Homilías Dominicales. Domingo 23 de junio de 2013 – 12 del año litúrgico (ciclo”C”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Lc. 9,18-24)

Jesús estaba orando a solas. Sus discípulos estaban con él. Entonces le preguntó: ¿Quién dice la gente que soy yo? Ellos respondieron: para algunos eres Juan el bautista, para otros, Elías y para otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado. Pero para ustedes-les dijo-¿quién soy yo? Entonces Pedro, tomando la palabra, dijo: Tu eres el mesías de Dios. El les ordenó severamente que no repitieran eso a nadie. El hijo del hombre- les dijo – deberá sufrir mucho, será rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas. Será condenado a muerte y resucitará al tercer día.  Después dijo a todos: El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida la perderá y el que la pierda por mí, se salvará.

 

Síntesis de la homilía

Algo importante está por suceder. Jesús está orando a solas. Está pensando en su vida y sus decisiones delante del Padre de quien se considera enviado. Lucas nos lo presenta en oración  antes de cada decisión importante o nueva etapa de su vida.

Sus discípulos están cerca y esto provoca una inquietud en su meditación  ¿qué pensarán ellos, los más cercanos, los que él ha elegido para continuar con su misión? Y más aun, ¿qué pensará la gente acerca de su persona y su conducta? El primer paso, reconociendo que como gente sencilla esos pescadores habrán escuchado las opiniones de muchos que se cruzaron por su camino, les consulta sobre esas constataciones. Las respuestas son acertadas. La gente de pueblo, sin malicia y esperanzada desde sus necesidades, piensa en algún modo de presencia divina para ayudarla. Juan Bautista había sido la última luz encendida en el camino del pueblo. Podría ser que Jesús fuera el que tomara su bandera y su misión. Por otra parte, Elías era el precursor del mesías de acuerdo a Malaquías y era entendible que la gente identificara a Jesús con él o con alguno de los antiguos profetas. Jesús ha quedado satisfecho con la respuesta  de los discípulos y ataca entonces con la definitiva, la que lo inquieta por el porvenir del reino- para ustedes ¿quién soy?

La respuesta de pedro es entusiasta y triunfalista: Eres el mesías de Dios.

Lucas omite la reacción halagadora de Jesús para con Pedro y, en cambio se preocupa de diluir el triunfalismo, dando una visión distintas de su mesianismo. Es el enviado para afrontar las dificultades del poder que pervierte las relaciones sociales y oprime la dignidad de los seres humanos más desprotegidos y por eso va a enfrentarse a la persecución y la muerte, como testigo insobornable de la voluntad del Padre de instaurar un reinado de amor.

La advertencia final es dirigida a todos. Si por todo lo que ustedes han visto y escuchado sobre mí, quieren seguirme como hasta ahora, es indispensable que cada uno renuncie a sí mismo (“sí mismo es egoísmo”), tome su cruz de cada día (es decir sepa aguantar los inconvenientes de ser generoso, comprensivo y solidario) y así me siga por el camino que voy siguiendo yo, que es la voluntad de mi Padre. La aparente paradoja de que quien defienda sólo su vida la perderá y quien la pierda por el reino la encontrará se refiere lógicamente al sentido de la vida, ensimismada o generosa, opresora o liberadora, condenante o salvadora.

Homilías Dominicales. Domingo 16 de junio de 2013 – 11 del año litúrgico. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Lc. 7, 36 a 8,3)

Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Entró en la casa y se sentó a la mesa. Entonces una mujer que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, fue a verlo llevando un frasco de perfume. Y colocándose detrás de él se puso a llorar y bañarlo con sus lágrimas. Después lo secó con sus cabellos, lo cubrió de besos y lo ungió con el perfume. Al ver esto el fariseo que lo había invitado pensó: Si este hombre fuera profeta sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es : una pecadora! Pero Jesús le dijo: Simón, tengo algo que decirte.  Dí maestro, contestó él.

Un acreedor tenía dos deudores. Uno le debía quinientas monedas de plata y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Cuál de los dos le amará más? Pienso que aquel a quien perdonó más, contestó rápidamente Simón.

