Homilías Dominicales. Domingo 23 de noviembre de 2014 – Festividad de Cristo Rey (ciclo “A”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (mateo 25,31-46)

Decía Jesús a sus discípulos: Cuando el Hijo del hombre llegue a su gloria, rodeado de todos los ángeles, se sentará en un trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia. El separará a unos de otros como el pastor separa las ovejas de los cabritos y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda. Entonces el rey dirá a los que tenga a su derecha “vengan benditos de mi Padre y reciban la herencia del reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo. Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, estaba de paso y me alojaron, desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron preso y me vinieron a ver”. Los buenos responderán entonces “Señor ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, cuándo sediento y te dimos de beber, cuándo de paso y te alojamos, desnudo y te vestimos, enfermo o preso y te visitamos? Y el rey responderá: “Les aseguro que en la medida en que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”. Luego dirá a los de su izquierda “Aléjense de mí malditos y vayan al fuego eterno preparado para el demonio y sus ángeles porque tuve hambre y no me dieron alimento, sed y no me dieron de beber, fui peregrino y no me alojaron, desnudo y no me vistieron, enfermo y preso y no me socorrieron”. Estos a su vez preguntarán “¿cuándo todo esto que no hicimos?” Y él responderá:” En la medida que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos me lo negaron a mí” Estos irán a fuego eterno y los buenos, a la Vida eterna.

 

Síntesis de la homilía

Los judíos creían firmemente en un juicio final que estaba de acuerdo con su concepción de la ley de compensaciones por la que Dios debía remediar en otra vida los sufrimientos de los que padecieron en ésta y castigar con sufrimientos a quienes gozaron egoístamente de los bienes de la tierra. La parábola del rico y el pobre Lázaro lo expone claramente. Pero además el pueblo elegido en un juicio con presencia de todas las naciones debía recuperar su grandeza sobre todos los demás en ese acontecimiento final. Tan firme era la creencia de lo que afirmaban los profetas (especialmente Joel 3,3 y Daniel 12,5) que hasta tenían designado el lugar en que esa reunión de todas las naciones se produciría. El valle de Josafat (que significa Dios juzga) parte del Valle Cedrón, situado al sur del templo sobre el monte Sión desde donde se domina su amplitud, era el espacio en que este juicio de las naciones se produciría.       Mateo escribe para comunidades en su mayoría integradas por judíos convertidos. Esta circunstancia hace que aproveche las creencias judías para esta gran puesta en escena, del juicio definitivo sobre la humanidad en el que coloca al Cristo glorioso como rey y juez universal. Todo esto constituye un manojo de datos muy curiosos, pero el objetivo de Mateo no es afirmar ni negar que pueda, como fin de la historia, provocarse un juicio final, sino convencer de que a juicio del enviado de Dios hay un solo artículo de cuya observancia depende la sentencia condenatoria o salvadora: el amor a los pequeños. Es el juicio del Señor de la historia y del proclamador y realizador del reinado de Dios dejando sus huellas para nuestra participación.   El Rey que se identifica con los más pequeños, necesitando de la atención y generosidad de los que los rodean , no tiene nada que ver con las vestiduras o pompas reales que como signos de autoridad y superioridad, además de la pretensión de ser llamados con apelativos propios exclusivamente del Ser supremo no tienen nada que ver con ese reinado. Ni tampoco con esas imitaciones burdas pero muchas veces influyentes, de Soldados de Cristo Rey o Legionarios de Cristo.     Aunque ni el fuego eterno de que habla Mateo, ni la vida eterna que es su alternativa, forman parte de lo que podemos conocer y menos, comprender. Lo que hace eterna la vida es lo le da sentido plenificándola, y por eso la que se deja conducir por el amor, la participación más intensa de la realidad divina, si atendemos al Dios revelado por Jesús de Nazaret.

 

Homilías Dominicales. Domingo 16 de noviembre de 2014 – 33 durante el año litúrgico (ciclo”A”). Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mt.25,14-30)

