¿Blanqueo de delitos? La elevación de Karol Wojtyla a los altares. Por Juan José Tamayo Acosta

La rapidez de la beatificación de Juan Pablo II quizá quiere tapar el papel de Ratzinger en ese papado

Juan Pablo II ya es beato. Sin duda tendrá muchos devotos que le pedirán favores y que irán creciendo cuando se vaya corriendo la voz de los milagros, que servirán de prueba para la futura canonización. Tras ver el domingo la espectacular ceremonia de la plaza de San Pedro, dos son las preguntas que me rondan por la mente en torno a la beatificación, una de las más discutidas de la historia junto con la de Pío IX y la beatificación y canonización de Escrivá de Balaguer. ¿Está realmente justificada? ¿A qué puede deberse tanta celeridad?

No creo que haya justificación ético-evangélica para elevar a los altares a Juan Pablo II. Su pontificado, uno de los más largos de la historia, tuvo actuaciones loables, ciertamente, pero también comportamientos muy lejos de la ejemplaridad. Los segundos destacaron sobre las primeras y, en cierta manera, nublaron aquellas. Encuentro a Juan Pablo II cierto parecido con el dios romano Jano, que tenía dos caras, una que miraba hacia adelante y otra hacia atrás, pero, en el caso del Papa polaco, sin lograr la síntesis y el equilibrio entre ambas. La mirada hacia adelante fue una excepción; la mirada al pasado fue una invariante. Veámoslo en el siguiente decálogo.

1. Juan Pablo II fue un Papa moderno en las formas e hizo cosas impensables en sus predecesores: actor en los diferentes escenarios, montañero, viajero incansable. Pero, más allá de las formas, se mostró muy crítico con la modernidad, que consideraba enemiga del cristianismo. Dio respuestas del pasado a preguntas del presente.

2. Fue un Papa muy social como demuestran algunas de sus encíclicas, en las que coloca el trabajo por encima del capital, condena el capitalismo y denuncia sus mecanismos estructurales de opresión. Pero lo que predicaba en las encíclicas lo negaba al condenar a quienes ponían en práctica sus enseñanzas, como los teólogos y las teólogas de la liberación, las comunidades de base, cristianos por el socialismo.

3. Los discursos del papa Wojtyla están llenos de citas del concilio Vaticano II que defienden la igualdad de todos los cristianos y la participación de los seglares en la vida de la Iglesia y en la evangelización. Sin embargo, su modelo de Iglesia fue piramidal y negó cualquier tipo de participación de los laicos en la marcha de la comunidad cristiana.

4. Promovió encuentros de oración y de diálogo con los líderes de las diferentes religiones y movimientos espirituales. Pero generó la división en la Iglesia católica y el desencuentro entre las diferentes tendencias, que en su pontificado se hicieron más acusadas e irreconciliables.

5. Se mostró cercano a los jóvenes, que le aclamaron y respondieron masivamente a sus convocatorias, como la Jornada Mundial de la Juventud. Pero sus mensajes y propuestas apenas sintonizaban con ellos; más bien, estaban muy alejadas de sus inquietudes y problemas. 6. Tuvo un discurso de excelencia sobre las mujeres, al encumbrar su papel de madres, elogiar sus cualidades femeninas, pero era un discurso patriarcal y androcéntrico que las excluía del acceso al mundo de lo sagrado, del ministerio sacerdotal y de puestos de responsabilidad, les negaba los derechos sexuales y reproductivos y las convertía en mayoría silenciada y silenciosa en la Iglesia y en la sociedad.

7. En sus intervenciones públicas, discursos, encíclicas, homilías- defendió la democracia, los derechos humanos y el pluralismo político en la sociedad, que nunca puso en práctica en el seno de la comunidad cristiana, donde impuso el pensamiento único en cuestiones morales, doctrinales y disciplinares, y gobernó autoritariamente.

8. Llenó todo tipo de espacios públicos y fomentó un cristianismo-espectáculo. Pero sacrificó la esencia de la religión, que es la subjetividad y profundidad de la fe. ¿Qué queda de aquellos baños de multitudes, más allá de las imágenes?

9. Se echó en brazos de los movimientos eclesiales neoconservadores, que le acompañaban en sus viajes y sus manifestaciones públicas, y aplaudían sus consignas, al tiempo que se distanció de las más importantes congregaciones religiosas en las que se apoyaron sus predecesores.

10. Demostró un rigorismo moral en materia de sexualidad, al tiempo que fue permisivo con los miles de casos de pederastia que llegaban a la Congregación para la Doctrina de la Fe, dirigida por el cardenal Ratzinger.

En esta última contradicción quizá se encuentre la respuesta a la segunda pregunta: ¿por qué tanta celeridad en la beatificación? Puede tratarse de un blanqueo de delitos. Con su silencio durante tres décadas, Juan Pablo II y Benedicto XVI se hicieron cómplices y encubridores de miles de casos de pederastia. Con la subida de Juan Pablo II a los altares, ambos lavan su culpabilidad y ven perdonado su delito de silencio. Es solo hipótesis.

 

Juan José Tamayo Acosta, es teólogo y filósofo.

Fuente: El Periódico.com

La beatificación de Juan Pablo II. Por Juan José Tamayo

Mañana, 1 de mayo de 2011, Benedicto XVI beatificará a su predecesor Juan Pablo II. Desde su anuncio, esta beatificación ha causado malestar y sorpresa en importantes sectores de la Iglesia católica. Entiendo el malestar, ya que no pocas de las actuaciones de Juan Pablo II fueron todo menos ejemplares e imitables como se espera de una persona a quien se eleva a los altares y se presenta como modelo de virtudes para los cristianos. Me refiero a su manera autoritaria de conducir la Iglesia, a su rigorismo moral, el trato represivo dado a los teólogos y las teólogas que disentían del Magisterio eclesiástico -muchos de los cuales fueron expulsados de sus cátedras y sus obras sometidas a censura-, al silencio e incluso la complicidad que demostró en los casos de pederastia, especialmente con el fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, a quien dio siempre un trato privilegiado con el beneplácito del cardenal Ratzinger, su brazo derecho, etcétera.

