda su sonrisa, su rostro que sonreía. Los rostros de otras madres que no sonreían. Recuerda lo que sentía. Lo que escuchaba de esa boca que sonreía. Las palabras que salían y que les decía a ellas: “Un abuso sexual no significa tanto”. En ese momento comprendieron lo que no sabían cuando fueron a golpear la puerta de la Iglesia: que el abuso sexual cometido hacia sus hijos iba a enfilar la larga lista de los abusos que la Iglesia ha silenciado a lo largo de los siglos.

José María Arancedo, quien ahora está al frente de la Iglesia Católica argentina, fue una de las tantas personas a las que recurrieron los familiares de niños y niñas abusados sexualmente en el colegio Nuestra Señora del Camino de Mar del Plata. Un profesor (que fue absuelto) y el cura Alejandro Martínez, a cargo de esa Parroquia dependiente del Obispado de Mar del Plata, fueron denunciados.

El abuso significó tanto que una niña contrajo una enfermedad de transmisión sexual. Un niño intentó suicidarse. Otra niña hizo una patología alimentaria y se negaba a comer. Tanto fue el daño que esas escenas perduraron por años en sus cabezas, en un permanente intento de recordar, para algún día elaborar, tanto daño.

Las familias que una vez depositaron su confianza en la educación religiosa perdieron en aquel instante en que la Iglesia les dio la espalda aquel sistema de creencias que habían construido. El entonces obispo (de Mar del Plata) Arancedo paso a formar parte de quienes no sólo minimizaron uno de los peores crímenes de la humanidad, también, en medio de su sonrisa y de esas pocas palabras, se lo escuchó justificando el horror.

Tampoco se quedó atrás en la defensa del Colegio. Inmediatamente aparecieron los peritos de parte del Obispado de Mar del Plata, que contrariamente a lo expresado por catorce profesionales que fueron testigos en el juicio no encontraron en ninguno de los 22 casos que llegaron a juicio indicadores de abuso sexual.

Después de dejar Mar del Plata, Arancedo partió a Santa Fe a reemplazar a otra oveja descarriada, el obispo Edgardo Storni. Y una vez más, con o sin sonrisa se le escucharía decir que un abuso no es un abuso, en relación a otro nuevo escándalo por vejámenes a seminaristas por el cual el Obispo de Santa Fe fue condenado, en diciembre de 2009, a ocho años de prisión por abuso sexual agravado. Las familias de los niños marcharon incansablemente desde la costa hacia la catedral. Se paraban en las escalinatas de espaldas a la iglesia que les dio la espalda.

Para los niños y niñas no hubo aún un solo gesto, una sola palabra, una sola mirada –de parte de quienes deberían haber creído en su dolor– de disculpa ni de arrepentimiento.

Patricia Gordon es Psicóloga, ex terapeuta de niños/as abusados/as en el Colegio Nuestra Señora del Camino de Mar del Plata.

Fuente: Pagina 12.

Feminismo y liberación. Por Teresa Forcades

La productora venezolana Guarátaro Films ha realizado una  entrevista a la religiosa catalana Teresa Forcades, donde habla sobre feminismo, planificación familiar y aborto en el contexto venezolano. El vídeo se ha realizado en la comunidad de Carapita, Caracas, Venezuela, durante una visita de la monja benedictina, durante la que afirmó que “ante todo, hay que evitar que haya mujeres que se vean a sí mismas como ‘¡qué lástima ser mujer!’, sino al revés ‘¡qué gozo ser mujer!’”.

 

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Dios en Danza. Jugosa entrevista a Teresa Forcades

Teresa Forcades es monja benedictina, médica y teóloga. Tiene un doctorado en salud pública y otro en teología fundamental sobre la trinidad y el concepto de persona. Se hizo muy conocida hace un par de años por sus opiniones críticas sobre la gripe A, pero ése es sólo uno de los temas sobre los que resulta fascinante hablar con ella. Entre sus publicaciones recientes, Los crímenes de las grandes compañías farmacéuticas (Cuadernos CiJ 141), La Trinitat, avui (Abadía de Montserrat, 2005) y La teología feminista en la historia (Fragmenta, 2007).

Vicepresidenta de la Asociación Europea de Mujeres en la Investigación Teológica (ESWTR) (www.eswtr.org/es), es un referente en teología feminista, que “no es un subapartado: o toda la teología es liberación, o no es teología. O es feminista -entendiendo feminista como una identidad, para hombres y mujeres, a imagen de Dios, sin quedar coartada por ningún estereotipo-, o no es teología”. Cuando tenemos esta conversación, se prepara la conferencia bianual de la ESWTR, celebrada en Salamanca a finales de agosto sobre La teología feminista: escuchar, comprender y responder en un mundo secular y plural.

Las aportaciones de Teresa son conocidas en sus escritos y en su accesible –y muy recomendable- web (http://www.benedictinescat.com/montserrat). Esta tranquila conversación en su monasterio de Montserrat trata de algunas de ellas.

Me resulta especialmente interesante que comience el libro señalando que la teología feminista nace de una experiencia de contradicción. Es decir, algo que no queda fuera de la persona, lo que viene a significar que esta teología cuestiona tanto el objeto de estudio como quien estudia.

Me gusta que lo plantees así, porque lo que menos me gusta es lo políticamente correcto, que significa “esto ya me lo sé, ya sé lo que tengo que decir y lo que tengo que hacer”. Creo que esto, en cualquier ámbito, es lo contrario de lo que tenemos que hacer. Lo que yo aprendo en la experiencia monástica es a vivir de este inédito de Dios. En palabras de Santa Teresa, son esas moradas, en cuyo centro está la cámara nupcial, imagínate, ¿qué es eso? Es el encuentro interpersonal, el encuentro amoroso; sólo puedes entrar allí si das el todo. Y si haces eso, las cosas cambian. Precisamente hoy nos dice el Evangelio que los zorros tienen madriguera, los pájaros tienen nidos, el hijo del hombre no tiene donde reposar la cabeza. Siguiendo esto, que cuando hagamos teología no sea desde ningún tipo de dogmatismo, sino desde la autenticidad de la experiencia. Creo que la teología feminista –y toda la teología de la liberación- es exactamente eso: poner en el centro la persona con su experiencia única.

 

Quiero decir que, en tanto que experiencia, es algo que le afecta personalmente.

Claro. Escribir este libro me costó lágrimas. Por ejemplo, cuando ves que Gregorio de Nacianzo denunciaba con enorme clarividencia algunos aspectos de la situación de las mujeres en el siglo IV que siguen igual en el XXI, como si Dios hubiera asignado a las mujeres unos roles que en realidad les ha adjudicado una evolución social de un determinado tipo. Esa percepción de que ha habido en la historia, generación tras generación, mujeres que se han sentido limitadas en su desarrollo personal a causa de estos estereotipos causa pena y congoja.

Junto a esto, causa gozo ver que, también generación tras generación, a lo largo de la historia también ha habido personas que no se conforman ante esta situación. Aunque hay una reacción constante contra este anhelo, aunque muchas de estas experiencias acaban mal, el anhelo surge y tampoco cesa, porque mientras haya mujeres existirá este anhelo de ser lo que te parezca que tienes que ser, lo que Dios te dé a entender que tienes que ser.