Jesús le dijo: Juzgaste bien. Y volviéndose a la mujer le dijo ¿Ves a esta mujer? Entré  en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies, en cambio, ella los baño son sus lágrimas y los secó con sus cabellos. Tú no me besaste y ella desde que entró no dejó de besar mis pies. Tu no ungiste mi cabeza y ella derramó perfume. Por eso te digo que ella ha demostrado mucho amor, porque sus pecados, sus numerosos pecados le han sido perdonados. Aquel a quien se le perdona poco demuestra  poco amor.

Después dijo a la mujer: Tus pecados están perdonados. Los invitados pensaban, quién es éste que hasta perdona los pecados? Pero jesús dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, véte en paz.

Jesús recorría las ciudades y pueblos, predicando y anunciando la buena noticia del reino de Dios Lo acompañaban los doce y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus. María, llamada Magdalena, de la cual habían salido siete demonios, Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras que los ayudaban con sus bienes.

 

Síntesis de la homilía

Con detalles bastante diferentes todos los evangelios narran un episodio parecido. Las circunstancias originales de Lucas son: la identificación del fariseo, la omisión del nombre de la mujer y de la discusión sobre el precio del perfume, la compañía de las mujeres en su peregrinaje de instauración del reino, y la de que el hecho sucede alrededor de una mesa de comida que es un lugar muy frecuente en este evangelista para presentar a Jesús con sus enseñanzas. Aquí también el nudo del mensaje es una parábola. Que por encima de todos los pequeños detalles, cada uno con su importancia particular, resalta un cambio en la relación Dios-hombre, que en el judaísmo se presenta como relación entre el poderoso y el pecador y exige por eso reparación y castigo y para Jesús se convierte en una relación profundamente humana en que el amor con todas las expresiones de lo humano (lágrimas, cabellos, besos, perfume) supera todas las exclusiones y condenas con sencillez maravillosa, al margen de todas las tradiciones rituales acostumbradas por los funcionarios del templo.

Al llamar Padre, a aquel por quien Jesús se considera enviado para establecer entre los hombres un “reinado distinto”, Jesús presenta un proyecto de relaciones humanas absolutamente distinto de la realidad de la Ley, a lo que se referirá señalando que sus funcionarios imponen cargas insoportables de soportar.

Por eso mismo, Jesús formará un ejército, no de espías para descubrir los errores y delitos sino para investigar con el más profundo sentido de comprensión del otro, cuáles son los caminos para aliviar las cargas y remediar los sufrimientos. Este es el sentido de enviar a sus discípulos, como el Padre lo ha enviado a él, para perdonar los pecados con el espíritu liberador del Dios amor. Para salvar y no para condenar.

Al final de este pasaje es llamativo el cuidado de enumerar nombrándolas y refiriendo su “currículum”, a las mujeres que acompañaban a Jesús. No parecen demasiado ejemplares: La magdalena con su historia de siete demonios, la mujer de un intendente de Herodes y un grupo más de señoras adineradas. Es como si Lucas quisiera dejar la sensación de que, desde cualquier estado de pobreza exterior o interior es posible encontrar un sentido de la vida sirviendo a los demás. Desde luego que los invitados a la mesa de Simón, además de no entender cómo Jesús perdonaba, tampoco estarían conformes con esos subsidios a la pobreza del grupo de los Doce.

Para el día del padre

Como la revelación que nos hace Jesús de lo que constituye la voluntad del Padre no está  dada en hechos maravillosos sino en su humanidad transitando con nosotros, es bueno detenernos hoy unos instantes en las características de esa relación humana en la que Jesús (aunque limitado por el clima patriarcal en que se desenvolvió su vida) quiso mostrarnos la ternura paternomaternal como el principal elemento de la relación con su Dios. El padre de familia con toda la generosidad que supone la responsabilidad de una vida engendrada en el amor de pareja es imagen de Padre Dios dispuesto siempre a la comprensión y al perdón que constituyen para los hijos motivo y fundamento de seguridad y madurez personal-

Misa Domingo 16 de Junio Club Banco de Córdoba – Próxima Celebración Eucarística P. Guillermo “Quito” Mariani

Queridos amigos:

Esta nota es sólo para quienes me aseguraron por mail que participarían de mis celebraciones eucarísticas, cuando las comenzara.

