Homilías Dominicales – Domingo 8 de Julio de 2012 – 14 durante el año litúrgico (ciclo”B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema(Mc. 6,1-6)

En una oportunidad Jesús se dirigió a su ciudad acompañado por sus discípulos. El sábado fue a la sinagoga y se puso a enseñar.  La gente lo escuchaba asombrada y entre ellos se preguntaban ¿de dónde saca todo esto? ¿qué clase de conocimientos ha recibido que hace tantos milagros con sus manos? No es acaso el carpintero hijo de María y hermano de José, Santiago, Judas y Simón? ¿No viven aquí entre nosotros sus hermanas? Y esto era para ellos una grave dificultad. Jesús entonces les decía: a un profeta lo desprecian solamente en su patria, entre sus parientes y en su propia casa. Y no pudo realizar allí ningún milagro reduciéndose a curar unos pocos enfermos imponiéndoles las manos. Y se asombraba de su incredulidad. Después continuó enseñando por las ciudades.

 

Síntesis de la homilía

Este episodio relatado por los tres sinópticos con distintas características, tiene sólo en Marcos una particularidad que no hay que pasar por alto. Es el único que dice que Jesús NO PUDO hacer allí ningún milagro por la falta de fe de sus conciudadanos.

Su visita a Nazaret acompañado por los discípulos constituía todo un desafío: el comienzo de una realidad nueva, anunciado por un profeta admirado, que contrariaba sus costumbres, sus tradiciones, su seguridad. La tradición establecía una cadena de oficios en la familia. De José carpintero no podía descender sino un hijo carpintero y nada más! De modo que las preguntas, seguramente inspiradas por los fariseos y doctores, tienentoda la malicia de la afirmación que un tiempo después brotará agresivamente: ¡está endemoniado!

No puede haber otro diagnóstico para quien pasa por encima de todo lo que se consideraba tradicional, normal y fuente de seguridad para los nazarenos. La falta de fe a que se refiere el evangelista no tiene nada que ver con que no descubran en Jesús al hijo o enviado de Dios, sino en que no quitan los obstáculos personales que les hagan admitir una mirada distinta de interpretación de la ley, que superando la letra revela su espíritu, y así presenta un orden nuevo, aunque preparado por la tradición, consistente en vivir y actuar de acuerdo a la voluntad del Padre. Esa actitud se convierte en obstáculo insalvable para que puedan producirse las maravillas o milagros de que tenían noticia en Nazaret.

Hay dos elementos para que se cumplan las maravillas queridas por el Dios AMOR, CREADOR Y LIBERADOR.  La disponibilidad de los actores directos que somos nosotros. No con actitud intelectual o sentimental muchas veces brotada de la agudeza de la necesidad que padecemos, sino con el análisis de los obstáculos y el esfuerzo de superación. Y la vigilancia siempre amorosa del Padre que conoce lo que necesitamos antes de que se las expresemos. Parientes y compañeros de Jesús desde la niñez, no logran superar esos obstáculos y frenan la llegada de los beneficios esperados.

En la sinceridad de Marcos que describe en una palabra “NO PUDO”, esta limitación humana de Jesús, encontramos la explicación de muchos bienes que no llegan a nosotros porque no hemos puesto las condiciones necesarias o personal o socialmente para que el amor del Padre se manifestara Y, además, comprobamos  con esa afirmación, la humanidad de Jesús compartiendo la nuestra en todo.

El maestro rodeado de sus discípulos, con todas sus limitaciones, es la propuesta de un orden nuevo, el del reinado de Dios, que irrumpe en el desgaste y limitación de la Ley vivida por los judíos de Nazaret.

Con el proyecto del amor de Dios.

Homilías Dominicales. Domingo 1 de Julio de 2012 – 13 durante el año litúrgico (ciclo”B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mc. 5, 21-43) A pasar a la otra orilla llegó el jefe de la Sinagoga y postrándose a los pies de Jesús le rogaba: mi hijita está agonizando. Ven a imponerle las manos para que sane y viva. Se fue con él y lo seguía mucha gente. Entre la multitud que lo apretaba había una mujer que llevaba doce años padeciendo hemorragias. Se acercó por detrás y le tocó el manto pensando: con sólo tocar su manto me salvaré. En un instante desapareció la hemorragia y sintió que estaba curada. Jesús se volvió y preguntó ¿quién me ha tocado? La mujer asustada y temblando se acercó, se postró ante él y le confesó la verdad. El le dijo: hija, tu fe te ha curado, vete en paz y conserva tu salud.