 

En más de una ocasión dice y escribe –la traducción en términos simples es mía- que la sociedad patriarcal no es cosa sólo de hombres. Entiendo que esto significa que usted no asigna a las mujeres un papel de víctimas, sino de sujetos. ¿Es esto lo que distingue la teología femenina –hecha por mujeres- de la feminista?

Yo suelo explicar esto diciendo que para mí el patriarcado no es la sociedad que han hecho los varones en contra de las mujeres, sino la sociedad que hemos construido y mantenemos aún hoy, mujeres y varones, en tanto que vivimos nuestra vida adulta en continuidad con el patrón de subjetivación infantil, que tiene como referente la figura materna. A mí me convencen las teorías que sostienen que los niños y las niñas tienen género; y eso no se debe sólo a la cultura, es que lo tienen, porque tienen en su punto de mira de referente subjetivo a una figura que es la madre. Si soy niño, me percibo como distinto; si soy niña, soy como ella. Creo que esto es la base de la subjetivación infantil. La subjetivación plena, que es la adulta, no te viene dada desde fuera, sino que tienes que adquirirla desde la libertad. Da igual cómo empieces, pero si en la edad adulta vives aún con el referente materno, tienes mujeres que hacen de mamá a los hombres –en el trabajo, a su marido, al jefe, a quien sea, a todo el mundo- y hombres que “se dejan querer” y se aprovechan de esta situación en la que se sitúa la mujer, no sólo por presión social, aunque está claro que la sociedad puede ayudar –a hombres y mujeres- a superar el patrón infantil, o puede dificultarte muchísimo esta liberación. Esta perspectiva saca a las mujeres del rol de víctimas, en cuanto rol. Esto no significa que no haya mujeres víctimas de abusos que hay que denunciar. Eso es distinto que colocar a las mujeres en la sociedad patriarcal en un rol que no tiene en cuenta su papel activo. Es bastante común entre las mujeres preferir varones en los roles de autoridad, lo que debería hacernos reflexionar a las que queremos pensar desde categorías feministas. No para frustrarnos, sino para ser conscientes de que la fuerza que crea y sostiene la sociedad patriarcal no es coyuntural, sino que está enraizada en la propuesta de crecimiento personal. Y el precio es, en palabras de Fromm, el miedo a la libertad. Es muy bonito hablar de libertad cuando estás en tu sillón tranquilita, pero en la vida real, cuando te encuentras en una situación en la que no sabes qué hacer, te retrotraes al patrón infantil: tú haces de mamá y el otro se deja querer, que es donde encontramos una seguridad afectiva superficial, ficticia, que no satisface a la persona adulta.

La teología, que es una reflexión sobre Dios, creo que enlaza muy bien con esta propuesta del feminismo porque es exactamente eso lo que el Evangelio nos dice: “Deja al padre y a la madre; si no odias al padre y a la madre, tú no puedes venir conmigo. Deja ya a la familia y mírame a mí, que soy amor y libertad total y absoluta y camina sobre las aguas”. Eso es fascinante cuando lo oyes, pero en la vida real quiere decir “atrévete a dar pasos que no sabes cómo van a acabar”. Eso creo que le da a la vida un dinamismo, un interés, al mismo tiempo que el miedo este.

 

Seguir los caminos trazados tampoco garantiza no equivocarte…

Claro, pero te parece que sí.

En último término, el patriarcado es una cuestión de poder, de manera que supongo que la propuesta de la teología feminista, en cuanto teología de liberación, no es –dicho vulgarmente- de “darle la vuelta a la tortilla”, que el poder cambie de manos, sino cambiar dominio por comunión.

Esto es fundamental. El reino de lo humano no podrá existir hasta que no estemos juntos hombres y mujeres. Este reino de lo humano no es el de los varones al que las mujeres solicitamos entrada. Yo no quiero ir a tu reino, que es un reino en el que tú has aceptado que la mitad de la humanidad esté por debajo. ¿Cómo va a ser eso el reino de lo humano? El reino de lo humano está allí y, si quieres, caminamos como compañeros a ver si llegamos, pero mi llegada feminista no será una llegada hacia ti, como varón, a ver si te alcanzo. Eso sería el feminismo burgués -o ni eso- y a mí no me interesa para nada.

Mi idea no es pensar que hay un espacio de poder que ya está ocupado y vamos a ver si conseguimos meternos ahí dentro. Eso no me interesa para nada. Yo quiero vivir de otra manera; creo que esa utopía real está ahí, más adelante y es Cristo que nos precede a la Galilea, el Cristo resucitado que nos desconcierta, que dice “os encontraré en Galilea”, y ahí vamos con lo que tenemos, con nuestras dificultades, pero de ninguna es algo que ya sabemos lo que es, sino que lo vivimos en la medida en que lo experimentamos. No es que lo piensas primero y lo vives después, sino que es vivir desde la confianza, desde la fe.

 

¿Enlaza esto con otro tema muy suyo, la trinidad? Más allá de las “explicaciones” intelectuales y oscuras de la trinidad, nuestra experiencia humana es que, allá en el centro, somos irreductiblemente una, así que qué gusto ser esencialmente comunidad. Una sociedad, una historia, unas relaciones humanas construidas no sobre el dominio, sino sobre la comunión sí que serían imagen de Dios. No sé si se me va la olla relacionando temas…

Para mí son temas muy cercanos. El cristiano, la cristiana adulta, hace de su referencia central no la madre, que ya hizo su trabajo y hay que dejarla descansar, sino un Dios que es comunión. ¿Qué quiere decir esto? En primer lugar, que la diversidad no es sub-óptima. Muchas filosofías, la más conocida de las cuales es el platonismo, han sostenido y sostienen que la unidad es óptima, la diversidad es sub-óptima; es la multiplicidad del mundo caído: nos diversificamos cuando estamos por debajo de la perfección; cuando llegas al uno, eso es monolitico.

Pero el Dios cristiano dice que no es así, porque ese uno es una falacia, es una quimera para el mundo cristiano, porque en el centro de la inteligibilidad de todo lo que existe coloca un dinamismo, una danza de tres irreductibles, por encima de los cuales no hay nada. Por lo tanto, la diversidad es óptima, es máxima, no hay unidad que la supere; lo que no niega la unidad, porque lo que ocurre es que no opone diversidad/unidad; formula una unidad que sólo es posible desde y en la diversidad: más unida, más diversificada. Y creo que esto no es una afirmación vana, sino que es la experiencia que hace todo el mundo cuando se siente amado. En una relación de amor no sabes dónde acabas tú y dónde empieza la otra persona, a la vez que potencia que seas tú misma. Son dos dimensiones que se viven simultáneamente. Que Dios es amor no es una metáfora, es una vivencia.

La experiencia humana va por ahí y más iría si cambiáramos “o” por “y”, la adversativa por la coordinada, si cambiáramos el régimen de incompatibilidad de la libertad kantiana (tu libertad acaba donde empieza la mía) por la experiencia elemental de que los demás hacen posible nuestra libertad; las otras personas, de hecho, no son rivales, sino posibilidades.

Claro, esta es una libertad capitallista: somos rivales; mientras más tengas tú, menos tengo yo, en las antípodas de la frase de Rosa Luxemburgo -“la libertad es siempre la libertad de quien piensa distinto”- o el ideal anarquista de que nadie será libre hasta que todos seamos libres.