Lo que no encuentro justificada es la sorpresa. Con esta beatificación, Benedicto XVI no ha hecho otra cosa que poner en práctica el viejo refrán: es de bien nacidos ser agradecidos. La elevación de Karol Wojtyla al grado de beato es la mejor muestra de agradecimiento que podía rendir a su predecesor, que le nombró presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe y le concedió un poder omnímodo en cuestiones doctrinales, morales y administrativas. Más aún, fue Juan Pablo II quien le allanó el camino nombrándolo sucesor in péctore. ¿Cómo el Papa actual no iba a beatificar al autor de tamaño ascenso en el escalafón eclesiástico?

Si no hubiera sido por Juan Pablo II, Joseph Ratzinger sería hoy un arzobispo emérito sin relevancia alguna. Pero quiso el destino que el papa polaco llamara al arzobispo alemán a su lado y le nombrara Inquisidor de la Fe, para que la vida del cardenal Ratzinger diera un giro copernicano. Durante casi un cuarto de siglo fue el funcionario más poderoso de la curia romana por cuyas manos pasaban los asuntos más importantes del orbe católico, desde el control de la doctrina hasta los casos de pederastia sobre los que decretó el más absoluto secreto, imponiendo a víctimas y verdugos un silencio que le convirtieron en cómplice y encubridor de delitos horrendos contra personas indefensas.

Juan Pablo II y el cardenal Ratzinger vivieron un idilio durante casi cinco lustros con un reparto de papeles que siempre respetaron. El primero, con vocación de actor desde su juventud, ejerció esa función a la perfección, se convirtió en uno de los grandes actores del siglo XX y recibió los aplausos de millones de espectadores de todo el mundo desde su elección papal hasta su entierro. El segundo ejerció el papel para el que estaba especialmente capacitado, el de ideólogo y guionista de la obra que le tocaba representar al papa y que puso por escrito en el libro-entrevista Informe sobre la fe, cuya idea central era la restauración de la Iglesia católica.

El guión incluía la revisión del concilio Vaticano II y el cambio de rumbo de la Iglesia católica, el restablecimiento de la autoridad papal, devaluada en la etapa posconciliar, la afirmación del dogma católico, la nueva evangelización, la recristianización de Europa, la vuelta a la tradición, el freno a la reforma litúrgica, la confesionalidad de la política y de la cultura, la defensa de la moral tradicional en toda su rigidez en materias que hasta entonces eran objeto de un amplio debate dentro y fuera del catolicismo, como la familia, el matrimonio, la sexualidad, el comienzo y el final de la vida, etcétera.

El panorama eclesial descrito por el cardenal Ratzinger en la entrevista con Vittorio Messori, publicada luego como libro bajo el título antes citado Informe sobre la fe, no podía ser más sombrío: “Resulta incontestable que los últimos 20 años han sido decisivamente desfavorables para la Iglesia católica. Los resultados que han seguido al Concilio parecen oponerse cruelmente a las esperanzas de todos, comenzando por las del papa Juan XXIII y, después, las de Pablo VI. Los cristianos son, de nuevo, minoría, más que en ninguna otra época desde finales de la antigüedad. Los papas y los padres conciliares esperaban una nueva unidad católica y ha sobrevenido una división tal que -en palabras de Pablo VI- se ha pasado de la autocrítica a la autodestrucción. Se esperaba un nuevo entusiasmo, y se ha terminado con demasiada frecuencia en el hastío y en el desaliento. Esperábamos un salto hacia adelante, y nos hemos encontrado ante un proceso progresivo de decadencia que se ha desarrollado en buena medida bajo el signo del presunto espíritu del Concilio, provocando de este modo su descrédito”.

Dentro del guión entraba el cambio en la política de nombramiento de obispos, sin la cual no podía llevarse a cabo la restauración eclesial diseñada al unísono por Juan Pablo II y el cardenal Ratzinger. Poco a poco fueron sustituidos los obispos conciliares por prelados preconciliares, los obispos comprometidos con el pueblo dieron paso a obispos cuya preocupación principal era la ortodoxia, los obispos vinculados a la teología de la liberación dieron paso a los obedientes a Roma. De esa manera se garantizaba el éxito de la nueva estrategia neoconservadora.

Wojtyla y Ratzinger se conocían desde la época del concilio Vaticano II, en el que ambos participaron, el primero como obispo, el segundo como asesor teológico del cardenal Joseph Frings, arzobispo de Colonia. Wojtyla se alineó con el sector conservador. Ratzinger estuvo del lado del grupo moderadamente reformista. Ambos dieron su apoyo a los documentos conciliares. Se esperaba por ello que, ubicados posteriormente en los puestos de la máxima responsabilidad eclesiástica, llevaran a la práctica las reformas aprobadas por el Vaticano II en los diferentes campos del quehacer eclesial: vida y organización de la Iglesia, teología, liturgia, recurso a los métodos histórico-críticos en el estudio de los textos sagrados, diálogo con el mundo moderno, presencia de la Iglesia en la sociedad y, sobre todo, la creación de la “Iglesia de los pobres”, propuesta estrella de Juan XXIII. No fue ese, sin embargo, el camino seguido por Juan Pablo II y Benedicto XVI.

Cuando accedieron al papado fueron desmontando poco a poco el edificio construido por los padres conciliares entre 1962 y 1965 y alejándose del proyecto de Iglesia diseñado cuidadosamente en las cuatro Constituciones, los nueve Decretos y las tres Declaraciones que conforman el Magisterio conciliar.

