Artigas, caudillo argentino. Su lucha y ejemplo. Por Roberto A. Ferrero

I

El General José Gervasio Artigas nació en las cercanías de Montevideo (Uruguay) el 19 de junio de 1764. Hijo de una familia importante de la ciudad -su abuelo fue vecino fundador- se educó en el convento de los Hermanos Franciscanos. A los 18 años se independizó de su familia administrando un campo propiedad de su padre. Fue luego resero y arriero, operando en el comercio de animales durante años, en cuyo transcurso recorrió y conoció como la palma de su mano todo el territorio de la provincia. En marzo de 1797 se incorporó al cuerpo militar de Blandengues, encargado de cuidar las fronteras y la campaña oriental, alcanzando un alto concepto ante las autoridades españolas, que lo designaron después para ayudar al sabio Félix de Azara en sus tareas de colonizar y asegurar la frontera norte para frenar el avance de los portugueses de Brasil. Terminadas estas tareas, en 1806 interviene junto a Liniers en la Reconquista de Buenos Aires de manos de los ingleses. En 1811 se plegó a la Revolución de Mayo, ayudó a Mariano Moreno en su Plan de Operaciones proporcionándole información sobre su país y obteniendo el grado de Coronel de los ejércitos de la Patria. Volvió al Uruguay, donde encabezó la lucha militar contra el régimen español, obteniendo la gran victoria de Las Piedras (18 de Mayo de 1811), mencionada en el Himno argentino. Pensó las famosas “Instrucciones del Año XIII” (independencia, república, federalismo, autonomía, libertad de los puertos), que fueron rechazadas junto con sus Diputados en la Asamblea Nacional de 1813. Por dos  veces puso sitio a Montevideo, luchó contra  el Ejército portugués del Mariscal Diego de Souza, llamado por los españoles sitiados, derrotó a los porteños en la batalla de Guayabos y alcanzó el gobierno de su provincia en 1815, administrándola por medio de sus delegados de confianza, mientras permanecía al frente de las tropas federales que liberaron del dominio unitario bonaerense las provincias de Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes, Misiones y Córdoba. En la cúspide de su poder, admirado por los republicanos estadounidenses, organizó el “Sistema de los Pueblos Libres” confederados, de los cuales fue proclamado “Protector”. Por tres años ejerció la hegemonía absoluta en el Litoral y desafió a los ejércitos centralistas de Buenos Aires, hasta que la traición de los terratenientes orientales y grandes comerciantes de Montevideo determinó una segunda invasión -con la complicidad de Buenos Aires- del territorio oriental por parte de los portugueses en 1817. Resistió de 1817 a 1820 a los monarquistas lusitanos y sus aliados del lado argentino hasta que sus ejércitos sufrieron la gran derrota de Tacuarembó, que lo obligó a exiliarse en el Paraguay.

Allí, a la sombra del Dictador Gaspar Rodríguez de Francia y del Presidente Carlos López después, vivió durante treinta años en la más extrema pobreza. Falleció el 23 de septiembre de 1850, un mes después que el General José de San Martín.

 

II

De sus múltiples virtudes, tres rasgos de su personalidad se destacan nítidamente: su patriotismo rioplatense, su preocupación por la cultura y su espíritu altruista y revolucionario.

Sobre el primero de estos rasgos, diremos que su compromiso con la independencia de la Patria Grande fue siempre incondicional. A las tentativas para apartarlo de la causa común hechas por realistas y portugueses, su indignada negativa fue siempre terminante: “Yo no soy vendible”, contestaría a unos, o “Yo soy un disidente, no un traidor”, respondería a otros. Y la naturaleza de su patriotismo fue siempre latinoamericana y -en la práctica de sus luchas- ampliamente rioplatense. Jamás pensó en la Banda Oriental como en una nación independiente separada de las demás provincias. Por el contrario, su visión geopolítica puesta en acción se extendía no sólo a su patria chica sino a las provincias argentinas, al Paraguay e incluso a las regiones más apartadas del ex Virreinato del Río de La Plata: las provincias altoperuanas, a cuyo Cabildo de Cochabamba se dirigió en más de una ocasión.

Artigas no es el Fundador de la Independencia uruguaya ni del Estado Oriental, como pretende la vieja historiografía liberal y balcanizante. Por el contrario: la República uruguaya es el fracaso de Artigas y no su creación. El verdadero creador de la “Nación” uruguaya como Estado-tapón es George Canning y el colonialismo inglés, que  no podían permitir que una sola potencia sudamericana controlara la llave de entrada a los grandes ríos interiores del Cono Sur, bocado apetecible para el comercio británico. Tan es así que, al ofrecerle el Directorio porteño en 1815 entregarle el dominio completo y separado de la Banda Oriental con tal de que renunciase a influir en las provincias a Occidente del río Uruguay, el Protector rechazó la oferta porque su idea no era una patria parroquial, sino una gran nación  latinoamericana y, en la escala de sus esfuerzos, al menos una nación  rioplatense. De allí que después de 1830, ya constituido el Uruguay como país formalmente independiente (aunque sometido a Inglaterra y Francia), al ir a buscarlo al Paraguay su hijo José María para que volviese a la Patria, el General Artigas le contestara lacónicamente: “Yo ya no tengo Patria”, porque su Patria había sido descuartizada en la balcanización sobreviniente a su derrota.

No menos intenso que su patriotismo fue su hondo interés por el desarrollo de la cultura y su rol progresivo, interés que nacía ligado a su propia formación intelectual, muy distinta a la que a los caudillos populares le atribuyó la maligna leyenda sarmientina. Según ella, como sabemos, los grandes conductores federales habrían sido “gauchos brutos”, toscos, sanguinarios y analfabetos. Pero nada estaba más alejado de la verdad. Excepto Estanislao López de Santa Fe, que era hijo natural de un capitán argentino -lo que no lo hace mejor ni peor- todos los demás eran miembros de familias antiguas y linajudas, y recibieron la mejor educación disponible para los provincianos que no optaban por los estudios universitarios. Artigas, como muchos de esos jefes de masas, fue educado por los eruditos frailes franciscanos, como dijimos, y los tuvo siempre como doctos asesores: Francisco de la Peña, Benito Monterroso, José Benito Lamas o Dámaso Larrañaga. Como ayudante de Azara, se hizo topógrafo, contable y agrimensor práctico y durante sus luchas por el federalismo leyó la Constitución norteamericana y las pocas y parciales traducciones de los publicistas del federalismo norteamericano. Por ello, al ponerse al frente del gobierno de su provincia, recomendó la lectura de esos textos y de las historias relativas al Descubrimiento y Revolución de Estados Unidos, que por entonces no eran obviamente la nación imperialista que luego serían, sino una república federativa que servía de inspiración a nuestros mejores patriotas. Fray Miguel Calixto del Corro, el argentino que lo visitó en 1816 en su campamento de Purificación, le comentaría reiteradamente al Dr. Dalmacio Vélez Sársfield que Artigas era un hombre culto y educado.

También al asumir el gobierno, impulsa al Cabildo de Montevideo a reabrir las escuelas de primeras letras cerradas por los españoles en 1812, vuelve a poner en funciones a la Casa de Comedias (teatro), rebautizándola como “Coliseo”, y trata de crear un periódico montevideano utilizando la imprenta que los orientales acababan de recuperar de mano de los porteños.

Con la misma fe en el rol palingenésico de la cultura que alentaba estas  creaciones, funda la Biblioteca Nacional con los libros de Larrañaga, de Pérez Castellanos y de ciertos emigrados, poniéndola bajo el lema luego célebre: “Para que los orientales sean tan ilustrados como valientes”.

Pero así como compendia el rol positivo que la prensa y la cultura  podían cumplir en la afirmación de nuestra independencia y el mejoramiento del nivel intelectual de los pueblos, así también entendía perfectamente que su instrumentación bastarda por parte de las fuerzas de la reacción podía ser terriblemente perjudicial a esos mismos ideales. Para estos casos, Artigas contaba sin embargo con una protección impensada: el analfabetismo de las masas populares que le seguían, que por esa característica quedaban a salvo de la insidiosa propaganda del unitarismo porteño. Tal sucedió cuando uno de sus comandantes le advirtió sobre un canallesco folleto denigratorio que el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón había encargado redactar a Pedro Feliciano de Cavia. El Jefe Oriental escuchó la novedad y luego repuso tranquilamente: “No importa; mi pueblo no sabe leer…”

Finalmente, mencionemos su espíritu altruista, que se despliega en dos planos: como generosidad y comprensión en el plano individual y como política revolucionaria y reparadora en lo económico-social. Respecto al primer aspecto, son numerosas las anécdotas que dan cuenta de esa veta de su personalidad: por ejemplo, su negativa a fusilar a antiguos desertores que en cierta ocasión les remite el Directorio para congraciarse con él y  que Artigas devuelve respondiendo: “No seré el verdugo de Buenos Aires” y los remite sanos y salvos con su perdón; su cesantía a un maestro que enseñaba doctrinas contrarias a la Revolución, y al que permite enseguida seguir ejerciendo la docencia a pedido de su hijo José María, con la sola condición de no reiterar su falta; o su entrega de sus últimos pesos, al pasar al exilio paraguayo, para que uno de sus capitanes los llevara a la Isla das Cobras, en Brasil, para aliviar la situación de sus derrotados comandantes, presos en aquella región.

Respecto al segundo plano, el social-económico, el documento que fundamenta imperecederamente su afán de justicia social, igualdad y prosperidad para su pueblo es el “Reglamento para el Fomento de la Campaña”, verdadero programa de una original reforma agraria uruguaya. En efecto: bajo ese inocente título, el Protector establecía la expropiación sin indemnización de los “emigrados, malos europeos y peores americanos” y beneficiados con donaciones hechas por las autoridades españolas y porteñas entre 1810 y 1815, que se anulan. Tales tierras se entregarían gratuitamente a los “negros libres, los zambos de igual clase,  los indios y los criollos pobres” y las viudas pobres con hijos, con ”la prevención -decía el art. 8°- de que los más infelices serán los más privilegiados”. Ellos recibirían, además, una cantidad de ganado y una marca para identificarlos, con la sola obligación de no transferir su estanzuela, poblarla y ponerla en producción. Como el pueblo uruguayo de la campaña no era agricultor, sino ecuestre y ganadero, el Protector, buen conocedor de las necesidades de sus paisanos, ordenó que las tierras distribuidas no fueran reducidas como para chacras cerealeras, como en la vecina pampa argentina pretendían los labradores, sino de una extensión suficientemente  grande como para permitir la cría de vacunos y equinos.

Con estas disposiciones, Artigas se inscribía en una de las dos líneas que  se disputaban la hegemonía al interior de la Guerra de la Emancipación: Una, la simplemente “independentista”, la conformaban grandes terratenientes, comerciantes ultramarinos y magnates mineros, que sólo querían separarse de España para conservar la totalidad del producto nacional en su poder, sin que se introdujera reforma alguna en la estructura de la sociedad colonial. La otra, en cambio, pretendía acompañar la conquista de la independencia política con medidas de reformas económicas que establecieran la justicia social para las grandes masas oprimidas del continente. En esta última corriente, precisamente, se alineaba José Artigas junto a los argentinos como Juan José Castelli y el Mariano Moreno del “Plan de Operaciones”, Morelos e Hidalgo en Méjico con su radical reforma agraria, el Programa de 12 puntos de Titicocha, Carlos Colque y Jiménez Manco Capac en el Alto Perú y el capitalismo de Estado de Gaspar Rodríguez de Francia en el Paraguay

Como ellos, el Jefe de los Orientales fue derrotado. La elite montevideana estaba dispuesta a apoyarlo en sus tentativas autonomistas, pero no más allá de eso: no podía de ninguna manera tolerar la profunda reforma estructural que el Protector había comenzado a implementar en los campos orientales. En consecuencia, los integrantes de la aristocracia criolla solicitaron la invasión de los ejércitos portugueses del Brasil, pues preferían el amo extranjero que protegiera sus propiedades antes que al compatriota revolucionario que prefería a las gentes. Y esa herencia revolucionaria de los derrotados es la que hoy reivindicamos en esta nueva aurora de liberación que campea sobre América Latina. Artigas ha montado nuevamente en su caballo moro. Artigas ha vuelto a cabalgar desde el Orinoco a Ushuaía.

(Resumen de la charla brindada por el autor a la comunidad de “La Cripta”, el 24 de junio de 2011, en el Centro Educativo SABERES de la ciudad de Córdoba, Argentina, en el Bicentenario Artiguista. Presentación por parte del Presbítero Víctor S. Acha)

Reflexión -Domingo 7 de Agosto de 2011. 19 durante el año litúrgico (ciclo “A”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mt. 14, 22-23)

Saciada y despedida la multitud Jesús manda a los discípulos a embarcarse para la otra orilla. Mientras él se va a la soledad de la montaña para orar. Atardece y él está allí. Los discípulos en la barca se enfrentan a una tempestad en el Lago. Tienen viento en contra. Ya de madrugada Jesús va hacia ellos caminando sobre las aguas y ellos se asustan creyendo ver a un fantasma. Gritan desesperados. Jesús los calma y accede al desafío de Pedro de hacerlo a él también caminar sobre el agua. Mientra lo hace, tiene miedo al ver la furia de las olas. Y comienza a hundirse y grita ¡sálvame Señor! Jesús tiende su mano y lo ayuda diciéndole “hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?

Apenas sube a la barca el viento se calma. Y los que estaban en ella  dicen: Verdaderamente tú eres hijo de Dios!

Síntesis de la homilía

Introducción exegética: Los discípulos eran pescadores de oficio, de modo que inmediatamente obedecen la orden de embarcarse que les da Jesús, de pasar a la otra orilla que es habitada por paganos. Lo fundamental es que los deja solos, como a propósito.¿ Necesitaría Jesús de la soledad para estar en comunicación con el Padre? Esta actitud prepara al lector para lo que va a relatar inmediatamente Mateo. Tempestad, viento en contra, susto de los discípulos. Ir a la otra orilla, enfrentarse a los paganos, es muy difícil Entonces Jesús se aproxima y ellos se asustan más hasta gritar desesperados. Les parece un fantasma. Y hasta piden por Pedro un signo de que es él realmente. Es un recurso para solucionar las dudas sobre Jesús que afrontaban las comunidades perseguidas de Mateo. Con otra finalidad y acorde a distintas circunstancias Juan coloca el desafío de Tomás. Y Jesús acepta en ambos casos. Para que las comunidades no duden de que es verdaderamente hijo de Dios y obra en su nombre. Es Pedro, al final, el que se muestra menos confiado y comienza a hundirse.

Reflexión: La ausencia física de Jesús dejó desarmados a los primeros discípulos.

Habían esperado que restaurara victorioso el reino de Israel. Jesús los aleja y se aleja él mismo de la multitud que lo seguiría buscando como rey y milagrero. La orden es viajar a la otra orilla a proclamar al mundo lo que él había podido extender sólo al pueblo de Israel.