 

Volvamos a la Trinidad…

¿En qué sentido es sacramento el matrimonio? A veces he desarrollado esta idea para argumentar teológicamente la posibilidad del matrimonio homosexual bendecido por la Iglesia, que creo que no es contradictorio con nada de la teología. Soy consciente de que el magisterio actual no va en este sentido, pero la teología, como yo la comprendo en su profundidad no contradice eso.

Respecto al matrimonio cristiano como sacramento, algunas personas consideran el punto capital de esa unión la complementariedad. Sin embargo, si decimos que es sacramento será porque es signo de algo, que es el amor de Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu y esos tres no se complementan para nada. El Padre no le dice al Hijo “eres lo que me falta”. Esto no va así en la trinidad: el Padre le ama gratuitamente -no porque le falte nada- y esto es lo esencial de este amor. Eso es lo esencial de ese amor, como todo amor; si no, es una mercancía, un mercadeo. Es un amor que no puedes razonar. ¿Por qué amas a esa persona así? ¿Porque es rubia? ¿El día que se tiña, se acabó? Eso es una tontería. “Porque me hace sentir bien” Pues el día que esté de malas, tú ya puedes empezar a hacer aguas. No, es otra cosa. Las personas somos capacidad de ser y cuando tú te unes a otra con esa voluntad de caminar juntos, el camino queda abierto. Eso no quiere decir, por supuesto, que tengas que soportar una situación de abuso, pero eso es otra cosa.

Esta visión de complementariedad creo que pone en cuestión la teología del matrimonio como sacramento, porque tiene que ser signo de algo y ese algo es el amor de Dios, tanto el intratrinitario como el amor hacia nosotros, que no es nunca de complementariedad. Esa es una de las afirmaciones de la teología cristiana, en contra de otras teologías y filosofías que vienen a decir que a Dios le falta algo y por eso nos crea. La teología cristana desde el principio dice que a Dios no le falta nada; es una creación gratuita, es puro amor. Esto es fundamental entenderlo. Eso no significa que, en lo concreto, uno tenga un don y otro tenga otro y que se complementen, pero eso es otro nivel, no es lo fundamental. Lo fundamental es que se reconozca un yo y un tú como distintos y al mismo tiempo capaces de unirse de una forma que va más allá de lo que podemos formular con palabras. Por tanto, lo esencial de ese amor sacramental, matrimonial cristiano, de pareja, como quieras llamarlo, es esa capacidad de reconocer en el otro a un tú irreductible y de tratarlo con respeto, para ser libertad humana, con que se tratan Padre, Hijo y Espíritu Santo. Lo que es sacramental en las relaciones, sean de pareja sean de comunidad – nuestra comunidad, como cualquier comunidad cristiana también es en sí sacramento de ese amor- lo que las constituye como sacramento es esa dinámica del dar y el recibir: si tú tienes algo para dar, pues das y si no tienes, no pasa nada. Si se establece esa dinámica, tienes un entorno de compartir.

Esto se contrapone a lo que podríamos llamar teología o antropología capitalista, en la que lo bueno es tener; si tengo para dar, soy y si no tengo para dar, no soy. Por tanto los pobres, ya se sabe que se quedan a la cola de todo. Es esa dinámica la que hace decir a Teresa “¿Qué queréis, Señor, de mí? (…) sea viña fecunda o estéril…” Si tienes algo para dar, das; si no, pides. Eso es lo que pasa en la trinidad, porque el Padre lo da todo y el Hijo lo recibe, y no está acomplejado. Lo dice claramente en Juan, 10: “Yo todo lo he recibido del Padre”. Pues vaya niñato, ¿no? Al menos que diga que tiene algo suyo. Y te miraría diciendo “Pues claro que no tengo mío, pero me lo da el Padre y yo lo acepto y en ese acto de aceptación me constituyo como sujeto en la relación”.

Ahí hay mucho contenido, porque lo femenino normalmente se postula como receptivo y lo receptivo se subordina a lo activo, cuando lo receptivo puede ser más activo a veces porque supone la capacidad tal vez más profunda de activarse como sujeto receptor. Porque dar puede ser un acto externo a la persona. Dios es amor, estamos hechos para el amor y en cualquier situación que nos encontremos podemos amar, porque el amor no se va a adulterar. Recibir es compartir. Podemos dar porque estamos hechos a imagen de Dios y Dios es Padre (padre-madre, no es el nombre); podemos recibir porque estamos hechos a imagen de Dios y Dios es Hijo; podemos compartir porque estamos hechos a imagen de Dios y Dios es Espíritu. Entonces, en cualquier stuación en la que estés es posible cumplir la voluntad de Dios -que es amar- y en alguna de esas tres modalidades siempre lo puedes hacer.

Por eso digo que la teología de la liberación, o la feminista, no es un subapartado: o toda la teología es liberación, o no es teología. O es feminista, entendiendo feminista como hemos dicho: una identidad, para hombres y mujeres, a imagen de Dios, sin quedar coartada por ningún estereotipo, o toda la teología es feminista, o no es teología. Puesto que el patriarcado es violencia, ¿la telogía feminista es en algún sentido teología pacifista?

Yo creo que sí, por la falta de violencia intrínseca. Eso me remite a lo que Lacan y otros dicen: que el patriarcado tiene no sólo una violencia explícita, sino que tiene una implícita, que es encasquillar a la gente en unos roles que son externos. Y eso no puede ser, no queremos imaginar la posibilidad de crecimiento, de educación, de sociedad en la que los roles no permitan que cada cual se determine desde su interioridad. Dios nos deja hacer, aunque a veces nos determinemos de formas que Dios debe decir ¡qué desastre! Pero de ahí aprendemos la paciencia del amor, que acompaña sin suplantar, porque si suplantas, dónde queda el otro. En ese sentido profundo, dejar espacio.

Hay una palabra muy bonita, técnica, que se usa en teología para referirse al amor trinitario, descrito como relaciones pericoréticas. Coreo es “espacio” y peri, “alrededor”; pericoreo significa “alrededor de”. Coreo es danza; coreografía, por ejemplo. Pericorético es, pues, un amor que no invade, te deja sitio, es el amor que dice “yo te amo en tanto te hago espacio para que tú seas. No te ato. Soy feliz si tú eres feliz, no si estás ahí mirándome, en función mía”. Eso no significa distancia ni contradice el amor erótico y ahí está el Cantar de los cantares. En el mismo fuego, la misma unión amorosa es amor pericorético. Es esa capacidad de respirar, de dejar espacio, de no anular al otro. Es fascinante que Dios nos enseñe amar así.

 

¿Cuál es la respuesta de la academia a sus propuestas?

Hay dos niveles. Uno serían las facultades de teología, que en España, donde predomina la teología católica, son eclesiásticas y no pertenecen a la universidad civil. Aquí hay una dificultad clarísima -un recelo- y tendría que usar un término más fuerte: hay un espanto. Es una especie de reacción alérgica, un rechazo visceral, un miedo de estereotipos, de prejuicios arrastrados… En cambio -y por suerte- hay otros ámbitos, como la Asociación Europea de Mujeres en la Investigación Teológica, de la que ahora soy vicepresidenta, que en agosto hacemos el congreso este, que también es un ámbito de teología académica. No quiere decir que no tenga sus problemas, en el ámbito protestante y demás, pero da una posibilidad de diversificar lo que llamamos teología académica en el hecho de que haya facultades no controladas por el estamento eclesiástico, con lo que implica como ámbito de pensamiento libre, porque si no es libre no es pensamiento. Evidentemente, a mí, como teóloga católica y dentro de la Iglesia católica, no me resulta problemática mi responsabilidad de estar al día del magisterio, de tenerlo en cuenta.

