Homilías Dominicales – Domingo 23 de setiembre de 2012 – 25 durante el año litúrgico (ciclo “B”). Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema

(Mc.9, 30-37) dejando la montaña Jesús iba caminando con los discípulos por Galilea y les enseñaba : El hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres que lo matarán y tres días después de  su muerte resucitará. Pero ellos no entendían y temían hacerle preguntas. Llegaron a Cafarnaún y una vez en casa, les preguntó: ¿de qué venían conversando en el camino? Ellos callaban porque habían venido discutiendo sobre quién era el más grande. Entonces sentándose, llamó a los doce y les dijo: El que quiera ser el primero, debe hacerse el último y servidor de todos. Después tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, y abrazándolo les dijo “el que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí y el que me recibe, no es a mí a quien recibe sino a Aquel que me ha enviado.

 

Síntesis de la homilía

Siguen caminando, dice Marcos. Y sigue Jesús preocupándose de caminar con ellos. Y por eso “les va enseñando”. Y les enseña lo más duro de su misión. Quedar, como resultado de su mensaje y su acción en favor de la salud y felicidad de todos, con su vida aprisionada por el odio de los hombres, que llegarán hasta condenarlo a muerte. De este modo repite la enseñanza que pronunciara después de la intervención de Pedro respondiéndole sobre su identidad. Ellos siguen sin entender. ¡Tan difícil es cambiar una estructura de pensamiento que se ha sostenido durante largo tiempo! También nosotros lo vivimos en muchos asuntos pero muy claramente con los cambios de la interpretación bíblica aportados por las investigaciones profundas de los estudiosos, valiéndose de una cantidad de instrumentos modernos para limpiar el mensaje de las adherencias humanas que lo desfiguran. Llegan a la casa y el se sienta como maestro o jefe de familia para completar su enseñanza.¿de qué venían conversando? Y les muestra lo perjudicial de su  preocupación por ser cada uno más importante que los otros, indicándoles la verdadera grandeza que consiste en descubrir y usar de nuestras capacidades para servir a los demás. Como el último y servidor de todos. Así, pretende quitar de la comunidad de seguidores que va a dejar detrás suyo, los gérmenes más dañosos de las rivalidades y separaciones, de que da cuenta en el pasaje que  leyó,  escrito por el apóstol Santiago.

Y deja esa especie de cátedra para salir a la calle y traer a un niño. Gráficamente quiere enseñar a sus seguidores lo que les ha enseñado con palabras. Un niño es la imagen de la pequeñez. Niños de la calle, huérfanos y semiabandonados, imagen, con las viudas, de los más pobres de Israel. Lo está abrazando. Dándole el cariño y protección de que carece. Y los que discutían sobre quién era el más grande, se ven igualados con ese niño, muy posiblemente harapiento y sucio Y reciben la lección de servicio que el Jesús de Juan, expresará lavando los pies de los compañeros de la última cena. Así trata de fijar la atención de los discípulos y la nuestra, en los pequeños. No para compadecerlos solamente sino para tratarlos de su desgracia que muchas veces es el rechazo y la discriminación disimuladas por la “buena educación” y la limosna. Seguramente el gesto de Jesús no sirvió para disminuir la gravedad del abandono de los niños en la sociedad de su  tiempo pero sí para dejar conciencia en sus discípulos de lo que debe hacerse en cuanto se pueda. Una actitud que debería alejarnos de quejas y burlas cuando la promoción o ayuda de los niños se hace cargo de facilitar su alimentación, su educación y el cariño de los que los rodean.

 

 

Homilías Dominicales – Domingo 9 de septiembre de 2012 – 22 del año litúrgico (ciclo”B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema

(Mc.7, 31-37) Jesús partiendo de Tiro y Sidón atraviesa el mar de galilea y penetra en la Decápolis. Le presentan entonces a un sordomudo y le piden que le imponga las manos. Jesús lo separa de la multitud y aparte de todos pone sus dedos en las orejas y con su saliva toca la lengua diciendo, al levantar los ojos al cielo “Efeta” que significa “ábrete”.Enseguida se abrieron sus oídos y se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente. Jesús insistió en que no dijeran nada a nadie, pero cuanto ,ás insistía la gente más proclamaba “todo lo hace bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos”

 

Síntesis de la homilía

hay en el relato un ficción geográfica que delata el sentido simbólico que se desprende de este pasaje de Marcos. Se supone que se cruza el mar de Galilea cuando Jesús va a Decápolis que está del mismo lado que Tiro y Sidón y es un conjunto de poblaciones con habitantes paganos. Pasando de las primeras poblaciones, en cuyo ámbito ha curado a la hija de la mujer sirofenicia, Jesús recorre el  territorio más amplio de las diez ciudades. Atravesar el mar tiene todo el sentido de colocarlo como el espacio símbolo del encuentro universal. Se acentúa la universalidad del mensaje que él proclama. La apertura mostrada para escuchar el reclamo de la mujer afligida , se completa  ahora con la actitud de remediar la sordera y tartamudez, con un gesto que repetirá más adelante con un ciego.

