Homilías Dominicales. Martes 24 de diciembre de 2014 – Festividad del nacimiento de Jesús (ciclo “B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

 Tema: (Juan 1,1-18)

La palabra que existía desde el principio estaba con Dios y era Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de la palabra. Sin ella nada se hizo.

Todo lo que existe tiene vida en ella y la vida es luz para los hombres. La luz brilla en las tinieblas aunque las tinieblas no la reciban. Apareció un hombre enviado por Dios que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz y todos creyeran por medio de él. El no era la luz sino el testigo de la luz. La palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que llega a este mundo. Ella estaba en el mundo y el mundo fue hecho por ella y el mundo no la conoció. Vino a los suyos y los suyos no la recibieron. Pero a los que la recibieron, a los que creen en su nombre les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la sangre ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios. Y la palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como hijo único lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él al declarar “Éste es aquel de quien yo dije: el que viene detrás de mí en realidad me ha precedido porque vivía antes que yo”- De su plenitud todos hemos recibido, regalo tras regalo. Porque la ley fue dada por Moisés, pero el amor y la verdad nos han llegado por Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios. El que lo ha revelado es el hijo único que está en el seno del Padre.

 

Síntesis de la homilía

Un discurso tan arrevesado, porque mezcla lo poético, con lo filosófico con la realidad que describe, no parece adecuado para la celebración tradicional de la Navidad alrededor de la evocación del nacimiento de Jesús de Nazaret, vivida simplemente como fiesta de ternura y de mutuos regalos en la noche iluminada por su luz-

Sin embargo, cuando tenemos el coraje de enfrentarnos directamente con el texto de esta introducción de la “buena noticia” trasmitida por el evangelista San Juan podemos descifrar la profundidad del mensaje, que descubre la gran fuente de felicidad que es para la humanidad el acontecimiento a que se refiere.

Lo primero es que el discurso se centra en la palabra y en la palabra identificada desde el comienzo con Dios. Porque, ante la absoluta trascendencia del Ser supremo, a que Juan se refiere asegurando que “a Dios nadie lo vio jamás” lo único a que nosotros tenemos acceso, es a su palabra creadora, su expresión hacia fuera, su comunicación. Que se nos entrega a través de todo lo que hay a nuestro alrededor, el mundo, el cosmos, y culmina con la presencia del gran enviado que es JESÚS DE NAZARET.

Sin anclarnos en la grandeza de la figura de ese Jesús que en esta celebración aparece con todas sus debilidades humanas porque no dispone de lugar y estilo digno de nacimiento, ni de padres poderosos y distinguidos, ni de toda esa magnificencia con que los que nos relataron su nacimiento creyeron que debían adornarlo, recurriendo a los misteriosos seres celestiales que son los ángeles y a los fenómenos meteorológicos que ligaron a su presencia entre nosotros, podemos tratar de seguir paso a paso las afirmaciones de Juan que directamente se enfocan a la palabra. A la de Dios y a la del hombre. Porque si bien Jesús es palabra de Dios que podemos aceptar, si decidimos hacerlo, cada uno de nosotros es también palabra que debe hacerse aceptable para los demás siguiendo la línea de esa misteriosa encarnación (humanación) que Juan nos presenta.

Al margen de los tiempos concretos que vivimos y que, de un modo u otro. siempre están invadidos por las ambiciones de poder, aún en democracia, y por eso nos insertan constantemente en espacios electorales, que recomienzan sin pausa ni intervalos naturales de transición, entre los esperados resultados de las elecciones mayoritarias, la experiencia cotidiana nos convence del escaso valor de la palabra. La palabra el medio privilegiado de la comunicación humana, generadora del amor y la felicidad, revelación de lo humano y también revelación de lo divino, se convierte en instrumento de confrontaciones que no respetan ni la dignidad de las personas, ni la verdad de los hechos y acontecimientos desfigurados sin ningún escrúpulo para lograr el triunfo de los propios intereses generalmente ligados profundamente al dinero y a las finanzas identificados como el escalón más eficiente hacia el poder .

No es mucho lo que podemos hacer y lograr, desde una perspectiva cristiana que honre la palabra humana y así se acerque aun sin nombrarlo, a la propuesta de Jesús de Nazaret. Pero si somos constantes en cultivar y contagiar el respeto a la palabra que nace en nosotros y nos entrega a los demás mejoraremos en gran medida la riqueza de las relaciones humanas para construir un mundo mejor para todos.

