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Con Usted al Paso José Guillermo Mariani

El Amigo Esperanza. Por Guillermo “Quito” Mariani

Voy a utilizar una letra con sentido pascual de uno de los cantos de La Cripta que organicé como poema hace ya mucho tiempo. Su título es “El Amigo Esperanza”

Ayer murió un amigo de los que dan la vida por el otro

Jesús había dicho “no hay mayor amor que dar la vida por sus amigos”, y a través de la historia hubo hombres y mujeres que dieron este sentido a su vida: ofrecerla por sus amigos. O en sustitución de sus personas o en entrega generosa para salvar su dignidad y sus derechos.

De los que al irse quedan, como queda la brasa en el rescoldo

Un “quedarse espiritual, interior” tan fuerte e influyente como una presencia, con lo mejor de su vida. Como brasa encendida bajo las cenizas de la ausencia física, que con sólo acercarle un papelito vuelve a ser llama.

Manantial escondido, luz envuelta en la noche de la espera, semilla pisoteada, seno fecundo de inquietud materna

Como tantos manantiales perdidos en nuestras sierras, como el sol esperando librarse de la noche, como la semilla enterrada y sufriente, como el vientre en el tiempo de espera de la gestación. El sepulcro: manantial, noche, semilla enterrada, vientre en gestación.

Hoy, el agua ha saltado, la noche ha vuelto a hacerse madrugada, la semilla ya es brote, de las cenizas resurgió la llama

Un día el manantial rompe la tierra. La noche es vencida por el amanecer, la semilla se convierte en planta, la brasa vuelve a ser llama Sucede todos los días. Lo vemos suceder y no nos admiramos. Resurge con una realidad nueva lo que fue y pareció dejar de ser.

Cristo ha resucitado! Un sepulcro vacío es la sospecha de la incrédula historia

Un sepulcro vacío es un pobre e insuficiente argumento para hablar de resurrección. Y la historia con visión a la vez de sentido común y crítica, se niega a admitir la resurrección corporal. Ni es argumento suficiente la multiplicidad de visiones de los discípulos que con muchas diferencias en las descripciones tratan de asegurar una presencia física cargada de misterio.

Y un mundo lleno de él, es la evidencia!

Éste es el verdadero argumento. Su presencia, una nueva presencia, llena el mundo. Iluminándolo con una esperanza que da sentido y ponderación a la vida de cada ser humano con la evocación de la vigencia de los valores del amor y la fraternidad que abarcan plenamente su dimensión en la creación. Una presencia que inquieta, que exige, que alienta y has molesta hasta la indignación a quienes pisotean los valores humanos abarcados por el amor y la fraternidad.

El pan que se comparte, el amor que se da sin diferencias, el llanto y la pobreza, revelan en misterio su presencia

La inclusión social que rechaza las múltiples marginaciones, la igualización de derechos y oportunidades, que se encaminan constantemente a remediar el llanto y la pobreza son para quienes quieren ver, escuchar y mejorar la realidad, el modo de vivir el testimonio de esa presencia.

Su voz ya no se calla, mientras haya opresión y sufrimiento, aunque el poder y el miedo tramen conjuras por lograr silencio

Las voces que hacen escuchar los derechos de los que no tienen voz, la de los que denuncian las injusticias y opresiones y son por eso perseguidos y condenados, la de los que resisten desde la paz y la energía que destapa hipocresías. Son la voz resucitada del Jesús arrojando a los mercaderes, calificando a los fariseos como raza de víboras y sepulcros blanqueados, proclamando la dignidad de los que luchan por la justicia.

PASCUA ES UN GRITO INMENSO QUE TRASPASA LA HISTORIA DE ESPERANZA

EL HOMBRE NO ES SILENCIO! LA MUERTE HA SUCUMBIDO A LA PALABRA!

Éste es el sentido de la Pascua: un grito de esperanza traspasando la historia, al afirmar que el ser humano no es en definitiva el silencio de la muerte.

Que la palabra, la comunicación con la humanidad y el origen de todo sigue siendo la palabra triunfadora!

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Con Usted al Paso José Guillermo Mariani

¿Camino de la cruz o camino de la vida? Por Guillermo “Quito” Mariani

 El  “Via crucis” se ha ido convirtiendo a través del tiempo, en la devoción central de semana santa. Es de esa celebración (extralitúrgica), de la que se esperan mayores beneficios y favores de Dios, identificándose con el sufrimiento, que es supuestamente el mayor mérito de Jesús de Nazaret, y se presenta como el mejor y gratuito limpiador de nuestras conciencias.

Este acto devocional, basado en algunas citas evangélicas y algunas circunstancias históricas, pero ampliado exhaustivamente con una cantidad de pasajes legendarios para hacerlo más conmovedor (al estilo de Mel Gibson), desfigura, o al menos oculta, el verdadero sentido de la historia, el testimonio y el mensaje de Jesús de Nazaret.

Cuando uno habla de un camino, fija instintivamente la meta a que espera llegar. Un camino como camino no tiene importancia, si no lleva a alguna parte. Pero peor aún es si desfigura su importancia haciéndolo concluir en una meta falsa. Y de eso se trata en este caso. Una espiritualidad cristiana basada en el sufrimiento y en el miedo, ha desviado la dirección libertaria y salvadora de la buena noticia del evangelio, hacia la trampa del poder eclesiástico, que domina  humillando y atemorizando a la gente, con la perspectiva de un después de gozo o castigo compensatorio.  Así se ha exaltado hasta el extremo el valor del sufrimiento en sí, justificándolo, como la Inquisición, con la muerte horrenda de los reos, para que alcanzaran la vida eterna. Y peor aún, presentando el sufrimiento y muerte de Jesús como una exigencia de Dios, para disculpar los errores o pecados de la humanidad. Un padre mandando a su  hijo querido a la tortura y la muerte para sentirse satisfecho… El camino de Jesús no es el Via crucis (camino de la cruz). La meta de ese camino es la resurrección, (Via vitae) la vida, prolongada en la marcha de la humanidad hacia su realización, misteriosamente anticipada por ese triunfo sobre la muerte que lo convirtió en mensaje esperanzado para toda la creación.

