Homilias Dominicales – Domingo 14 de octubre 2012 – 28 durante el año litúrgico (ciclo “B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mc. 10,17-30)

Llegó uno corriendo y se arrodilló ante Jesús y le preguntó:

Maestro bueno,¡qué tengo que hacer para heredar la vida eterna? Jesús le respondió ¿por qué me llamas bueno? Nadie es bueno fuera de Dios. Conoces los mandamientos: No matarás,  no cometerás adulterio, no robarás, no jurarás en falso, no defraudarás, honra a tu padre y a tu madre. El contestó : Maestro, todo eso lo he cumplido desde la adolescencia. Jesús lo miró con cariño y le dijo: Una cosa te falta. Anda vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo. Después vente conmigo. Ante estas palabras el otro se llenó de pena y se marchó triste. Porque era muy rico.  Jesús mirando a su alrededor dijo: ¡qué difícil es que los ricos entren en el reino de Dios! Los discípulos se asombraron de lo que decía pero Jesús insistió: ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios. Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que para un chico entrar al reino de Dios. Ellos llenos de asombro y temor comentaban Entonces ¿quién podrá entrar en el reino de Dios?. Jesús se quedó mirándolos y les dijo: Para los hombres es imposible pero no para Dios porque para El todo es posible. Pedro entonce le dijo: Mira nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido. Jesús le contestó: todo el que deje casa o hermanos o hermanas o madre, padre e hijos, o campos por mí y la buena noticia, recibirá en esta vida cien veces más en casas, hermanos y hermanas e hijos y campos en medio de las persecuciones. Y en el futuro, la vida eterna

 

Síntesis de la homilía

El relato de Marcos aporta detalles muy importantes. Un hombre llega corriendo. Realmente le interesa mucho lo que busca. Quiere alcanzar la vida definitiva y se postra esperando con ansias la respuesta. Jesús lo saca de su ansiedad aclarándole que el asunto no es tan fácil de solucionar. Corrige la denominación de bueno porque traduce el interés desmedido o la confianza excesiva que deposita en la respuesta que implora. Además le recuerda que él ya tiene en la Ley de Moisés una respuesta. Cumplir los mandamientos Curiosamente Jesús no enuncia los que él en otra ocasión señalará como los principales “amar a Dios y al prójimo”. ¿Es que ya no son importantes? No. Sino que se trata de los que son más propicios para manejarlos al  antojo de cada uno. Para engañarse a sí mismo. Los que enuncia Jesús son referidos a conductas humanas bien concretas: matar, cometer adulterio, jurar en falso, defraudar o descuidar a los padres.

Hay que notar también que en el enunciado no figura nada referido directamente a la actividad sexual. Y es que esa es una preocupación nacida mucho después en la iglesia al institucionalizarse como una entidad  necesitada de poder y dominio. La cuestión es que el hombre afirma con sinceridad, como si `para él hubiera sido muy natural, “todo eso lo he cumplido desde chico”. Jesús descubre entonces la sinceridad de su corazón y lo mira cariñosamente. La invitación brota espontáneamente: te falta ser capaz de desprenderte de lo que tiene, de perder tu status comprometido con el orden establecido. que  condiciona  tu conducta con los demás y de ese modo seguirme en esta empresa de devolver su dignidad a los más pobres.

Jesús ya había realizado su diagnóstico. Eso era lo que intranquilizaba la conciencia del hombre, buen judío en el fondo pero más preocupado de sus sentimientos para con Dios que de sus acciones para con los hombres. Pero como era muy rico y no podía abandonar sus negocios, el hombre se marchó cabizbajo y triste. Toda la escena no podía sino intrigar a los apóstoles cuando escucharon la explicación de Jesús. ¡qué difícil es para los ricos integrarse al reinado de Dios!

La pregunta que se hacen no parece adecuada: “Pero entonces ¿quién podrá entrar en ese reino?”  Jesús despeja su desconcierto recordándoles que para Dios nada es imposible. No se trata del reino  de Dios que nosotros identificamos con la otra vida, se trata del que Dios quiere entronizar por Jesús en la sociedad humana y por él ha hecho que sea posible alcanzar su principal constitutivo que es el amor.

Ni corto ni perezoso Pedro reclama por sus derechos de pertenencia al reino, que espera de triunfos y prestigio, mencionando la generosidad de los 12 para dejarlo todo. Y Jesús siguiéndole la corriente le responde fijando  la abundancia de felicidad que aporta al ser humano el coraje de dejarlo todo para ser feliz amando a los demás.