Si uno se pregunta después de leer el relato de Mateo qué perseguía el autor con esta descripción eminentemente imaginativa, se respondería como ya tantos lo han interpretado, que el objetivo era probar la divinidad de Jesús. Ni a Jesús ni a los judíos de su tiempo podía ocurrírseles que ese hombre fuera Dios. El objetivo de Mateo no es apologético (argumento para probar)  sino orientador para el cumplimiento de la misión que él iba a encomendar a sus seguidores, Hacer llegar el evangelio (la buena noticia) a toda creatura. Y para que no se ilusionaran pensando que esto les resultaría fácil, les asegura su presencia y ayuda (aunque más no sea como sospecha “fantasma”) y pone como dificultades para  tomar conciencia y obrar con esa presencia, el viento en  contra, las tempestades, el miedo y la falta de confianza en el proyecto del reinado de Dios.

Nosotros vivimos hoy esa experiencia en que el miedo y la falta de confianza nos hacen desistir de la lucha por el reino y dejarnos llevar por la correntada  y las olas.

Costumbre irreversible: reprimir. Por Guillermo “Quito” Mariani

“Los heridos con balas no son miembros de la policía que sólo usa balas de goma”. Así está establecido para todas las fuerzas del  orden del país por la Sra. ministro de defensa Nilda Garré. Y así como en su momento esta orden fue ridiculizada por varios dirigentes políticos, ahora indudablemente ha sido nuevamente incumplida, por más excusas que se presenten. El Dr. Duhalde decía en Estado Unidos que el país estaba al borde de la anarquía porque el gobierno no empleaba la fuerza para detener las tomas de Diciembre del año pasado. Su opinión fue sostenida también por los responsables máximos del gobierno de la ciudad. Y ante la pregunta periodística acerca de si era partidario de los desalojos cuando se producían las tomas, el ex presidente afirmó que tenía en su haber, el secreto de cómo se impone la autoridad sin necesidad de balas pero que aprobaba y reclamaba la represión oficial frente a todos esos abusos.

Ingenio Ledesma, Familia Blaquier, modelo de explotación y aprovechamiento de la gente trabajadora. Las plantaciones de caña de azúcar forman un cinturón, regado por el sudor de los zafreros y el hambre de sus familias, desprovistas de tierra y de techo. Cuando, de acuerdo al testimonio del intendente Jorge Ale refiriéndose a lo sucedido en el Triángulo, paraje situado en la jurisdicción de Villa Libertador Gral. San Martín, se estaba entrando en conversaciones para lograr la cesión de los terrenos en que  se construirás 1240 viviendas para las 700 familias de trabajadores el Ingenio, sobrevino inesperadamente esa toma del terreno. Los contactos para que esas tierras fueran cedidas por el Ingenio, cuyo poder aplastante se armó con complicidad expresa de  las dictaduras de 1966 y 76, habían comenzado al menos cinco anos atrás. Las tierras no habían sido cedidas con la excusa de que faltaría el dinero para construir las viviendas. La Corriente Clasista y Combativa cuyo objetivo central es la defensa de los obreros desocupados y jubilados, organizó marchas y piquetes en varias oportunidades, creyó oportuno intervenir y logró una cita para apresurar la solución del problema. Se produjo entonces una toma pacífica y simbólica de los terrenos para apoyar, desde abajo el reclamo. El mismo día en que debía realizarse el encuentro, a las 7 de la mañana la policía invadió el terreno tomado apoyándose en una orden de desalojo del juez Jorge Senman que estaba de vacaciones. Los vecinos se defendieron con palos y piedras. Los disparos se cruzaron y el resultado fueron 4 muertos y más de 30 heridos, entre los que se dice habría 15 policías. ¿Todavía se puede pretender hacernos creer que cuando la policía recibe orden de reprimir impartida judicialmente por los jueces sometidos a los poderes empresariales, interviene solamente personal uniformado? ¿No se ha comprobado ya que, vestidos de civil, cumplen con el cometido represor para dejar limpias las manos de los uniformados?

Si ya se ha olvidado el triste episodio llamado “la noche negra” por el apagón del 20 de julio del 76 aprovechado por el gobierno militar para allanar las viviendas obreras y arrestar en los galpones del Ingenio a más de 400 obreros, estudiantes y profesionales, con un resultado final de 30 desaparecidos, es seguro que el poder de los Blaquier logrará ocultar también este desgraciado episodio. La renuncia de un ministro de gobierno Pablo Villa, no es suficiente para purificar la actuación policial. Ni desalojo, ni represión debían haberse ordenado cuando se estaba en tratativas para solucionar el problema de 2000 personas privadas de derechos fundamentales. La prensa, como siempre no culpará a los Blaquier, sino al kirchnerismo. Y en realidad si alguna culpa puede achacársele es la no acabar mediante enérgicas y prontas decisiones legales, con esas empresas opresoras enriquecidas a costa de sudor y sangre argentinos.

Pero las leyes no se mueven, en un parlamento que no acaba de decidir el restablecimiento de los derechos de los peones de campo, ni acepta el de participación obrera en las ganancias empresarias, ni tiene en cuenta la inequidad en la distribución de los ingresos, ni apresura las expropiaciones de tierras para remediar la escasez de las viviendas, ridiculizando el autoritarismo de un ejecutivo que pretende realizarlo por su cuenta. La represión como solución y la hipocresía como defensa, parecen estar instaladas irreversiblemente entre nosotros.

¿Se puede salvar aún la Iglesia? Diagnóstico: enferma terminal. Por Hans Küng

“Hay un cisma en la Iglesia entre la cúpula jerárquica y las bases”
“El papado actual es una institución de dominio que divide. El Papa divide a la Iglesia”

Diagnóstico: Enferma terminal. ¿Se puede salvar aún la Iglesia?‘ Esta es la pregunta que se plantea en su último libro, publicado en Alemania por la editorial Piper Verlag, el teólogo crítico y especialista en ética mundial Hans Küng en su último libro.”En la situación actual no puedo guardar silencio”, dice Hans Küng. En su opinión la Iglesia Católica en encuentra inmersa en una grave crisis. Crisis que es necesario describir con objetividad y sin prejuicios antes de aplicar la terapia adecuada. Crisis que se plasma, entre oras cosas en censura, absolutismo y estructuras autoritarias.

Pregunta: Sr. Küng, me ha llamado la atención que su libro está impregnado de un cierto alarmismo.
No podía seguir callando, debía escribir este libro en este momento concreto.
Metáforas como “enfermedad”, “recaída”, “subida de fiebre” abundan en su libro. ¿A qué se debe este alarmismo?

Küng: Alarma sí, pero no alarmismo. Si me permite, lo explico inmediatamente. He de decirle con toda sinceridad que en estos momentos, tan sólo un par de meses después de su publicación, veo las cosas incluso más negras que el color de la portada de mi libro. Tenemos una iniciativa de diálogo de los obispos que ha quedado en agua de borrajas. Creo que el sociólogo de la religión, Michael Ebertz (Friburgo), tiene razón cuando habla de una segunda crisis en la Iglesia Católica, después de la crisis de los delitos sexuales. El episcopado se muestra obviamente incapaz de comunicarnos qué es lo que ha pasado, para que se pueda encauzar debidamente el diálogo. Seguimos sin saber cómo proceder para iniciar dicho diálogo, los obispos no se ponen de acuerdo y quieren excluir determinados temas. Recientemente hemos asistido a una serie de acontecimientos muy desagradables que justifican tanto mi análisis como mi alarma.

Pregunta:Usted ha llegado a decir que estamos en la segunda fase de la crisis. Ha hablado de falta de disposición a dialogar. Aclárenos, por favor, este punto.

Küng: Suponemos que los obispos han aprendido que no pueden seguir actuando de una forma tan autoritaria como hasta ahora, que han de escuchar al pueblo. Pero no es así, ni siguiera han aprendido eso. Creo que ¡nosotros somos el pueblo! La gente dice: se nos está agotando la paciencia, queremos participar en las decisiones, también en nuestras parroquias. Queremos elegir a nuestros obispos, queremos ver a mujeres en los diferentes cargos, queremos que haya agentes de pastoral, hombres y mujeres, que sean ordenados/as sacerdotes. Son eslóganes y demandas que reflejan el descontento de la gente. De hecho, se ha producido un cisma dentro de la Iglesia entre los que, ahí arriba, piensan que pueden seguir actuando con el estilo de siempre y el pueblo y una buena parte del clero liberal.

Pregunta:¿Qué reacciones ha desatado su libro hasta la fecha?

Küng: Se lo he enviado a todos los obispos alemanes y hasta ahora las reacciones han sido, cuando menos, cordiales. También se lo he enviado al Papa Benedicto con una cortés carta en la que le expongo como, en el fondo, mi intención es ayudar a la Iglesia, aunque tenga una idea diferente de cómo deberíamos proceder. Él me ha hecho llegar su agradecimiento, lo que me parece un gesto positivo. Tengo sumo cuidado en intentar conducir el debate con objetividad, sin traspasar la barrera de la ofensa personal y sin que la cuestión devenga en un asunto personal.

Pregunta: ¿Qué reacciones ha provocado entre los laicos?

Küng: En pocas ocasiones he recibido tantas cartas agradeciéndome el libro, a pesar de tratarse, de hecho, de un análisis algo depre que puede producir desaliento. Me agradecen mucho que afirme que la recuperación es posible. El libro está repleto de propuestas concretas. No me puedo quejar de las reacciones, todo lo contrario, me anima mucho recibir casi a diario cartas de tanta gente, muchas veces de gente sencilla.

Pregunta: ¿Cuáles son para Ud. los principales síntomas de esta crísis de la Iglesia Católica que diagnóstica en el libro?

Küng: Básicamente que las parroquias se están secando lentamente, en parte a causa del mensaje dogmático que viene reiteradamente prescrito desde arriba. Naturalmente tenemos también el problema de los cargos eclesiáles. En el libro lo ilustro con el ejemplo de mi propia comunidad en Suiza. Durante mucho tiempo hemos tenido cuatro sacerdotes (los “cuatro caballeros”); hoy no queda ninguno. Seguimos teniendo a dos jubilados y a un diácono. El diácono lo hace fenomenal, un alemán, por cierto. No obstante, no puede presidir la eucaristía por no haber sido ordenado sacerdote. Y no puede ser ordenado sacerdote porque está casado. Es completamente absurdo. Hemos de abordar una serie de puntos muy concretos: 1. el celibato ha de ser opcional. 2. las mujeres han de tener acceso a los cargos eclesiales. 3. se ha de permitir que los divorciados participen en la eucaristía; 4. se han de establecer comunidades eucarísticas entre las diferentes confesiones sin esperar otros 400 años.

Pregunta: Estos son algunos puntos para la terapia. Volvamos al diagnóstico. ¿Cómo denominaría Ud. la enfermedad que afecta al nucleo de la Iglesia Católica?

Küng: La enfermedad es el sistema romano. Lo introdujeron los Papas de la denominada Reforma gregoriana, en honor a Gregorio VII. Así fue como se introdujo el papismo, el absolutismo papal, según el cual una sola persona en la Iglesia tiene la última palabra. Esto produjo la escisión de la Iglesia Oriental que no aceptó dichas modificaciones. De esa época procede el predominio del clero sobre los laicos. Padecemos un celibato para todo el clero que se introdujo en el siglo XI. Aquí pienso que está el origen de la enfermedad. Ahí surgió el germen. Se intentó erradicarlo con la Reforma pero en Roma encontró resistencia. Con el Vaticano II se intentó luchar contra todo esto. Tuvo un éxito parcial, aunque no se permitió debatir ni sobre el celibato ni discutir sobre el papado. Se puede considerar que el Concilio tuvo éxito a medias. En estos momentos la situación es calamitosa. En Roma, en lugar de haber aprendido algo, como hubiera sido de esperar, y haber emprendido el camino de la liberalización, los dos Papas restauracionistas -Wojtyla y Ratzinger- han hecho lo contrario. Han hecho todo lo posible para que el Concilio y la Iglesia retrocedan a una fase preconciliar.

Pregunta: ¿Se refiere al Concilio Vaticano II que intentó producir una cierta apertura?

Küng: Sí, los frutos del Concilio Vaticano II fueron excelentes: integró el paradigma de la Reforma en la Iglesia, incorporó las lenguas vernáculas a la liturgia, todo el pueblo participa hoy activamente en la liturgia, se revalorizó el papel de los laicos y el de la Iglesia Oriental. Incluso se ha producido una integración de los paradigmas de la Ilustración, de la Modernidad. Desde entonces se reconoce la libertad de culto y los derechos humanos; y tenemos una actitud positiva hacia las religiones del mundo y hacia el mundo secular. Pero éstos son precisamente los puntos en lo que Roma quiere retroceder. Roma lo tiene todo organizado para retener el poder.

Pregunta: Si le he entendido correctamente, desde hace unas décadas, en la Iglesia Católica, se ha producido una recaída, un retroceso, una fuerte concentración en el sistema de dominio romano ¿esto es lo que Ud. Critica?

Küng: Sí. Esto queda de manifiesto en los siguientes puntos: primero, se han ido publicando continuamente documentos sin preguntar al episcopado y sin consultar a nadie previamente. Se trata de documentos de la curia que subrayan la pretensión de estar en posesión de la verdad, el monopolio sobre la verdad de la Iglesia Católica. En segundo lugar, tenemos toda la desafortunada normativa relacionda con la moral sexual que se ha ido publicado. Esta es la línea. En tercer lugar, tenemos la política de elección de personas. De forma sistemática, para los puestos de obispo y otros cargos de la curia se eligen exclusivamente personas fieles a esa línea. He escrito un capítulo entero sobre los motivos por los que los obispos guardan silencio: porque ya han sido seleccionados, porque previamente se han comprometido, porque en la ordenación han de prestar juramento al Papa, porque no pueden hablar libremente. Por eso escuchamos de todos la misma opinión. Los obispos se encuentran en una situación de gran presión, por una parte la que les llega de arriba, por otra parte la de la comunidad creyente.

Pregunta: ¿Por lo tanto, Ud. dirige sus críticas también contra el monopolio de poder y el monopolio de la verdad del Papa?

Küng: Sí, exactamente.

Pregunta: ¿Esa sería la principal herida?

Küng: Me imagino que si hubiéramos tenido otro Papa en la línea de Juan XXIII, la institución de Pedro sería algo magnífico. Podría ser una institución de guía pastoral, que inspira, que une. El papado actual es una institución de dominio que divide. El Papa divide a la Iglesia. Esta es una tesis que no se toma suficientemente en serio. Según las últimas encuestas, el 80% de los católicos alemanes quieren reformas. El 20% que no las quieren son, por desgracia, los que sí son tomados en serio. Algunos obispos sostienen que entre los católicos hay dos grupos. No es cierto, no se trata de dos grupos. La mayoría quiere reformas. Es tan sólo una minoría de personas, con presencia en los medios, las que están en contra de las reformas. Ellos no representan a la Iglesia que deseamos tener. Como pueblo de Dios queremos una Iglesia en la que nos sentamos incluídos todos, no queremos un pequeño grupo dominante que controle todo.

Pregunta: Hay algo que no entiendo bien. Si Ud. critica al Papa actual y lo compara con otros Papas más liberales, entonces no es un problema de la estructura de la Iglesia, sino de la personalidad del Papa.

