Así fue “lo de La Cripta”. Por Guillermo “Quito” Mariani

Domingo 1ro. de Mayo de 2011. A las 19 comienzan a descender de colectivos y automóviles, que paulatinamente van ocupando los lugares de estacionamiento y los alrededores de la Cripta, las dóciles ovejitas convocadas para una estampida.
Después, llegan los pastores, cada uno con su valijín portador de los sagrados ornamentos de su jerarquía. Y enfilan sin ninguna vacilación hacia las escaleras de acceso a la casa parroquial donde los está esperando el rabadán* mayor.
El encuentro para la toma de posesión del nuevo párroco está fijado para la misa de las 20. A las 19.30, la Cripta, con capacidad para 450 personas sentadas, se muestra atestada de gente que cubre hasta los pasillos. Son los fieles que acompañan al arzobispo Ñáñez y al nuevo párroco. Cuando van llegando pausadamente los integrantes de la comunidad parroquial se encuentran con la Cripta tomada. A duras penas pueden ingresar algunos, alrededor de 50, que deben acompañar a quienes desean expresarse públicamente en disconformidad con la decisión inconsulta del obispo de designar al padre Torres Aliaga como nuevo párroco. Detrás de la solemne marcha procesional de una larga fila de ministros revestidos con alba y estola (unos 20), el arzobispo, el actual párroco y el futuro, avanzan para colocarse en los lugares de cabecera del templo. Comenzada la celebración, un delegado lee el decreto de nombramiento del nuevo párroco. Después del canto pascual del Gloria, el presidente del Concejo Pastoral parroquial recibe el micrófono y saluda al arzobispo indicando brevemente la disconformidad de la comunidad. Religiosas que estaban presentes, en una cantidad aproximada de15 ó 20, inician en voz muy alta el rezo del rosario que todos corean prontamente con voces muy intensas, para acallar a los 6 laicos que, frente al altar siguen expresando sus derechos como laicos. Una intervención del padre Torres (eran sus fieles) logra un momentáneo silencio. Continúan expresándose los laicos y aparecen aislados los gritos provocativos. El más significativo y enérgico afirma “El obispo es el que tiene el Espíritu Santo y hay que obedecerle!” El arzobispo mantiene la cabeza baja y, fuera de los tics constantes de sus labios, mantiene una serenidad pétrea. Toma la palabra el padre Víctor Acha y señala su respeto a los laicos y sus derechos en la iglesia. Y habla también de su propia historia de fidelidad, advirtiendo que eso no excluye la manifestación de sus propios criterios. Añade que no concelebrará esa eucaristía, porque la comunión sería una ficción de la realidad. Y desciende del altar. Comienza entonces un éxodo de los integrantes de la comunidad local, abriéndose paso dificultosamente entre la multitud. Los sacerdotes presentes del grupo Angelelli acompañan al párroco saliente. Al comenzar este abandono del local, tomo el micrófono que está en reposo sobre el altar y, en un instante de silencio digo: “Algo muy simple. Esto es una invasión planificada. Pero, les dejamos la parroquia de Ntra.Sra. del Valle y nos vamos con “la cripta” a otra parte, para subsistir”.
La Misa se desarrolla después de acuerdo a las normas litúrgicas señaladas para la asunción de nuevo párroco, y la predicación del obispo reprueba, en base al texto bíblico, la ruptura de la paz por parte de los que se marcharon y la falta de actitud pluralista que él y los suyos, sí poseen.
Resultado: Un grupo de responsables de distintos aspectos pastorales en la Cripta continuará en sus puestos hasta ser desalojados, tratando de hacer respetar su condición de laicos maduros. El resto, en esta Iglesia que ha sido un tiempo la de Juan XXIII, del Concilio y de Paulo VI, y es ahora de Benedicto XVI, Juan Pablo II y el restauracionismo tridentino; la que ha proclamado ser comunidad fraternal y ahora es la del poder; la que debe ser del diálogo y es ahora del autoritarismo; la que aseguró ser defensora de los pobres y después condenó a todos los que trabajaron en serio por ellos; la que se presentó como servidora de ese mundo al que ahora rechaza y condena; la que defendió los derechos humanos y a la vez, aparece como cómplice privilegiada de las dictaduras represivas;… en esa iglesia seguimos sintiéndonos con derecho a estar, aunque disintiendo de la actual conducción y espíritu antievangélico. Y buscamos un espacio para seguir siendo La Cripta, comunidad que se esfuerza por seguir a Jesús de Nazaret.

* rabadán: jefe de pastores

José Guillermo Mariani (pbro)

Los Okupa de la FE

Y sí, finalmente vinieron por la parroquia. Pero a nosotros sí nos importó.

Por eso les dijimos en la cara lo que pensamos y sentimos, lo que no tienen agallas para escuchar y mucho menos para respetar.

Representantes de la Comunidad de La Cripta hicieron oír su reclamo una vez más y luego se retiraron en masa.

 

Darío, Presidente del Consejo Pastoral.

Obispo Carlos, somos la comunidad de La Cripta expresando lo que pensamos y sentimos.

Oírnos para solo responder que ya tomaste una decisión, y que sos el obispo, no es escuchar, y mucho menos dialogar.

Te pedimos por favor la alternativa que se reserva a los grandes, de revisar y cambiar una decisión, preferiste generar dolor y división, ignorándonos, e ignorando que este lugar es referente para miles de personas que encontraron en nuestro estilo pastoral un modo de construir su fe.

Por eso te decimos hoy que no nos vamos de nuestra Cripta, porque es nuestra, pero no podemos compartir la eucaristía contigo y con Pedro.

 

Raúl, Coordinador Grupo de Desarrollo Comunitario. Integrante del Consejo Pastoral

25 años esta fue nuestra casa, nuestro espacio, donde intentamos con honestidad vivir el Evangelio sin glosas, como pedía Francisco de Asís.

Hoy ustedes vienen a quitarnos la parroquia. Se quedarán con el edificio, pero jamás podrán quedarse con La Cripta porque La Cripta es más que este edificio.

La Cripta es una forma de entender y de vivir el cristianismo como movimiento de libertad.

Ustedes se quedarán con las instalaciones, pero jamás podrán arrebatarnos la frescura, la rebeldía, la novedad y la Buena Noticia que aquí vivimos y compartimos.

La Cripta nunca será de ustedes, aunque habiten el espacio, porque aquí sí vale el diálogo, la diversidad, el respeto por las diferencias y la voz de los laicos.

Más de 500 personas lo gritaron y lo cantaron en ese abrazo conmovedor y hoy se los volvemos a decir: La identidad de La Cripta no se negocia!!.