Homilías Dominicales – Domingo 7 de Octubre de 2012. Por Guillermo “Quito” Mariani

Festividad de Jesucristo rey (ciclo “B”)

Tema (Juan 18,33-37) Pilatos interroga al acusado que tiene frente a sí: ¿Eres el rey de los judíos? Jesús responde: Eso lo dices por tu cuenta o porque otros te lo han dicho de mí?  Dice Pilatos: Ni que yo fuera judío! Tu nación y los sumos sacerdotes te han entregado a mí ¿qué es lo que has hecho? Contesta Jesús: Mi reino no es de este mundo. Si lo fuera, mis soldados habrían peleado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí. Le dice Pilatos: pero, entonces, ¿tú eres rey? Y Jesús contesta: Tú lo has dicho. Soy rey. Para eso he nacido y he venido al mundo. Para dar testimonio de la verdad. Quien está de parte de la verdad escucha mi voz.

 

Síntesis de  la homilía

 

La acusación con que los sumos sacerdotes acuden al representante del Imperio, está muy astutamente elaborada. Los signos que había dado Jesús hablaban de una realeza identificada con las promesas mesiánicas. Se trataba de un restablecimiento de la dignidad del pueblo sojuzgada tantas veces por los poderes dominantes. Pero la ambigüedad de la denuncia hace interpretar que se trata de un rey al estilo romano y por eso da motivos para aplicarle la pena de los que conspiran contra el Imperio. La pregunta de Pilatos es muy directa y sin vueltas: ¿Eres rey? Y la respuesta de Jesús, asegura que su estilo de reinado está muy lejos de lo acostumbrado, ya que no tiene ni armas ni soldados. Se trata, en cambio, de un reinado de la verdad. De una verdad liberadora de todas las esclavitudes y sujeciones: el amor del Padre. Por supuesto que esta afirmación ni preocupa ni atemoriza a Pilatos que no logra encajarla en su esquema imperial.

Pero, tampoco a nosotros nos resulta fácil interpretar el profundo sentido del reinado de la verdad preconizado y defendido por Jesús. Su Iglesia ha tenido ejércitos, represión y condenas terribles para imponer ese reinado. Su estilo no ha sido indudablemente el de Jesús de Nazaret. Y aún hoy, sosteniendo que, como institución fundada por el Cristo es la única dueña de la verdad, conserva la amenaza de exclusión y condena para quienes niegan ese absolutismo de posesión de la verdad.

Con mucha frecuencia la pretendida defensa de la verdad, dentro  fuera de la iglesia, ha llegado a favorecer los castigos y represiones. La clave del por qué esto nada tiene que ver con la propuesta cristiana, está en que esa verdad es el amor del Padre, que no puede tener otra expresión que vivir el amor a la creación y a los hermanos que son sus hijos

También, de la respuesta de Jesús, muchos han pretendido concluir la indiferencia  ante todos los acontecimientos de este mundo, para inclinar hacia una mirada prescindente de todo lo temporal y lo político, como si en eso consistiera la riqueza espiritual del cristianismo. Así ha logrado carta de ciudadanía oficial en la  iglesia católica una espiritualidad alienante, alejada  incluso de  la conducta social observada por el mismo Jesús de Nazaret.

Ya no es novedad la distinción entre política de partidos como ambición de poder y política social, que se pronuncia frente a los hechos con el criterio de si ayudan o no a la vigencia de los grandes valores de la convivencia : justicia distributiva de los bienes, e igualdad de derechos y oportunidades para todos. Sin embargo,  resulta casi imposible suprimir los enfrentamientos apasionados que rompen relaciones de respeto y amabilidad, porque en el fondo no se tiene en cuenta lo que es resultado beneficioso sino la orientación ideológica con que se realizan.

Homilías Dominicales – Domingo 30 de setiembre de 2012 – 26 durante el año litúrgico (ciclo “B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Domingo 30 de setiembre de 2012 – 26 durante el año litúrgico (ciclo “B”)

Tema

(Mc. 9,38-43,45,47-48) Los discípulos cuentan a Jesús que han visto a uno lanzar demonios en su nombre y trataron de impedírselo porque no era de los “nuestros”. Pero Jesús les dijo “No se lo impidan, porque nadie puede hacer prodigios en mi nombre y ñuego hablar mal de mí. Y el que no está contra nosotros está con nosotros. Yo les aseguro que quien les dé un vaso de agua, porque pertenecen al Cristo, no quedará sin recompensa. Si alguien llegara a escandalizar a estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran una piedra de moler y lo arrojaran al mar. Si tu mano es para ti ocasión de pecado córtala porque más vale entrar a la vida manco que ir con tus dos manos a la Gehena donde el fuego no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado córtalo porque te vale más entrar lisiado en la vida que ser arrojado con tus dos pies a la Gehena. Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo porque más vale entrar con un solo ojo en el reino de Dios que ser arrojado con tus dos ojos a la gehena donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

 

