Pentecostés: libres como el viento. Por José M. Castillo, teólogo

Pentecostés es, para los cristianos, la fiesta del Espíritu. Y, como es sabido, la palabra “espíritu” es la traducción del griego “pneuma” (de ahí, “neumático”), que significa, a la vez, “espíritu” y “viento” (R. E. Brown). Por eso, sin duda, Jesús le dijo a Nicodemo: “el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios” (Jn 3, 5). ¿Qué significa “nacer del agua y del Espíritu”? Jesús lo explica enseguida: “El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a donde va. Así es todo el que nace del Espíritu” (Jn 3, 8).

El viento es libre. Y tiene tanta libertad, que nadie puede encadenarlo. Por eso dice Jesús que no se sabe ni de dónde viene, ni a dónde va. Es el símbolo perfecto de la libertad indomable. Una libertad que está allí donde está el Espíritu, el “pneuma”, o sea: el “espíritu”. Teniendo en cuenta que Jesús no destaca la “fuerza” del viento, que puede llegar a ser un huracán. Lo que Jesús destaca es la “libertad” del viento, que no se deja esclavizar, someter o dominar.

En esta sociedad en que vivimos, cuando nos imaginamos que somos más libres que nunca, ahora – precisamente ahora – es cuando estamos más controlados, más sumisos y además encantados con esta atractiva esclavitud que nos han impuesto. La particular eficacia de este sistema consiste en que “no actúa a través de la prohibición y la sustracción, sino de complacer y colmar. En lugar de hacer a los hombres sumisos, intenta hacerlos dependientes” (Byung-Chul Han). Porque la fuerza, que nos somete, no es el “poder opresor”, sino el “poder seductor”. No le faltaba razón a El Roto cuando, no hace mucho, puso en una de sus mordaces viñetas la figura de un gran mandatario, que le estaba diciendo a la gente: Las dictaduras son innecesarias: ya nadie desobedece.

Por más que nos quejemos de los corruptos y los violentos, cuando veo en el autobús, por la calle o en la sala de espera, a la mayoría de la gente, sobre todo si es gente joven, enganchada al móvil, un móvil que está perfectamente controlado, no se sabe dónde, ni por quién, ni para qué, entonces pienso, con pena y rabia, que “el poder adquiere cada vez más una forma permisiva. Y su permisividad, incluso en su amabilidad, esconde su negatividad y se ofrece como libertad”.

El día que la fiesta de Pentecostés sea, de verdad, la fiesta de los hombres y mujeres libres como el viento, ese día habremos nacido de nuevo. Y en este mundo empezará a ser posible superar la contradicción que hoy nos parece insuperable: armonizar la libertad con la igualdad. ¿Una utopía? Sí. Por la fuerza del Espíritu.

Napalpí. Por Guillermo “Quito” Mariani

 Ayer el algodón hoy la soja. Ayer Chaco hoy, los países democráticos de Latinoamérica. Un  nuevo aniversario de la matanza de Napalpí en el Chaco que, entonces territorio nacional, el diecinueve de Julio de 1924. Y otra vez el silencio y el olvido.

Unos doscientos aborígenes de diversas tribus, cercados por el ejército provistos de winchesters y mausers. La confianza en que los dioses qom  los protegerían de las agresiones de los blancos invasores, provocó  una gran convocatoria se reuniendo a familias de todas las tribus. La represión no tuvo límites ni medida. Porque de acuerdo al criterio del gobernador Fernando Centeno que la ordenó, debía servir de escarmiento para vencer toda clase de resistencia. La comunidad de familias reunidas, abarcaba hombres, mujeres y niños sin más armas que palos del monte. Rodeados por el ejército al que apoyaba la metralleta de un avión, después de aprisionar a los caciques castrados y empalados,  fueron fusilados  indiscriminada y cruelmente hombres , mujeres y niños. (se habla de cinco mil proyectiles disparados). Para sembrar mayor terror los agresores entraron en el cerco esquivando cadáveres para exterminar a los moribundos a golpes y culatazos. Pero,¿A qué se resistían los qom? A que habiendo sido ocupadas sus tierras por las empresas francesas e italianas para siembra y explotación del algodón,  exigían que consumiendo sus vidas y las de su familia en un trabajo inclemente y sin límites horarios, la compensación no fuera con alimentos sobrevaluados que les distribuían sino con salarios normales. El capitalismo, afirmado ya con sus tácticas opresoras encontró en la complicidad de los gobernantes, atraídos aparentemente con las ilusorias promesas de trabajo,  prosperidad y riqueza, el camino fácil de la expropiación.  Así se explica la actuación de mandatarios de la zona, aparecidos como agentes de conciliación entre las empresas mutinacionales y los aborígenes. “Conciliación” o muerte,  debió ser su consigna pacificante. La importante región norteña ocupada por tobas, mocovíes y wichis se transformó entonces en un ambicioso  objetivo a conquistar dadas, por una parte, las bondades de esas tierras vírgenes y, por otra, la facilidad de transformar a sus ocupantes en “mano de obra barata”, (delicado nombre capitalista para la esclavitud deshumanizante)

