Brian CoyneHacia una nueva Iglesia

Somos una Iglesia en busca de un liderazgo revitalizado. Por Brian Coyne

Somos una Iglesia en busca de un liderazgo revitalizado

El editor de “Católica” Brian Coyne, nos muestra una lista de temas actuales en la discusión pública que señalan la necesidad que tiene la Iglesia de revitalizar su liderazgo

El Catolicismo hoy se está transformando rápidamente en una de las cerca de treinta mil iglesias que sostienen estar encabezadas por Jesucristo. Y está perdiendo rápidamente su demanda de primacía dentro de las iglesias Cristianas. El editor de Catholica, Brian Coyne, explora hoy lo que no ha salido bien y lo que necesita ser hecho si la Iglesia Católica institucional de hoy día ha de reclamar para si legítimamente algún sentido de preeminencia entre las otras iglesias Cristianas

Cuál es el objetivo que define al Catolicismo?

Dentro de una semana cumpliremos cuatro años desde la primera edición pública de Catholica. Confieso que estoy cansado casi exhausto. Las fuerzas de la mente humana que enfrentan a veces la iglesia institucional y la civilización parecen apabullantes. La búsqueda de seguridad psicológica y mental de certezas empuja a los seres humanos en las más extrañas direcciones.

La corriente edición del Nacional Catholic Reporter publica un profundo comentario de Eugene Cullen Kennedy. Él compara el colapso de la Iglesia institucional con el del gobierno de Francia bajo el asalto de Hitler. Lo que sostiene es que dicho colapso no ocurrió tanto por la superioridad de Hitler como por el colapso interno de la moral del liderazgo Francés y su burocracia.

He aquí una muestra de lo que el profesor Kennedy tiene para decir:

La gente común, sin embargo, sintió lo que estaba ocurriendo y el periodista Eric Sevareid pronto estaría describiendo las hordas de familias que ataron sus colchones a los autos y taponaron los caminos que salían de París hacia el sur. Estos hombres y mujeres –observó- entendieron lo que estaba pasando,  pero los generales no lo hicieron nunca. “los viejos y barbudos senadores” –escribió- “se sentaban durante tres horas a almorzar como siempre lo habían hecho, hablando con sus cortesanas mientras el país perecía.”

En todas partes el aparato oficial del gobierno funcionaba como si nada fuera de lo normal hubiera ocurrido. Oficiales de rangos menores insistían en llevar a cabo rutinas que Sevareid comparó con los espasmos de los recién fallecidos. Los Censores examinaban cuidadosamente los escritos –las regulaciones debían ser obedecidas- que pasarían por radio desde las ciudades en las cuales las sirenas que anunciaban los ataques aéreos ululaban y donde los edificios temblaban por los bombardeos. Todo el mundo seguiría actuando como siempre en este prototípico caso de un gobierno en colapso que vivía de los vapores de una gloría ya lejana. Aún así, sus mariscales y generales se pusieron los uniformes y ataviaron con fajas y medallas para pasar revista y dar la bienvenida a los corresponsales de guerra con bandas y recepciones, una fiesta de disfraces final para los hombres que se reafirmaban a si mismos ejerciendo las últimas migajas de poder que tenían en sus manos finamente enguantadas. Su nuevo líder, Philippe Pétain, era un octogenario de blancos cabellos que había sido un héroe de la generación anterior en Verdún.

Esto traza un paralelo con la actividad que alternativamente sorprende y enfurece a los Católicos que comprenden lo que sus obispos/generales no –que las estructuras jerárquicas de la iglesia se están estremeciendo bajo los golpes que caen como rayos de los tiempos modernos- La gente común entiende esto pero muchos líderes continúan reasegurándose de que nada ha cambiado y que el verdadero camino hacia el futuro es aquel que conduce atrás en el tiempo, hacia un supuesto pasado glorioso. Se ponen sus capas, se ajustan sus fajas y llevan a cabo liturgias –como la operística celebración de un viejo mundo perdido, completamente en latín con capa magna incluida, celebrada en el Santuario Nacional en Washington hace unos meses- Su líder es un octogenario de blancos cabellos, héroe la generación anterior previa al Vaticano II.