Homilías – Martes 25 de diciembre de 2012 – Festividad del Nacimiento de Jesús. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Lc. 2,1-14)

Salió por entonces un decreto del emperador Augusto mandando hacer un censo en el mundo entero. Fue el primero, siendo Quirino gobernador de Siria. Todos debían inscribirse en su ciudad de origen. También José por ser de la estirpe y familia de David, subió desde Galilea, la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, con María que estaba embarazada. Mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto y María dio a luz a su hijo primogénito al que envolvió en pañales y recostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada. En aquella misma comarca había unos pastores que pasaban la noche a la intemperie cuidando sus rebaños y se les presentó el ángel del Señor envolviéndolos de claridad, lo que los asustó mucho. Y les dijo: No teman porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo.

En la ciudad de David, les ha nacido un salvador que es el mesías, el Señor. Les servirá de señal que encontrarán un niño en pañales reposando en un pesebre. De pronto alrededor del ángel se reunió la multitud del ejército celestial que alababa a Dios diciendo: gloria a Dios en lo más alto  y  paz en la tierra a los hombres y mujeres que son de su agrado.

 

Síntesis de la homilía

A pesar de los datos de Lucas tratando de injertar en la historia humana el nacimiento de Jesús y todos sus esfuerzos por destacarlo como un hecho que conmovió al cielo y la tierra, sólo mucho tiempo después fue posible determinar la fecha e historicidad relativa de su relato. Ya para entonces la primeras generaciones de cristianos habían encontrado el modo de explicarse la humanización de Dios que muy pronto se designó como “encarnación” recurriendo a las imágenes paganas y mitológicas a que estaban acostumbrados. Así en las catacumbas romanas más antiguas  NERON (54 al 68) ponen las cabezas de Dios padre con barba larga, jesús y el espíritu sobre los cuerpos de los dioses paganos.

La virginidad como hecho simbólico de que en la concepción de Jesús no existe complicidad alguna el espíritu del mundo es la gran afirmación que se abre paso desde el nacimiento de Jesús. San Agustín, Calderón de la Barca, los gnósticos antiguos y muchos budistas coincidieron al parecer, en la afirmación de que para el hombre el mayor pecado es nacer. Su pecado de origen. Todo nacimiento entonces resulta expresión de una violencia carnal. El nacimiento de Jesús en cambio, es fruto del espíritu de amor, la máxima señal de liberación, que abre un espacio de vida para los enfermos, los pobres, los hambrientos y derrotados de la historia.

Decía un sobreviviente del holocausto nazi H.Arendt, que sólo si aprendemos a nacer de un modo distinto, NO PARA LA SEGURIDAD Y CONSUMO de un sistema homicida (Herodes)

seremos capaces de sobrevivir sin caer en los campos de concentración de ese sistema que sólo nos deja nacer como esclavos del consumo.

Cada nacimiento o renacimiento (lo que llamamos hombre nuevo) debe ser en ese sentido, nacimiento virginal, de ruptura e inversión de la potencia esclavizante del egoísmo humano.

La ingenuidad de la ternura con que el andar del tiempo ha revestido aquel nacimiento ignorado para el Imperio, es traducción del anhelo profundamente humano de renacer como hijos de Dios y hermanos de los demás hombres. Vivamos esa ternura no sólo como producida por la simplicidad pacífica de la navidad, sino para introducirla como valor importante en nuestra historia personal y social encaminándola por la justicia hacia la verdadera paz.

Navidad, Palabra y Hombre Nuevo. Por Guillermo “Quito” Mariani

Nacer es dar la vuelta a una esquina de la vida

y afrontar la aventura y el riesgo sin medida

Nacer es aprender a ser hombre con los otros

con manos juguetonas y con llanto en los ojos.

Nacer es un proyecto preñado de horizontes

todos ellos posibles y todos seductores.

Nacer es la verdad del amor de los cuerpos

que en el calor de un vientre se convierte en misterio.


En Belén una noche nació un chico cualquiera

de ilustre descendencia pero envuelto en pobreza

Con padres como todos, con sueños y temores,

y el aceptado encargo de enseñarle a ser hombre.


Creció el niño jugando, adoleció dudando,

y afrontando carencias maduró en el trabajo

Compartiendo con todos, dolores y consuelos,

aprendió a liberarse de esclavitud y miedos.