Les cuento lo que quizás algunos ya sepan. Concurrí a la celebración de la Palabra en Atalaya el domingo para hacer la propuesta de que, respetando la experiencia de las celebraciones de la palabra,y a la vez, accediendo a cinco sugerencias contenidas en los mail que me contestaron, alternáramos una celebración de la palabra, con una de la eucaristía Así, cada uno podía participar de lo que le dictaran sus convicciones, y algunos, también de las dos reuniones, realizadas en distintos días. Misa los 1ros. y 3ros. Domingo. Palabra: los 2dos. y 4tos.Quito-276x300

Había una cuarenta y cinco personas pero quien dirigía y daba o negaba la palabra, dictaminó que había que esperar una asamblea que se realizaría el 14 de junio.

Juzgando que lo más fácil, claro y directo era decir SI o NO, interpreté esa dilación como un argumento para poner condiciones, como si se trata de los dueños del grupo.

Decidí entonces y así lo expuse a todos:

1) El próximo domingo 16, comienzo la celebración de la eucaristía que continuará posteriormente (por ahora) todos los primeros y terceros domingos de cada mes a las 10.30, en el quincho del Club deportivo del Banco de Córdoba Está situado en calle Viracocha a seis cuadras de Martinolli y dos de Ricardo Rojas, por donde hay acceso de ómnibus.

2) La calle VIRACOCHA arranca en Martinolli a 10 cuadras de la rotonda de heriberto Martínez y en Ricardo Rojas del paso a nivel situado a la izquierda, después del Vivero Arguello

3) El domingo 16 incluiremos en la Misa, la celebración del día del padre y la reunión, comenzando puntualmente a las 10.30, se extenderá estrictamente hasta las 11.30 para dar tiempo a la reunión familiar con que muchos celebrarán ese día.

4) Por Ricardo Rojas se puede llegar en colectivo hasta el mismo paso a nivel de Viracocha, con el “Calera por Arguello”. el T1, y el E1- Desde el paso a nivel el Club queda a dos cuadras.

5) El quincho está situado en la vecindad de las canchas de Tenis.

6) La celebración es completamente abierta y se puede invitar a gusto, a la gente de las cercanías para participar.

Los Esperamos!!

 

Homilías Dominicales – Domingo 9 de junio de 2013 – 10 durante el año litúrgico. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Lc. 7, 11-17)

Jesús con sus discípulos llegan a un pueblo llamado Naím, acompañados por mucha gente. En las puertas de la ciudad se encuentran que llevaban a enterrar a un hijo de una mujer viuda. Gran parte de la población acompañaba el entierro. Viéndola Jesús se compadeció de ella y le dijo: No llores. Y se acercó a tocar el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron. Y Jesús dijo : Joven! Te lo mando! Levántate! Y el que estaba muerto se sentó y comenzó a hablar y Jesús lo devolvió a su madre. La gente se llenó de asombro y hablaban de él diciendo que Dios había visitado a su pueblo con este gran profeta que les había llegado. Y su fama se extendía por la Judea y las regiones vecinas.

 

Síntesis de la homilía

Lucas es el único relator evangélico de este suceso, así como Juan es el único narrador de la resurrección de Lázaro. Dos hechos más que maravillosos, anticipatorios de la resurrección de Jesús,  aunque con la diferencia de que éstos, como resucitación, se dan en personas que volverán a morir, y la resurrección de Jesús es para una vida permanente junto al Padre Dios. Con este hecho Jesús se anticipa para dar sentido a la respuesta de Jesús a los enviados del bautista que son enviados desde la cárcel para preguntarle si él es el enviado prometido o hay que esperar a otro. Jesús acudirá al testimonio de lo que los mismos enviados están viendo: el cumplimiento de la profecía mesiánica de Isaías (35,5):”Los ciegos ven, los paralíticos caminan…los muertos resucitan”

El que Jesús haya reparado en la mujer afligida constituye una muestra más de reconocimiento de la dignidad femenina tan disminuida en la tradición patriarcal judía. Y además, de esa dimensión tan humana de la compasión y la ternura con el dolor de perder un hijo,  que difícilmente tenga superior en las relaciones afectivas humanas.

La interpretación literal de los hechos narrados en los evangelios, usando nuestros criterios modernos de historicidad, nos lleva con frecuencia a perder su significado más profundo. Lo que Lucas, como discípulo de Pablo, (que centra la vida cristiana en la resurrección de Jesús como anticipo de la nuestra), intenta  fijar en la fe de sus comunidades, es que Jesús, como enviado del Dios de la vida, es restaurador de la vida de los hombres con un sentido de permanencia que supera la mentalidad judía de vida larga con la de plenitud de vida en Dios que es lo que él vivió y estamos también invitados y destinado a vivir nosotros.