¿Qué significa para mí que haya magisterio, cómo entiendo yo la función magisterial? La entiendo como función de unidad. Todo lo que hemos hablado del amor, del sacramento y de la plenitud cobra sentido en el seno de un todo, que no es uniforme, que es extraordinariamente diverso, pero que no se fragmenta en guetos. Creo que es fundamental entenderse en esa casa común, que tiene muchas habitaciones y tienes que dar espacio a cada cual. Yo ya no puedo pensar mi vida dejando de lado a las otras personas que no piensan como yo y eso es para mí la actualización del magisterio de unidad. De mi comunidad me gusta que pensamos todas diferente, lo que resulta problemático cuando tenemos reuniones, pero es esencial porque, si no, seríamos un grupo de amigas o un grupo que se ha autoseleccionado por tendencia ideológica; aquí hay gente de derechas, de izquierdas, feministas, no feministas, etc., pero vivir juntas en serio es un reto. En ese sentido, creo que cuando cada cual va por su lado nos perdemos algo. A mí me parece importante que exista el magisterio como función de consenso, como función de unidad, donde las afirmaciones que se hacen sobre el sentido de la vida sean afirmaciones que no salgan del magín peculiar y particular de un señor inspirado o una señora, sino que recojan todo un diálogo con Dios de siglos y yo a eso le tengo mucho respeto.

 

Dice que “si la mayoría lo quisiéramos de verdad, la jerarquía sería diferente”.

Me refiero a esta postura de “cuando el obispo quiera”. Oiga, no; si usted espera a que el obispo quiera para dar el paso, ya le digo yo que no va a dar ni uno, porque las cosas no van de arriba abajo, Claro que algunas van así, pero esas no son las que nos interesan; las que nos interesan no han ido nunca de arriba abajo, no ha habido ninguna revolución de arriba abajo, son todas de abajo arriba. El cristianismo va de abajo arriba y empieza donde empieza y Jesús se encarna como se encarna. No se encarna emperador, que hubiera sido más fácil: se encarna emperador y decide cómo tiene que ir todo. Pero se encarnó en el pueblucho ese, en la punta esa colonizada: un desastre a ojos humanos, pero ese es el reto a nuestra manera de pensar. En fin, que no estoy yo para quejarme de qué obispos tenemos, sino para ver cómo vivimos nuestro cristianismo de tal manera que todo tenga que cambiar necesariamente, pero para eso tenemos que estar todos en la onda.

 

En algún sitio he leído, con perplejidad, que en algún momento de su vida había querido ser cura.

Pues yo nunca he dicho eso, pero sé que alguien lo puso en mi boca en algún momento.

 

Lo borro

Sí, sí. Sí, sí.

 

¿Por qué las religiones, que tienen un mensaje de liberación, resultan tan patriarcales, incluso más que la sociedad?

Tengo interés en ir estudiando más esto y no digo que no sea así, pero no me gustaría aceptarlo de entrada sin haber profundizado más. Yo tengo que oponer ahí mi propia experiencia. He encontrado unos espacios en lo que podemos llamar el ámbito religioso mucho más liberadores o al menos patriarcales en su día a día que en otros espacios, como por ejemplo la universidad y el hospital, donde las relaciones laborales son un desastre. Ahí las vacas sagradas son las vacas sagradas que, por supuesto, siempre son toros y el “niña” y las bromitas están al orden del día y lo que significa tener que aprender a hacer, dónde se toman las decisiones, por qué hay más estudiantes de medicina que “estudiantos” pero el porcentaje de catedráticas es un ridículo 1%. Que el discurso de la Iglesia está, digamos demodé, que a veces sale con unas cosas que mira tú y que el discurso de la sociedad parece súper, pero que a la hora de la verdad quienes se operan son las mujeres, quienes sufren por no dar la imagen como objeto de deseo son las mujeres, etc., pues no sé si menos que otras generaciones. Me interesa este estudio crítico de nuestra sociedad contemporánea como sociedad más liberada para la mujer, que en algunas cosas es obvio, pero en otras tal vez no tanto. No digo esto para hacer apologética, que es algo que a mí no me interesa, sino para intentar ver dónde está el problema.

Por ejemplo, este monasterio tiene desde el siglo XIII una tradición ininterrumpida de mujeres viviendo solas, con un archivo que deja constancia de ello. El feminismo en general se queja de que se rompe la tradición, que tenemos que reinventar la rueda cada vez; bueno, pues hay ciertos ámbitos, no solo en la Iglesia católica, también, por ejemplo, en el budismo, donde ha sido posible crear estas tradiciones, claro que con dificultades y límites, pero en la sociedad secular esto en la historia no tiene un paralelo claro. Hoy en día el lenguaje no parece que salga del siglo pasado y no es muy apropiado, pero la realidad del respeto con el que te puedes sentir tratada en ciertos ámbitos, desde luego yo con estos monjes de aquí [Monserrat], mejor que con los compañeros de la universidad.

 

Los monasterios tienen una historia como espacios de libertad (¿qué habría sido de sor Juana Inés o de Teresa de Ávila fuera de un monasterio?), pero la realidad de los cristianos comunes no es esa.

Sé bien que hay parroquias en las que el párroco hace y deshace, pero la gente que no le gusta, se va. Tengo que decir que mi experiencia de comunidad parroquial también ha sido mejor que los ambientes laborales que antes decía.

A mi esto me vale para plantear bien el problema y no quedarme en lo que es más visible. Intento no asociar Iglesia con jerarquía; no prescindo ni miro para otro lado, está ahí, pero eso no es para mí lo más importante de la Iglesia. Cuando, por ejemplo, miro grupos de base, no sólo en la Iglesia católica, veo que la gente que profundiza en su relación con Dios crece como persona y se ayudan mutuamente. Y suerte hemos tenido de que existan grupos como los cuáqueros, tan importantes, con Margaret Fell, que me dejaron muy fascinada cuando los conocí, cómo ya en el siglo XVII y con continuidad hasta hoy siguen con ese modelo no jerárquico, con una igualdad de género que casi dan ganas de hacerse cuáquera.

 

Me llama la atención que cuando le preguntan dónde nació, una mujer de mirada tan amplia, respondes con el barrio.

Sí, sí, así es: nací en Gracia [Barcelona]. Como me dijo una vez un amigo mío, también teólogo, nací en el barrio de Gracia, en la calle Libertad, que es exactamente mi tesis doctoral: solamente en el “barrio” de la gracia se puede vivir la libertad personal máxima.

 

Parece que este año no ha habido gripe A. ¿En qué ha quedado todo aquel barullo?

La supuesta vacuna de la gripe A se ha incorporado a la vacuna de la gripe estacional, pero lo que está claro es que esa pandemia terrible, asociada al miedo, no se aguantaba sobre ninguna base. Hubo muchos médicos y médicas que no lo siguieron, que yo creo que es lo que tenemos que hacer, tener siempre sentido crítico, con lo que regresamos al inicio de la entrevista: la experiencia de contradicción que no tiene por qué darnos miedo. Vivir es luchar, no en el sentido de violencia, sino no entender la vida diciendo “¿cómo es que no me sale todo bien?”. ¿A qué te crees que has venido?