El giro no podía ser más notorio: se pasó de la Iglesia pueblo de Dios y comunidad de creyentes a la Iglesia jerárquico-piramidal, de la corresponsabilidad al gobierno autoritario, del pensamiento crítico al pensamiento único, de la autonomía de las realidades temporales a su sacralización, de la secularización al retorno de las religiones, de la autonomía de la Iglesia local a su control, de la jerarquía como servicio a la jerarquía como ejercicio de poder, de la teología como inteligencia de la fe en diálogo con otros saberes a la teología como glosa del Magisterio eclesiástico, de la ética de la responsabilidad al rigorismo moral, del diálogo multilateral al anatema.

La beatificación de Juan Pablo II constituye, a mi juicio, una muestra más del paso que Benedicto XVI ha dado desde el neoconservadurismo al integrismo.

 

Juan José Tamayo es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid.

“Otra” semana santa. Por Guillermo “Quito” Mariani

Otra, casi totalmente otra, era la que nosotros los mayores vivimos hasta la década del 60. Clima de austeridad, renuncias, ayunos, largas oraciones y predicaciones de grandes y convincentes oradores durante toda la Cuaresma. Imágenes tapadas con telas moradas, silencio de canciones música, tristeza y hasta angustia culpable alrededor de un Cristo desangrado, cuyos sufrimientos indecibles habíamos provocado nosotros con nuestros pecados, Mel Gibson lo expresó crudamente en su película que,  con entrada gratis, algunos colegios religiosos aprovecharon para que sus alumnos, en vista de que eran sus pecados los que producían tan conmovedores sufrimientos, se sometieran en adelante a todas las reglas y prescripciones.

Pío XII inició  tímidas reformas litúrgicas. Menos tiempo de ayuno eucarístico, celebración de la pascua el sábado por la noche, alivio de hábitos religiosos tremendamente sofisticados, apertura de las clausuras conventuales para que lxs religiosxs pudieran salir a votar por la D.C.

Juan XXIII, elegido como de transición, por las limitaciones de su edad que hacían prever un breve pontificado, con sencillez realista y campesina cayó en  la cuenta de que la iglesia estaba atrasada y vieja. Y emprendió decididamente el objetivo de actualización y rejuvenecimiento. De repente, como inspirado por el Espíritu Santo (en  realidad para que la Curia romana no tuviera oportunidad de oponerse) habló, decidió y convocó un Concilio. Los documentos producidos por los obispos del mundo, a pesar de esfuerzos por respetar las tradiciones, fueron un  fogonazo de esperanzas y de cambio. El pueblo de Dios, y muchos alejados y marginados comenzaron decididamente un camino de libertad, de pensamiento propio, de creatividad, de respeto por otras confesiones. Se establecieron reformas de los Sacramentos, del idioma de las celebraciones, de la música y cantos litúrgicos, poniendo freno a la proliferación de imágenes en los templos. Pero sobre todo restableciendo el concepto de iglesia-comunidad, opuesto al de monarquía. Con una visión realista de un mundo dividido por injusticias y olvidado de los pobres, y, a la vez, con valiosos aportes sociales y científicos. De ese mundo, la iglesia se proclamó servidora y no señora.

Muchos sin embargo se “sentaron en la retranca” como dice la gente de campo. Empacados en sus seguridades y defendiendo sus privilegios y autoritarismo. Así quedaron a mitad de camino las reformas conciliares. Y hoy, con pequeñas variantes de modernización, la semana santa es la misma de antes. Confesiones, penitencias, ayunos, tristeza, identificación con el sufrimiento de Cristo, hasta la culminación de la Pascua en que, sin saber mucho en qué consiste, se celebra alegremente la “resurrección”.

Pero insensible y paralelamente, hay otra celebración de la semana santa. La del descanso, el turismo, la reunión familiar, la alegría compartida que “igualiza” y siempre enciende esperanzas. Hay quienes piensan que eso no tiene nada que ver con el Cristo viviente y su presencia multiforme entre nosotros. Y es cierto que hay excesos. Egoísmos, despilfarro, comercio abusivo. (también a veces los hay en la Iglesia). Pero recuperar la alegría de la vida, no frenarnos en el goce de la naturaleza y nosotros mismos, dejarse llenar por las cosas lindas que nos rodean, compartir en ausencia de las tensiones cotidianas, aprovechar para el gozo del campo y la montaña…es otra pascua…otro paso liberador…otra puerta hacia la vida…otra santidad…otra búsqueda de Dios a través del hombre y no de los ritos. Si hacemos estadística de las celebraciones en los templos, (esquematizadas en largas lecturas aburridas, aunque con algunos signos valiosos, ocultando siempre una especie de miedo e imposición), con su convocatoria, y la comparamos con esta otra, creo que no caben dudas de que ésta ha vencido a aquella. Y no por “facilismo” sino por “autenticidad” de buena noticia. Evangélica. Cristiana.

 

Silencios sugestivos. Por Guillermo “Quito” Mariani

No se podía ignorar la noticia del asalto y robo a los SRT, coincidiendo con el proyecto de una radio con 24 horas de noticias que rivalizaría con medios muy poderosos. De modo que todos la publicaron (algunos con mezquinos espacios) y casi todos hasta enviaron su reprobación del atentado.

Fuera del meritorio trabajo de los empleados del canal que rearmaron lo disponible para no cortar los noticiosos, y de la firmeza y moderación con que la rectora Carolina Scotto respondió públicamente a la agresión, afirmando a la vez que la seguridad de una investigación profunda, la decisión de continuar con los proyectos anunciados, no se produjeron hechos significativos en repudio del  delito.

Clarín abarcó  el mundo con el escándalo de un tremendo atentado contra la libertad de expresión cuando sus empleados  bloquearon uno de sus portones para que no saliera a la venta el diario de ese día. La impresionante cantidad de ejemplares armaditos y atados en una especie de quietud impresionante, varados en el depósito, por decisión de los que organizaron y realizaron la protesta gremial, hizo impacto a nivel mundial.  Se apresuraron a condenar la acción  del bloqueo de uno de los portones,  las prestigiosas organizaciones como ADEPA que defienden, con muchas ambigüedades,  la libertad de prensa, o mejor, para ser claros, la libertad de empresa. Por su parte el gobierno de la ciudad capital lanzó un decreto penal para evitar en el futuro toda posible acción reivindicatoria contra los medios de prensa. No importa lo que las Empresas hagan en contra de la ley o su arbitrariedad en admisiones, despidos y venganzas contra delegados obreros. Ellas tienen derecho a salir con los “botines de punta” para desfigurar los hechos y defender sus intereses de   prestigio y rendimientos económicos. Pueden, en suma, usar la libertad de expresión para cercenar la libertad de expresión de los que no disponen de otros medios que la resistencia pasiva para lograr ser atendidos en sus reclamos justos.