Síntesis de la homilía

Ya sabemos que lo de lanzar demonios, significa liberar de enfermedades desconocidas, generalmente psíquicas  Desde el mensaje de un reino de igualdad para ayudarse mutuamente a buscar la felicidad, brotaba naturalmente el deseo de pertenecer  y comprometerse con esos objetivos. De modo que, difundir los efectos de ese compromiso, resultaba multiplicar los efectos del reino. No cabía entonces señalar enemistad o rivalidad con quien como aquel que los discípulos habían encontrado haciendo las mismas obras de Jesús, lo hacía como un resultado de creer en su persona. El rótulo de cristianos que, en algunos tiempos significó una especie de certificado de honestidad privada y pública y por tanto recomendación para confiar en quien lo presentaba, hoy aparece completamente manchado y desnaturalizado por la hipocresía con que se lo ha usado. Sin embargo persiste un elemento útil para el discernimiento: el que se haga el bien apoyándose en el nombre del Cristo (entendiendo por el nombre, la persona y acción del enviado de Dios) ha de ser juzgado como verdadero cristiano, al margen de cualquier denominación externa. Es verdad por eso, que hay muchos no cristianos, más cristianos que los cristianos. Como, lo hacía notar el papa Juan XXIII en una de sus encíclicas, la unión ecuménica entre los cristianos no había de basarse en la unidad teológica, casi imposible como búsqueda de la verdad, sino en la decisión de asociarse para la realización de la obra salvadora o redentora de Cristo.

Después de los pasajes de Marcos en que  aparece señalado el sufrimiento como aparejado con el seguimiento de Jesús, el evangelista se preocupa de que los pequeños dentro y fuera de la comunidad, se conviertan en el objetivo de preocupación atenta y comprensiva de todos. Por eso indica la recompensa merecida por quienes den a los discípulos un vaso de agua o cualquier ayuda más importante. Por eso también, con una seguidilla de afirmaciones a favor de los más pequeños que, de manera ampulosa y exagerada para resultar impactante, rechaza el escándalo a ellos, es decir el contagio de las acciones egoístas y destructoras de la dignidad del ser humano, que puede resultar de nuestros jucios o acciones. La Gehena valle en que se depositaba y quemaba la basura de la ciudad, es el final de la actitudes que defendiendo sus propios intereses egoístas produjeron la marginación y opresión de sus semejantes. Su vida ha resultado basura, alimento de gusanos y fuego como el basural de la Gehena.

Homilías Dominicales – Domingo 23 de setiembre de 2012 – 25 durante el año litúrgico (ciclo “B”). Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema

(Mc.9, 30-37) dejando la montaña Jesús iba caminando con los discípulos por Galilea y les enseñaba : El hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres que lo matarán y tres días después de  su muerte resucitará. Pero ellos no entendían y temían hacerle preguntas. Llegaron a Cafarnaún y una vez en casa, les preguntó: ¿de qué venían conversando en el camino? Ellos callaban porque habían venido discutiendo sobre quién era el más grande. Entonces sentándose, llamó a los doce y les dijo: El que quiera ser el primero, debe hacerse el último y servidor de todos. Después tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, y abrazándolo les dijo “el que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí y el que me recibe, no es a mí a quien recibe sino a Aquel que me ha enviado.

 

Síntesis de la homilía

Siguen caminando, dice Marcos. Y sigue Jesús preocupándose de caminar con ellos. Y por eso “les va enseñando”. Y les enseña lo más duro de su misión. Quedar, como resultado de su mensaje y su acción en favor de la salud y felicidad de todos, con su vida aprisionada por el odio de los hombres, que llegarán hasta condenarlo a muerte. De este modo repite la enseñanza que pronunciara después de la intervención de Pedro respondiéndole sobre su identidad. Ellos siguen sin entender. ¡Tan difícil es cambiar una estructura de pensamiento que se ha sostenido durante largo tiempo! También nosotros lo vivimos en muchos asuntos pero muy claramente con los cambios de la interpretación bíblica aportados por las investigaciones profundas de los estudiosos, valiéndose de una cantidad de instrumentos modernos para limpiar el mensaje de las adherencias humanas que lo desfiguran. Llegan a la casa y el se sienta como maestro o jefe de familia para completar su enseñanza.¿de qué venían conversando? Y les muestra lo perjudicial de su  preocupación por ser cada uno más importante que los otros, indicándoles la verdadera grandeza que consiste en descubrir y usar de nuestras capacidades para servir a los demás. Como el último y servidor de todos. Así, pretende quitar de la comunidad de seguidores que va a dejar detrás suyo, los gérmenes más dañosos de las rivalidades y separaciones, de que da cuenta en el pasaje que  leyó,  escrito por el apóstol Santiago.