Una historia budista –contada en versión rápida- habla de un maestro que a quienes venían a consultarle, les decía “Mire, no me cuente su problema, porque usted viene a contarme un problema y yo quizá le pueda ayudar, pero luego le vendrá otro, porque todo el mundo tiene que tener 83 problemas, y yo con esos no tengo nada que hacer; yo sólo puedo hacer algo con el 84”. “¿Y cuál es ese?”, pregunta su interlocutor. “El problema 84 es que nos creemos que no tenemos que tener problemas”. Esta es la experiencia de contradicción, que creo que también es una manera contemporánea de expresar la humildad: pensar que es normal que tengas problemas, de modo que, cuando te viene uno, en lugar de poner el grito en el cielo, empieces a ver cómo se soluciona, sin quedarte en el lamento de ¡cielos, tengo un problema!

 

Indignados. Por Guillermo “Quito” Mariani

La corriente mundial de los indignados llegó al Vaticano. No creemos que los cardenales vayan a ocupar las calles de Roma con sus pomposos ornamentos cardenalicios. Pero sería espectacular un desfile como el que utiliza el excelente director italiano Nanni Moretti en el comienzo de su película Habemus Papam, de unas 230 personalidades purpuradas escribiendo su protesta por las calles de Roma. Porque da la sensación de que están rivalizando las autoridades y miembros eminentes de la estructura vaticana de poder, para manifestar su rechazo e indignación por la ocurrencia, marquetineramente agresiva, de la firma Benetton, con sucursales en ciento veinte países del mundo. La campaña tiene un noble cometido: acabar con el odio. Y se  designa por eso, como “Unhate” (no odio) 

En realidad, hay que tener mucho sentido de humor para admitir que ese mensaje tan parecido al oficial del Vaticano (sí amor) pretenda trasmitirse con imágenes tan impactantes como un beso en los labios entre los personajes que en el mundo son protagonistas por sus actitudes, de contiendas y guerras interminables. Obama y Chavez; Sarkozy y Merkel; Obama y Hu-Jintao, Mahmud Amas y Netanyahu; Kim Jong II con Myung-bak.

La verdad es que si estos personajes se amaran, hasta la expresión de darse un beso públicamente (que también podría resultar un beso de Judas) con el propósito de no provocar más desinteligencias y muertes, se podría hablar de “Unhate”.

Pero, es que la cosa no para allí. La indignación vaticana se produce porque también la sátira marquetinera de Alessandro Benetton, toca la persona del SANTO PADRE.  En el fotomontaje aparece dándose un beso con el imán del Cairo. ¡Santo cielo! ¡qué escándalo!

¿Será para tanto? ¿Es que resulta injurioso (además de iluso) pensar y desear que los intereses contrapuestos de todos estos personajes confluyan alguna vez en un gesto de reconciliación y amistad? ¿El “Santo Padre” es tan santo que resulta una ofensa grave pensar que, para dejar de enfrentarse con el Islam, al que en su conferencia de Ratisbona calificó como engendrado y productor de violencia, se complica en un beso homosexual con uno de sus representantes?

En el mundo hay vigentes muchas situaciones de opresión y degeneración que merecen el pleno rechazo y disconformidad de la iglesia oficial. No ha salido una procesión de cardenales a protestar por los abusos, la pederastia clerical y episcopal, las influencias en excarcelaciones logradas por ejemplo, por Grassi y Storni, o Von Wernich y otros, a pesar de haber sido condenados y penalizados por la justicia civil. ¿Es entonces justa y racional esta expresión tan indignada para responder a lo que si bien es humor muy ácido, constituye un verdadero reproche para las rivalidades más pronunciadas y dañosas que se viven en el mundo actual?

La prensa, dócil a los intereses de cada una de las partes en litigio, se ha pronunciado de diversas maneras, entre las que se incluye el silencio, la exclusiva repulsa al fotomontaje papal y la insistencia en la ridiculización del beso entre Chávez y Obama. Se trata de una travesura más, de esta poderosa Empresa originariamente textil, con intereses agroganaderos, petroleros, mineros y forestales en nuestra Patagonia, que puede darse el lujo de reírse de todos.

Y la ley de tierras duerme. Por Guillermo “Quito” Mariani

De repente, así como dueños de la vida y de la muerte, dos sicarios de Ciccioli el empresario santafesino asociado con Julianes, Villa, Saud y otros que están empeñados en acaparar tierras de Santiago del Estero para sus emprendimientos agrícolas, violan el domicilio y asesinan a Cristian Ferreyra. ¡Se acabó el problema! Los empresarios creen haber dado una lección intimidatoria que será tomada en cuenta por muchos de los campesinos indígenas que habitan desde sus ancestros,  los campos fértiles de la zona Norte de los departamentos Copo, Pellegrini y Alberdi.

Porque un grupo sin escrúpulos, ha puesto los ojos en ellos, para agrandar sus posesiones y su capital.

No es novedad, desde hace cuatro meses, que los campesinos de la zona sufran además de ofertas tentadoras, menosprecios, amenazas y maltratos por los personeros de los citados empresarios.

Mientras la ley de tierras queda dormida en el Congreso, los acaparadores de “avivan” anticipándose al 10 de diciembre, en que es posible que quienes los favorecen en la legislatura,  disminuyan su influencia en el ámbito nacional, por la composición de las cámaras legislativas y la asunción de la reelegida presidenta.

Y por eso han iniciado una campaña más agresiva y convincente. “Antes,  y para sembrar su soja, siembran muerte.”

Cristian Ferreyra, un joven  campesino de sólo 25 años fue asesinado a cara descubierta y sin ninguna contemplación por los Juárez, enviados a su domicilio con orden expresa de terminar con su resistencia desde la CCCOPAL MOCASE (vía campesina) a entregar esas tierras que la dirección provincial de bosques, traidora e ilegalmente, autorizó para desmontar, a pesar de estar radicadas allí varias familias campesinas.  Dos compañeros de Cristian quedaron también heridos por el tiro de escopeta. Uno de ellos, de gravedad.

El hecho sucedió en las proximidades de “Monte quemado” en la comunidad de San Antonio.

La noticia ha sido eclipsada casi absolutamente por los detalles dolorosos del asesinato del pequeño Tomás, a consecuencia de una venganza por desavenencias conyugales. Y ciertamente es muy doloroso para el país que haya gente tan excitada por el odio que llegue al asesinato de un niño inocente. Con otras características se ha repetido el desconcierto y la indignación  general por el asesinato de Candela.

Pero nada puede hacer callar a una prensa que estuviera comprometida con la verdad y la justicia, acerca de la alevosía de un asesinato como el acontecido en San Antonio. La llamada Ley de tierras, feliz iniciativa del gobierno nacional está manoseada y cajoneada en la legislatura. Detrás de ella, seguramente, se mueven muchos intereses. Que untan las manos y ponen llave a los cajones.

El conflicto con el llamado Campo, dejó marcada innegablemente una huella muy profunda, mostrando lo que puede el poder corporativo de los más ricos contra las organizaciones populares defensoras de los derechos de los más pobres. Si el Estado no aparece afirmando y exigiendo el respeto a esos derechos, no está cumpliendo con su deber fundamental. El ejecutivo nacional sin leyes poco puede hacer. Y el Congreso posterga lo que no responde a intereses muy marcados de los más poderosos.

Pero, desde abajo, desde los indígenas puestos de pie y desde las organizaciones populares de campesinos sigue brotando el grito a la vez indignado y esperanzado. ¡Ni un metro más, la tierra e nuestra! Y sobre todo ¡Ni un muerto más que criminalice la usurpación de la tierra!