Küng: También recae en la personalidad del Papa. Joseph Ratzinger procede de un entorno conservador. Yo también procedo de un entorno conservador. Esto no es ninguna vergüenza, incluso se podría tornar en una ventaja. Pero él ha interiorizado este entorno. El vivió principalmente en Alemania sin conocer bien el mundo. Después se trasladó a Roma donde ha vivido en un gueto artificial en el que no se percibe lo que sucede en el resto del mundo. Al leer algunas declaraciones suyas, como el decreto que publicó sobre las otras Iglesias siendo aún cardenal, uno se pregunta: ¿dónde vive este hombre realmente, en la luna? Ahora ha anunciado una campaña de evangelización nada convincente. ¿Cómo se quiere evangelizar al mundo con un catecismo que pesa literalmente 1 kg? ¿Pretende torturar a la gente? Además está la cuestión de la Enseñanza de la Iglesia. El habla expresamente de la “enseñanza del Papa”. Esto, por supuesto, no hay persona ilustrada que se lo tome en serio. ¿Quién va a admitir a estas alturas que una sóla persona reclame para sí el poder legislativo, ejecutivo y judicial sobre una comunidad de mas de mil millones de personas? En tercer lugar, se está dando un impulso problemático al tipo de religiosidad popular tradicional que se quiere promover. Se producen estas terribles escenas en la que un Papa besa la sangre de su predecesor en su relicario de plata. Pero, bueno ¿dónde estamos? Esto es oscurantismo medieval.

Pregunta: Aprecio que se indigna cuando habla del Papa actual.

Küng: No, no se trata del Papa actual.

Pregunta: En su libro le critica con dureza. Habla, por ejemplo, de boato y despilfarro, de estructuras autoritarias. ¿Se le podría reprochar: Küng habla con cierto resentimiento?

Küng: No. Creo que sigo teniendo la capacidad de poder hablar muy bien con el Papa personalmente. Seguimos manteniendo correspondencia y él sabe que mi preocupación es simplemente la Iglesia; pero que tengo una concepción diametralmente opuesta a la suya en lo que al camino a seguir se refiere. Me interesa resaltar que no hemos llegado a esta situación por el Papa Ratzinger, sino como evolución desde el s. XI. Aunque Joseph Ratzinger y su predecesor hayan hecho todo lo posible para volver a un paradigma medieval de la cristiandad.

Pregunta: Sr. Küng, ¿el sistema romano no se asienta en el Nuevo Testamento y en la Historia de la Iglesia?

Küng: No. La misma palabra “jerarquía” no la encontrará en el Nuevo Testamento. Sí que aparece seis veces la palabra “diaconia” con la famosa frase: “el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos”. En esa misma línea tenemos también la escena del lavamiento de pies. Pero el Papa quiere ser señor entre los señores. Aparece como un faraón moderno. Si observamos las ceremonias en San Pedro, una sóla persona está en el centro, mientras los obispos se mantienen a distancia, como figurantes. Nadie tiene nada que decir, sólo hay uno que habla, sólo hay uno que lo decide todo. Esta no es una Iglesia de nuestro tiempo. Y no se corresponde en absoluto con el Nuevo Testamento ni con su época, donde reinaba la hermandad, donde las mujeres estaban presentes y donde había una comunidad carismática, como se ve en las comunidades paulinas.
Todo lo contrario de lo que se practica hoy en día. Hoy reina una estructura medieval que, en principio, sólo se encuentra en los países árabes. Nos recuerda al comunismo: se basa en el secretario de un partido único que decide todo. El resto ha sido elegido en función de su lealtad a la linea papal. Lo mismo pasa con los obispos. Aunque, cada vez hay menos creyentes que aceptan este sistema autoritario. Ni en Arabia se acepta ya a los autócratas. Yo sostengo que en la Iglesia Católica los autócratas tampoco tienen ningún futuro.

Pregunta: Ha dicho que la Iglesia Católica no está a la altura de la época moderna. No obstante, se podría objetar que esa es precisamente su ventaja. ¿En qué piensa Ud. que debería transformarse? ¿En una empresa moderna acorde a los tiempos? En ese caso, no ofrecería ninguna alternativa.

Küng: No es que yo sea un partidario absoluto de la modernización. La Iglesia debería, en primer lugar, volver a sus orígenes. Se trata de ver si todavía podemos apelar a Jesús de Nazaret o no. En mi libro describo una escena: es impensable que Jesús de Nazaret apareciera en una ceremonia del Papa, no tendría sitio. Es simplemente una manifestación de poder pomposa e imperial, donde todos aplauden y los señores de este mundo participan para ser vistos y recoger votos. Esa imagen no tiene nada que ver con la Iglesia que Jesús quería, es decir no tiene nada que ver con la comunidad de discípulos de Jesus. No se trata de modernizar a cualquier precio. En determinadas circunstancias, precisamente habrá que ofrecer resistencia a la Modernidad, justamente en los aspectos en los que es inhumana. He escrito suficientes libros críticos con la Modernidad, por ejemplo: “Anständige Wirtchaften” (Una Economía Honrada), que trata sobre la falta de moral de la economía. Lo que no puede ser es que adoptemos como solución la Edad Media, cuando lo que deberíamos es dar el paso de la Modernidad a la Posmodernidad.

Pregunta: Hans Küng apela a Jesús, el Papa apela a Jesús. ¿Qué puede hacer un laíco ante estos dos intentos de legitimación?

Küng: Debería leer la Biblia, así se daría cuenta de donde está Jesús. Cuando Ratzinger en calidad de teólogo, también como Papa, escribe sobre Jesús -aunque realmente no deberia escribir libros sino dirigir la Iglesia- lo hace sobre el Cristo dogmático que camina sobre la tierra. No habla de que Jesús contradecía a las instituciones religiosas de su tiempo, de que al final fue asesinado por los que se consideraban ortodoxos. Todo lo contrario, habla siempre del Cristo de los dogmas, de la Iglesia y de la administración.

Pregunta: Volvamos a los obispos. Ha mencionado que son todos muy fieles a la línea papal, y que se trata, de hecho, de un grupo hermético y estánco. ¿Cómo se ha llegado a esto?

Küng: Es como si el Papa pudiera nombrar él sólo a todos los obispos. Sobre todo se comprometen con su linea. Sucede literalmente como en el partido comunista, donde nadie tiene nada que decir salvo el jefe de Moscú. Por eso dicen todos los mismo. Si hablas individualmente con los obispos, te dicen: “Tiene Ud. razón, por supuesto, pero…”
Si tan solo hubiera un obispo en la República Federal Alemana que, por fin, dijera cómo está la situación, que así no se puede seguir, que se han de abordar reformas, se le echarían encima Roma y el Vaticano, que intervendrían a través del nuncio, etc. También tendría al resto de los obispos enfrente, en especial a la facción de Meisner, que intenta ejercer el terror sicológico en la Conferencia Episcopal y, naturalmente, a toda la curia romana. Tendría en contra a todo ese pequeño grupo de conservadores y sus agencias de prensa, las que difunden continuamente noticias. Tendría que ser muy fuerte. Aunque contaría, al menos, con el apoyo del pueblo.

Pregunta: En el centro de su critica está el sistema romano. Esta cuestión ya la hemos abordado. En la conversación previa a la entrevista ha comentado que preferiría no hablar de los casos de abuso sexual. No obstante, lo menciono porque hay un punto que deberíamos aclarar: ¿estos casos de abuso sexual son, desde su punto de vista, parte de un problema estructural? En su crítica al papado, habla Ud. precisamente de problemas estructurales.

Küng: Por supuesto. Siempre ha habido una animadversión hacia la sexualidad, no sólo en la Iglesia, también en la Antigüedad. Pero tenemos el problema del celibato del clero cuyo origen se remonta a las normas impuestas por los Papas del s. XI. No quiero decir, en absoluto, que el celibato desemboque ncesariamente en la homosexualidad o en el abuso sexual. En absoluto. Pero cuando decenas de miles de curas han de reprimir su sexualidad y, por muy buenos párrocos que sean, no pueden tener esposa ni familia, entonces tenemos un problema estructural. Estas condiciones hay que cambiarlas definitivamente. Aunque parece que es un tema sobre el que no se debe debatir. El Obispo de Rottenburg da una conferencia fabulosa sobre el Espíritu Santo, al que hay que abrirse, y se manifiesta a favor del diálogo; pero, al día siguiente, leo en la prensa -para gran decepción de muchos dentro y fuera de la diócesis- que el mismo obispo, que habla tan maravillosamente, ha suspendido una jornada sobre sexualidad en su propia academia. ¿Qué nos queda?

Pregunta: Esa jornada estaba prevista para finales de junio y el tema era la moral sexual actual.

Küng: Sí, y en lugar de asistir y defender sus ideas en las que está tan bien formado, escurre el bulto. Desautoriza a la directora de la academia y a todos los que quieren asistir. De esa forma deja claro que el diálogo del que habla no es más que una frase vacía.

Pregunta: ¿Cómo piensa que está actuando la Iglesia Católica con relación a los casos de abuso sexual?

Küng: Se sigue sin adoptar una postura clara, por ejemplo, sobre si los agresores deberán responder ante un tribunal civil o cómo se va a proceder, tal y como se deduce de las últimas noticias que llegan de Roma y de Estados Unidos. En Alemania dicen que ya se han disculpado y se da el caso por cerrado. Al mismo tiempo, ningún obispo quiere hablar de que sean cuestiones estructurales, ni de que hay que abordar de una vez por todas temas como el celibato de los hombres o la ordenación de mujeres. Pero, ¿por qué no?. Lo que se esconde detrás de ello, desde mi perspectiva, es simple y llana cobardía, lo contrario de esa franqueza apostólica que cabría esperar y de la que se habla en la Biblia, al igual que los apóstoles hablaban con libertad. Los obispos actuales callan. Y, si hay ocasión de ejercer su poder, lo ejercen.
Es una vergüenza que se abuchée al presidente de la Conferencia Episcopal Alemana en el Dia de la Iglesia. ¿Por qué? Porque él de forma arbitraria ha tomado la palabra con el fin de criticar el Memorando de los teólogos. Cuando el Memorando de los teólogos -firmado ya por 300- está redactado en términos exquisitos. Así no se puede seguir.

Pregunta: Hasta aquí el diagnósitico de la crisis. En este contexto recurre Ud. continuamente a la metáfora de la enfermedad, pasemos ahora a las propuestas para la terapia. Ud. tiene una imagen concreta de la reforma de la Iglesia. De nuestra conversación deduzco que la reforma que el Sr. Küng tiene en mente pasa por eliminar totalmente la institución de la Iglesia.

Küng: No, qué va, todo lo contrario. Me gustaría que reconstruyeramos la institución de la Iglesia desde abajo, por supuesto, con base en el Nuevo Testamente y en el humanitarismo.

Pregunta: Entonces, ¿hay que deshacerse totalmente de las estructuras actuales o no?

Küng: Hay que abolir, por supuesto, el absolutismo del Papa. Aunque se puede mantener y apoyar perfectamente una institución que dirija la pastoral, presidida por un obispo en Roma, siempre que sea en la dirección del evangelio. Podría tener incluso una función ecuménica. Lo que critico es que una única persona quiera decidirlo todo y, por ejemplo, que destituya a un obispo, como ha vuelto a hacer el Papa Ratziger, por primera vez desde el Concilio.
Tenemos el caso del obispo Morris de Australia. Se le destituyó porque dijo que no le quedaban curas y pedía la abolición del celibato y que se admitiera a mujeres al sacerdocio. Cuando se cesa a una persona de su cargo de esta forma sólo cabe concluir: esta no es la Iglesia de Jesucristo, esto es un sistema que exige una total identificación y ni siquiera a sus obispos les permite la menor divergencia.

Pregunta: No obstante, la institución del papado ¿le parecería aceptable si el Papa fuera más liberal, más abierto? ¿O diría que esta función del papado ya no está en consonancia con los tiempos que corren?

Küng: No. Siempre he estado a favor del equilibrio, del check and balance.Es bueno que haya una comunidad, también es bueno que haya algunas autoridades. Un hombre como Juan XXIII tuvo un efecto maravilloso en la Iglesia. Hizo más en cinco años que Wojtyla con sus docenas de viajes. Cambió toda la situación. Fue una gran oportunidad. No obstante, Sr. Casparry, he de confesarle que hoy tengo más confianza en las parroquias y no le quiero privar de una buena noticia que he recibido. Dos parroquias de Bruchsal, las comunidades romano-católicas de St. Peter y la comunidad parroquial de Paul Gerhardt, evangélica, escriben: “Damos por terminada la división que durante casi 500 años ha vivido la cristiandad en nuestra zona”. Y añaden -espero que se publique pronto-: “Reconocemos que en todas las parroquias firmantes se vive igualmente como seguidores de Cristo y como comunidades de Jesucristo. Reconocemos que en nuestras parroquias Jesúcristo nos invita a la mesa del Padre y sabemos que Él no excluye a nadie que quiera seguirle. Por la presente, manifestamos expresamente nuestra recíproca hospitalidad”.
Espero que haya muchas parroquias en Alemania que hagan lo mismo. Si los de arriba no quieren, a nivel parroquial podemos dar por superada y finalizada la escisión.

Pregunta: ¿Cómo se imagina Ud. esa Iglesia construida desde abajo? ¿Cuáles serían sus fundamentos institucionales? ¿No habría un riesgo de caos, de que la Iglesia se dividiera aún más en múltiples direcciones?

Küng: Lo que acaba de oir de Bruchsal es precisamente lo contrario a una escisión. Acerca a las parroquias. Y en la época del Concilio disfrutamos de gran unidad en la Iglesia. La división actual viene de arriba porque se ha intentado invalidar el Concilio, porque algunos están convencidos de que hay que volver a introducir la misa en latín. Ante estos hechos hay que protestar. Se puede ofrecer resistencia como en el caso de las monaguillas. Los creyentes dijeron simplemente: queremos que haya monaguillas y listo. Ahora, los de arriba intentan establecer que, al menos en las misas en latín, no haya mujeres. Necesitamos que haya una resistencia activa, de lo contrario la Iglesia se va a pique. Estamos en una situación desesperada, hemos perdido prácticamente a toda la generación joven. Esta es la diferencia con respecto a los países árabes donde cientos de miles salen a la calle. ¿Hay hoy 100.000 que salgan a la calle a pedir reformas en la Iglesia Católica? Continuamente me encuentro con padres que me dicen: “Sabe Ud. me da tanta pena que, siendo católicos convencidos, después de haber tenido siempre un buen ambiente familiar en casa, no consigamos que nuestros hijos participen en la Iglesia.”

Pregunta: Ha hablado de desobediencia civil. ¿Puede concretar? ¿Qué hacen los curas en las parroquias?

Küng: Los párrocos, en su mayoría, practican una desobediencia discreta. Si un padre evangélico se acerca a recibir la comunión, no le preguntan si es evangélico, tal y como se ha llegado a hacer en las jornadas de jóvenes de Colonia. Tampoco anuncian, tal y como se les vuelve a exigir, que de conformidad con el Papa, sólo determinadas personas puedan participar en la eucaristía. Los párrocos, los buenos párrocos, prescinden de esas normas y se las arreglan bastante bien. Aunque yo apoyaría que hubiera más párrocos como los de Bruchsal que sacaran a la luz su resistencia, de forma que la gente se de cuenta de que avanzamos.

Pregunta: ¿Es capaz la Iglesia Católica de iniciar ella misma la reforma desde dentro?