En el interior, La Voz se plegó en Córdoba a la táctica porteña y aprovechó otro incidente gremial, el de los canillitas (no hay seguridad de que no haya sido incentivado por la misma Empresa para darse publicidad victimista, ya que ni para los protagonistas estaban claros los motivos del bloqueo y cesado éste, la Empresa misma se negó a la distribución de los diarios) Grandes títulos anunciaron en las publicaciones posteriores, el recurso a la Comisión de la OEA, confiriendo así jerarquía internacional al breve bloqueo producido ese Domingo.

Lo de los SRT, en cambio, no fue tomado demasiado en cuenta por los grandes medios. No se pronunciaron las organizaciones oficiales de la libertad de prensa. No se publicaron repudios importantes de la prensa internacional. No se habló compasivamente, como en el caso de Clarín y La Voz, de los pobres lectores que buscaron ese día los diarios en los quioscos y se tuvieron que volver a sus casas con los pesitos ahorrados en los bolsillos y la curiosidad vacía de noticias.  No se pensó en la expectativa de los que encendieron los televisores conectados a la red de aire,  que se quedaron esperando la reparación de la pantalla  blanqueada y silenciosa del Canal universitario.

En los bloqueos de Clarín, La Nación y La Voz el interés se puso en la postura política opositora de mostrar un autoritarismo en avance hacia la represión y la dictadura (Norma Morandini). Pero como los SRT saqueados son una especie de atentado contra el gobierno, un relativo y disimulado silencio, festejó por debajo, las limitaciones de la libertad de expresión significada y producida por el hecho.      José Guillermo Mariani

 

Desde el Jardín. Por Darío Passadore

Me presento
Buenas tardes a todos y Gracias por acompañarnos hoy en este “ABRAZO A LA CRIPTA”.
Soy Darío Passadore, Presidente del Consejo Pastoral de La Cripta.

Estas expresiones artísticas que estamos compartiendo hoy son espectaculares, como es significativo que nos reunamos hoy a compartir todo esto. Pero me toca a mi proponerles un alto e invitarlos a darle significación a esta actividad.

La Identidad de La Cripta NO se negocia. Grupo de Teatro ExTras

Como todos Uds. saben la inconsulta decisión del Obispo Carlos Ñañez de designar un párroco disonante con nuestra línea pastoral nos pone aquí, en el jardín, a la intemperie.

Desde la intemperie es interesante recordar que hemos logrado una construcción como comunidad, y una identidad, impulsados por una búsqueda que nos es común. Pero es momento de preguntarnos, esta búsqueda, ¿desde dónde la hacemos?

Somos testimonio de lo que hemos cosechado aquí, en La Cripta, mas, ¿Cuál ha sido la nutriente de esta experiencia?
La respuesta a estos dos interrogantes es una, y es poderosa, la respuesta es UNA LECTURA DE JESUS Y DE SU EVANGELIO.

LA REALIDAD ES ENTONCES QUE TENEMOS UNA LECTURA DEL EVANGELIO DE JESUS DE NAZARET, Y DESDE ALLI ES DESDE DONDE HACEMOS, Y HA SIDO LA NUTRIENTE DE ESTA EXPERIENCIA QUE QUEREMOS ABRAZAR Y QUE RECONOCEMOS COMO LA CRIPTA.

DESDE LA INTEMPERIE, Y DESDE ESTA LECTURA, TAL COMO VOTAMOS LIBRE Y UNANIMEMENTE EN OCASION DE NUESTRA ASAMBLEA PARROQUIAL,  DECIDIMOS RECHAZAR LA IMPOSICION DEL OBISPO

 

DECIDIMOS RECHAZAR LA IMPOSICION DEL OBISPO

  • Porque nos ha costado un largo proceso personal y comunitario acrisolar un sentido de la vida y un sentido de nuestra fe.

  • Porque eso ni lo renunciamos, ni lo negociamos, ni lo cambiamos, porque sería renunciar a lo que somos, pensamos y sentimos.

  • Porque no queremos renunciar  a nuestro espacio en la Iglesia de la que somos parte, en la que hemos crecido o descubierto este modo de vivir la fe; no queremos entregar este espacio porque nos pertenece y no queremos dejárselo a quienes intentan otra cosa.

 

Doy paso ahora al grupo de teatro de la cripta, ExTras, que nos guiará en este emotivo abrazo simbólico a nuestra Cripta.

 

 

 

¡“la identidad de la Cripta NO se negocia”! Abrazo Multitudinario. Por Laura Garzón

La convocatoria superó las expectativas. La consigna fue clara y la gritamos entre todos: ¡“la identidad de la Cripta NO se negocia”!

ABRAZO A LA CRIPTA  Por Laura Garzón.

Desde la afirmación: ¡“la identidad de la Cripta NO se negocia”!  Aún resonando en nuestros oídos y corazones, es que afirmamos:

Que ante el desconcierto y perplejidad que nos causan estas actitudes rígidas, de imposiciones y sanciones, vamos a resistir, a no dejarnos desanimar o perder la esperanza.
Nos comprometemos a continuar trabajando, en un auténtico seguimiento de Jesús de Nazareth, en su proyecto, y en el desafío de llevar su Buena Noticia, con coraje y alegría, a las minorías de nuestra sociedad.
Seguiremos luchando, por una Iglesia pluralista y participativa; convencidos que el Espíritu Santo guía e ilumina, a todas las personas de Buena Voluntad. No tiene sede exclusiva, ni preferida, en el Vaticano, o en Av. Hipólito Irigoyen. Ningún obispo, ningún sacerdote, ningún Papa, están por encima de nuestra Libertad de conciencia, de expresión o de pensar.
Por último, queremos reafirmar, que  reconocemos en el término Iglesia a la Asamblea de todos los bautizados, que se gobierna a si misma. Todos reconocemos a un mismo Padre, y en Jesús, a todos los hombres como nuestros hermanos.

