¿Pero qué vida defienden? Por Antonio Fenoy, Rafael Villegas y Adriana Fernández

“Una sociedad que no puede garantizar el derecho al trabajo, a la alimentación, a la educación, es una sociedad abortiva. La Iglesia esto no lo denuncia, y las muertes por causa de la pobreza son infinitamente mayores que las producidas por abortar.”1

Como colectivo conformado por compañeros que militamos en espacios populares desde un cristianismo de base, acompañando la vida de los más pobres, queremos aportar nuestra mirada desde nuestra construcción y compromiso al debate sobre la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo. El histórico fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación pone una vez más en el tapete esta cuestión.

No se puede más ocultar que el aborto es una realidad con la cual convivimos diariamente. Negarlo es una manera encubridora de sostener una desigualdad estructural que, a la sombra de la ilegalidad, sigue arrebatando anónimamente la vida de miles de mujeres, fundamentalmente las más pobres, ante la impávida mirada de los sectores más dogmáticos y conservadores de la sociedad que utilizan el discurso de la “defensa de la vida” de manera hipócrita, sesgada, negándolo cuando se trata de los pibes y pibas de nuestros barrios, avalando el discurso de los pibes chorros o la baja de edad de imputabilidad. Es evidente que “la consigna de la ‘defensa de la vida amenazada’ o el estar ‘a favor de la vida’ pueden tener significaciones bien distintas según quién sea el enunciador. Si el enunciador es de aquellos que han ‘optado por los embriones’ el significado de ‘vida’ tendrá contornos precisos. Si, en cambio, el enunciador es de aquellos que se esfuerzan por evocar la ‘memoria peligrosa y subversiva’ del Vaticano II, de Jesús de Nazaret, ‘vida’ deberá interpretarse centralmente a la luz de la realización de la justicia, de la inclusión social, de la participación política, del disfrute de los derechos humanos. Será preciso leer la ‘vida a la luz de la realización histórica del reino de Dios”.2

Siguiendo esta “Memoria peligrosa y subversiva” de Jesús de Nazareth, que está en el corazón de lo que llamamos “Reino de Dios” (el socialismo) creemos que la cuestión del aborto posee aristas sociales y económicas que es necesario puntualizar:

1. Es un tema de salud pública: no se trata de proponer un método de planificación familiar sino una ley de despenalización que iguale las oportunidades –para todas las mujeres, cualquiera sea su condición social– de poder acceder a una intervención en las condiciones necesarias de seguridad y salubridad, ya que toda mujer tiene derecho a decidir sobre su cuerpo sin influencias ni imposiciones de ningún tipo. Algunos sectores parecen ignorar o no querer ver las numerosas muertes que suceden día a día por prácticas de abortos clandestinos en condiciones totalmente precarias que conllevan trágicamente consecuencias físicas y psicológicas de por vida en aquellas que sobreviven.3

No ocurre lo mismo con los sectores sociales más altos que cuentan con los recursos económicos para pagar la intervención y la discreción del profesional que las atiende en una clínica privada, sin riesgos para su salud y protegidos de la presión social y psicológica que sí padecen quienes tienen que acudir de urgencia y al borde de la muerte a un hospital público.

2. Es un tema de autonomía del Estado: el Estado debe legislar para todos y todas, sin ajustarse a principios teológicos o filosóficos que limiten su capacidad de acción. El hecho de la identificación del Estado argentino con la Iglesia Católica no debe ser una presión en éste, ni en ningún otro tema, cuestión que quedó demostrada durante el debate y la sanción de la ley del matrimonio igualitario. Aprobar la despenalización del aborto no implica estar de acuerdo con éste ni que todas las mujeres vayan a abortar, sino que es un ejercicio de igualdad de oportunidades y acceso a la salud pública para todas.

3. Es un tema de libertades individuales: es fundamental que el Estado garantice la libertad de elección de la mujer o de la pareja en este tema. Pareciera que sobre la cuestión del aborto, la mujer es un ser sin capacidad de decisión, en donde “otros” deben elegir por ella. También se debe garantizar el acompañamiento médico y psicológico antes, durante y después de la interrupción del embarazo, imprescindible en este tipo de decisiones.

