Derrotas Proféticas. Por Guillermo “Quito” Mariani

El acontecimiento más notable, de trascendencia nacional y hasta internacional, fue la disputa entre dos clubes famosos por su historia futbolística y la cantidad y fervor de sus hinchas. River Plate y Belgrano. O quizás entre dos ciudades, Buenos Aires y Córdoba. O quizás entre dos geografías políticas, el centro y la periferia, la capital portuaria y el interior rodeado por las provincias vecinas. La dimensión que cobró este encuentro deportivo, que culminó en ambos partidos, el de cotejo y el de revancha, con manifestaciones de extremada violencia, hace pensar en raíces más profundas que una competencia deportiva. No se dieron casos de muerte, gracias a la meticulosa vigilancia policial, pero sí de muchos heridos y detenidos,.

Entre los elementos intervinientes desde las raíces, están esas rivalidades en que la superioridad de unos, los de la “capi”, explicitada en la residencia de los más poderosos económica y políticamente, así como también de los máximos capitales exportadores, origina una especie de actitud sobradora para con los del interior. Y de allí surge naturalmente la conflictividad en las relaciones. Aunque se haya atenuado mucho entre nosotros esa animadversión, sigue vigente en lo profundo. Otro motivo es también la insistencia de la prensa que, en el afán de vender, dedica una abundancia de espacios a la publicidad de estos eventos, que avivan las simpatías o las antipatías, hasta convertirlas en desafiantes Como indudablemente juega también una necesidad, a nivel popular, de liberarse de tensiones laborales o sociales no limitada por los altos costos de las entradas ni las ausencias injustificadas a los lugares de trabajo.

Mi interpretación de la violencia en el primer partido se debió a la previsión riverplatense, de que se acercaba la derrota. Y por eso la invasión del campo y la destrucción desenfrenada. Y en la revancha, una involución culpabilizante señalando a los protagonistas y dirigentes, como sucede con frecuencia.

Acabo de recibir un mail sin firma, por supuesto, en que con la consulta de los padrones del 2009 se afirma que figuran como habilitados para votar los hijos de Hebe Bonafini (Jorge y Raúl) desaparecidos. De allí se sacan dos conclusiones: 1ra. que en realidad están “vivitos y coleando”(sic) radicados posiblemente en París. 2da. Que los padrones se estructuran así, con muertos o desaparecidos para que así pueda lograr la mayoría en las urnas el gobierno actual. A esto se añade una cantidad de datos de cheques rechazados con la firma de Hebe como presidenta de Madres. Y una cantidad de afirmaciones que hacen fácil identificar al autor o autores como partidarios de la dictadura y la impunidad de los genocidas.

¿Para qué? puede preguntarse uno. Creo que la táctica preelectoral de gran parte de la oposición, animada por importantes y monopólicos medios de prensa, es destrozar con violencia cualquier estructura que se oponga a sus objetivos de acabar con la “memoria” y dejar de insistir en una más justa distribución de los ingresos. Dos cosas que duelen a la conciencia y a los bolsillos de muchos interesados.

Una lectura más profunda lleva a concluir que están casi seguros de la derrota democrática y se quieren justificar de antemano no dejando títeres con cabeza, sobre todo a los grupos e instituciones defensoras de los derechos humanos. Y acusando al adversario de triunfar haciendo votar a los muertos.

La violencia en la cancha cordobesa denunciaba la inseguridad de los millonarios y anticipaba su derrota final.

Así quizás sucederá en Octubre.

 

 

Se viene de nuevo!. Por Guillermo “Quito” Mariani

Ya están desenvainando y empuñando los escudos. Se aproxima la batalla,

No voy demasiado al centro de la ciudad, pero ya he descubierto dos señales. Una, sobre una pared blanca en Avda.Vélez Sarsfield, otra, perdida entre los rostros sonrientes de políticos en oferta. La primera leyenda decía “No al aborto ¡Viva Cristo Rey!”, la segunda “¡No al aborto, sí a la vida!”. Un anticipo de las consignas que es escribirán en pancartas, se gritarán en  manifestaciones callejeras y se leerán en importantes documentos sagrados.

Un somero análisis de esos textos lleva a descubrir varias realidades. Lo que les es común  “No al aborto” es una treta engañosa y astuta: desfigurar al adversario. Porque hace suponer que los contrarios sostienen “Sí al aborto”. Y esto es absolutamente inexacto. Los atacados sostenemos un SI a la despenalización, a la desclandestinización, a la legalización, a la disminución de los abortos, a la supresión de muertes innecesarias, a la búsqueda de información y conocimientos que hagan posible una decisión libre y madura.

Y en cuanto al “Viva Cristo rey!”. ¿Qué tendrá que ver el reinado de Cristo con este asunto? Un debate que tiene la oposición  empecinada de la jerarquía eclesiástica actual contrariando los principios del vaticano II de adaptación a las realidades y problemas del mundo (GS.67 y 286)? Hay una explicación. La misma que tuvieron los escuditos que nosotros llevábamos, ingenuamente jóvenes, prendidos en el pecho, anticipando y alardeando sobre la victoria de la “revolución libertadora” del 55. Movimiento en que la iglesia estuvo intensamente complicada lo mismo que con la dictadura del 76. Presentarse y confundirse con Cristo rey o con Dios confiere ciertamente, para muchos, autoridad y poder.

Y en lo que se refiere a esa afirmación tan drástica “Sí a la vida”, que desearíamos de todo corazón, que fuera sincera ¿cómo entender que se defienda sólo la vida no nacida cuando se ha sido cómplice de las muertes inocentes de tantos eliminados en pleno rendimiento vivencial y social por la dictadura militar? Y ¿de dónde proviene la seguridad científica de que la vida humana comienza con la fecundación, cosa que ni siquiera los documentos eclesiásticos ( “De aborto procurato” (13) “Donum vitae”(60) “ se atreven a definir? Y ¿cómo se dice sí a la vida diciendo no a la educación sexual generalizada y temprana, no al uso de los métodos anticonceptivos, no a la facilidad de acceso a ellos por parte de los pobres, no a la distribución más equitativa de los ingresos por las retenciones e impuestos a los más acaudalados y generalmente acaparadores?