Sintió que si quería, podía realizarlo

y gestó el horizonte de un pueblo liberado.

Dio miembros y coraje a cada mutilado

libertad y horizontes a cada dominado.


El era la palabra esperada por siglos

encerrada en la mente del cosmos infinito,

que se hizo voz humana para romper silencios

y se hizo hueso y carne para hacernos amigos.


Palabra que nos trajo con calor de caricia

el amor ignorado de la fuerza creativa.

El que fue latigazo para cada injusticia,

levantó voluntades y animó rebeldías
Contagió de esperanzas a los desamparados

y arrasó la soberbia del poder desalmado.

Se calló solamente con clavos en las manos

y el rigor de la muerte apretando sus labios.


Concebido en el seno de una familia pobre

aprendió a ser palabra aprendiendo a ser hombre.

De la noche ignorada de su primer silencio

brotó la luz que alumbra nuestro propio misterio.


Recuperó en sus fuentes nuestra misma palabra

el signo y la experiencia de dignidad humana.

Palabra  que gestada, por dentro nos construye,

y cuando se comparte nos madura y nos une.


Navidad es palabra, raíz del hombre nuevo

Navidad es palabra encerrada en silencios

para que con las nuestras la hagamos elocuencia

siguiendo sus caminos y pisando sus  huellas.


Navidad, por encima de todas las figuras

es enérgico impulso a vivir la aventura

de ser hombres a pleno: sentimiento y palabra

que construyan sin sombras el mundo del mañana.

Preparar y desfigurar. Por Guillermo “Quito” Mariani

Se trata de dos actividades absolutamente contrapuestas. Preparar implica un trabajo de construcción, creatividad y orientación hacia un objetivo determinado. Desfigurar es un empeño malsano en el que puede gastarse mucho tiempo sin otro objetivo que la destrucción e el engaño.

No podemos quejarnos de falta de preparación de la navidad. El nacimiento de Jesús de Nazaret no cuenta con fechas exactas históricamente ya que los evangelistas no pusieron en eso su preocupación sino en el sentido de ese nacimiento.  Desde mitad del siglo 3ro. los cristianos adoptaron la fecha del 25 de diciembre. La afirmación de que la fecha se eligió para remplazar la fiesta pagana del dios Sol no es exacta ya que habría sido el emperador Aurelio hacia el 274 el que procedió al revés. Para contrarrestar la fiesta cristiana dio solemnidad en Roma a la fiesta del Sol.

Pero la tradición fijó  definitivamente esa fecha. Y no podemos quejarnos de que sobreviene imprevistamente, sin preparación. Quizás con mayor preparación que la que antecede a cualquier evocación de un acontecimiento feliz.

La liturgia eclesiástica realiza una preparación de cuatro semanas llamadas de Adviento o advenimiento. La tradición familiar elige el día 8 de diciembre para el armado del pesebre con las imágenes del nacimiento. O ya

El arbolito y papá Noel reemplazando el pesebre y la familia de Jesús. (esta innovación pertenece al escritor estadounidense Washington Irwin que en  sus cuentos del siglo XIX creó este personaje inspirado en el relato de la vida de San Nicolás de Myra, santo famoso del sigo IV por su bondad y generosidad) pero el consumismo capitalista, desde el mes de octubre o quizás con anterioridad comienza el muestrario de regalos, y alimenta la imaginación infantil con mezcla de elementos ligados a Jesús niño y a papá Noel viejo, pero siempre cargados de regalos.

La característica del mensaje de alegría y paz liberadora que de distintos modos se trasmite a través de esta festividad, lleva muchas veces a cortas treguas en las guerras más sangrientas, para hacer un paréntesis de vida en los campos de la muerte.

Resulta entoces, en varios casos, una auténtica, aunque pasajera actualización del mensaje navideño, como también lo es el espíritu festivo con que se recibe una buena noticia. Pero hemos de tener en cuenta que si sólo se trata de esas características, en la anticipación el mensaje no es preparatorio sino desfigurante.