Jesús propuso a sus discípulos esta parábola: El reino de los cielos es semejante a un hombre que al salir de viaje llama a sus servidores para confiarles sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad. Después partió. Enseguida el que había recibido las cinco monedas de plata, negoció con ellas y ganó otras cinco. De la misma manera el que había recibido dos ganó otras dos. Pero el que recibió sólo una hizo un hoyo en la tierra y enterró allí la moneda. Cuando el señor volvió llamó a los servidores para arreglar cuentas. El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. Señor, le dijo, me dejaste cinco talentos y aquí están los otros cinco que he ganado” “Está bien le dijo el Señor, eres servido bueno y fiel. Ya que respondiste fielmente en lo poco te encargaré de mucho más. Entra a gozar del gozo de tu Señor. Lo mismo sucedió con el que había recibido dos talentos. Luego entró el que había recibido una sola moneda de plata y dijo “Señor, sé que eres hombre exigente, cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido. Por eso tuve miedo y enterré tu talento. “aquí tienes lo tuyo”. El Señor respondió: servido malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en préstamo así lo hubiera recuperado con intereses, Quítenle ese dinero y denlo al que tiene diez. Porque a quien rinde, se le dará y tendrá de más, pero a quien no produce, se le quitará hasta lo poco que tiene. Mándenlo fuera porque es servidor inútil. Aunque llore y rechine los dientes.

 

Síntesis de la homilía

El sentido general de la parábola está dado por la representación del clima que debe reinar `para la construcción del reinado de Dios entre los hombres. La primera conclusión a tener en cuenta es que ese reinado que significa un cambio progresivo de las reglas de convivencia humana, exige trabajo y dedicación. La segunda, que el responsable del resultado final es el mismo señor que distribuyó por la creación los dones de la naturaleza con toda su variedad y riqueza destinándolos a una construcción común. La tercera es que el esfuerzo y rendimiento personal se convierten en una colaboración que es también pertenencia al gozo común. La quinta es que quien no presta de ninguna manera su ayuda para la construcción del reino se hace indigno de participar de la alegría de su realización.

La parábola es como todas las semejanzas utilizadas por Jesús para trasmitir el mensaje del reino un retrato de la realidad humana y, tomado literalmente, sin noción previa de lo que importa la referencia al reinado de Dios entre los hombres, es un panorama teñido de capitalismo, con exclusión, discriminación, castigos y miedo.

Si no fuera que el sentido de la marcha, es la construcción de las relaciones humana en base a la única fuerza definitiva que es el amor y se tomara como aparece en una interpretación literal prescindente del contexto, una cantidad de detalles deberían ser rechazados como máximas de conducta. La soberbia del señor que se atribuye la exactitud del juicio sobre las capacidades de cada uno. Lo de irse de viaje en un alarde de abundancia y, sin embargo ser absolutamente estricto en exigir intereses por el dinero dejado en custodia. La calificación de servidor inútil y perezoso al que por miedo no quiso exponerse al riesgo de disminuir el capital confiado. La sanción de excluirlo absolutamente a la oscuridad y la desesperación.

Frente a nuestra realidad personal y social la consigna renovada de conocer el capital disponible y utilizarlo para el servicio, sin dejarnos frenar por miedos o ridiculizaciones, como muestra de aprecio profundo a la realidad que la propuesta de Jesús que entrega hasta lo último y total su propia vida por ella emerge y se fortaleza con la parábola de los “talentos”.

 

Homilías Dominicales. Domigo 9 de noviembre 32 durante el año – Conmemoración consagración basílica de Letrán. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Juan 2, 13-22)

Cuando ya se acercaba la gran fiesta de los judíos Jesús fue a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas junto a los que estaban en los puestos de los cambistas de dinero. Viendo esto, Jesús tomó unas cuerdas, hizo un látigo y los echó a todos del templo, junto con sus ovejas y bueyes. A los cambistas les arrojó las monedas al suelo volcando sus mesas. Y a los vendedores de palomas les dijo “saquen esto de aquí. No hagan un mercado de la casa de mi Padre”

Sus discípulos se acordaron entonces de la escritura que dice “el celo por tu casa me consume” Los judíos le preguntaron: ¿qué prueba nos das de tu autoridad para hacer esto? Jesús contestó: destruyan este templo y lo reconstruiré en tres días. Le dijeron ellos: cuarenta y seis años se han empleado para la construcción del templo y ¿en tres días los vas a reconstruir? Pero el templo al que Jesús se refería era su propio cuerpo.

Por eso, cuando resucitó sus discípulos se acordaron de esto que él había dicho y creyeron en la Escritura y en las palabras de Jesús

 

Síntesis de la homilía

La actitud de Jesús es ciertamente arriesgada y polémica. La violencia del látigo aunque sólo fuera para los animales y el desparramo del dinero de los que atendían el cambio para que los extranjeros pudieran hacer su ofrenda en el templo, no parecerá a muchos el medio adecuado para solucionar el celo por la casa del Padre, (salmo 69,9) que los discípulos recuerdan.