Se trata simplemente de una “cinchada” en la que en base a miedos, condenas y agresiones, la jerarquía eclesiástica lanza a la batalla a un ejército de sumisos que tienen que pagarle de alguna manera el favor brindado a sus intereses económicos y políticos.

Estamos ante la necesidad, por lo menos, de un debate serio que clarifique las posiciones con argumentos válidos, y culmine con una ley que defienda la vida y su dignidad, que remedie el alarmante número de muertes por aborto, que restablezca la valoración de la relación sexual para fortalecer a la familia, que desdemonice al sexo. Es de esperar que, ante la gravedad del problema, no prevalezcan intereses políticos o religiosos teñidos de parcialidad o fanatismo.

 

STRAUSS-KAHN: una metáfora de la prácticas del FMI. Por Leonardo Boff

El lector o la lectora pensará que es una tragedia que el Director-gerente del FMI, Strauss-Kahn, diera alas a su vicio, la obsesiva búsqueda de sexo perverso, corriendo desnudo detrás de una camarera negra en la suite 2806 del hotel Sofitel de Nueva York, hasta sujetarla y forzarla a practicar sexo, con detalles que la Fiscalía de Nueva York describe minuciosamente y que, por decencia, no voy a decir. Para él no era una tragedia, sino una víctima más entre otras que ha hecho en este mundo. Se vistió y se fue directo al aeropuerto. Lo cómico fue que olvidó el móvil en la suite y así pudo ser detenido por la policía cuando estaba dentro del avión.

La tragedia no ha sido lo que le pasó a él, sino a la víctima, que a nadie le interesa conocer. Su nombre es Nifissatou Diallo, de Guinea, africana, musulmana, viuda y madre de una hija de 15 años. La policía la encontró escondida detrás de un armario, llorando y vomitando, traumatizada a causa de la violencia sufrida por parte del huésped de la suite, cuyo nombre ni siquiera conocía.

La mayor parte de la prensa francesa, con cinismo e indisimulable machismo, trató de esconder el hecho, alegando hasta una posible trampa contra el futuro candidato socialista a la Presidencia de la República. El ex-ministro de cultura y educación, Jacques Lang, de quien se podría esperar algún esprit de finesse, afirmó con desprecio: «a fin de cuentas no murió nadie». Que una mujer quede psicológicamente destruida por la brutalidad de Mr. Strauss-Kahn no importa mucho. Para esa gente se trata solamente de una mujer y africana. ¿Es que en esa mentalidad atrasada la mujer cuenta para algo salvo para ser mero «objeto de cama y mesa»?

Para ser justos, tenemos que ver el hecho desde la mirada de la víctima. Ahí podemos captar la dimensión de su sufrimiento y la humillación de tantas mujeres en el mundo que son secuestradas, violadas y vendidas como esclavas del sexo. Sólo una sociedad que ha perdido todo sentido de la dignidad y se ha brutalizado por el predominio de una concepción materialista de la vida, que hace de objeto y mercancía de todo, pudo hacer posible esta práctica.

Hoy todo se ha vuelto mercancía y ocasión de ganancia, desde los bienes comunes de la humanidad, privatizados (commonscomo el agua, los suelos, las semillas), hasta órganos humanos en comercio, niños y mujeres prostituidas. Si Marx viese esta situación seguramente se escandalizaría, pues para él el capital vive de la explotación de la fuerza de trabajo pero no de la venta de vidas. Sin embargo, ya en 1847 en la Miseria de Filosofía intuía: «Ha llegado, por último, un tiempo en que todo lo que los hombres habían considerado inalienable se ha vuelto objeto de cambio, de tráfico, y podría alienarse. El tiempo en que las cosas que hasta entonces eran comunicadas, pero jamás intercambiadas; dadas, pero nunca vendidas; adquiridas pero jamás compradas, como la virtud, el amor, la opinión, la ciencia y la conciencia, han pasado a ser comercio. Reina el tiempo de la corrupción general y de la venalidad universal… en el que todo se lleva al mercado».

Strauss-Kahn es una metáfora del actual sistema neoliberal. Chupa la sangre de los países en crisis como Islandia, Irlanda, Grecia, Portugal, y ahora España, como antes lo hiciera con Brasil y con los países de América Latina y de Asia. Para salvar a los bancos y obligar a saldar las deudas, arrasan la sociedad, desemplean, privatizan bienes públicos, disminuyen los salarios, retrasan la edad de jubilación, hacen trabajar más horas. Sólo por causa del capital. El articulador de estas políticas mundiales es, entre otros, el FMI, del cual Strauss-Kahn era la figura central.

Lo que él hizo con Nafissatou Diallo es una metáfora de lo que estaba haciendo con los países con dificultades financieras. Merecería la cárcel no sólo por la violencia sexual contra la camarera sino mucho más por el estupro económico al pueblo, que él articulaba a partir del FMI. Estamos desolados.

 

Religiosos y religiosas se expresan a favor de la despenalización del aborto.

Credos con otra mirada

Representantes de distintas iglesias y comunidades expresaron ayer su apoyo a la legalización y despenalización del aborto, en una conferencia de prensa, en el marco de las actividades por el Día Mundial por la Salud de la Mujer que se celebró el sábado pasado. Los religiosos se mostraron a favor de la ley de interrupción voluntaria del embarazo, con el propósito de sacar la problemática de la “clandestinidad”, ya que los abortos en condiciones no seguras son la principal causa de mortalidad materna. Este debate llegó al Congreso por iniciativa del Colectivo de Mujeres Juana Azurduy y la diputada Cecilia Merchán, quien adelantó que para mediados de junio está prevista una nueva audiencia pública para discutir el tema, en la Comisión de Legislación Penal de la Cámara de Diputados.

Bajo la consigna “la salud de las mujeres no es pecado ni delito”, los religiosos expusieron la postura de sus iglesias y comunidades acerca de la interrupción voluntaria del embarazo. Lisandro Orlov, representante de la Iglesia Evangélica Luterana Unida, manifestó que “es necesario sacar el tema del aborto del Código Penal y ponerlo en perspectiva de derechos humanos, de Evangelio y respeto por las personas”. El pastor señaló que la normativa prohibicionista llevó el tema a la “clandestinidad”, pero hay que hablar con “honestidad”: “No es un problema de otros, es de nuestras iglesias. Nuestro silencio significaría complicidad y muerte”, subrayó Orlov.