 

Para entender quién fue Juan Pablo II. Un pontificado con contradicciones fatales. Por Hans Küng

El 17 de octubre de 1979 publiqué un balance del primer año en el cargo del papa Juan Pablo II. Fue este artículo, que apareció en varias publicaciones del mundo, lo que dos meses después dio lugar a que se me retirara la autorización eclesiástica para enseñar como teólogo católico.

Veinticinco años de pontificado han confirmado mi crítica. Para mí, este Papa no es el más grande, pero sí el más contradictorio del siglo XX. Un Papa con muchas y muy grandes dotes y con muchas decisiones equivocadas. Reduciéndolo a un único denominador: su política exterior exige a todo el mundo conversión, reforma, diálogo. En crasa contradicción con ella está su política interior, que apunta a la restauración del status quo ante Concilium y a la negación del diálogo intraeclesiástico. Este carácter contradictorio se manifiesta en diez complejos ámbitos de problemas:

1. El mismo hombre que defiende de puertas afuera los derechos humanos los niega de puertas adentro a obispos, teólogos y mujeres, sobre todo: el Vaticano no puede suscribir la Declaración de Derechos Humanos del Consejo de Europa; sería necesario cambiar antes demasiados preceptos del derecho canónico medieval-absolutista. La separación de poderes es desconocida en la Iglesia católica. En caso de disputa, la misma autoridad actúa como legisladora, fiscal y juez.
Consecuencias: un episcopado servil y una situación jurídica insostenible. Quien litigue con una instancia eclesiástica superior no tiene prácticamente ninguna oportunidad de que se le haga justicia.

2. Un gran admirador de María que predica excelsos ideales femeninos, pero que reba-ja a las mujeres y les niega la ordenación sacerdotal: siendo atractivo para muchas mujeres católicas tradicionales, este Papa repele a las mujeres modernas, a las que quiere excluir “infaliblemente” de las órdenes mayores para toda la eternidad y a las que en el caso de la anticoncepción incluye en la “cultura de la muerte”.
Consecuencias: escisión entre el conformismo exterior y la autonomía interna de la conciencia, que en casos como en el del conflicto de los consejeros de mujeres embarazadas también aleja a las mujeres de los obispos afines a Roma, lo que provoca el creciente éxodo de quienes aún seguían fieles a la Iglesia.

3. Un predicador en contra de la pobreza masiva y la miseria del mundo que, sin embargo, con su posición sobre la regulación de la natalidad y la explosión demográfica, es corresponsable de esa miseria: el Papa, que tanto en sus numerosos viajes como en la conferencia sobre población de la ONU en El Cairo tomó postura en contra de la píldora y del preservativo, podría tener mayor responsabilidad que cualquier estadista en el crecimiento demográfico descontrolado de numerosos países y la extensión del sida en África.
Consecuencias: incluso en países tradicionalmente católicos como Irlanda, España y Polonia, existe un creciente rechazo a la moral sexual y al rigorismo católico romano en el tema del aborto.

4. Un propagandista de la imagen del sacerdocio masculino y célibe que es corresponsable de la catastrófica escasez de curas, el colapso del sacerdocio en muchos países y el escándalo de la pedofilia en el clero, que ya es imposible encubrir: el que a los sacerdotes les siga estando prohibido el matrimonio no es más que un ejemplo de cómo este Papa también posterga la doctrina de la Biblia y la gran tradición católica del pri-mer milenio (que desconocen las leyes del celibato eclesiástico) en favor del derecho canónico del siglo XI.
Consecuencias: los sacerdotes son cada vez más escasos, su reemplazo inexistente, pronto casi la mitad de las parroquias carecerán de párrocos ordenados y celebrantes regulares de la eucaristía, hechos que no pueden ocultar la creciente importación de sacerdotes de Polonia, India y África ni la inevitable fusión de parroquias en “unidades eclesiales”.

5. El impulsor de un número inflacionista de beatificaciones lucrativas que al mismo tiempo, con poder dictatorial, insta a su Inquisición a actuar contra teólogos, sacerdotes, religiosos y obispos desafectos: son perseguidos inquisitorialmente sobre todo aquellos creyentes que destacan por su pensamiento crítico y su enérgica voluntad reformista. Del mismo modo que Pío XII persiguió a los teólogos más importantes de su época (Chenu, Congar, De Lubac, Rahner, Teilhard de Chardin), Juan Pablo II (y su Gran Inquisidor Ratzinger) ha perseguido a Schillebeeckx, Balasuriiya, Boff, Bulányi, Curran, así como al obispo Gaillot (de Evreux) y al arzobispo Huntington (de Seattle).
Consecuencias: una Iglesia de vigilantes en la que se extienden los denunciantes, el temor y la falta de libertad. Los obispos se perciben a sí mismos como gobernadores romanos y no como servidores del pueblo cristiano, y los teólogos escriben en conformidad o callan.

6. Un panegirista del ecumenismo que, sin embargo, hipoteca las relaciones con las iglesias ortodoxas y reformistas e impide el reconocimiento de sus sacerdotes y la comunidad eucarística de evangélicos y católicos: el Papa podría, tal como ha sido recomendado repetidas veces por las comisiones ecuménicas de estudio y practican mu-chos párrocos, reconocer a los eclesiásticos y las celebraciones de la comunión de las iglesias no católicas y permitir la hospitalidad eucarística. También podría atemperar la exagerada ambición medieval de poder frente a las iglesias orientales y reformadas. Pero quiere mantener el sistema de poder romano.
Consecuencias: el entendimiento ecuménico quedó bloqueado tras el Concilio Vaticano II. Ya en los siglos XI y XVI el papado demostró ser el mayor obstáculo para la unidad de las iglesias cristianas en libertad y pluralidad.

7. Un participante en el Concilio Vaticano II que desprecia la colegialidad del Papa con los obispos, decidida en ese concilio, y que vuelve a celebrar en cada ocasión que se presenta el absolutismo triunfalista del papado: en sustitución de las palabras progra-máticas conciliares (aggiornamiento, diálogo, colegialidad, apertura ecuménica), se vuelve ahora, en las palabras y en los hechos, a la “restauración”, “doctrina”, “obediencia”, “rerromanización”.
Consecuencias: No deben llamar a engaño las masas de las manifestaciones papales: son millones los que bajo este pontificado han “huido de la Iglesia” o se han retirado al exilio interior. La animosidad de gran parte de la opinión pública y de los medios de comunicación frente a la arrogancia jerárquica se ha intensi-ficado de forma amenazadora.