Es indudable sin embargo, que la indignación está plenamente justificada. No, mirando a los vendedores alojados en dependencias no sagradas del templo, sino en el patio o atrio de los paganos dedicado habitualmente a actividades secundarias para preparar las solemnidades cultuales, sino a quienes lucraban con esa concesión a los vendedores, aumentando sus propios ingresos y explotando la disponibilidad expiatoria de la gente del pueblo. La respuesta a la pregunta de quienes se sienten ofendidos en lugar de agradecidos por esta sacralización del templo, sobre la autoridad de que se considera investido para realizar tal procedimiento (con características de un allanamiento judicial) es muy simple. Se trata de la casa del Padre que de ningún modo debe convertirse en mercado donde rigen las leyes y costumbres del comercio y el aprovechamiento de la devoción religiosa de los “clientes”.La conducta de Jesús apunta igualmente a la complicidad de los funcionarios del templo con los agentes del Imperio que hacían la vista gorda para esas aglomeraciones con propaganda de la mercadería y discusiones sobre precios.

Se puede trasladar desde este episodio a la realidad de nuestros días la indignación mostrada por Jesús? En alguna oportunidad se ha recurrido a ello para justificar el uso de la violencia para remediar diversas formas violentas de proceder contra la justicia y la dignidad humanas, considerando superados los intentos de diálogos, solicitudes y reclamos. Pienso que si no ha de tomarse la letra lo de ofrecer la otra mejilla, tampoco es correcto interpretar como legítimo el uso de la violencia. Que a veces es provechoso dar un chirlo en la cola a los hijos para corregir conductas inadecuadas también puede aplicarse a las relaciones sociales siempre que los daños no sean mayores que los beneficios. Y en nuestra experiencia, normalmente, dadas las posibilidades de instrumentación de la violencia y la contra-violencia los resultados han sido normalmente perjudiciales para todos

 

Homilías Dominicales. Domingo 2 de noviembre de 2014 – 31 durante el año litúrgico. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mt. 23, 1-12)

Dijo Jesús a la gente y los discípulos: Los escribas y fariseos han ocupado la cátedra de Moisés. Ustedes hagan y cumplan lo que dicen, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras ellos no las mueven ni siquiera con la punta de un dedo. Todo lo hacen para que los vean. Agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos. Les gusta ponerse en primer lugar en los banquetes y en los primeros asientos en la sinagogas. Ser saludados en las plazas y oírse llamar “mi maestro” por la gente. En cuanto a ustedes, no se hagan llamar “mi maestro” porque no tienen más que un maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen padres porque no tienen más que uno solo, el padre celestial. Ni se dejen llamar doctores porque sólo tienen un doctor, que es el mesías. Que el más grande entre ustedes se haga servidor de los demás. Porque el que se engrandece a sí mismo terminará humillado y en cambio el que permanece humilde será tomado en cuenta.

 

Síntesis de la homilía

Jesús reconoce la competencia profesional de los escribas (estudiosos de la Ley) y fariseos (con profesión de fidelidad meticulosa con el cumplimiento) Pero, en todo esto que hace referencia a la relación con Yahvé se olvidan de examinar sus relaciones con los hombres. Si se redujeran al dictado de la Ley, no habría problemas. Pero se ensañan con una autoridad que no tienen con quienes los escuchan y aprovechan para imponerles obligaciones imposibles de cumplir y como ellos no se consideran ligados por ellas, recurren para mantener su dominio a la hipocresía de las exterioridades que los prestigian frente al pueblo sencillo. Llevar muy marcados delante de los ojos las cintas que enumeran los puntos de la Ley, cubrirse con mantos majestuosos, ocupar lugares privilegiados y ser saludados en público con títulos de alabanza y honor. También hoy, desde quienes institucionalmente enseñan y reclaman una conducta social que esté reglada por los principios cristianos, se encuentran los mismos defectos enunciados por Jesús. Es como si tantos que acuden en ocasiones especialmente importantes de sus vidas, o por el gozo o el dolor, se dieran con mucha frecuencia con una pared insensible e intolerante o con exigencias que en lugar de señalar la grandeza del servicio que se presta, se transforman en cargas insoportables.

Y sucede normalmente que cuando se ocupa un lugar de maestro de costumbres o estilo de vida, la estrictez exigida para que otros practiquen los principios que se enuncian, les resulte a ellos mismos imposible de cumplir y recurran para mantener su autoritarismo y prestigio a la hipocresía y al agrandamiento de sus diplomas.

Una actitud que es posible descubrir en quienes con ambición de poder gastan su tiempo y su ingenio en desacreditar a otros como un modo de hacer que pasen sin notarse sus propias ineptitudes y la traición de los mismos principios que sostienen.