Domingo 25 de diciembre de 2011 – Festividad del nacimiento de Jesús (ciclo “B”)

Tema (Juan 1,1-18) 

En el principio existía la palabra que estaba con Dios y era Dios. Todas las cosas fueron hechas por la palabra y nada sin ella. Lo que existe tiene vida en ella y la vida es la luz de los hombres. Luz que brilla en las tinieblas y las tinieblas no quisieron  recibir. Apareció un hombre enviado por Dios que se llamaba Juan. Vino para dar testimonio de la luz y  para que todos creyeran por él. El no era la luz sino el testigo de la luz. La palabra era la luz verdadera que vino a este mundo e  ilumina a todo hombre. Estaba en el mundo y el mundo fue hecho por ella y el mundo no la conoció. Vino a los suyos y los suyos no la recibieron. Pero a los que la recibieron y creen en su nombre les dio el poder de ser hijos de Dios. Ellos no nacen de la carne ni de la sangre ni de la voluntad del hombre, sino engendrados por Dios. Y la palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y hemos visto la gloria que él recibe del Padre como  hijo único lleno de gracia y verdad. Juan da testimonio cuando declara: Éste es aquel de quien yo dije que viene detrás de mí pero me ha precedido porque existía antes que yo. De su plenitud todos hemos recibido, gracias por gracia. Porque la ley fue dada por Moisés pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios, el que lo ha revelado es el hijo único que está en el seno del Padre.

Síntesis de la homilía

Esta página prólogo del evangelio de Juan mezcla el razonamiento filosófico griego con la visión cristiana y una cantidad de recursos poéticos con realidades históricas que la vuelven a primera vista ininteligible. Habría que dividirla frase por frase para determinar su sentido. La cultura griega tiene la característica de valorar la palabra como producto de la inteligencia y realizadora del ser humano, y el escritor del cuarto evangelio se solaza en relacionar ese valor de la palabra humana con la de Dios como origen de todo lo que existe, revistiéndola de maravillosas cualidades y colocándola como árbitro supremo de la existencia, de la vida y del sentido del hombre.

Nos vamos a fijar en la frase final que es una especie de confesión del autor de sentirse abrumado por la realidad que acaba de describir y frente a la cual experimenta la fragilidad de su inteligencia y habilidad retórica.

A Dios nadie lo vio jamás. Así todas las llamadas apariciones o epifanías de Dios en ambos testamentos quedan descalificadas como subjetivas, para valorar solamente el descubrimiento, la revelación que nos ha llegado por Jesús de Nazaret.

Se han dicho y escrito muchas, pero muchas cosas sobre Dios. Bibliotecas enteras.

Y siguen apareciendo quienes afirman saber cosas de El y se sienten con la responsabilidad de comunicarlas como las creen para conquistar adhesión a sus conceptos. Pero la verdad es “que a Dios nadie lo vio jamás”. El es en el leguaje bíblico el absolutamente Otro. El trascendente. Todo lo que se diga de El es sospecha, deducción, imaginación, conveniencia, necesidad de sentirse superior y también expresión de poder.

Por eso para nosotros cobra importancia muy honda la afirmación de que esa Palabra con mayúsculas se hace palabra con minúscula identificándose con nosotros, con nuestra carne, con nuestra debilidad. Y contagiada con el lenguaje humano, se identifica con el hombre y toda su realidad para orientarlo a la salvación, a la libertad, a la realización querida por ese Dios del que ha tenido una experiencia particularísima que lo ha llevado a iluminar el sentido de la creación y del ser  humano con el testimonio de su vida, de su acción y de su palabra.

No hacen falta silogismos de lógica filosófica para entender y recibir la luz de Jesús de Nazaret, que sí suponen otras religiones espiritualistas cuyos fundadores se presentan como los que “han visto a Dios”. Hace falta nada más que acercarse a él como hombre para descubrir en su proceder y su mensaje humanos, la dignidad

De cada ser humano y su responsabilidad y sentido en el cosmos y en la historia.

Una buena noche no alcanza. Por Nicolás Alessio

Tener una buena noche vale. Pero es insuficiente. Vale porque todos queremos tener una buena noche y además, la necesitamos. Buena porque se renuevan afectos distantes, porque sentimos caricias cercanas. Porque algo de generosidad latente sale a la superficie. Porque la ternura puede liberarse un tanto. Buena porque podemos disfrutar preparadas delicias del comer y del beber solo permitidas para esa noche. Buena porque hay un clima compartido de bondad. Buena porque es buena y nada más.

Y es bueno, porque “bueno” es una palabra en desuso. Ahora nos gusta “peformance”, o “éxito” o “desempeño”, o “eficaz” o “competente”.  Casi que ser bueno suena a otra cosa. Me acuerdo de Jesús…”solo el Padre es bueno”. Para él la bondad era algo importante.