Y deja esa especie de cátedra para salir a la calle y traer a un niño. Gráficamente quiere enseñar a sus seguidores lo que les ha enseñado con palabras. Un niño es la imagen de la pequeñez. Niños de la calle, huérfanos y semiabandonados, imagen, con las viudas, de los más pobres de Israel. Lo está abrazando. Dándole el cariño y protección de que carece. Y los que discutían sobre quién era el más grande, se ven igualados con ese niño, muy posiblemente harapiento y sucio Y reciben la lección de servicio que el Jesús de Juan, expresará lavando los pies de los compañeros de la última cena. Así trata de fijar la atención de los discípulos y la nuestra, en los pequeños. No para compadecerlos solamente sino para tratarlos de su desgracia que muchas veces es el rechazo y la discriminación disimuladas por la “buena educación” y la limosna. Seguramente el gesto de Jesús no sirvió para disminuir la gravedad del abandono de los niños en la sociedad de su  tiempo pero sí para dejar conciencia en sus discípulos de lo que debe hacerse en cuanto se pueda. Una actitud que debería alejarnos de quejas y burlas cuando la promoción o ayuda de los niños se hace cargo de facilitar su alimentación, su educación y el cariño de los que los rodean.

 

 

Homilías Dominicales – Domingo 9 de septiembre de 2012 – 22 del año litúrgico (ciclo”B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema

(Mc.7, 31-37) Jesús partiendo de Tiro y Sidón atraviesa el mar de galilea y penetra en la Decápolis. Le presentan entonces a un sordomudo y le piden que le imponga las manos. Jesús lo separa de la multitud y aparte de todos pone sus dedos en las orejas y con su saliva toca la lengua diciendo, al levantar los ojos al cielo “Efeta” que significa “ábrete”.Enseguida se abrieron sus oídos y se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente. Jesús insistió en que no dijeran nada a nadie, pero cuanto ,ás insistía la gente más proclamaba “todo lo hace bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos”

 

Síntesis de la homilía

hay en el relato un ficción geográfica que delata el sentido simbólico que se desprende de este pasaje de Marcos. Se supone que se cruza el mar de Galilea cuando Jesús va a Decápolis que está del mismo lado que Tiro y Sidón y es un conjunto de poblaciones con habitantes paganos. Pasando de las primeras poblaciones, en cuyo ámbito ha curado a la hija de la mujer sirofenicia, Jesús recorre el  territorio más amplio de las diez ciudades. Atravesar el mar tiene todo el sentido de colocarlo como el espacio símbolo del encuentro universal. Se acentúa la universalidad del mensaje que él proclama. La apertura mostrada para escuchar el reclamo de la mujer afligida , se completa  ahora con la actitud de remediar la sordera y tartamudez, con un gesto que repetirá más adelante con un ciego.

El paganismo es para Marcos el espacio de los ciegos y los sordos, no porque no quieren  ver ni oír como los judíos, sino porque han sido privados desde sus culturas, de la posibilidad de abrirse al mensaje de Yahvé.Los gestos de Jesús en las dos curaciones se asemejan: apartar al enfermo del bullicio, imposición de manos y uso de saliva para tocar la lengua y los ojos enfermos.

Es el gesto del aliento creador. Aquí se está realizando una nueva creación. La posibilidad abierta ya por el amor universal de Dios a los que no podían ver ni oir al enviado de Dios y su mensaje.

La admiración se expresa en un ansia de comunicar a todos, lo que favorece a todos. De modo que la gente no hace caso a la insistencia de Jesús de mantener los hechos en secreto. Y la expresión conclusiva es que “todo lo hace bien. Hace oir a los sordos y ver a los ciegos” Una actitud muy distinta de la de quienes viendo señales parecidas, se preguntan, con sospecha de que esté poseído del demonio, de dónde le vienen estas cosas. Es cierto también para nosotros que con frecuencia el bullicio a nuestro alrededor nos impide escuchar, escucharnos y descubrir el mensaje del espíritu de Dios.

Lo crucial es, en realidad, cómo ese mensaje se nos manifiesta. La renovación carismática apunta a que el mensaje se manifiesta por expresiones de lenguas extrañas o reacciones extraordinarias en la salud, o en éxtasis o desmayos místicos. Todo esto ha tenido en la historia del cristianismo abundantes manifestaciones que casi han fijado como una tradición católica, los milagros, apariciones  de personajes sagrados o hechos fuera de lo común (milagros)  como seguros mensajes y acciones divinas. El Concilio Vaticano II con la originalidad del pontífice convocante, descolocó de ese espacio la expresión del espíritu divino, para colocarlo en los signos de los tiempos. Es decir, en aquello que se va produciendo en la historia de la humanidad y produce, a la vez que el dinamismo constante para la comunidad de seguidores de Jesús, la orientación del compromiso para analizar esos signos y compaginarlos con el espíritu del evangelio por la acción personal y comunitaria. Se trata de algo no dado con anticipación. De un trabajo de discernimiento comunitario, de un dejarse penetrar por las características y las necesidad de la realidad. A lo cual muchas veces,  hay que confesarlo, le tenemos mucho miedo los cristianos.