Por tanto, se hace imperiosa no sólo la sanción de una legislación a favor de la despenalización del aborto, sino también la aplicación de políticas públicas sobre educación sexual para brindar a la población las herramientas necesarias en la prevención de enfermedades de transmisión sexual, mediante métodos anticonceptivos, de embarazos no deseados y, por ende, la reducción de prácticas abortivas. Muchos de los que levantan la voz en contra del aborto son los que también, desde criterios moralistas y seudo-religiosos, impiden la educación sexual en las escuelas y la vigencia de la Ley Nacional de Salud Reproductiva, en otra muestra patética de hipocresía y falsedad. En este sentido, Ivone Gebara (teóloga feminista) observa: “Me pregunto: ¿pero qué vida defienden? ¿Por qué no defienden la vida de los niños de la calle que son abortados por la sociedad? ¿Y por qué no defienden la vida de la gente que no tiene tierra, que no tiene comida, que no tiene viviendas, que no tiene futuro? ¿Por qué sólo de los embriones se habla en nombre de Dios y por qué no se habla de otras vidas en nombre de Dios?”.4

En síntesis, creemos que en tanto no se sancione una ley a favor de la despenalización, el aborto seguirá siendo una fuente ilícita de enriquecimiento para muchos médicos y clínicas privadas que se oponen a este tema, enriqueciéndose en el ejercicio de estas prácticas. Por eso, acompañando a nuestro pueblo en la construcción de la justicia y la dignidad, procurando una vida plena para todos y todas, creemos que esta ley representa un avance en los derechos humanos.

1. Vuola, Elina y Solá de Guerrero Janeth (2000). Teología feminista: teología de la liberación: (la praxis como método de la teología latinoamericana de la liberación y de la teología feminista), Iepala Editorial, p. 214

2. Silva, Ezequiel (2011). “De pobres y embriones”, revista Vida Pastoral.

3. Anualmente se producen en Argentina de 460 mil a 500 mil abortos.

4. Gebara, Ivone, reportaje realizado por Edwin Sánchez.

 

*  Los autores pertenecen al  Colectivo Teología de la Liberación Pichi Meisegeier.

 Fuente: Página 12

MÚSICA X LA IDENTIDAD. Por Abuelas de Plaza de Mayo Córdoba

Abuelas de Plaza de Mayo, tienen el agrado de invitarlos a participar del evento “MÚSICA X LA IDENTIDAD” con la participación de la artista cordobesa Paola Bernal.

La actividad se llevará a cabo el próximo jueves 22  de Marzo, a las 20 hs. en el Paseo del Buen Pastor. El espectáculo es libre y gratuito.

Como es de público conocimiento, la incansable tarea que la organización lleva a cabo en busca de nuestros nietos desaparecidos y nacidos en cautiverio sería imposible sin la difusión que nos permite llegar a esos casi 400 jóvenes que dudan sobre su identidad. En busca de nuevas herramientas comunicacionales es que nace “Música x la Identidad”.

PAOLA BERNAL, Cantante de folclore nacida en Cosquín, provincia de Córdoba, Impulsó su camino desde las danzas criollas despertando al luego al canto. En 1997 formó parte del grupo Los Descendientes con quienes editaron el disco “Pisando el viento”. En el 2003 edita su primer disco solista: “Esperando tu llegada”. En el 2006 presenta “Pasionaria”. En el 2008 sale a la venta su último disco “Por el Camino” .

Compartió escenario con músicos como León Gieco, Mercedes Sosa, Rubén Rada, Peteco Carabajal, Minino Garay, entre otros.

Enero 2010 – Premiada – Mención destacada en su presentación en el escenario mayor del Festival Nacional de Folklore de Cosquín, Córdoba, en su edición 50° aniversario.

En esta oportunidad presentará su nuevo trabajo “ Pájaro Rojo” junto a artistas invitados: Jeny Náger, Ají Rivarola y Pablo González

 

Esperamos contar con su presencia, y agradecemos su difusión.

Abuelas de Plaza de Mayo Córdoba

Duarte Quirós 545, piso 3 Of. “C”

Tel 0351 4214408

Homilías Dominicales – Domingo 18 de Marzo de 2012 – 4to.de Cuaresma (ciclo”B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Ju. 3,14-21)

Dijo Jesús a Nicodemo: del mismo modo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, también es necesario que el hijo del hombre sea elevado para que todos los que creen en él tengan vida eterna.

Dios amó tanto al mundo que envió a su hijo único para que quien crea en él no muera sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su hijo para condenar al mundo sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será condenado y el que no cree ya está condenado porque no ha creído en el nombre del hijo único de Dios.

En esto consiste el juicio: la luz vino a este mundo y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal  odia la luz por temor a que sus obras sean descubiertas. En cambio el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz y de este modo  manifiesta que sus obras han sido hechas en Dios.

 

Síntesis de la homilía

Para penetrar el sentido de este trozo de Juan es indispensable sacarnos una cantidad de prejuicios inducidos por una interpretación literaria y prefijada autoritariamente, de la palabra de la Escritura  La comparación con la serpiente, salvadora de quienes la miraban, no se refiere al Jesús muerto en la cruz sino a  que esa muerte es su resurrección y la nuestra. Este es un concepto muy joánico,  para el que la exaltación suprema es el acto de entregar la vida por la causa de la humanidad. No se pone al centro el sufrimiento como salvador, sino   a la causa de ese sufrimiento que es la defensa de la dignidad y el sentido más profundo de la vida del ser humano.