8. Un representante del diálogo con las religiones del mundo, a las que simultáneamen-te descalifica como formas deficitarias de fe: al Papa le gusta reunir en torno a sí a dignatarios de otras religiones. Pero no se percibe mucha atención teológica a sus demandas. Antes bien, incluso bajo el signo del diálogo sigue concibiéndose como un “misionario” de viejo corte.
Consecuencias: la desconfianza hacia el imperialismo ro-mano está ahora tan difundida como antes. Y esto no sólo entre las iglesias cristianas, sino también en el judaísmo y el islam, por no hablar de India y China.

9. Un poderoso abogado de la moral privada y pública y comprometido paladín de la paz que, al mismo tiempo, por su rigorismo ajeno a la realidad, pierde credibilidad como autoridad moral: las posiciones rigoristas en materias de fe y de moral han socavado la eficacia de los justificados esfuerzos morales del Papa.
Consecuencias: aunque para algunos católicos o secularistas tradicionalistas sea un superstar, este Papa ha propiciado la pérdida de autoridad de su pontificado por culpa de su autoritarismo. A pesar de que en sus viajes, escenificados con eficacia mediática, se presenta como un comunicador carismático (aunque al mismo tiempo es incapaz de diálogo y obsesivamen-te normativo de puertas adentro), carece de la credibilidad de un Juan XXIII

10. El Papa, que en el año 2000 se decidió con dificultad a reconocer públicamente sus culpas, apenas ha extraído las consecuencias prácticas: sólo pidió perdón para las fal-tas de los “hijos e hijas de la Iglesia”, no para las del “Santo Padre” y las de la “propia Iglesia”.
Consecuencias: la reticente confesión no tuvo consecuencias: nada de enmienda, tan sólo palabras, nada de hechos. En vez de orientarse por la brújula del evangelio, que ante los errores actuales apunta en dirección de la libertad, la compasión y el amor a los hombres, Roma sigue rigiéndose por el derecho medieval, que, en lugar de un mensaje de alegría, ofrece un anacrónico mensaje de amenaza con decretos, catecismos y sanciones.

No puede pasarse por alto el papel del Papa polaco en el colapso del imperio soviético. Pero éste no se derrumbó a causa del Papa, sino de las contradicciones socioeconómicas del propio sistema soviético. La profunda tragedia personal de este Papa es ésta: su modelo de Iglesia polaco-católica (medieval-contrarreformista-antimoderna) no pudo trasladarse al “resto” del mundo católico. Más bien fue la propia Polonia la que resultó arrollada por la evolución moderna.

Para la Iglesia católica, este pontificado, a pesar de sus aspectos positivos, se revela a fin de cuentas como un desastre. Un Papa declinante que no abdica de su poder, aunque podría hacerlo, es para muchos el símbolo de una Iglesia que tras su rutilante fa-chada está anquilosada y decrépita. Si el próximo Papa quisiera seguir la política de este pontificado, no haría sino potenciar aún más la monstruosa acumulación de problemas y haría casi insuperable la crisis estructural de la Iglesia católica. No, un nuevo papa tiene que decidirse a cambiar el rumbo e infundir a la Iglesia valor para la renova-ción, siguiendo el espíritu de Juan XXIII y, en consecuencia, los impulsos reformistas del Concilio Vaticano II.

 

Hans Küng es teólogo. © Hans Küng, 2003. Traducción de Jesús Alborés.

Hans Küng fue uno de los teólogos consultores más importantes del concilio Vaticano II

Fuente Servicios Koinonia

 

¿Quién necesita a Juan Pablo II santo?. Un intento más de disciplinamiento. Por Nicolas Alessio

“…la fuerza y la tenacidad con que defendió y proclamó el vínculo indisoluble de la Iglesia con Cristo y la integridad de la doctrina católica” [1]

 

Aquí esta el problema. Juan Pablo II no distingue entre Iglesia y Cristo. Eso quiere decir “vínculo indisoluble”. Y este “vínculo” lo defendió con “fuerza” y “tenacidad”. Por eso no extraña que, junto a esta identificación, se incluya “la integridad de la doctrina católica”. Nada que discutir, nada que reflexionar, nada que observar, nada que opinar, nada que criticar, nada que refutar, nada que pensar… solo acatar, custodiar y defender la doctrina católica. Por eso las advertencias, las persecuciones, las prohibiciones, las censuras y las condenas a todos y todas aquellos que se animen tan solo a “pensar distinto” de esta “integridad de la doctrina”. Esta posición supone una manera de entender a la Iglesia, un modelo de Iglesia.

La “canonización” de Juan Pablo II solo apunta a fortalecer ese modelo eclesial, es un intento fuerte para continuar disciplinando y ordenando hacia adentro. Se trata de fortalecer el modelo romano, centralizado, dogmático, cerrado. Y, como por doquier aparecen fisuras en este modelo, porque “el Espíritu sopla donde y como quiere” y no está secuestrado por el vaticano, se necesita un signo fuerte, una figura que de por si legitime esta concepción eclesial.

Juan Pablo II no es precisamente un “santo” del Vaticano II. Mucho menos un “santo” de los empobrecidos. En Latinoamérica lo sabemos demasiado bien. Juan Pablo II, en sintonía con, en aquel entonces cardenal Joseph Ratzinger, se empeñaron en desmerecer, advertir, corregir, censurar y estigmatizar a la “teología de la liberación”. Movimiento que, luego del Concilio Vaticano II, fue el “segundo gran acontecimiento histórico del siglo XX, abrió el diálogo con el mundo de lo social y lo político, en el encuentro con los pobres y en la praxis histórica de transformación social. Esta teología desató también una explosión de vitalidad y de mística, cuya manifestación mayor fue la multitud de comunidades de base esparcidas por la geografía universal y una pléyade de mártires literalmente jesuánicos, según el modelo de Jesús”[2]. Juan Pablo II será un santo del orden y la disciplina restauradora.

Benedicto XVI quiere darse el gusto presentar a todo el mundo y a todos los pueblos del mundo una manera de vivir, de pensar y de sentir que debe ser imitado. En definitiva eso es un “santo oficial” y eso pretende ser Juan Pablo II canonizado. Y este “modelo” no está ajeno a los avatares históricos. El “modelo” tiene connotaciones no solo “espirituales”, si no también ideológicas, políticas, sociales. Juan Pablo II “santo” es una manea de bendecir, de consagrar una concepción “imperial”, una concepción clausurada, de la Iglesia y también de la sociedad. Así decía María Vigil: “El máximo error de la Iglesia católica en ese mismo siglo ha sido el miedo a la dinámica de vida y de recuperación histórica que el Vaticano II y la Teología de la liberación despertaron, miedo que cristalizó en la elección de Juan Pablo II y su programa de freno y de retroceso. Como suele decir González Faus, su pontificado ha sido en muchos aspectos el pontificado del miedo, una actitud que aún mantiene cautivo al catolicismo, sin permitirle entrar verdaderamente en el «nuevo milenio»[3].