Pero una buena noche no alcanza. Se trata de pasar de una simple buena noche a una “nochebuena”. Porque la “nochebuena” es un término puntual, concreto, histórico. Fue en el tiempo lejano y debe seguir siendo. Aquel nacimiento hizo de todas las noches una oportunidad de bondad. Pero hay que advertir, buena no es buenuda. Fue nochebuena para el despertar de oprimidos y esclavos. No fue nochebuena para opresores y dominadores. Fue el comienzo de sus derrotas.

El anuncio del ángel en la “vigilia de la noche” habla de buena noticia para los que necesitaban buenas noticias. Los que vivían en las afueras de templos y palacetes cuidando las ovejas de otros. Y se trata de pastores atentos, despiertos, “en vigilia”. Y el pastor es alguien aguerrido, curtido, fortalecido ante los peligros de la noche. Mira y oye con atención. Por eso recibe el anuncio de liberación.  Por otro lado, serían los primeros en hablar con los otros del pueblo, en comunicar la noticia, en comenzar la esperanza. Y el anuncio prende, porque había ansias de una buena nueva.

Pueden pasar muchas nochesbuenas sin que estemos atentos. Esa noche fue una provocación al sistema dominante, fue una provocación al imperio, fue una provocación de los empobrecidos a los usurpadores del poder. Navidad es provocación. La navidad es una buena provocación. Con argumentos, con objetivos, con presencia.  Hoy necesitamos ser provocados de nuevo. Hoy necesitamos aquella nochebuena.

La situación dramática de los países de la eurozona, que acaban de firmar la mayor entrega de la soberanía a “los mercados” nos revela la necesidad de un anuncio liberador. Esto se está pagando con vidas, con sangre, con desempleo, con salud. Tan solo en Italia miles de estudiantes universitarios protestaron hoy en al menos 60 ciudades italianas contra los temidos recortes en el gasto público por parte del nuevo gobierno tecnocrático del primer ministro, Mario Monti. Algunas de las manifestaciones se convocaron bajo el lema “no al gobierno de los banqueros” y esgrimieron la demanda de “derecho a la educación” 17 Diciembre 2011.

El anuncio del nacimiento del Emanuel  fue al temeroso Rey de Judah. Acaz conocía el peligro y la  amenaza de la alianza del Norte. La invasión militar, política, económica,  era inminente. El profeta anuncia una señal liberadora. Acaz no supo escuchar al profeta, va a insistir en negociar con los invasores. Pero las señales se perpetúan a lo largo del tiempo. Cuando los pueblos son amenazados, Dios se hace presente. Y las promesas de liberación no se detienen.

Una buena noche esta buena, pero mejor, una nochebuena.

Pbro. Nicolás Alessio, Diciembre 2011

Reflexiones de camino al Pesebre. Por Rafael Velasco

Jesús nace inmigrante…

Los textos del Nacimiento que se leen en la semana de Navidad muestran una primera sorpresa: la Sagrada Familia aparece en el Nacimiento como una familia de inmigrantes. Inmigrantes dentro del mismo país (Jesús nace en Belén, tierra de Judá porque sus padres debieron trasladarse allí –desde el Norte del país- por el censo). Jesús nace sin tener vivienda propia, en un establo.

Además a los pocos días, según el Evangelio de San Mateo, deben emigrar hacia Egipto; donde viven como inmigrantes durante cuatro años, para después volver a Nazareth. Deben emigrar por que la violencia -que viene de arriba- los obliga. El rey Herodes manda a matar a los niños nacidos en Belén. Eso obliga a José y María a emigrar a Egipto. Con lo que a los pocos días, vemos al Niño Dios como migrante en un país vecino, sin casa y sin trabajo su familia.

Estas consideraciones bíblicas hoy –creo- iluminan de una forma particular esta fiesta y la propia realidad, en un momento en el que la violencia social es preocupante: ocupaciones de terrenos por gente desesperada, sin vivienda, muchos de ellos inmigrantes que han venido escapando de la pobreza de sus lugares de orígenes; represión, muertes, manifestaciones de marcado carácter xenófobo; organizaciones que lucran con la violencia y la ilegalidad; el estado ausente y permisivo; las políticas públicas vacías y los discursos excluyentes. Todo eso es parte del contexto en el que se aproxima esta Navidad.