Queremos agradecer especialmente a Quito, Víctor y las Hermanas de San Casimiro; pilares fundamentales en la construcción de esta Utopía, que durante 40 años, más allá de ser el sueño de una porción de Iglesia, ha sido un aporte y una lucha por la Dignidad Humana.

No sé si somos muchos o pocos, algunos dicen que somos un pequeño grupo de rebeldes (o algo así) pero no importa la cantidad, sino la convicción y el compromiso auténtico con la causa de Jesús.

¡“la identidad de la Cripta NO se negocia”!

¿Qué hay detrás de la “A”? Por Guillermo “Quito” Mariani

¿Qué plenitud de significados contiene esa primera vocal de nuestro alfabeto teñida con la inocencia de los primeros balbuceos infantiles?

Si la han elegido para denominar a un grupo tan importante como el conformado por la unión de los principales partidos opositores amigos del Sr. Magnetto y la Sra. Herrera de Noble, será seguramente porque han descubierto una gran amplitud y profundidad de sentido. Internémonos entonces en el mar de las posibilidades. Quizás lleguemos a pescar exactamente lo que tiene adentro

¿Será “A” de agro? Es bastante probable. El agro opositor ha levantado una poderosa bandera que, en un comienzo al menos, sirvió a los partidos políticos sin objetivos claros, positivos y populares, para refugiarse y renovar sus pretensiones protagónicas.

¿Será “A” de alianza? También es probable. El recuerdo del nombre “archidemocrático” para algunos, de la Union Democrática del 45, fomentada por el embajador Braden con el objetivo de derrotar a Perón, sigue cautivando los recuerdos de algunos, a pesar de su ineficacia de entonces. Para otros, está presente otra Alianza que resultó eficaz. La que derrotó a Menem y llevó a consagrar presidente a de la Rúa, que “della rúa” termino siendo “del helicóptero”. Con ese estilo se estudiaría la posibilidad de defender la democracia y reinstaurar la gobernabilidad.

¿Será “A” de amenaza? Puede tenerse en cuenta ese contenido, toda vez que abundan los testimonios de que, en distintos momentos, representantes insignes de algunos de esos sectores, hablaron de derrocar al poder ejecutivo y hasta profetizaron “jornadas de sangre”.

¿Será “A” de ambición? Esto es casi seguro. Tan seguro que, como la ambición es un resorte activado por intereses concretos, ya se notan divergencias entre los firmantes de la declaración con que parece reiniciarse el trabajo del grupo.

¿Será “A” de ataque? La disponibilidad por parte del grupo, de los medios de información más influyentes, utilizada al máximo para propagar sus agresiones, hace pensar en una decisión tomada, de ofensiva anti-oficialista a todo trance. Un acuerdo que parece cumplirse con la circunstancia de haber aprovechado para el renacimiento del grupo, la estrategia de Clarín y sus servidores, que lograron proclamar internacionalmente el cercenamiento de la libertad de prensa, a propósito de los impedimentos para distribuir sus publicaciones, por parte de empleados y canillitas que protestaban por diversos motivos de orden gremial.

¿Será “A” de apoyo? ¿Un apoyo que consistiera en reconocer los logros del kirchnerismo, como ellos lo llaman, y señalando las deficiencias que realmente existen, los impulsara a crear programas serios y realizables que las remediaran? Quizás eso, en el partidismo imperante (llámese ambición de poder) y en tiempos preelectorales, esté lindando con un sueño imposible.

¿Será “A” de Argentina? Esto ciertamente demostraría la calidad de una oposición patriótica y no mercenaria, mostrando con una acción generosa y responsable su intención de servir al bien común, por encima de los intereses particulares y foráneos.

¿ O será, finalmente, “A” de amor? En tal caso podría significar una relación afectiva y por lo tanto efectiva muy intensa entre los dirigentes de los partidos opositores y una real preocupación por remediar desigualdades de todo orden. Lo que no es muy perceptible a primera vista. Pero ¿quién puede descartar que sentimientos nobles y generosos puedan albergarse en grupos humanos con distintas ideologías, pero con mutuo respeto y objetividad de juicio?

Entretanto, contenido de la “A” seguirá por ahora entre el misterio y la esperanza.

 

Basta de Chicos Policías. Por Norberto Alayón

En noviembre de 2010 escribí una nota sobre “Los niños y niñas policías”, la cual fue publicada en distintos boletines y páginas digitales del país. En la misma hacía referencia a la irradiación de variadas experiencias de “Policía infantil” y “Gendarmería infantil” en las provincias de Chubut, Salta y Misiones.

Llamaba la atención acerca de la proliferación de estos programas de involucramiento policial de los niños y niñas, existentes en más de una decena de las provincias argentinas, lo cual implicaba una suerte de militarización de nuestra infancia.

Indudablemente, desde estas supuestas cándidas e inofensivas propuestas se tiende a fortalecer y reproducir en la sociedad -desde la propia infancia- un estilo de comportamiento cultural que privilegia una férrea disciplina militarizada, basada en el orden, las órdenes y la rigurosa obediencia.

Para ello se cuenta con la aceptación activa de algunos pocos y también con la aceptación pasiva de la mayoría de la población, que por diversas razones no llega a advertir los riesgos que estas prácticas contienen y dejan de levantar una voz siquiera de alerta y rechazo ante este avance, crecientemente extendido, que pretende imponer una concepción militarista de la vida y la familiarización con las armas, aunque no las porten ellos, desde la más temprana edad.