El paganismo es para Marcos el espacio de los ciegos y los sordos, no porque no quieren  ver ni oír como los judíos, sino porque han sido privados desde sus culturas, de la posibilidad de abrirse al mensaje de Yahvé.Los gestos de Jesús en las dos curaciones se asemejan: apartar al enfermo del bullicio, imposición de manos y uso de saliva para tocar la lengua y los ojos enfermos.

Es el gesto del aliento creador. Aquí se está realizando una nueva creación. La posibilidad abierta ya por el amor universal de Dios a los que no podían ver ni oir al enviado de Dios y su mensaje.

La admiración se expresa en un ansia de comunicar a todos, lo que favorece a todos. De modo que la gente no hace caso a la insistencia de Jesús de mantener los hechos en secreto. Y la expresión conclusiva es que “todo lo hace bien. Hace oir a los sordos y ver a los ciegos” Una actitud muy distinta de la de quienes viendo señales parecidas, se preguntan, con sospecha de que esté poseído del demonio, de dónde le vienen estas cosas. Es cierto también para nosotros que con frecuencia el bullicio a nuestro alrededor nos impide escuchar, escucharnos y descubrir el mensaje del espíritu de Dios.

Lo crucial es, en realidad, cómo ese mensaje se nos manifiesta. La renovación carismática apunta a que el mensaje se manifiesta por expresiones de lenguas extrañas o reacciones extraordinarias en la salud, o en éxtasis o desmayos místicos. Todo esto ha tenido en la historia del cristianismo abundantes manifestaciones que casi han fijado como una tradición católica, los milagros, apariciones  de personajes sagrados o hechos fuera de lo común (milagros)  como seguros mensajes y acciones divinas. El Concilio Vaticano II con la originalidad del pontífice convocante, descolocó de ese espacio la expresión del espíritu divino, para colocarlo en los signos de los tiempos. Es decir, en aquello que se va produciendo en la historia de la humanidad y produce, a la vez que el dinamismo constante para la comunidad de seguidores de Jesús, la orientación del compromiso para analizar esos signos y compaginarlos con el espíritu del evangelio por la acción personal y comunitaria. Se trata de algo no dado con anticipación. De un trabajo de discernimiento comunitario, de un dejarse penetrar por las características y las necesidad de la realidad. A lo cual muchas veces,  hay que confesarlo, le tenemos mucho miedo los cristianos.

Homilías Dominicales – Domingo 2 de septiembre de 2012 – 22 durante el año litúrgico (ciclo “B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema

( Mc. 7,1-8, 18, 21-22,27) Fariseos y letrados venidos de Jerusalén se reunieron junto a Jesús. Vieron que algunos de los discípulos tomaban los alimentos con las manos impuras, es decir sin lavárselas. Es que los fariseos y los judíos en general no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos siguiendo la tradición de los ancianos. Cuando vuelven del mercado no comen sin antes lavarse y observan muchas otras reglas tradicionales como el lavado de copas jarras y ollas. De modo que le preguntaron: ¿por qué no siguen tus discípulos la tradición de los mayores y comen con las manos impuras?

Les respondió: Qué bien profetizó Isaías acerca de la hipocresía de ustedes cuando escribió: este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan es inútil, ya que la doctrina que enseñan son preceptos humanos. Descuidan el mandato de Dios y mantienen la tradición de los hombres.

Llamando de nuevo a la gente les decía: Escuchen todos y entiendan-  No hay nada fuera del hombre que al entrar en él, pueda contaminarlo. Lo que lo hace impuro es lo que sale de él. De dentro de su corazón salen los malos pensamientos, fornicación, robos, asesinatos, adulterios, codicia,  malicia, fraude, desenfreno, envidia, calumnia, arrogancia, desatino. Todas esas maldades salen de dentro y sí contaminan al hombre.

 

Síntesis de la homilía

Tanto la preocupación de los fariseos y letrados como la respuesta de Jesús, parecen exageradas frente a un gesto tan insignificante como lavarse o no las manos antes de comer. Eso obedece a que así como nosotros lo hacemos habitualmente por  higiene que beneficia la salud, los judíos lo hacían para no resquebrajar la disciplina impuesta por la tradición de los mayores, ni siquiera en una pequeña regla. Y Jesús proclamaba un mensaje que necesitaba abrir el cerco de las tradiciones para instalar un nuevo sistema de relaciones sociales. Un sistema de libertad basada en la dignidad personal y en la cohesión lograda por convencimiento y corazón. Las abluciones judías tenían un valor simbólico muy pronunciado. Tanto que hasta producían un profundo efecto interior de modo que el que las realizaba se sentía realmente purificado en su corazón o en su espìritu. Nos pasa algo parecido a nosotros con los signos sacramentales. Hasta no hace  mucho, por ejemplo, se afirmaba la obligación de bautizar lo más pronto posible a los recién nacidos, porque con el bautismo ( baño de agua) se convertían en hijos de Dios. Y así con los otros sacramentos. Con la realización del gesto o signo exterior se lograba un efecto sobrenatural, mágico. El ritualismo litúrgico da lugar a estas interpretaciones.