Aún estaba hablando cuando llegaron servidores del jefe de la sinagoga y le dijeron: tu hija ha muerto. No importunes al maestro.

Jesús al escucharlos dijo al jefe de la sinagoga: No temas, basta que tengas fe. Invitó a acompañarlo sólo a Pedro, Santiago y Juan su hermano. Al  llegar a la casa dice ¿a qué viene todo este alboroto y esos llantos? La niña no está muerta, está dormida. Se reían de él pero echándolos fuera, tomó al padre y la madre y sus compañeros y entró a donde estaba la niña. Tomándola de la mano le dijo Talithá cum que significa: Chiquita, te lo mando, levántate. La muchacha se levantó y empezó a caminar. Tenía doce años. Ellos se asombraron sobremanera. Les encargó encarecidamente que no lo publicaran y dijo que le dieran de comer.

 

Síntesis de la homilía

Vienen desde la otra orilla, atravesando las aguas. Allá en la región pagana el impactante cuadro de un varón satánico produciendo destrozos entre los sepulcros y su posterior curación. Aquí en territorio judío dos mujeres protagonizan el relato. Poseídas no por la esclavitud del espíritu del mal sino por la ley. La asociación no es casual. Esto podría calificarse como el comienzo del evangelio femenino de Marcos. Un funcionario judío cargado con la angustia de su hija agonizante, que no tiene reparos en acudir a ese maestro rechazado por los maestros de la ley, en el momento de aflicción. El relato se interrumpe como en un paréntesis. Marchando hacia la casa, otra mujer, con la enfermedad del flujo de  sangre ininterrumpido que además de primarla de la posibilidad del uso sexual, del matrimonio y de la procreación, es considerada impura e intocable por la ley. Anónima y apretada por la multitud, como desafiando la ley, se acerca a Jesús y toca el manto, cuya virtud curativa se especifica después en (6,56).Para Jesús no es  anónima. Quiere verla y hablarle como hija. No temas, te ha curado tu fe. Y la envía a vivir su vida de mujer madura. Los doce años de padecimientos marcan el simbolismo del tiempo necesario para la maduración. La crueldad del Deuteronomio cuando se refiere a la enfermedad que ella padecía, ha sido superada por esta intervención amorosa y paternal de Jesús. No hace caso a los mensajeros que llegan anunciando la muerte de la  hija del archisinagogo. Basta que tengas fe. La personalidad de los elegidos para acompañarlo marca la importancia de la misión a cumplir. En la casa entre con el padre y la madre a la habitación. Da la mano a la niña y le ordena incorporarse. Ella obedece y vive. Tiene doce años. La edad en que la mujer judía debía ser entregada al esposo para servirle. La previsión de ese acontecimiento ineludible para le ley, la tenía muerta. La intervención de Jesús la sana y la fortalece para seguir caminando por la vida con libertad y normalidad.

Casi diríamos que este relato tan antiguo de Marcos puede trasladarse a nuestro tiempo en que tantas mujeres en diversas culturas siguen viviendo como muertas en vida. Y, aunque entre nosotros esa realidad no adquiere lo trágico de otras geografías, continúa una especie de sentido de superioridad masculina con diversas manifestaciones que quiere anular las potencialidades femeninas. El feminismo, condenable para muchos y muchas, sigue siendo la reacción necesaria y justa, frente a abusos masculinistas en la legislación, el campo laboral, el ejercicio de la sexualidad y maternidad, y de un modo particular en nuestra iglesia.  Es cierto por otra parte que se cometen excesos cuando la dignidad de la mujer queda herida por conductas transgresoras de comercialización de los valores más íntimos, pero hay que estar alerta para que con Jesús ayudemos a recuperar la dignidad en la persona y acción de la mujer que indudablemente repercutirá en bien de toda la sociedad.

Homilías Dominicales – Domingo 24 de Junio de 2012 – Nacimiento de Juan Bautista. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Lc. 1,57-66)
Cuando le llegó a Isabel el tiempo, dio  a luz un hijo y los vecinos se alegraron por la misericordia tan grande que el Señor había tenido con ella. A los ocho días vinieron los encargados de la circuncisión y  querían llamarlo Zacarías como el padre. Pero la madre dijo que se iba a llamar Juan. La gente le decía que no había nadie en la familia con ese nombre. Le preguntaron por señas al padre cómo quería llamarlo y  escribió “ su nombre es Juan” por lo que todos quedaron extrañados. En ese mismo momento se soltó la lengua de Zacarías y comenzó a alabar a Dios.