Fue hace mucho tiempo. Algunos nombres de las multinacionales han cambiado. También las complicidades de los gobernantes que, o hacen vista gorda o simplemente apoyan a los que con el rendimiento de los granos y la baja de retenciones esperan que sostendrán sus proyectos de mantenerse en el poder.

Las maniobras no son ahora tan abusivamente antihumanas como entonces. Pero los intereses sojeros transgénicos que traen detrás una inacabable cola de secuelas ecológicas, económicas y monopólicas son capaces de mover intereses sectoriales y lograr, con apariencias legales, que se destituya un gobierno democrático con un proyecto de más justa distribución y una reforma igualitaria. Paraguay es ya una constatación alarmante. Se puede argumentar que Lugo no tenía aparato político propio, que su vice presidente no lo acompañaba desde el comienzo, en su visión de la sociedad, que su apoyo a los sectores campesinos desalojados por la insaciable ampliación de la frontera sojera incitaba a la lucha de clases y perjudicaba a los inmigrantes brasileros. Lo cierto es que, fuera de todo lo previsible, una asamblea legislativa de un plumazo lo destituyó con la aprobación inmediata del estado Vaticano, Alemania, España y Canadá, siguiendo a los grandes hacendados paraguayos. Eso ya fue. ¿Qué será después?

 

 

 

Carta de un investigador a Rouco Varela, arzobispo y desahuciador. Por Alberto Sicilia*

Querido Antonio María,

Ayer, después de la misa de las 19h, varios afectados por los desahucios hipotecarios decidieron encerrarse en La Almudena, la catedral de tu archidiócesis. La Iglesia, mostrando gran solidaridad con estas personas que sufren, decidió llamar a la policía para desalojarlos.

Por lo visto, os preocupa más vuestra casilla en la Declaración de la Renta que las casas de familias desahuciadas.

Antonio Maria, yo soy ateo, pero algunos mensajes del cristianismo que me parecen fabulosos. Si me permites, me gustaría recordar algunas enseñanzas de un personaje que quizás te suene: un tal Jesús de Nazaret, hijo de José el banquero, -perdón, José el carpintero-.

¿Jesús apoyaría a las familias deshauciadas o a los bancos? Yo soy investigador en física, no tengo ninguna capacidad para dictar clases de religión. Me limito a copiar de la Biblia:

1) “Él derribó del trono a los poderosos y enalteció a los humildes, a los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió vacíos.” (Lc 1,52-53).

2) “Cuando des una comida o una cena, no invites a tus vecinos ricos. Cuando des un banquete, invita a los pobres.” (Lc 14,13)

3) “Había cierto hombre rico que se vestía de púrpura y lino fino, celebrando cada día fiestas con esplendidez. Y un pobre llamado Lázaro yacía a su puerta cubierto de llagas, ansiando saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico. Murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Dios; murió el rico y fue sepultado en el Infierno.” (Lc 16,19-23).

4) “Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.” (Lc 14,33)

5) “Él hace justicia al huérfano y a la viuda, y ama al extranjero dándole pan y vestido.” (Dt 10,17)

Antonio María, menos mal que Jesús vivió hace 20 siglos. Tengo la impresión de que si viviera en nuestros tiempos, hubiese montando un 15-M de la de Dios.