El motivo por el que Dios envía a Jesús es para señalar al ser humano el camino de su realización. Nosotros estamos acostumbrados a imaginarnos el infierno, cuando hablamos de condenación. Si prescindimos deeste condicionamiento, exterior a nosotros, la condenación es perderse en el sentido y realización de la vida, que únicamente se alcanzan con el esfuerzo de mantener la lucha y el gozo  de la felicidad compartida.

La luz está presente para el que quiera beneficiarse con ella y el modo de aprovecharla es practicar la aceptación (que aquí se denomina creencia) del nombre del  hijo, del enviado, con todo lo que el “nombre”significa en la tradición bíblica.

El juicio sobre la bondad o maldad de las obras aparece aquí como anterior a la presencia de la luz. Y eso nos lleva a  pensar en una calificación lograda no a través de una sugerencia o legislación exterior sino en base a nuestra búsqueda de lo mejor.

Por eso podemos afirmar que la despreocupación por el hermano es condenación, y lo es también la falta de aprobación y apoyo a los que otros hacen a favor de la igualdad y dignidad de todos.

Salvación personal y comunitaria es la actitud de justicia de no explotar a los trabajadores, de no desestimar a los con menores posibilidades naturales o adquiridas, de no excluir de los beneficios y derechos elementales a los más débiles, de no  someter a modos de vida infrahumanos a los que sirven para el crecimiento y progreso social, como se está descubriendo tantas veces en diversas grandes empresas inspeccionadas.

En pocas palabras, los términos de condenación o salvación no deben ser entendidos como referencia a un “después”, sino a este “ahora” que vivimos como única oportunidad de ser activos constructores del reinado de Dios entre los hombres.

El dolor de la Iglesia. Por José Ma Castillo

Escribo esta breve reflexión el día de san José. Hoy se celebra en la Iglesia el “Día del Seminario”, el día de las vocaciones sacerdotales. Y esto precisamente es lo que me lleva a pensar en el dolor de la Iglesia. Pienso en la Iglesia como lo hace el concilio Vaticano II: “el conjunto de todos los creyentes que miran a Jesús como autor de la salvación” (LG 9, 3). Cuando se piensa así en la Iglesia, resulta inevitable sentir el dolor de esta Iglesia, que se ve cada día más desamparada, más desprotegida y me temo que, también cada día, más desorientada.

Digo estas cosas porque, en las últimas semanas, en pocos días, han fallecido cinco sacerdotes, amigos de toda la vida, que han dedicado su larga vida a trabajar por el bien de la Iglesia y por el bien de todos aquellos a los que la Iglesia ayuda y quiere seguir ayudando. Como es lógico, mi dolor tiene su razón de ser más inmediata en el vacío que dejan los amigos que se nos van para siempre. Pero, más allá de eso, es el dolor del que ve a esta Iglesia tan desamparada. ¿Por qué? Por dos razones, que explico lo más brevemente que me es posible.

La primera razón está a la vista de todo el mundo: cada día hay menos sacerdotes; y los que van quedando, cada día son más ancianos, con sus lógicas e inevitables limitaciones. Y mientras tanto, los seminarios medio vacíos, algunos casi vacíos y no pocos se han cerrado. A la casi totalidad de los jóvenes, ni ofreciéndoles un puesto de trabajo seguro y un sueldo (sobrio) seguro, no les interesa este trabajo. Si es que se puede decir que tiene “vocación” un individuo que se mete a cura por ganar dinero y por tener un trabajo fijo. Así las cosas, aumenta de día en día el número de pueblos sin párroco, el número de parroquias sin misa, sin sacramentos, sin catequesis… Además, una situación como ésta no se arregla en un año. Ni en varios años. La Iglesia se ha metido en un fangal del que no sabemos ni cuándo, ni cómo podrá salir.

La segunda razón de mi dolor es que esta situación se tenía, y se podía, haber resuelto hace mucho tiempo. Jesús no instituyó el sacerdocio. Ni en los primeros tiempos de la Iglesia hubo en ella sacerdotes. Había “ministerios”, que tenían un carácter meramente organizativo y administrativo. Y que variaban de unas comunidades a otras. Cada “iglesia” tenía libertad para organizarse como creía que era más conveniente, según las circunstancias y necesidades de cada lugar. Por tanto, no había ninguna necesidad de organizar todo este montaje del clero y de los sacerdotes como administradores de los sacramentos.