Un santo temor se apoderó de todos, y estos acontecimientos se comentaban en toda la región montañosa de Judea, porque la gente pensaba ¿qué irá a ser de este  niño?, ya que comprendían que la mano del Señor estaba sobre él.

 

Síntesis de la homilía

hay bastantes coincidencias entre los nacimientos de Jesús y Juan que el mismo mensajero de Dios se encargó de señalar indicándoselas a María. Ambos nombres son dictados por un mensajero divino. Ambos nacen de manera maravillosa:Jesús de la virginidad joven, Juan de la esterilidad de una anciana. Ambos nacimientos provocan la seguridad de que está obrando Dios. En uno los comentarios de los vecinos y en el otro la eclosión de los ejércitos celestiales.

De acuerdo al Libro de los Hechos en el tiempo del relato lucano tenía vigencia la disputa de los discípulos de Jesús y de Juan sobre la superioridad de cada cual. No es que esa rivalidad existiera entre Jesús y su primo sino entre sus discípulos que, apoyando psicológicamente  su propia seguridad en la personalidad de cada uno de los dos maestros,  casi necesitaban disminuir la `personalidad del otro para mantenerse firmes. Es el evangelio de Juan, casi cuarenta años después, el que se encarga de fijar el papel del bautista como subordinado a la misión de Jesús. “El no era  la luz sino el que debía dar testimonio de la luz”

En realidad, el bautista es quien respondió exactamente a las expectativas del pueblo judío que vivía la opresión del Imperio y de la Ley. Por eso anunció una llegada “detrás de él” de la destrucción de los enemigos y los castigos del Dios poderoso. Jesús, en cambio, asumió el anuncio del reino como la llegada de la felicidad para todas las víctimas. A eso se deben las dudas que acometieron a Juan en la cárcel sobre si  Jesús era o no el mesías ya que no tenía ningún discurso de amenaza de destrucción y venganza de Dios.

En un mundo con multiplicidad extraordinaria de códigos y preceptos morales, en cada cultura el Decálogo de Moisés resultaba una elaboración admirable. Pero la observancia de todas las reglas se basaba en el temor a la descalificación social o los castigos. El cristianismo, después de los primeros siglos se fue contagiando con esos criterios, hasta convertirlos en pedagogía habitual con los excesos conocidos. Pero el mensaje de Jesús fue la revelación de un Dios amor convertido hacia el hombre para hacerle posible vivir ese fundamento de la felicidad. Si se puede afirmar que los mismos males y aun peores desgarran a la humanidad hoy, no es porque no sepamos el secreto de la conducta definitiva, sino porque los encargados de difundirlo y testimoniarlo (entre ellos la iglesia) no lo defienden sino con palabras y sin obras. “Amemos con obras y de verdad”

Homilias Dominicales – Domingo 17 de Junio de 2012 – 11 durante el año litúrgico (ciclo “B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mc.4 26-34)

Decía Jesús: escuchen esta comparación con el reino de Dios. Un hombre esparce la semilla en la tierra y ya duerma o esté despierto, sea de noche o de día, la semilla brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da fruto por sí misma: primero la hierba, luego la espiga, y por último  la espiga se llena de granos. Y cuando está maduro, llega el tiempo de la cosecha. Dijo también: ¿a qué se parece el reino de Dios? Es semejante a una semilla de mostaza. Al sembrarla es la más pequeña de todas pero después crece y se hace más grande que las plantas de huerto y los pájaros buscan su sombra. Jesús usaba muchas comparaciones como éstas para anunciar la palabra. Y a sus discípulos se las explicaba en privado.

 

Síntesis de la homilía

No se trata de un reino impuesto por tácticas o estrategias humanas de poder e imposición. Corre por cuenta del sembrador elegir y esparcir la semilla. Y por cuenta de la tierra, el recibirla y acogerla. Todo eso queda especificado en los versículos anteriores que contienen la parábola del sembrador. Pero aquí se especifica la característica que tiende a solucionar nuestra impaciencias y ansiedades que nos llevan a recurrir a la tác- ticas humanas  que ignoran la verdad y violan los derechos de los demás con el sólo objetivo de conseguir el resultado buscado. Así sucedió y sucede con el proselitismo eclesiástico.