Si para el amor de una madre no hay nada mejor que la recuperación de la vida de su hijo, cuánto más para el  Dios padre y madre será la permanencia de nuestra vida junto a la suya en el misterio insondable de su amor sin medida.

No rechazar esta oferta supone aprovechar las huellas de Jesús, con el cuidado de todo lo que Dios ha puesto en nuestras manos para construir felicidad compartida, con el respeto a todo el entorno que nos rodea, con la disponibilidad para estar presentes en las oportunidades que se nos brinden para colaborar  en la búsqueda de la verdad y la justicia. Esas huellas marcan el camino de un sentido profundo de la vida y de la relación con Dios que incluye de manera esencial la relación con los hombres como hermanos.

Guillermo “Quito” Mariani participa del ciclo “El hombre en busca de sentido” en Galileo

19 de Junio. “Dios. Ni valle de lágrimas ni cumbre luminosa” Pbro. José Guillermo Mariani

Estos seminarios constituyen la última parte de un ciclo titulado “La Ley” que comenzó con “La Ley necesidad y espanto” y continuó con “Filosofía política” para culminar con esta serie llamada

Galileo está en Gauss 5700, en Villa Belgrano, ciudad de Córdoba. Para comunicarse: (03543) 444-090.

Misas con P. Guillermo “Quito” Mariani

Amigas y amigos: ligados por una larga historia de luchas, logros y esperanzas:

Creo que es valorable la decisión del grupo de Atalaya, de marchar hacia una iglesia sin clero en que el sacerdocio bautismal o sacerdocio de los laicos se exprese con toda su fuerza y claridad. Más valorable y comprensible cuando el papel de muchos de los consagrados para la eucaristía y la palabra, se ha exaltado tanto, muchas veces, que llegara a convertirse en poder, anulando iniciativas y derechos comunitarios.

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No puedo desaprobar entonces la iniciativa del grupo que se identifica como “Cripta peregrina” de asumir plenamente la responsabilidad del culto, añadida a su papel insustituible como laicos, de evangelización por el testimonio y la palabra, en sus lugares de presencia familiar, laboral y social. 

Advierto, sin embargo, algunos detalles que marcan inconsecuencia.

Como lo proponía Miguel Berrotarán, a su juicio, estar reunidos en comunión de corazones los laicos, compartiendo el pan y el vino, ya  convierte esos signos en sacramento eucarístico sin ninguna necesidad de “consagración”, que siempre significaría una intromisión clerical. Sin embargo, y es lo que me parece inconsecuente, están todavía dependiendo de que alguien, en privado, les suministre hostias consagradas.

No es cuestión de frenar esa experiencia que se está llevando, al parecer, con eficacia y aprobación. Puede abrir caminos.

En cuanto a lo personal, en mi trayecto de ministro de la eucaristía y la palabra, habiendo encontrado en ese servicio, a la vez que una desembocadura de toda la actividad eclesial, una fuente constante de compromiso liberador frente a la realidad, lo he vivido con entusiasmo, esfuerzo y creatividad con las alas que nos dio la constitución de renovación litúrgica, primer documento conciliar del Vaticano II. 

Hoy, me piden que no deje de celebrar Misa, porque hay quienes quieren y necesitan de la celebración eucarística. No voy a decir “la gente me pide” como se hace a veces calificando a un pequeño grupo como “la gente” en concepción mayoritaria. He escuchado el reproche de que mi decisión de dejar la celebración tan cuestionada de Atalaya, sumió en el desamparo a quienes vivían la riqueza de las celebraciones sin objeciones. No se si son muchos o pocos.

Esos dos motivos (mi valoración de la celebración eucarística y la necesidad que algunos me han expresado) me han empujado a buscar un lugar para celebrar dos veces por mes.

Para tomar la decisión, con todo lo que implica, necesito saber cuántos en realidad están interesados en esa celebración quincenal. Les pido como para disponer de una aproximación comunicármelo por mail. A mi vez, con un espacio de dos semanas para aguardar respuestas, indicaré el lugar definitivo y demás detalles.

Si el número de interesados no justifica todo esto, habré cumplido con lo que me pidieron y prometí, y conservaré mi “enclave” de Villa del Rosario.