¿No podría la Iglesia repensar este estado de cosas muy en serio y tomar decisiones audaces? No hay ninguna cuestión de fe que lo impida. Es un asunto meramente organizativo. Si hubo un tiempo en que la Iglesia funcionó sin clero, ¿por qué no podría hacerlo hoy? Yo tengo la convicción de que el tiempo del clero y de los sacerdotes se está acabando. Pienso, por tanto, que la Iglesia tiene que organizarse de otra manera. Y es evidente que, cuanto antes lo haga, será ganar tiempo. Se podría pensar, como pasos intermedios, en el sacerdocio de las mujeres o de los curas casados. Pero yo creo que, si se piensa con amplitud de miras, todo eso son parches que no van al fondo del problema. Para bien de la Iglesia misma. Y de todos aquellos a los que la Iglesia puede prestar algo de ayuda y ofrecerles una esperanza que tanto necesitamos, vamos a tomar en serio, muy en serio y sin miedo, la forma de salir, cuanto antes, de este estancamiento que no lleva a ninguna parte.

 

Homilías Dominicales – Domingo 11 de Marzo – 3ro. de Cuaresma (ciclo “B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Ju.2,13-25)

En la cercanía de la pascua, Jesús llega a Jerusalén y se da en el Templo con los  vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados delante de sus mesas. Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes, derribó las mesas de los cambistas y dijo a los vendedores de palomas “Saquen eso de aquí y no hagan de la casa de mi padre una casa de comercio”.

Los discípulos recordaron la Escritura: el celo de tu casa me consume.

Entonces los judíos le preguntaron:¿qué signo nos das para obrar así? Jesús les dijo: Destruyan este templo y yo lo reconstruiré en tres días. Los judíos le dijeron: Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir el templo y lo vas a reedificar en tres días?

Pero él se refería al templo de su cuerpo. Por eso, cuando Jesús resucitó, los discípulos recordaron lo que él había dicho y creyeron en la Escritura y en su palabra. Estuvo un tiempo en Jerusalén para la pascua y muchos creyeron en él gracias a los signos que realizaba. Pero Jesús desconfiaba porque los conocía a todos sin necesidad de que nadie lo informara. Sabía lo hay en el interior de cada hombre.

 

Síntesis de la homilía

Los sinópticos colocan este episodio al final de la entrada de Jesús en Jerusalén aclamado por los discípulos. Juan sigue un orden distinto para narrar las acciones importantes de Jesús, coloca como el primer signo el de las bodas de Caná e inmediatamente este acto de indignación  arrojando a los  mercaderes. Si esta actividad se cumplía en el patio de los paganos y los judíos venidos de todas partes necesitaban comprar los elementos para hacer sus ofrendas ¿qué mal tenía que esos proveedores cambiaran las monedas y ofrecieran los productos?

Por otra parte esa gente viviría de sus ingresos y Jesús les quita esa fuente de sustento en una circunstancia excepcionalmente ventajosa. Hay que considerar que la acción de Jesús no está dirigida contra los vendedores que son una especie de “concesionarios” de las autoridades del Templo. El dinero que cobran demás va a engrosar las riquezas de los que han negociado ese privilegio. Y por eso, a pesar de estar en el lugar que les correspondía, Jesús muestra su indignación. En el relato de Juan esta contraposición entre la aprobación en Caná de ese sacramento que es el amor humano y el egoísmo de los dueños del templo que lo utilizan para su propio beneficio explotando al pueblo,  es muy significativo.

Jesús sabe la fuerza de su denuncia con este gesto y por eso se enfrenta a las autoridades sagradas, con el desafío de que destruyan el templo que es su cuerpo. Lo que éstas lograrán efectivamente como logran habitualmente triunfar el poder y el dinero sobre los que denuncian sus abusos y opresiones.

Aquí se da la paradoja de que el poder realmente opresor material que es el Imperio romano, queda pequeño ante la opresión espiritual que puede ejercerse desde el  poder sagrado. Para Roma no es realmente preocupante esa expresión gozosa del pueblo entusiasmado con la entrada de Jesús en la capital. Pero el poder sagrado se encargará de convencer a Pilatos, que finalmente cederá. Lo definitivo del sentido de este Domingo de ramos, es la valentía de Jesús para jugarse en el gesto liberador de la denuncia de las opresiones.

 

Homilias Dominicales – Domingo 4 de Marzo de 2012 – 2do de cuaresma (ciclo “B”) Por Guillermo “Quito” Mariani.

Tema (Mc. 9,1-9)

Seis días después, Jesús tomó aparte a Pedro, Santiago y Juan y los condujo a un monte elevado. Allí se transfiguró en su presencia. Sus vestiduras se volvieron resplandecientes como nadie en el mundo hubiera podido blanquearlas. Entonces aparecieron Moisés y Elías hablando con Jesús.

Pedro dijo a Jesús ¡Maestro, qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés otra para Elías. Pedro no sabía lo que decía porque estaban llenos de temor. Entonces una nube los cubrió con su sombra y salió de ella una voz: Este es mi hijo muy querido, escúchenlo. De pronto miraron a su alrededor y no vieron a nadie. Sólo estaba Jesús con ellos. Mientras bajaban del  monte jesús les prohibió contar lo que habían visto, hasta que el hijo del hombre resucitara. Ellos cumplieron esta orden pero no entendieron lo que significaba “hasta que resucite”.