La semilla sembrada con buena voluntad y constatación de que resulta para bien  y felicidad compartida, lleva en sí misma una fuerza, la fuerza creativa del amor de Dios injertado en su creación. Y aunque parezca que lo sembrado se perdió en las profundidades del corazón humano, seguramente seguirá su proceso de crecimiento.

Es la convicción de todos los educadores con visión de futuro. Es la visión esperanzada que alienta todos los compromisos y entregas.

La segunda comparación  que aparece como trabajosamente buscada en la imaginación de Jesús, tiene que ver con una semilla que es casi polvo y sin embargo crece hasta cobijar a los pájaros del cielo. ¿disponemos nosotros de esa semilla tan pequeñita que parece inasible? Sí! Es nuestra fe. Parecerá extraño porque muchas veces oímos hablar de una fe tan grande que pueda mover montañas. Y sin embargo la verdadera fe la que se afirma y compromete con la Palabra-vida que es Cristo, es pequeñísima. Porque está rodeada de dudas. Porque se reduce a una sola y definitiva propuesta que es el evangelio del reino. EL dios que es amor, nos ama, y retribuimos y hacemos eficaz su amor cuando nosotros amamos a nuestra alrededor. Todo lo demás, que hacemos motivo de creencia porque no entendemos, no es fe, sino sustitutivo de la fe. Así por ejemplo cuando en lugar de cultivar la seguridad de que Dios nos ama recurrimos a intercesores y promesas para lograr ese amor y repetimos cadenas de oraciones esperando que estas liberen la indiferencia de Dios frente a los acontecimientos humanos, estamos al mismo tiempo que desconfiando de Dios, apartándonos de ese punto pequeño como el grano de mostaza pero que contiene la fuerza del reino, el amor de Dios. Esa seguridad, la de un Dios Padre fue la que originó la valentía de jesús para jugarse del todo por la causa del hombre.

Homilias Dominicales – Domingo 10 de Junio de 2012 – Festividad de Corpus Christi. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mc.14,12-26)

El primer día de los ázimos los discípulos preguntaron a Jesús dónde quería que le prepararan la cena pascual. El los mandó a la ciudad para que siguieran a un hombre que llevaba un cántaro de agua hasta la casa en que entra, y allí le dijeran al dueño que dónde podrían comer la Pascua. El , le dijo, les mostrará una sala grande amueblada y lista. Los discípulos fueron y encontraron todo tal cual.

Al atardecer mientras estaban a la mesa Jesús dijo que alguno lo iba a entregar de los que estaban compartiendo el pan. Ellos se entristecieron y se preguntaban cuál podría ser. Durante la comida Jesús tomó pan, pronunció  la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: Tomen esto es mi cuerpo. Después tomó la copa, dio gracias y se la entregó para que todos bebieran diciéndoles: Esta es mi sangre, la sangre de la Alianzaderramada por la muchedumbre.  Les digo que no volveré a gustar el fruto de la vid hasta que lo beba en el reino de Dios.

 

Síntesis de la homilía

Hay una semejanza entre los detalles  de la entrada en Jerusalén y esta preparación de la pascua. En ambos casos los discípulos son los encargados, siguiendo las instrucciones de Jesús. En ambos casos  se trata de órdenes extrañas en algún sentido Ir a buscar un burro ajeno, en el primer acontecimiento, y seguir a un hombre que lleva un cántaro (oficio que siempre cumplían las mujeres) en el segundo. En el primer caso la iniciativa parte de Jesús, en el segundo son los discípulos los que sugieren  la celebración pascual y la búsqueda del lugar. Los discípulos corean el eufórico hosanna en la marcha hacia Jerusalén y al comienzo de la cena se entristecen con el anuncio de la traición. La entrada a Jerusalén concluye con el enfrentamiento de un Jesús indignado con las autoridades del Templo. Éste, el de la cena, concluye con un acto de amor, la entrega de su cuerpo y su sangre para salvación de la muchedumbre.

Todas las situaciones enunciadas están significando las diferencias entre el viejo y el  nuevo orden. Entre el dominio de la Ley y el predominio del Amor. Los discípulos tironean hacia el cumplimiento de las tradiciones, Jesús empuja hacia la realización del novedoso reinado de Dios.