La objeción de los judíos, con la pregunta que no sólo es eso, sino una especie de reproche a  la conducta permisiva de Jesús, merece  por esa causa, una respuesta aparentemente dura, pero que descubre la realidad tal cual es. Es hipocresía cuidar los detalles que han establecido los intereses humanos y dejar de lado lo que es agradable a Dios. Una hipocresía que, en el fondo se basa en un pecado de presunción muy importante. Endiosarse, ocupando el lugar del ser supremo y usurpando su autoridad. Como tantas veces sucede en la institución eclesiástica que se adueña de Dios.

La impureza legal no tiene importancia para Jesús. Sí la tiene la pureza interior. Lo que llamaríamos la pureza de intención

Lo que constituía un elemento de separación entre judíos y los que no eran, debía ser un muro que se desmoronara con las enseñanzas de Jesús. Los fariseos (separados) querían mantener ese muro a toda costa. Estaba de por medio su propia seguridad y prestigio. Y los ritos de la comida en cuanto a lo que se consumía y los otros detalles como purificación de toda la vajilla y las manos, a que se refiere Marcos, tendían a remarcar esa separación. Por eso la oposición tan radical a la actitud de Jesús.

También nosotros establecemos muros de separación y las discriminaciones son tan fuertes que las mantenemos reprochando a quienes quieren derribar los muros.

Homilias Dominicales – Domingo 16 de setiembre de 2012 – 24 durante el año litúrgico (ciclo “B” ) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema(Mc. 8,27-35)

Jesús se marchó con sus discípulos hacia la región de Cesarea de Filipo. En el camino les preguntó: ¿quién dice la gente que soy yo?  Ellos le respondieron: para algunos eres Juan el Bautista, para otros Elías y para otros alguno de los profetas. Y ustedes, quién dicen que soy. Pedro se adelantó y dijo “Tu eres el mesías”- Jesús les ordenó severamente que no se lo dijeran a nadie. Y comenzó a enseñarñes que el hijo del hombre debía sufrir mucho. Que iba a ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas. Que sería condenado a muerte y resucitaría al tercer día.

Y les hablaba de esto muy claramente. Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo. Pero Jesús dándose vuelta y mirando a sus discípulos lo reprendió diciendo: Apártate de mí satanás, porque tus pensamientos no son de Dios sino de los hombres. Entonces, llamando a la gente y a los discípulos les dijo: el que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga, Porque el que quiera salvar su vida la perderá y el que la pierda por mí y el evangelio, la salvará.

 

Síntesis de la homilía

Saliendo de Galilea para alejarse de Herodes el menor, que ya  comenzaba a perseguirlo, Jesús se dirige al norte, la región gobernada por otro hijo de Herodes el grande, Filipo. De paso, diríamos que en lugar neutral, interroga a sus discípulos y obtiene respuestas muy acertadas aunque no completas. Que lo  identificaran con Juan no sorprende porque el mismo Jesús alimentaba el proyecto mesiánico del bautista,  aunque le daba rumbo distinto. También la figura de Elías estuvo permanentemente en la mente de Jesús, como el anunciador de la  llegada del enviado. Y, desde luego, la firmeza de sus palabras y discursos lo identificaba con los grandes profetas. Los discípulos callan sin embargo, lo que se afirmaba por los funcionarios del templo, que lo consideraban endemoniado. Jesús experimenta la necesidad de informarse y, satisfecho con lo que los discípulos han recogido quiere también precisar la opinión que ellos se han formado. Pedro no duda: Eres el Cristo. Jesús penetra inmediatamente el sentido de la declaración espontánea y entusiasta de Pedro y prohibe a todos que lo divulguen. También él está convencido de su vocación, pero necesita aclararla para no propagar la idea ambiciosa quen en realidad, sostienen Pedro y sus compañeros. Por eso se pone a enseñarles sobre el sentido de su vocación de “enviado” o “mesías”

Pedro se da cuenta entonces de la diferencia entre su proyecto y el de Jesús y lo lleva aparte para advertírselo. Para cualquiera convencido de tener una misión importante constituye una tentación su cumplimiento en circunstancias propicias y con el mayor acogimiento posible. Ante la reprensión de Pedro, como había sucedido en la tentación del desierto, Jesús reacciona con fuerza y decisión haciéndole notar que le está poniendo una tentación. “Satanás” significa “el que pone a prueba”.