 

Síntesis de la homilía

La precisión de seis días después hace referencia a la duración de la fiesta de los Tabernáculos, de origen agrario y cuya expresión era un vuelco de la alegría  de la gente que se reunía en tiendas de campaña para festejar el éxito de las cosechas. Marcos acaba de presentarnos a Jesús calificando a Pedro como “satanás”. Pedro había hablado en nombre de todos. Jesús lo invita especialmente con Santiago y Juan para ascender a un lugar elevado. Así une en un mismo camino de ascenso hacia la realización de la voluntad del Padre, el sufrimiento y la glorificación. Se trata de una especie de anticipación pascual a la que recurre Marcos, no con la intención de anticipar un acontecimiento sino con la de establecer que la vida entera de Jesús es pascua, muerte y resurrección. Lo del hombre y lo de Dios. El plan de vida del ser humano enganchándose en el plan salvador o glorificador de Dios. Con lo que se completa la lección vocacional que Jesús quiere trasmitir a sus discípulos. Por eso aquí como en el bautismo se habla de una voz que señala a Jesús como el hijo predilecto a quien hay que escuchar. A orillas del Jordán ésa era la afirmación de la vocación de Jesús. Aquí se trata de  la  vocación de los discípulos. “Escúchenlo”. La prohibición de comunicar lo experimentado en el monte obedece al peligro tan acechante para los apóstoles de olvidar (como efectivamente lo hace Pedro al proponer establecerse allí definitivamente, y lo expresan los tres al no entender lo de resurrección que supone muerte)) que sufrimiento y glorificación son una  misma realidad pascual.

La consecuencia directa de esta acción de Jesús preparando a sus discípulos, nos afecta a todos nosotros.

En la historia personal y comunitaria siempre están mezcladas conquistas y dificultades, tribulaciones y gozos, luchas y logros. Un camino directo de flores y triunfos sería el resultado de una marcha de superhéroes, superhombres o semidioses. Jesús no es nada de esto. Es un hombre común que descubre intensa y profundamente su vocación humana. Por eso pone mucho cuidado en que sus discípulos no se excedan en la euforia esperanzada de un triunfo final (ni material ni espiritual) e integra el sufrimiento con su valor de camino hacia la etapa de plenitud. Precisamente porque lo humano juega un doble papel como afirma Pablo en Romanos 7 y como los atletas es necesario correr y fatigarse  para conseguir la meta. Y la vocación humana es constante dinámica entre muerte y resurrección. Para el cristiano,  la dinámica pascual.

Medio pan y un libro. Por Federico García Lorca

“Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. «Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre», piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

“Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

“No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

“Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

“¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: «amor, amor», y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: «¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!». Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

“Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: «Cultura». Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz”.

(A PUNTO DE CUMPLIRSE 80 AÑOS DE AQUEL DISCURSO, CUALQUIER SEMEJANZA CON LA ACTUALIDAD, NO ES PURA COINCIDENCIA)

 

Fuente: Blog Codo a Codo

Once. Por Guillermo “Quito” Mariani

La tragedia  ha convulsionado nuestras entrañas y ha manchado con sangre esta historia nuestra cotidiana. Como el 11 de las Torres gemelas. Aquello fue un atentado, de poderosos a poderosos. Esto no fue un atentado fue un “descuido”, de poderosos a desamparados. Desamparados porque tienen que viajar al trabajo todos los días amontonados como ganado o implorando la misericordia de los encargados para que no los “bajen” aunque tengan que subirse al techo. Desamparados porque enseguida se convierten en números y los números no duelen. Desamparados porque largos juicios concluirán exculpando a los responsables (LAPA) (Río Tercero)…Desamparados porque el dolor será aprovechado por muchos para favorecer sus intereses políticos y denunciar lo que ellos mismos promovieron o callaron. Desamparados porque el dolor lacerante de la mamá de Lucas, la víctima 51, buscando a su niño y encontrándolo finalmente arrumbado en un fuelle entre vagones,  tiene detrás la angustia de muchas madres anónimas, de muchas familias que quedan en el vacío de la impotencia económica y emocional.