Las estructuras tradicionales siempre infunden seguridad y por eso habitualmente la resistencia para abandonarlas se torna agresiva y la reincidencia está siempre próxima como invitación seductora. Jesús afronta serenamente esto que, al final de su camino y sus enseñanzas, podía resultarle desilusionante. Pero trata de sacarlos de esas seguridades esclavizantes, para que resulte efectiva toda la preparación que han recibido en palabras y testimonio de vida para convertirlos en constructores del reinado del Padre.

El burro, (al margen del poder de los reyes), el hombre llevando el cántaro (cumpliendo

oficio de mujer), el signo de entrega de cuerpo y sangre (en la mesa de la traición) el triunfo de las exclamaciones de ramos(y la decepción del calvario) no son hechos casuales. Son  la indicación de la profundidad del cambio propiciado por Jesús-

Un cambio ignorado por la iglesia en tantas oportunidades históricas que se le brindaron para instaurarlo. Un cambio que todavía está pendiente para nosotros que seguimos tironeando para quedar instalados, en el poder, en las desigualdades irritantes, en la mezquindad de nuestro compromiso por la justicia y la felicidad para todos, en la falta de coraje para denunciar la opresión y jugarse por el emprendimiento de iniciativas en pos de un mundo mejor.

Homilias Dominicales – Domingo 3 de junio de 2012 – Festividad de la Trinidad (ciclo “B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mt. 28,16-20)

Reunidos los once en el monte que Jesús les había indicado, cuando vieron a Jesús se postraron, pero algunos dudaban. Jesús se acercó y les habló: me ha sido dada toda autoridad sobre el cielo yla tierra Vayan y hagan discípulos en todos los pueblos, y bauticen consagrándolos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir lo que yo les he mandado. Yo estaré con ustedes hasta el fin.

 

Síntesis de la homilía

La trinidad evangélicamente no es una verdad frente a la que hay que romperse la cabeza sin lograr entenderla. La trinidad es simplemente la perspectiva más clara de la realidad de Dios. El Amor, su esencia relacional. Meterse en las definiciones aclaratorias intentadas en la catequesis tradicional, distinguiendo entre naturaleza y persona, entre igualdad y diferencia, es internarse y perderse en un laberinto filosófico aristotélico tomista que ya no tiene vigencia entre nosotros. Lo revelado, lo enseñado, lo vivido por Jesús de Nazaret, quie es para nosotros lo más completo de que disponemos con relación a Dios y su relación con el hombre, es nada más que un afán  relacional entre nosotros. Desde allí, los vuelos intelectuales más sofisticados, han afirmado lo que es el allá,  lo trascendente, lo impenetrable: un misterio de relaciones. La teología “descendente” que parte del supuesto conocimiento de qué y cómo es Dios, se preocupó de copiar el modelo y dedujo que así como en Dios hay una relación profunda e inmanente, tiene que haberla entre nosotros. Pero hay otra teología, ascendente que, en todo lo que afirmamos de Dios ha encontrado que el comienzo del camino se sitúa en lo más íntimo que requiere nuestra naturaleza humana.  Allí se asienta la originalidad del cristianismo: desde el hombre a Dios. Desde la excelencia de las relaciones humanas vislumbrada en el amor vivido y practicado, al descubrimiento del Dios relación, del dios comunicación, del Dios amor. Un análisis imparcial y crudo de la historia de la Iglesia permite descubrir los intereses sustentados por esa teología descendente que afirma al todopoderoso para saciar la ambición de poder. Y  no es extraño por eso que los primeros concilios ecuménicos, definitivos para la expansión de la Iglesia con definiciones dogmáticas y disciplinarias, fueran  convocados no por las autoridades de la comunidad eclesial sino por los Emperadores romanos.

Todo este razonamiento no es  un juego especulativo. Es necesario conocerlo para hacer posible la vuelta a la riqueza de la propuesta de Jesús considerándose hijo amado de Dios y trasmitiendo a sus seguidores ese mismo espíritu de amor para animar la construcción de un mundo relacional conforme a la voluntad del Padre. Un mundo sin opresiones, sin odios, sin descalificaciones, sin discriminaciones, sin exclusión de los más débiles, sin desigualdades.

Mirar hacia las relaciones del Padre con su hijo Jesús y de éste con sus discípulos llenándolos de su espíritu de amor, es convertir en absoluta y definitiva la valoración de la dignidad de cada persona, la afirmación de sus derechos, la legitimidad de la búsqueda de la felicidad y por tanto de la solidaridad para lograrla. Y eso es lo que da sentido a la vida, la lucha y el progreso de la humanidad en una marcha constante y esperanzada.