No va a prescindir de los discípulos, aunque los motivos del seguimiento sean en parte egoístas y plagados de ambiciones personales. Los necesita para llenar su misión. No quiere desalentar su juicio de que es el enviado, el cristo. Pero tampoco quiere ilusionarlos o engañarlos con un camino de éxitos y prestigios. Su causa es revolucionaria de la religión y la sociedad. Y necesariamente deberá enfrentar el rechazo de los que sostienen un proyecto distinto. Para seguirlo en su trayectoria hacia la consecución de la misión que él está seguro que el Padre le ha confiado, tienen que juntar coraje para renunciar muchas veces a sus criterios y ventajas personales. En realidad, cada uno en cada circunstancia tiene que estar preparado para cargar con el peso de la incomprensión, el fracaso y la persecución. La defensa de los propios intereses hasta convertirlos en el sentido central de la vida, conduce a la pérdida de la vida. Y, en cambio, la ofrenda de la vida para convertirla en servicio a la causa del nosotros, de la comunidad humana, le devuelve su pleno sentido y valoración. En nuestros afanes proselitistas, muchas veces nos dejamos llevar por la facilidad de conquistar en base a promesas en que comprometemos la acción de Dios a favor de los que ingresen a nuestro círculo de “escogidos”. Si examinamos el sentir de muchos hermanos católicos nos encontramos con una cantidad de acciones y compromisos encaminados a obtener beneficios particulares. A esas actitudes las calificamos como FE. Pero no están basadas en la convicción de que el Padre nos ama y en las buenas y en las malas está nuestra disposición su espíritu de amor, que nos impulsa a utilizar todas las posibilidades de felicidad que él ha depositado en nosotros, para bien de todos. Por eso una iglesia enquistada en el poder y preocupada por mantenerlo en la sociedad a través del autoritarismo y el  miedo es una tentación en que ha caído y sigue cayendo en muchas oportunidades.

Domingo 19 de Agosto de 2012 – 20 durante el año litúrgico (ciclo “B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Juan 6, 51-59)

Discutían unos con otros los judíos oyentes de Jesús: ¿Cómo puede éste darnos a comer su cuerpo? Jesús les dijo: Yo les aseguro que si uds. no comen el cuerpo de este hijo de hombre y beben su sangre no tendrán vida en ustedes. El que come mi cuerpo y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi cuerpo es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi cuerpo y bebe mi sangre vive unido a mí y yo vivo unido a él. El Padre que me ha enviado vive en mí como yo vivo en él y del mismo modo el que se alimenta de mí vivirá por mí. Hablo de pan bajado del cielo. Que no es como el maná que comieron sus antepasados y, a pesar de eso, murieron. El que come de este pan vivirá para siempre.

Jesús enseñaba estas cosas en una de las reuniones de la Sinagoga de Cafarnaún.

 

Síntesis de la homilía

En el centro de este pasaje en que Jesús repite los conceptos ya expresados como para fijarlos en la mente de sus oyentes, está la clave para descifrar el simbolismo del pan y su propiedad de comunicar la vida eterna. Advirtamos que la calificación de eterna, a pesar de ser tan usada, no tiene el significado real de eternidad, (lo que no empieza ni termina), sino el sentido de vida auténtica, verdadera, duradera (como lo explicita en el credo tradicional la palabra “perdurable”).  El texto de Juan afirma: El que come mi cuerpo y bebe mi sangre vive unido a mí y yo vivo unido a él. Y el que se alimenta de mí como yo me alimento y vivo del Padre, vivirá por mí. Se trata entonces no de una garantía, como una especie de premio por comer el cuerpo y beber la sangre (cosas bastante crudas e inaceptables en su sentido concreto y material, aunque sea bajo las especies de pan y vino) sino de una realidad que se cumple cuando los objetivos de la propia vida se identifican con los de Jesús el enviado del Padre que vive por él y desde él.  La vida y muerte de que se habla entonces, no son los acontecimientos habituales en la historia de cada uno de nosotros, que siguen dándose constantemente, ni tampoco tienen que ver con la seguridad de una vida después de la muerte. Hablan de la verdadera vida que buscada y disfrutada en la tierra como  don compartido y comulgado es presencia de la  vida de Dios y semilla de su plenitud en nosotros.

Se entiende aquí la profundidad que tiene la discusión entre los judíos participantes de la reunión de la Sinagoga de Cafarnaún. Se trata de una interiorización profunda con el mensaje nuevo proclamado por Jesús, que implica una transformación de la vida y la sociedad. Y esto los ponía en contraposición con la seguridad de que la ley mosaica era su salvación y la garantía de vida para siempre.