Un abrazo su Eminencia,

 

 


*Alberto Sicilia es investigador en física teórica

Rastreadores de estrellas. Por Guillermo “Quito” Mariani

Las situaciones de crisis estremecen al mundo. Nada digamos de las crisis producidas por la avidez insaciable de quienes suponiéndose dueños del mundo apelan a todos los recursos para buscar enemigos entre los que poseen tierras, metales preciosos, riquezas vegetales, petróleo, acuíferos, personas valiosas para el progreso y hasta niños que puedan suministrar órganos incontaminados, dando origen a las guerras de exterminio masivo. Es indudable que esas crisis a la vez indignantes pero contempladas con impotencia producen no sólo estremecimientos sino resquebrajamiento de la convivencia humana.

Pero, aunque no se llegue a esos extremos de crueldad, las crisis de otro orden cuando, como en el momento actual, avanzan desde lo financiero hasta la supresión de todos los valores, los que disponen todavía de autonomía para pensar se alarman y “a manotazos” buscan soluciones.

Un interesante diálogo entre dos nonagenarios Stephan Hessel de 94 años y Edgar Morin de 90, en un encuentro y libro posterior, de los que da noticias la revista española La Vanguardia, hacen un análisis y un aporte de gran relevancia, en vistas a remediar la situación actual. Hessel, diplomático de carrera, fue autor del documento “Indignaos” que, de alguna manera obtuvo éxito mundial con los levantamientos juveniles en las grandes capitales del planeta. Morin simpatiza y alaba las manifestaciones de los indignados que, a pesar de no estar organizados explícitamente, coincidieron en una protesta unitaria en contra de los mismos males causados sin diferencias geográficas en todos los rincones de la sociedad humana. El primero complementa su manifiesto inicial con otro al que titula “Comprometeos”. El segundo, Morin, se lamenta de que detrás de las ya de por sí elocuentes manifestaciones juveniles, no haya una visión política que las lleve a unificarse con el objetivo de llevar soluciones al verdadero problema que es, en lo profundo, la urgencia de un cambio de civilización, de un cambio de la humanidad.

Los defectos, las consecuencias sociales desastrosas y los culpables, han sido señalados con mucho acierto por los diversos grupos de Indignados, cada uno enfocando la visión en circunstancias especiales de su país. Las deficiencias educativas en Chile, la desocupación en España, el despilfarro en Alemania, los caprichos destituyentes de los opositores en Argentina, los reclamos contra decisiones dictatoriales en Egipto, todo esto no es sólo indignación y protesta, es señalamiento de defectos que, en el mismo gesto revelan la actitud contaria como lo positivo para el cambio.

El Foro social mundial que este año congregó en Porto Alegre 40.000 participantes de todas las latitudes, no fue tenido en cuenta por nuestros grandes medios de difusión. Prefirieron dar importancia a Davos. Y quienes hilan fino dicen que se trata de entusiastas y numerosas multitudes juveniles, que se reúnen para diversas actividades interculturales pero sin ningún eje que torne eficaces sus acciones. Además de  documentos importantísimos cuenta, sin embargo, con la acción en cada país de grupos que amplían su sentido unitario de rechazo a la globalización capitalista.  De esas semillas han brotado seguramente muchos de los movimientos juveniles de que hemos sido testigos en los últimos tiempos. Son destellos luminosos primero porque son juveniles, mal que les pese a los solemnes admiradores de Davos. Y segundo, porque el comienzo de toda novedad implica encontrar y denunciar los defectos de lo viejo. Y de eso se trata. De rastrear estrellas que alimenten el compromiso ciudadano permanente, tanto para apoyar como para rechazar las decisiones de los gobiernos que se empeñan en mantener el actual estado de cosas. No de arrojar basura de indiferencia y menosprecio en todos los valores que todavía subsisten y los que van apareciendo. Siempre será cierto que vale más descubrir una estrella que maldecir las tinieblas.

Homilías Dominicales – Domingo 18 de Marzo de 2012 – 4to.de Cuaresma (ciclo”B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Ju. 3,14-21)

Dijo Jesús a Nicodemo: del mismo modo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, también es necesario que el hijo del hombre sea elevado para que todos los que creen en él tengan vida eterna.

Dios amó tanto al mundo que envió a su hijo único para que quien crea en él no muera sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su hijo para condenar al mundo sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será condenado y el que no cree ya está condenado porque no ha creído en el nombre del hijo único de Dios.