El “más allá” de la muerte. Por Guillermo “Quito” Mariani

Cuando te invade la angustia de la muerte de un ser querido, todo el mundo  se acerca diciéndote palabras que pretenden consolarte. Pero el dolor está enquistado allá adentro. Demasiado hondo, para que alguien pueda descubrirlo, fuera de ti mismo. Ellos saben, si lo han vivido, y aunque lo disimulen, que el más allá, es definitivo, encajado en la realidad inalcanzable de aquello que llamamos Dios, con una palabra rara,rememorando el Theos que la mitología griega traduce como Júpiter. Una realidad trascendente. Lo que quiere decir, situada tan encima de nosotros que ni podemos aproximarnos a la sospecha de qué y cómo es. Ni siquiera afirmar con seguridad su existencia.

Hay que decir, sin embargo, que para nosotros, los seguidores de las enseñanzas y el  testimonio de vida de Jesús de Nazaret, ese Dios misterioso e inalcanzable es padre y madre: “abba”.

Su misterio es AMOR. Y la revelación realizada por Jesús  nos coloca entonces más cerca de ese misterio, porque, aunque de manera parcial y limitada, sabemos qué es el amor y podemos elevarlo imaginativamente, a la máxima potencia.

No se detiene con todo en este punto, la aproximación a Dios que propone Jesús de Nazaret. Sin especificar qué y quién es ese ser, origen de todo, determina claramente cuál es el modo de relacionarnos efectivamente con él, al margen de construcciones imaginativas,  sugestión, magia o armadas estructuras religiosas. La relación auténtica con ese Padre, el Dios presentado por Jesús, es con el hombre, con todo lo humano. El compromiso con todo lo que abre caminos de realización y felicidad para el ser humano. Con el amor al hombre abarcando todas sus dimensiones.

Y el “más allá” se transforma entonces en el “aquí cerca”. La relación de los que viven tratando de conservar el compromiso con la dignidad y felicidad de los hombres ya está establecida con Dios, de modo que la muerte es un paso hacia él. Quien en su realidad trascendente de amor paterno-maternal los resucita (como a Jesús) no para la reiteración de una vida como la que conocemos y vivimos nosotros, sino a una realidad nueva, la producida por el Amor absoluto.

Esto es fe cristiana: aceptar la propuesta de Jesús de Nazaret de un Dios Padre-Madre. Los argumentos de su existencia abundan en infinidad de detalles de su creación, en la maravilla biológica y espiritual de cada ser humano y en nuestro descubrimiento de que la felicidad en serio está siempre ligada al amor.

La muerte de mi querido hermano Cachito, compañero y sostén de toda mi vida, significó un dolor muy intenso, que poco a poco se aumenta con la sensación de ausencia, renovada en cada una de las circunstancias que vivimos y afrontamos juntos. La profundidad de su entrega para ayudar, consolar, aconsejar, compartir,  y descubrir los íntimos valores de cada uno, provocó una explosión multitudinaria de gratitud en su despedida, en el templo y las calles de Villa Allende. Mi reflexión, tendiente a remediar las incertidumbres y angustias que provoca el dolor, se asienta en esa expresión popular para pensarlo en Dios compartiendo la inmensidad de su Amor.

Deseo también que esta “reflexión ocasional”, lleve mi gratitud a todos los que de mil modos diferentes nos han acompañado tratando de mitigar la dureza de la separación, en la imposibilidad de tener en cuenta a cada uno, no sólo de los que pudieron expresarse, sino también a aquellos que por distintos motivos no lo pudieron concretar.

Homilías Dominicales – Domingo 27 de Mayo 2012 – Festividad de Pentecostés (ciclo “B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Jn. 20,19-23)

Al atardecer del primer día de la semana los discípulos estaban reunidos a puertas cerradas y Jesús se presenta en medio de ellos los saluda “shalom!”

Tengan paz!. Al mismo tiempo les mostraba sus manos y su costado. Ellos se llenaron de alegría. Les dijo de nuevo ¡Shalom! Y añadió: Como me envió el Padre yo los envío a ustedes. Sopló sobre ellos y dijo “reciban el espíritu santo” A quienes ustedes perdonen los pecados les quedarán perdonados y en cambio quedarán retenidos a aquellos a quienes ustedes no perdonen”

 

Síntesis de la homilía

Lucas en el relato del Libro de los hechos, elabora una escenografía mucho más significativa que  un soplo, para entregar el espíritu de Dios a los discípulos reunidos en Pentecostés que no eran sólo los Once sino, como lo especifica Lucas en el capítulo precedente, se trataba de ciento veinte reunidos con el mismo objetivo de oración alrededor de los apóstoles nombrados expresamente en el capítulo primero, y con la compañía de María y los hermanos.  El hecho central en los dos relatos es la entrega del Espíritu. El fruto de la cosecha de la siembra de Jesús asociado con la fiesta de los

cincuenta días en que se recogían los frutos de la siembra pascual de acuerdo al calendario agrícola de los judíos.