Küng: Bueno, conozco el sistema desde dentro y lucho por que se produzcan las reformas. Sé que tengo millones de personas de mi parte. En este sentido es cuestión de tiempo. Simplemente no podemos avanzar basándonos en un señor absoluto que prescribe lo que hay que hacer en el dormitorio (palabra clave: la píldora…) y que establece todas las normas desde su limitado campo de visión. Creo que la política papal ha demostrado ya ser un fiasco y no nos debería corromper más. La única pregunta que también se hizo el partido de la Unión Soviética, el partido comunista, es ésta: ¿hay algún Gorbachov que nos pueda sacar de este tugurio?

Pregunta: ¿Quiere decir eso que estaría a favor a de algo así como una Perestroika en la Iglesia? Eso requiere una personalidad muy carismática.

Küng: Reclamo una Glasnot y una Perestroika, especialmente para las finanzas de la Iglesia. Me gustaría saber cómo se pagan las cosas realmente en Roma, quién parte el bacalao.

Pregunta: Ese sería otro tema. La Perestroika sería para Ud…

Küng: … la independencia, sí

Pregunta: Veremos si sus ideas y su visión de la Perestroika caen en suelo fértil y qué pasa en los próximos 20 años dentro de la iglesia católica. Una vez leído su libro, me inclinaría por un cierto escepticismo y pesimismo. No obstante, se encuentra entre las cosas buenas, pienso.

Küng: Sólo puedo apelar y esperar que haya suficiente gente que se ponga en pie y, por fin, se rebele.

 

Fuente Religion Digital

Eucaristía Conmemoración Mártir Enrique Angelelli

RECORDANDO LA MUERTE

CELEBRAMOS EL CORAJE DE LA VIDA Y TESTIMONIO DE NUESTRO MARTIR ANGELELLI

 

El Domingo 31 de Julio, en el salón del Club ATALAYA (Francisco Palau 6450, detrás del Colegio Alemán, Arguello) en donde la comunidad “sin casa” de La Cripta lo hace cada Domingo, concelebraremos la Asamblea y Cena del Señor, uniéndonos a nuestro mártir de la justicia ENRIQUE  ANGELELLI

 

asesinado  por  la  dictadura  y  silenciado  por la  Iglesia.

 

Después de la celebración, nos reuniremos para compartir un almuerzo con empanadas, choripanes y bebidas “a gusto” por un  precio módico, pagando el alquiler del salón.
Luego, una “micro Peña”  con “A7D” (Chahi y Guille) “Yacante trío” y artistas locales.

Los esperamos!!

 

Propuestas políticas católicas: su ideología y sus riesgos. Carlos Lombardi

La iglesia católica romana con sede en Mendoza, a través de organismos laicos, ha hecho público un documento donde pone a consideración de la ciudadanía una serie de propuestas y reflexiones que implican su contribución al sistema democrático. Loables intenciones si se tiene en cuenta la histórica participación de vastos sectores de esa institución en todos los golpes de Estado que sufriera nuestro país.

La lectura general del documento denominado “Reflexiones y propuestas sobre las próximas elecciones”, no ofrece nada nuevo en cuanto al contenido ya que el mismo responde al pensamiento de los obispos católicos comprendido en la Doctrina Social de la Iglesia (DSI). El instrumento no es producto de un pensamiento autónomo del laicado católico, no hay aportes laicos propiamente dichos sino un refrito del pensamiento episcopal del cual no pueden ni quieren apartarse. Se advierte, también, en el lenguaje típicamente clerical que utilizan, idéntico al modo de expresarse de los obispos.

A priori, el documento contiene una serie de principios, valores y algunas propuestas que son positivas pero que carecen de originalidad y son similares a las que existen en las plataformas de los partidos políticos o en sus futuros programas de gobierno. Aparentan ser un conjunto de buenas intenciones de un pequeño grupo de ciudadanos y creyentes honestos con ganas de mejorar los graves problemas que aquejan a la sociedad. El problema no es ese.

El problema es que detrás de sus propuestas, valores y principios se encuentra el modelo social que pretenden imponer los obispos católicos a la ciudadanía con el apoyo de los sectores neoconservadores e integristas que participan en la vida de la institución. Ese es el punto. Y el peligro para el pluralismo ético de la sociedad, para la laicidad y la vigencia de derechos humanos que, puertas adentro de la iglesia católica, no se viven ni se cumplen.

1. La cuestión grupal

Un dato importante es precisar qué sector del laicado católico es el que elaboró el documento y si representa a todos los sectores seglares de esa institución.

Según el teólogo español Juan José Tamayo, perseguido por la inquisición vaticana, el pluralismo eclesial católico lo conforman cuatro modelos: el catolicismo cultural, el integrista, el institucional y el crítico. Esos modelos actualmente “están en conflicto con peligro real de ruptura, sin apenas diálogo… Es un conflicto no disimulado, sino abierto y público” (1).

Dicho conflicto se hace visible en mayor medida en países como España, Austria, Alemania, Estados Unidos, y cada vez con más frecuencia en el nuestro donde teólogos y sectores de laicos como los cordobeses de “La Cripta” hacen público su disenso y sufren el autoritarismo de la oligarquía episcopal. En el caso de Mendoza, dicho conflicto no es visible.

Con todo, el modelo que impera en la actualidad católica es el institucional que – según el autor – se caracteriza por:

Una estructura jerárquico-patriarcal-vertical; falta de democracia; seglares colaboradores en el apostolado jerárquico, sin autonomía; importancia del buen funcionamiento de la institución a través de la cadena de mando vertical; sacramentalismo; tendencia a los actos rituales masivos con más componente social que religioso, entre otros.

Ese modelo se complementa con el surgimiento del integrismo, fenómeno que no es privativo del catolicismo romano sino que se observa en otras religiones. Umberto Eco lo definió como la pretensión de que los principios religiosos deben ser los modelos de la vida política y fuente de las leyes del Estado. Nosotros lo hacemos extensivo a la vida social, económica y cultural de la sociedad.

En el caso del catolicismo, las pretensiones de los grupos integristas pasan por exigir a gobernantes y legisladores que gestionen y legislen bajo los principios contenidos en el catecismo católico y el pensamiento de la oligarquía episcopal. No importa que el Congreso deba legislar para todos, creyentes de diversos credos y no creyentes. Debe hacerlo conforme lo que dice el Papa católico. He ahí el peligro para la democracia y el sistema republicano.
No fue otra cosa la que se observó el año pasado al tratarse el matrimonio igualitario, sumada a la carga de violencia verbal y amenazas de fuegos apocalípticos y “guerras santas”. Se repitió días pasados en el Congreso de la Nación al llevarse a cabo conferencias sobre el aborto.
De modo que el documento en cuestión es producto de los sectores representativos del modelo eclesial que impera actualmente, afín y obediente a la oligarquía que dirige la institución, no viéndose reflejados en él los otros modelos ni grupos laicos que conforman el mundo católico.

2. Planteo del problema

Teniendo presente aquellos datos y aprovechando que el documento se pone a consideración de la ciudadanía, resulta interesante analizar sus principios, valores y propuestas con la finalidad de: a) demostrar que el documento no es un conjunto aséptico de buenas intenciones sino que es producto de una ideología más, cual es, el pensamiento de los obispos plasmados en la DSI; b) recordar que la Doctrina Social de la Iglesia fue utilizada por las dictaduras militares de Argentina y Chile y por gobiernos antidemocráticos actuales y, c) destacar que el modelo de sociedad que se esconde detrás de las buenas intenciones del documento reviste numerosos riesgos para el pluralismo ético, la laicidad de la sociedad y la plena vigencia de los derechos humanos.

3. El carácter ideológico de la DSI

El documento echa raíces en “las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia, en particular las emanadas del Episcopado Argentino en los últimos tiempos”.

Pretender que la DSI funcione como una herramienta aséptica para combatir los problemas que plantea la construcción de un sistema republicano y democrático implica una posición ingenua, que se queda a mitad de camino entre el sentirse bien y los buenos sentimientos.
La DSI es una ideología más con intereses bien delimitados que no son otros que los de la oligarquía clerical católica. No es nuevo el debate respecto a si la DSI es una ideología. La cuestión fue abordada oportunamente por teólogos de la talla de M. D. Chenu en su obra “La doctrine sociale de l’ Église comme idéologie”. En ella criticaba no sólo el método deductivo que utiliza dicha Doctrina, para nosotros, principal causa de su fracaso e inaplicabilidad. Sostuvo que “a menudo sirvió, y sirve todavía, de respaldo ideológico a quienes, detentando el poder económico y político, procuran mantener el statu quo”. Es lo que ocurrió recientemente con el golpe de Estado en Honduras al que más adelante se hará referencia.

El catolicismo está fragmentado no sólo colectivamente. También se refleja en las opiniones relativas a este punto. Están aquellas que consideran que la DSI no es una ideología, como la de los obispos latinoamericanos en el Documento de Puebla, donde manifestaron: “Ni el Evangelio ni la Doctrina o Enseñanza Social que de él proviene son ideologías. Por el contrario, representan para éstas una poderosa fuente de cuestionamientos de sus límites y ambigüedades. La originalidad siempre nueva del mensaje evangélico debe ser permanentemente clarificada y defendida frente a los intentos de ideologización” (Nº 540).
También los papas se expresaron en ese sentido: “La fe cristiana se sitúa por encima y a veces en oposición a las ideologías en la medida en que reconoce a Dios, trascendente y creador, que interpela a través de todos los niveles de lo creado el hombre como libertad responsable” (2). Juan Pablo II siguió el mismo criterio en la encíclica “Sollicitudo rei socialis” (Nº 41).
Aquellas posiciones contienen dos errores: 1) el evangelio (como lo presenta la iglesia católica romana), no viene en estado puro, aséptico, sino con un contenido político, social y cultural muy marcado ya que relata características de las sociedades antiguas: organización de los gobiernos, autoridad política, rol de la mujer, trabajo; 2) un intento autoritario y soberbio de situarse por encima y a veces en oposición a las ideologías, como advirtiendo que el pensamiento católico contiene elementos que lo harían “superior” a los demás.

Sin embargo, que papas y obispos afirmen que la DSI no es una ideología no significa garantía alguna de certeza.

Existen otras opiniones dentro del colectivo católico que sí consideran a la DSI como una ideología. Destacan el “sistema de ideas”: “Cuando se despoja al concepto de “ideología” de toda connotación peyorativa o ligada a intereses, el vocablo ideología toma el sentido de conjunto o sistema de ideas acerca de una o más cuestiones. Por ende, con esta acepción, no hay por qué negar que la Doctrina Social de la Iglesia contiene y expresa una ideología en lo que viene a ser la sumatoria de ideas en torno de principios y valores que se relacionan con las materias propuestas por el magisterio” (3).

En similar línea Mario P. Seijo. “Hay así una ideología liberal que explicita los principios y la doctrina liberal. Así como hay una ideología marxista que explicita los principios y la doctrina marxista. Como también hay, gracias a Dios, una ideología social cristiana que responde a los principios y a la Doctrina de la Iglesia” (4). Esta última definición distingue la Doctrina Social de la Iglesia, de la Doctrina Social Cristiana.

No obstante aquellas posiciones contrarías fueron – paradójicamente – los propios obispos latinoamericanos quienes, con su definición de ideología plasmada en el mencionado Documento de Puebla, confirmaron el carácter ideológico de la DSI: “Llamamos aquí ideología a toda concepción que ofrezca una visión de los distintos aspectos de la vida, desde el ángulo de un grupo determinado de la sociedad” ((Nº 535).

Conforme esa definición toda ideología contiene: a) una concepción, idea o pensamiento, b) una visión, perspectiva o punto de vista de los diversos aspectos de la vida de los hombres, c) la elaboración por un grupo determinado de la sociedad.

Y los tres aspectos se encuentran en la DSI: a) un corpus doctrinal; b) un punto de vista de los diversos aspectos de la vida de los hombres (persona, matrimonio, familia, trabajo, economía, comunidad política, poder político, comunidad internacional); c) elaboración por un grupo determinado de la sociedad. En el caso que nos ocupa, la DSI es elaborada exclusivamente por los obispos católicos, no hay participación del laicado en su elaboración.

Esos presupuestos pueden ser completados por otros que suministra la ciencia política, también presentes en la DSI, a saber: 1) una interpretación de la historia; 2) un sistema de expectativas o programa de realizaciones futuras, y 3) un método de acción.

Es decir, desde el pensamiento de los obispos y desde la ciencia política se establecen los presupuestos necesarios que permiten identificar a la DSI como una ideología más. Y hay otro factor que es fundamental: la sensibilidad a los cambios sociales.

Las ideologías se encuentran históricamente condicionadas por la estructura social y económica de las sociedades. De manera que cualquier cambio estructural, por minúsculo que sea, influye en la actualidad o vigencia de una posición ideológica, la convierte en actual o en inactual, hace de ella un instrumento reaccionario o revolucionario, la transforma en la imagen de un orden social deseable o aborrecido (Fayt). Eso es precisamente lo que ocurre con la visión que la DSI tiene, por ejemplo, de la familia, el matrimonio, el papel de la mujer en la sociedad. Es una visión inactual, reaccionaria, superada históricamente. Visión que vastos sectores del catolicismo tampoco aceptan, con casi nulos aportes de las ciencias.

Y si desde la perspectiva teórica la Doctrina Social de la Iglesia es una ideología, la experiencia y práctica de los grupos religiosos no deja lugar a dudas. El integrismo, minoría extremista y violenta que hace visible el disenso episcopal en las políticas públicas que van en contra de su pensamiento, ha instrumentalizado la DSI en cuestiones de naturaleza política, social y cultural. Ya se hizo referencia a la ley de matrimonio igualitario, respecto a la cual, grupos extremistas católicos asociados con grupos evangélicos se opusieron con una carga de violencia considerable.

Pretenden imponer su visión a toda la sociedad, creyentes y no creyentes, católicos y no católicos. Es una visión totalitaria con pretensiones de convertir a la iglesia católica en una organización con poder de veto (otro ejemplo lo tuvimos en Mendoza con el bochornoso acto de censura del cura de Malargüe), y a los gobernantes y legisladores elegidos democráticamente en títeres de un monarca absoluto, el Papa, jefe de un Estado extranjero.
Resulta claro entonces que, desde la teoría como la experiencia y la praxis, la Doctrina Social de la Iglesia es una ideología más. De modo que el documento del laicado católico al sostener que “tiene en cuenta las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia, en particular las emanadas del Episcopado Argentino en los últimos tiempos”, no hace otra cosa que confirmar que dicha ideología es la que nutre el referido instrumento.

4. La Doctrina Social de la Iglesia: aval de gobiernos antidemocráticos y dictaduras militares de América Latina. El peligro de las notas totalitarias

Se adelantó la opinión del teólogo M. D. Chenu quien en su obra no sólo criticó el método deductivo utilizado por la DSI sino que destacó que “a menudo sirvió, y sirve todavía, de respaldo ideológico a quienes, detentando el poder económico y político, procuran mantener el statu quo”.

Un ejemplo cercano lo representó el golpe de Estado en Honduras perpetrado por la derecha política con el respaldo de la Conferencia Episcopal de ese país. Producido el golpe, el presidente Porfirio Lobo manifestó que la Doctrina Social Cristiana sería el “fundamento en la acción del gobierno” (5); mientras el cardenal golpista Rodríguez Madariaga prometía una “regeneración moral” en ese país conforme el orden moral católico (6).