En esto consiste el juicio: la luz vino a este mundo y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal  odia la luz por temor a que sus obras sean descubiertas. En cambio el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz y de este modo  manifiesta que sus obras han sido hechas en Dios.

 

Síntesis de la homilía

Para penetrar el sentido de este trozo de Juan es indispensable sacarnos una cantidad de prejuicios inducidos por una interpretación literaria y prefijada autoritariamente, de la palabra de la Escritura  La comparación con la serpiente, salvadora de quienes la miraban, no se refiere al Jesús muerto en la cruz sino a  que esa muerte es su resurrección y la nuestra. Este es un concepto muy joánico,  para el que la exaltación suprema es el acto de entregar la vida por la causa de la humanidad. No se pone al centro el sufrimiento como salvador, sino   a la causa de ese sufrimiento que es la defensa de la dignidad y el sentido más profundo de la vida del ser humano.

El motivo por el que Dios envía a Jesús es para señalar al ser humano el camino de su realización. Nosotros estamos acostumbrados a imaginarnos el infierno, cuando hablamos de condenación. Si prescindimos deeste condicionamiento, exterior a nosotros, la condenación es perderse en el sentido y realización de la vida, que únicamente se alcanzan con el esfuerzo de mantener la lucha y el gozo  de la felicidad compartida.

La luz está presente para el que quiera beneficiarse con ella y el modo de aprovecharla es practicar la aceptación (que aquí se denomina creencia) del nombre del  hijo, del enviado, con todo lo que el “nombre”significa en la tradición bíblica.

El juicio sobre la bondad o maldad de las obras aparece aquí como anterior a la presencia de la luz. Y eso nos lleva a  pensar en una calificación lograda no a través de una sugerencia o legislación exterior sino en base a nuestra búsqueda de lo mejor.

Por eso podemos afirmar que la despreocupación por el hermano es condenación, y lo es también la falta de aprobación y apoyo a los que otros hacen a favor de la igualdad y dignidad de todos.

Salvación personal y comunitaria es la actitud de justicia de no explotar a los trabajadores, de no desestimar a los con menores posibilidades naturales o adquiridas, de no excluir de los beneficios y derechos elementales a los más débiles, de no  someter a modos de vida infrahumanos a los que sirven para el crecimiento y progreso social, como se está descubriendo tantas veces en diversas grandes empresas inspeccionadas.

En pocas palabras, los términos de condenación o salvación no deben ser entendidos como referencia a un “después”, sino a este “ahora” que vivimos como única oportunidad de ser activos constructores del reinado de Dios entre los hombres.

Once. Por Guillermo “Quito” Mariani

La tragedia  ha convulsionado nuestras entrañas y ha manchado con sangre esta historia nuestra cotidiana. Como el 11 de las Torres gemelas. Aquello fue un atentado, de poderosos a poderosos. Esto no fue un atentado fue un “descuido”, de poderosos a desamparados. Desamparados porque tienen que viajar al trabajo todos los días amontonados como ganado o implorando la misericordia de los encargados para que no los “bajen” aunque tengan que subirse al techo. Desamparados porque enseguida se convierten en números y los números no duelen. Desamparados porque largos juicios concluirán exculpando a los responsables (LAPA) (Río Tercero)…Desamparados porque el dolor será aprovechado por muchos para favorecer sus intereses políticos y denunciar lo que ellos mismos promovieron o callaron. Desamparados porque el dolor lacerante de la mamá de Lucas, la víctima 51, buscando a su niño y encontrándolo finalmente arrumbado en un fuelle entre vagones,  tiene detrás la angustia de muchas madres anónimas, de muchas familias que quedan en el vacío de la impotencia económica y emocional.