Sevareid describe el quedarse en fila “mientras un anciano burócrata con bigotes de morsa realizaba sus movimientos acostumbrados y con dolorosa lentitud tomaba debida nota de los hechos pertinentes con tinta verde en un enmohecido libro.” Este incidente simbolizaba lo que estaba ocurriendo. “la burocracia Francesa, que estaba contribuyendo a ahogar al país nunca soltó el férreo control por un instante.” La burocracia mantuvo al país unido incluso luego de que los alemanes les dieran el tiro de gracia y ridiculizaran una Línea Maginot que fuera diseñada por hombres que no entendían la movilidad de la guerra moderna.

De la misma manera, la burocracia Vaticana es la primera y última línea de defensa del modelo jerárquico de Iglesia. Siempre logró que la gente formara fila, por supuesto, para conseguir cualquier autorización que buscara y trató con métodos tejidos cual telaraña el ataque que supuso el escándalo por los abusos sexuales en sus ya desgarradas defensas. Se enfrenta a eso, de la misma manera que el burócrata de bigotes a su libro en 1940, sin darse cuenta que con su pasividad, estos burócratas están ahogando hasta matarla a la iglesia institucional. Sus carreras dependen, por supuesto, de no relajar el control ni por un instante.

Los “burócratas están ahogando la iglesia institucional hasta matarla…”

Nuestra Iglesia está  muriendo delante de nuestros propios ojos. Quién la está matando? La sociedad en su conjunto? O la enfermedad interna y una mentalidad burocrática como la que describe Eugene Kennedy en la Francia de la guerra?

Anoche en la televisión australiana fuimos invitados a presenciar una fascinante conversación entre dos mujeres, la periodista de ABC y presentadora del programa Lateline, Leigh Sales y Ayaan Hirsi Ali, la anteriormente afamada escritora musulmana y activista de los derechos humanos. El mensaje que Ayaan Hirsi Ali presenta al mundo puede ser resumido en la amenaza que constituye el fundamentalismo religioso. Su experiencia tiene que ver con el fundamentalismo Islámico, pero como he sostenido durante un buen tiempo, el fundamentalismo de las demás religiones incluida el Catolicismo, solo corre un poco detrás aquel.

Para mi, las fuerzas gemelas de la inercia burocrática y el fundamentalismo son las fuerzas más importantes que están matando a la Iglesia a lo largo de todo el mundo occidental. Ambas fuerzas conllevan un impulso que es más fuerte que las fuerzas que mantienen al sol encendido y dan vida a nuestro planeta.

Me cuestiono todo el tiempo: que me lleva a mi? Que los empuja a ustedes –la gente que se siente atraída a Catholica y a la exploración a la que nos vemos abocados? En verdad pienso que es una búsqueda de la verdad. Pero no la búsqueda de la certeza en el sentido que empuja al fundamentalismo a buscar la “verdad” en reglas hechas por hombres y las figuras de la autoridad, sino “La Verdad” –las intuiciones que se encuentran en la Mente Divina solamente.

La Religión no es solamente un “juego” de disfraces litúrgicos. Ni tampoco es algún juego de andar tratando de probar a todas las religiones que haya por ahí que la nuestra tiene un “conjunto de leyes morales” superior. Es una búsqueda de nosotros mismos para llegar individualmente a las respuestas moralmente correctas a las decisiones esenciales que tenemos que tomar en nuestras vidas. Algunas veces esas respuestas son difíciles de discernir. Tomemos el caso de dos grandes historias que aparecieron en los titulares. La de los denunciantes que decidieron publicar “documentos secretos” en Internet acerca de las operaciones de EE.UU. en Afganistán. Mucha gente tuvo que tomar decisiones morales a lo largo del camino que llevó a la difusión de esos documentos –desde la gente que originalmente tuvo acceso a los mismos hasta los distintos periodistas que tuvieron que tomar la decisión de publicarlos-

Como he sostenido en el pasado: algunas veces la respuesta moralmente correcta es denunciar; otras veces es mantenerse en silencio. Bastante a menudo la decisión moral está lejos de ser simple y definida y la respuesta moral que se requiere tiene que ser cuidadosamente evaluada y matizada.