Una bandera colorida con la frase “Sí a la ley” fue el telón de fondo de la discusión de la que también participó el presbítero de la comunidad católica Guillermo “Quito” Mariani, quien rechazó la penalización del aborto, porque “clandestiniza y no da ninguna solución”. Además, hizo hincapié en el “autoritarismo” en la Iglesia, que no quiere llevar adelante la discusión. “La posición de no dar el debate ignora los derechos de la sociedad civil a la discusión”, dijo el sacerdote que renunció a su actividad pastoral en rechazo a la cúpula eclesiástica.

Por su parte, el rabino Daniel Goldman, de la comunidad Bet El, consideró que es necesario renovar la discusión y “no dejarse avasallar por el poder hegemónico que determina cómo debe ser la vida desde el punto de vista doctrinario y no desde la realidad de la vida misma”.

En el encuentro, la pastora Mariel Pons, de la Iglesia Metodista Argentina, leyó una carta pastoral del obispo Frank De Nully Brown, en la que se hace hincapié en que el aborto es un “problema social”. “Esconder nuestras prácticas culturales de abortos clandestinos no ayuda a enfrentarlas y a tomar decisiones inspiradas en la libertad y la dignidad de las personas”, señaló. Por su parte, Malena Nisman, coordinadora del Colectivo de Mujeres Juana Azurduy, señaló que el evento buscó “incorporar miradas desde varios sectores y darle visibilidad al consenso social que tiene el debate”.

“Es importante dar de baja un debate falso que dice que por un lado están los que promovemos el aborto y por otro las iglesias. Hoy demostramos que no es así”, remarcó Merchán al cierre del encuentro, al que asistieron los diputados Ariel Basteiro y María Luisa Storani. La legisladora de Libres del Sur enfatizó que buscarán un avance en el Congreso. “Creo que si todos los partidos dieran libertad de conciencia, ganamos”, expresó, en diálogo con Página/12.

 

Fuente Página 12

 

Los peligros de la arrogancia del imperio. Por Leonardo Boff

Me cuento entre los que se entusiasmaron con la elección de Barack Obama para presidente de Estados Unidos, especialmente viniendo después de G. Bush Jr,  presidente belicoso, fundamentalista y de poquísimas luces. Creía éste en la inminencia del Armagedón bíblico y seguía al pie de la letra la ideología del Destino Manifiesto, un texto inventado por la voluntad imperial norteamericana para justificar la guerra contra México, según el cual Estados Unidos sería el pueblo escogido por Dios para llevar al mundo los derechos humanos, la libertad  y la democracia. Esta excepción se tradujo en una arrogancia histórica que hacía que Estados Unidos se arrogase el derecho de imponer al mundo entero, por la política o por las armas, su estilo de vida y su visión del mundo.

Esperaba que el nuevo presidente no ya fuera rehén de esta nefasta y forjada elección divina, pues anunciaba en su programa el multilateralismo y no la hegemonía, pero tenía mis dudas, pues por detrás del Yes, we can (sí, nosotros podemos) podía esconderse la vieja arrogancia. Ante la crisis económico-financiera pregonaba que Estados Unidos había demostrado en su historia que podía todo, y que iba a superar la actual situación. Ahora, con ocasión del asesinato de Osama bin Laden ordenado por él (en un estado de derecho, que separa los poderes, ¿tiene el ejecutivo el poder de matar o eso es competencia del judicial que manda prender, juzgar y castigar?) cayó la máscara. No ha podido esconder la arrogancia atávica.

El presidente, de extracción humilde, afrodescendiente, nacido fuera del continente, primero musulmán y después evangélico convertido, dijo claramente: «Lo que sucedió el domingo es un mensaje para todo el mundo: cuando decimos que nunca vamos a olvidar, estamos hablando en serio», que es como decir «terroristas del mundo entero, vamos a asesinarlos».

Aquí se revela, sin medias palabras, toda la arrogancia y la actitud imperial de ponerse por encima de  toda ética.

Esto me hace recordar la frase de un teólogo que sirvió doce años como asesor de la ex-Inquisición en Roma y que vino a solidarizarse conmigo cuando sufrí el proceso doctrinario. Me confesó: «Aprenda de mi experiencia: la ex-Inquisición no olvida nada, no perdona nada y cobra todo; prepárese». Efectivamente, así fue lo que sentí. Peor le ocurrió a un teólogo moralista, queridísimo en toda la cristiandad, el alemán Bernhard Häring. Con un cáncer de garganta que casi no le permitía hablar fue sometido a un riguroso interrogatorio en la sala oscura de aquella instancia de terror psicológico por causa de algunas afirmaciones sobre la sexualidad. Al salir confesó: «este interrogatorio fue peor que el sufrí con la SS nazi durante la guerra», lo cual significa: poco importa la etiqueta, católico o nazi, todo sistema autoritario y totalitario obedece a la misma lógica: cobra todo, no olvida y no perdona.

Así lo prometió Barack Obama y se propone llevar adelante el estado terrorista creado por su antecesor, manteniendo la Ley Patriótica que autoriza la suspensión de ciertos derechos y la prisión preventiva de sospechosos sin avisar siquiera a sus familiares, lo que se convierte en secuestro.

No sin razón escribió el noruego Johan Galtung, el hombre de la cultura de la paz, creador de dos instituciones de investigación sobre la paz e inventor del método Transcend en la mediación de los conflictos (una especie de política del gana-gana): tales actos aproximan a Estados Unidos a un estado fascista.

La verdad es que estamos ante un imperio. Es la consecuencia lógica y necesaria del presunto excepcionalismo. Es un imperio singular, basado no en una ocupación territorial o en colonias, sino en 800 bases militares distribuidas por todo el mundo, la mayoría innecesarias para la seguridad estadounidense. Pero están ahí para meter miedo y garantizar su hegemonía en el mundo. Nada de eso ha sido desmontado por el nuevo emperador, que no cerró Guantánamo como había prometido y todavía envió treinta mil soldados a Afganistán para una guerra perdida de antemano.