Los  dos relatos se refieren también a la universalidad del mensaje cristiano, el de Juan con la misión de perdonar a todos, el de Lucas con la enumeración de los venidos de todas partes que se constituyen en oyentes de Pedro.

Los signos utilizados por ambos escritores evocan también el mismo sentido universal:  el soplo de la creación del ser humano u las lenguas remediando la confusión de Babel.

Y aquí podemos centrar el mensaje de Pentecostés. En esta proclamada universalidad del mensaje cristiano que resulta tan costoso aceptar y practicar.

No tendrían ambos relatos un sentido tan grande de universalidad si se tratara simplemente de un rito de perdón de los pecados reservado a Dios y supuestamente trasmitido a los ministros de la Iglesia católica como sus únicos representantes legítimos.

La denominación de pecado, bíblicamente no se corresponde exactamente con la que nosotros manejamos. Sólo para quienes creen en un  Dios temible y justiciero (no en el Padre que nos mostró Jesús) sería importante este perdón que dejara intactas todas las estructuras del espíritu del mal que acarrean injusticias, opresión, sufrimientos y humillación a gran parte de la humanidad. El espíritu que se trasmite a través del soplo o las lenguas de fuego es espíritu de amor que es el espíritu del Padre. La interpretación tradicional de estos textos como referidos a la confesión auricular tiene como objetivo asegurar el dominio de la sociedad religiosa sobre las personas. Por eso es interpretada como un poder. Cuando en realidad es una consigna de trabajo intenso para buscar la liberación de todo lo que hiere la dignidad de cada ser humano y le cierra el camino de la felicidad en la pequeña dosis a nuestro alcance.

El espíritu que nos debe animar, aún en las circunstancias más difíciles, a no dejar de interesarnos en intervenir a favor de la solución de todas las esclavitudes humanas.

Domingo 6 de Mayo de 2012. 5to. de pascua (ciclo “B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Ju.15,1-8)

Dice Jesús a sus discípulos que es la vid y ellos las ramas o sarmientos y el Padre es el viñador, que corta las ramas que no dan frutos y a las que dan las poda para que sean más productivas. Les asegura que él los ha limpiado o podado con su palabra y su anuncio. Los incita a permanecer en él como el mismo está en ellos.

Porque así como la rama que no está unida a la vid no puede dar fruto, así ellos si no están unidos a él. Luego, repite la misma comparación: Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él da fruto abundante. Pero el que  no permanece en mí es como el sarmiento que se seca, se tira, se recoge y se echa al fuego.

Si uds. permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes podrán pedir lo que quieran y lo obtendrán. La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante. Entonces serán mis discípulos.

Síntesis de la homilía

En la simbología bíblica la higuera y la vid, árboles típicos de Palestina, aparecen comparados con Israel. Ambos son objeto de diversas  reacciones del  Dios que los hace protectores, suministradores de alimentos y productores de abundancia y alegría. La higuera que Jesús maldice camino a Jerusalén es la imagen casi perfecta de las autoridades de Israel con su ineptitud para proteger y alimentar al pueblo y la vid que en tantas ocasiones produce frutos amargos en lugar de dulces racimos es desechada y arrancada por su ingratitud y el incumplimiento de su misión. Las palabras de Jesús en Juan, encajan en esa similitud extraordinariamente elocuente. Soy la vid.  La vida es toda la planta. Y la planta viva es la savia que la alimenta recorriéndola en toda su extensión. Por eso es indispensable la unión entre todos los componentes. No sólo el tronco principal sino cada una de las ramas mantiene a toda la planta,  manteniéndose a sí misma. La descripción de Jesús establece como esencial la unión con esa savia, con la vida que recorre toda la planta y se convierte en agradables frutos. La savia es en el contexto, la unión íntima entre las partes. Estar en él y él en nosotros. No sólo estar “con”, acompañando sino estar “en” identificándose. Lo cual es posible sólo por el amor. El que circula, el que vive, el que sufre, el que lucha, el que muere y resucita.