No hace falta ser marxista para afirmar que el “plus valor” del trabajo aprovechado por el capital es la semilla de las peores injusticias y tragedias. Concesiones, se llama a las privatizaciones que pretenden salvar la economía del país con la explotación de servicios públicos o de riquezas de la tierra, como la megaminería a cielo abierto. Estudios de economistas profesionales regulan los contratos y fijan las condiciones y exigencias que las empresas tienen que llenar, y los controles que deben admitir para mantener la concesión, que nunca debiera ser simple cesión.  Pero el dinero y sus acaparadores saben que la palabra oral o escrita no resiste al empujón de la ”coima”, del silencio comprado, del descuido que mira hacia otro lado. Con un giro que al parecer, está nada más que insinuado, el proyecto económico nacional está inclinándose no a la mejor distribución de ingresos sino a la mejora y crecimiento de la producción. No está mal. Pero la máxima, en éste como en otros asuntos es: “hoc facere et illud non omitere” (hacer esto sin omitir  aquello) y generalmente, cuando meten mucha mano los economistas ortodoxos, la omisión es lo que acontece. Y lo que se hace, se convierte en un cambio absoluto de rumbo.

No es que falten controles. Es mucho peor: no hay controles. Y cada uno parece poseer el modo de evitarlos. Aparte de que, frente a una corrupción empresarial generalizada (no estrictamente por mal manejo del dinero sino por  menosprecio del valor humano) cada uno debería tener al lado un control que le impidiera desviarse del camino. Pero esto sería denunciado como atentado contra las libertades individuales. Visité Cuba el 1974 con otros sacerdotes de movimiento del Tercer Mundo. De allí, esta anécdota, absolutamente verídica. Dos compañeros salieron del hotel una tarde para pasear y conversar con la gente. Se detuvieron en una calle a conversar con un muchacho de uniforme que les habló de todos los beneficios sociales de que gozaba por el hecho de pertenecer como voluntario al ejército. No transcurrió mucho tiempo sin que dos guardias los invitaran a acompañarlos. Quedaron detenidos hasta que se aclaró que era invitados de Fidel. Pero así era el control eficaz. Cada C.D.R (comité de defensa de la revolución), en cada cuadra, se encargaba de mantener todos los servicios , con el reciclado del material descartable y el mantenimiento del material utilizado para la higiene y la comodidad vecinal, y también la ausencia del espionaje norteamericano.

¿Estamos tan carenciados de sentido social que será necesario recurrir a estos recursos de control? A veces pareciera que sí porque en realidad no existe conciencia de C.D.N (comité defensivo de la nación) y sí tendencia muy fuerte de culpabilizar al otro.

Justamente inoportuna

Lo justo nunca es inoportuno. Pero la inoportunidad puede oscurecer la justicia de una decisión. Creo que es el caso del polémico aumento de los salarios legislativos en el orden nacional. Los argumentos para defender la medida, acordada ya en diciembre en una reunión con todos los bloques de la oposición, sale a luz con la agradable sorpresa de un aumento exorbitante en el recibo de sueldo, revelada por algunos legisladores que, con agudeza política, intuyen la polémica que se va a desatar y ensayan recursos para librarse del desprestigio.
Los argumentos van desde la defensa institucional de la función legislativa que pierde dignidad pública si quienes la ejercen no reciben una retribución extraordinaria por su trabajo, hasta la minimización del aumento afirmando que es nada más que el precio de un traje, una camisa y una corbata. En ese amplio margen justificatorio se mueven las actitudes de algunos que generosamente anuncian su renuncia a una parte de esta retribución para obras de beneficencia, manejándose también la excusa de que el importe de las dietas aumentados (30 a 35.000 pesos) es superado ampliamente por el sueldo de muchos ejecutivos de empresas públicas y privadas y, en realidad, esos aumentos no inciden prácticamente en el presupuesto destinado a la Legislatura.
La seguridad con que Julián Domínguez, presidente de diputados afirma que los aumentos no pasan de un 20 % parece ridícula, si se comparan los sueldos anteriores con los actuales, ya que el aumento real es del 100 por ciento. Es necesario entonces aclarar que lo establecido en diciembre de 2011 es un acuerdo de subir los salarios de los legisladores, un 20 por ciento por encima de los mayores sueldos que se perciben en el Parlamento. Y con este acuerdo (que nadie objetó) se llega a la cantidad establecida.
El argumento, si se compara la responsabilidad de un legislador con la de un secretario o un jefe del equipo de limpieza de los recintos, desde luego que suena muy razonable. Pero entonces también habría que comparar los salarios de los profesionales de la medicina con los de los jugadores de fútbol, porque su responsabilidad social es mucho mayor, y de aquí sí debía brotar una compensación oficial mucho mayor.
Pero cualquiera que sea la argumentación de un lado o de otro, creo que esa medida acordada en diciembre y llevada a ejecución con el sueldo de enero es tremendamente inoportuna. ¿No se podía esperar a que las reuniones de las paritarias y el resultado de las discusiones entre empresarios y obreros dieran una medida equilibrada para todas las variantes de salarios? ¿No es difícil justificar a una oposición que rechazó tenazmente las retenciones a los poderosos agroexportadoras, pero aprobó esta ingente suma de aumento en sus propias retribuciones? ¿No se fomenta así una tensión innecesaria que podía haberse evitado? Si se tiene en cuenta el trabajo realizado durante toda una vida por los jubilados, cuya asignación mínima alcanzará, recién ahora, casi los $2.000, ¿no habría que usar el mismo argumento de la dignificación pública de esa etapa final y ponerla al menos por encima de las mínimas de los funcionarios públicos?
Justamente ahora, con absoluta inoportunidad, una medida que, en cuestión de justicia distributiva tampoco las tiene todas consigo.