Podemos estar en desacuerdo con la tesis básica de Abraham P. Huntington en su discutido libro El choque de civilizaciones, pero hay en él observaciones dignas de atención, como esta: «la creencia en la superioridad de la cultura occidental es falsa, inmoral y peligrosa» (p.395). Mas aún: «la intervención occidental probablemente constituye la fuente más peligrosa de inestabilidad y de un posible conflicto global en un mundo multicivilizacional» (p.397). Pues bien, las condiciones para semejante tragedia están siendo creadas por Estados Unidos y sus aliados europeos.

Una cosa es el pueblo estadounidense, bueno, trabajador, y algo ingénuo, que admiramos, y otra el gobierno imperial, que no respeta tratados internacionales que van contra sus intereses y es capaz de todo tipo de violencia. Pero no hay imperios eternos. Llegará el momento en que será un número más en el cementerio de los imperios muertos.

 

Carta abierta a Barack Obama. Por Adolfo Perez Esquivel

Estimado Barack:
Al dirigirte esta carta lo hago fraternalmente y a la vez para expresarte la preocupación e indignación de ver cómo la destrucción y muerte sembradas en varios países, en nombre de la “libertad y la democracia”, dos palabras prostituidas y vaciadas de contenido, terminan justificando el asesinato y es festejado como si se tratase de un acontecimiento deportivo.

Indignación por la actitud de sectores de la población de los EE.UU., de jefes de Estado europeos y de otros países que salieron a apoyar el asesinato de Bin Laden, ordenado por tu gobierno y tu complacencia en nombre de una supuesta justicia.

No buscaron detenerlo y juzgarlo por los crímenes supuestamente cometidos, lo que genera mayor duda; el objetivo fue asesinarlo.

Los muertos no hablan, y ante el miedo a que el ajusticiado pudiera decir cosas no convenientes para los EE.UU., la salida fue el asesinato y asegurar que “muerto el perro se terminó la rabia”, sin tener en cuenta que no hacen otra cosa que incrementarla.

Cuando te otorgaron el Premio Nobel de la Paz, del cual somos depositarios, te envié una carta que decía: “Barack, me sorprendió mucho que te hayan otorgado el Nobel de la Paz, pero ahora que lo tienes debes ponerlo al servicio de la paz entre los pueblos; tienes toda la posibilidad de hacerlo, de terminar las guerras y comenzar a revertir la grave situación que vive tu país y el mundo”.

Sin embargo has incrementado el odio y traicionado los principios asumidos en la campaña electoral ante tu pueblo, como poner fin a las guerras en Afganistán e Irak y cerrar las cárceles en Guantánamo y Abu Graib en Irak. Nada de eso has logrado hacer; por el contrario, decides comenzar otra guerra contra Libia, apoyada por la OTAN y la vergonzosa resolución de las Naciones Unidas de apoyarla; cuando ese alto organismo, empequeñecido y sin pensamiento propio, ha perdido el rumbo y está sometido a las veleidades e intereses de las potencias dominantes.

La base fundacional de la ONU es la defensa y promoción de la paz y dignidad entre los pueblos. Su preámbulo dice: “Nosotros los pueblos del mundo…”, hoy ausentes de ese alto organismo.

Quiero recordar a un místico y maestro que tiene en mi vida una gran influencia, el monje trapense de la Abadía de Getsemaní en Kentucky, Tomás Merton, quien dice: “La mayor necesidad de nuestro tiempo es limpiar la enorme masa de basura mental y emocional que atasca nuestras mentes y convierte toda vida política y social en una enfermedad de masas. Sin esa limpieza doméstica no podemos comenzar a ver. Si no vemos no podemos pensar”.

Eras muy joven Barack durante la Guerra de Vietnam; tal vez no recuerdes la lucha del pueblo norteamericano por oponerse a la guerra.

Los muertos, heridos y mutilados en Vietnam hasta el día de hoy sufren sus consecuencias.

Tomás Merton decía –frente a un matasellos del correo que acababa de llegar, The U.S. Army, key to peace, “El ejército estadounidense, clave de la paz”–: ningún ejército es clave de la paz. Ninguna nación tiene la clave de nada que no sea la guerra. El poder no tiene nada que ver con la paz. Cuando más aumentan los hombres el poder militar, más violan la paz y la destruyen.

He compartido y acompañado a los veteranos de guerra de Vietnam, en particular a Brian Wilson y sus compañeros, quienes fueron víctimas de esa guerra y de todas las guerras.

La vida tiene ese no sé qué de lo imprevisto y sorprendente, de la fragancia y belleza que Dios nos dio para toda la humanidad y que debemos proteger para dejar a las generaciones futuras una vida más justa y fraterna; restablecer el equilibrio con la Madre Tierra.

Si no reaccionamos para cambiar la situación actual de la soberbia suicida, arrastrando a los pueblos a recovecos profundos donde muere la esperanza, será difícil salir y ver la luz. La humanidad merece un destino mejor.

Sabes que la esperanza es como el loto que crece en el fango y florece en todo su esplendor mostrando su belleza. Leopoldo Marechal, ese gran escritor argentino, decía que “del laberinto se sale por arriba”.

Y creo, Barack, que después de seguir tu ruta equivocando caminos, te encuentras en un laberinto sin poder encontrar la salida y te entierras más y más en la violencia, en la incertidumbre, devorado por el poder de dominación, arrastrado por las grandes corporaciones, el complejo industrial militar, y crees tener el poder que todo lo puede y que el mundo está a los pies de los EE.UU. porque impone la fuerza de las armas, e invades países con total impunidad. Es una realidad dolorosa, pero también existe la resistencia de los pueblos que no claudican frente a los poderosos.

Son tan largas las atrocidades cometidas por tu país en el mundo que daría tema para largo, es un desafío para los historiadores que tendrán que investigar y saber de los comportamientos, política, grandeza y pequeñeces que han llevado a EE.UU. al monocultivo de las mentes que no le permite ver otras realidades.

A Bin Laden, supuesto autor ideológico del ataque a las Torres Gemelas, lo identifican como el Satán encarnado que aterrorizaba al mundo y la propaganda de tu gobierno lo señalaba como el “eje del mal”, y eso le ha servido para declarar las guerras deseadas que el complejo industrial militar necesita para colocar sus productos de muerte.