Aquí, el miedo, es un soporte de la identidad monolítica romana y de toda ideología conservadora, restauradora, dominante. Ese miedo es aún mayor bajo el pontificado de Benedicto XVI. Y no es el miedo que surge de manera prudente frente a una amenaza. Es el miedo de la soberbia de los que detentan el poder imperial. Este poder religioso es funcional al poder soberbio de los EEUU, por eso nadie se sorprendió cuando Jorge Bush y Benedicto XVI, al culminar su visita, dieran un comunicado en conjunto señalando que: “…hablaron de diversos temas de interés común para la Santa Sede y los Estados Unidos de América, entre ellos cuestiones morales y religiosas en las que ambas partes están comprometidas”[4]. Ambas partes comprometidas. Por eso tampoco nos sorprendimos ante las tibias declaraciones cuando comenzó la invasión a Libia, solo luego de un par de semanas, Benedicto pidió el cese de la agresión militar.

Sin embargo esta batalla por la hegemonía espiritual está a perdida. Para las sociedades actuales un santo mas un santo menos en el calendario es absolutamente insignificante. Para las grandes mayorías empobrecidas también. Solo resabios de la pompa vaticana. Tendrá sus ecos en las iglesias locales durante un tiempo corto, fortalecido por una puesta en escena mediática y no mucho más. Esta canonización será un esfuerzo inútil por parte del poder vaticano. Estamos en un tiempo donde ya hemos comenzado a creer de otra manera. A creer desligados de las tutelas institucionales y mucho más desligados cuando esas tutelas se expresan de manera autoritaria, autócrata. Vivimos una nueva espiritualidad. “Tras siglos viviendo la experiencia de un cristianismo como «la única religión verdadera”, hoy en día, la biodiversidad -también la religiosa- es percibida como un valor sagrado que no permite tales exclusivismos. Esta nueva conciencia está afectando ya a nuestra forma de vivir y de comprender nuestra espiritualidad y nuestro cristianismo”[5].

Cientos de miles de seguidores de Jesús y otros tantos de diversas religiones y credos, seguirán buscando y viviendo esa nueva espiritualidad. Una espiritualidad que expresa, celebra y se compromete con la libertad, la pluralidad, la diversidad y un hondo y profundo humanismo al servicio de los olvidados de la historia.

 

Nicolas Alessio, teólogo, en las vísperas del día del trabajador.

 

 

[1] Sesión de Apertura de la Investigación Diocesana sobre la vida, las virtudes y la reputación de santidad del Siervo de Dios Juan Pablo II (Karol Wojty?a) Sumo Pontífice, reflexiones conclusivas del Cardenal Vicario Camillo Ruini Roma, Basílica de San Juan de Letrán, 28 junio 2005

[2] A los 40 años del Vaticano II, Adiós al Vaticano II “No puesta al día, sino mutación” José María Vigil

[3] Idem

[4] Washington (Estados Unidos), 17 Abr. 08 AICA

[5] Cfr. RESUMEN DE LA PONENCIA ‘OTRA ESPIRITUALIDAD ES POSIBLE en Foro Social Mundial Nairobi, 15 Enero 2007

 

Desafío al arzobispo Carlos Ñáñez. Por Mariano Saravia – Revista 23

Primero fue el conflicto con el cura Guillermo “Quito” Mariani, a quien el arzobispo Carlos Ñáñez retó en público por la edición de su libro Sin tapujos, en el que cuenta sus experiencias más mundanas como hombre y sacerdote. Luego el escándalo fue mayor cuando a fines del año pasado Ñáñez echó de la Iglesia al cura Nicolás Alessio, por haber apoyado públicamente la ley de matrimonio igualitario. Ahora, ya no son curas aislados los que se enfrentan a la jerarquía eclesiástica cordobesa, sino la propia feligresía. El domingo 10 de abril la comunidad de la parroquia Nuestra Señora del Valle, más conocida como La Cripta, en el Cerro de Las Rosas, organizó un abrazo solidario y simbólico, con un festival de música y teatro, para protestar contra la decisión del arzobispo de cambiar el párroco.

La Identidad de La Cripta NO se negocia

La Cripta tiene una línea pastoral de 40 años ligada con el Concilio Vaticano II e, incluso se podría decir, a la Teología de la Liberación. Suena paradójico, pero en uno de los barrios más aristocráticos de Córdoba, la parroquia encarna lo más progresista de la Iglesia Católica. Esta línea pastoral estuvo históricamente encarnada por el “Quito” Mariani y en los últimos años por el cura Víctor Acha, un sacerdote valiente que fue perseguido en la última dictadura militar. Y también por las hermanas de San Casimiro.

Además, en la Cripta se juntan periódicamente el grupo de base Obispo Enrique Angelleli y un grupo de más de 60 ex curas casados.

Pero este año, inconsultamente como suelen tomarse todas las decisiones en la Iglesia, el arzobispo Ñáñez designó al padre Pedro Torres para que reemplace como párroco a Víctor Acha, que ya tiene edad de jubilarse. El año pasado, Víctor Acha y Ñáñez habían acordado que el párroco se iría en julio de este año pero que acordarían su reemplazo para no romper la línea pastoral. Sin embargo, el arzobispo no cumplió con su palabra y en diciembre pasado mandó un mail informando que en marzo asumiría el nuevo párroco. El elegido a dedo era Pedro Torres, definido por los fieles como “un soldado fiel del sistema”.

“Todos pensamos que se trata de una elegante intervención a la historia de la Cripta, entre otras cosas para sacar al grupo de curas casados y al grupo Angelleli”, confió a Veintitrés uno de los miembros del grupo de curas casados, Adrián Vitali.

Los laicos fueron a hablar con Ñañez, pero siempre fue intransigente con su decisión. Luego fueron a ver a Pedro Torres para pedirle que no asumiera pero respondió que su nombramiento lo hacia el obispo y el por obediencia tenia que cumplir.

Agotado el diálogo, decidieron hacer público el conflicto y organizar un abrazo a la Cripta el domingo 10, bajo el lema: “Porque somos Iglesia, porque queremos ser escuchados, y porque queremos seguir viviendo y creciendo como laicos comprometidos en una Iglesia pluralista”.

Duró toda la tarde del domingo y ante un nutrido grupo de gente actuaron artistas de la talla de Silvia Lallana, Lula Fernández, Gustavo Chazarreta, Inti Huayra, Gustavo Patiño, Negro Vilchez, Norma Piccone y otros.