La propuesta de Jesús que podría calificarse como sociológica o de convivencia fructuosa, es considerarse cada uno como es realmente, sin pretensión de ser agrandado por títulos honoríficos, teniendo en cuenta sus cualidades para ponerlas al servicio y sus limitaciones para comprender y respetar las limitaciones ajenas.

El poder que corrompe (Mt.23,1-12)

La frase de Lord Acton y Maquiavelo tan citada con acierto y también con tantas aplicaciones interesadas, tiene una expresión en el pasaje que Mateo ofrece este domingo.

La división de clases entre los dirigentes judíos: observantes de la ley del Moisés (fariseos) especialistas en su estudio (escribas) e intelectuales críticos de su interpretación (saduceos) los llevaba, a la vez que a una posición teórica de autoridad sobre el pueblo, a la necesidad de fortalecer su dominio con exteriorizaciones de majestad y perfección absoluta en su proceder, incurriendo con frecuencia en la gran “mentira” denunciada por Jesús: la hipocresía para engañar y someter al pueblo.

Y es que, cuando el sentido de autoridad se mezcla con el ansia de dominio y la conciencia de poder, muchas veces los que la ejercen se inclinan a exigir sumisión a los demás y hasta a condenar severamente conductas ajenas, permitiéndose a sí mismos todas las violaciones a las reglas que dictan.

Es la acusación de Jesús a las autoridades del Templo, con poder sacralizado sobre el pueblo. Y la sabia propuesta del Maestro, no empuja a los discípulos a violaciones de la Ley, sino simplemente a escuchar los que les enseñan, pero a repudiar los testimonios falsos de conductas intachables y las apariencias de perfección majestática. Una acusación muchas veces absolutamente merecida por una Iglesia que carga normas incumplibles sobre la gente, mientras sus miembros más destacados las rompen impune y secretamente, con actitud hipócrita y corrupta.

Homilías Dominicales – Domingo 19 de octubre de 2014 – 29 durante el año litúrgico (ciclo “A”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mateo 22, 15-21)

Se reunieron los fariseos para sorprender a Jesús en algunas de sus afirmaciones. Le enviaron a algunos discípulos suyo con algunos herodianos para decirle: maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas con toda franqueza el camino que conduce a Dios, sin tener en cuenta la condición de las personas, porque no te fijas en la categoría de nadie. Dinos entonces: ¿Te parece que se debe pagar el impuesto al César? Pero jesús conociendo su malicia les dijo “Hipócritas! ¿Por qué me tienden una trampa? Muéstrenme una moneda con la que pagan el impuesto. Ellos le presentaron una moneda de plata. El les preguntó: ¿De quién es esta figura? Le respondieron: Del César. Entonces Jesús les dijo: “Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”

 

Síntesis de la homilía

Las tácticas de la oposición: reunirse para tender una trampa, no en comunión de búsqueda de lo mejor sino para desmoronar al adversario. Los mensajeros y la pregunta están muy bien elegidos: discípulos de los fariseos y servidores del palacio de Herodes.

Sin embargo, es absolutamente recuperable el párrafo que con falsa diplomacia inician su presentación. Reconocer la sinceridad de Jesús y la franqueza de sus pronunciamientos junto con la prescindencia de la categorías de las personas para condicionar sus dichos, constituye sin dudas una de las mejores alabanzas que se pueden atribuir a un maestro o formador de opinión como era realmente Jesús.

La pregunta mezclando lo político y lo religioso, trata de acorralar al encuestado. Parece que pronunciándose con toda sinceridad va a negar, como judío religioso y nacionalista, que haya que pagar a quien domina por la fuerza de las armas a su nación. El recurso imprevisto es pedir la moneda con que pagan. ¡y ellos la tienen! Quiere decir que ellos con actitud antijudía y antipatriota, pagan el impuesto. Esto es suficiente para justificar la increpación de Jesús. “hipócritas”. Pero, con aparente candidez, hace su pregunta ¿de quién es esta figura? Del César le responden. Y entonces, la respuesta que termina haciéndose famosa: Al César lo que (según ustedes que manejan estas monedas) es del César y a Dios lo que es de Dios. No dice “al templo lo que es del templo” como hubieran preferido los fariseos. En realidad Jesús ha volado más alto que donde pretendía hacer blanco el disparo del grupo tramposo. Ha dado una respuesta que en lugar de darles elementos para desacreditarlo, los cuestiona y responsabiliza, en conciencia y frente al pueblo.