Nos sucede también dentro de nuestra iglesia cuando, desde cualquier nivel, pero especialmente desde las alturas de la jerarquía se presenta como si la identificación con ella y su verdad constituyeran una seguridad de premio “eterno”, desplazando o subordinando la identificación con el mensaje y la acción de Jesús de Nazaret.

Domingo 5 de Agosto de 2012 – 18 durante el año litúrgico (ciclo”B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Jn.6,24-35)

Cuando la gente, al otro lado del lago, encontró de nuevo a Jesús le preguntaban ¿cómo viniste acá? Jesús les dijo: Estoy seguro de  que uds. me buscan porque han comido hasta llenarse y no porque hayan entendido las señales fuera de lo común-  No se afanen en trabajar por la comida que se acaba, sino por la que permanece, la que les da vida eterna. Esta es la comida que les dará este hijo d hombre porque el Padre ha puesto su sello en él. Le preguntaron: ¿Qué debemos hacer para saber cuáles son las obras que Dios quiere que hagamos? Respondió jesús: lo que Dios quiere que hagan es que crean en aquel qué él les ha enviado. ¡Qué señal nos das para que  te creamos? Cuáles son tus obras? Nuestros antepasados comieron el mana del desierto, como dice la Escritura “Dios les dio a comer pan del cielo” Jesús contestó: les aseguro que no fue Moisés quien les dio pan del cielo, sino que  mi Padre es quien les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan que Dios da es el que ha bajado del cielo y da vida al mundo. Y ellos dijeron “Señor danos siempre de ese pan!”

 

Síntesis de la homilía

El discurso de Jesús en este capítulo 6to de Juan es el más largo de sus enseñanzas. Y no resulta fácil de entender ni para los que lo rodeaban ni para nosotros. Hay algunas cosas claras que constituyen pistas para descifrar el sentido a la vez simbólico y realista del pan como alimento de vida, que es el tema central. Jesús habla de su carne es decir, su humanidad. Con referencia a la eucaristía los sinópticos hablan de cuerpo y sangre como entidades distintas. Para Juan “carne” abarca la humanidad de Jesús, todo lo que él es como personas y como enviado de Dios, reflejo de Dios, revelación del Padre. Su lenguaje resulta por eso duro para los judíos: ¿cómo el Dios espíritu va a estar identificado con un simple ser humano? ¿Y admitirlo a él así, como ser humano, puede resultar alimento para la vida duradera?  Esas dificultades son las que aparecen en el desafío ¿qué obras haces para que creamos esto y confiemos en ti? El ejemplo del maná en el desierto es contrapuesto por Jesús, alejándose de esa comida material a esta otra, que es él mismo para darle a la vida humana,sentido de permanencia y profundidad.

Las interpretaciones de estas afirmaciones del maestro, siembran dudas y objeciones que producen el efecto de alejamiento de muchos. Quedan los doce, los elegidos por él, los amigos que tampoco entienden pero que permanecen fieles a la persona por la que han abandonado todo.

Cuando se habla simplemente de comer el pan que produce la vida, todo aparece como una cuestión o invitación pasiva a recibir un favor. Sin embargo Jesús la pronuncia como un desafío. Si no comen no tendrán vida. Quiere decir entonces que comer no es sólo recibir sino asimilar e interiorizar lo que se recibe. La humanidad de Cristo que se nos entrega nos compromete a vivir, siguiendo los valores de esa humanidad. El seguimiento no es afectivo o basado en creencia voluntarista, sino actitud fundamentada en la confianza del proceder humano de Jesús para llegar a identificarse con él.

Por eso es más cristiano que el que abre la boca para recibir el pan el que es capaz de dar un abrazo al que está a su lado o el que arriesga ponerse en el lugar del otro para comprender y colaborar a su felicidad. La habitual característica mágica  con que se viven los sacramentos, no es sólo ingenuidad que falsea la realidad sino desfiguración alienante de un compromiso profundo con la realidad del hombre.

Domingo 12 de Agosto de 2012 – 19 durante el año litúrgico (ciclo”B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Juan 6, 41-51)

Los judíos que lo escuchan, comienzan a murmurar sobre Jesús que ha afirmado que es el pan venido del cielo. Y   dicen: ¿Acaso no es éste el hijo de José?  Nosotros conocemos a su padre y su madre ¿cómo dice ahora que ha bajado del cielo? Jesús les dijo entonces: Dejen de murmurar. Nadie puede llegarse a mí si no lo trae el Padre que me ha enviado, y yo lo resucitaré el último día. En los libros de los profetas se dice “Dios instruirá a todos” Así que todos los que escuchan al Padre y aprenden de él, vienen a  mí. No es que alguien haya visto al Padre, el único que lo ha visto es el que ha venido de Dios. Les aseguro que quien tiene fe tiene la vida eterna.