Muchas gracias y quedo a la espera, hasta el domingo 9 de junio. Con un abrazo muy sentido y sincero:

Quito

Homilías Dominicales – Domingo 19 de mayo de 2013 – Festividad de Pentecostés. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Jn. 20,19-23)
Por la tarde de aquel primer día de la semana, estando trancadas las puertas del lugar donde estaban reunidos los discípulos por temor a los judíos, llegó jesús, se puso en medio de ellos y les dijo “Paz con ustedes”

Dicho esto les mostró sus manos y su costado. Ellos se alegraron mucho de verlo. Les dijo nuevamente “Paz con ustedes” igual que el padre me ha enviado a mí yo los envío a ustedes Y diciéndoles esto, sopló sobre ellos y les dijo: reciban el espíritu santo A quienes uds, declaren libres de pecado quedarán libres y a quienes se los imputen quedarán imputados.

Síntesis de la homilía

Tanto los sinópticos como Juan omiten el relato de Pentescostés que Lucas coloca en el Libro de los Hechos con una cantidad de elementos simbólicos añadidos al hecho central de que el espíritu divino animaba a la comunidad después de la desaparición de Jesús su fundador. Tanto la pascua como Pentecostés son dos fechas de la cultura agrícola del pueblo judío, siembra y cosecha. Su etimología está ligada a la siembra y al período de espera para la cosecha. La historia del Exodo ligó la primera a la gran siembra de libertad recibida por el pueblo judío con la partida de Egipto y la segunda al establecimiento del pueblo elegido, en la tierra prometida. También los cristianos eligieron la primera para la celebración de la liberación definitiva y la segunda para la prolongación de la causa liberadora por parte de los seguidores de Jesús resucitado.

Como la misión encomendada por el Padre a Jesús suponía una situación interior penetrada por el espíritu liberador y amoroso del Padre, así también la misión de los enviados por Jesús. Con el mismo simbolismo con que el Génesis indica la creación y animación del ser humano (aliento de vida y soplo) Jesús asegura a los discípulos su compañía y la del Padre en el cumplimiento de su misión.

El relato de Lucas en los Hechos abunda en elementos simbólicos: el viento en lugar del soplo, con mayor energía renovadora y dinámica, el fuego que evoca la predicación del bautista (bautismo en espíritu santo y fuego) o el ardor del corazón comentado por los discípulos de Emaús, la presencia multitudinaria dentro de la sala, como símbolo de la multitud de propagadores del mensaje, y fuera de la misma el don de lenguas que hace inteligible para todos los idiomas el anuncio liberador.

El sentido general de todas las alusiones a este acontecimiento es una suerte de constatación de la madurez de la comunidad cristiana, realizando en un momento puntual la misión encomendada, gracias a un cambio del espíritu de temor por el de valentía, de la limitación humana y privilegista del judaísmo por la universalidad cristiana. Todo lo cual se irá desplegando concretamente en los acontecimientos que integran los relatos del Libro de los Hechos.

A nosotros, en nuestro tiempo, nos corresponde propagar el cambio Pentecostal, no ya con simbolismos motivantes sino con realidades palpitantes. La misión de encontrar en el mundo que nos rodea y nos envuelve, los acontecimientos que indican la presencia del espíritu divino para favorecerlos con nuestra aprobación y compromiso. La misión de que los pecados o el pecado del mundo ( que sustituye el amor por los egoísmos y el odio) sean remediados en sus efectos con actitu generosa y constantemente liberadora.

Domingo 28 de abril de 2013 – 5to. de Pascua del ciclo “C”. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Juan 13,31-35)

Una vez que Judas salió del lugar de la Cena,  Jesús  dijo. Ahora el hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo y lo hará muy pronto.

Hijos míos, ya no estaré  mucho tiempo con ustedes. Les doy un mandamiento nuevo: ámense entre ustedes. Así como yo los he amado ámense entre ustedes. En esto reconocerán que son discípulos míos: en el amor que se tengan entre ustedes.

 

Síntesis de la homilía

Alguna información había llegado a Jesús además de su propio análisis de la situación que se iba creando a su alrededor, para sospechar de los manejos de Judas para entregarlo a los judíos. Así, después de la calidez misteriosa de la cena pascual compartida con los íntimos, él determina que ha comenzado el proceso de su propia glorificación con la de la voluntad del Padre.