Hay una especie de tradición interpretativa de la frase “al César lo que es del César”. Como si hubiera que repartir un poco para cada uno. Esto sucede porque se entiende que lo de Dios es lo que da a la estructura religiosa que se atribuye su representación. La interpretación no cabe porque a Dios no se le da una parte sino todo el ser porque todo es suyo. Como creador y conservador del universo es el único dueño.

A lo cual habría que añadir, en cristiano, que lo que corresponde a Dios ha de ser en el mensaje de Jesús todo lo que corresponde al hombre en su dignidad de hijo de Dios y delegado por Jesús, en sus pobrezas de cualquier índole, a ser su representante entre nosotros.

 

Homilías Dominicales – Domingo 12 de octubre de 2014 – 28 del año litúrgico (ciclo “A”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema ( Mateo 22,1-14)

Otra vez habló Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y anciando delm pueblo diciendo: El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Envió entonces a sus servidores a decir a los invitados, pero éstos se negaron a acudir. De nuevo envió a otros con el encargo de decir en concreto a los invitados “el banquete está preparado. Ya he matado mis mejores animales con mis terneros seleccionados. Tengo todo a punto. Vengan a la fiesta”

Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación y se fueron uno a su campo, otro a su comercio y otros se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron. Al enterarse el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran sus ciudades. Luego dijo a sus servidores: la fiesta estaba preparada pero los invitados no han sido dignos de ella. Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todo el que encuentren- Salieron e invitaron a todos buenos y malos y el salón se llenó de gente. Entonces el rey entró para ver a los comensales y encontró a uno que no tenía el traje de fiesta. Amigo, le dijo, ¿cómo entraste a la sala sin ponerte el traje de fiesta? El hombre permaneció en silencio. Entonces el rey dijo a los guardianes: “Atenlo de pies y manos y llévenlo afuera, a las tinieblas en donde llorará y rechinará los dientes. Porque siendo muchos los llamados, los escogidos son pocos”

 

Síntesis de la homilía

Otra vez recurre el Jesús de Mateo al estilo parabólico. Y otra vez las actitudes del dueño del banquete que representaría a Dios como el convocante a la fiesta de bodas de su hijo amado, no parecen adecuadas a la presentación que Jesús hace en una cantidad de pasajes de los relatos evangélicos, de su padre y nuestro padre. La película “el evangelio de san Mateo” de Paolo Passolini presentaba una persona enérgica y con permanente actitud de severidad de juicio y exigencias. Ése parece haber sido realmente el temperamento del escritor del evangelio, retratando lo que pudo ser el del apóstol Mateo como fundador y dirigente de una comunidad asediada constantemente por los judíos que residían en Antioquía después de la destrucción del Templo y la ciudad de Jerusalén (preocupados con todas sus fuerzas en la restauración de la comunidad judía dispersa y desorientada) Se entiende que para defender a las comunidades de la persistente agresividad que brotaba de este judaísmo “formativo” que iba creciendo, Mateo mantuviera una actitud de severidad y condena y, al mismo tiempo, con abundantes argumentos bíblicos intentara demostrar que Jesús era superior a Moisés de acuerdo con lo que las Escrituras habían anunciado sobre él y se había cumplido plenamente. Así se explica la dureza con que supone que Jesús condenaría a los invitados al convite que, en lugar de acudir, habían castigado, torturado y muerto a los mensajeros y, al mismo tiempo, la exigencia del vestido de fiesta para participar como pobre y desarrapado, del banquete real, ya que el mismo organizador del banquete lo ofrecía a la entrada. Una especie de reproche a quienes aunque ya pertenecieran a la comunidad cristiana conservaban rastros molestos de su anterior estado.

Lo que es aprovechable para todos es la invitación universalizada, que parte de la iniciativa real, después de haber experimentado la mezquina respuesta de los privilegiados que fueron los primeros invitados con insistencia repetida.

“Todos los que encuentren en los cruces de los caminos”, dice la expresión del rey, y es llamativo el detalle de que no ignora que entre ellos hay buenos y malos, porque así son calificados los que llegan. Invitación que no es a una iglesia o religión particular sino al goce de la fiesta de una humanidad liberada que con esas bodas del hijo, ha recuperado

toda su dignidad y riqueza original.