Sabes que investigadores del trágico 11 de septiembre señalan que el atentado tiene mucho de “autogolpe”, como el avión contra el Pentágono y el vaciamiento anterior de las oficinas de las Torres; atentado que dio motivo para desatar la guerra contra Irak y Afganistán y ahora contra Libia; argumentando en la mentira y la soberbia del poder que todo lo hacen para salvar al pueblo, en nombre de “la libertad y defensa de la democracia”, con el cinismo de decir que la muerte de mujeres y niños son “daños colaterales”. Eso lo viví en Irak, en Bagdad con los bombardeos a la ciudad y el hospital pediátrico, y en el refugio de niños que fueron víctimas de esos “daños colaterales”.

La palabra vaciada de valores y contenido, por lo que al asesinato lo llamas muerte y dices que por fin EE.UU. ha “muerto” a Bin Laden. No trato de justificarlo bajo ningún concepto, estoy en contra de todo terrorismo, tanto de esos grupos armados, como del terrorismo de Estado que tu país ejerce en diversas partes del mundo apoyando a dictadores, imponiendo bases militares e intervenciones armadas, ejerciendo la violencia para mantenerse por el terror en el eje del poder mundial. ¿Hay un solo “eje del mal”? ¿Cómo lo llamarías?
¿Será por ese motivo que el pueblo de los EE.UU. vive con tanto miedo a las represalias de quienes llaman el “eje del mal”? El simplismo e hipocresía de justificar lo injustificable.

La paz es una dinámica de vida en las relaciones entre las personas y los pueblos; es un desafío a la conciencia de la humanidad; su camino es trabajoso, cotidiano y esperanzador, donde los pueblos son constructores de su propia vida y de su propia historia. La paz no se regala, se construye, y eso es lo que te falta, muchacho: coraje para asumir la responsabilidad histórica con tu pueblo y la humanidad.

No puedes vivir en el laberinto del miedo y la dominación de quienes gobiernan los EE.UU., desconociendo los tratados internacionales, los pactos y protocolos, de gobiernos que firman pero no ratifican nada y no cumplen ninguno de los acuerdos, pero hablan en nombre de la libertad y el derecho.

¿Cómo puedes hablar de la paz si no quieres cumplir con nada, salvo los intereses de tu país?
¿Cómo puedes hablar de la libertad cuando tienes en las cárceles a prisioneros inocentes, en Guantánamo, en los EE.UU., en las cárceles de Irak, como la de Abu Graib, y en Afganistán?
¿Cómo puedes hablar de los derechos humanos y la dignidad de los pueblos cuando los violas permanentemente y bloqueas a quienes no comparten tu ideología y deben soportar tus abusos?
¿Cómo puedes enviar fuerzas militares a Haití después del devastador terremoto y no ayuda humanitaria a ese sufrido pueblo?
¿Cómo puedes hablar de libertad cuando masacras a los pueblos del Medio Oriente y propagas guerras y torturas, en conflictos interminables que desangran a los palestinos e israelíes?
Barack: mira para arriba de tu laberinto, puedes encontrar la estrella que te guíe, aunque sepas que nunca podrás alcanzarla, como bien lo dice Eduardo Galeano.

Busca ser coherente entre lo que dices y haces, es la única forma de no perder el rumbo. Es un desafío de la vida.

El Nobel de la Paz es un instrumento al servicio de los pueblos, nunca para la vanidad personal.

Te deseo mucha fuerza y esperanza, y esperamos que tengas el coraje de corregir el camino y encontrar la sabiduría de la paz.

Buenos Aires, 5 de mayo de 2011

Un día como hoy, hace 34 años, volví a la vida; tuve un vuelo de la muerte durante la dictadura militar argentina apoyada por los EE.UU., y gracias a Dios sobreviví y tuve que salir
por arriba del laberinto de la desesperación,
y descubrir en las estrellas el camino para poder decir, como el profeta: “La hora más oscura es cuando comienza el amanecer”.

La Cripta. La Mirada en Contexto. Por Mariano Medina

Es curiosa la mirada de las personas. Tal vez el adjetivo no sea “curiosa”, sino simple y sencillamente “particular”, lo que es altamente deseable. Porque indudablemente, la mirada habla. Y la palabra personal construye la diversidad.

Me llamo Mariano Medina, soy escritor, periodista y músico. Durante algunos años colaboré con La Voz del Interior, entre otros medios. Y el pasado domingo 1 de Mayo estuve en La Cripta en la misa donde Carlos Ñáñez puso en funciones al párroco Pedro Torres. Por casualidad, estuve sentado junto a la periodista Rosa Bertino, quien escribió la crónica respectiva, publicada en La Voz del Interior el día siguiente. (http://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/disidentes-interrumpen-asuncion-torres-cripta)

No fui en funciones de prensa, y hace tiempo estoy alejado de las celebraciones religiosas. Asistí por razones personales que, tratando de sintetizar, puedo explicar así: Soy vecino de La Cripta y fui miembro de su comunidad durante años importantes de mi adolescencia, participando activamente del que fuera su grupo scout. Ese tiempo tuve, por ende, una comunicación muy cercana con el padre Mariani, a quien aprecio pero no frecuento. No tengo ni he tenido, en cambio, ninguna relación con el padre Víctor Acha, cuya figura en el barrio, por lo que he notado, creció de  manera entrañable durante el período de su sacerdocio, gracias a la buena comunicación sostenida con los fieles.

Asistí a la celebración del pasado domingo entonces, movido por razones afectivas, sabiendo que se trataba de un hecho histórico, pero fundamentalmente para compartir con vecinos y gente querida un momento que sabía delicado.

Sirva esta reseña personal, como sobre aviso al lector. Sin desconocer contradicciones, ahora voy a hablar con mi mirada. Y aunque creo que el sentimiento de extrañeza que me invadió, me ayudó a ver lo que sucedía con cierta objetividad (por cierto, siempre cuestionable); no pretendo ser ni objetivo ni neutral.

Aún aceptando, entonces, la fragilidad de mi mirada; necesito hacer algunas observaciones sobre el artículo de la compañera Bertino. Como dije, estuvimos sentados juntos, pero parece que no vimos lo mismo. Eso es bueno, siempre y cuando el complemento entre miradas enriquezca una visión más amplia.

Por eso me extraña que una profesional de su altura y experiencia, tantísimo más amplia que la mía, señale algunas cuestiones con tanta ambigüedad. Una ambigüedad que la noche no tuvo.