Pero no todo fue fiesta, también se consensuó y se dio a conocer un documento de la Asamblea parroquial en el que se expresa: “Decidimos rechazar la imposición del obispo porque nos ha costado un largo proceso personal y comunitario acrisolar un sentido de la vida y un sentido de nuestra fe; porque eso ni lo renunciamos, ni lo negociamos, ni lo cambiamos, porque sería renunciar a lo que somos, pensamos y sentimos; porque no queremos renunciar  a nuestro espacio en la Iglesia de la que somos parte, en la que hemos crecido o descubierto este modo de vivir la fe; no queremos entregar este espacio porque nos pertenece y no queremos dejárselo a quienes intentan otra cosa”.

Una de las laicas de la comunidad, Laura Garzón, remarcó la intención de resistir: “Ante el desconcierto y perplejidad que nos causan estas actitudes rígidas, de imposiciones y sanciones, vamos a resistir, a no dejarnos desanimar o perder la esperanza.
Nos comprometemos a continuar trabajando, en un auténtico seguimiento de Jesús de Nazareth, en su proyecto, y en el desafío de llevar su Buena Noticia, con coraje y alegría, a las minorías de nuestra sociedad.
Seguiremos luchando, por una Iglesia pluralista y participativa; convencidos que el Espíritu Santo …no tiene sede exclusiva, ni preferida, en el Vaticano, o en Av. Hipólito Irigoyen (sede del Arzobispado de Córdoba). Ningún obispo, ningún sacerdote, ningún Papa, están por encima de nuestra libertad de conciencia, de expresión o de pensar.
Por último, queremos reafirmar, que  reconocemos en el término Iglesia a la asamblea de todos los bautizados, que se gobierna a si misma”. Un claro desafío a la jerarquía siempre verticalista de la Iglesia Católica.

De hecho, esto es lo nuevo que está saltando a la luz en Córdoba, un conflicto inédito, el de los feligreses poniendo en cuestión la jerarquía de la Iglesia, el de una nueva Iglesia que plantea la necesidad de una cierta democracia asamblearia, mucho más cercana a las comunidades de los apóstoles y los primeros cristianos que a la historia dos veces milenaria de la institución que prosiguió.

En las misas de la Cripta, se seguirá leyendo un texto aclaratorio en el que se intenta responder a la pregunta “¿Qué está en juego con la llegada de un sacerdote que no comparte los lineamientos teológicos y pastorales que han orientado desde hace décadas el ser y hacer de La Cripta?”. Según la comunidad, “Está en juego que la Cripta continúe siendo una comunidad que funda su pensamiento y su acción en los postulados del Concilio Vaticano II y en la Teología más avanzada desarrollada a partir de entonces; está en juego esta parroquia donde se puede integrar todo el que busque sinceramente crecer como buena persona y como creyente fiel al Evangelio de Jesús; está en juego este espacio donde no hay exclusiones; donde no hay exigencias pastorales que alejan a quienes no se ajustan a modelos convencionales; donde no se imponen condiciones ni trabas para que las personas accedan a los sacramentos o se integren en tareas comunitarias; está en juego poder participar de una liturgia sin acartonamientos, ni apego a las rúbricas, de carácter festivo y donde se tiene como eje vertebral el anuncio del mensaje, partiendo no de los dogmas sino de las realidades humanas que vivimos todos los días las personas; está en juego el legítimo derecho que tiene esta y cualquier otra comunidad a opinar respecto al sacerdote que se hará cargo de conducir la animación de la comunidad; está en juego todo aquello por lo que todos ustedes participan de esta comunidad y no de otra”.

Córdoba es contradictoria, es la Córdoba de las campanas, pacata, aristocrática, lomo negro, clerical, con una iglesia en cada cuadra pero todas parecidas en cuanto al discurso y a la práctica. Pero también es la Córdoba obrera y estudiantil, la de la Reforma Universitaria de 1918, la del Cordobazo y el Vivorazo, la rebelde y combativa. Y la Iglesia de Córdoba no puede ser ajena a esas características de Córdoba. Por eso, dentro de la Iglesia de Córdoba está el Opus Dei con sus colegios y residencias en Villa Allende y en Nueva Córdoba, incluso están los lefebristas recientemente indultados por el papa Benedicto XVI que van a las exposiciones de arte a romper cuadros, pero también están los sacerdotes combativos, como el Quito Mariani, Víctor Acha, Ponce de León, Nicolás Alessio y tantos más. Pero también están las comunidades eclesiales de base y los grupos de laicos como el de la Cripta.

Ahora, este conflicto es algo nuevo, está planteando democratizar la Iglesia Católica, algo que pareciera imposible hoy por hoy. Pero Córdoba puede seguir sorprendiéndonos.

 

Fuente: Blog de Mariano Saravia

 

“Otra” semana santa. Por Guillermo “Quito” Mariani

Otra, casi totalmente otra, era la que nosotros los mayores vivimos hasta la década del 60. Clima de austeridad, renuncias, ayunos, largas oraciones y predicaciones de grandes y convincentes oradores durante toda la Cuaresma. Imágenes tapadas con telas moradas, silencio de canciones música, tristeza y hasta angustia culpable alrededor de un Cristo desangrado, cuyos sufrimientos indecibles habíamos provocado nosotros con nuestros pecados, Mel Gibson lo expresó crudamente en su película que,  con entrada gratis, algunos colegios religiosos aprovecharon para que sus alumnos, en vista de que eran sus pecados los que producían tan conmovedores sufrimientos, se sometieran en adelante a todas las reglas y prescripciones.

Pío XII inició  tímidas reformas litúrgicas. Menos tiempo de ayuno eucarístico, celebración de la pascua el sábado por la noche, alivio de hábitos religiosos tremendamente sofisticados, apertura de las clausuras conventuales para que lxs religiosxs pudieran salir a votar por la D.C.

Juan XXIII, elegido como de transición, por las limitaciones de su edad que hacían prever un breve pontificado, con sencillez realista y campesina cayó en  la cuenta de que la iglesia estaba atrasada y vieja. Y emprendió decididamente el objetivo de actualización y rejuvenecimiento. De repente, como inspirado por el Espíritu Santo (en  realidad para que la Curia romana no tuviera oportunidad de oponerse) habló, decidió y convocó un Concilio. Los documentos producidos por los obispos del mundo, a pesar de esfuerzos por respetar las tradiciones, fueron un  fogonazo de esperanzas y de cambio. El pueblo de Dios, y muchos alejados y marginados comenzaron decididamente un camino de libertad, de pensamiento propio, de creatividad, de respeto por otras confesiones. Se establecieron reformas de los Sacramentos, del idioma de las celebraciones, de la música y cantos litúrgicos, poniendo freno a la proliferación de imágenes en los templos. Pero sobre todo restableciendo el concepto de iglesia-comunidad, opuesto al de monarquía. Con una visión realista de un mundo dividido por injusticias y olvidado de los pobres, y, a la vez, con valiosos aportes sociales y científicos. De ese mundo, la iglesia se proclamó servidora y no señora.