Está bueno indignarse. Por José Nicolás Alessio

Esta bueno indignarse.  Se estremecen las tripas

Desde finales de los 70, la reflexión de fe de las comunidades en Latinoamérica, consideró como punto de partida de sus compromisos por la liberación de los empobrecidos, la “indignación ética”[i]. Ante el dolor humano inocente no puede haber indiferencia. En la parábola del samaritano, las traducciones del texto de Lucas suelen decir “al verlo, sintió compasión” “viéndole fue movido a misericordia”. El término griego usado significa literalmente “se le revolvieron las tripas”. Eso es indignarse, cuando te duele en tu propia carne interior el dolor de “otro”. Esto lo ha subrayado magistralmente Gustavo Gutiérrez cuando señala que más que “ser prójimos”, “nos hacemos prójimos” de aquellos sufrientes que somos capaces de ver y ante los cuales se nos estremecen las tripas.

Es un primer paso, sentir con el otro su misma “pasión-sufrimiento”. Eso es “compasión”.

Hoy se está desplegando un movimiento globalizado de “indignados”. Tiene su origen en España, estalló el 15 de Mayo del 2011,  pero obviamente no aparece como un hongo luego de la lluvia. Hunde sus raíces en múltiples reacciones sociales (jóvenes, desocupados, etnias masacradas, minorías olvidadas, campesinos, militantes políticos) fundamentalmente “anti-globalización”, podemos recordar aquellas contra la Organización Mundial de Comercio[ii], los “Foros Sociales”, las “Cumbres de los Pueblos” y un buen tiempo antes los movimientos como el Zapatista[iii], el de Mujeres, el de Etnias Nativas o de Campesinos. Todos, de alguna manera, desde sus propias cosmovisiones hacen una crítica profunda a este mundo real del “nuevo orden neo-liberal” y apuestan por “otro mundo posible”.  Reaccionan por diversas motivaciones, pero sobre todo reaccionan ante una situación planetaria que no da para más. Situación que fundamentalmente afecta a la humanidad toda. Desde la cuestión económica que hace del capital financiero un ídolo que se cobra vidas humanas, hasta el límite de la producción-consumo de las sociedades privilegiadas del primer mundo que están literalmente aniquilando el planeta (agotamiento de recursos naturales, contaminación, manipulación) pasando por las invasiones militares de EEUU sin ningún límite ético, el asesinato del líder libio Muamar Kadafi, por razones económicas, vuelve a confirmarlo.

Si bien es muy pronto para hacer una evaluación de sus estrategias, de su capacidad para tener continuidad y de su eficacia de transformación, debiera quedar claro que la comunidad de los discípulos de Jesús tiene razones suficientes para acompañar a este movimiento de indignación. Las Iglesias cristianas debieran ser las primeras “indignadas” si quisieran ser fieles al mandato de Jesús. Sin descartar que  no faltan severas razones para indignarse “en” y “de” las Iglesias, al menos nosotros, lo afirmamos contundentemente de la Católica Romana[iv].

Nuestra espiritualidad-modo de vida según el Espíritu de Jesús[v], es la del samaritano. Sentir como propio el dolor del mundo, padecer con él. Pero esto es insuficiente. Debemos pasar de la indignación a dignarnos. Dignarse es hacerse cargo, es hacer algo, es tarea, es acción. Es informarse, es reflexionar juntos, es imaginar alternativas. Estamos transitando un tiempo crucial. Ya se decía, cuando la energía atómica se tradujo en armas atómicas, que por primera vez el hombre podría acabar definitivamente con sí mismo y su mundo habitable. Hoy estamos en una situación más crítica aún. Tomar postura es un imperativo ético-agónico que nos pone en el límite entre la vida y la muerte.  También es estar en la calle manifestando cuando la realidad lo exige. También es saber votar con conciencia, también es participar en las organizaciones del barrio, de la ciudad. Es meterse en la política, en el gremio, en la cooperativa. Es participar, no ser indiferentes, porque la dignidad de lo que somos y queremos ser, si no la defendemos, la estamos regalando.

 

 

Notas

[i] He intentado encontrar el origen de la frase “indignación ética” en la teología de la liberación, la única referencia encontrada que tengo es la de Luiza E. Tomita, que comienza su trabajo Desafios a la Teología de la Liberación desde una perspectiva feminista

(http://www.teologialatinoamericana.org/index.php?option=com_content&view=article&id=82:desafios-para-la-teologia-de-la-liberacion-desde-una-perspectiva-feminista&catid=59:teologias-emergentes&Itemid=73)

diciendo “La Teología de la Liberación que apareció en los años 70, formó la base teórica para la Iglesia de los Pobres. Ella partía de una indignación ética frente a la pobreza y la marginación de grandes masas de nuestro continente (L. Boff 1977), y propone un proceso de liberación en el que los pobres puedan recuperar su dignidad olvidada y contribuir a la gestación de una sociedad más justa y más fraterna.” El libro de Boff citado es Eclesiogênese: As Comunidades Eclesiais de Base reinventam a Igreja. Petrópolis: Vozes., texto posterior al de Gustavo Gutiérrez, Teología de la Liberación Perspectivas.

[ii] Por ejemplo, las manifestaciones contra la cumbre de la OMC en Seattle sucedidas entre el 29 de noviembre y el 3 de diciembre de 1999 donde miles de personas convocadas principalmente por sindicatos, organizaciones ecologistas, profesionales, anarquistas, y personas comunes, se movilizaron en las calles de Seattle contra la Organización Mundial de Comercio (OMC) hasta hacer fracasar la llamada Ronda del Milenio. Están consideradas como el inicio de una nueva etapa del movimiento antiglobalización, a partir del cual han tenido lugar protestas masivas en todas las cumbres de la OMC. La mayor manifestación, conocida como N-30 o Batalla de Seattle, tuvo lugar el 30 de noviembre. Según el departamento de policía de Seattle esta manifestación contó con 40.000 participantes aproximadamente.

[iii] En mi opinión fue el grito desde las tierras mexicanas el “momento primero” de crítica profunda al sistema neoliberal globalizado. El Subcomandante Marcos, popular por su aparición pública con un pasamontañas sin dar a conocer su nombre real, es el líder del EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) desde 1994, año de su formación. El evento fundacional del ejército fue el 01 de enero de 1994, cuando organizados militarmente con las comunidades indígenas zapatistas de la localidad de Chiapas, tomaron varias cabezas municipales, pronunciándose en contra de los “malos gobernantes y el sistema capitalista” y reclamando democracia, libertad, tierra, pan y justicia para los indígenas.