Fui temprano, media hora antes de la celebración, sabiendo que sería un evento numeroso y que así como mucha gente acompañaría al padre Acha, otros lógicamente harían lo mismo con el padre Torres. Pero lo  primero que vi fue a los “visitantes”, ajenos al barrio. Tantos, que ocupaban ya casi todos los asientos de la parte central de La Cripta y tuve que ubicarme en una sala donde normalmente se acomodan las personas con niños pequeños, para que sus ruidos no molesten. Como me confirmaron algunos de los mismos visitantes, entraron a eso de las diecinueve (una hora antes de la misa), y se pusieron a rezar el rosario. Cuando la mayoría de los feligreses habituales llegaron, casi no encontraron asientos.

La misa empezó normalmente, pocos minutos después de las veinte. Se trataba de una concelebración de una decena de párrocos, entre los que se encontraban los dos nombrados y el obispo Ñañez.

Efectivamente, como apunta Bertino, un grupo de laicos, con decisión, interrumpió la misa pidiendo la palabra y fue respetuoso pero duro en sus términos.

Bertino dice: “las hostilidades se hicieron evidentes y hasta desagradables”. No aclara que esas hostilidades no fueron hacia Torres ni obra de los “disidentes”, sino de quienes acompañaban la asunción del nuevo párroco. Ante el primer orador, no pocos “visitantes” comenzaron a gritar de forma iracunda “¡Pecadores! ¡Cállense, pecadores!”, como si se tratara de una repudio de la edad media. A la palabra del segundo orador, el grupo ubicado en la parte trasera (junto a la salida), a metros de donde nos sentábamos con Bertino, comenzó a rezar el Dios te Salve María alzando cada vez más la voz en una escena francamente lamentable, con el objeto de ahogar las palabras de los laicos. Al punto que el mismísimo padre Torres les pidió que detuvieran su actitud y dejaran expresarse a los laicos. Lo hizo con la cordialidad necesaria y esperable. Aún así, los gritos se elevaron de tanto en tanto. (El lunes, otro asistente me dijo que se trataba de algunos de los mismos religiosos lefebvristas que en junio de 2007 atacaran el Centro Cultural España Córdoba destrozando vidrios y obras del artista Alfonso Barbieri, pero eso no me consta).

Los oradores laicos, fundamentalmente plantearon que seguirían en La Cripta, pero que sentían que por la falta de escucha de Ñañez y Torres no podían compartir la eucaristía con ellos.

Acha y Mariani fueron los últimos en hablar. Aún sin conocer los pormenores de este proceso, las palabras de Acha me resultan reveladoras: le planteó al arzobispo que si bien él sostiene que hubo instancias de diálogo, habla sin preocuparse por entender realmente lo que siente y piensa el otro, el interlocutor.

Mariani fue el más breve de todos y definió como “invasión” lo que sufría el espacio físico, lo cual, más allá de las ironías, era evidentemente cierto. Bertino dice al respecto, que Mariani “sugirió la posibilidad de una escisión y de armar su propia Cripta”. Yo no entendí las palabras del ex párroco de esa manera, pero no puedo desmentir una interpretación. Lo que sí me surge reflexionar al respecto, es que el templo se llama Nuestra Señora del Valle, y efectivamente la denominación “La Cripta” obedece a una identidad comunitaria que difícilmente se prolongue en ese espacio físico, al cambiar la línea del sacerdocio.

Lo que sí ocurrió, es que los laicos, que expresaron la decisión de quedarse en la ceremonia aunque no compartieran la eucaristía, finalmente se retiraron ante la violencia oral de los “visitantes”, que se mantenía (aunque levemente) luego de las palabras de Torres. Hasta donde yo vi, ninguno de los “disidentes” respondido a las agresiones, de ninguna manera.

Minutos después de ese hecho, yo también decidí salir, porque si extraño me había sentido, más extraño me sentía ahora, y mi madre había sido una de las que se retiraron. Si bien yo no había participado en nada de todo este proceso, no me sentía cómodo.

Afuera, en las puertas y las veredas del templo, conversé con algunos viejos vecinos. Había, como era de esperarse, una sensación de angustia y desasosiego. Tras haber abandonado la misa y estar en esta situación, hubo cierta disgregación, hasta que alguien propuso una reunión que finalmente se concretó en la cafetería de Soppelsa y se extendió hasta más de las 22 horas. En algún momento, informados de esta asamblea espontánea, llegaron Mariani y Acha, que participaron muy medidamente, mientras el resto de los presentes compartía sus ideas, temores y emociones. Alguno reflexionó: “No se trata de ser opositores. Jesús nos invita a este desafío, de seguir y mezclarnos. Pero es difícil permanecer en un lugar donde uno no se siente ni bien, ni escuchado”.

Calculo que en Soppelsa debe haber habido unas 140 personas. Por eso me molesta el copete de la nota de Bertino, que apunta: “Unos 50 laicos, encabezados por los sacerdotes Quito Mariani y Víctor Acha, objetaron al obispo Ñáñez”. Más allá del número, me resulta discutible eso de “encabezados”, porque si hay algo que estuvo claro esa noche es que los laicos pidieron la palabra por su cuenta, sin ningún sacerdote a la cabeza, y fueron los verdaderos protagonistas del hecho.

Bertino dice también: “Disimulado entre la gente, estaba Nicolás Alessio. La gente que pedía que continuara la misa, contó luego que Alessio les gritaba y los hacía callar”. Esa interpretación de la compañera periodista es más que arbitraria. Primeramente, ¿por qué plantea que Alessio estaba “disimulado entre la gente”? Era uno más en la multitud, que no es lo mismo. No estaba disfrazado.

Por otro lado, los “visitantes” no pidieron exactamente que siguiera la misa, sino que ofendieron de forma explícita a los oradores. De hecho, como dije antes, el mismo padre Torres tuvo que pedirles silencio. Y luego de que los laicos hablaran, la misa continuó.

En fin, el artículo de Bertino me parece de una ambigüedad digna de crítica por los datos que omite.

Y no sé cómo tomar la actitud del obispo. Desde chico me enseñaron que hay que mirar a los ojos de la persona que nos habla. ¿Alguien ha visto a Ñañez mirar de frente?