La excusa para impulsar e irradiar estas experiencias policiales procura centrarse en el eventual servicio que prestarían para la “contención de los niños marginalizados”. Resulta imperioso enfatizar que el lugar de los niños -pobres o no- está en la casa y en la escuela (que en virtud de la Ley 1420 del siglo XIX establece la educación obligatoria, laica y gratuita), y no en las brigadas, escuadras o cuerpos policiales, bajo la estricta lógica de los entrenamientos y adoctrinamientos militares.

Como en tantas otras ocasiones, surge, con nitidez, la clásica y perversa asociación de pobreza con delincuencia. El estigma, la duda, el miedo, siempre recaen sobre los pobres y los humildes. Y, entonces, a los niños pobres habrá que encauzarlos, reeducarlos, readaptarlos, disciplinarlos, inculcarles “valores netamente argentinos”, porque sino serán el peligro del mañana.

El reconocido especialista brasileño Edson Seda me comentaba, en correspondencia personal del 24 de noviembre de 2010, que “en Brasil hemos tenido cosas parecidas, como niños ‘patrulheiros’ o ‘guardinhas’ y otras denominaciones, organizadas por jueces y ciertas ONGs del pasado. No lo tenemos más, porque todos los programas de protección de la infancia tienen que ser aprobados por un Consejo paritario (entre el mundo gubernamental y el no gubernamental) en cada municipio. Este tipo de programas, en Brasil, son considerados hoy discriminatorios, y los Consejos no los aprueban”.

Es evidente que se torna necesario introducir cambios progresivos en la línea de la defensa de los derechos de la infancia y la adolescencia y, al día de hoy, reparamos en una muy buena y significativa noticia:siguiendo instrucciones del Ministerio de Seguridad de la Nación la policía de Misiones desarticulará 32 entidades de policía infantil que funcionan en esa provincia. La decisión ministerial se fundamentó en requerimientos de organismos de derechos humanos que señalaron que “los niños y los menores de edad no deben educarse dentro de ambientes de las instituciones de seguridad, nacionales o provinciales”.

Es de desear que este impulso de recuperación de la sensatez, en favor de la infancia y, a la vez,  de la sociedad en su conjunto, se extienda también a otras provincias como Catamarca, La Rioja, Jujuy, Mendoza, San Juan, Neuquén, Santa Fe, Entre Ríos, Chaco, Corrientes, donde persisten -lamentablemente desde hace muchos años- experiencias de militarización de niños, niñas y adolescentes.

 

Buenos Aires, 7 de abril de 2011

Norberto Alayón es Trabajador Social. Profesor Titular de la Facultad de Ciencias Sociales-UBA


 

Ciclo de Charlas con P. Guillermo “Quito” Mariani.

Inauguramos el ciclo de charlas de este año, el 19 de Marzo. Allí se votaron los temas que parecían más interesantes para las seis reuniones. El resultado de esas preferencias origina la presente lista de temas y fechas.

abril 14: Dios sin Cristo o Jesús sin Dios

mayo 19: resurrección, reencarnación, inmortalidad

junio 9: hasta que la muerte los separe

julio 14: eutanasia

agosto 11: suicidio

setiembre 8: el espíritu santo y el no santo

Siempre los segundo Jueves de mes a las 17 en mi casa con un método intercativo y una duración aproximada de dos horas, en las que intercalamos un espacio para descansar la mente, charlar, y “tomar el té” con los elementos comestibles y bebibles que se aportan.

La colaboración “para el mantenimiento del clero”, voluntaria y no excluyente será de $15.- En la semana anterior a cada fecha procuraré recordarles los detalles, para facilitar el trabajo a las memorias desgastadas por las preocupaciones cotidianas. Con un abrazo Quito Mariani

Como el número de asistentes y votantes no fue tan significativo (25), si algunos prefieren distintas fechas u horarios pueden manifestármelo, preferiblemente por mail. Dirección : Roland Ross 7698 esq. Tomás Garzón T.03543 471933 (para dejar mensaje) y Cel.0351 155 636521

 

Jornada Mundial de la Juventud 2011 y la 3a Visita del Papa. Por Evaristo Villar

Cuentan los evangelios sinópticos que Jesús “fue conducido por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo”, que superó las tres pruebas que le puso y que, al final, “el diablo se alejó de él hasta otra ocasión” (Mt 4,11; Mc 1,12 y Lc 4, 1.13).

Me hubiera gustado iniciar esta reflexión sobre la visita del Papa a Madrid con motivo de la JMJ 2011 con la esperanza de Machado ante el “olmo viejo”, anotando también aquí “la gracia de alguna rama verdecida”. Hubiera sido para mí, lo confieso, una gozosa noticia. Pero la experiencia de las reiteradas visitas papales a nuestro país -recientemente a Santiago y Barcelona- ignorando la diversidad ideológico-religiosa que existe y cargando contra un supuesto “laicismo agresivo”, me obligan a desplazar hacia algún futuro, aún incierto, ese esperado “milagro de la primavera”.

Esta reflexión, hecha desde dentro, pretende situarse mayormente en la repercusión sociopolítica que acompaña a este tipo de eventos, sin ignorar la resonancia intraeclesial que indudablemente va a tener en la Iglesia española.

Parto de unos datos oficiales de la jornada que, con un poco de imaginación, pueden acercarnos, quizás, al escenario actual de aquellas tres tentaciones paradigmáticas que debió superar Jesús en el desierto.