Yo soy el pan de vida. Los antepasados de ustedes comieron el maná en el desierto y, a pesar de esto, murieron. Pero yo hablo del pan que baja del cielo y el que lo come no muere. Yo soy ese pan vivo que ha bajado del cielo. El que come de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi propio cuerpo y lo daré por la vida del mundo.

 

Síntesis de la homilía

El cielo interpretado como un lugar distinto de la tierra es lo que provoca la desorientación de los que escuchan a Jesús. Por eso la dificultad queda centrada en que ellos conocen a sus padres y entonces no puede haber venido del cielo o de otro planeta.

Esta confusión que implica la separación absoluta de lo que llamamos cielo, con respecto a la tierra en que vivimos y transcurre nuestra historia, es lo que Jesús trata de remediar. El cielo no es un lugar, un planeta distinto. El cielo es el Padre, Dios, expresado en toda la creación, pero de la manera más accesible a nosotros, en un ser humano, con padre y madre: Jesús de Nazaret. Un ser humano que transforma al Dios lejano, poderoso e inalcanzable, en accesible para el hombre porque se expresa en otros hombres y de manera particular en su enviado Jesús el hombre nuevo.

La imagen del pan, alimento tradicional cuya elaboración depende del conocimiento y trabajo del hombre sobre la naturaleza, aparece para dar idea de la compenetración de lo divino con lo humano en Jesús (pan del cielo) y de la profundidad con que la aceptación de su mensaje y su práctica de vida, pueden ser vividos por quienes confían en él para ponerse en contacto con la vida verdadera, con la vida en Dios, con la vida en el Amor.

Siempre se ha afirmado que este pasaje tan largo de Juan tiene fuerte tinte eucarístico. Juan es, efectivamente el único escritor de evangelio que no relata la institución de la eucaristía en la última cena, reduciéndose a trasmitir el signo de fraternidad del lavado de pies para dejar bien claro que el fruto de comer el pan que es él mismo, es la exigencia de la comunión que construye el reino de los cielos en la tierra.

La visión propagada abundantemente de que el comer el pan eucarístico (comulgar) contagia de inmortalidad, resurrección o vida eterna, constituye de alguna manera una desfiguración del auténtico sentido  eucarístico, ya que transforma en fruto individual lo que es de perspectiva comunitaria y universal, la comunión del reino.

La separación entre cielo y tierra, entre el hombre y Dios, entre lo sagrado y lo mundano que ha adquirido muchas veces una vigencia extraordinaria no es propia de lo cristiano.

Por eso mismo las constantes fricciones entre los que comprometidos fuertemente con el mundo en su realidad completa, es decir abarcando toda la actividad humana y por tanto  su aspecto más dificultoso que es el sociopolitico, y quienes quieren o acostumbran visualizar el cristianismo como una religión que nos une a Dios separándonos del mundo.

Homilías Dominicales – Domingo 29 de Julio de 2012 – 17 del año litúrgico (ciclo”B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Juan 6, 1-15)

Pasó Jesús a la otra orilla del lago, seguido por mucha gente maravillada por los signos que hacía sanando a los enfermos. Se retiró a un monte y allí se sentó con sus discípulos. Se acercaba la pascua, fiesta de los judíos. Al levantar la vista Jesús vio la multitud que se acercaba a ellos y le dijo a Felipe ¿dónde compraremos pan para tanta gente? Felipe contestó : doscientas monedas de plata no bastarían para cada uno pudiera comer un pedacito. Jesús lo decía para ponerlo a prueba porque él bien sabía lo que iba a hacer. Andrés el hermano de Simón Pedro, dijo: aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces. Pero ¿qué es esto para tanta gente? Jesús les dijo: hagan que la gente se siente. Había hierba abundante en  el lugar. Se sentaron. Los varones eran unos cinco mil. Entonces jesús tomó los panes, dio gracias y los repartió  entre los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándole todo lo que quisieran. Cuando todos estaban satisfechos ordenó a los discípulos que recogieran las sobras para que no se desaprovechara nada, Los recogieron  y con los restos de los cinco panes de cebada llenaron doce canastas,

Cuando la gente vio esto dijeron “éste es el profeta que debía venir al mundo” jesús, conociendo que pensaban venir para llevárselo y proclamarlo rey, se retiró de nuevo al monte, solo.

 

Síntesis de la homilía

Se produce aquí una interrupción de la lectura de Marcos que venimos haciendo durante todo el ciclo litúrgico de este año. El  también relata la multiplicación de los panes, pero el capítulo 6 de Juan, el más largo en los relatos evangélicos, es también el más completo en su significado teológico con respecto a la eucaristía. Hay que leerlo y reflexionarlo no como hecho histórico que produce admiración sino como un manojo de símbolos muy importantes para los seguidores de Jesús.