[iv] En España, solo para citar un ejemplo que no sea el escándalo de los casos de abusos sexuales del clero, veamos “Para hacer posible la Jornada Mundial de la Juventud ha sido necesario un pacto con estas fuerzas económicas y políticas, que refuerza la imagen de la Iglesia como institución privilegiada y cercana al poder, con el escándalo social que ello supone, particularmente en el contexto de la actual crisis económica”. El Foro de Curas de Madrid, que aglutina a 120 sacerdotes, presentó ayer un rotundo comunicado sumamente crítico con la Fundación “Madrid Vivo“, que financia en buena medida la Jornada Mundial de la Juventud. “Los mecenas de Rouco blanquean su dinero pasando por la sotana del Papa”, denuncian los sacerdotes, que cuestionan la oportunidad de gastar decenas de millones de euros -tanto de las arcas públicas como del patrocinio de empresas de “dudosa ética”- en mitad de la crisis económica” Ver nota en http://www.periodistadigital.com/religion/juventud/2011/06/21/religion-iglesia-jmj-foro-curas-madrid-documento-mecenas-rouco-madridvivo-.shtml

[v]  “El origen de esta espiritualidad, la pasión que está en el origen de este espíritu, es lo que está también en el origen de la Teología y la Espiritualidad de la liberación. Y es lo que está en el origen de toda utopía revolucionaria “una persona no se hace revolucionaria por la ciencia, sino por la indignación”  De Maria Vigil y Pedro Casaldaliaga Espiritualidad de la liberación, citando a C. y L. Boff, Cómo hacer teología de la liberación, ed. Paulinas, Madrid 1986, pp. 10 ss. Y M. Merleau-Ponty, Humanisme et terreur, París, 1956, p. 13

 

 

Domingo 27 de noviembre de 2011 – 1ro. de Adviento (ciclo “B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mc.13,33-37) 

Jesús advierte a sus discípulos sobre la necesidad de estar prevenidos porque no saben cuándo llegará el momento. Será como un hombre que se va de viaje dejando la casa al cuidado de los servidores, cada uno con sus tareas, recomendando al portero que esté siempre vigilante. Estén prevenidos entonces porque no saben cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o a la mañana. Que no  llegue de improviso y los encuentre dormidos. Lo que les digo a ustedes se lo digo a todos estén prevenidos.

Síntesis de la homilía

Las afirmaciones de Marcos en este anuncio del final de los tiempos, que despierta la curiosidad de los discípulos que preguntan sobre el cómo y el cuándo, dejan en suspenso la respuesta al afirmar al mismo tiempo su inminencia y la ignorancia sobre el momento exacto no conocido sino por Dios. Si nos atenemos a las afirmaciones de Jesús, el reino está a las puertas. Así lo sostuvieron las primeras generaciones de cristianos y por ese motivo la cuestión de la vigilancia para que no los tomara desprevenidos se convertía en algo fundamental- Por ese motivo Marcos, ante la impaciencia porque el hecho sucediera, escapa de la cuestión afirmando que el tiempo es desconocido para todos, hasta `para el hijo privilegiado. Pero sin embargo insiste en estar prevenidos, ya no tanto para evitar la sorpresa que los tome al margen del reino, sino para  alimentar la constancia en la  construcción de los valores de ese reino que consiste en la realización del sentido de la humanidad querido por el Padre.

La curiosidad de los discípulos se ha trasmitido innumerables veces a diversos grupos de la humanidad que han creído hacer el diagnóstico exacto de los signos.

Ninguna de esas fantasías interpretatorias de misteriosas señales se han convertido en realidad. Como dice el tango “el mundo sigue andando”.¿Qué valor tiene hoy esa recomendación de vigilancia a la que Marcos confiere tanta importancia? Nada menos que un aviso fundamental para tener en cuenta en los tiempos de cambio que vivimos. Estos tiempos que a muchos desorientan, a muchos escandalizan y a algunos les parecen precursores de grandes renovaciones. Ese aviso fundamental nos pone en la seguridad de que los valores que hacen a la auténtica y permanente posibilidad de felicidad del ser humano, no deben ser nunca descuidados.

Los elementos negativos aparecen por todas partes. Hay una especie de lamento de la condición humana que ha sido propiciado por una conciencia religiosa plagada de miedos. Hay mucha gente que no puede liberarse de la convicción de que esta vida es un valle de lágrimas, de que vivimos en un destierro, de que inevitable el fracaso de la humanidad. Y esto que se dice con palabras va penetrando hasta debilitar nuestro sentido de lucha por mejorar lo que apreciamos que está mal, por  remediar las falencias en cuanto está en nuestras manos, por empezar de nuevo después de cada fracaso. Y eso es vivir “desprevenidos”. Eso es no construir el reino porque sólo disponemos de los ladrillos que exigen ser acomodados cuidadosamente para construir de a poco una pared o una casa.

Cristianos y No Creyentes. Por José Ignacio González Faus

Allá por los tiempos de Jesús se cuenta de un rabino que perdió la fe, con el comprensible escándalo social de su comunidad. Pero otro maestro comentó sobre él: “Dichoso el rabino, porque podrá practicar el bien sin esperar recompensa”. Es la lección (y casi la envidia) que desde hace años dan muchos de los no creyentes: hacen el bien sin esperar recompensa. Jesús dijo también que no es el que dice “Señor, Señor” el que entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad del Padre. Y he visto que algunos no creyentes cumplen la voluntad de Dios mejor que muchos de nosotros.

Además, un gran profeta del catolicismo del siglo pasado (Emmanuel. Mounier, fundador de la revista Esprit) escribió que, en el futuro, los hombres no se distinguirán por la postura que tomen ante el tema de Dios sino por la que tomen antes los condenados de la tierra. Y, en la misma línea, esa impresionante conversa que prefirió quedarse fuera (Simone Weil) dejó escrito: “No es por la forma en que un hombre habla de Dios, sino por la forma en que habla de las cosas terrenas como se puede discernir si su alma ha permanecido en el fuego del amor de Dios”.

Todos esos testimonios apuntan confirman las palabras de otro gran profeta, mártir de Adolf Hitler (el pastor Dietrich Bonhoeffer), que dijo: el Dios de Jesús, es “lo opuesto a todo lo que el hombre religioso espera de Dios”. Cuesta tragarlo pero es así. Porque en Jesucristo, Dios no se ha revelado como “todopoderoso” sino como aquél que renuncia a su poder para identificarse con la debilidad que somos y con las víctimas que producimos. Un Dios inútil como objeto de consumo pero buena noticia como horizonte y fuerza de vida.

Por eso puedo decir a los no creyentes: no se preocupen si no pueden creer. Conozco muchas gentes así. Pero los cristianos aceptamos “la comunión de los santos” que significa que todo lo de Dios es común; por eso es tarea nuestra creer por los que no creen y esperar por los que no esperan.

Hace ya muchos años, en uno de mis primeros escritos, comenté unos versos de Atahualpa Yupanki. Son estos: “Hay cosas en este mundo / más importantes que Dios: / que un hombre no escupa sangre / pa’ que otros vivan mejor”. Y los comenté de esta manera: para quien cree en Jesús no es el ser humano quien dicta esta estrofa; es Dios mismo quien nos hace saber que, para él, hay cosas más importantes que el que los hombres se ocupen de Dios, a saber: que no tengan unos que escupir sangre para que otros puedan vivir mejor (quizá también más piadosamente).

Por eso los cristianos tenemos que ser perdonados de muchas incoherencias.