Muchos sin embargo se “sentaron en la retranca” como dice la gente de campo. Empacados en sus seguridades y defendiendo sus privilegios y autoritarismo. Así quedaron a mitad de camino las reformas conciliares. Y hoy, con pequeñas variantes de modernización, la semana santa es la misma de antes. Confesiones, penitencias, ayunos, tristeza, identificación con el sufrimiento de Cristo, hasta la culminación de la Pascua en que, sin saber mucho en qué consiste, se celebra alegremente la “resurrección”.

Pero insensible y paralelamente, hay otra celebración de la semana santa. La del descanso, el turismo, la reunión familiar, la alegría compartida que “igualiza” y siempre enciende esperanzas. Hay quienes piensan que eso no tiene nada que ver con el Cristo viviente y su presencia multiforme entre nosotros. Y es cierto que hay excesos. Egoísmos, despilfarro, comercio abusivo. (también a veces los hay en la Iglesia). Pero recuperar la alegría de la vida, no frenarnos en el goce de la naturaleza y nosotros mismos, dejarse llenar por las cosas lindas que nos rodean, compartir en ausencia de las tensiones cotidianas, aprovechar para el gozo del campo y la montaña…es otra pascua…otro paso liberador…otra puerta hacia la vida…otra santidad…otra búsqueda de Dios a través del hombre y no de los ritos. Si hacemos estadística de las celebraciones en los templos, (esquematizadas en largas lecturas aburridas, aunque con algunos signos valiosos, ocultando siempre una especie de miedo e imposición), con su convocatoria, y la comparamos con esta otra, creo que no caben dudas de que ésta ha vencido a aquella. Y no por “facilismo” sino por “autenticidad” de buena noticia. Evangélica. Cristiana.

 

Silencios sugestivos. Por Guillermo “Quito” Mariani

No se podía ignorar la noticia del asalto y robo a los SRT, coincidiendo con el proyecto de una radio con 24 horas de noticias que rivalizaría con medios muy poderosos. De modo que todos la publicaron (algunos con mezquinos espacios) y casi todos hasta enviaron su reprobación del atentado.

Fuera del meritorio trabajo de los empleados del canal que rearmaron lo disponible para no cortar los noticiosos, y de la firmeza y moderación con que la rectora Carolina Scotto respondió públicamente a la agresión, afirmando a la vez que la seguridad de una investigación profunda, la decisión de continuar con los proyectos anunciados, no se produjeron hechos significativos en repudio del  delito.

Clarín abarcó  el mundo con el escándalo de un tremendo atentado contra la libertad de expresión cuando sus empleados  bloquearon uno de sus portones para que no saliera a la venta el diario de ese día. La impresionante cantidad de ejemplares armaditos y atados en una especie de quietud impresionante, varados en el depósito, por decisión de los que organizaron y realizaron la protesta gremial, hizo impacto a nivel mundial.  Se apresuraron a condenar la acción  del bloqueo de uno de los portones,  las prestigiosas organizaciones como ADEPA que defienden, con muchas ambigüedades,  la libertad de prensa, o mejor, para ser claros, la libertad de empresa. Por su parte el gobierno de la ciudad capital lanzó un decreto penal para evitar en el futuro toda posible acción reivindicatoria contra los medios de prensa. No importa lo que las Empresas hagan en contra de la ley o su arbitrariedad en admisiones, despidos y venganzas contra delegados obreros. Ellas tienen derecho a salir con los “botines de punta” para desfigurar los hechos y defender sus intereses de   prestigio y rendimientos económicos. Pueden, en suma, usar la libertad de expresión para cercenar la libertad de expresión de los que no disponen de otros medios que la resistencia pasiva para lograr ser atendidos en sus reclamos justos.

En el interior, La Voz se plegó en Córdoba a la táctica porteña y aprovechó otro incidente gremial, el de los canillitas (no hay seguridad de que no haya sido incentivado por la misma Empresa para darse publicidad victimista, ya que ni para los protagonistas estaban claros los motivos del bloqueo y cesado éste, la Empresa misma se negó a la distribución de los diarios) Grandes títulos anunciaron en las publicaciones posteriores, el recurso a la Comisión de la OEA, confiriendo así jerarquía internacional al breve bloqueo producido ese Domingo.

Lo de los SRT, en cambio, no fue tomado demasiado en cuenta por los grandes medios. No se pronunciaron las organizaciones oficiales de la libertad de prensa. No se publicaron repudios importantes de la prensa internacional. No se habló compasivamente, como en el caso de Clarín y La Voz, de los pobres lectores que buscaron ese día los diarios en los quioscos y se tuvieron que volver a sus casas con los pesitos ahorrados en los bolsillos y la curiosidad vacía de noticias.  No se pensó en la expectativa de los que encendieron los televisores conectados a la red de aire,  que se quedaron esperando la reparación de la pantalla  blanqueada y silenciosa del Canal universitario.

En los bloqueos de Clarín, La Nación y La Voz el interés se puso en la postura política opositora de mostrar un autoritarismo en avance hacia la represión y la dictadura (Norma Morandini). Pero como los SRT saqueados son una especie de atentado contra el gobierno, un relativo y disimulado silencio, festejó por debajo, las limitaciones de la libertad de expresión significada y producida por el hecho.      José Guillermo Mariani

 

Los extremos… se tocan? Por Miguel Berrotarán

Existen frases que revelan posturas, son como análisis o lecturas condensadas de lo que acontece. Abarcarlas, cuestionarlas, llegar a la raíz de su visión de la realidad, es parte de lo que intentaremos aquí. Estas son frases que entran y hacen mella en los que las escuchan, más si son pronunciadas en el ámbito de lo eclesial, ya que allí, en más de una ocasión,  se da una especie de recepción acrítica  más atenta a la autoridad “del que las dice” que a la veracidad “de lo que dicen”.

Vamos abordar una frase (y solo una), con sus planteos derivados, que surgió en nuestra comunidad católica  para echar luz a los conflictos intra-eclesiales que estábamos  y aun estamos viviendo en Córdoba (signo y reflejo del conflicto global de la Iglesia toda). La frase dice: “los extremos se tocan”, y de algún modo, “nosotros estamos intentando no perder el equilibrio, no bandearnos ni para un lado ni para el otro”. Esta es una lectura comprimida de la realidad, como decíamos,  vamos a ver si es correcta, es decir, si contiene argumentos de peso que la sustenten.