Se está refiriendo a la entrega de su vida en la seguridad de que el objetivo de cumplir con lo que Dios quiere, habiendo establecido los principios y el testimonio de un reinado de amor, ya está conseguido.

Aprovecha entonces en ese contexto al mismo tiempo de cariño y dolor, para dictar su testamento breve y claro: “ámense entre ustedes. Como yo los amé”

A través de la historia, muchos hombres y mujeres han hecho de esa consigna el eje de su vida. Algunos hasta entregarla literalmente. Otros donándola cada día en la práctica de servicio y solidaridad. Unos con la valentía del desafío frente a los enemigos del reinado de la voluntad del Padre de todos, otros con el silencio testimonial de una prática constante en beneficio de los más desheredados y olvidados.

Quizás, aunque esos testimonios que no son exactamente los de los santos canonizados y elevados oficialmente al honor de los altares, sino los de muchos que mezclándose a la realidad ambigua del mundo hicieron su camino entre aceptaciones y rechazos y hasta en muchas oportunidades in comprendidos por aquellos mismo a quienes beneficiaron, quizás, digo, esas vidas nos parecen de perfección inalcanzable.

Si el juicio queda reservado al testigo permanente e insobornable que es el Padre de todos, eso no tiene que preocuparnos. Hasta lo más pequeño (un vaso de agua dando de beber al sediento) es valioso en la construcción del reinado de Dios.

El pesimismo que tantas veces nos acecha cuando echando una mirada a la historia concreta llegamos a constatar la lentitud y mezquindad de la evolución hacia un mundo más justo equitativo y feliz, es normal que nos aplaste el desaliento. Pero no hay que dejar que se pierdan en nuestra apreciación los gestos heroicos y luminosos brindados por tantos que nos rodean, que son semillas, que pueden morir, pero siempre desde los surcos perdidos  alcanzan fecundidad.

Domingo 21 de abril de 2013 – 4to. de pascua del ciclo “C”. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Juan 10,27-30)

Decía Jesús: Mis ovejas escuchan mi voz. Yo la conozco y ellas me siguen. Yo les doy la vida eterna, ellas no morirán jamás y nadie las arrebatará de mi mano. El Padre que me kas dio, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. El Padre y yo somos una misma cosa.

 

Síntesis de la homilía

El clima en que se sitúa el relato de Juan es un enfrentamiento de Jesús con las autoridades del Templo que quieren apedrearlo como blasfemo. Enfrentamiento que también vivían las comunidades de fines del siglo primero con los gnósticos que negaban la corporeidad de Cristo porque una “emanación de Dios” no podía ser sino espíritu como ellos sostenían, buscando crecer en el conocimiento para liberarse  (con influencia de la filosofía platónica) y redimirse de todo lo material.

Se comprende entonces la drasticidad de estas afirmaciones de Jesús, que suenan como mazazos en una polémica.

Yo conozco a mis ovejas, ellas escuchan mi voz y me siguen. El conocimiento es mutuo

y compromete. A las ovejas con el seguimiento y al pastor con la ofrenda de su vida. Esa vida corporal que trascendiendo todo lo material se ofrenda para que las ovejas no le sean arrebatadas al Padre que es su definitivo pastor.

El trozo concluye con una afirmación atrevida y polémica. El Padre y yo somos la misma cosa. Esta identificación con el Padre puede entenderse como una disponibilidad absoluta para cumplir la misión encomendada por el Padre. Pero la interpretación de sus adversarios la eleva a la categoría de blasfemia porque afirman que quiere igualarse a Dios, al Padre.

El razonamiento teológico posterior hizo también una interpretación semejante, deduciendo de esta frase un argumento para afirmar la Trinidad que tardó mucho tiempo para quedar establecida como verdad revelada y presentación basada en la filosofía aristotélica.

Lo que Jesús asegura es que su misión es revelar el amor del Padre, conduciendo y defendiendo a las ovejas que muchos quieren arrebatarle. Y que, en eso, no tiene ninguna duda de que está identificándose con la voluntad de Dios.

El conocimiento, desfigurado por los gnósticos, está también de un modo distinto desfigurado por nosotros. En primer lugar porque no ponemos mucho interés en apropiarnos de la figura y el mensaje de Jesús presentado por el Nuevo  testamento. De conocerlo y escucharlo.