No hace falta ser marxista para afirmar que el “plus valor” del trabajo aprovechado por el capital es la semilla de las peores injusticias y tragedias. Concesiones, se llama a las privatizaciones que pretenden salvar la economía del país con la explotación de servicios públicos o de riquezas de la tierra, como la megaminería a cielo abierto. Estudios de economistas profesionales regulan los contratos y fijan las condiciones y exigencias que las empresas tienen que llenar, y los controles que deben admitir para mantener la concesión, que nunca debiera ser simple cesión.  Pero el dinero y sus acaparadores saben que la palabra oral o escrita no resiste al empujón de la ”coima”, del silencio comprado, del descuido que mira hacia otro lado. Con un giro que al parecer, está nada más que insinuado, el proyecto económico nacional está inclinándose no a la mejor distribución de ingresos sino a la mejora y crecimiento de la producción. No está mal. Pero la máxima, en éste como en otros asuntos es: “hoc facere et illud non omitere” (hacer esto sin omitir  aquello) y generalmente, cuando meten mucha mano los economistas ortodoxos, la omisión es lo que acontece. Y lo que se hace, se convierte en un cambio absoluto de rumbo.

No es que falten controles. Es mucho peor: no hay controles. Y cada uno parece poseer el modo de evitarlos. Aparte de que, frente a una corrupción empresarial generalizada (no estrictamente por mal manejo del dinero sino por  menosprecio del valor humano) cada uno debería tener al lado un control que le impidiera desviarse del camino. Pero esto sería denunciado como atentado contra las libertades individuales. Visité Cuba el 1974 con otros sacerdotes de movimiento del Tercer Mundo. De allí, esta anécdota, absolutamente verídica. Dos compañeros salieron del hotel una tarde para pasear y conversar con la gente. Se detuvieron en una calle a conversar con un muchacho de uniforme que les habló de todos los beneficios sociales de que gozaba por el hecho de pertenecer como voluntario al ejército. No transcurrió mucho tiempo sin que dos guardias los invitaran a acompañarlos. Quedaron detenidos hasta que se aclaró que era invitados de Fidel. Pero así era el control eficaz. Cada C.D.R (comité de defensa de la revolución), en cada cuadra, se encargaba de mantener todos los servicios , con el reciclado del material descartable y el mantenimiento del material utilizado para la higiene y la comodidad vecinal, y también la ausencia del espionaje norteamericano.

¿Estamos tan carenciados de sentido social que será necesario recurrir a estos recursos de control? A veces pareciera que sí porque en realidad no existe conciencia de C.D.N (comité defensivo de la nación) y sí tendencia muy fuerte de culpabilizar al otro.

Con Medellín Dios pasó por América Latina. ¿Con quién pasa ahora? Por Jon Sobrino

 Los diez años de Medellín (1968) a Puebla (1979) fueron únicos en la época moderna dela Iglesia católica en América Latina. Después comenzó un declive al que Aparecida (2007) quiso poner freno, aunque hasta ahora queda mucho por hacer.

Al hacer este juicio, no nos fijarnos en la iglesia tal como la analizan los sociólogos, sino que nos fijamos en “el paso de Dios”. Sin duda es más difícil de calibrar, pero toca la dimensión más honda dela Iglesia, y al servicio de qué debe estar. En definitiva qué aporta a los seres humanos y al mundo como un todo. Y obviamente hay que preguntarse “qué Dios” es el que pasa por la historia en un momento dado.

Medellín

Fue un salto cualitativo. Irrumpieron los pobres, y en ellos irrumpió Dios. Fue un hecho fundante que penetró en la fe de muchos y configuró ala Iglesia.

Sorprendentemente, para la asamblea de obispos la prioridad no la tuvo la Iglesiaen sí misma, sino el mundo de pobres y víctimas, es decir la creación de Dios. Sus primeras palabras proclaman la realidad del continente: “una pobreza masiva producto de la injusticia”. Los obispos actuaron, ante todo, como seres humanos, y dejaron hablar a la realidad que clamaba al cielo. Son los clamores que Dios escuchó en el éxodo, le hicieron salir de sí mismo y entró decididamente en la historia. De igual modo, con Medellín Dios entró en la historia latinoamericana.

Desde esa irrupción de los pobres, y de Dios en ellos, Medellín pensó qué es ser Iglesia, cuál es su identidad y misión fundamental, y cuál debe ser su modo de estar en un mundo de pobres. La respuesta fue “una iglesia de los pobres”, semejante a la ilusión que tuvo Juan XXIII y el cardenal Lercaro. En el concilio no prosperó, en Medellín sí.La Iglesiasintió compasión por los oprimidos y decidió trabajar por su liberación. Por muchos, con mayor o menor conciencia explícita, fue acogida como bendición. Por otros, fue percibida, con razón, como grave peligro.

Muy pronto reaccionó el poder. En 1968 Nelson Rockefeller escribió un informe sobre lo que estaba ocurriendo, y esa Iglesia, nueva y peligrosa, tenía que ser debilitada y frenada, y lo mismo ocurrió al comienzo de la administración Reagan. Oligarquías con el capital, ejércitos, escuadrones de la muerte, desencadenaron una persecución contrala Iglesia, desconocida en la historia de América Latina. La persecución, y el mantenerse firme en ella, dejó en claro lo novedoso y evangélico que estaba ocurriendo:la Iglesiade Medellín estaba con el pueblo pobre y perseguido, y corrió su misma suerte. Miles fueron asesinados, entre ellos media docena de obispos, decenas de sacerotes, religiosos y religiosas, y multitud de laicos, mujeres y varones. Con limitaciones, errores y pecados, era una Iglesia mucho más casta que meretriz, mucho más evangélica que mundana.