Dichos extremos son, en este caso, ideológicos, y podemos encontrarlos en  frecuentes expresiones  como: progresistas y conservadores, aperturistas e integristas, derecha e izquierda, teologías desde arriba o desde abajo, y muchos otros. Lo que se está diciendo, en primera instancia, es que  estas visiones, en más de una ocasión, pueden tornarse extremas, es decir, pecar de cierto fundamentalismo. La tentación de la intolerancia y la falta diálogo está siempre a nuestro acecho. Cabe entonces pensar que en cierto sentido estos extremos pueden tocarse, es decir, perecerse en lo intransigente de sus modos. Ahora bien, llegar solo hasta aquí sería simplista e injusto. Nos falta mucho por “des-hacer” en esta frase demasiado “hecha”.

Continuando con nuestro análisis debemos afirmar que las visiones  son extremas, no solo por su ocasional posibilidad de intransigencia (cuestión de forma), sino porque son sustancialmente diversas (cuestión de fondo), y lo son porque parten de principios diversos, y porque parten de principios diversos, en lo esencial “no se tocan”. Podrán converger en algunos aspectos accidentales, mas no en lo esencial. Entonces aquí, y desde esta perspectiva, debemos poner en cuestión  la afirmación de nuestra frase y decir que “los extremos no se tocan”, y que no intentemos que lo hagan porque sería abordar una misión imposible. Podrán estar juntos, reunirse a tomar un café y dialogar horas, pero no se tocarán.

Veamos entonces como varía el análisis de la significación de una frase. De la expresión “los extremos se tocan”  hasta ahora podemos decir que en algún sentido puede llegar a ser cierta en cuanto a las formas y la posibilidad de sus vicios “morales”, pero se torna incorrecta si miramos a los principios ideológicos que la sustentan.

Avanzando un poco más en el análisis, debemos decir que hay visiones que pueden llegar a complementarse porque sus fundamentos son compatibles, pero otras veces no, sencillamente, porque no lo son. Algo de eso sucede con las izquierdas y las derechas (tanto en la política cívica como eclesial), parten de presupuestos tan diversos que son incompatibles, hay diferencias esenciales e irreconciliables. En este sentido son extremos que no se tocan precisamente por tratarse de extremos “opuestos” o “antagónicos”. Aquí no cabe el discurso simplón de “aceptar las diferencias” y aprender a asumir lo diverso. Esta postura implica negar  o desconocer la complejidad de lo que está en juego. Respetar lo diverso no significa aceptarlo, porque en la aceptación se estarían negociando los principios. Lo de la unidad en la diversidad, habría que decir que es absolutamente cierto y necesario, en tanto las diversidades sean compatibles, en caso contrario, hay que optar por alguna de las diversas  posibilidades ante la imposibilidad de optar por todas como si todas dieran lo mismo. Para poner un ejemplo, más que burdo, pero bastante claro: podemos  hacer dialogar para llegar a puntos convergentes a Evo Morales, Tosco, Guevara y Marx, pero no cabe esa posibilidad cuando intentamos hacer converger alguna de estas personas con Videla, Macri, o Menem. En el plano eclesial sería intentar conciliar a Romero, De Nevares, Cámara, Casaldáliga, Castillo, Boff, etc. con Balaguer, Aguer, Lopez Trujillo u otros. Pedirles que juntos lleguen a un acuerdo esencial es, simplemente, pedirles un imposible.

Es válido que existan estas diferencias, lo cual nos obliga a tratarlas de analizar en sus postulados para ver y elegir desde donde partimos. Lo que no es válido es pedirles que se toquen, que construyan juntas en pos de la comunión y de la unidad,  ese pedido parte  simplemente de una negación de las diferencias y de la seriedad de sus convicciones. Es, en pos de una caricatura de la comunión y la unidad, no tomar en serio la complejidad de las diferencias que existen en la diversidad y ahorrarse así, la siempre conflictiva tarea de optar. Aquí entramos en la gran tentación de las posturas intermedias (algo de esto nos pasa a nosotros aquí en la Iglesia de Córdoba).

Estas posiciones intentan ser un “centro” de “equilibrio”, “el justo medio del varón prudente” diría Aristóteles, el espacio del “sano juicio” ante el “desquicio” de los extremos. El sagrado lugar de la asepsia y  la neutralidad ¿Será así? Solo en un plano absolutamente teórico, no en la dimensión de lo real e histórico.

Estos cuestionamientos, estos planteos, no son exclusivos ni privativos de lo eclesial, son análisis que se hacen en la filosofía,  en la sociología, los realizan los politólogos, historiadores, porque son fundamentales para entender los procesos históricos y sus avatares.

Volviendo a las posturas moderadas, a los centros del equilibrio, debemos decir que esta moderación insípida, aunque la sintamos transida por la tibieza de lo indefinido, de hecho son posturas definidas, y lo son generalmente a favor de los extremos más reaccionarios. En más de una ocasión, los centros han jugado a favor de la derecha, han sido funcionales a ella, son, por decirlo con mayor plasticidad, la derecha edulcorada. Esta pareciera ser la postura hoy,  de nuestra Iglesia de Córdoba.

Aquí entramos en lo neurálgico del debate. Frente a una Iglesia claramente restauracionista (pensar en los últimos nombramientos de Obispos, por poner solo un signo, y más que claro): ¿qué postura hay que asumir?, ¿cómo hay que pararse?. Ahora bien, si no vemos  que a nivel universal hay un retroceso respecto al Vaticano II, que la política es efectivamente de restauración, ya estamos ante un nuevo (y doble) problema. A este retroceso hoy lo ven infinidad de teólogos, congregaciones religiosas enteras (que ya han asumido sus políticas de resistencia), movimientos laicales, exégetas, y muchos miembros más de nuestra Iglesia. Claro que no pueden expresar lo que ven, “abiertamente”, en un lugar tan “cerrado”, porque saben que en una estructura con rasgos tan fundamentalistas, se vive actualizando el “error galileo” en donde el que “ve pierde” y si “hace ver… muere”, pero si calla (por un supuesto y caricaturesco “amor” a la Iglesia (¿?) o por “obediencia debida”)… se salva.

Acá estamos ante el gran desafío de discernir, con el evangelio en la mano y con nuestra historia pasada y presente, en cómo pararnos ante una jerarquía que ha decidido retroceder, no avanzar, sofocar el espíritu del concilio. Hasta ahora han decidido “algunos” esta postura “moderada” y claramente funcional al “retroceso” provocado por los sectores más reaccionarios, integristas y conservadores de nuestra comunidad. Conflictos habrá siempre, incomprensiones también, aún con la autoridad (pensar en Jesús sino). Si la conflictividad es fruto de nuestra opción por el Reino, bendita sea, no hay que “gambetearle a la cruz”. Obviamente no se trata de “quemar naves” a locas y sueltas, pero tampoco retroceder ni ser funcionales a un proyecto anti-evangélico.