Los signos o milagros que realiza Jesús llaman la atención de la gente que, con una difusión de boca en boca. se agolpa para ser testigos y resultar beneficiados en sus carencias y sobre todo sus enfermedades. La soledad circundante es violada entonces por una muchedumbre que avanza por el llano buscándolo. Se trata de un lugar desierto. El problema práctico aparece inmediatamente e ¿cómo darle de comer a esa gente?. Un signo muy fuerte de la preocupación de Jesús por la pobreza, que priva a tantos seres humanos hasta de los alimentos indispensables. Y una enseñanza fundamental para sus discípulos y seguidores (lo que llamaríamos su iglesia) Tomar en serio las necesidades humanas, indagar sus causas y buscarles remedio. La iglesia oficial en muchas oportunidades afirma que son los gobiernos los que deben afrontar el remedio de la pobreza y juzga cumplida su misión afirmando y a veces exagerando la pobreza con sentido de culpa ajena, sin que los grandes gestos que alguna vez caracterizaron a muchos de sus miembros, se continúen repitiendo. Ni soñar que Jesús dispusiera del dinero necesario para comprar una cantidad de pan suficiente para que a todos les tocara un pedacito. Ni imaginar tampoco que con una bendición, el pequeño aporte del muchacho que lo traía en su morral se convirtiera en una panadería de dimensiones extraordinarias. Pan para cinco mil varones.

Las legiones romanas que acampaban algunas veces en los descampados de Palestina estaban compuestas por cinco mil soldados. En la significación del reino de Dios que tiene el relato de Juan, se contrapone el sentido del dominio romano a la  vigencia de los valores del reino y especialmente del amor que inclina a compartir. Y eso es lo que sucede. El ofrecimiento del chico pobre, que llevaba en su morral su precario alimento, desata la generosidad de los que ceden también lo suyo y así se colma el hambre de todos. Es un hecho que  compartir en situaciones de carencia, sufrimiento o impotencia  aumenta con la solidaridad las posibilidades de remediarlas. La intención del relator, al añadir la orden de recoger las sobras en doce canastas, es aludir a la universalidad de la voluntad salvadora del Padre. Siempre hay para los que llegan  tarde. El desafío de la interpretación de este capítulo de Juan no consiste en el enfoque  teológico tradicional que  juzga escandalosa la afirmación de que su cuerpo sea comida y su sangre bebida. El escándalo real, que ahuyenta a muchos de sus seguidores, es que Jesús los quiere capaces de entregarse en cuerpo y sangre a la actitud de compartir la felicidad de sus posesiones y el remedio de sus carencias.

Napalpí. Por Guillermo “Quito” Mariani

 Ayer el algodón hoy la soja. Ayer Chaco hoy, los países democráticos de Latinoamérica. Un  nuevo aniversario de la matanza de Napalpí en el Chaco que, entonces territorio nacional, el diecinueve de Julio de 1924. Y otra vez el silencio y el olvido.

Unos doscientos aborígenes de diversas tribus, cercados por el ejército provistos de winchesters y mausers. La confianza en que los dioses qom  los protegerían de las agresiones de los blancos invasores, provocó  una gran convocatoria se reuniendo a familias de todas las tribus. La represión no tuvo límites ni medida. Porque de acuerdo al criterio del gobernador Fernando Centeno que la ordenó, debía servir de escarmiento para vencer toda clase de resistencia. La comunidad de familias reunidas, abarcaba hombres, mujeres y niños sin más armas que palos del monte. Rodeados por el ejército al que apoyaba la metralleta de un avión, después de aprisionar a los caciques castrados y empalados,  fueron fusilados  indiscriminada y cruelmente hombres , mujeres y niños. (se habla de cinco mil proyectiles disparados). Para sembrar mayor terror los agresores entraron en el cerco esquivando cadáveres para exterminar a los moribundos a golpes y culatazos. Pero,¿A qué se resistían los qom? A que habiendo sido ocupadas sus tierras por las empresas francesas e italianas para siembra y explotación del algodón,  exigían que consumiendo sus vidas y las de su familia en un trabajo inclemente y sin límites horarios, la compensación no fuera con alimentos sobrevaluados que les distribuían sino con salarios normales. El capitalismo, afirmado ya con sus tácticas opresoras encontró en la complicidad de los gobernantes, atraídos aparentemente con las ilusorias promesas de trabajo,  prosperidad y riqueza, el camino fácil de la expropiación.  Así se explica la actuación de mandatarios de la zona, aparecidos como agentes de conciliación entre las empresas mutinacionales y los aborígenes. “Conciliación” o muerte,  debió ser su consigna pacificante. La importante región norteña ocupada por tobas, mocovíes y wichis se transformó entonces en un ambicioso  objetivo a conquistar dadas, por una parte, las bondades de esas tierras vírgenes y, por otra, la facilidad de transformar a sus ocupantes en “mano de obra barata”, (delicado nombre capitalista para la esclavitud deshumanizante)

Fue hace mucho tiempo. Algunos nombres de las multinacionales han cambiado. También las complicidades de los gobernantes que, o hacen vista gorda o simplemente apoyan a los que con el rendimiento de los granos y la baja de retenciones esperan que sostendrán sus proyectos de mantenerse en el poder.