Herodes entre nosotros

Comprobamos que también hoy proliferan los Herodes que sin compasión destierran, matan o mandan a matar, por conveniencias políticas, sin importarle los problemas reales de los más pobres. Herodes que manipulan a los pobres y los usan de carne de cañón. Herodes que siembran la violencia discursiva, que encienden la llama del rencor de unos contra otros. Y Jesús sigue sin hogar. Trajinando para encontrar un techo en el que poder vivir sin sobresaltos.

Hoy también vemos que se cierran puertas en la cara a los inmigrantes, más aún, se los agrede y descalifica con unas manifestaciones de rabia que han venido incubándose desde hace tiempo.

Miles de familias sobreviven sin poder acceder a una vivienda digna. Miles de familias que –como la de Nazareth- golpean las puertas de las reparticiones públicas, de quienes deben proveer soluciones, y las encuentran cerradas.

Como cristianos, seguidores de Jesús Inmigrante, ¿qué nos dice esta realidad a las puertas de la Navidad?

Como cristianos debemos preguntarnos, también nosotros, ¿qué tenemos que ver en todo esto? ¿Cómo podemos ayudar a abrir puertas, a tender puentes, a controlar a los Herodes?

(…) Como cristianos, en la cercanía de la Navidad, y ante la proximidad de esta realidad social tan seria, debemos seguir preguntándonos y ensayando respuestas que puedan ser útiles para ayudar a construir opciones de vida mejor para los más desfavorecidos.

Como seres humanos, ciudadanos, no podemos mirar para otro lado. Cada uno desde su lugar podrá preguntarse, en esta Navidad: ¿qué espacio le podemos hacer a Jesús que viene en el pobre, en el inmigrante, en el excluido?

Que al brindar esta Nochebuena, pidamos por los deseos y esperanzas de nuestras familias y agreguemos también los deseos, angustias y necesidades de aquellos que están sin techo. Que el corazón de nuestras familias se amplíe en deseos para todos, para una Argentina más justa y solidaria.

Que Dios los bendiga con una muy feliz Navidad y un buen comienzo de año.

Afectuosamente.

P. Lic. Rafael Velasco, sj  -Rector UCC

El miedo a la humanidad. Por José María Castillo

No hablo de males y catástrofes, que ya tenemos bastantes. Y bastante hablamos de nuestras desgracias. Mejor nos iría si tuviéramos una visión positiva y esperanzadora de la vida y de las cosas. Por eso hoy, en vísperas de Navidad, propongo que pensemos en el daño que a todos nos hace el miedo que le tenemos a nuestra propia humanidad.

Porque estoy persuadido de que, en ese miedo, está la explicación y la raíz de tantas torpezas y maldades que se podrían y se tendrían que evitar.

Vamos a ver. Desde la nochebuena hasta el día de reyes, los cristianos recordamos una serie de episodios en los que no resulta fácil precisar lo que hay de leyenda y lo que hay de verdad en esos relatos. Los estudiosos se rompen la cabeza intentado descifrar cada detalle y no acaban de ponerse de acuerdo. Pero, en todo caso, lo que hay de cierto (para un cristiano) en los evangelios de la infancia (Mt 1-2; Lc 1-2), es que “lo divino” (Dios, en definitiva) se dio a conocer, se hizo presente y se manifestó en “lo humano”.

Y precisamente en lo más humano: un niño, de condición humilde y en circunstancias de despojo, desamparo y persecución a muerte. Por supuesto, como es bien sabido, la historicidad de esos hechos está cuestionada desde no pocos puntos de vista y en muchos de sus detalles. Pero eso es lo que menos importa en este momento. No olvidemos que los evangelios no son primordialmente “libros de historia”, sino que en ellos se nos ofrece un “mensaje religioso”. Y eso es lo que al creyente le interesa. O eso es lo que le debe interesar.

Ahora bien, el “mensaje religioso” de los evangelios de la infancia es tozudamente claro y provocador. Es el mensaje que nos dice esto: “lo divino” se encuentra en “lo humano”. En lo más humano, es decir, en lo débil, en lo marginal, en los excluido y hasta en lo perseguido. “Lo divino” no se hizo presente en lo portentoso, en lo milagroso, en lo sobrecogedor, como le pasó a Moisés en la zarza ardiendo o en el monte Sinaí. “Lo divino” se hizo presente en un niño, en un establo, entre basura y animales.