Homilías Dominicales – Domingo 2 de septiembre de 2012 – 22 durante el año litúrgico (ciclo “B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema

( Mc. 7,1-8, 18, 21-22,27) Fariseos y letrados venidos de Jerusalén se reunieron junto a Jesús. Vieron que algunos de los discípulos tomaban los alimentos con las manos impuras, es decir sin lavárselas. Es que los fariseos y los judíos en general no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos siguiendo la tradición de los ancianos. Cuando vuelven del mercado no comen sin antes lavarse y observan muchas otras reglas tradicionales como el lavado de copas jarras y ollas. De modo que le preguntaron: ¿por qué no siguen tus discípulos la tradición de los mayores y comen con las manos impuras?

Les respondió: Qué bien profetizó Isaías acerca de la hipocresía de ustedes cuando escribió: este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan es inútil, ya que la doctrina que enseñan son preceptos humanos. Descuidan el mandato de Dios y mantienen la tradición de los hombres.

Llamando de nuevo a la gente les decía: Escuchen todos y entiendan-  No hay nada fuera del hombre que al entrar en él, pueda contaminarlo. Lo que lo hace impuro es lo que sale de él. De dentro de su corazón salen los malos pensamientos, fornicación, robos, asesinatos, adulterios, codicia,  malicia, fraude, desenfreno, envidia, calumnia, arrogancia, desatino. Todas esas maldades salen de dentro y sí contaminan al hombre.

 

Síntesis de la homilía

Tanto la preocupación de los fariseos y letrados como la respuesta de Jesús, parecen exageradas frente a un gesto tan insignificante como lavarse o no las manos antes de comer. Eso obedece a que así como nosotros lo hacemos habitualmente por  higiene que beneficia la salud, los judíos lo hacían para no resquebrajar la disciplina impuesta por la tradición de los mayores, ni siquiera en una pequeña regla. Y Jesús proclamaba un mensaje que necesitaba abrir el cerco de las tradiciones para instalar un nuevo sistema de relaciones sociales. Un sistema de libertad basada en la dignidad personal y en la cohesión lograda por convencimiento y corazón. Las abluciones judías tenían un valor simbólico muy pronunciado. Tanto que hasta producían un profundo efecto interior de modo que el que las realizaba se sentía realmente purificado en su corazón o en su espìritu. Nos pasa algo parecido a nosotros con los signos sacramentales. Hasta no hace  mucho, por ejemplo, se afirmaba la obligación de bautizar lo más pronto posible a los recién nacidos, porque con el bautismo ( baño de agua) se convertían en hijos de Dios. Y así con los otros sacramentos. Con la realización del gesto o signo exterior se lograba un efecto sobrenatural, mágico. El ritualismo litúrgico da lugar a estas interpretaciones.

La objeción de los judíos, con la pregunta que no sólo es eso, sino una especie de reproche a  la conducta permisiva de Jesús, merece  por esa causa, una respuesta aparentemente dura, pero que descubre la realidad tal cual es. Es hipocresía cuidar los detalles que han establecido los intereses humanos y dejar de lado lo que es agradable a Dios. Una hipocresía que, en el fondo se basa en un pecado de presunción muy importante. Endiosarse, ocupando el lugar del ser supremo y usurpando su autoridad. Como tantas veces sucede en la institución eclesiástica que se adueña de Dios.

La impureza legal no tiene importancia para Jesús. Sí la tiene la pureza interior. Lo que llamaríamos la pureza de intención

Lo que constituía un elemento de separación entre judíos y los que no eran, debía ser un muro que se desmoronara con las enseñanzas de Jesús. Los fariseos (separados) querían mantener ese muro a toda costa. Estaba de por medio su propia seguridad y prestigio. Y los ritos de la comida en cuanto a lo que se consumía y los otros detalles como purificación de toda la vajilla y las manos, a que se refiere Marcos, tendían a remarcar esa separación. Por eso la oposición tan radical a la actitud de Jesús.

También nosotros establecemos muros de separación y las discriminaciones son tan fuertes que las mantenemos reprochando a quienes quieren derribar los muros.

Homilias Dominicales – Domingo 16 de setiembre de 2012 – 24 durante el año litúrgico (ciclo “B” ) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema(Mc. 8,27-35)

Jesús se marchó con sus discípulos hacia la región de Cesarea de Filipo. En el camino les preguntó: ¿quién dice la gente que soy yo?  Ellos le respondieron: para algunos eres Juan el Bautista, para otros Elías y para otros alguno de los profetas. Y ustedes, quién dicen que soy. Pedro se adelantó y dijo “Tu eres el mesías”- Jesús les ordenó severamente que no se lo dijeran a nadie. Y comenzó a enseñarñes que el hijo del hombre debía sufrir mucho. Que iba a ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas. Que sería condenado a muerte y resucitaría al tercer día.