En el programa Four Corners de anoche nos dieron a conocer el amplio y masivo uso de la violación como arma de terrorismo y guerra en el Congo en este mismo momento. Podríamos pensar que esto está lejos de nosotros. Pero a menudo nosotros, “la gente civilizada” nos ponemos a “cazar en manadas” como los soldados que están descargando este terrible golpe sobre sus propias gentes. Podremos no estar “violando mujeres” ¿pero tenemos la fuerza de carácter moral para levantarnos contra la manada cuando alguna “conducta patoteril” se hace inmoral y se transforma en un abuso de los derechos de otro sector de la sociedad en la que vivimos?

Se supone que la Religión es el estamento dentro de la sociedad que guía a la gente hacia conductas moralmente superiores a través de lograr que los propios individuos sean capaces de tomar mejores decisiones individuales. No seguimos sin más a “la turba” –la clase de comportamiento de la turba que crucificó a Jesucristo. No nos movemos simplemente siguiendo los instintos reptilianos de nuestro cerebro. Estamos llamados a tener un nivel más alto de discernimiento en nuestras conductas morales.

El Catolicismo a menudo reclama para sí una “primacía” entre las iglesias Cristianas.

Actualmente ha perdido ampliamente esa “primacía”. Si ha de recuperarla, eso no ocurrirá echando mano del argumento de la “Sucesión Apostólica” ni proclamando tener una comprensión superior de un juego de Leyes Divinas por sobre cualquier otra religión o grupo de gente en la tierra. Solamente vendrá de una superioridad reconocida y avalada por otros, porque tenemos una comprensión superior de “la manera de pensar, sentir y actuar” expresada por Jesucristo. Esto no se consigue con la pretensión de tener una liturgia superior, mejores vestimentas o bienes más grandes en magníficos monumentos arquitectónicos repartidos por el mundo. Vendrá solamente de una institución y una organización que demuestre sin lugar a dudas que le puede mostrar a cada individuo como tomar las decisiones moralmente correctas en la maraña de decisiones que tiene que tomar en su vida. No se trata de pararse en las esquinas protestando en contra del aborto. Se trata de demostrar que cuando te enfrentes a un embarazo no previsto en tu familia, vas a saber como guiar a las personas atrapadas en los dilemas que plantea esa situación para que puedan tomar las decisiones correctas que los conduzcan al equilibrio espiritual. Se trata de guiar a las personas en la toma de las decisiones necesarias para que en primer lugar no haya “embarazos no previstos”.

Es evidente que nuestra Iglesia  ha fallado en gran medida en un mundo occidental que moralmente no es distinto de la clase de horror moral descrito en el documental sobre el Congo en el programa Four Corners anoche. Niños han sido violados en nuestra Iglesia y, durante demasiado tiempo, miramos para otro lado.

Donde están los obispos, los sacerdotes, los líderes morales que dejarán de jugar sus juegos burocráticos? Que dejarán de lado este constante llamamiento a la mentalidad fundamentalista entre nosotros? Y que mostrarán un liderazgo espiritual genuino guiando a las personas en el uso de sus propias conciencias para tomar las decisiones moralmente correctas en sus vidas? No queremos más decidores-de-Misas. Queremos y necesitamos hombres y mujeres maduros que sean guías morales que puedan enseñarnos como pensar, sentir y actuar en “la Manera” expresada para nosotros por Jesús el Cristo. Jesús no fue ningún débil tratando de probar que tan bueno, nene-de-mamá y conformista social era Él. Fue un líder mostrando a la gente como romper las reglas en orden a alcanzar la verdad moral en las situaciones en las que se encontraban. Él sirve de modelo hoy para nosotros para que encontremos la verdad moral en las situaciones en las que nos encontramos hoy día. Necesitamos líderes espirituales hoy que estén preparados para pararse y mostrarnos como hacerlo. Los juegos litúrgicos tienen que terminar. El fundamentalismo tiene que ser desterrado a la pila de las cosas inservibles en todas las religiones. Este juego de virtuosismo sentimentalista y conformidad social tiene que terminar. En última instancia, ninguna de estas cosas nos conduce a “LA VERDAD” que reside en lo DIVINO solamente

Brian Coyne – editor de la revista Católica

traducción gentileza de Luis Pesciallo

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