Y fue anunciado a pastores, uno de los oficios marginales de aquel tiempo. Y hasta el rey, informado por los sacerdotes, decidió matarlo. Así fue cómo “lo divino” tuvo que hacerse emigrante. Porque “lo divino”, que se hace presente en “lo humano”, no tiene “papeles”. Es verdad que al niño lo circuncidaron (Lc 2, 21), como se hacía con todos los humanos de aquella cultura. Y lo llevaron al templo (Lc 2, 22-23), como también se hacía entonces con todos los humanos. Pero queda en pie que, según los evangelios de la Navidad, “lo divino” se hace presente, se comunica, se da, en algo tan humano, tan débil, tan entrañable, que se encuentra “un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2, 12).

El Evangelio tiene algo muy fuerte, muy duro, que no nos cabe en la cabeza. A partir de la primera Navidad, que hubo en la historia, a Dios no se le encuentra ya en lo fuerte, sino en lo débil. No se le encuentra en lo grande, sino en lo insignificante. No se le encuentra en lo grandioso y lo notable, sino en lo que no pinta nada para nadie.

No se trata de que el Evangelio representa un proyecto nihilista, inhumano. Se trata exactamente de todo lo contrario. El Evangelio es la afirmación más sublime de lo humano. Porque es evidente que quienes conocieron a Jesús, lo que vieron y palparon en él fue a un ser humano. Entonces, ¿por qué, desde antes de nacer y en su nacimiento, intervinieron los ángeles y la fuerza del Espíritu. Y todo eso, además, envuelto en sueños, apariciones, enigmas y manifestaciones de lo extraordinario y lo celestial? Porque había que vencer nuestra pertinaz resistencia para aceptar que, desde el momento en que Jesús vino a este mundo, a Dios lo encontramos en nuestra propia humanidad.

Pero resulta que esto es lo que no nos cabe en la cabeza a los humanos. Nos gusta lo grande, lo importante, lo notable, lo solemne, lo que impresiona y llama la atención, lo que se impone y admira… Todo eso y lo que se parece a eso. Pero, ¿y lo que no es ni más ni menos que humano? ¿lo que es común con todos los humanos? Pues eso, precisamente eso, que es lo que tantas veces menos valoramos, eso es lo que más necesitamos. Porque es lo que más nos humaniza. Y lo que más humaniza la vida, la convivencia, la sociedad. A todos nos “educan” para ser importantes, pero no para ser sencillamente humanos.

De ahí, la consecuencia más peligrosa y más patética que todos arrastramos. Nos seduce el poder. Nos seduce la gloria. Queremos, a toda costa, ser importantes, destacar, ser notables. Confieso públicamente que a mí, por lo menos, todo eso me atrae, me agrada y es motivo de anhelos inconfesables. Anhelos y deseos que, cuando soy sincero conmigo mismo, los maldigo mil veces. Porque estos sentimientos me rompen por dentro y destrozan mi propia humanidad.

Esta “civilización” (?), esta “cultura” (?), en que vivimos, ha hecho con nosotros lo peor que se podía hacer. Nos ha inoculado el miedo a nuestra propia humanidad. Tiene razón el viejo mito del paraíso perdido: la tentación satánica, que a todos nos acosa, es el deseo de “ser como Dios” (Gen 3, 5). Estoy harto de ver “ateos” (y no digamos “creyentes”) que se pasan la vida aspirando a ser “como Dios”. No sé si lo consiguen. Lo que sí sé es que somos muchos los que, a fuerza de tanto querer alcanzar a ser “divinos”, hemos dejado de ser verdaderamente “humanos”.

Tanta falsa apetencia de “divinidad” ha hecho trizas nuestra propia “humanidad”. Y además, si pensamos en lo que ha ocurrido en el ámbito de las creencias y en el terreno propio de la teología, lo que ha pasado es que “lo divino” se ha distanciado tanto de “lo humano”, que ha llegado a entrar en conflicto con las mejores manifestaciones de nuestra propia humanidad. Baste pensar en los constantes enfrentamientos entre los presuntos derechos de lo divino y los derechos humanos.

Por no hablar del destrozo que estas ideas han causando en el estudio propio de la cristología. Da pena pensar en que no pocos jerarcas de la Iglesia ponen el grito en el cielo si oyen decir que Jesús fue, no solamente humano, sino que es el modelo perfecto de la plenitud humana. Ser representantes del poder divino, que les da rango y poder, les encanta. Ser ejemplos de humanidad, eso es otro cantar.

Fuente: Teología Sin Censura