Domingo 5 de octubre de 2014  – 27 durante el año litúrgico (ciclo “A”). Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema : (Mt. 21,33-43)

Dijo Jesús a los ancianos del pueblo: “Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña: la cercó, cavó un lagar y construyo la torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero. Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envío a servidores suyos para que percibieran los frutos. Pero los viñadores se apoderaron de ellos y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y a un tercero los apedrearon. El propietario volvió a enviar otros operarios en mayor número, pero los trataron lo mismo. Finalmente envió a su propio hijo pensando. Pero los viñadores pensaron “este es el heredero, vamos a matarlo y así nos quedamos con su herencia” Y apoderándose de él lo echaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño ¿quçe les parece que hará con aquellos viñadores? Le respondieron: “acabará con esos miserables y arrendará su viña a otros que le entreguen los frutos a su debido tiempo” jesús entonces agregó ¿no han leído nunca en las Escrituras “la piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos? Por eso les digo que el reino de Dios les será quitado para ser entregado a un pueblo que le haga producir sus frutos.

 

Síntesis de la homilía

Ya sabemos que los relatos evangélicos datan de tiempos muy posteriores a los hechos que relatados y tienen una intencionalidad que los haga provechosos a las comunidades destinatarias en primera instancia. También nos enseñan los estudiosos de la Biblia que las palabras atribuida a Jesús responden en mínima parte a las que él pronunció. Las precisiones que en este relato tienen las afirmaciones de la parábola de Jesús, no son profecía de futuro sino hechos atestiguados muchos años después de sucedidos. Así se explica que los ancianos del pueblo no se dieran cuenta de lo exacto que era el discurso de Jesús anticipándose a sus intenciones de eliminarlo, y por ese motivo respondieran condenándose a sí mismos.

La parábola describe no sólo lo sucedido con los profetas rechazados de diversos modos por el pueblo y finalmente también con Jesús el hijo privilegiado de Dios sino que anuncia también la conducta que seguirán los poderosos del mundo que muchas veces explotando las riquezas naturales de la tierra se creen dueños exclusivos y absolutos y no tienen reparos en desalojar, despojar, torturar y hasta dar muerte a los que reclaman los frutos que pertenecen a todos los hijos y servidores del Dios creador y padre.

Para la interpretación de la Iglesia católica, el “otro pueblo” de que habla la parábola es ella misma institucionalizada con fortaleza excepcional y perdurable a través de la historia por veinte siglos. La realidad objetiva nos pone, sin embargo, ante una falta de entrega de frutos a la humanidad e incluso de adulteración de esos frutos, que es causa de que el tesoro del mensaje de Jesús y el reino presentado e inaugurado por su historia entre nosotros, no le pertenezca a ella ni exclusiva ni siquiera mayoritariamente. En confesiones cristianas y aun en perspectivas absolutamente distintas de la tradición judeo-cristiana, abundan las personas y grupos que han aportado importantes beneficios para la sociedad, a veces con entrega de la vida de sus testigos, haciéndola crecer en la perspectiva del reino proclamado por Jesús de Nazaret.

Y esa realidad, resulta un verdadero desafío para quienes con distintos niveles de adhesión y de juicio crítico seguimos integrando su estructura. Que con la elección de Francisco I se haya dado un paso para recomponer con mayor acuerdo con el mensaje cristiano, la estructura de esta Iglesia, no significa que esté todo hecho. Hace falta todavía una mayor adaptación a todos los signos positivos que se han ido dado en el mundo, desde la ciencia y las experiencias sociales, para que el mensaje liberador y plenamente humano de Jesús de Nazaret rinda los debidos frutos-

 

Homilías Dominicales – Domingo 26 de octubre de 2014 – 30 durante el año litúrgico ciclo “A”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema ( Mateo 22, 34-40)

Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús en una conversación había dejado sin argumento a los saduceos, se reunieron y uno de ellos que era doctor de la Ley le preguntó para ponerlo a prueba. “maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley”? Jesús le respondió “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y primer mandamiento. El segundo es semejante al primero. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los profetas.

 

Síntesis de la homilía

El constante afán de los fariseos, empeñados es constatar contradicciones en las enseñanzas de Jesús para desacreditarlo, se manifiesta una vez más y también una vez más, Jesús aprovecha la oportunidad para fijar su juicio definitivo sobre la Ley de Moisés. Las expresiones con todo tu corazón, tu alma y tu espíritu son un modo de expresar la totalidad del ser humano. No están particularizados en lo que son los sentimientos o emociones. Es por otra parte muy cierto que es muy difícil hacer comparaciones entre los amores humanos que mueven nuestras fibras sensible y el amor a un ser inconmensurable, trascendente de todas nuestras realidades, con atributos que traducimos en palabras pero sólo entendemos por comparación o negación de lo que nuestros sentidos, nuestra inteligencia y el resto de nuestras facultades experimenta en la creación que nos rodea. Por eso, aunque se trate de la afirmación más importante de la ley de moisés, que tiene mucho que ver con la firmeza en rechazar a los dioses de las religiones circundantes, Jesús añade un segundo mandamiento que sí entra en el ámbito de nuestras capacidades humanas. Amar al prójimo como a uno mismo.