Y les hablaba de esto muy claramente. Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo. Pero Jesús dándose vuelta y mirando a sus discípulos lo reprendió diciendo: Apártate de mí satanás, porque tus pensamientos no son de Dios sino de los hombres. Entonces, llamando a la gente y a los discípulos les dijo: el que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga, Porque el que quiera salvar su vida la perderá y el que la pierda por mí y el evangelio, la salvará.

 

Síntesis de la homilía

Saliendo de Galilea para alejarse de Herodes el menor, que ya  comenzaba a perseguirlo, Jesús se dirige al norte, la región gobernada por otro hijo de Herodes el grande, Filipo. De paso, diríamos que en lugar neutral, interroga a sus discípulos y obtiene respuestas muy acertadas aunque no completas. Que lo  identificaran con Juan no sorprende porque el mismo Jesús alimentaba el proyecto mesiánico del bautista,  aunque le daba rumbo distinto. También la figura de Elías estuvo permanentemente en la mente de Jesús, como el anunciador de la  llegada del enviado. Y, desde luego, la firmeza de sus palabras y discursos lo identificaba con los grandes profetas. Los discípulos callan sin embargo, lo que se afirmaba por los funcionarios del templo, que lo consideraban endemoniado. Jesús experimenta la necesidad de informarse y, satisfecho con lo que los discípulos han recogido quiere también precisar la opinión que ellos se han formado. Pedro no duda: Eres el Cristo. Jesús penetra inmediatamente el sentido de la declaración espontánea y entusiasta de Pedro y prohibe a todos que lo divulguen. También él está convencido de su vocación, pero necesita aclararla para no propagar la idea ambiciosa quen en realidad, sostienen Pedro y sus compañeros. Por eso se pone a enseñarles sobre el sentido de su vocación de “enviado” o “mesías”

Pedro se da cuenta entonces de la diferencia entre su proyecto y el de Jesús y lo lleva aparte para advertírselo. Para cualquiera convencido de tener una misión importante constituye una tentación su cumplimiento en circunstancias propicias y con el mayor acogimiento posible. Ante la reprensión de Pedro, como había sucedido en la tentación del desierto, Jesús reacciona con fuerza y decisión haciéndole notar que le está poniendo una tentación. “Satanás” significa “el que pone a prueba”.

No va a prescindir de los discípulos, aunque los motivos del seguimiento sean en parte egoístas y plagados de ambiciones personales. Los necesita para llenar su misión. No quiere desalentar su juicio de que es el enviado, el cristo. Pero tampoco quiere ilusionarlos o engañarlos con un camino de éxitos y prestigios. Su causa es revolucionaria de la religión y la sociedad. Y necesariamente deberá enfrentar el rechazo de los que sostienen un proyecto distinto. Para seguirlo en su trayectoria hacia la consecución de la misión que él está seguro que el Padre le ha confiado, tienen que juntar coraje para renunciar muchas veces a sus criterios y ventajas personales. En realidad, cada uno en cada circunstancia tiene que estar preparado para cargar con el peso de la incomprensión, el fracaso y la persecución. La defensa de los propios intereses hasta convertirlos en el sentido central de la vida, conduce a la pérdida de la vida. Y, en cambio, la ofrenda de la vida para convertirla en servicio a la causa del nosotros, de la comunidad humana, le devuelve su pleno sentido y valoración. En nuestros afanes proselitistas, muchas veces nos dejamos llevar por la facilidad de conquistar en base a promesas en que comprometemos la acción de Dios a favor de los que ingresen a nuestro círculo de “escogidos”. Si examinamos el sentir de muchos hermanos católicos nos encontramos con una cantidad de acciones y compromisos encaminados a obtener beneficios particulares. A esas actitudes las calificamos como FE. Pero no están basadas en la convicción de que el Padre nos ama y en las buenas y en las malas está nuestra disposición su espíritu de amor, que nos impulsa a utilizar todas las posibilidades de felicidad que él ha depositado en nosotros, para bien de todos. Por eso una iglesia enquistada en el poder y preocupada por mantenerlo en la sociedad a través del autoritarismo y el  miedo es una tentación en que ha caído y sigue cayendo en muchas oportunidades.

Domingo 26 de agosto de 2012 – 21 durante el año litúrgico (ciclo “B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Juan 6, 60-69)

Cuando los que seguían a Jesús escucharon esas enseñanzas, se dijeron: esto se hace muy difícil de admitir  ¿quién puede hacerle caso? Jesús dándose cuenta de lo que estaban murmurando, les preguntó ¿esto les sorprende? ¿qué pasará entonces cuando vean a este hijo de hombre volver a donde estaba? El espíritu es el que da vida. El cuerpo no aprovecha. Y las cosas que yo les he dicho son espíritu y vida. Pero todavía hay entre ustedes algunos que no creen. Es que Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no confiaban en él y hasta quién lo iba a traicionar. Y añadió: por eso les he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no lo trae.