Ventajas y peligros de la ambición. Por Guillermo “Quito” Mariani

La afirmación de que alguien es una persona “sin ambición”, se aplica con frecuencia a quienes, con un conformismo pasivo, satisfechos  con el nivel  alcanzado intelectual o materialmente , tanto personal como social, se detienen, y deciden o son llevados a admitir ese  espacio como el definitivo para construir su vida y su felicidad. En el clima netamente competitivo del capitalismo liberal, individualista a lo sumo, esa caracterización equivale a descalificación. Esa persona no progresará nunca, terminará marginada, vivirá finalmente su tranquilidad construida en base a adaptación resignada a una posición conquistada o regalada, como un fracaso lleno de previsiones peyorativas.

Pero, se pierde de vista el efecto tremendamente dañoso que produce la ambición desmedida, en que fácilmente se puede caer. En el campo de los políticos, la ambición de poder pierde ordinariamente los estribos, por el recurso a medios desleales y  acomodamientos muy parecidos a traición de principios, con tal de obtener la victoria sobre el resto de candidatos. A eso suele llamársele “excesos de campaña”, en lugar de darle su nombre:  robos, difamación, compraventa de personas y sectores, desfiguración de la verdad, maniobras fraudulentas o incluso, “crímenes por mandato”.

Cuando alguien levanta la bandera de una causa noble, que justifica con su conducta y valiente enfrentamiento de los factores que se le oponen, despierta, en cualquier sector social, inquietudes y cosecha  de adhesiones y seguimiento. El ideal de hacer triunfar esa causa, que no es simplemente de interés personal, abarca sus preocupaciones, sus tácticas para resistir, su creatividad.

Las conquistas se transforman en fuente de satisfacción y en aliciente para continuar los esfuerzos. Imperceptiblemente la autovaloración crece hasta sentir   la molestia de un ascenso que no acaba de terminar en cumbre. Y entonces aparece lo perjudicial de la ambición, que poco a poco se va convirtiendo en estrictamente persona, aún conservando las apariencias del mantenimiento  de la causa en la que se emplearon tantos recursos y se lograron tantas metas.

Y comienzan a aparecer las tácticas eliminatorias. Con mucha frecuencia, esa necesidad de hacer desaparecer por descalificación o desprestigio, se orienta hacia las mismas personas que con su apoyo y valoración fueron factores iniciales de su ascenso. Están  en la base de su poder en el  momento, pero la exagerada autoestima las ha empujado al menosprecio o al olvido.

Creo haber hecho una descripción de la problemática actual,  planteada en las relaciones Gobierno y secretario general de la CGT y presidente del P.J, el sindicalista Hugo Moyano.