Y es lo que ocurrió, también, en las dictaduras militares de Argentina y Chile cuyos genocidas recurrieron en sus discursos a elementos contendidos en la Doctrina Social de la Iglesia como mitos para legitimar sus discursos y actuación política. Algunos ejemplos son la civilización occidental y cristiana, el iusnaturalismo, el hispanismo, entre otras citadas por Miguel Rojas Mix (7).

El caso del iusnaturalismo, presente en la DSI, es paradigmático. Dice el autor citado: “El iusnaturalismo fue uno de los argumentos de legitimación del aparato represivo dictatorial. De sus postulados teóricos el autoritarismo retenía y manipulaba como fundamentos discursivos los siguientes principios: 1) la noción de persona humana: esencia anterior al Estado; 2) la concepción orgánica y jerárquica de la sociedad: el “orden natural”; 3) la noción de bien común, fin último del Estado; 4) la subordinación del derecho positivo al derecho natural, y finalmente 5) la noción de derecho de resistencia” (8). Son los mismos argumentos utilizados en la actualidad por el integrismo que pueden encontrarse en las actas de las audiencias públicas desarrolladas el año pasado tanto en las provincias como en el Congreso de Nación relativas ejemplo mencionado.

A esos nefastos antecedentes, se suma el peligro de introducir en nuestro joven sistema democrático las notas totalitarias que el actual monarca vaticano propugna para que la sociedad “vuelva a Dios”. Es que el enemigo eterno de la oligarquía religiosa vaticana fue y seguirá siendo “el individuo laico de las libertades sin Dios”, al decir del filósofo italiano Paolo Flores d’Arcais.

Los totalitarismos de cualquier signo – incluido el religioso – detestan la autonomía de los hombres: “El secreto más auténtico del totalitarismo no es el ateísmo, sino la voluntad  de anular al individuo concreto, que es siempre y únicamente fragmento, en favor de la comunión despótica y la negación de las diferencias. El integrismo católico parece enemigo del totalitarismo, pero sólo es su competidor, porque ambos rechazan radicalmente el irreductible ser humano en su singularidad y la autodeterminación de su propia existencia” (9).

5. Los riesgos del modelo social de los obispos católicos

Dado que los fundamentos del documento son “las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia, en particular las emanadas del Episcopado Argentino en los últimos tiempos”, necesariamente hay que remitirse al pensamiento del llamado magisterio pontificio y episcopal contenidos en diversos documentos para enterarse qué modelo de sociedad proponen. Y este no se caracteriza precisamente por ser inclusivo socialmente, ni democrático, ni por consolidar derechos humanos básicos.

Los principios y valores propuestos son los siguientes:

“a) La dignidad de toda persona humana, origen, centro y fin de la vida social, sujeto de la integridad de los derechos humanos”.

Nada nuevo si se lo compara con lo declarado en la Constitución Nacional y Tratados Internacionales sobre Derechos Humanos con jerarquía constitucional.

El primer problema que salta a la vista es el de la coherencia de la institución en lo relativo a la defensa de la dignidad de las personas.

Por un lado, la iglesia católica lleva a cabo actividades de asistencialismo que son positivas e innegables. El Pbro. Guillermo Marcó hizo una enumeración de las tareas que el catolicismo lleva a cabo a favor de la dignidad de las personas, que van desde la existencia de organismos como Caritas con miles de voluntarios que ayudan con alimento y vestimenta a los más necesitados; la ayuda a los discapacitados a través de los cotolengos de Don Orione; “la atención pastoral en las cárceles, en los hospitales; el servicio a los migrantes; la asistencia a las madres solteras; a los menores en riesgo; a los adictos; la pastoral aborigen”, pasando por la presencia de los curas villeros y los centros educativos en todos los niveles. (10)

Pero por otro lado, la institución ha sido pionera en denigrar a las personas, sobre todo a las mujeres, célebre por fomentar la violencia física y verbal mediante la intervención en genocidios, matanzas, dictaduras militares y guerras de religión durante siglos. No se equivocó el teórico del ateísmo Chiristopher Hitchens cuando sostuvo en un capítulo de su obra que la “religión mata”, y relata sus experiencias en ciudades como Belfast, Beirut y Belgrado, entre otras, donde se asesina por convicciones religiosas: “En Belfast he visto calles enteras quemadas por la batalla campal sectaria entre diferentes facciones cristianas…”. En Beirut… “el principal partido cristiano era en realidad una milicia católica denominada Falange…”; la cuestión en Belgrado (hasta la década de 1980, capital de Yugoslavia), se centra “en la creación de un Estado títere de los nazis, centrado en Croacia, que gozaba del amparo del Vaticano y que con toda naturalidad trataba de exterminar a todos los judíos de la región, pero que también desarrolló una campaña de conversión obligatoria dirigida a la otra comunidad cristiana” (se refiere a los cristianos ortodoxos, la mayoría serbios) (11).

Al problema de la coherencia se le suma el de la credibilidad. Es inevitable la sensación de hipocresía que surge al comparar la “preocupación” por la dignidad de toda persona humana con los miles de ultrajes de vidas de niños y niñas que han sufrido abusos sexuales perpetrados por sacerdotes católicos, encubiertos por Juan Pablo II y el actual Papa, y mantenidos en la impunidad durante decenas de años por un sistema jurídico perfectamente diseñado para proteger a los delincuentes. Basta un solo ejemplo de la “preocupación” por la defensa de la dignidad humana: el de un sacerdote llamado Oliver O’Grady, un animal que violó a un bebé de 9 meses con pleno conocimiento de la jerarquía episcopal estadounidense y, obviamente, encubierto hasta que el caso salió a la luz pública. Hágase extensivo ese monstruoso ejemplo a miles de casos por todo el mundo que, de no ser por la valentía de las víctimas y la acción de los medios de comunicación, seguirían siendo encubiertos y silenciados por quienes se “preocupan” por la dignidad del ser humano.

Tercer problema: si como bien dice la primera propuesta, la persona humana “es sujeto de la integridad de los derechos humanos” ¿qué credibilidad puede tener en la materia una institución que en pleno siglo XXI no ha firmado ni adherido a la Declaración Universal de los Derechos del Hombre de 1948, y que en su propio ordenamiento jurídico mantiene normas violatorias de derechos y garantías fundamentales?

Como señala el teólogo José María Castillo “la iglesia católica tal como está organizada y tal como de hecho funciona, no puede aceptar el texto íntegro de la Declaración Universal de los Derechos del Humanos. Porque no puede aceptar la igualdad efectiva y real de hombres y mujeres. Ni la libertad de expresión y enseñanza sin recortes. Ni las garantías jurisdiccionales en el enjuiciamiento y medidas disciplinarias. Ni la participación de todos los miembros de la Iglesia en la designación de los cargos eclesiásticos. Y la lista de cosas que la Iglesia no puede aceptar, en lo referente a derechos humanos, se podría alargar mucho más”. (12)

El principio valor comentado se relaciona con el punto a) de la agenda electoral sugerida, es decir, la necesidad de la iglesia de conocer qué proponen los candidatos a cargos públicos electivos respecto a “la protección de la vida desde su concepción y hasta su término natural. En especial el cuidado de mujeres, niños y ancianos que sufren diversas formas de abandono”.
En este otro punto vuelve a presentarse el problema de la credibilidad y la coherencia de la institución. Con un eufemismo se hace referencia al aborto y se hace extensivo a cuestiones bioéticas (término de la vida), problemas sociales que deben ser contemplados por el Estado mediante políticas públicas y legislación laicas.

Ahora bien, la iglesia católica romana “defensora de la vida” es la misma que silenció la violación de cientos de monjas a manos de sacerdotes en 23 países, embarazadas y sometidas a abortos. Estos hechos fueron denunciados en la revista estadounidense National Catholic Reporter en 2001 mediante informes realizados por las religiosas María O’Donohue y Maura McDonald. El problema, admitido por el Vaticano, motivó que el Parlamento Europeo sancionara la Resolución “Sobre la violencia sexual contra las mujeres y en particular contra religiosas católicas” de fecha 05/04/2001.

El último punto no tiene desperdicio, lo transcribimos: “G) Recordando que el abuso sexual constituye un delito contra la persona humana y que los autores de estos delitos tienen que ser entregados a la justicia,

1. condena toda violación de los derechos de la mujer así como los actos de violencia sexual, en particular contra religiosas católicas, y expresa su solidaridad con las víctimas,

2. pide que los autores de estos delitos sean arrestados y juzgados por un tribunal; pide a las autoridades judiciales de los 23 países citados en el informe que garanticen que se aclaren totalmente en términos jurídicos estos casos de violencia contra las mujeres;

3. pide a la Santa sede que considere seriamente todas las acusaciones de abusos sexuales cometidos dentro de las propias organizaciones, que coopere con las autoridades judiciales y que destituya a los responsables de cualquier cargo oficial;

4. pide a la Santa Sede que reintegre a las religiosas que han sido destituidas de sus cargos por haber llamado la atención de sus autoridades sobre estos abusos, y que proporcione a las víctimas la necesaria protección y compensación por las discriminaciones de las que podrían ser objeto en lo sucesivo;

5. pide que se haga público el contenido integral de los cinco informes citados en el National Catholic Reporter;

6. encarga a su Presidente que transmita la presente resolución al Consejo, a la Comisión, a las autoridades de la Santa Sede, al Consejo de Europa, a la Comisión para los derechos humanos de las Naciones Unidas, a los gobiernos de Botswana, Burundi, Brasil, Colombia, Ghana, India, Irlanda, Italia, Kenya, Lesotho, Malawi, Nigeria, Papúa Nueva Guinea, Filipinas, Sudáfrica, Sierra Leona, Uganda, Tanzania, Tonga, Estados Unidos, Zambia, República Democrática del Congo y Zimbawe”.

Esta iglesia católica que defiende la vida, es la misma que miró para otro lado y avaló el robo de bebés durante la última dictadura militar argentina convirtiéndose en cómplice de un delito aberrante: la eliminación del derecho a la identidad de las personas. Ahí no existió ni preocupación  ni defensa de la vida del recién nacido, y fueron más allá: se le daba la comunión a los genocidas porque esos sí que eran “buenos cristianos”. Tampoco le importó la vida de sus propios religiosos y laicos que fueron detenidos y asesinados por las fuerzas armadas, muchos de ellos, entregados por la propia oligarquía episcopal.

La posición de los obispos en el tema aborto deja ver, además, una posición reduccionista ya que no tiene en cuenta el punto de vista de los sectores del progresismo católico que sí están a favor de la interrupción del embarazo; y machista por cuanto tampoco tiene en cuenta la opinión de vastos sectores de mujeres católicas y feministas sean laicas, teólogas o religiosas que también adhieren a esa práctica. Un ejemplo de ello lo tenemos con el colectivo “Católicas por el derecho a decidir”, cuyas propuestas son educación sexual para decidir, anticonceptivos por no abortar y aborto legal para no morir. En ese orden.

El problema social del aborto atañe a las políticas sanitarias públicas que el Estado deberá darle solución tarde o temprano, despenalizando o no el mismo dentro del marco normativo de la Constitución y los Tratados sobre Derechos Humanos incorporados a nuestro ordenamiento jurídico.

Es un problema donde, según la opinión de Gabriel Pereira, están presentes contextos de discriminación de género, pobreza, exclusión y desigualdad. Y las respuestas de la ideología católica para ese complejo entramado conllevan escasas soluciones. Por lo tanto la solución al problema es laica, no es una solución religiosa.

Pasamos a la segunda propuesta

b) “La familia, como célula básica esencial de la sociedad, sujeto de derechos y obligaciones inalienables, primera y principal responsable del crecimiento y de la educación de los hijos”. Asimismo, guarda relación con el segundo punto de la agenda electoral: “El fortalecimiento de la familia como prioridad social”.

El principio no ofrece reparos desde el momento en que la propia Constitución en el artículo 14 bis tercer párrafo habla de “protección integral de la familia”, pero sin ningún tipo de aditamentos. Familia a secas, en sentido amplio conforme los aportes del joven Derecho Constitucional de Familia.

Ahora bien ¿qué familia promueven los obispos católicos? La familia “natural”. Nuevamente la ideología se hace presente, ideología excluyente, discriminatoria y desfasada de la realidad en materia familiar.

Las ciencias que se dedican al estudio del fenómeno hablan de diversos tipos de familias. Nuevos grupos que han surgido por diversos motivos, sobre todo, culturales y por los nuevos roles que tienen las mujeres. Es la cultura y no la naturaleza la que marca la evolución de los referidos grupos.

Así ciencias como la antropología, la demografía y la psicología distinguen nuevos grupos familiares como son las familias de homosexuales, de lesbianas, familias ensambladas, familias  monoparentales, de madres solteras, de mujeres solas, de divorciados vueltos a casar. A ellas pueden sumarse las familias formadas por sacerdotes casados con o sin hijos, humillados por la institución quien los trata de traidores y calificados de delincuentes por el Código de Derecho Canónico (canon 1394  § 1).

No obstante aquellas realidades, los obispos católicos insultan y desprecian a esas nuevas familias sosteniendo que no son “verdaderas”, es decir, son falsas familias. El actual monarca vaticano – Benedicto XVI – no tolera que los gobiernos democráticos laicos legislen para brindar tutela legal a la problemática que presentan esos grupos humanos. Así sostuvo que “la sociedad no debe alentar modelos alternativos de vida doméstica en nombre de una supuesta diversidad” (13).

Siguiendo la misma línea discriminatoria y violenta, la Conferencia Episcopal Argentina sostuvo en su trabajo denominado “Educación para el amor”, lo siguiente: “Madres y padres solteros, uniones de hecho divorciados vueltos a casar, familias ensambladas, hijos extramatrimoniales… constituyen nuevos núcleos familiares alejados del modelo de familia provenientes del Dios Uno y Trino y de la Sagrada Familia de Nazareth. Debemos reconocer que son realidades familiares que merecen respeto y comprensión, pero que ciertamente no son modélicas: la familia se funda sobre el amor y consagración de un varón y una mujer unidos en matrimonio, con el fin de crecer en el amor y donar vida en la procreación” (14).
El párrafo no deja lugar a dudas por su carácter discriminatorio y por violar la libertad de elección de mujeres y varones en materia familiar, el histórico odio clerical a la libertad del hombre y su autonomía; en segundo lugar, el agravio a todas aquellas personas de buena fe que eligieron uno de aquellos estados o fueron llevados a ellos por las circunstancias de la vida; tercero, la falacia de creer que sólo en el matrimonio católico se “crece en el amor”; cuarto, el anacronismo y ridiculez de pretender que en pleno siglo XXI los matrimonios (todos) sean como la “sagrada familia”, el matrimonio Josefita, matrimonio no consumado si es verdad que María no tuvo relaciones sexuales con José, y donde no hay evidencias que la sexualidad de esa pareja se haya vivido en plenitud. En el imaginario de los obispos, sujetos que en teoría tienen prohibido enamorarse, mantener relaciones sexuales, tener hijos y formar una familia, el “ejemplo” de familia es un ideal de otra cultura y de otro tiempo, cuyos detalles de convivencia y roles se sabe prácticamente nada.

Como sostiene Juan José Tamayo, “la familia cristiana idealizada como ejemplo de virtudes, con la sagrada familia de Nazaret como modelo a imitar. Una familia en la que el padre no es padre, la madre es virgen y el hijo es Dios. ¡Imposible de imitar!” (15).