Por lo pronto de esto “no se habla” y,  por tanto, no hay posibilidad de discernimiento  “comunitario” y menos aun, “libre” (rasgo ideal de nuestro plan pastoral). A lo sumo, y por debajo, se hacen análisis muy epidérmicos,  desde una moralina simplista o desde una psicología barata, como si se tratara simplemente de una puja entre eternos adolescentes que no conocen de límites, y eternos inseguros que solo entienden de límites. Así se llegó a la frase “los extremos se tocan” como un modo más que “básico” de abordar una problemática “compleja y profunda”. Es por eso que “pongo” el tema en la mesa y así, me “expongo”, con la esperanza de que esto genere algún tipo de diálogo, aunque más no sea de pasillo.

Pbro. Miguel Berrotarán

 

 

 

 

El cristianismo en el que creo. Por Guillermo “Quito” Mariani

Creo que ser cristiano es construir el reinado de Dios en la tierra hoy.

Creo que el Reino de Dios es la Fraternidad Universal y Cósmica.

 

Una fraternidad de liberación y no de opresión

De igualdad y no de jerarquías

De participación y no de sumisión

De mujeres y varones pares más allá de su sexo.

De respeto por la diversidad y no por la uniformidad

De denuncia y no de ocultamientos cómplices

De praxis transformadoras y no de discursos moralistas

De risas y no de llantos y caras tristes.

 

Creo en un cristianismo crítico y no alienado

 

Liberado de las ataduras del poder para predicar sin tapujos con la libertad de los hijos de Dios.

Que hace al ser humano responsable de su historia y su destino.

Que entiende el infierno como la destrucción del otro.

Que cree que el pecado no es el sexo y el placer, sino la violencia personal y estructural.

Que afirma que la conversión y la salvación son una posibilidad de todas las personas y no sólo de los cristianos.

Que la verdad no es patrimonio de la jerarquía sino el fruto de una construcción comunitaria (Angelelli)

Creo que la Biblia es más importante que la tradición y la racionalidad que el dogmatismo.

Que el celibato no puede ni debe ser un obstáculo para acceder al sacerdocio.

Que las mujeres tienen pleno derecho a ser sacerdotes y a ejercer cualquier otra función de servicio y liderazgo.

Que la formación es un derecho y un deber para estar siempre actualizados y desarrollar una conciencia crítica y política.

 

Creo con Jesús que el reinado de Dios es el único absoluto de la vida cristiana ante el cual todo debe ordenarse y subordinarse, incluso el mismo papado.

Creo en una praxis liberadora que incluya entre otros:

 

La defensa de la justicia y el buen humor.

La construcción de la paz y el bien sin exclusión.

La participación total de los laicos, sin distinción de su condición sexual, en las decisiones de la iglesia. “Lo que afecta a todos debe ser decidido por todos”

La reforma permanente y estructural de la Iglesia para que se convierta cada día al evangelio.

 

Creo que la Iglesia como institución debe predicar con el ejemplo más que con documentos y ser hacia su interior un arquetipo de defensa de los derechos humanos y modelo universal de organización fraterna e igualitaria.

 

Soy consciente de que Jesús nació, vivió y murió como judío y que nunca quiso fundar una religión, sino reformar la propia. Todo esto me lleva a replantear permanentemente si lo que vivo se encamina o no a construir más fraternidad, más libertad, más igualdad. Ya que el resto es una gran máscara.

 

Nota: Como reflexión de actualidad de esta semana, hago mía esta profesión de fe de Raúl un cristiano de mi parroquia.

José Guillermo Mariani (pbro)

Viernes 7 de Abril de 2006

Desde el Jardín. Por Darío Passadore

Me presento
Buenas tardes a todos y Gracias por acompañarnos hoy en este “ABRAZO A LA CRIPTA”.
Soy Darío Passadore, Presidente del Consejo Pastoral de La Cripta.

Estas expresiones artísticas que estamos compartiendo hoy son espectaculares, como es significativo que nos reunamos hoy a compartir todo esto. Pero me toca a mi proponerles un alto e invitarlos a darle significación a esta actividad.

La Identidad de La Cripta NO se negocia. Grupo de Teatro ExTras

Como todos Uds. saben la inconsulta decisión del Obispo Carlos Ñañez de designar un párroco disonante con nuestra línea pastoral nos pone aquí, en el jardín, a la intemperie.

Desde la intemperie es interesante recordar que hemos logrado una construcción como comunidad, y una identidad, impulsados por una búsqueda que nos es común. Pero es momento de preguntarnos, esta búsqueda, ¿desde dónde la hacemos?

Somos testimonio de lo que hemos cosechado aquí, en La Cripta, mas, ¿Cuál ha sido la nutriente de esta experiencia?
La respuesta a estos dos interrogantes es una, y es poderosa, la respuesta es UNA LECTURA DE JESUS Y DE SU EVANGELIO.

LA REALIDAD ES ENTONCES QUE TENEMOS UNA LECTURA DEL EVANGELIO DE JESUS DE NAZARET, Y DESDE ALLI ES DESDE DONDE HACEMOS, Y HA SIDO LA NUTRIENTE DE ESTA EXPERIENCIA QUE QUEREMOS ABRAZAR Y QUE RECONOCEMOS COMO LA CRIPTA.

DESDE LA INTEMPERIE, Y DESDE ESTA LECTURA, TAL COMO VOTAMOS LIBRE Y UNANIMEMENTE EN OCASION DE NUESTRA ASAMBLEA PARROQUIAL,  DECIDIMOS RECHAZAR LA IMPOSICION DEL OBISPO

 

DECIDIMOS RECHAZAR LA IMPOSICION DEL OBISPO

  • Porque nos ha costado un largo proceso personal y comunitario acrisolar un sentido de la vida y un sentido de nuestra fe.

  • Porque eso ni lo renunciamos, ni lo negociamos, ni lo cambiamos, porque sería renunciar a lo que somos, pensamos y sentimos.

  • Porque no queremos renunciar  a nuestro espacio en la Iglesia de la que somos parte, en la que hemos crecido o descubierto este modo de vivir la fe; no queremos entregar este espacio porque nos pertenece y no queremos dejárselo a quienes intentan otra cosa.

 

Doy paso ahora al grupo de teatro de la cripta, ExTras, que nos guiará en este emotivo abrazo simbólico a nuestra Cripta.