Desde entonces muchos de los que habían seguido a Jesús lo dejaron y ya no andaban con él. Les preguntó entonces a los doce discípulos :  Y ustedes también quieren irse?

Simón Pedro le contestó : Señor a quién iremos? Tus palabras son de vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el santo de Dios.

 

Síntesis de la homilía

No es que hubieran entendido mal. Cuando sucedía eso, Jesús explicaba a los suyos lo que otros no entendían. Pero aquí no hay explicación porque, habiendo entendido perfectamente de qué se trataba, no estaban dispuestos a aceptarlo. La misteriosa pregunta de Jesús sobre qué pasará cuando lo vean volver  a donde estaba, es una alusión a su muerte, a la actitud definitiva de su entrega que es al mismo tiempo, para Juan, su exaltación. Este quiebre del grupo grande de seguidores podía haber impresionado a Jesús. Sin embargo es tan grande su respeto a la voluntad de cada uno, que se apresura a preguntarles a los que sentimentalmente estaban más cerca suyo, si ellos también se quieren marchar.  Esta actitud sincera y firme de Jesús es ejemplar para todos los responsables de la evangelización (la propagación de la buena noticia del evangelio) Proponer la verdad aunque se pueda anticipar su rechazo, no puede determinar ni justificar la actitud de ocultarla. Muchas veces, por ejemplo, en la iglesia, los pasajes evangélicos referidos a los ricos se han omitido, y ante prácticas netamente supersticiosas, muchos prefiriendo no perder “clientes”, miran hacia otro lado y dejan que se sigan manteniendo basados en la buena fe o ingenuidad sin sentido crítico.

La afirmación de que “nadie puede llegarse a Jesús si el Padre no lo trae”, no significa que el Padre elige a privilegiados para acercarlos a la salvación y a los otros los deja abandonados. Suele expresarse este enfoque cuando se dice: “A unos Dios le da la fe y a otros no” ó “la fe es un don de Dios que sólo algunos reciben”. El sentido más obvio de la afirmación de Jesús es que si alguien no se siente atraído por el amor del Padre, no se va a acercar a él que es su enviado. Y la atracción experimentada por los judíos no era hacia el amor liberador del Padre, sino hacia la severa estructura de la ley, que establecía desigualdades y privilegios hacia adentro y fuera del pueblo judío, para que se consideraran el “pueblo elegido”.

Los adelantos de Pedro para responder en nombre de todos, que son un recurso de los escritores del nuevo testamente para resaltar su liderazgo en la comunidad de discípulos, no resultan siempre acertados pero, en esta oportunidad, dan exactamente en el centro de la cuestión. “Tus palabras son las que nos sitúan en el verdadero sentido de la vida”. Y si no las escuchamos no tenemos a donde recurrir.

Domingo 19 de Agosto de 2012 – 20 durante el año litúrgico (ciclo “B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Juan 6, 51-59)

Discutían unos con otros los judíos oyentes de Jesús: ¿Cómo puede éste darnos a comer su cuerpo? Jesús les dijo: Yo les aseguro que si uds. no comen el cuerpo de este hijo de hombre y beben su sangre no tendrán vida en ustedes. El que come mi cuerpo y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi cuerpo es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi cuerpo y bebe mi sangre vive unido a mí y yo vivo unido a él. El Padre que me ha enviado vive en mí como yo vivo en él y del mismo modo el que se alimenta de mí vivirá por mí. Hablo de pan bajado del cielo. Que no es como el maná que comieron sus antepasados y, a pesar de eso, murieron. El que come de este pan vivirá para siempre.

Jesús enseñaba estas cosas en una de las reuniones de la Sinagoga de Cafarnaún.

 

Síntesis de la homilía

En el centro de este pasaje en que Jesús repite los conceptos ya expresados como para fijarlos en la mente de sus oyentes, está la clave para descifrar el simbolismo del pan y su propiedad de comunicar la vida eterna. Advirtamos que la calificación de eterna, a pesar de ser tan usada, no tiene el significado real de eternidad, (lo que no empieza ni termina), sino el sentido de vida auténtica, verdadera, duradera (como lo explicita en el credo tradicional la palabra “perdurable”).  El texto de Juan afirma: El que come mi cuerpo y bebe mi sangre vive unido a mí y yo vivo unido a él. Y el que se alimenta de mí como yo me alimento y vivo del Padre, vivirá por mí. Se trata entonces no de una garantía, como una especie de premio por comer el cuerpo y beber la sangre (cosas bastante crudas e inaceptables en su sentido concreto y material, aunque sea bajo las especies de pan y vino) sino de una realidad que se cumple cuando los objetivos de la propia vida se identifican con los de Jesús el enviado del Padre que vive por él y desde él.  La vida y muerte de que se habla entonces, no son los acontecimientos habituales en la historia de cada uno de nosotros, que siguen dándose constantemente, ni tampoco tienen que ver con la seguridad de una vida después de la muerte. Hablan de la verdadera vida que buscada y disfrutada en la tierra como  don compartido y comulgado es presencia de la  vida de Dios y semilla de su plenitud en nosotros.