El modelo de familia que esconde el documento que comentamos no sólo es discriminatorio sino excluyente en lo social y violatorio de las libertades de varones y mujeres. Se atribuye la autoría del mismo al dios católico uno y trino del que la mayoría de sus bautizados ya no creen, y respecto al cual el resto de la sociedad argentina tampoco tiene por qué creer.

Todo lo dicho se ve corroborado por la “Nota Doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida pública”, elaborada por la Congregación para la Doctrina de la Fe, la inquisición romana que todavía existe pero con otro nombre y otras prácticas.

Dirigida “a los Obispos de la Iglesia Católica y, de especial modo, a los políticos católicos y a todos los fieles laicos llamados a la participación política en la vida pública y política en las sociedades democráticas”, las órdenes que contiene son clarísimas respecto al modelo excluyente y discriminatorio que se quiere imponer. Deben trabajar los católicos por “la promoción de la familia fundada en el matrimonio monogámico entre personas de sexo opuesto y protegida en su unidad y estabilidad, frente a las leyes modernas sobre el divorcio. A la familia no pueden ser jurídicamente equiparadas otras formas de convivencia, ni estas pueden recibir, en cuanto tales, reconocimiento legal”.

Se leyó bien: nulo reconocimiento estatal a las cientos, miles, millones de familias que no son “naturales”, ni a sus problemas, ni a la violencia de género que muchas veces se sufre, ni a ninguno de los efectos jurídicos que pueden plantearse en los nuevos núcleos que han surgido con los cambios culturales. ¿Puede haber una posición más inhumana y autoritaria?
La legislación en materia familiar de un Estado aconfesional como el argentino no tiene como fuente el catecismo católico sino los problemas de la sociedad, de mujeres y varones concretos, de nuevos fenómenos sociales que van surgiendo con los cambios culturales y que hay que solucionar. Son los representantes de la sociedad (gobernantes, legisladores), quienes deben gobernar para todos, creyentes y no creyentes; ni el Papa ni los obispos son representantes del pueblo.

Siguiente principio

c) “La libertad originaria de los ciudadanos y la subsidiaridad del Estado para garantizar una educación en valores humanos y democráticos”.

¿Puede ser sincera la propuesta de una institución que históricamente se ha opuesto a la libertad del hombre, y que en la actualidad su política y prácticas van en contra de su autonomía?

¿A qué valores humanos y democráticos se referirá el documento? ¿A la libertad de conciencia, no reconocida en el Código de Derecho Canónico? ¿A la libertad de pensamiento, sancionada como delitos de herejía o apostasía en el mismo cuerpo normativo? ¿Al derecho a la intimidad, tampoco legislado? De nuevo la paradoja: una institución donde las libertades están recortadas al máximo y existen numerosas normas contrarias a derechos humanos básicos.

Respecto a los valores, hay un discurso de sectores políticos serviles y obsecuentes a la oligarquía episcopal que promueven en sus discursos “los valores” y los identifican tácitamente con la religión católica. Se confunde a la sociedad y no se distingue la ética laica, de la moral católica, que en varios aspectos pueden coincidir pero en otros no. Todos los actos de los ciudadanos deben estar regidos por la ética, independientemente de la religión que se practique. La religión, tal vez, ponga un valor agregado a aquellos valores, tal vez no.
La moral católica, sus valores y orden moral sólo obligan a los practicantes de esa religión. No obligan al resto de la sociedad, mucho menos a los gobernantes que deben regirse por la ética laica. Y si analizamos históricamente qué han hecho los gobernantes (civiles y militares), que públicamente se han mostrado como católicos puede decirse que no han sido muy “modélicos” si a moral se refieren. Ejemplos sobran.

Friedrich Nietzsche hizo referencia al “orden moral” católico con toda crudeza: “¿Qué significa “orden moral”? Significa que hay de una vez por todas una voluntad de Dios respecto a lo que el hombre debe hacer y debe no hacer; que el grado de obediencia a la voluntad de Dios determina el valor de los individuos y los pueblos; que en los destinos de los individuos y los pueblos manda la voluntad de Dios, castigando y premiando, según el grado de obediencia. La realidad subyacente a tan lamentable mentira es esta: un tipo humano parásito que sólo prospera a expensas de todas las cosas sanas de la vida, el sacerdote, abusa del nombre de Dios: al estado de cosas donde él, el sacerdote, fija el valor de las cosas le llama “el reino de Dios”, y a los medios por los cuales se logra y mantiene tal estado de cosas, “la voluntad de Dios”; con frío cinismo juzga a los pueblos, tiempos e individuos por la utilidad que reportaron al imperio de los sacerdotes o la resistencia que le opusieron” (16).

Por su parte, Fernando Savater sostuvo que las religiones “pueden decretar para orientar a sus creyentes qué conductas son pecado, pero no están facultadas para establecer qué debe o no ser considerado legalmente delito” (17)

Un Estado laico debe promover valores éticos laicos coincidan o no con los religiosos.
Siguiente principio.

d) “El bien común como fin de la sociedad y del Estado; por lo tanto de todas las acciones de gobierno y de ciudadanía. Los ciudadanos somos beneficiarios y corresponsables del bien común de nuestra Nación”.

La versión católica del bien común se puede encontrar en la Constitución Pastoral Gaudium et Spes cuyo N° 26 lo define así: “el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección”.

La definición, vigente en la actualidad, presenta varios inconvenientes: primero, al ser una noción ideologizada es sensible a los cambios culturales y sociales, por ende es un concepto residual y remanente de la década del 60 (Gaudium et Spes se sancionó el 7 de diciembre de 1965); segundo, aparece acá el problema del método deductivo inaplicable a las innumerables situaciones particulares que viven las sociedades producto de las diversas culturas y costumbres.

Al ser tan general y vacía de contenido no se sabe a ciencia cierta qué asociaciones y qué miembros de la vida social pueden acceder al conjunto de condiciones de vida que les permita el más pleno y fácil logro de su propia perfección y cómo se compone ese conjunto de condiciones.

Cabe recordar que el argumento del bien común fue sostenido por los extremistas católicos y evangélicos para oponerse al matrimonio igualitario. Su admisión iba en desmedro del bien común de los argentinos.

¿Debe entonces entenderse que sectores sociales como los homosexuales y lesbianas no entran en el concepto de bien común del catolicismo? ¿Qué pasa con otros sectores, por ejemplo, los que luchan por los derechos y libertades de las mujeres? Esta visión católica del bien común ¿alcanza a los derechos sexuales y reproductivos? ¿Tendrá en cuenta los nuevos problemas del derecho constitucional de familia? La cuestión no es tan lineal ni tan simple como la plantea la DSI.

Tercer problema: el nulo aporte de las ciencias, algo reiterado en el pensamiento episcopal. El problema del bien común se relaciona con los fines del Estado, cuestión fundamental abordada tanto por la Ciencia Política como por la Teoría del Estado. Dependerá en qué posición epistemológica uno se sitúe para determinar si el Estado tiene fines y cuáles son, o si sólo tiene funciones y en qué consiste cada una de ellas. Hay teóricos que, incluso, consideran que el bien común no existe, por ejemplo, Schumpeter para quien no existe el bien común de todos ya que “para los diferentes individuos y grupos, el bien general significa cosas diferentes”. (18)
De manera que, tal como está planteado, resulta un tanto ingenua la proposición y es más bien una buena intención.

El tan manoseado bien común es una construcción de toda la sociedad que debe trabajar para remover los obstáculos políticos, económicos, sociales y culturales, remoción a la que muchas veces la propia iglesia católica se ha opuesto. El catolicismo, si bien participa como un actor más y propone, no tiene la última palabra en el asunto. No hay verdades absolutas en materia de bien común y fines del Estado.

Siguiente principio

e) “El destino universal de los bienes, la solidaridad y la participación rigen la vida política y social de los pueblos en orden a generar igualdad de condiciones, sin excluidos ni desechables, conforme a nuestra dignidad de personas. En nuestro país adquieren principal relevancia la opción preferencial por los pobres y el fortalecimiento de nuestro sistema democrático”.

Las cuestiones de la participación y el fortalecimiento democrático serán analizadas en el punto siguiente. Interesan ahora dos puntos:

– El problema de la igualdad de condiciones: ¿a qué condiciones se refieren? ¿Cómo se aplica la igualdad de condiciones en la iglesia católica? ¿Varones y mujeres son tratados del mismo modo en esa institución? ¿Existe la igualdad de oportunidades? Según el Derecho Canónico las mujeres ¿tienen la misma capacidad jurídica que los varones?

El problema de la igualdad como derecho humano relativo a las mujeres dentro de la iglesia, lleva de modo directo a la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, instrumento internacional que la Santa Sede no ha firmado ni adherido.

Y si legalmente la institución va en contramano de lo que predica, en la práctica la cuestión no es mucho mejor por la misoginia que se trasluce en sus praxis.

La propuesta de consolidar la igualdad de condiciones conduce, también, “al” problema de la igualdad religiosa en la Argentina. Nos referimos a la igualdad de trato que el Estado debe deparar a las organizaciones e instituciones religiosas que en nuestro ordenamiento jurídico está vulnerada por un ignominioso sistema de privilegios del que goza la iglesia católica en desmedro de otros credos que sólo se sostiene por tradiciones y costumbres cuya caducidad se ha visto reflejada en las últimas encuestas realizadas en nuestro país.

Dicho sistema de privilegios se estructura en cuatro pilares: el art. 2 de la C.N.; el art. 33 del Código Civil; el Concordato con la Santa Sede de 1966 firmado durante la dictadura militar de Onganía, y el conjunto de leyes “sancionadas” durante la última dictadura militar y que se refieren al sostenimiento económico de la iglesia.

Entre ellas se encuentra la ley 21.950 con la que el genocida Jorge Videla premió a sus obispos y cuyos primeros artículos dicen textualmente: art. 1: “Los arzobispos y obispos con jurisdicción sobre arquidiócesis, diócesis, prelaturas, eparquías y exarcados del Culto Católico Apostólico Romano gozarán de una asignación mensual equivalente al 80% de la remuneración fijada para el cargo de Juez Nacional de Primera Instancia, hasta que cesen en dichos cargos”. El art. 2 dispone: “Los Obispos Auxiliares de las jurisdicciones señaladas en el Artículo 1º y el Secretario General del Episcopado tendrán una asignación mensual equivalente al 70 % de la remuneración fijada para el cargo de Juez Nacional de Primera Instancia, hasta que cesen en dichos cargos”.

La “asignación” pagada con fondos públicos convierte a la oligarquía episcopal en un parásito en términos políticos y económicos, pagados por toda la sociedad para que anuncien en sus sermones que Jesús fue ¡¡pobre!! ¿Hay antecedentes de que Jesús recibiera pagos de Poncio Pilato o alguna autoridad política de su época?

Respecto a esta vergonzante ley, cuya inconstitucionalidad es innegable, el presidente del bloque de diputados de la Concertación, Hugo Prieto, presentó días pasados un proyecto de ley donde propone que los arzobispos, obispos, obispos auxiliares y el secretario general del Episcopado sean incluidos entre los funcionarios públicos obligados a presentar sus declaraciones juradas patrimoniales. Dicha propuesta fue calificada por los sectores integristas católicos de “polémica” ¿polémica para quién?

– La opción preferencial por los pobres: obispos católicos ricos, disfrutando de los beneficios del capitalismo sin ningún tipo de trabajo productivo para los argentinos, reciben asignaciones estatales mientras se llenan la boca con la opción preferencial por los pobres ¿es creíble esto? ¿No será una tomada de pelo?

Último principio

f) “La subsidiaridad va de la mano con la participación y la solidaridad para permitir y favorecer el verdadero desarrollo humano y social: ni un Estado que abandona ni uno que lo hace todo”.

Buena intención pero vacía de contenido, ya que la expresión “ni un Estado que abandona ni uno que lo hace todo”, dependerá fundamentalmente cómo intervenga el Estado en la economía, de manera directa o indirecta. Históricamente los sectores empresarios argentinos no se han mostrado muy amigos del principio de subsidiariedad. Y eso que muchos de ellos aparecen públicamente como católicos confesos.

6. La participación ciudadana: haz lo que digo, no lo que hago

El de la participación ciudadana es otro de los puntos abordados en el documento que comentamos. Pero las buenas intenciones que sus autores demuestran van en contramano de lo que pasa en la iglesia católica.

El catolicismo romano tiene una estructura y organización monárquica, vertical, con una oligarquía de corte teocrático que gobierna, y un funcionariado y burocracia clerical que poco tienen que ver con el laico y judío Jesús, y mucho que ver con el Imperio Romano.
Obviamente, su funcionamiento es contrario a la democracia; derechos y libertades están restringidos a lo que dictamina aquella oligarquía mediante normas respecto a las cuales los laicos no tienen participación alguna en su formación. Todo un ejemplo a seguir e imitar. Si a ello se le suma una fuerte restricción a la igualdad jurídica y de oportunidades para mujeres y varones, la propuesta a la ciudadanía que analizamos no pasa de ser una caricatura.

Al ser la última monarquía absoluta del planeta sus postulados se aplican al funcionamiento de la institución en particular. Los laicos son súbditos del Papa y de la oligarquía que gobierna y se ven privados en pleno siglo XXI de las notas que caracterizan a los sistemas republicanos: división de poderes, responsabilidad de los funcionarios, igualdad ante la ley, periodicidad en las funciones. La publicidad de los actos de gobierno rige pero de modo restrictivo y según el capricho del clero. Asimismo, los sistemas participativos de elección de las autoridades mediante métodos democráticos de elección directa no existen. Todo el estamento clerical es impuesto sin tener en cuenta la opinión ni participación del laicado. Y en el caso de los obispos, se imponen por una decisión de la oligarquía vaticana.

Entonces ¿desde qué lugar y con qué experiencia un grupo de laicos católicos propone mejorar el sistema participativo de la joven democracia argentina?  ¿No tendrán que peticionar y luchar por la democratización real y efectiva de la institución a la que pertenecen? ¿Sabrán estos laicos cómo se elegían los obispos en la antigüedad? ¿Habrán investigado cómo el clero les usurpó el poder a los laicos? ¿Habrán comparado el funcionamiento de los primeros grupos cristianos (que no eran católicos), con el que se implantó desde el siglo IV dC con el emperador Constantino? ¿Tendrán idea si el concepto de autoridad era utilizado en las primitivas comunidades cristianas?

Por eso resultan contradictorios los planteos del punto 4 del Documento: “contar con información confiable y completa relativa a los antecedentes de los candidatos, tanto sobre sus capacidades como sobre sus actuaciones públicas y privadas, sus patrimonios y niveles de ingresos actuales, negocios, proyectos personales y para la gestión pública a la que se proponen y su conocimiento de los barrios y comunidades más carenciadas así como de las necesidades que las afectan”.

“… conocer además: ¿Qué intereses personales o de grupo los impulsan a ser candidatos a la función pública que se postulan? ¿Cómo tales intereses se subordinarán a sus servicios al bien común y en especial a los más pobres y excluidos? ¿Cómo harán para sostener en el tiempo los lineamientos de sus propuestas, sin sucumbir sometidos a intereses económicos o propios de la competencia política de cada momento?

¿Harán similares planteos a los candidatos a diáconos, sacerdotes, obispos, cardenales, y también a los papables? ¿O aplican la obediencia del cadáver?