La visión de Jesús va a avanzar sobre esta propuesta que como contestación a la pregunta del doctor de la Ley es absolutamente perfecta, resumiendo los dos mandamientos del decálogo en uno sólo que al mismo tiempo de abarcarlos, influye en la posibilidad de cumplirlo o rechazarlo. “Ámense entre ustedes como yo los amé. El que ama a su prójimo ha cumplido con toda la ley. Quien dice que ama a Dios sin amar a su hermano es un mentiroso El que me ama cumple mi mandamiento”. ( no, MIS mandamientos que es traducción posterior)

Desde luego que, cuando hablamos de amor se pueden entender muchas cosas que, aunque sean “parcialidades” del amor humano, como el amor de amistad, el amor de obras, el amor familiar, el amor de pareja, ninguno agota todo el sentido del amor y todos implican el peligro del egoísmo ante el que es necesario permanecer vigilantes. (de ese vicio radical de nuestra naturaleza humana se puede decir lo que dice Pedro del “diablo” como león rugiente que anda buscando a quien devorar.)

Pienso que el comienzo del amor es estar verdaderamente interesado por el otro. Desde allí puede crecer la relación hasta una cantidad de experiencias de toda índole conducentes al crecimiento personal, la madurez y la felicidad compartida. No creo que haya una especie de medida o canon para establecer la autenticidad o la profundidad del amor. Pero sí es indispensable examinarse para descartar todas las astucias del egoísmo y estar dispuestos a convertir ese interés por el otro, en la norma de nuestra comunicación y convivencia.

 

Homilías Dominicales. Domingo 21 de septiembre de 2014 – 25 durante el año litúrgico (ciclo “A”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mt.20,1-16)

Dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: Un propietario de campo salió de madrugada para contratar obreros y trató con ellos por una moneda de plata como jornal. Volvió a salir a media mañana y al ver a otros desocupados en la plaza, les dijo “vayan también ustedes a trabajar a mi campo” y les pagaré lo justo. Y ellos fueron. Volvió a salid a mediodía y media tarde e hizo lo mismo. Ya al caer la tarde volvió y, encontrando todavía a otros les dijo ¿cómo se ha quedado aquí todo el día sin hacer nada.? Ellos le respondieron: nadie ha venido a contratarnos. Les dijo entonces: vayan también ustedes a mi campo.

Al terminar el día el propietario digo al administrador: Llama a los obreros y págales el jornal comenzando por los últimos. Fueron los que habían llegado al atardecer y recibieron una moneda de plata. Cuando llegaron los primeros creyeron que ibn a recibir mucho más, peo recibieron también una moneda de plata.

Al recibirla protestaban contra el propietario, diciendo: Estos últimos trabajaron sólo una hora y les dan lo mismo que a nosotros que hemos soportado el calor y el peso del trabajo durante todo el día. Llamando a uno de ellos el propietario le dijo “Amigo, no soy injusto contigo.¿acaso no habíamos tratado por una moneda de plata? Toma lo que es tuyo y vete. Yo quiero dar a éste que llegó último lo mismo que a ti. ¿ Por qué vas a tomar a mal que yo sea bueno? ¿No puedo disponer de mis bienes como me parece?

Así concluyó Jesús, los últimos resultarán primeros y los primeros, últimos.

 

Síntesis de la homilía

La conducta de este propietario resulta para nosotros una rareza. Sale a buscar obreros para su campo. Aquí la gente desempleada tiene que salir a buscar trabajo o resignarse, en el campo a vivir en condiciones deplorables. El afán de que no queden desocupados los que en la plaza esperan ser contratados, lo mueve a salir repetidamente a buscarlos.

Y en su concepto de justicia no juega solamente el cumplimiento de las condiciones del acuerdo contractual, sino en la contemplación de cada caso para remediar lo que por diversas causas no está al alcance, de cada uno. ¿No estará fomentando la pereza con esta actitud de darles esa especie de subsidio a los que esperaron para ser contratados hasta el final del día? La compasión y la comprensión son virtudes humanas que dan sentido a la vida y este hombre no aferrado a sus propias posesiones para sacarles todo el fruto posible, vive esas virtudes tan beneficiosas comunitariamente.