Si de algo no puede pensarse que es algo quieto y estable es del amor en la dimensión en que nosotros podemos experimentarlo y vivirlo. Por eso la insistencia de la unión, que no es simplemente yuxtaposición sino contagio y comunicación de vida reelaborada constantemente.

Cuando decimos que la savia es el amor, pareciera que lo dijimos todo, que “ya está”. Pero el amor que circula y anima cada rincón secreto de la vid, es contante dinamismo.

Ese dinamismo que, en la conducta humana de llama compromiso con la realidad de cada tramo de la historia, con cada circunstancia y desafío de la vida en sociedad.

El amor que nos deja quietos y satisfechos, además de ser una entelequia de la imaginación, pronto se desgasta. La creatividad, la investigación, la superación de dificultades, la utilización de todas las capacidades…todo eso es el dinamismo del amor que, por eso, exige estar despiertos y ansiosos de recoger sus frutos, de conseguir lo que pedimos y anhelamos.

Homilías Dominicales – Domingo 29 de Abril de 2012 – 4to. de Pascua en el ciclo “B”. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema( Ju.10,11-16)

Dice Jesús: Yo soy el buen pastor que da la vida por sus ovejas. El asalariado que no es pastor ni dueño de las ovejas cuando ve venir al lobo escapa y el lobo las arrebata y dispersa. Como es asalariado, no le importan las ovejas.

Yo soy el buen pastor. Conozco a mis ovejas y ellas también me conocen, como el Padre me conoce y yo conozco al Padre y doy mi vida por las ovejas. Tengo otras ovejas, que no pertenecen a este corral y las tengo que guiar para que escuchen mi voz y se forme un solo rebaño bajo un solo pastor. Por eso me ama el Padre. Porque doy mi vida. Nadie me la quita. La doy voluntariamente. Puedo darla y después recobrarla porque se trata de un encargo recibido del Padre.

 

Síntesis de la homilía

La figura del Buen Pastor está oscurecida hoy por la celebración del día de las vocaciones eclesiásticas, que identifica a los buenos pastores con los miembros del clero y la jerarquía. No se trata de eso. Los malos pastores en Israel no fueron los sacerdotes solamente sino los reyes y los conductores del pueblo junto con los falsos profetas que se arrogaban la representación y elección divinas.

Lo distintivo del pastoreo de que habla Jesús es la generosidad de llegar a dar la vida en defensa de las ovejas. Y es buen pastor con él, quien defendiendo valores humanos es capaz de afrontar el sufrimiento, la incomprensión, la persecución y hasta la ofrenda de la vida. Para esto no hay clases sociales, ni profesiones, ni situaciones materiales de pobreza o riqueza, hay sólo una actitud de amor para la humanidad que inclina a descubrir los valores que hacen su dignidad y por eso se juega por la justicia, la igualdad, la verdad, la defensa de los derechos, muchas veces hasta poner en juego la propia vida. Que entre los ministros de la iglesia, servidores del pueblo, sacerdotes y obispos, haya mucha gente fiel a esa consigna, es innegable y nos llena de orgullo y admiración. Pero hemos de admitir con vergüenza que muchos ocupan lugares de pastores y sonsimplemente asalariados. Cumplen simplemente con una función que les permite mantenerse en un nivel de prestigio y comodidades materiales que a muchos les faltan.

Si admitimos estos criterios para juzgar a quienes son o no son verdaderamente pastores, nos vamos a encontrar con la sorpresa de que muchos  sin ninguna apariencia ni pretensión de serlo, lo son en realidad. La gente que se juega para organizar la resistencia a un sistema o estructuras que violan la justicia, que se basan en la mentira que someten la dignidad del ser humano a la posesión y a las riquezas, suele resultar molesta. Pero está siguiendo el camino del buen pastor. El que conociendo y sintiendo hondamente las necesidades y reclamos concretos de la gente, se hace presente activamente, para lograr consenso y tratar de acabar por la denuncia y la acción, con muchas de las injusticias, que cierran a grandes mayorías, el acceso a la dignidad y felicidad humanas. Dirigentes estudiantiles, organizadores de grupos de concientización y acción, cultores de la participación ciudadana en los momentos y situaciones clave, todos ellos siguen las huellas del buen pastor que se encamina a lograr la universalidad e igualdad en la distribución y participación de los regalos del Padre.