Asimismo, la cuestión del control y fiscalización de lo que hacen las autoridades eclesiales es fundamental; pero la praxis institucional demuestra lo contrario. Un ejemplo vernáculo que ilustra lo que venimos sosteniendo respecto de la ausencia de control: las gestiones que el Arzobispado de Mendoza llevó a cabo ante la Santa Sede para que se le otorgara un título honorífico a un sacerdote que había sido expulsado del ejército español por abusador sexual, a cambio de dinero, asesoramiento y know how para un organismo eclesial que ha sido creado recientemente.

Preguntas que surgen solas ¿Quién controló a las autoridades? Estos laicos que elaboraron el documento ¿pidieron algún tipo de explicación? ¿Presentaron algún pedido de informes? ¿Se consumó el delito de simonía de parte de los intervinientes? ¿Qué tipo de responsabilidades se determinaron? ¿Hubo sanciones a los responsables?

Habrá que concluir, respecto a las propuestas sobre participación democrática, que sólo son buenas intenciones. Hay una abrumadora carencia de sustento teórico y sobre todo práctico. No hay praxis democrática en la iglesia católica. No hay ejemplo a seguir.

Finalmente, es positiva la enumeración de necesidades en conocer lo que proponen los candidatos con respecto a una seria de materias como por ejemplo la problemática de las adicciones; el tráfico de drogas, de armas y de seres humanos y la situación de adolescentes y jóvenes que no estudian ni trabajan, entre otros. No obstante, hay que advertir que detrás de cada una de aquellas materias también está la ideología episcopal con sus intereses sectoriales.

7. Breve síntesis

El documento elaborado por un sector del laicado católico y puesto a consideración de la ciudadanía reconoce diversos aspectos positivos: el ejercicio de la libertad de expresión de un grupo de ciudadanos y creyentes de la sociedad; sus aportes para el mejoramiento del joven sistema democrático argentino; la defensa de determinados principios, también compartidos por otras fuerzas y actores sociales; la innegable actividad asistencialista de la iglesia. Hechos positivos si se tiene en cuenta la histórica participación de determinados sectores católicos en todos los golpes de Estado que sufriera nuestro país. Aparentemente, se aprendió la lección.
El documento no contiene aportes laicos propiamente dichos. Es la repetición de los principios y valores elaborados por los obispos católicos en la DSI. No es producto de un pensamiento laico autónomo ya que ese carácter no se encuentra en grupos como el que elaboró el documento sino en el progresismo católico que, según la clasificación de Tamayo, propugna un modelo eclesial crítico poco visible en Mendoza. Como consecuencia de ello, no han participado de la elaboración del documento los otros grupos en que está dividido de hecho el catolicismo.

En cuanto a su contenido sólo implica un conjunto de buenas intenciones, de orientaciones ideales. Se fundamenta en la DSI, una ideología más, utilizada tanto por gobiernos antidemocráticos como por dictaduras militares de América Latina.

Detrás del documento, en apariencia aséptico, se esconde el modelo social que surge de la DSI que, por su atraso en el tiempo y nulo aporte de las ciencias, conlleva una serie de riesgos para la laicidad de la sociedad, el pluralismo ético y la plena vigencia de derechos históricos y de otros en franco progreso, como por ejemplo, los que tienen que ver con la reproducción, perspectiva de género, identidad y bioética actualmente estudiados por el Derecho Constitucional de Familia.

Los riesgos mencionados se potencian por dos razones: primera, son los sectores neoconservadores e integristas los que tienen mayor presencia en el catolicismo en la actualidad quienes defienden dicho modelo social excluyente con pretensiones de imposición a toda la sociedad; segunda, hay un sector de la clase política obsecuente y funcional a esos sectores religiosos que son permeables en gobernar con los dogmas y doctrinas religiosas católicas. El modelo social de los obispos es idéntico al que rige actualmente en la institución, en plena crisis, por expulsar vastos sectores de fieles.

Las buenas intenciones se contraponen a la lamentable realidad que le toca vivir al laicado católico en pleno siglo XXI: falta de democracia, participación totalmente dependiente de la oligarquía episcopal, condicionada a su capricho y autoritarismo; menoscabo a la libertad de conciencia y pensamiento en cuestiones políticas y sociales; restricción de derechos; igualdad condicionada a los dictados de la oligarquía, sobre todo, en lo relativo a participación de las mujeres.

Los discursos episcopales, en apariencia conciliadores y moderados en materia de defensa de derechos humanos, se ven contradichos no sólo por los documentos y encíclicas que dicen lo contrario, sino fundamentalmente por la praxis que se observa dentro de la institución.
De modo que luego de la lectura del documento surgen varios interrogantes: ¿Son suficientes los aportes que el grupo de laicos católicos proponen a favor de la democracia y la participación ciudadana? ¿Les alcanza sólo con las tareas asistenciales, o deberán madurar y llevar a cabo una efectiva promoción de las personas tal como lo pensaba Pablo VI en Evangelii Nuntiandi? ¿Tienen algo realmente cristiano para decirle a la ciudadanía, o sólo son portavoces de una oligarquía religiosa a la que hace tiempo le llegó la decadencia? ¿Seguirán anclados en una religión, cuyas doctrinas, dogmas, prácticas, liturgias y mandatos morales han caducado? ¿O harán una opción de vida por el ethos cristiano en el que no creen?

Tal vez haya que avisarles – como sostiene el filósofo Andrea Emo – que el catolicismo romano “contiene una cantidad enorme de valores morales, culturales y religiosos… una sola cosa ya no contiene: al cristianismo” (19). La ciudadanía hace tiempo que se dio cuenta.
El autor: Carlos Lombardi es abogado y profesor de Derecho Constitucional en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Cuyo.

NOTAS

(1) Tamayo, Juan José, “Las diversas tendencias eclesiales están en conflicto con peligro real de ruptura y sin apenas diálogo”, en www.redescristianas.net/…/juan-jose-tamayo-teologo-las-di…
(2) Pablo VI, Carta Apostólica Octogesima Adveniens, Nº 27.
(3) Bidart Campos, Germán. J., Doctrina Social de la Iglesia y Derecho Constitucional, 1ª ed., Buenos Aires, Ediar, 2003, p. 10.
(4) Seijo, Mario P., Doctrina Social de la Iglesia y Doctrina Social Cristiana, Buenos Aires, Ed. Ciencia Razón y Fe y Ed. Club de lectores, 1995, p. 17.
(5) www.religionenlibertad.com/index.asp?fecha=30/01/2010 –
(6) www.zenit.org/date2010-02-08?l=spanish –
(7) Rojas Mix, Miguel, El Dios de Pinochet: fisonomía del fascismo iberoamericano, 1° edición, Buenos Aires, Prometeo Libros, 2007.
(8) op. cit. p. 117
(9) Flores d’Arcais, Paolo, El desafío oscurantista, Barcelona, Anagrama, 1994, p. 35.
(10) caminomisionero.blogspot.com/…/la-iglesia-el-arbol-y-el-b…
(11) Hitchens, Christopher, dios no es bueno, 1º ed., Bs. As., Debate, 2008.
(12) Castillo José María, Iglesia y Derechos Humanos. Revista Exodo.
(13) “Fuerte rechazo de Benedicto XVI a las familias alternativas”. Fuente ANSA.
(14) Página 53.
(15) “Sagrada familia, ¿ejemplo a imitar?”, en www.redescristianas.net/…/sagrada-familia-¿ejemplo-a-imitarjuan-jose-tamayo-teologo/ –
(16) Nietzsche, Friedrich, El Anticristo, Ed. Edaf, Madrid, 2005, pág. 49.
(17) Savater, Fernando, La vida eterna, Ariel, 2007, Barcelona, p. 212.
(18) Schumpeter, José, Capitalism, Socialism, and Democracy, 4° ed. Londres, 1959, p. XII.
(19) Citado por Armando Mateo, Credos Posmodernos. De Vattimo a Galimberti: los filósofos contemporáneos frente al cristianismo, 1° edición, Buenos Aires, Marea, 2007.
Carlos Lombardi, es abogado, especialista en derecho canónico y docente de la UNCuyo

Fuente MDZ OnLine

Reflexión – Domingo 31 de julio de 2011 – 18 durante el año litúrgico (ciclo “A”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema(Mt. 14,13-21)

Jesús se entera de la muerte de Juan y se aleja para estar a solas. La multitud lo advierte y sigue por la orilla la trayectoria de la barca. Se encuentra con la gente al desembarcar y su compasión lo lleva a enterarse y remediar sus necesidades. Cuando ya atardece los discípulos le advierten que la gente tiene que irse para buscar alimentos y jesús les responde que ellos les den de comer. Ellos responden que sólo disponen de cinco panes y dos peces. Jesús los bendice y ordena a la gente que  se siente en el pasto y a los discípulos que distribuyan lo panes. Y todos comen hasta la saciedad y sobran doce canastas de pan. Los que comieron fueron unos cinco mil sin contar mujeres y niños.

Síntesis de la homilía

Exégesis

Tomar a la letra este relato de Mateo, además de constatar una cantidad de inexactitudes, empobrece su verdadero valor que es altamente simbólico. Una multitud de mas de cinco mil hombres no se mueve rodeando el Lago para darse con JESÚS en la orilla opuesta. El lugar es desierto pero los pueblos de donde la gente venía están cercanos. La solución de los discípulos es viable. Afirmar que tienen cinco panes y dos peces es una ridiculez. Partir el pan si se trata de distribuirlo entre 5.000personas produce una fatiga tremenda. Repartirlo con los peces (aunque estos no parecen bendecidos porque no se reparten).Se llenan doce canastos con las sobras. Es demasiado sobrante. ¿Y de dónde salieron los canastos en ese lugar desierto?

No hay más entonces que descubrir el mensaje detrás de los símbolos.

Aplicación

La muerte de un amigo produce mucha tristeza. Jesús profundamente sensible, no puede evitarlo y buscar estar solo para desahogarse. Primera indicación valorizante  de la amistad y del dolor. Cinco mil hombres es el número de componentes de las legiones romanas. Aquí hay una legión de la paz en lugar de una legión de dominio. Por eso el centro del relato no es la bendición que produciría la multiplicación, sino los cinco panes que compartidos se convierten en alimento para la multitud. La solución no es comprar. Hoy se compra y se vende una gran cantidad de cosas y la  pobreza avanza día a día. La solución no puede darse sin compartir. Y cuando se comparte se experimenta que realmente no hay empobreci- miento sino pedazos recogidos que alcanzan hasta para los que llegan tarde. El siete que suman los panes y los peces (lo que un  pobre solía llevar en el morra l)

y el doce de los canastos, son números tradicionalmente simbólicos con sentido de universalidad.

Pregunta para el grupo

Esto de compartir no es simplemente una consigna para aparecer generosos y no una realidad vivida? ¿Es posible? ¿Cuáles son los modos de compartir, individual y socialmente con los que estamos de acuerdo?

Discriminación de las mujeres y violencia de género en las religiones. Por Juan José Tamayo Acosta

Las religiones son uno de los lugares donde las mujeres sufren una de las más radicales experiencias de silenciamiento, discriminación e invisibilización. Para demostrarlo propongo las siguientes tesis:

1. Las mujeres son las grandes olvidadas y perdedoras de las religiones.

a. Las mujeres en las religiones no son reconocidas como sujetos morales: son consideradas menores de edad que necesitan guías espirituales varones que las conduzcan por la senda de la moralidad, sobre todo en materia de sexualidad, de relaciones de pareja y en la educación de sus hijos. Las normas morales a cumplir por las mujeres son dictadas por los varones.

En el imaginario patriarcal religioso, influido por los clérigos, imames, rabinos, lamas, gurús, pastores y maestros espirituales, se las considera tentadoras. Esa imagen se ha elaborado a partir de determinados textos de algunos libros sagrados escritos en lenguaje patriarcal, considerados válidos en todo tiempo y lugar, y leídos con ojos fundamentalistas y mentalidad misógina.

b. Las mujeres casi nunca son reconocidas como sujetos religiosos. En no pocas religiones la divinidad suele ser masculina y tiende a ser representada sólo por varones. De lo que Mary Daly concluye, creo que certeramente: “Si Dios es varón, el varón es Dios”. Así?, los varones se sienten legitimados divinamente para imponer su omnímoda voluntad a las mujeres y el patriarcado religioso. Dios legitima así? el patriarcado en la sociedad. Precisamente porque sólo los varones pueden representar a Dios, sólo los varones pueden acceder al ámbito de lo sagrado, al mundo divino; subir al altar, ofrecer el sacrificio, dirigir la oración comunitaria en la mezquita, presidir el servicio religioso en las sinagogas (con algunas excepciones). Sólo los varones pueden ser sacerdotes en la Iglesia Católica, imames en el islam y rabinos en el judaísmo ortodoxo. En la Iglesia católica la ordenación sacerdotal de mujeres es considerada delito grave al mismo nivel que la pederastia, la herejía, la apostasía y se castiga de manera más severa que la pederastia: con la excomunión. La oración comunitaria de los viernes presidida por mujeres es calificada de profanación de lo sagrado.

c. La organización de las religiones se configura la mayoría de las veces patriarcal- mente: todos los sacerdotes católicos y todos los imames son varones; el Dalai Lama es varón; la mayoría de los rabinos y de los lamas son hombres. Por ello, las religiones bien pueden definirse como perfectas patriarquías. Hay, con todo, honrosas excepciones en las iglesias de tradición protestante, que ordenan pastoras, sacerdotisas y obispas a las mujeres.

d. Las mujeres acceden con dificultad a puestos de responsabilidad en las comunidades religiosas. El poder suele ser detentado por varones. A las mujeres les corresponde acatar las órdenes. Lo que tiende a justificarse por el discurso androcéntrica de las religiones apelando a la voluntad divina: es Dios quien encomienda el poder y la autoridad a los varones. En el caso del cristianismo, se apela a Jesús para cerrar el paso a la ordenación sacerdotal de las mujeres. Lo afirma el papa en el libro-entrevista con el periodista Peter Seewald Luz del mundo: No es que no queramos ordenar a las mujeres sacerdotes, no es que no nos guste. Es que no podemos, porque así? lo estableció? Cristo, que dio a la Iglesia una figura con los Doce y, después, en sucesión con ellos, con los obispos y los presbíteros (los sacerdotes). Con la Biblia cristiana en la mano y desde una hermenéutica de género cabe hacer dos afirmaciones: a) que lo que pone en marcha Jesús de Nazaret no es una Iglesia jerárquico-patriarcal como la actual, sino un movimiento igualitario de hombres y mujeres; b) que Jesús de Nazaret no ordenó sacerdotes ni a hombres ni a mujeres. Todo lo contrario: excluyó directa y expresamente de la nueva religión el sacerdocio.

e. Las religiones legitiman de múltiples formas la exclusión de las mujeres de la vida política, la actividad intelectual y el campo científico, y limitan sus funciones al ámbito doméstico, a la esfera de lo privado, a la educación de los hijos e hijas, a la atención al marido, al cuidado de los enfermos, de las personas mayores, etc. Cualquier tipo de presencia de las mujeres en la actividad política o social es considerado ajeno a la “identidad femenina” y un abandono de su verdadero campo de operaciones, que es el hogar, con la consiguiente culpabilización.

f. La mayoría de las religiones niegan a las mujeres el reconocimiento y el ejercicio de los derechos reproductivos y sexuales:

i. Las mujeres no son dueñas de su propio cuerpo, que es controlado por los confesores, directores espirituales, esposos, etc.

ii. A las mujeres no se les permite planificar la familia: deben tener los hijos y las hijas que Dios quiera, los que Dios les mande, no los que ellas libremente decidan.

iii. No pueden ejercer la sexualidad fuera de los límites impuestos por la religión (matrimonio, heterosexualidad). La práctica de la sexualidad fuera del matrimonio o con personas de otro sexo es prohibida y condenada expresamente.

iv. Si deciden interrumpir el embarazo, incluso ateniéndose a la ley, son acusadas de pecadoras y criminales, y se pide para ellas incluso penas de cárcel. En la condena y criminalización del aborto coinciden los lideres religiosos, por ejemplo, del catolicismo y del islam.