No intento ser más objetivo que lo que me dicta la conciencia. Sólo me cabe reflexionar, mucho más allá de mi pasado, y con un sentido común que creo, además, democrático: Si la negativa a aceptar una designación parroquial es un hecho inédito, ¿no debería haber sido escuchada? Sin importar quienes sean los protagonistas y las líneas en las que se encuentran… ¿Qué nos está señalando este suceso, en el contexto histórico que vivimos?

 

Mariano Medina

DNI 16.905. 447

esacasacat@gmail.com

 

Los Okupa de la FE

Y sí, finalmente vinieron por la parroquia. Pero a nosotros sí nos importó.

Por eso les dijimos en la cara lo que pensamos y sentimos, lo que no tienen agallas para escuchar y mucho menos para respetar.

Representantes de la Comunidad de La Cripta hicieron oír su reclamo una vez más y luego se retiraron en masa.

 

Darío, Presidente del Consejo Pastoral.

Obispo Carlos, somos la comunidad de La Cripta expresando lo que pensamos y sentimos.

Oírnos para solo responder que ya tomaste una decisión, y que sos el obispo, no es escuchar, y mucho menos dialogar.

Te pedimos por favor la alternativa que se reserva a los grandes, de revisar y cambiar una decisión, preferiste generar dolor y división, ignorándonos, e ignorando que este lugar es referente para miles de personas que encontraron en nuestro estilo pastoral un modo de construir su fe.

Por eso te decimos hoy que no nos vamos de nuestra Cripta, porque es nuestra, pero no podemos compartir la eucaristía contigo y con Pedro.

 

Raúl, Coordinador Grupo de Desarrollo Comunitario. Integrante del Consejo Pastoral

25 años esta fue nuestra casa, nuestro espacio, donde intentamos con honestidad vivir el Evangelio sin glosas, como pedía Francisco de Asís.

Hoy ustedes vienen a quitarnos la parroquia. Se quedarán con el edificio, pero jamás podrán quedarse con La Cripta porque La Cripta es más que este edificio.

La Cripta es una forma de entender y de vivir el cristianismo como movimiento de libertad.

Ustedes se quedarán con las instalaciones, pero jamás podrán arrebatarnos la frescura, la rebeldía, la novedad y la Buena Noticia que aquí vivimos y compartimos.

La Cripta nunca será de ustedes, aunque habiten el espacio, porque aquí sí vale el diálogo, la diversidad, el respeto por las diferencias y la voz de los laicos.

Más de 500 personas lo gritaron y lo cantaron en ese abrazo conmovedor y hoy se los volvemos a decir: La identidad de La Cripta no se negocia!!.

 

Para entender quién fue Juan Pablo II. Un pontificado con contradicciones fatales. Por Hans Küng

El 17 de octubre de 1979 publiqué un balance del primer año en el cargo del papa Juan Pablo II. Fue este artículo, que apareció en varias publicaciones del mundo, lo que dos meses después dio lugar a que se me retirara la autorización eclesiástica para enseñar como teólogo católico.

Veinticinco años de pontificado han confirmado mi crítica. Para mí, este Papa no es el más grande, pero sí el más contradictorio del siglo XX. Un Papa con muchas y muy grandes dotes y con muchas decisiones equivocadas. Reduciéndolo a un único denominador: su política exterior exige a todo el mundo conversión, reforma, diálogo. En crasa contradicción con ella está su política interior, que apunta a la restauración del status quo ante Concilium y a la negación del diálogo intraeclesiástico. Este carácter contradictorio se manifiesta en diez complejos ámbitos de problemas:

1. El mismo hombre que defiende de puertas afuera los derechos humanos los niega de puertas adentro a obispos, teólogos y mujeres, sobre todo: el Vaticano no puede suscribir la Declaración de Derechos Humanos del Consejo de Europa; sería necesario cambiar antes demasiados preceptos del derecho canónico medieval-absolutista. La separación de poderes es desconocida en la Iglesia católica. En caso de disputa, la misma autoridad actúa como legisladora, fiscal y juez.
Consecuencias: un episcopado servil y una situación jurídica insostenible. Quien litigue con una instancia eclesiástica superior no tiene prácticamente ninguna oportunidad de que se le haga justicia.

2. Un gran admirador de María que predica excelsos ideales femeninos, pero que reba-ja a las mujeres y les niega la ordenación sacerdotal: siendo atractivo para muchas mujeres católicas tradicionales, este Papa repele a las mujeres modernas, a las que quiere excluir “infaliblemente” de las órdenes mayores para toda la eternidad y a las que en el caso de la anticoncepción incluye en la “cultura de la muerte”.
Consecuencias: escisión entre el conformismo exterior y la autonomía interna de la conciencia, que en casos como en el del conflicto de los consejeros de mujeres embarazadas también aleja a las mujeres de los obispos afines a Roma, lo que provoca el creciente éxodo de quienes aún seguían fieles a la Iglesia.

3. Un predicador en contra de la pobreza masiva y la miseria del mundo que, sin embargo, con su posición sobre la regulación de la natalidad y la explosión demográfica, es corresponsable de esa miseria: el Papa, que tanto en sus numerosos viajes como en la conferencia sobre población de la ONU en El Cairo tomó postura en contra de la píldora y del preservativo, podría tener mayor responsabilidad que cualquier estadista en el crecimiento demográfico descontrolado de numerosos países y la extensión del sida en África.
Consecuencias: incluso en países tradicionalmente católicos como Irlanda, España y Polonia, existe un creciente rechazo a la moral sexual y al rigorismo católico romano en el tema del aborto.

4. Un propagandista de la imagen del sacerdocio masculino y célibe que es corresponsable de la catastrófica escasez de curas, el colapso del sacerdocio en muchos países y el escándalo de la pedofilia en el clero, que ya es imposible encubrir: el que a los sacerdotes les siga estando prohibido el matrimonio no es más que un ejemplo de cómo este Papa también posterga la doctrina de la Biblia y la gran tradición católica del pri-mer milenio (que desconocen las leyes del celibato eclesiástico) en favor del derecho canónico del siglo XI.
Consecuencias: los sacerdotes son cada vez más escasos, su reemplazo inexistente, pronto casi la mitad de las parroquias carecerán de párrocos ordenados y celebrantes regulares de la eucaristía, hechos que no pueden ocultar la creciente importación de sacerdotes de Polonia, India y África ni la inevitable fusión de parroquias en “unidades eclesiales”.