La posibilidad latente y frustrada de una candidatura a constituirse en la máxima autoridad de la República, está desviándose ahora hacia una apariencia de defensa extrema de la causa de la justicia social, (que no puede prescindir de la presencia axial de la clase trabajadora), poniendo en peligro una de las máximas conquistas de la estructura clasista de la sociedad argentina lograda con la creación y la actuación de las paritarias,  marco de equilibrio (siempre conflictuado) entre el capital y el trabajo, empresarios y obreros. En el proyecto nacional en vigencia, el mejoramiento de la distribución de ingresos  destaca muy claramente  su primacía. Industrialización, empleo, salarios dignos, subsidios transitorios para quienes no han logrado aun su inserción completa, presupuestos significativos para educación y salud, retenciones sobre las ganancias exageradas, deben necesariamente marchar juntos. Que en la línea de lo deseable, sigan haciéndose propuestas más avanzadas, es imprescindible en el sistema capitalista que a veces parece disminuir sus exigencia, pero que, en el fondo está profundamente injertado en nuestra estructura social. Pero las ambiciones personales pueden ser boomerang para quienes las cultivan y ciertamente perjudican el auténtico y paulatino remedio de las injusticias y desigualdades.

Federalismo antinacional y antihumano. Por Guillermo “Quito” Mariani

Es costumbre archiconocida, que los opositores del gobierno nacional ante cada proyecto o incluso ley aprobada por la Legislatura y promulgada por el Ejecutivo, pongan la objeción de inconstitucionalidad. Claro está que esta objeción parece muy grave y seria.Cuentan normalmente con la ayuda de los medios que siempre disponen de algún “constitucionalista especializado” para dictaminar sobre la legitimidad de esa objeción. Para muchas decisiones que afectan al orden nacional y limitan abusos que se producen a nivel de las provincias, violando-se dice- su autonomía, se lanza por eso, la acusación de anticonstitucional. Vivimos, dicen “unicato” en lugar de “federalismo”.

¿Dónde están ahora los “constitucionalistas” que no levantan la voz ante esta actitud de federalismo antinacional, configurado por los gobiernos de tantas provincias, decididos a no cumplir con la ley nacional sobre minería a cielo abierto? Se van sucediendo las rebeldías contra la ley Filmus- Bonasso promulgada en Octubre del 2010, y se dan cuerda, para defender con la etiqueta de federalismo, la explotación minera a cielo abierto, con la excusa de obtener recursos económicos para la administración y el desarrollo provincial. El reclamo de federalismo, que se escucha tan enérgico y difundido, cuando se trata de subsidios o deudas del gobierno nacional, se convierte en una especie de displicencia legal y descarada actitud antiecológica (y por lo tanto antinacional y antihumana), ya que permite y fomenta la contaminación que afecta al presente y al futuro, y se vende a ofertas de puestos de trabajo y pagos de regalías que, o son ilusorios o absolutamente denigrantes, como limosna por lo que se llevan de lo que nos pertenece.

Pascua Lama y Veladero en San Juan con el capricho de Gioja en pacto con Barrtick Gold; la Alumbrera en Catamarca con la protección de  la Yamana Gold en Belén y Andalgalá por parte del gobierno de Brizuela del Moral; los sureños, en que algunos como los de Río Negro, invaden territorio mapuche contagiados por el líder petróleo-minero Das Neves, que desde Chubut entusiasmó a los gobiernos vecinos de Neuquén, Río Negro y Santa Cruz con su conducta de “chequera libre” frente al gobierno nacional, gracias a los emprendimientos mineros a cielo abierto que se la llenan. Y ahora, el Famatina con el imperturbable Beder  Herrera que, frente a la enérgica protesta popular regional, ha accedido a postergar la firma definitiva del contrato con la empresa canadiense mientras los vecinos, que no le creen, siguen cercando los predios concedidos. Su pretensión frente al costo político que la medida puede acarrearle, es “conscientizar al pueblo riojano de las ventajas que acarreará la explotación minera del Famatina”. Como si se tratara de niños inconscientes. Las violaciones de la Ley nacional de Glaciares(26.639)aprobada en la Legislatura y promulgada automáticamente (debido a la tardanza del ejecutivo en hacerlo) el 28 de Octubre del 2010, se amparan en la tardanza del cumplimiento del requisito exigido por la misma, de un Inventario nacional previo de glaciares. Pero hay que denunciar, sin escrúpulos ni tapujos, esos jueguitos económicos de varios gobiernos provinciales, como antinacionales y antihumanos. Casi diríamos como una traición a la  ley, y a los argentinos. Nos roban oro y diamantes y nos contaminan el aire y el agua, dejándonos la limosna de la tecnología y el dinero.