Fruto de esa negligencia es una interpretación absolutamente literal de la Biblia, pasando absolutamente por alto la adaptación a nuestro lenguaje, nuestra concepción de la historia, nuestra limitación para usar y valorar lo simbólico, nuestra mezquindad para establecer nuestro compromiso vivencial.

Y en segundo lugar porque la característica del “seguimiento” indicada por Jesús carga con una fuerza afectiva liberadora de la que muchas veces nos marginamos prefiriendo una cantidad de sumisiones en vez de madurar nuestro espíritu crítico para valorar cualquier oferta que aparece en nuestro camino. Allí es donde aparecen los “ladrones y engañadores” a los que hace referencia la continuidad del capítulo 10 del evangelio de Juan.

Domingo 14 de abril de 2013 – 3ro. de Pascua (ciclo”C”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema(Juan 21,1-9)

A orillas del mar de Tiberíades Jesús se apareció una vez más a los discípulos.  Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Mellizo, Natanael de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo “voy a pescar” y ellos dijeron: “vamos también nosotros”. Se embarcaron, pero esa noche no pescaron nada. Al amanecer Jesús estaba en la orilla sin que los discípulos lo reconocieran. Les gritó: Muchachos! ¿tienen  algo de comer? Como ellos respondieron que no, les dijo: Tiren las redes a la derecha de la barca y allí encontrarán. Ellos  obedecieron y la red se llenó tanto de peces que les costaba arrastrarla.

El discípulo más querido de Jesús dijo entonces a Pedro: ¡Es el Señor! Pedro  apenas lo oyó se vistió y se tiró al agua. Los otros llegaron en la barca arrastrando la red porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla. Al bajar a tierra vieron que había un fuego encendido, un pescado sobre las brasas y también pan.

 

Síntesis de la homilía

Aunque seguramente Juan el apóstol, no es el redactor del 4to. evangelio, el discípulo que asume esta tarea es muy fiel a las enseñanzas recibidas de su maestro.  El relato está por eso, cargado de un clima de afecto y comprensión, que infunde optimismo en los protagonistas y los lectores.

En la enumeración de los presentes hay un detalle que no hay que perder: Simón y los hijos de Zebedeo con los más cercanos a Jesús habitualmente. Los otros dos anónimos, han sido atraídos por la figura del Maestro. Pero Tomás y Natael son identificados especialmente. Los dos tienen en común la incredulidad que han vivido y expresado en algún momento.  “Si no lo veo y meto mis manos en sus llagas , no lo voy a creer”(Tomás) y “¿ de Nazaret puede salir algo bueno? (Natanael). Este detalle sugiere la intencionalidad del relato que es superar las vacilaciones y dudas que viven algunos miembros de las comunidades originales.

El episodio que copia uno muy parecido de Lucas (5) al comienzo de la predicación de Jesús, se encamina a restablecer la confianza de sus seguidores en el cumplimiento de la misión que les ha sido encomendada como prolongación de la recibida del Padre por el mismo Jesús. Aquí también es la indicación de Jesús la que los salva del fracaso de la pesca. Ciertamente en la Iglesia necesitamos constantemente renovar esa confianza. Es indispensable primero, decidirse como Pedro a encarar la misión o a acompañar su trabajo en búsqueda del cumplimiento de lo encomendado. Las indicaciones que provienen de un desconocido que est á a la orilla del Lago son escuchadas humildemente por los tripulantes de la barca. Y es que la Iglesia tiene que estar atenta a las indicaciones que le llegan desde la otra orilla, porque muchas veces son las de Jesús mismo. Así los hizo Juan XXIII cuando desde la barca puso atención al clamor del mundo pidiendo una actualización del rumbo de la Iglesia para responder a la realidad.

Y nosotros, como iglesia (convocados y seguidores) también tenemos que estar atentos, ayudándonos unos a otros y aprovechando desde cualquier nivel en que nos encontremos las sugerencias de quien sabe más por amar más.

La expresión que recoge Juan en el llamado de Jesús:”muchachos!” tiene toda la familiaridad y calidez de alguien que ama y aprecia. Y muchas veces los requerimientos de la gente que busca a la iglesia tiene también la confianza y el aprecio a su realidad como prolongadora del mensaje y el testimonio de Jesús.