Al interior dela Iglesiacatólica, Pablo VI propició y animó esta nueva Iglesia, pero altos personeros de la curia romana, y de otras curias locales, la descualificaron, trataron mal e injustamente a sus representantes señeros, también a obispos, y diseñaron una iglesia alternativa, diferente y aun contraria, más devocional, intimista, de movimientos, sumisos a y defensores de la jerarquía. Y lo que había que evitar era quela Iglesiavolviese a entrar en conflicto con los poderosos. La iglesia popular, nacida alrededor de Medellín, creyente y lúcida, de comunidades de base, que vivía la pobreza del continente, sufrió la doble persecución del mundo opresor, y, con alguna frecuencia, de la propia iglesia.

Una Iglesia así fue testigo y seguidora de Jesús de Nazaret. Encarnada, defensora y compañera de los pobres, cargaba con la cruz y con frecuencia moría en ella. Anunció una Buena Noticia como Jesús en la sinagoga de Nazaret. Tuvo sus “doce apóstoles”, los Padres de la iglesia latinoamericana con don Hélder Camara uno de los pioneros, con Enrique Angelelli, don Sergio Mendez Arceo, Leonidas Proaño, con monseñor Romero, pastor y mártir del continente, y otros. Llegó a ser ekklesia, en la que mujeres y varones, religiosas y laicos, latinoamericanos y venidos de fuera, llegaron a formar cuerpo eclesial, una gran comunidad de vida y misión. Entre los de casa y los de lejos se generó una solidaridad nunca vista: se llevaban mutuamente. Creció la esperanza y el gozo. Y del amor de los mártires nació una brisa de resurrección, ajena a toda alienación, que volvía a remitir a la historia para vivir en ella como resucitados.

En esa Iglesia soplaba el Espíritu, el espíritu de Jesús y el espíritu de los pobres. Ese espíritu inspiraba oración, liturgia, música, arte. Y también inspiraba homilías proféticas, cartas pastorales lúcidas, textos teológicos de casa, no textos simplemente importados que no habían pasado por el crisol de Medellín.

En el centro de todo estaba el evangelio de Jesús. Lucas 4, 16: “He venido a anunciar la buena noticia a los pobres, a liberar a los cautivos”. Mateo 25, 36-41: “Tuve hambre y me dieron de comer”. Juan 15, 13: “Nadie tiene más amor que el que da la vida por los hermanos”. Y Jesús de Nazaret, el crucificado resucitado, Hechos 2, 23: “A quien ustedes dieron muerte Dios le devolvió a la vida”.

¿Y ahora?

Encuestas, estudios sociológicos y antropológicos, económicos y políticos, ofrecen datos y suministran explicaciones sobrela Iglesiacatólica y otras iglesias cristianas. Nos dicen si subimos o bajamos en número y en influjo en la sociedad. Desde esa perspectiva nada tengo que añadir. Y estrictamente hablando, tampoco es mi mayor preocupación cuál será el futuro de lo que llamamos “Iglesia”, aunque en ella he vivido y vivo, y me he acostumbrado a pertenecer a la familia.

Lo que me interesa, y me alegra, es que “Dios pase por este mundo”. Y la razón es sencilla. El mundo está “gravemente enfermo”, decía Ellacuría, “enfermo de muerte”, dice Jean Ziegler. Es decir, necesita salvación y sanación. Por ello, como creyente y como ser humano, deseo que “Dios pase por este mundo”, pues ese paso siempre trae salvación a las personas y al mundo en su conjunto. Tuvimos la dicha de sentir ese paso de Dios con Medellín, con Monseñor Romero, con muchas comunidades populares. Con muchas personas buenas, sencillas en su mayoría. Con una pléyade de mártires. Y también, aunque eso solo se puede sentir “en un difícil acto de fe”, como decía Ellacuría al explicar la salvación que trae el siervo sufriente de Isaías, con el pueblo crucificado.

¿Cómo estamos hoy? Sería cometer un grave error caer en simplismos en cosas tan serias. Sería injusto no ver lo bueno que, de muchas formas, existe en las iglesias. Y sería arrogante no intentar descubrirlo, aunque a veces se esconda tras una corteza que no remite con claridad a Jesús de Nazaret. En cualquier caso, el paso de “Dios” siempre será misterio inescrutable, y sólo de puntillas y con máximo respeto a todos los seres humanos podemos hablar sobre ello. Pero con todas estas cautelas algo se puede decir. Mencionaremos las realidades de los fieles y sus comunidades, pero tenemos en mente sobre todo a las instancias, altas en jerarquía, históricamente muy responsables de lo que ocurre, y a las que no se puede pedir cuenta con eficacia. Con sencillez doy mi visión personal.