Cosquín con su festival internacional tuvo este año, el orgullo de que desde su escenario, figuras como Raly Barrtionuevo, Leon Gieco, Teresa Parodi, Víctor Heredia y otros valientes, gritaran al mundo este abuso, tolerado casi oficialmente, de nuestros derechos fundamentales.

Eso es ser “folclorista”: no sólo cantarle a la tierra, sino amarla y defenderla.

Entre lupas y catalejos. Por Guillermo “Quito” Mariani

En mi reflexión anterior aludía al meduloso artículo de Osvaldo Bayer, publicado en Página 12. Reasumo ahora, un aspecto del razonamiento de este eximio periodista, que no pude abarcar por limitación de espacio y para no abusar de la paciencia de los lectores.

Como corolario de la afirmación de que lo religioso influye poderosamente en parcial descalificación de la democracia, que es actitud de búsqueda conjunta y no sumisión a determinaciones preestablecidas, el periodista recoge datos iluminadores de la realidad europea y sus causas. En Alemania, el país con mejor nivel de vida, las cifras oficiales señalan que cada vez más seres humanos trabajan por un sueldo que no les alcanza para una vida digna. Sólo en el estado Westfalia-Norte, 62.000 trabajadores están en estas condiciones. Hay además un lado que no conocemos: “darle al trago”. Estaciones de ferrocarril, plazas y atrios de templos abandonados reúnen a jóvenes hasta altas horas, en encuentros alcohólicos que generan alborotos agresivos. Gobiernos y parlamentos y establecen medidas disciplinarias o aumento de impuestos, o castigos y multas, con el inmediato resultado de ineficacia y fomento de la dimensión e intensidad del problema (como el Mercado común que castiga a naciones de mal comportamiento económico con sanciones de ajustes que recaen sobre los menos pudientes). Los movimientos de “indignados” han hecho su parte desde los jóvenes y se han jugado indicando las causas profundas de todo el malestar. Pero sólo se recurre a las sanciones. LA FAO afirma que los precios de los alimentos han subido a precio record en el 2011. En las familias de inmigrantes, un 29 por ciento está en el límite de la pobreza extrema. Aumentan los hechos criminales. Pero el Foro económico mundial no toma en cuenta estos datos. Sigue apostando a las ganancias. Desaparece el hombre y desborda el dinero que ahoga y despersonaliza, sin solucionar la crisis presente ni las previsibles. La búsqueda de la felicidad de todos es la meta, todavía no propuesta. Se contentan con solucionar los problemas de algunos, los que han sabido y podido hasta ahora aprovecharse de los otros.

Mirando hacia el mundo, los catalejos que nos acercan los problemas, quedan en sus estuches porque estamos armados de lupas para agrandar hasta lo incalculable nuestros propios problemas.  Que la inseguridad ya ha hecho imposible salir a la calle. Que los niños ya no pueden andar solos.   Que los jóvenes se han vuelto incontrolables para los padres y se han dedicado a la diversión y a la droga. Que la pobreza apenas ha comenzado a remediarse con instrumentos de ayuda o subsidios que disminuyen la cultura del trabajo y fomentan la de la vagancia… La lupa del pesimismo, y la pésima costumbre de sentirnos inocentes cuando culpamos, o de dictaminar desde la cátedra personal, contra todos los esfuerzos y logros objetivos, aumentando las deficiencias, nos perjudica no sólo porque nos perdemos la situación privilegiada del país en una cantidad de aspectos considerados ejemplares para el mundo, sino porque sin mirar la propias deficiencias retrasamos peligrosamente la solución de todos los problemas. Si en el Campo hubiera disponibilidad para compartir ganancias cuanto la hay para reclamar subvenciones por la sequía, Si los directivos de RENATRE con Momo se avergonzaran (nada más que eso) de ganar $3.500.000 anuales para velar por los intereses de los pequeños propietarios. Si el Arzobispo de La Plata no gastara su tiempo en defender las imágenes religiosas en las escuelas, y basara su preocupación en buscar solución a los problemas de derechos humanos de su arquidiócesis. Si las Empresas entraran por el carril del empleo bien retribuido. Si la dignidad del ser humano fuera respetada en todos sus aspectos, el educacional,  el de vivienda y salud, además del económico que exalta por sobre todo la rentabilidad, muchos problemas serían enfocados más acertadamente sin necesidad de lupa para agrandarlos, sin remediarlos.