1. Algunos datos

Según la web oficial www.madrid11.com y los medios de comunicación, la Jornada Mundial de la Juventud 2011, que tendrá lugar del 16 al 21 de agosto y que está gestionada por la “Fundación Madrid Vivo” presidida por el cardenal Rouco, tendrá un coste inicialmente estimado de 50 millones de euros. Para alcanzar esta cifra, ciertamente importante, se cuenta, de una parte, con la aportación de las principales empresas y multinacionales de ámbito estatal (bancarias, eléctricas, telefónicas, comerciales, mediáticas, etc.) que, según el artículo 27 de la Ley de Régimen Fiscal, gozarán de unos beneficios de desgrabación a la Hacienda pública del 80% del capital aportado ; y, de otra, con la estrecha colaboración de las tres administraciones públicas directamente afectadas por esta visita: el gobierno del Estado, el de la Comunidad Autónoma y el Ayuntamiento de Madrid. El diario Público, en su edición del 11 de enero de 2010, cifraba entre 20 y 25 millones de euros la aportación de estas tres administraciones. Esto en cuanto a los datos macroeconómicos de la visita.

2. reflexiones

1ª A la vista estos datos, la JMJ 2011 con la presencia del Papa ofrece un perfil marcadamente económico. Así lo ha entendido el Ministerio de Hacienda al declarar la JMJ, en los Presupuestos Generales del Estado 2010, como “acontecimiento de excepcional interés público”, es decir, económico. El mismo Ayuntamiento de Madrid, por su parte, la ha incluido en su programa cultural “veranos de la Villa” que, en el fondo, tampoco está lejos de ese mismo objetivo.

A mí este consorcio económico-religioso o matrimonio de conveniencia, con las imágenes de representantes religiosos rodeados de grandes empresarios y dueños del capital me produce un cierto escándalo. Y no voy a entrar en detalles sobre la procedencia ética de algunos de esos capitales, frecuentemente asociados a la explotación y empobrecimiento de los pueblos del Tercer Mundo y actualmente tan estrechamente vinculados al origen y salida de la crisis económica. Todo ese submundo, más bien oscuro, está exigiendo comportamientos antes de justicia que de veleidades religiosas. Quizás sea bueno recordarles a estos ricos generosos que antes de tales gestos de piedad se podrían haber dado alguna vuelta por la ventanilla de la Hacienda pública.

Me parece más escandalosa, si cabe, la generosa implicación de las administraciones civiles, gestoras de los bienes comunes de la sociedad que legítimamente representan. Una sociedad, por cierto, plural, no toda ella religiosa y mucho menos cristiana. Alguien, o mejor dicho, toda esa sociedad por ellos representada deberíamos exigirles cuentas de los poderosos motivos en que apoyan ese uso, abiertamente partidista, de los dineros y recursos públicos.

Mirando las cosas desde dentro de la Iglesia, este consorcio económico-religioso me produce aún mayor escándalo, porque, a mi juicio, se está caminando en dirección contraria al mensaje que se quisiere transmitir. Cualquier lector o lectora sin prejuicios de los evangelios sinópticos caerá pronto en la cuenta de que tampoco en esta ocasión se va a superar en Madrid aquella “tentación del pan” que tuvo que vencer Jesús en el desierto, es decir, la pretensión de anunciar el Reino de Dios desde el poder económico y la riqueza. La propuesta de Jesús es, más bien, la contraria: desde la humildad de los medios y la confianza en la propia fuerza intrínseca que el mensaje en sí mismo encierra, como el grano de trigo sembrado en el surco, como el fermento en medio de la masa, como la insignificante semilla de mostaza. Muchos cristianos y cristianas sentirán sonrojo ante este sarao que desdice abiertamente la convicción que Jesús tenía de que “no se puede servir a la vez a Dios y al dinero” (Mt 2, 24), ni se debe llevar “faltriquera ni alforja para el camino” (Lc 10,4).

No se trata en modo alguno de hacer demagogia. Pero es difícil sortear la incómoda mirada de esos 4.3 millones de parados, de los que ven limitarse día a día sus derechos a la salud, a la educación, a la vivienda, al pequeño Estado de Bienestar antes logrado y ahora lejos de su alcance por esa crisis que ellos y ellas no han provocado. Y no creo que desde este escenario se les pueda aportar alguna respuesta, alguna esperanza.

2ª La implicación directa de las tres administraciones civiles habla abiertamente de la dimensión política de esta jornada. Quizás sea inevitable, pues todos nuestros gestos, aunque no lo pretendamos y más si son colectivos, tienen siempre una proyección política que afecta, querámoslo o no, al resto de la ciudadanía.

Pero en este caso, la llegada del Papa -con la ambigüedad que representa su propio estatus- convierte a la JMJ en un acto político de primera magnitud. Porque el Papa, jefe del Estado vaticano, es, a su vez, representante religioso de la Iglesia católica que, aunque no tan dominante como en la historia pasada y reciente, aún conserva una presencia pública suficientemente importante en la sociedad española.

Y esto es lo que crea confusión. Porque si la visita del Papa fuera abierta y exclusivamente como jefe de Estado, gustara o no, sería recibido oficialmente con la cortesía con que se rodea a tantos otros jefes de Estado en los que se ve la representación de un pueblo determinado. Pero en este caso, por tratarse además del jefe de una Iglesia, se añade otra connotación que lo particulariza. Y este particularismo hace que su visita esté siendo contestada por amplios sectores de la sociedad –también católicos- no solo por sus planteamientos religiosos y políticos –que son suficientemente conocidos-, sino, y sobre todo, por el estatus particular que mantiene en España la Iglesia católica de la que el Papa es, en última instancia, máximo representante. Porque para estos ambientes críticos y más seculares la Iglesia católica en España, con los privilegios sociales y políticos que aún acumula, está siendo uno de los mayores obstáculos para la consecución de la igualdad jurídica de toda la ciudadanía y la implantación del Estado laico decidido mayoritariamente por la sociedad española hace más de treinta años.

Y decir laico aquí y ahora no es decir principalmente –salvo raras excepciones- arreligioso o antirreligioso, sino defender ese espacio jurídico neutro en el que caben las creencias y las no creencias, las ideologías y las religiones que colaboran honestamente al proceso de humanización de la gente. Un espacio estatal de todas y todos, inclusivo, sin someter su autonomía a ninguna institución particular o privada. Y muchos estamos convencidos de que esto no será posible mientras algunas instituciones, singularmente la Iglesia católica, mantengan sus actuales privilegios en cuestiones de financiación, enseñanza, fuerzas armadas, etc.