Se entiende aquí la profundidad que tiene la discusión entre los judíos participantes de la reunión de la Sinagoga de Cafarnaún. Se trata de una interiorización profunda con el mensaje nuevo proclamado por Jesús, que implica una transformación de la vida y la sociedad. Y esto los ponía en contraposición con la seguridad de que la ley mosaica era su salvación y la garantía de vida para siempre.

Nos sucede también dentro de nuestra iglesia cuando, desde cualquier nivel, pero especialmente desde las alturas de la jerarquía se presenta como si la identificación con ella y su verdad constituyeran una seguridad de premio “eterno”, desplazando o subordinando la identificación con el mensaje y la acción de Jesús de Nazaret.

Domingo 5 de Agosto de 2012 – 18 durante el año litúrgico (ciclo”B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Jn.6,24-35)

Cuando la gente, al otro lado del lago, encontró de nuevo a Jesús le preguntaban ¿cómo viniste acá? Jesús les dijo: Estoy seguro de  que uds. me buscan porque han comido hasta llenarse y no porque hayan entendido las señales fuera de lo común-  No se afanen en trabajar por la comida que se acaba, sino por la que permanece, la que les da vida eterna. Esta es la comida que les dará este hijo d hombre porque el Padre ha puesto su sello en él. Le preguntaron: ¿Qué debemos hacer para saber cuáles son las obras que Dios quiere que hagamos? Respondió jesús: lo que Dios quiere que hagan es que crean en aquel qué él les ha enviado. ¡Qué señal nos das para que  te creamos? Cuáles son tus obras? Nuestros antepasados comieron el mana del desierto, como dice la Escritura “Dios les dio a comer pan del cielo” Jesús contestó: les aseguro que no fue Moisés quien les dio pan del cielo, sino que  mi Padre es quien les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan que Dios da es el que ha bajado del cielo y da vida al mundo. Y ellos dijeron “Señor danos siempre de ese pan!”

 

Síntesis de la homilía

El discurso de Jesús en este capítulo 6to de Juan es el más largo de sus enseñanzas. Y no resulta fácil de entender ni para los que lo rodeaban ni para nosotros. Hay algunas cosas claras que constituyen pistas para descifrar el sentido a la vez simbólico y realista del pan como alimento de vida, que es el tema central. Jesús habla de su carne es decir, su humanidad. Con referencia a la eucaristía los sinópticos hablan de cuerpo y sangre como entidades distintas. Para Juan “carne” abarca la humanidad de Jesús, todo lo que él es como personas y como enviado de Dios, reflejo de Dios, revelación del Padre. Su lenguaje resulta por eso duro para los judíos: ¿cómo el Dios espíritu va a estar identificado con un simple ser humano? ¿Y admitirlo a él así, como ser humano, puede resultar alimento para la vida duradera?  Esas dificultades son las que aparecen en el desafío ¿qué obras haces para que creamos esto y confiemos en ti? El ejemplo del maná en el desierto es contrapuesto por Jesús, alejándose de esa comida material a esta otra, que es él mismo para darle a la vida humana,sentido de permanencia y profundidad.

Las interpretaciones de estas afirmaciones del maestro, siembran dudas y objeciones que producen el efecto de alejamiento de muchos. Quedan los doce, los elegidos por él, los amigos que tampoco entienden pero que permanecen fieles a la persona por la que han abandonado todo.

Cuando se habla simplemente de comer el pan que produce la vida, todo aparece como una cuestión o invitación pasiva a recibir un favor. Sin embargo Jesús la pronuncia como un desafío. Si no comen no tendrán vida. Quiere decir entonces que comer no es sólo recibir sino asimilar e interiorizar lo que se recibe. La humanidad de Cristo que se nos entrega nos compromete a vivir, siguiendo los valores de esa humanidad. El seguimiento no es afectivo o basado en creencia voluntarista, sino actitud fundamentada en la confianza del proceder humano de Jesús para llegar a identificarse con él.

Por eso es más cristiano que el que abre la boca para recibir el pan el que es capaz de dar un abrazo al que está a su lado o el que arriesga ponerse en el lugar del otro para comprender y colaborar a su felicidad. La habitual característica mágica  con que se viven los sacramentos, no es sólo ingenuidad que falsea la realidad sino desfiguración alienante de un compromiso profundo con la realidad del hombre.