 

2. Las religiones han ejercido históricamente —y siguen ejerciendo hoy— distintos tipos de violencia contra las mujeres: física, psíquica, simbólica, religiosa.

Los textos sagrados dejan constancia de ello. Justifican pegar a las mujeres, lapidarla, ofrecerlas en sacrificio para cumplir una promesa y para aplacar la ira de los dioses, dejarlas encerrada en casa hasta que se mueran, imponerles silencio, no reconocerles autoridad, no valorar su testimonio en igualdad de condiciones que a los varones, considerarlas inferiores por naturaleza, exigirles sumisión al marido, etc. Las prácticas religiosas vienen a ratificarlo. A las mujeres no se les reconoce la presunción de inocencia, sino que se las tiene por culpables mientras no se demuestre lo contrario. Son ellas las que caen en la tentación y tientan a los varones, y por eso merecen castigo.

Algunos Padres de la Iglesia las consideran “la puerta de Satanás” y la “causa de todos los males”. Un teólogo tan influyente en el cristianismo como Agustín de Hipona llega a afirmar que la inferioridad de la mujer pertenece al orden natural. Otro teólogo tan decisivo en la teología cristiana como Tomas de Aquino define a la mujer como “varón imperfecto”. Lutero habla de las mujeres como inferiores de mente y cuerpo por haber caído en la tentación y afirma que las mujeres han sido creadas sin otro propósito que el de servir a los hombres y ser sus ayudantes.

 

3. Sin embargo, las mujeres son las más fieles seguidoras de las religiones.

Hay quienes hablan de que la orientación femenina hacia la religión es innata, más aún, genética, que las mujeres son por naturaleza más crédulas y, por eso, son más asiduas a las actividades religiosas. Ninguna investigación genética lo demuestra. Se trata de un estereotipo cuyo objetivo es someter a la mujer a las restrictivas y represivas orientaciones religiosas. Quienes así? piensan, se olvidan de que tradicionalmente ha sido a las mujeres a quienes más se ha inculcado el sentimiento religioso. Se trata, por tanto, de un proceso inducido que responde a una determinada educación y aprendizaje.

Las mujeres son las mejores transmisoras de las enseñanzas religiosas a sus hijos en la familia y a los niños y niñas en los espacios religiosos a través de la educación religiosa. Ellas son también las que mejor reproducen la organización patriarcal y la ideología androcéntrica y las que más practican las religiones.

 

4. La rebelión de las mujeres

En las últimas décadas asistimos a una auténtica rebelión de las mujeres en el seno de las religiones, tanto a nivel personal como colectivo.

a. A nivel personal, transgrediendo conscientemente las normas y orientaciones en materia de sexualidad, relaciones de pareja, planificación familiar, opciones políticas, etc.

b. En el interior de las religiones, creando movimientos y asociaciones de mujeres que ejercen su libertad de organización y funcionan autónomamente al margen de los varones e incluso enfrentadas con las autoridades religiosas.

c. En la sociedad, participando activamente en los movimientos feministas y en las organizaciones sociales como expresión de la convergencia en las luchas por la emancipación de las mujeres y como forma de comprometerse con los sectores más vulnerables de la sociedad.

d. La rebelión de las mujeres dentro de las religiones constituye uno de los hechos mayores y de más profunda significación en la historia del fenómeno religioso, que tiene importantes repercusiones políticas y sociales. Supone un avance en la lucha por la emancipación de las mujeres y por la liberación de los marginados y excluidos. Por eso la rebelión feminista de las mujeres creyentes debe ser apoyada no sólo por los colectivos y las personas religiosas, sino por todos los ciudadanos y ciudadanas comprometidos en la lucha por la emancipación de los pueblos sometidos a las distintas formas de opresión.

 

5. Teología feminista.

Fruto de esta rebelión ha surgido una nueva manera de vivir y de pensar la fe religiosa desde la propia subjetividad de las mujeres en las diferentes religiones.

Es la teología feminista, que:

a. Parte de las experiencias de sufrimiento, de lucha y de resistencia de las mujeres contra el patriarcado y sus diferentes manifestaciones.

b. Recupera la memoria de las antepasadas que trabajaron por avanzar la historia hacia la libertad de los oprimidos y por la emancipación de las mujeres contra todo tipo de discriminación.

c. Reescribe la historia de las religiones desde la perspectiva de género dando voz y protagonismo a las mujeres silenciadas por el patriarcado religioso.

d. Utiliza las categorías de la teoría de género para deconstruir y analizar críticamente las estructuras patriarcales y los discursos androcéntricos de las religiones, y reformular los grandes temas de las teologías de las religiones.

 

Conclusión

En el siglo XIX las religiones perdieron a la clase obrera porque se colocaron del lado de los patronos que los explotaban y condenaron las revoluciones sociales que luchaban por una sociedad más justa y solidaria. Los trabajadores dieron la espalda a las religiones porque se sintieron traicionados por ellas, alejándose, la mayoría de las veces, del mensaje igualitario y solidario de los orígenes.

En el siglo XX las religiones perdieron a los jóvenes y a los intelectuales por sus posiciones filosóficas y culturales integristas, alejadas de los nuevos climas de la modernidad.

Si continúan por la senda patriarcal por la que ahora caminan, en el siglo XXI las religiones perderán a las mujeres, hasta ahora sus mejores y más fieles seguidoras.

Sin la clase trabajadora, sin los jóvenes, sin los intelectuales y sin las mujeres, las religiones habrán llegado a su fin. Y no podrán echar la culpa de su fracaso a nadie. Ellas mismas se habrán hecho el harakiri.

 

Juan José Tamayo Acosta

Madrid, 27 de junio de 2011

Fuente: Fundación Carolina

 

 

 

 

 

 

Plataformas, personas, promesas, guita. Por Guillermo “Quito” Mariani

Hay una evolución denigrante en la conducta de los partidos políticos para llegar al poder. En otros tiempos, por lo menos hasta que comencé a votar, tenían mucha importancia las “plataformas de los partidos” (así se llamaban, como si se tratara de lanzamiento de vuelos que reiniciaran con nueva fuerza el progreso nacional)

En las plataformas, cada  partido (demócratas, radicales, socialistas, peronistas,) exponía, como en una declaración de principios, los valores que defendía y los proyectos de gobierno que correspondían a esos valores. Sin la profusión propagandística actual, de los medios de difusión masiva, los impresos circulaban y los electores podían enterarse de la orientación ideológica y pragmática de cada sector que se proponía llegar al poder. En esos tiempos los documentos del episcopado nacional señalaban con mucha precisión las cosas inadmisibles que los católicos debían tener en cuenta para rechazar a determinados partidos y preferir a otros. Con marcada tendencia derechista y conservadora las recomendaciones y respuestas a consultas de confesonario la mayoría de los ministros sagrados indicaban que era pecado y traición a la Iglesia y a Dios,  votar por quienes defendieran por ejemplo, la enseñanza laica, el divorcio vincular, la división de iglesia y estado… Se trató de un ejercicio de poder sobre las conciencias, que no encontraba objeciones en quienes tenían por seguro que obedeciendo a la Iglesia o sus ministros, se obedecía a Dios.

Fue transcurriendo esta característica de presentación de plataformas a que se obligaban, con presión democrática, los partidos. Apareció entonces con la fuerza de la imagen en la TV, una línea de asesores de imagen, especializada en disfrazar a los candidatos con una figura atrayente y simpática. Nosotros ya estamos acostumbrados a que todas las fotografías que manchan las paredes en tiempo de elecciones nos muestren rostros maquillados y sonrientes. (no se sabe bien si se ríen para la gente, con la gente, o de la gente) Comenzaron así, a tener más importancia las personas o personajes promovidos por estas producciones que los principios y proyectos de gobierno, que sólo se debatían al estilo norteamericano, en base a escenografías preparadas para presentar a los candidatos con lo mejor de su curriculum y  simpatía, dejando de lado lo ideológico a que respondían o echando al olvido lo que sus propios partidos habían realizado o dejado de realizar en anteriores gobiernos.

Pasó también esa época, empujada quizás por los testimonio de corrupción y sometimiento a condiciones rebajantes de la dignidad del país.  Las campañas electorales adquirieron una doble característica:  alusión desacreditante de los gobiernos en ejercicio, basada en objeciones contra sus proyectos o realizaciones., de modo que se diera lugar para dar lugar a la metodología fundamental: ¡las fantásticas promesas!. Desde el “salariazo menemista” hasta la oferta de la Mesa de enlace complicada con la cúpula eclesiástica de un plan para la erradicación completa de la pobreza; desde el aumento de 50% de los  salarios, hasta la seguridad garantizada por experiencias y métodos desconocidos hasta ahora. 

Pero ya las promesas comienzan a tener poco efecto (hubo tantos desengaños!) y entonces reaparece el verdadero resorte capitalista. “La guita”.

Ahora, para llegar al poder, hay que tener “guita”. Para conquistar votantes, para llevarlos a votar, para prometerles pagos y  puestos, para lanzar grandes campañas periodísticas, para acallar reacciones desfavorables y para indigestar con carteles superpuestos en pueblos y ciudades y, finalmente, si es necesario, comprar a la justicia.

La conciencia, el criterio medido para elegir lo que conviene al “bien común”, el espíritu crítico para seleccionar la información creíble, la madurez democrática, se van ausentando poco a poco, para mal de todos. Hasta para los que consiguen, con todos esos resortes, llegar al poder. Por eso, muchos de ellos, desaparecen repentinamente, prescindidos por lo que los utilizaron “para poner la cara”.

Los dos juicios de Galileo. Por Leonardo Moledo

El Vaticano anunció una magna exposición de documentos históricos, cuya pieza estrella serán algunos de los documentos relacionados con el proceso a Galileo que en 1633 llevó adelante la Inquisición, o Santo Oficio, que mucho más tarde cambió su nombre por el apenas más decoroso de Congregación para la doctrina de la Fe, que hasta su coronación presidió nada menos que Don Ratzinger. El proceso fue fuente de inspiración de obras de teatro y fuente también de ríos de tinta: durante el papado de Wojtyla (apropiadamente llamado Juan Pablo II), finalmente se reivindicó a Galileo, solamente doscientos y pico de años después, y ahora hasta se publican los documentos de ese grandioso papelón que pasó la Iglesia (y que no terminó en tragedia debido a la razonable actitud de Galileo al retractarse y salvar su cuerpo de la tortura y su vida de la hoguera).

El proceso tuvo dos tiempos, en realidad: el primero en 1616, en el que ofició de Gran Inquisidor el cardenal Bellarmino, y un segundo tiempo en 1633, en el que Galileo fue condenado a prisión de por vida, pronto conmutada por prisión domiciliaria en la Villa de Arcetri, donde estuvo sometido a vigilancia permanente. No demasiado estricta, por otra parte, ya que pudo escribir uno de sus grandes libros y filtrarlo, así como recibir visitas y mantener correspondencia con múltiples científicos europeos.

El primer asalto de 1616 no terminó en nada concreto; Bellarmino no era ningún imbécil y todo terminó en una vaga (según Galileo) y firme (según los inquisidores de 1633) advertencia y prohibición de enseñar el sistema copernicano, salvo como “un recurso matemático”, y sin visa alguna de verosimilitud. El proceso de 1633 ya fue otra cosa: la Iglesia se había pronunciado abiertamente contra la astronomía heliocéntrica y era herejía ya no sólo enseñarla sino creer en ella, y se le exigió a Galileo no sólo arrepentirse de haber creído en ella, sino hacerlo “sinceramente”, para lo cual se le mostraron los aparatos de tortura, y se le explicó para qué servía cada uno de ellos: una siniestra farsa que sólo por un pelo no terminó de la manera más horrible (como había sido el caso de Giordano Bruno) gracias a la lucidez de Galileo. Desde ya, fue una de las tantas y siniestras muestras de intolerancia de la Iglesia Católica, que rechazó y prohibió el sistema que sólo medio siglo más tarde se consagraría de manera irrefutable con la obra de Newton. En verdad, en 1616, la Iglesia estaba fundamentalmente preocupada por controlar cómo se enseñaba la realidad; en 1633, ante los fracasos de la Contrarreforma, ya estaba preocupada por controlar cómo era la realidad.

Pero hay algo más sobre el juicio a Galileo: por un lado está el papelón de condenar la teoría copernicana, una teoría ya adornada por las tres leyes de Kepler y que estaba siendo aceptada en Inglaterra y Holanda, por poner un par de ejemplos, y que en poco tiempo más se vería coronada de manera definitiva por Newton; Galileo tenía razón frente a lo retrógrado de la postura papal. Sí. Pero… ¿y si Galileo hubiera estado equivocado, qué? ¿En ese caso la intolerancia hubiera tenido su costado razonable o disculpable?

Al fin y al cabo, la idea de libertad de pensamiento es relativamente nueva: se remonta no mucho más allá de la Revolución Francesa. ¿Es legítimo condenar un acto de intolerancia del siglo XVII con los parámetros actuales? ¿No es una falacia juzgar hechos pasados con valores presentes? ¿Puede uno horrorizarse ex post de la represión en una época que ni soñaba con la libertad de pensamiento como un derecho? ¿O de la recurrencia a la tortura, cuando ésta era parte legal de los procesos judiciales y faltaba bastante para que se publicara el alegato Dei delitti e delle pene, de Beccaria, que cambió el pensamiento jurídico para siempre?

Yo creo que decididamente sí: es difícil tomar aquellos horrores como simplemente epocales; al fin y al cabo, si se utilizaban eran precisamente porque se los consideraban horrores, inseparables del castigo. Además, no eran para nada universales: Holanda, en gran medida Inglaterra, y hasta la República de Venecia (por no hablar de Toscana, donde Galileo era ampliamente aceptado) tenían hacia el pensamiento actitudes muy distintas (no así hacia la tortura en los procesos judiciales, aunque, vale la pena recordar, el mismo derecho romano prohibía la tortura –a los ciudadanos, claro está; los demás podían ser torturados libremente–). Por otra parte, no está de más recordar que el pensamiento intolerante es bastante más actual de lo que uno desearía.

Así pues, hay dos juicios a Galileo: uno es el científico, en el que la Iglesia hizo más o menos lo mismo que lo que haría (sí que con mucho menos poder) con Darwin apenas dos siglos y monedas más tarde. El otro es la represión a la disidencia y la discordancia: el primero no hace sino volver más nítido y más repudiable y repugnante el segundo. Del primero, el Vaticano se retractó. Del segundo, no.

 

Fuente: Página 12