5. El impulsor de un número inflacionista de beatificaciones lucrativas que al mismo tiempo, con poder dictatorial, insta a su Inquisición a actuar contra teólogos, sacerdotes, religiosos y obispos desafectos: son perseguidos inquisitorialmente sobre todo aquellos creyentes que destacan por su pensamiento crítico y su enérgica voluntad reformista. Del mismo modo que Pío XII persiguió a los teólogos más importantes de su época (Chenu, Congar, De Lubac, Rahner, Teilhard de Chardin), Juan Pablo II (y su Gran Inquisidor Ratzinger) ha perseguido a Schillebeeckx, Balasuriiya, Boff, Bulányi, Curran, así como al obispo Gaillot (de Evreux) y al arzobispo Huntington (de Seattle).
Consecuencias: una Iglesia de vigilantes en la que se extienden los denunciantes, el temor y la falta de libertad. Los obispos se perciben a sí mismos como gobernadores romanos y no como servidores del pueblo cristiano, y los teólogos escriben en conformidad o callan.

6. Un panegirista del ecumenismo que, sin embargo, hipoteca las relaciones con las iglesias ortodoxas y reformistas e impide el reconocimiento de sus sacerdotes y la comunidad eucarística de evangélicos y católicos: el Papa podría, tal como ha sido recomendado repetidas veces por las comisiones ecuménicas de estudio y practican mu-chos párrocos, reconocer a los eclesiásticos y las celebraciones de la comunión de las iglesias no católicas y permitir la hospitalidad eucarística. También podría atemperar la exagerada ambición medieval de poder frente a las iglesias orientales y reformadas. Pero quiere mantener el sistema de poder romano.
Consecuencias: el entendimiento ecuménico quedó bloqueado tras el Concilio Vaticano II. Ya en los siglos XI y XVI el papado demostró ser el mayor obstáculo para la unidad de las iglesias cristianas en libertad y pluralidad.

7. Un participante en el Concilio Vaticano II que desprecia la colegialidad del Papa con los obispos, decidida en ese concilio, y que vuelve a celebrar en cada ocasión que se presenta el absolutismo triunfalista del papado: en sustitución de las palabras progra-máticas conciliares (aggiornamiento, diálogo, colegialidad, apertura ecuménica), se vuelve ahora, en las palabras y en los hechos, a la “restauración”, “doctrina”, “obediencia”, “rerromanización”.
Consecuencias: No deben llamar a engaño las masas de las manifestaciones papales: son millones los que bajo este pontificado han “huido de la Iglesia” o se han retirado al exilio interior. La animosidad de gran parte de la opinión pública y de los medios de comunicación frente a la arrogancia jerárquica se ha intensi-ficado de forma amenazadora.

8. Un representante del diálogo con las religiones del mundo, a las que simultáneamen-te descalifica como formas deficitarias de fe: al Papa le gusta reunir en torno a sí a dignatarios de otras religiones. Pero no se percibe mucha atención teológica a sus demandas. Antes bien, incluso bajo el signo del diálogo sigue concibiéndose como un “misionario” de viejo corte.
Consecuencias: la desconfianza hacia el imperialismo ro-mano está ahora tan difundida como antes. Y esto no sólo entre las iglesias cristianas, sino también en el judaísmo y el islam, por no hablar de India y China.

9. Un poderoso abogado de la moral privada y pública y comprometido paladín de la paz que, al mismo tiempo, por su rigorismo ajeno a la realidad, pierde credibilidad como autoridad moral: las posiciones rigoristas en materias de fe y de moral han socavado la eficacia de los justificados esfuerzos morales del Papa.
Consecuencias: aunque para algunos católicos o secularistas tradicionalistas sea un superstar, este Papa ha propiciado la pérdida de autoridad de su pontificado por culpa de su autoritarismo. A pesar de que en sus viajes, escenificados con eficacia mediática, se presenta como un comunicador carismático (aunque al mismo tiempo es incapaz de diálogo y obsesivamen-te normativo de puertas adentro), carece de la credibilidad de un Juan XXIII

10. El Papa, que en el año 2000 se decidió con dificultad a reconocer públicamente sus culpas, apenas ha extraído las consecuencias prácticas: sólo pidió perdón para las fal-tas de los “hijos e hijas de la Iglesia”, no para las del “Santo Padre” y las de la “propia Iglesia”.
Consecuencias: la reticente confesión no tuvo consecuencias: nada de enmienda, tan sólo palabras, nada de hechos. En vez de orientarse por la brújula del evangelio, que ante los errores actuales apunta en dirección de la libertad, la compasión y el amor a los hombres, Roma sigue rigiéndose por el derecho medieval, que, en lugar de un mensaje de alegría, ofrece un anacrónico mensaje de amenaza con decretos, catecismos y sanciones.

No puede pasarse por alto el papel del Papa polaco en el colapso del imperio soviético. Pero éste no se derrumbó a causa del Papa, sino de las contradicciones socioeconómicas del propio sistema soviético. La profunda tragedia personal de este Papa es ésta: su modelo de Iglesia polaco-católica (medieval-contrarreformista-antimoderna) no pudo trasladarse al “resto” del mundo católico. Más bien fue la propia Polonia la que resultó arrollada por la evolución moderna.

Para la Iglesia católica, este pontificado, a pesar de sus aspectos positivos, se revela a fin de cuentas como un desastre. Un Papa declinante que no abdica de su poder, aunque podría hacerlo, es para muchos el símbolo de una Iglesia que tras su rutilante fa-chada está anquilosada y decrépita. Si el próximo Papa quisiera seguir la política de este pontificado, no haría sino potenciar aún más la monstruosa acumulación de problemas y haría casi insuperable la crisis estructural de la Iglesia católica. No, un nuevo papa tiene que decidirse a cambiar el rumbo e infundir a la Iglesia valor para la renova-ción, siguiendo el espíritu de Juan XXIII y, en consecuencia, los impulsos reformistas del Concilio Vaticano II.

 

Hans Küng es teólogo. © Hans Küng, 2003. Traducción de Jesús Alborés.

Hans Küng fue uno de los teólogos consultores más importantes del concilio Vaticano II

Fuente Servicios Koinonia