Ni hay que pensar en lo que esta conducta merecería en el ambiente individualista de acumulación de capital que vivimos, aprovecha por algunos pocos y codiciados, sin posibilidades de acceder por las mayorías que esperan ser asimiladas e incluidas en los beneficios de la vida en comunidad.

Queda absolutamente claro que la parábola dirigida a los que en el orden de preferencia frente al Gran Propietario se consideraban privilegiados y primeros no tienen para Jesús esa primacía como un derecho inalienable sino que están muy cerca de que una cantidad de elementos que movilizan a la sociedad que de primero puede hacerlos pasar a últimos por haberse negado a los esfuerzos   de igualización para romper las diferencias irritantes que han contribuido a mantener en la sociedad. El remedio real para cambiar, aunque sea paulatina y costosamente, las condiciones sociales de injusticia, debe colocarse es insistir permanentemente en el logro de igualdad de oportunidades no sólo para unos pocos sino para la mayoria, en un espacio social de convivencia, progreso y felicidad.

 

Homilias Dominicales. Domingo 14 de septiembre de 2014 Festividad de a exaltación de la Cruz. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Jn 3,13-17)

Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su unigénito. Y nadie sube al cielo para quedarse más que el que ha bajado del cielo, este hombre. Además lo mismo que en el desierto Moisés levantó en alto la serpiente, así será levantado este hombre para que todo el que lo haga objeto de su adhesión tenga vida definitiva. Porque así demostró Dios su amor al mundo: llegando a darle su hijo único para que todo el que le preste adhesión, tenga vida definitiva y no perezca. Porque no envió Dios al mundo su hijo para que sentenciara contra el mundo sino para el mundo se salve por él.

 

Síntesis de la homilía

El prejuicio de que la entrega de este hijo excepcional que es Jesús de Nazaret fuera enviado al mundo para ser sacrificado y así satisfacer al Padre por el pecado del mundo, condiciona muy fuertemente desde la tradición sacrificial, el sentido de este pasaje, quitándole importancia a lo que constituye el verdadero mensaje el amor del Padre para con su hijo amado, prolongado en el amor a la humanidad para comunicarle el secreto de la vida definitiva. No para sentenciarla y condenarla.

En este sentido la Cruz adquiere su valor excepcional, como muestra del precio pagado por buscar, desear, construir y compartir con otros, a través de los tiempos, las luchas y entregas de la vida buscando la felicidad y la justicia para todos.

Que la muerte de Jesús tenga sentido de una venganza querida por Dios para satisfacer el rechazo que significó el pecado del hombre, a lo cual se añadió el valor de cualquier dolor humano para añadirse a esa venganza, transformó la espiritualidad del amor en espiritualidad del dolor y el sacrificio, como únicas y absolutas situaciones agradables a Dios. Y, aunque esto se haya admitido con tanta frecuencia y modos variados, en la predicación de la Iglesia, es una deformación agraviante del espíritu del evangelio como buena noticia de salvación.

Es cierto, sin duda alguna, que el sufrimiento fortalece y lleva a una maduración en la correcta valoración y sentido de la vida humana, pero de allí a convertir estoa efectos negativos de la dignidad y felicidad humanas, y propiciarlos como sentido de la vida y la creación

En el año 326 Sta. Elena, madre del emperador Constantino entre las tres cruces encontradas en Palestina creyó identificar la que había servido para crucifixión de Jesús- En la veneración de esas supuesta reliquia se basa la fiesta litúrgica que hoy celebra la Iglesia. Pero el evangelio de Juan nos da la clave del verdadero motivo de veneración de ese instrumento de tortura utilizado para eliminar a Jesús de Nazaret. “Cuando sea exaltado sobre la tierra, todo lo atraeré hacia mí” (Ju.12,32) Y es que la culminación de la misión de Jesús de anunciar la buena noticia del Reino, transformadora del sentido de la vida de los seres humanos, es al entrega de su vida defendiendo la dignidad y los derechos inalienables del ser humano. Y eso convierte la ignominia de la Cruz en “exaltación”. Ese es el motivo por el que Juan, a diferencia de los otros evangelistas no menciona una “ascensión” que para aquellos es exaltación definitiva junto al trono de Dios, sino que esa exaltación está cumplida en la Cruz.

Vivir el sentido de la cruz y darle a la vida sentido definitivo, es decir que no concluya en “NADA”, es la consigna que nos deja esta celebración que nos empuja a no desalentarnos en la defensa de los valores humanos, aunque vivamos en un sistema que ha subordinado los más importantes, al de la omnipotencia del dinero.