Y ese “camino hacia la vida” está trazado con los detalles de la historia cotidiana de Jesús de Nazaret: señalando la superioridad del hombre sobre la Ley, sanando toda clase de males físicos y psíquicos, consolando las tristezas, igualizando los niveles sociales, reintegrando a los excluidos, denunciando las opresiones, oponiéndose a los abusos  del poder imperial y el religioso, favoreciendo a los necesitados de toda condición, abriendo caminos de felicidad, exigiendo la justicia en la distribución de los bienes, mostrando el amor del Padre al perdonar las transgresiones que no lindaran con las hipocresías. Hacer de un “via crucis” un “via vitae” (de una camino hacia la cruz, un camino hacia la vida) es entonces, poner las cosas en su lugar.

Eso trató de ser el que partió del arzobispado el Viernes por la tarde y concluyó en la catedral de Córdoba. Presentando las situaciones que en la historia de Jesús son el sentido de su compromiso con la vida y con la felicidad del ser humano. El compromiso que nosotros podemos y debemos asumir siguiéndolo. Pero los “medios” más influyentes o lo ignoraron o lo criticaron con acidez.  Porque prefieren un via crucis alienante, un camino de sufrimientos válidos en sí mismos, no un camino hacia la vida, elegido por un hombre que había descubierto que la voluntad de Dios era recuperar la dignidad del ser humano y ponerlo así en el camino de la liberación y la felicidad. Ese hombre que, para nosotros, es la mejor revelación de lo que Dios quiere de nosotros, y se llama Jesús de Nazaret.

Para Luis Moya, el creativo animador de ese proyecto, el equipo que lo acompañó y los actores que lo llevaron a cabo, mi felicitación y aliento.

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Con Usted al Paso Juan Masiá Clavel

La pasión atea de Jesús, El Que Vive. Por Juan Masiá, SJ.

Montado en un borriquillo y jaleado con hosannas infantiles, dio un latigazo sobre la mesa de los banqueros (en contubernio con los jerarcas del templo para costear jornadas mundiales lucrativas)… y los mitrados del Sanedrín le acusaron de ateo (Mc .11). No se quedó a una hora santa en el templo para salvar las apariencias.

“Echando en torno una mirada sobre todo”, entristecido por aquella religiosidad hipócrita, “ya atardecia cuando salió para Betania” (Mc 11,11), donde estaban aquellas amigas y amigos con calor humano y alegría sin doblez… y los mitrados del Sanedrín lo criticaron por ser poco devoto.

Estrujando en su manos las hojas de una higuera seca, habló el martes de reconciliación (Mc 11, 25-26)… y los mitrados del Sanedrín le echaron en cara ser pro-etarra.

Cuando en la cena del miércoles dejó que ella le perfumara y tocara, se escandalizaron quienes no se escandalizaban de comprar traición con dinero (Mc 14, 1-11)… y los mitrados del Sanedrín se confirmaron en su opinión sobre el ateismo de Jesús.

Partió pan y brindó con vino el jueves, “esta es mi vida que se parte y se reparte”, dijo, y compartió la cena de gracias sin ponerse capelos cardenalicios ni sombreros pontificios… y los mitrados del Sanedrín certificaron una vez más el ateismo de Jesús.

Lo ejecutaron el viernes. Antes de morir convirtió en oración la queja: “Abba, ¿por qué me abandonaste? (Mc 15, 34)” Y como Abba se callaba siguió rezando el salmo y esperando contra toda esperanza: “Contaré lo tuyo a la fraternidad” (Ps 21)… y los mitrados del sanedrín dictaminaron: “Ya lo dijimos, este hombre es ateo y muere sin confesión”. Pero un extranjero que lo presenciaba comentó: “Verdaderamente este hombre creía en la Vida. Me parece que los ateos son los mitrados del Sanedrín” (Mc 15, 39).

Horrorosos los últimos momentos de pena de muerte en cruz, lo que se dice “descender a los infiernos” . En plena agonía se mofaban ironizando: “Haz un milagro, si eres capaz, bájate de la cruz por arte de magia y te canonizamos como santo súbito más pronto que a Juan Pablo el Avasallador”. Pero él, callando y sufriendo, se resistió a ceder a la milagrería”… y entonces ya no les quedó duda alguna a los mitrados del Sanedrín: Este tal Jesús indudablemente era un ateo empedernido”.

Pero la madrugada del Domingo el Rabbuní se presentó radiante llamando por su nombre a una creyente enamorada para darle un recado importante: “María, dile a mis amigos y amigas que yo no era ateo, que vivía y sigo viviendo en la Vida de la vida. Diles que los espero en la Vida”.

Y un beso interminable de vida la embriagó extasiada de resurrección en brazos de El Que Vive. Y ahí empezó la cosa. Así fue como empezó aquella mañana esta comunidad de amigas y amigos de El Que Vive, que veinte siglos después siguen enredadas y enredados en las redes de la paz, del amor y de la vida… y también hoy los sanedritas de turno siguen llamándoles ateos…

 

Juan Masiá es sacerdote jesuita experto en bioética.