Las maniobras no son ahora tan abusivamente antihumanas como entonces. Pero los intereses sojeros transgénicos que traen detrás una inacabable cola de secuelas ecológicas, económicas y monopólicas son capaces de mover intereses sectoriales y lograr, con apariencias legales, que se destituya un gobierno democrático con un proyecto de más justa distribución y una reforma igualitaria. Paraguay es ya una constatación alarmante. Se puede argumentar que Lugo no tenía aparato político propio, que su vice presidente no lo acompañaba desde el comienzo, en su visión de la sociedad, que su apoyo a los sectores campesinos desalojados por la insaciable ampliación de la frontera sojera incitaba a la lucha de clases y perjudicaba a los inmigrantes brasileros. Lo cierto es que, fuera de todo lo previsible, una asamblea legislativa de un plumazo lo destituyó con la aprobación inmediata del estado Vaticano, Alemania, España y Canadá, siguiendo a los grandes hacendados paraguayos. Eso ya fue. ¿Qué será después?

 

 

 

Homilías Dominicales – Domingo 15 de Julio de 2012 – 15 durante el año litúrgico (ciclo”B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mc.6, 7-13)

Llamó Jesús a los doce y los envió de dos en dos comunicándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les encargó que no llevaran más que un bastón. Ni pan, ni alforja, ni dinero en la faja. Quecalzaran con sandalias y no llevaran túnica de repuesto. Les decía también: cuando entren en una casa quédense allí hasta que se vayan del  lugar. Si en algún no los reciben ni quieren escuchar, váyanse de allí sacudiendo el polvo de sus pies en protesta contra ellos. Se fueron y proclamaban la conversión, expulsaban demonios y ungiendo con aceite a muchos enfermos, los aliviaban.

 

Síntesis de la homilía

La perspectiva de universalidad del mensaje está asociada con la compasión total del pueblo judío integrado por las doce tribus. Jesús es el indicador del pueblo nuevo que se va construyendo. Lo que después se llamará el reinado de Dios o el reino del Padre. Por eso la acción principal de los enviados es proclamar la conversión.  No se trata de predicadores que fustigan los males para que las personas se conviertan. No. Se trata de que el cambio ya está,  y hay que hacer conciencia del mismo. La austeridad de llevar el bastón para hacer posible el avance en los llanos y en los terrenos a accidentados y calzarse con el  calzado más simple y común, las sandalias, se completa con el aviso de no prever remedio para su hambre o su vestimenta, de modo que si se encontraran ante esa necesidad, dependieran de los demás para solucionarla.

Es cierto que hoy nos parecería descolocado observar a la letra estas prescripciones de Jesús que no solamente nos debilitarían físicamente sino que también acarrearían molestias a los demás. El mundo capitalista nos ha habituado a pensar que cada uno tiene que valérselas por sí mismo y arreglársela cuando  no ha sido previsor.

Pero el contenido más profundo puede extenderse a la iglesia de Jesús a la comunidad de sus seguidores, haciéndole ver la importancia del testimonio de la pobreza para favorecer la comunión y solidaridad entre los hombres. Ni nuestros templos sobrepasando hasta no hace mucho tiempo, la altura de los edificios más altos como signo de dominio; ni la fastuosidad de las ceremonias y ritos católicos, contribuyen como testimonios de conversión y cambio. Mas que a brindarse esa majestuosidad induce a pedir y no contribuye a la solidaridad evangélica,

Es significativo el detalle de quedarse en la casa que primero los aloje para provocar su adaptación a la gente,  sus costumbres, sus dificultades, sus proyectos. Variar de  casa y familia, no contribuye a adquirir una visión real del clima humano y social de una población. El polvo del calzado y los pies, es el resultado de caminar las calles de un lugar, como adhiriéndose a su historia y sus costumbre. Sacudir ese polvo significa el rechazo de esa cultura y esa gente.

Los discípulos acompañándose de dos en dos irán practicando la solidaridad de la convivencia. Su testimonio  será en primer lugar victoria sobre los espíritus inmundos del egoísmo y el aprovechamiento de los más débiles. Sin armas ni poder no podrán comportarse sino como iguales o necesitados de los demás y así irán aprendiendo a construir el reinado de Dios.