De diversas formas abunda el pentecostalismo, como forma de iglesia distante de los problemas reales de vida y muerte de las mayorías, aunque trae ánimo y consuelo a los pobres, lo que no es desdeñar cuando no tienen dónde agarrarse para que su vida tenga sentido -distinta es la situación en clases más acomodadas. Prolifera un gran número de movimientos, docenas de ellos, proliferan los medios de comunicación de las iglesias, emisoras de radio y televisión, sumisos en exceso a ideales y normas que provienen de curias, sin dar sensación de libertad para tomar ellos mismos en sus manos un evangelio que anuncia la buena nueva para los pobres, en forma de justicia, y sin sospechar la necesidad de un estudio, reflexivo, mínimamente científico, dela Palabrade Dios, y en general de la teología que propició el Vaticano II y Medellín. Proliferan devociones de todo tipo, las de antes y las de ahora. Jesús de Nazaret, el que pasó haciendo el bien y murió crucificado, es dejado de lado con facilidad en favor del niño Jesús, sea de Atocha, de Praga, el Dios niño, dicho con gran respeto. Con facilidad se diluye el Jesús recio de Galilea, del Jordán, el profeta de denuncias alrededor del templo de Jerusalén, en favor de devociones, basadas en apariciones con un trasfondo sentimental y melifluo en exceso. Por decirlo con sencillez, la divina providencia puede atraer más que el Padre de Jesús, el Hijo que es Jesús de Nazaret, el Espíritu Santo, que es Señor y dador de vida, y Padre de los pobres como se canta en el himno de Pentecostés.

En su conjunto cuesta hoy encontrar enla Iglesiala libertad de los hijos e hijas de Dios, la libertad ante el poder, que no por ser sagrado deja de ser poder. Se nota excesiva obsecuencia y sumisión hacia todo lo que sea jerarquía, lo que llega a convertirse en miedo paralizante. Desde las instancias de poder eclesial apunta el triunfalismo, y lo que he llamado la pastoral de la apoteosis, multitudinaria, mediática. En muchos seminarios el discurrir y pensar es sustituido por el memorizar. En las reuniones del clero, por lo que sabemos, las preguntas, la discusión y el debate son sustituidas por el silencio. Las cartas pastorales de los años setenta y ochenta -verdadero orgullo de las iglesias, que reverdecen en ocasiones, en Guatemala por ejemplo- son sustituidas por breves mensajes, modosos y comedidos, con argumentos tomados de las últimas encíclicas del papa. El centro institucional no parece estar ya en América Latina, sino en la distante Roma. Todo esto está dicho con respeto.

Cómo será el paso de Dios por América Latina y con quién pasará está por ver, y en definitiva es cosa de Dios. Pero es cosa nuestra anhelarlo, trabajar por ello, y aprender de cómo ocurrió en el pasado alrededor de Medellín.

Bueno es saber y analizar los vaivenes de la membresía y el influjo de las Iglesias en la sociedad. Por lo que dicen los datos, en ambas cosasla Iglesiacatólica va a menos. Pero más presentes hay que tener las raíces de cuya savia ha vivido el paso de Dios. Y regarla humildemente, con aguas vivas.

Qué le ocurrirá a nuestra iglesia, y a todas las iglesias, está por ver. Mi deseo es que, ocurra lo que ocurra en lo exterior, sea por ponerse al servicio del paso de Dios por este mundo, el Dios de Jesús, compasivo, profeta y crucificado. Y el Dios dador de esperanza.

Estas son preguntas que podemos hacerlas siempre. Pero quizás es bueno hacerlas al comienzo de cuaresma. Este tiempo nos exige reciedumbre para caminar a Jerusalén. Y nos ofrece esperanza de encontrarnos allí con Jesús crucificado y resucitado.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Fuente: Eclesialia

LA CRIPTA REANUDA LAS ACTIVIDADES 2012

MUY QUERIDOS INTEGRANTES DE LA COMUNIDAD DE LA CRIPTA EN MARCHA

De acuerdo a lo previsto en Diciembre, reiniciamos nuestras Asambleas eucarísticas, el Domingo 4 de Marzo en Atalaya, (2do. de Cuaresma) a las 20 hs. con la esperanza y el optimismo renovados.

Nos resulta muy importante la presencia de TODOS y cada uno.

Para seguir mirando hacia adelante y conservar nuestra opción por Jesús de Nazaret y la luz de su mensaje y su testimonio de vida.

No es una “cadena” pero traten de “enganchar” a todos los conocidos como
compañeros de camino en esta aventura renovada cada día.