 

Fuente Lamiarrita

Los que aplauden, los que rechazan, los que dudan. Por Guillermo “Quito” Mariani

Hay momentos y acontecimientos de suma importancia ante los que se producen constantemente reacciones diversas como las enunciadas en el título de esta  reflexión En los últimos tiempos, antes de las elecciones, un discurso de la Sra. presidenta en Tecnópolis, referido al “plan estratégico agroalimentario nacional” suscitó estas reacciones. Hubo aplausos y expresión de esperanza por parte de los sectores  relacionados con el  Campo , como Federación Agraria y Mesa de Enlace ( junto a distribuidores internacionales de fertilizantes agrotóxicos, semillas transgénicas y otros ítems), representantes de la Unión Industrial, Cámara Argentina de Comercio, Fundación Mediterránea y otros. El discurso de un futuro  productivista mirado con el optimismo de las cifras previstas,  hizo pensar que había una flexión en la política seguida hasta ahora, que  inclinara a ceder ante las exigencias agroexportadoras, con el convencimiento de que por ellas llegan al Estado los mayores ingresos para éste y cualquier otro plan que quiera llevarse a cabo. También  hubo expresiones de de alivio en la corporación eclesiástica celebrando que la agresividad de la política de mejor distribución de los ingresos llevada a cabo hasta el momento, dejara de producir crispaciones.

Se dieron a publicidad también diversas especulaciones de que, sobre todo, considerando las cifras manejadas por la Presidenta como indicio de un futuro promisorio no eran muy confiables, colocándolas en el mismo nivel de las promesas electoralistas que en algunas oportunidades resultaron absolutamente ridiculizadas. A su vez los movimientos provincianos de los campesinos, peones y pequeños propietarios, se sintieron “ninguneados” y otra vez lo hicieron notar como aspecto negativo

Hubo también quienes se preguntaron si esto de acabar con el tiempo de la confrontación para producir la conciliación, que es siempre una aspiración y hasta un requisito para progresar en todos los órdenes, no significaría volver atrás de los pasos dados. Que influyera en la moderación de los juicios a los genocidas y sus cómplices, mejorando las relaciones comerciales con el FMI, sensibilizándose ante los reclamos de ADEPA y la SIP, disminuyendo sustancialmente las retenciones y limitaciones para los exportadores, recuperando la sumisión amistosa con Estados Unidos.

Otro acontecimiento, ya pos eleccionario, fue el discurso de Cristina en la reunión del G20. Allí los poderosos participantes, agobiados por la crisis del capitalismo financiero que no logran resolver financieramente, prestaron atención a esta receta tan simple de superar las presiones de los grandes intereses que finalmente tarde o temprano llevan al derrumbe total. Se refugiaron finalmente en la afirmación de que una experiencia argentina no debía considerarse tan valiosa. La denuncia y exigencia de supresión de los paraísos fiscales fue un aguijón al que el presidente uruguayo respondió con una afirmación peyorativa de la Argentina. La calificación del capitalismo actual como anárquico, tocó un punto muy sensible. Tanto porque señaló un “pecado capital” del capitalismo internacional, derrotado por los mismos intereses que lo mantienen.

Su afirmación de que queremos un capitalismo distinto pareció contrariar las aspiraciones y proyectos  de los grandes luchadores latinoamericanos por  el socialismo como  Evo y Chávez. Y la izquierda muchas veces intolerante e ilusa descalificó el proyecto de un capitalismo mejorado.

Aplausos, rechazos y dudas, reflejan o prudentes sugerencias de mejoramiento, o empecinadas  posturas anquilosadas, o valoración optimista y alentadora de los intentos, o exigencias de metas imposibles de alcanzar  hoy que en el fondo constituyen una clase de alienación. Es buen criterio de discernimiento fijarse en quiénes y con qué intereses están de un lado y del otro-

Halagar a la presidenta y sus proyectos, acudiendo a su convocatoria con aprobación y aplauso. Astutamente han elegido ellos,  el único camino que les quedaba para lograr imponer la supremacía de sus intereses. Y allí estuvieron, en diferentes oportunidades,  la Unión Industrial, la Cámara argentina de comercio, la Fundación Mediterránea, la Federación Agraria y las multinacionales distribuidoras de fertilizantes, agrotóxicos, semillas transgénicas y otros productos aprobados por las costumbres y no por las leyes. A otras corporaciones les faltó coraje para esta presencia hipócrita en el día de La Industria y en de lanzamiento en Tecnópolis, del Plan  Estratégico Agroalimentario nacional. La actitud oficial fue de aceptación de estas presencias y aprobaciones desacostumbradas, y hasta se expresó con palabras que hicieron estremecer de alegría las vísceras de los que volvieron a considerarse imprescindibles, y de temerosa desilusión a sus víctimas, los movimientos provincianos del campesinado pobre, en Santiago, Córdoba, Formosa, Chaco, MOCASE, Trabajadores rurales sin tierra o Frente nacional del campesinado indígena-

El Evangelio llegó tarde. Por José Ma Castillo

Ocurre con frecuencia que, entre cristianos, se le da más importancia a los ritos, a las normas, a la organización, a la gestión de la autoridad o a los asuntos económicos (a todo eso), que a la fidelidad al Evangelio. Por eso, muchos veces me pregunto: ¿qué nos pasa a quienes nos consideramos creyentes en Jesús, que el principio rector de nuestras vidas no es justamente el mismo principio que rige nuestra forma de vivir?

Este problema – por lo que yo he podido informarme – viene de lejos. No es cosa de ahora. Se trata de un asunto que tiene sus orígenes en los orígenes mismos del cristianismo. La cosa se comprende en cuanto se tiene en cuenta cómo y cuándo se organizaron las primeras “iglesias”. Y también cuando se sabe cómo y cuándo, en aquellas primeras “iglesias”, se conocieron los evangelios, es decir, lo que fue la vida de Jesús y lo que aquella vida representa para nuestra vida.

Quiero decir lo siguiente: Jesús murió en los años 30 del s. I. San Pablo escribió sus cartas, a “iglesias” que él mismo había fundado, y de las que se sentía responsable, entre los años 49 al 56. Los evangelios, en la redacción que ha llegado hasta nosotros, se empezaron a difundir después del año 70 y no se terminaron de conocer hasta finales del s. I o quizá algo después. Los Hechos de los Apóstoles se redactaron entre los años 80 y 90.

Todo esto quiere decir que las primeras “iglesias” (de las que tenemos noticia) se organizaron de acuerdo con las ideas y creencias que les trasmitió el apóstol Pablo. Pero sabemos que Pablo no conoció a Jesús. Ni mostró interés por informarse de la vida terrena de Jesús. A Pablo “se le apareció” el Cristo resucitado y glorioso (Gal 1, 11-16; 1 Cor 9, 1; 15, 8; 2 Cor 4, 6). Es más, Pablo llegó a decir que el conocimiento de Cristo “según la carne” no le interesó (2 Cor 5, 16). Por tanto, hay indicadores suficientes para pensar que las primeras “iglesias” cristianas, de las que tenemos noticia, tuvieron su vida, sus esperanzas y sus motivaciones más determinantes en la gloria, en el cielo, en la eternidad, allí donde ellos pensaban encontrar al Señor de Gloria. La vida, el ejemplo, la bondad, la profunda humanidad de Jesús, todo eso, fue conocido por muchas comunidades, y por las más importantes “iglesias” de la primera hora, bastantes años más tarde, quizá veinte o treinta años después. Se puede decir que el “Señor glorioso” se adelantó al “Jesús terreno”.

Por esto he dicho que “el Evangelio llegó tarde”. Tan tarde, que, a no pocos bautizados, no nos ha llegado todavía. Esto es lo que explica, en definitiva, por qué nos preocupa más “someternos” al Señor glorioso que “seguir” al Jesús terreno. Y por eso ha pasado lo que tenía que pasar, estando así las cosas: tenemos un Cristianismo con mucha autoridad, pero llevamos una vida con muy escasa ejemplaridad.