No me gustaría pecar de utópico, pero aún a riesgo de serlo, quisiera oír en esta Jornada Mundial de la Juventud -sin que se trate de un mero sueño- la autorizada voz del representante de la Iglesia católica denunciando unilateralmente los Acuerdos que sus predecesores firmaron con los representantes del gobierno español en 1979. Porque, sin olvidar algunos artículos de la Constitución, estos famosos Acuerdos son el origen de unos privilegios que causan discriminación jurídica y política entre la ciudadanía y privan a la misma Iglesia de la libertad y la capacidad profética necesarias para anunciar con frescura al Jesús del evangelio.

Yo creo que tampoco en este ámbito de la política se supera, como hizo Jesús en el desierto, la “tentación del alero del templo”, es decir, la tentación de difundir el mensaje desde el poder. La Biblia hebrea, refiriéndose al pueblo de entonces, calificaba de adulterio esta alianza religioso-política, por echar en brazos del poder político la confianza debida al Dios verdadero. Y la dimensión religiosa del evangelio cristiano la expresó muy acertadamente Santiago en su emblemática carta a las iglesias difundidas por Asia y Europa a finales del primer siglo: “La religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre consiste en cuidar de huérfanos y viudas en su necesidad” (Sant 1, 27).

3ª No quisiera caer en la temeridad de inventarme el discurso religioso que el Papa puede pronunciar en la JMJ 2011. Me gustaría ser sorprendido por su frescura actual y su contenido evangélico. Pero me temo que ni él ni nosotros vamos a tener tal suerte.

Porque, a la vista de algunos otros detalles que, además de su financiación, ya conocemos sobre la Jornada Mundial de la Juventud, como su celebración y programación, sus actores más destacados y el lugar donde se va a desarrollar, muchos católicos nos sentimos verdaderamente preocupados. Porque, aunque se quiera justificar lo contrario, ni la decisión de celebrar la jornada, ni la metodología seguida en su programación han sido horizontales y participativas, desde abajo, sino, como ya nos tienen acostumbrados, verticales y dirigidas; no se han tenido en cuenta, una vez más, las diversas sensibilidades que actualmente existen en la Iglesia española. Por otra parte, se está dando la impresión de que casi todo se está reduciendo a un grupito más o menos nutrido de actores, bien organizados y sumisos a la jerarquía, algunos rozando, sin duda, el integrismo doctrinal y cultivando una espiritualidad intimista y desencarnada. Finalmente, tampoco el escenario o lugar físico donde va se va a desarrollar esta magna concentración parece el más adecuado, evangélicamente hablando, para estas cosas. Se da la impresión de ir antes en busca de la espectacularidad y el poderío mediático que de la humilde sencillez del Reino de Dios.

Vista la trayectoria personal del Papa, testigo privilegiado durante largos años del proceso religioso-espiritual de Occidente (además de su inmediatez a Juan Pablo II), se puede entender esta jornada como diseñada muy a su gusto personal, quizás como una compensación psicológica y hasta como una reacción colectiva ante la decepción causada por la frustración del “revival religioso” que se anunciaba a finales de la década de los setenta. Santesmases refleja certeramente (cfr. Éxodo pp. 14 y ss.) el diagnóstico que el mismo Ratzinger hace de todo este proceso en el prólogo a la edición del 2000 de su libro la Introducción al Cristianismo. Se acentúa en este diagnóstico la deriva seguida por estas sociedades accidentales desde la esperanza que suscitaban en una mayor ”relevancia o presencia pública de la religión” en la década de los setenta al “vacío existencial” de hoy día donde se ha ido imponiendo el “neopaganismo” y la “dictadura del relativismo”. Sin el mesianismo alternativo que representaba por entonces el marxismo y que obligaba a estar vigilantes, el mundo religioso occidental ha caído en una enorme “anomía”, en un ”pluralismo disolvente” en el que cada cual elige “la religión a la carta” que personalmente más le conviene. (En la última visita a España habló de una deriva más, del “laicismo agresivo”).

Ante este panorama, piensa el Papa, es necesario reaccionar y luchar contra corriente, aunque seamos una minoría. Un mensaje que conecta muy bien con ciertas sociedades europeas y españolas dispuestas a lo que Alfredo Fierro calificaría como “recatolización de lo privado”.

Aunque este tema merecería una mayor reflexión, me pregunto si esta reiteración de las visitas papales a España encierran algún propósito oculto, alguna suerte de nueva “recatolización del mundo Occidental”, secularizado y descreído, a partir de las y los católicos españoles. Simulando al politólogo Julles Kepel en su clarividente libro La revancha de Dios (Alianza Editorial 2004), se trataría entonces de una nueva vuelta del “catolicismo de siempre”, o de la “revancha del dios de la cristiandad”. Lo que, frente al proyecto ilustrado, científico y tecnológico que ha ido desmitologizando todo el proceso religioso y separando pacientemente entre razón y creencia, nos llevaría a preguntar si no estaríamos caminando abiertamente hacia un neoconservadurismo peligrosamente asociado a los fundamentalismos ya existentes.

Me temo, en definitiva, que tampoco en esta tercera visita, desde el posible “mensaje recatolizador” del Papa, con la familia y la escuela como lugares centrales, vamos a poder superar esa tercera tentación del desierto, que el evangelio presenta como “de la ostentación y la espectacularidad desde la cumbre del monte”. Porque, desde este encumbrado lugar, va a resultar muy difícil, por no decir imposible, proclamar, como hizo Jesús en la humilde sinagoga de Nazaret, y es el mensaje central del cristiano, el evangelio o “buena noticia a los pobres”, el “año de gracia” que se necesita para devolver las apropiaciones indebidas, para perdonar las hipotecas que echan a la gente de la propia vivienda, para crear puestos de trabajo con salarios y pensiones justas, para compartir con todas y todos los que es de todos y de todas. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

Fuente Eclesalia